LOS SANTOS DE AL-ANDALUS y LOS MAQAMS DE AL-ANDALUS – Autor – Profesor Rahmanicus

Nota de la redacción

Tenemos el placer de presentarles una obra de un gran valor, escrita por un hermano cuyo seudónimo es el de “Profesor Rahmanicus”. Dicha obra comporta un esfuerzo inusual el cual comporta dos vertientes. Por un lado el autor ha desarrollado un alto esfuerzo interpretativo sobre ciertas simbologías inherentes a la construcción de mausoleos y morabitos; por otra parte nos ha proporcionado unos valiosos datos sobre el enclave de ciertas tumbas de ‘awliyya de la época de Al Ándalus.

Escrito, como él mismo dice, por una persona no particularmente practicante del Tasawwf, su esfuerzo interpretativo sobre la simbología del Ilmu-l-Batin, se asemeja a ella en muchos más aspectos de los que en principio se habría podido esperar, aunque la redacción se reserva su visión sobre los aspectos relativos a otras religiones y doctrinas de la antigüedad, de la cual se tratará extensamente en otros apartados destinados al efecto.

Hemos de reconocer que sobre todo en las citas de los hadices, el Corán y los dichos de los sabios del Tasawwuf de todos los tiempos, se denota un acierto que no hemos encontrado precedentemente en obras similares de orientalistas o buscadores en la materia.

Por lo extenso del escrito hemos decidido dividirlo en varios apartados, intentando con ello facilitar las incómodas lecturas de textos en formatos otros que en papel. Asimismo el lector podrá revenir a la lectura en el caso en el cual no haya tenido tiempo para terminarla.

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LOS SANTOS DE AL-ANDALUS y LOS MAQAMS DE AL-ANDALUS – Autor – Profesor Rahmanicus

PARTE I
LOS SANTOS DE AL-ANDALUS
LOS MAQAMS DE AL-ANDALUS,

PEREGRINOS DE LAS ESTRELLAS
EN LA RUTA DE LA MEDIA LUNA.

Tras los pasos de los santos musulmanes
del Oriente de al-Ándalus,
Estaciones emisoras de poder espiritual.

AUDUBILLAJHI MIN AS SAITAN IR RAYIM; BISMILLAH IR RAHMAN IR RAHIM.

“Yo intercederé el Día del Juicio.
Diré: ¡Oh Dios mío! Pon en el Paraíso a aquellos
que tienen fe del tamaño de un grano de mostaza.”[1]

Muhammad, el mensajero de Dios.

DEDICATORIA

Dedico este libro a todos los maestros vivos y a los aprendices que siguiendo sus pasos buscan inspiración divina en este mundo terminal de fin de ciclo especialmente bajo y confuso. Sin la dirección y ayuda de nuestros maestros hubiera sido imposible para nosotros el descubrimiento de los Maqams de estos Santos andalusíes. Regalos de la Misericordia Divina sin causa, pido a Allàh[2], Existencia Absoluta, por el Amor que ha depositado en su amado profeta y mensajero Muhammad*, la esencia de la Creación, que permita entrar a aquellos buscadores sinceros en la “HALKA” (círculo) de su sagrada Conciencia y de su santo Recuerdo. Que así sea.

INDICE

1.- SANTOS, SABIOS Y TUMBAS
2- LA SANTIDAD EN EL ISLAM Y EN EL SUFISMO EN PARTICULAR
3.- LOS SIGNOS DE LA MAESTRÍA ENTRE LOS SUFÍS
4.- LOS CAMINOS SUFIS
5.- CLAVES SUFIS PARA UN VIAJE A TRAVÉS DE LAS PUERTAS INTERDIMENSIONALES
6.- CONOCIMIENTO IMPERSONAL
7.- 900 AÑOS DIERON PARA MUCHAS COSAS
8.- LA PIEDRA FUNDACIONAL DE AL-ANDALUS
9.- LA LUZ SE APAGA
10.-LAS CAUSAS DE LAS INMORTALIDAD DE LOS SANTOS
Y LA INCORRUPTIBILIDAD DE SUS CUERPOS
11.- LA INMORTALIDAD DE LOS SANTOS MUSULMANES Y LA CIENCIA
12.-DESCRIPCION DEL PARAISO
13.-LOS PEREGRINOS DE LAS ESTRELLAS Y LA RUTA DE LA MEDIA LUNA
14.-ESTRELLAS SIN LUZ
15.-LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS
16.-SUPERVIVENCIA ARQUEOLÓGICA, SOCIOLOGICA Y ESTILO ARQUITECTÓNICO;
ETIMOLOGÍA, LEYENDA, REFERENCIAS DOCUMENTALES Y ESTADO ACTUAL DE LOS MAQAMS.
17.-¿ PORQUÉ EN EL LEVANTE DE AL-ANDALUS ?
18.-LA APARICIÓN DE NUESTROS MAQAMS
19.-HISTORIA DEL CEMENTERIO DE JANNAT AL-BAQI EN MECCA
20.-LOS MONUMENTOS ISLÁMICOS DE LOS BALCANES, DESTROZADOS
21.-EL HADITH: QUIEN QUIERA QUE VISITE MI TUMBA, MI INTERCESIÓN LE ESTÁ GARANTIZADA.
22.-TAWASUL
23.-UN REGALO PARA LA TUMBA DEL SHEIJ MUZAFER OZAR JERRAHI
24.-¿QUÉ HAY EN UN MORABITO?
25.-LA VISITA DE UN MAQAM
26.-CONVERSACIONES DE UN MAESTRO SUFI DEL SIGLO XXI SOBRE LOS SANTOS Y LA SANTIDAD
27.-¿PORQUÉ SEGUIMOS A LOS SANTOS?
28.-EL NUMERO Y LOS PODERES DE LOS SANTOS
29.-LAS OBLIGACIONES DE NUESTROS SANTOS
30.-DUNIA: EL MUNDO AL QUE RENUNCIAN LOS SANTOS
31.-EL WAJHABISMO Y SU REFUTACIÓN
32.-TRES EJEMPLOS DE FIDELIDAD HISTÓRICA
33.-EL RESURGIR DE LOS MORABITOS DEL ORIENTE DE AL-ANDALUS
34.-AL WALI, El AMIGO Y PROTECTOR
35.-PETICIONES DE PROTECCIÓN Y USO
36.-UN MENSAJE DE PAZ PARA LAS GENTES DE AL-ANDALUS Y DEL MUNDO
37.- NUESTRA CADENA INICIATICA EN LAS ORDENES NAQSHBANDI Y MAWLEVI

