FABRICACION Y VENTA DE UN SANTO DEL SIGLO XX – Escrito por Profesor Rahmanicus

Siendo yo  un pre-adolescente, me preguntaron en clase que a quien quería parecerme de mayor. Sin dudarlo escribí: Einstein. Sinceramente, anhelaba descubrir algo importante para la humanidad y según constaba en mis tebeos, Einstein había sido el hombre más trascendental para el progreso científico de la humanidad. Pasados los años acabé sin descubrir nada realmente trascendente para la humanidad. Bueno, descubrí el Islam, pero desde un principio supe que ya estaba inventado muchos años antes de que yo lo descubriera. No es que esté decepcionado por no haber conseguido realizar ese tipo de descubrimiento, pues soy consciente de que era algo muy difícil. El motivo de mi decepción, precisamente, es que mi sueño infantil se ha hecho realidad porque lo único realmente trascendental que he llegado a descubrir ya había sido descubierto por otros. Tal como yo deseaba, acabé pareciéndome a mi admirado Albert Einstein. Como él mismo dijo: “La clave para parecer original es ocultar tus fuentes”.

El científico norteamericano Christopher Jon Bjerknes ha escrito un libro de 2.826 páginas titulado “Albert Einstein: el Plagiario Incorregible” que da cuenta del arte que tenía Albert Einstein para apropiarse de los descubrimientos ajenos.

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El más famoso descubrimiento de San Albert Einstein,  la ecuación E=mc2, la publicó el gran matemático y geómetra francés Henry Poincaré en 1900. En su libro de 1902 “La science et l’hypothèse”, Poincaré dedicó un capítulo completo de su obra al principio de la relatividad. Poincaré enseñaba física, es imposible sostener que no conociera las implicaciones de su descubrimiento, oficialmente atribuido a Einstein. El matemático autodidacta italiano Olindo de Pretto publicó también la ecuación E=mc2 en una revista científica, Atte, en 1903, dos años antes que Einstein. Einstein se apropió del trabajo de otros y se quedó con su fama. Lo mismo hizo con otro famoso matemático egipcio, al que visitó en su propio país para plagiarle. El mismo Einstein reconocerá en vida la importancia de copiar del esfuerzo de otros. Una vez instalado en los EEUU, el mismo Einstein reconocerá que nunca volvió a “descubrir” nada importante. Creemos que la comunidad científica acabó finalmente por darse cuenta de quien era en realidad este prestigioso premio nobel.
Einstein es conocido por el gran público más por sus frases ingeniosas que por sus trabajos científicos. Las citas que se publican en los medios de comunicación suelen ser bastante interesantes, pero las que no se publican, provocan estupor. Para ello, hay que leer el libro.

La religión del siglo XX-XXI tiene un dogma indiscutible falso del mismo modo que tiene falsos mártires y faltos santos como es el caso de San Alfredo Einstein. En realidad, todo es falso: falsos paraísos, falsos demonios y libros falsos, falsos culpables y falsos inocentes. Si no fuera por la acción del Espiritu Santo (por los medios de comunicación), la verdad se distinguiría fácilmente de la mentira.

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