1 – SANTOS, SABIOS Y TUMBAS

“Exaltado sea el que no se manifiesta a sus santos más que para manifestarse a Sí Mismo, y que no conduce hacia ellos más que a los que quiere conducir hacia Sí.”
Ibn Ata Allah El Iskândari

Elaborar una guía de morabitos o santuarios islámicos del Al-Ándalus no es una idea totalmente nueva. Una mujer llamada Omalhina, nieta del poeta valenciano Abu Becquer ben Athiya fue de hecho la primera en escribir un libro histórico sobre los sepulcros de al-Andalus. Suponemos que se trataba, como el nuestro, de un recordatorio de los lugares donde descansan los cuerpos de nuestros olvidados santones. Su libro, citado por el historiador valenciano Ibn al-Abbar en su “Tecmilah”, quizás pervive escondido en una mezquita del norte de Africa o en la trastienda de un librero viejo de Bagdad, tal vez se haya perdido para siempre. Pero lo indudable es que antecedió en tiempo y abundancia de datos al que ahora tiene usted entre sus manos.

Al-Ándalus sería durante más de seis siglos dispensador de conocimiento científico y religioso que trasvasaba hacia el mundo medieval cristiano y al mismo tiempo, uno de los focos de creación de experiencia y sabiduría espiritual más florecientes del mundo musulmán. Es impensable en las circunstancias propias de una civilización tradicional como la de aquella época, que tal caudal de conocimientos no hubiera venido de la mano de un manifiesto auge de la santidad… si es que alguien recuerda aún en nuestros “tiempos” que cosa fue esa experiencia que los antiguos llamaban “santidad”.

Evidentemente, tanto por las reseñas históricas como por deducción lógica, la memoria palpitante de un Oriente de al-Ándalus impregnado del aroma de azahar de sus santonas y santones tenía que conducirnos tarde o temprano -con el permiso de Dios- hasta los retirados huertos de sus tumbas. Y así ha sido.
En nuestras latitudes, los huertos rebosan de aromas y perfumes, siendo unos producto del trabajo y otros regalos de la naturaleza silvestre y sin embargo, tendemos a pensar en los olores como si fueran sensaciones conscientes, reproducibles como productos industriales, cuando durante la mayor parte del tiempo vivimos rodeados de esencias sublimadas, escondidas, que percibimos sin apercibirlas nuestra conciencia y que van influyendo inexorablemente en nuestro comportamiento. Igualmente, los santos del Sharq al-Andalus desprenden desde hace muchos siglos un delicado perfume que todo lo llena sin que nadie sepa de donde procede. Por algo son las personas más solícitas para esconder los secretos y los más lejanos a mostrar milagros, aunque estén capacitados para ello. No obstante, el wali[3]tiene tras la muerte un lugar de reposo asignado y aunque éste lugar permanezca en el olvido de los hombres, tiene que descubrirse un día, como es obligatorio que se abran las rosas del amanecer a la llegada de la primavera.

Santos, sabios y tumbas nos parecieron buenas palabras para iniciar una aventura destinada a buscadores de conocimiento. ¿Pero que palabras usar cuando esos sabios, esas tumbas y santos se encuentran tan cerca de nuestras plazas, de nuestros jardines, de nuestros ríos, de nuestros bosques y que como éllos, están en nuestra propia tierra y su sangre, metafóricamente, corre por nuestras mismas venas? Y más aún, que no podríamos llamarlos muertos, ¡Porque están vivos!

Debido al interés actual por la arqueología, fantástica secuela de la saga de Indiana Jones, cuesta adaptarse a la idea de que vamos a ocupamos no de las habituales momias embalsamadas y despedazables al uso del imperio de los faraones, sino de los cuerpos incorruptos y resplandecientes de los herederos de la última vía religiosa-esotérica que permanece completamente viva, aún cuando en estos momentos parezca a punto de desaparecer. ¿Cual no habría de ser pues nuestro agradecimiento, cuando junto a las moradas de los mejores de nuestros antepasados hay eficaces pozos de transformación vertical, aljibes de sabiduría espiritual y receptáculos de influencias sagradas que, a pesar de su sencilla apariencia superan los beneficios que nos proporcionaría descifrar los enigmas del milenario Egipto, con sus herméticas fórmulas mágicas, mistéricas y matemáticas?

Dios, el Eternamente Subsistente, en Su Sabiduría Infinita, preservó en estas tierras del oriente de al-Ándalus un tesoro incalculable que son las tumbas de los Santos de la edad de oro de al-Ándalus. Y a pesar de todos los intentos encaminados a destruirlas, estas joyas luminosas han pervivido hasta nuestros días para beneficiar a quienes se apresten a su visita, de la baraka (la energía de santidad) y la enseñanza incesante que emana de estos verdaderos “transformadores espirituales”.

El redescubrimiento de un patrimonio como éste, aunque nosotros ignoremos los verdaderos planes de Dios, creemos que responde a una serie de necesidades latentes en diversos niveles de nuestra conciencia. Una de ellas es el despertar de los patriarcas espirituales de la tierra, es decir, claramente el llamado mismo de estos Santos musulmanes, pues aunque pueda parecer imposible, por motivos que desconocemos, ellos nos están llamando pues son los dirigentes y líderes de la umma en estos lugares. Otra, más palpable, la imperiosa necesidad que hay de guía y de refugio en el caótico escenario de los últimos tiempos.

Dios dice en el Santo Qu’ran:
“Conocemos vuestros antecesores. Conocemos vuestros sucesores.
Cierto, el señor los reunirá. Él es sabio, omnisciente”. (Qu’ran, 15:24-25)

Tras los inesperados conflictos bélicos con que se ha iniciado este nuevo milenio, los “occidentales” nos sentimos inquietos ante la importancia cada vez mayor que está adquiriendo el mundo islámico en nuestras vidas, aunque solo sea para ser el blanco favorito de las críticas de la “modernidad”. Para poder comprender qué está pasando, y en la medida de lo posible reconocer los signos de un conflicto que se manifiesta en un ámbito cultural desconocido y contradictorio para nosotros, necesitaríamos comprender la grotesca transformación que sufrieron las creencias islámicas a raíz de la irrupción en su seno y con la ayuda de “occidente” del movimiento “wajhabi”. La grotesca transformación que sufrieron las creencias cristianas hasta llegar a configurar lo que actualmente conocemos como “mundo occidental” o “comunidad internacional” creemos que son del conocimiento del lector, al que no resultará extraño ni descabellado que las nombremos como la entidad bíblico-coránica de Gog y Magog. Por ello hemos dedicado algunas páginas de esta obra a desvelar los postulados políticos y religiosos de ese grupo de millonarios ignorantes cuyo máximo objetivo, desde el primer día de su asalto al poder en el año 1925, fue casualmente, la destrucción de los maqams o morabitos de los santos musulmanes de la península arábiga, empezando por el alucinante intento de voladura de la mismísima tumba del Profeta del Islam, nuestro señor Mohammad**. Un abierto desafío a las tradiciones, la historia, y las enseñanzas del Islam tradicional, que están encarnadas especialmente en las vidas y las transmisiones de los Maestros Sufíes, que son quienes nos revelaron la existencia de los viejos morabitos del Oriente de al-Ándalus…

Reflexionando sobre la inverosímil aparición en al-Ándalus de todos estos santos del Tasawwuf original nos vino a la memoria un popular hadith sahîh[4]que narra como levantando su mano para señalar, el Santo Profeta* dijo a sus compañeros, refiriéndose a los acontecimientos que se producirían en los últimos tiempos:
“El extravío de oriente. La guía, de occidente”.

Y así, tuve conocimiento de que mis contemporáneos estaban reflexionando ya sobre el mismo asunto. Sabemos por experiencia que los musulmanes, si se desvían de la guía correcta, por cierto que vamos a sentir el castigo de Allàh. El mundo islámico de hoy se ha ganado el desagrado del Todopoderoso por su desobediencia al mandato divino, hay demasiadas señales visibles de ese castigo como para negarlo. Y esta casa común de la paz[5], que fue la única garantía de justicia, honor y respeto para la humanidad cuando ésta andaba aún en las penumbras de la barbarie, esta tierra de acogida donde cada acto sacralizado de la vida cotidiana se desarrollaba con absoluta calma y dignidad, solo puede devolver la paz a nuestro mundo si retorna a las verdaderas enseñanzas del Islam. Y estas enseñanzas fructificarán, es sabido, solo cuanto regrese el respeto por Sus amados, los Profetas y los Awliyâ de Dios. ¡Que nadie piense en hallar paz hasta que la humanidad se incline ante los más elevados en conciencia de los de su especie! No habrá paz, insistimos, mientras los roles continúen invertidos y aquellos dotados de los más bajos instintos continúen señalando el camino por el que debe aventurarse la humanidad. Esto es lo que está sucediendo en nuestros días, a los que el santo profeta llamó los días del gobierno de los tiranos.

No nos cabe la menor duda de que muchos lectores disfrutarán de esta narración desde la cómoda atalaya de sus propios sofás y que difícilmente emprenderán la ruta de reencuentro con sus raíces espirituales, esfuerzo que sobrepasa las capacidades de carácter del hombre medio. Otros quizás se hallen demasiado alejados de nuestros morabitos para visitarlos mientras que otros quizás se hallen demasiado cerca… En fin, la experiencia nos ha enseñado a no esperar una clamorosa respuesta del mundo a las cosas de Dios, pues como dice el noble Corán (27:81): ” Y no eres tú quien puede sacar a los ciegos fuera de su error”.

Y sin embargo, “Lo mismo antes que después, las cosas dependen de Dios” (C:30;3).

LA SANTIDAD EN EL ISLAM
Y EN EL SUFISMO EN PARTICULAR

Decid: ‘Creemos en Al-làh y en lo que ha hecho descender sobre nosotros
y en lo que descendió sobre Ibrahim, Ismail, Isaac, Jacob y sus descendientes,
y lo que fue entregado a Musa y a Îsa,
y en lo que fue entregado a todos los demás profetas por su Sustentador:
No hacemos distinción entre los profetas’.

Qur’án, Sura al-Baqara, 136.

Es un mecanismo de la mente el asociar algo conocido a algo que se desconoce. Por lo tanto, si no se quiere asumir el riesgo de una completa confusión, que nadie se adentre en la lectura de esta obra sin intentar abrirse a una nueva comprensión de conceptos que previsiblemente difieran de sus puntos de vista más arraigados. Procedería pues en estos momentos una simbólica ablución de aquellos juicios erróneos que ustedes pueden llevar a cuestas sobre el Islam y el Sufismo, generalmente adquiridos desde la perspectiva ajena del utilitarismo, la duda metódica, las malas traducciones del árabe y un concepto teocrático de la “religión” todavía existente en las sociedades mal llamadas “civilizadas”. Lo anteriormente dicho es también aplicable a un no desdeñable número de musulmanes.

Citando a Frithjof Schuon -que a este respecto tuvo un momento de gran lucidez- para comprender las civilizaciones tradicionales en general y el Islam en particular, es necesario tener en cuenta el hecho de que la norma humana o psicológica es para ellas, no el hombre medio hundido en la ilusión, sino el santo desapegado del mundo y apegado a Dios; solo él es enteramente “normal” y solo él, por este hecho, tiene totalmente “derecho a la existencia”; de ahí cierta falta de sensibilidad de las verdaderas civilizaciones hacia lo humano puro y simple. Ahora bien, lo que determina el valor de un pueblo o de una civilización no es la forma literal de su sueño terrenal, cual es el caso de nuestra “civilización del consumo” sino la capacidad de “sentir” el Absoluto, y en las almas privilegiadas, su capacidad de identificarse con Él. Este es el quid de la cuestión.

Una descripción que ha alcanzado fama sobre las características de los santones de la comunidad musulmana fue dada por Ali ibn Talib, como relata Ibn al-Jawzi:
“Son los ménos en número, pero los mayores en rango ante Allah. A través de ellos Allah preserva Sus signos hasta que los legan (antes de morir) a otros que se les asemejan, y los planta firmemente en sus corazones. Por ellos el conocimiento ha tomado por asalto la realidad de las cosas, para que encuentren fácil lo que quienes son dados al bienestar encuentran difícil, y encuentran intimidad en lo que los ignorantes encuentran desolación. Acompañaron el mundo con cuerpos cuyos espíritus estaban religados a la más alta de las aspiraciones (al-mahall al-ala). ¡Ah, ah! ¡Cuánto anhela uno poder verlos![6]

El gran compilador de vidas de Santos musulmanes, Farid Uddin Attar, cita un esclarecedor suceso que aconteció en vida del místico Abu l’-Hosain al-Nuri de Bagdad. Cuando Gholam Kalil declaró la guerra a los sufís, fue ante el califa para denunciarlos. El cadí los interrogó, no hallando tacha alguna en su doctrina y comportamiento. Informado de esto, el califa preguntó a los prisioneros antes de liberarlos:

.- “¿Hay algo que deseen?”

.- “Sí “, respondieron. “Deseamos que nos olvides. No queremos que nos honres con tu aprobación ni que nos proscribas con tu prohibición. Para nosotros, tu prohibición es tu aprobación; y tu aprobación, prohibición”.

El califa lloró amargamente y los despidió con honores, porque la oficialidad puede manejarse en la tierra, pero no puede alcanzar los Cielos. La gran parafernalia de las instituciones oficiales corta la conexión con los Servidores Celestiales. Los estados mundanos no los aceptan y ellos no aceptan estar al servicio del Sultán.

Sería conveniente aclarar que el término sufismo es obviamente “occidental”. Los sufíes mismos no emplean demasiado este término para sí mismos. Prefieren otros como “los hombres” (arriÿâl), “la gente” (al-qawm), “la gente de la Realidad” (ahlul-haqîqah), “la gente de la noche” (por dedicarse durante la soledad de la noche a las prácticas de la meditación y el recuerdo de Dios), “los gnósticos” (al-‘ârifûn), “los compañeros”, etc., etc. A la hora de definirlo, los maestros lo han velado adrede con metáforas o paradojas, y cuando se les pidió mayor explicación, coincidieron en describirse como “gente del saboreo” (ahludh-dhawq), indicando con eso que lo suyo es un camino de experiencia, y que igual que el sabor, no lo describen las palabras ni lo contienen las estructuras limitadas del pensamiento racional.
Es preciso aclarar que “Sufi”, en realidad, es solamente aquel que ha alcanzado la “meta” del camino espiritual, es decir la “santidad”, si se nos permite el uso de un lenguaje todavía por pulir. El “Sufi” es aquel que está muerto para el si-mismo y vive por la Verdad; ha escapado de las ataduras de las características humanas y realmente alcanzado (a Dios). Quede pues perfectamente claro que el autor de este libro no es un sufi y que nadie se llame a engaño en adelante. En árabe, la palabra con que se designa lo que nosotros traduciríamos por santidad es wilâyah, y el que la posee es llamado walî (plural, awliyâ’, santos). Esta palabra significa en realidad “amistad”, “cercanía”, “intimidad”. La santidad en esta concepción es pues un estado de gracia que deviene por la cercanía a Dios, quien dispensa Su Amistad; “santos” son Sus amigos, es decir, Sus amados. El walî de Allâh es algo así como un “amigo íntimo de Allâh”- y al respecto encontramos que el Corán dice:
“Allâh los ama y ellos Lo aman”.

El Profeta fue el Amado de Dios por antonomasia, y un shayj dijo: “Aquel que está purificado por el puro amor es puro, y aquel que es absorbido por el Amado y que ha abandonado todo lo demás es un Sufi[7].

Este dicho nos revela dos visiones sucesivas que se originan del mismo concepto. Si profundizamos más en la raíz de wilâyah, W-L-Y, nos introducimos en la perspectiva no dualista o “esotérica”. Resulta que en árabe wilâya no es simplemente la cercanía de dos cosas, sino una cercanía tal que no conozca separación real entre las partes de que está compuesta; o yuxtaposición. Siguiendo el diccionario, el verbo walâ-yalî es no sólo “estar cerca” sino más aún “estar contiguo, inmediato a algo”; el verbo tawâlâ es “ser sucesivo”, y el adjetivo mutawâlî es “consecutivo”.

Profundizando todavía un poco más, encontramos la razón de esta “inmediatez del walî respecto de Allâh”: istaulâ significa “apoderarse de”. Por lo tanto se puede concluir también que el walî es alguien que ha hecho que Allâh quisiera apoderarse de él, “que es absorbido por el amado” hasta el punto de hacer de él una continuidad de Sí mismo.

Ahora cabría preguntarse algo importante y que atañe a cada uno de nosotros en relación al walî, al santo. ¿Por qué Dios ha enviado maestros y profetas desde el alba misma de la humanidad? Si ese tesoro, ese potencial, no se hallase en nosotros, ¿Por qué iba a molestarse Dios en enviar profetas y maestros para ayudarnos a encontrarlo?
Toda la intención del aspirante espiritual está puesta en alcanzar esta “cercanía”, y ella no se logra sino por la fuerza del amor. Es en realidad una gracia, y no un producto del esfuerzo. En una tradición sagrada del Islam, Dios dice:
“…Mi siervo se acerca a Mí a través de obras superogatorias hasta que Yo le amo. Y cuando le amo, Yo soy el oído por el que oye, la vista por la que ve, la mano con la que coge y el pie con el que anda. Si me pide algo, le atiendo, y si busca refugio en mi lo tiene garantizado.” [8]

Esta amistad con Dios les conlleva también la posibilidad de interceder y por ello son una fuente de bendición (bârakah), lo que ha generado un culto popular alrededor de estos santos, en todas las épocas, generalmente centrado alrededor de sus tumbas, donde se reza y se pide su intercesión. Y no sólo después de muertos; la gente pide también oraciones en su favor a los hombres vivos dedicados a la vida espiritual ya que la súplica de un amigo será más probablemente escuchada que la de un desconocido.

Entre quienes El Absoluto ha aceptado en el círculo de su Wilâya los hay quienes Él se reserva para Sí. A estos, Allah los aparta de la celebridad y los sume en el anonimato. Es imposible reconocerlos entre la gente, y su experiencia sólo la comparten con Allah. Y entre ellos los hay a quienes Allah sí que muestra a la gente, y los hace maestros. Los musulmanes los han reconocido como los “grandes sabios del Islam”. Son los que han sido encargados de mantener viva la luz del Profeta*, guiando a los musulmanes por el camino que conduce al Amor. A los más excelsos de estos sabios se les llama “Herederos de los Profetas”, y también “Renovadores del Islam”, pues vuelven a darle fuerzas.

Para los que siguen a un wali, los aspirantes, los tratadistas más esmerados prefieren el término mutasawwif, “aspirante a sufí”. Y existe otra palabra más, que es necesario conocer, que se usa para designar a los hipócritas, los pseudo sufíes, que lo son sólo en apariencia: mustaswif.

Los sufíes han asombrado a veces con afirmaciones en donde cuestionan profundamente la ética tradicional. El hombre común obra el bien esperando el Paraíso y se abstiene del mal por temor al Infierno; pero para estos amantes, elegir el bien es elegir la opción del Amado, y abstenerse del mal es odiar lo que disgusta al Amado. Es éste un amor donde el ser contingente desaparece, y sólo perdura el Amado; en ese estado el santo es un vehículo de la voluntad divina, un aliento de Dios sobre la tierra. Pero cuando el santo no ejerce ese estado, es uno más entre los que se alimentan y sienten frío. En este sentido en que el ser contingente desaparece se interpreta el dicho del místico Al-Hallaÿ (finales del siglo III de la héjira), “Yo soy el Real (Dios)” que le costará la vida. En realidad, más que una heterodoxia, al sufismo deberíamos definirlo como una “profunda ortodoxia”, esto es: una profundización del mensaje original del Islam, de ahí las dificultades en comprenderlo por parte de quienes no están capacitados ni se ejercitan en reflexionar. Creemos que se puede decir que sufismo es el corazón del Islam. Un corazón vivo donde lo más importante es el amor.
Cabe aclarar sin embargo que esta simplificación en la ortodoxia es meramente metodológica, pues el sufismo presenta un espectro amplísimo, tanto en el universo geográfico, como histórico y doctrinario, y para todo muestra excepciones y contraejemplos[9]pues está en su propia naturaleza el escapar a todas las “escolásticas”. Tampoco podemos desconocer que a menudo los sufíes han sido contestatarios de un orden (en lo religioso) corrupto, hipócrita, exteriormente formal e interiormente vacío.

Se ha dicho que el sufismo “Es hoy un nombre sin realidad, pero supo ser una realidad sin nombre”, destacando con esto que la santidad era la regla en época del Profeta*, cuando primaba por doquier aunque no era nombrada. Empezó a ser nombrada cuando ya era una cosa rara…
Si hemos de creer a los tratadistas musulmanes, hombres del sufismo, éste existió siempre en la forma de piedad y sabiduría que no necesitaba de tratados o explicaciones eruditas. Cuando la piedad y la fe predominan, los hombres santos no sobresalen, pero cuando comienza a difundirse la corrupción y el desvío dentro del Islam, entonces los “Amigos de Dios” se destacan del resto, como las luminarias en el cielo, o las estrellas en la noche. Se ha querido así explicar la aparición del sufismo (sobre todo en sus formas ascéticas de sencillez y desprendimiento que caracterizaron a algunas figuras iniciales) como una suerte de “reacción” contra el alejamiento del mensaje original del Islam, una reivindicación de la piedad y la sinceridad frente a la creciente corrupción que se extendía entre las clases dirigentes y el poder político. Los primeros sufíes habrían surgido según esta idea para tratar de revertir con el ejemplo, la decadencia de la fe. Se trata de una explicación parcial, pues tanto en los momentos de predominio de la piedad y la fe, como cuando lo que impera es el descreimiento y l impiedad, la santidad es siempre minoritaria, y según los designios de Dios, a veces es conocida y a veces está oculta.

El lector de cultura cristiana se sorprendería al descubrir la importancia de la figura de Jesús (la paz sobre él) en la literatura sufí, especialmente en los últimos tiempos, en que se aproxima el regreso del Imam Mahdi y Jesús por que el plan diabólico del Dajjal está a punto de culminar. Entre los musulmanes que alcanzan la “santidad” es normal que se manifieste, junto a la proximidad de la Divina Presencia, una vía de comunicación o filiación espiritual con alguno de los Profetas enviados por el Dios Único. Uno de los Sufís más conocidos del siglo XX, el Shayj Sidi Ahmad al-Alawi (radiyallahu ‘anhu), mantenía una intensa adscripción espiritual con Sayydina Isa. Dicen quienes le conocieron, que sus palabras destilaban la sinceridad de un amor inmenso hacia Jesús, sin que por otro lado lo considerase un dios. Según las palabras de un pastor metodista tunecino, que tras entrevistarse con él en otoño del año 1928 entraría en el Islam, Hasan Ibn Muhammad al-Qaba’ili: “El respeto que sentía hacia la figura de Jesús en el fondo, era mucho mayor del que manifiestan los cristianos”.

Se menciona en las Tradiciones del Profeta: “Los eruditos son los herederos de los profetas”. Al respecto de este hadith, el Sheijk Ahmad Al-Faruqi As-Sirhindi[10] comentará: “El conocimiento de los profetas es de dos tipos, conocimiento de leyes y conocimiento de secretos. El erudito no puede ser llamado un heredero si no hereda ambos tipos de conocimiento. Si toma solo un tipo de conocimiento, esta incompleto. Por lo tanto los verdaderos herederos son los que toman el conocimiento de las leyes y el conocimiento de los secretos, y solo los santos han realmente protegido y recibido su herencia.”

En los últimos cien años, el edificio espiritual que acompañaba durante toda su existencia al ser humano, ha ido desmoronándose hasta alcanzar el actuál estado de ruina. Ahora la gente vive en la oscuridad, porque no tienen ninguna conexión con las gentes del cielo ni con los sirvientes iluminados de Allah que viven en este mundo entre nosotros. La gente niega y rechaza la posibilidad de beneficiarse de la presencia de “la gente del paraíso”. Más, en cuanto Allàh desea que sean conocidos, los santos son “testigos”, “pruebas” de Dios diseminadas sobre la tierra, estrellas en el firmamento que rememoran al sol profético, y como él, ellos son “hombres perfectos”, en tanto seres que han llegado a la unidad primordial.

LOS SIGNOS DE LA MAESTRÍA ENTRE LOS SUFÍS

No tengan temor los amigos de Dios
Pues ellos no serán entristecidos.
Quienes crean y hayan sido piadosos
A esos la buena nueva en este mundo y en el otro.
Corán,10.63-65

Ha sido práctica común de los arabistas europeos usar la palabra “santo” para traducir el coránico awliya’ Allah. Sin embargo esta expresión se traduce mejor literalmente, como “Amigo de Dios”. Tanto los maestros Sufís como los salihin son llamados amigos de Dios. Pero no todo maestro Sufí es necesariamente un awlya’ Allah salihin, es decir, quien puede actuar como canal para el auxilio divino a través de la súplica sincera.

Así habló Nuri al-Bagadadi sobre los Maestros:
“Dios tiene siervos que están por Él, y se mueven y descansan a través de Él, que viven por medio de Él y que moran en Su contemplación. Si por un instante dejaran de contemplarlo, sus almas los abandonarían. En Él duermen, en Él comen, en Él toman, a través de Él van, a través de Él miran, a través de Él oyen y a través de Él son. Esa es la verdadera ciencia”.

El camino de Dios es tal que quien penetra en él, se pierde a sí mismo. Solo puede alcanzar al Todopoderoso alguien que está más allá del mundo y que no se considera a sí mismo como un Arif (Persona Espirituál).

Dice una tradición profética:
“Aquellos que los vean recordarán a Dios”.

El principal signo de la maestría es que cuando estáis sentados con un maestro, os llega una brisa de fe, de placer espiritual. Él no habla sino de Dios. Siempre está aconsejando el bien. Se adquiere un beneficio de su compañía así como de sus palabras. Os beneficiaréis tanto cuando estéis lejos de él como os beneficiaréis en su presencia. Veréis entre sus discípulos la imagen de la fe, de la sinceridad, de la humildad y la piedad, y debéis recordar, cuando estéis con ellos, el estado más elevado de amor, de verdad y de deferencia hacia los otros. Veréis que sus seguidores representan todos los tipos diferentes de gentes. Así es como eran los compañeros del Profeta*.

LOS CAMINOS SUFIS

Desde el momento en que llegaste al mundo,
se te puso delante una escalera para que pudieras escapa
r”.
Divani Shamsi Tabriz.

Los turuq (plural de tarîqah, camino) van surgiendo naturalmente en el mundo islámico entre los siglos X al XIII del calendario cristiano. Los grandes maestros de esa época forman discípulos y escriben importantes obras donde la doctrina del “sufismo” alcanza su plenitud. Estos discípulos tienen a su vez discípulos, y así se forma una “cadena” de transmisión de la tradición espiritual. Esto es como un pase de mano en mano, de maestro vivo a discípulo presente, de boca a oído. No se transmite sólo conocimiento, sino algo más, intangible pero efectivo: la bârakah, la bendición o influencia perfeccionante que es como las gotas de la lluvia vivificante (la misericordia divina) de que habla el Corán, que reverdece a la tierra yerma. Sin esa bârakah el retoño que anida en el corazón del hombre no germinaría ni crecería. Cuando un Sheij (maestro) acepta un discípulo, se dice que “lo toma de la mano”, y el murîd se deja entonces conducir por el maestro como un niño cuando camina de la mano de su padre, seguro de que el adulto conoce el camino y lo llevará a salvo a su destino.

Esta cadena se denomina silsilah, y es en definitiva una lista de nombres de maestros que se remonta a través de los siglos hasta los orígenes, es decir al Profeta mismo. Usando una analogía puede representarse al sufismo como un árbol invertido. Sus raíces están en el cielo (Dios), su tronco son el ángel Gabriel (transmisor de la Revelación) y el Profeta Mohammad. Del tronco parten diversas ramas gruesas, que son los primeros discípulos, los compañeros del Profeta; y a su vez estas ramas sufren multitud de subdivisiones, como en un árbol cuya copa está sobre la tierra. Algunas ramas se secan (son tarîqahs que mueren, por falta de un maestro que haya alcanzado la santidad y continúe transmitiendo la sabiduría y la bârakah), otras se retuercen, deforman y afean (son turuq que han perdido el rumbo, ya no persiguen el fin de la sabiduría y la santidad, no perduran en ellas más que fenómenos, como ciertos dones para soportar el dolor, encantar serpientes, o fabricar amuletos que protejan de diversos males); y hay también en las ramas, cada tanto, nuevos brotes que dan origen a otras ramas: es la aparición de nuevos santos que originan una nueva subdivisión en el gran árbol de la tradición espiritual.

Hay mucha tarîqahs. Estas en general responden a algún apelativo familiar o al nombre del santo más destacado de su pasado, el que habría originado esa rama. Por ejemplo la Orden Qadiriyyah recibe su nombre de su fundador, Abd Al-Qadir Al-Ÿilâni muerto en el 1166. Es una de las cofradías más importantes. La Orden Mevleví o Mawlawî, deriva su nombre del fundador, Mawlâna Ÿalâluddín Rumi (m. en 1273). La tarîqah Naqshbandiyyah debe su nombre al Sheij Bahauddín Al-Naqshband, de Bujara (m. en 1390). La orden Ÿerrâhiyyah es una subdivisión de la Jalwatiyyah, y debe su nombre al Sheij Nuruddín Al-Ÿarrâh de Estambul (m. en 1720), etcétera.
En el sufismo, siguiendo la regla del Islam, no hay monacato ni retiro del mundo. Los miembros de estas tarîqahs viven como cualquier otro ser humano, forman su familia, trabajan y se reúnen regularmente para recibir enseñanza de su Sheij y realizar en conjunto las prácticas de la orden. Esta práctica de reunirse con los hermanos en el camino y con el Sheij, comer y departir juntos, al estilo de lo que hacía el Profeta* con sus compañeros, es una parte importante de la educación espiritual. En este sentido los miembros de una tarîqah son cófrades. Cada tarîqah, en cada época, puede tener muchos sheijs en distintos lugares, y excepcionalmente un sheij de sheijs, es decir una cabeza de toda la orden. Cada sheij por lo normal está al frente de un grupo, que se reúne en un lugar físico, denominado según los lugares y geografías, tekke, takiyyah, dergah, zawiyah, janaqah, que funciona a veces como una pequeña mezquita, y que puede estar anejo a la casa del maestro. A menudo un Sheij tiene representantes, discípulos adelantados, que ya llegaron al grado de sheij o no, y que conducen grupos de la orden en lugares alejados. Se los llama jalîfah (califa: representante), o bien muqaddam (adelantado).
En relación a nuestros Sheijs andalusíes, la mayoría de ellos vivieron en un momento en que todavía no se había producido el fenómeno de las tariqahs, es decir son casi del tiempo en que “el sufismo era una realidad sin nombre” lo que acrecienta su valor por cuanto en toda organización, aparte de sus innegables ventajas, se introduce con facilidad el síndrome del dogmatismo, el oportunismo y en ocasiones fácilmente, pueden instalarse actitudes sectarias. Si ello ha podido darse en alguna ocasión dentro del sufismo, a pesar del enorme cuidado y rigor con que han actuado siempre los guías de la vía, en el transcurso de estos últimos tiempos este riesgo ha podido convertirse en una seria amenaza. Por lo tanto entendemos que es una innegable ventaja que nuestros santones y santonas fueran en su mayoría independientes de toda adscripción a una determinada escuela sufí.

En el año 1997, comenzaba nuestra conexión con los maestros uwaisi Sheij Mohammad An-Mevlevi y Sheij Hussein an-Naqshband. En Mayo de 2002, solicitamos autorización para tomar bayat con estos 2 maestros. Con el paso del tiempo nuestra ingenuidad e ignorancia iníciales han dado paso a un estado de vigilancia. Por causas que ignoramos, tenemos escasos contactos con aquellos maestros iníciales, aunque siguen presentes en ocasiones puntuales. Maestros son para nosotros no solo estos maestros uwaisís, sino todos aquellos que Dios pone en nuestro camino y todas las criaturas capaces de enderezarnos en el camino del amor hacia nuestro Señor …

UN VIAJE A TRAVÉS DE LAS PUERTAS INTERDIMENSIONALES.
CLAVES SUFIS.

La morada última es realmente la vida.
¡Si lo supieran!

El Corán XXI; 64

Antes que nada es imprescindible dejar bien claro que toda la temática de las estaciones espirituales de Santos “fallecidos” circula – sin poder eludirla- en torno a la dimensión esotérica de la Tradición. Dicha Tradición representa en la Religión lo que el corazón al cuerpo, es decir, el motor e impulsor de la vida.
Podemos decir con toda seguridad que “aquellos que rechazan lo esotérico de la Religión, hacen de ésta un cadáver.” Y es más, su misma negación les impide todo movimiento de carácter espiritual y les encarcela en la prisión del Dunia, el mundo grosero de las apariencias. Por lo tanto, todo rechazo de la dimensión esotérica del Islam[11]procede de la rebeldía y la obstinación del ego, y sitúa a las personas que así proceden en la evidente enemistad con Allah, Existencia Absoluta, contra Su Profeta* y sus herederos. A lo largo de este libro estableceremos fielmente a través del Corán y de las Tradiciones del Profeta* el carácter fundamental de la dimensión esotérica en el Islam y daremos cuenta de la horrible destrucción de los “MAQAMS” por parte de los saudíes-wajhabis, que en última instancia es el intento estúpido por eliminar el Islam desde su centro y esencia, que es el Tasawuff[12].
Estos “reformadores” a los que hemos empezando a conocer por las noticias negativas que desde el 11 de septiembre nos revelan el verdadero rostro de los dirigentes de Arabia Saudita, creen que destruyendo las tumbas de los santos elegidos por Allah el Altísimo, acabarán con la influencia espiritual de éstos. No deja de sorprendernos tan ingenua maniobra, pero no es de extrañar en personas patológicamente materialistas, ciegas a la verdad y reducidas por las falsas luces de este mundo. No pueden comprender que todo maqam bendito es una puerta hacia el mundo divino; una puerta-canal de doble dirección desde donde se reciben las misericordias de Dios Omnipotente, desde donde se puede viajar al mundo sutil. Nada tienen que ver con una supuesta idolatría.
Queremos creer que la mayoría de estos wajhabis no son capaces de calibrar el enorme daño que se infligen a si mismos actuando en contra de los Awliya[13] del Señor del Poder, pero sí sabemos que hay una minoría que actúa de un modo consciente y su plan de ataque es privar a las gentes del Bien de las puertas de comunicación con el mundo de la Santidad, destruír las puertas que posibilitan la entrada a los mundos celestiales.
Al contrario de lo que creen, solo destruyen los edificios, que es precisamente lo menos importante, aunque necesario para su identificación. La puerta de luz queda intacta y disponible para todo aquél al que Allah muestre la localización de uno de sus Santos.
No es nuevo esto de la destrucción de “morabitos”. Siglos antes en las tierras de al-Andalus se produjo una acción parecida. Primero, aunque de forma minoritaria, en algunas ciudades dominadas por los almohades, que aclaremos de paso que no por ello dejaban de ser musulmanes, aunque algunos fueran poco lúcidos. Luego de modo masivo por los denominados “cristianos”, estos últimos indudablemente con más coherentes razones. La prueba de que todos sus esfuerzos fueron vanos es que ya solo en la Comunidad Valenciana llevamos recuperados al menos 70 maqams. Esta es una señal suficiente de la protección que Allah garantiza a sus Santos y de que Allah siempre es El que Vence.

Cuenta una tradición que en el lugar donde se ubica la Kaába y antes de que Adam fuera existenciado, 70.000 ángeles estuvieron 70.000 años girando en torno a un centro por orden de su Señor. Esa es la auténtica realidad de la Kaába: un vórtice supremo de energía divina y su puerta transdimensional. Su esencia es espiritual y el “cubo” es sencillamente el signo para localizar la puerta hacia Allah Todopoderoso.
Antes de entrar de lleno en las claves, tenemos que dejar bien claro que nuestro método de interpretación se basa en el sufismo como sello y culminación de todo esoterismo anterior, así como el Islam es el Sello y la perfección de las religiones precedentes. Por lo tanto, que a nadie extrañe si en nuestras explicaciones acudimos a símbolos de otras tradiciones, pues para nosotros el sufismo es de carácter universal, y nada perteneciente al dominio del conocimiento sagrado le es ajeno… Llegados a este punto, vamos a demostrar en clave Sufí la función de las enseñanzas de Shah Bahauddin an-Naqshband al Bujari (que Allah santifique su secreto) y la tariqat Naqshbandi por él fundada, en el ciclo final de los tiempos y sobre los “maqams” como centros de armonización espiritual y transición hacia una nueva Era. El motivo de elegir a la tariqat Naqshbandi es de agradecimiento al maestro que nos inició en el descubrimiento de nuestros maqams andalusís, pero para nosotros en esencia, no hay diferencias entre táriqats, si bien una puede tener preeminencia -en ciertos momentos y sobre determinados asuntos- sobre otras.

Aclaremos antes que el sistema Abyad que utilizamos es un método de interpretación de letras y sonidos sagrados a los que atribuimos un valor numérico que permite, a través de las raíces consonánticas de las palabras escritas en árabe y mediante una serie de reglas creativas, la profundización más intensa y aguda en el significado oculto, mántrico, de la palabra escrita en lengua sagrada[14]. Este método gozó de un gran prestigio en el Sufismo Clásico, que siempre contó con sistemas de desciframiento en su búsqueda de los mejores caminos hacia la Verdad Absoluta. El fundamento de este sistema hunde sus cimientos en uno de los más conocidos y misteriosos dichos del Santo Profeta Mohammad:

«Todo lo que está en los Libros revelados está en el Corán, y todo lo que está en el Corán está en la Fâtiha[15], y todo lo que está en la Fâtiha está en BismiLlâhi-Rahmâni-Rahîm.» Y, «Todo lo que está en BismiLlâhi-Rahmâni-Rahîm está en la letra Bâ’, que a su vez está contenida en el punto que hay debajo de ella».
Para no agobiar al lector con innecesarias operaciones aritméticas y lexicográficas, hemos eliminado todo el apartado técnico y operativo, emplazando éste a la confianza que seamos capaces de transmitir respecto al correcto uso de esta ciencia menor[16], aunque no por ello menos válida ni menos tradicional. Comenzaremos con la clave del Gran Maestro Naqshbandi, BAHAUDDIN. Si la descomponemos en el sistema ABYAD, nos da la cifra 102, que nuevamente transformada en letras nos da la raíz “QABB”. Dicha raíz significa:
“juntar los extremos de”, “levantarse”, “erizarse”, “construir una cúpula”, “ser delgado”, “esbelto”, “esbelto por el ayuno”, “jefe”, “príncipe”, “semental”, “agujero”, “buje”, “brazo de la balanza”, entre algunas otras que iremos mostrando.

Si vamos a los primeros significados de la raíz nos encontramos con el sugestivo significado de “juntar los extremos de algo”. Esto nos dice mucho acerca de la misión esencial de Shah Bahauddin y de la tariqat Naqshbandi original. Nuestro Gran Maestro fue reconocido por rescatar y renovar las enseñanzas de los grandes maestros del Asia Central., los “Kwayhagan” por medio de la conexión “Uwaysi” con sultán Awliya Abdulkhaliq al-Ghujdawani. Uno de los principios de conducta de los “Kwayhagan” (soledad entre la multitud), compromete a los naqshbandis a practicar el camino espiritual sin abandonar el mundo, lo que es una manera de “juntar los extremos” del mundo espiritual y el mundo material en un foco de experiencia lúcida y transformadora; cuando los opuestos se autonivelan se extinguen, dando paso a una nueva realidad. El hecho de que Shah Bahauddin rescatara las enseñanzas esotéricas del conocimiento profético y las transmitiera, hasta el papel fundamental de transición en el final de los tiempos de la Tariqat Naqshbandi es también un signo del proceso de juntar los extremos.
“Construir una cúpula” simboliza el monumento funerario que combina la “bóveda” como representación del Cielo sobre una estructura cuadrada que corresponde a la tierra. Nuevamente nos encontramos aquí con juntar elementos opuestos y complementarios. Parece justo pensar por lo visto hasta ahora, que “juntar los extremos” traducido a los extremos de la creación, corresponde a la unión de los contrarios, a un proceso alquímico de generación, o más bien de re-generación. Curiosamente, al respecto de los extremos el Santo Profeta* nos dijo: “Buscad el conocimiento aunque sea en la China.”

Según las escrituras taoístas chinas, el Universo estaba en principio carente de vida. El mundo acababa de enfriarse de su llameante creación y todo estaba neblinoso y difuso, sin diferenciación ni separación, sin límites ni extremos. Este estado se llamó “WU CHI” (“literalmente sin extremo”). Más tarde la energía natural existente se dividió en 2 extremos, conocidos como Ying y Yang. Esta polaridad recibió el nombre de Tai Qi, que significa “Gran Extremo”. O “”Gran Extremidad” y también “Muy Extremo”. Esta es la separación inicial que permite y provoca todas las demás separaciones y cambios. En varias “ayats” del Sagrado Corán se indica el “descenso de la Balanza (al-Mizam)” como columna vertebral de la justicia y la armonía en todo el Universo. Recordemos que en Astrología (Ciencia sagrada y Tradicional), a China se le asigna un signo zodiacal de Libra, precisamente el de la Balanza. Por esta virtud del equilibrio y la armonía deribadas del símbolo de la balanza, China ha destacado en su pasado sobre las naciones como pueblo pionero en el conocimiento y la sabiduría, tanto a nivel espiritual como material. Enseñanzas espirituales tan elevadas y tradicionales como las de Confucio o el respeto a la Naturaleza como las del Taoísmo, o la Acupuntura como verdadera medicina preventiva exenta de efectos secundarios son la muestra de una civilización que -como toda civilización tradicional- obtiene su modelo de principios espirituales y trascendentes.
Pero además, el símbolo de la balanza con la interacción de sus dos platos, es la expresión de todos los procesos bipolares de la creación que están profusamente nombrados en el Sagrado Corán como el día y la noche, la vida mundanal y la vida post-mortem, etc. Esta última polaridad es especialmente significativa para nuestro desarrollo analógico, pues en las antes citadas derivaciones de la raíz, nos encontramos con la palabra “QIBB” que significa jefe y hueso sacro. La tradición profética relata que en el caso de la descomposición natural del cuerpo humano queda después de la muerte un átomo óseo llamado “ABYDAMA” procedente precisamente del hueso sacro. De ahí posiblemente la denominación de hueso sacro, es decir, sagrado, pues a partir de éste átomo Allah Todopoderoso reconstruirá todo el cuerpo para el Día del Juicio. Éste átomo es un registro de información de todas las acciones realizadas por el individuo en su existencia. Del mismo modo que a nivel macrocósmico todo el Universo será reducido a un átomo de información antes del Día de la Resurrección y del Juicio Divino. Las Escrituras hindúes llaman a este proceso en según que escalas, el final de un Manvatara, o la noche de Brahma. Para aquellos que realmente sepan ver en los orígenes de las Revelaciones Hindúes, es suficientemente clara la falsedad de la reencarnación como doctrina, pues este es un añadido posterior y precisamente de carácter exotérico, popular y masivo. De ahí la importancia de una comprensión clara del TAWHID, la absoluta unidad Divina, que hace que a un grado inferior exista una esencial indivisibilidad del cuerpo – como reflejo de un nivel existencial superior- y el Espíritu -como patrón de perfección en la Divina Presencia.
Penetrar en el misterio de las moradas de los Santos sería un absurdo si imaginaramos una desvinculación del alma original con su cuerpo creacional humano y si a eso le añadieramos la ilusoria posiblidad de proveerse de infinitos recubrimientos terrestres. ¡ Allah Omnisciente aleje de nuestras mentes tan paranoico pensamiento tendente a perpetuar nuestra existencia en el mundo del Dunia, del reino de Maya, el reino de la ilusión y nos acerque al mundo de la Divina Presencia!

Volviendo a la Balanza, observamos que las derivaciones nos llevan a palabras como buje y brazo de la balanza y esta ha sido y será todavía más la función de la Tariqat Naqshbandi en la dificil transición hacia una nueva tierra: la de abarcar todas las enseñanzas espirituales en el crisol de las más elevadas, más equilibradas enseñanzas del Santo Profeta Mohammad* y ser como el buje, directora y moderadora.
Por otra parte, es curioso ver como los historiadores del califato Abbasí y generalmente el Oriente Medio, consideraban literalmente al-Andalus como a China, un lugar mítico y mágico, el “Finisterre”, el final de la Tierra Conocida. En efecto, si traducimos al sistema Abyad AL-ANDALUS nos dá la cifra numérica 176 que transformada de nuevo en palabras nos da la raíz trilítera “Q’AÚ” que significa: “eje” “horquilla de polea”. Es asombrosa la correspondencia de este significado con el papel de “eje cultural y científico” que tuvo al-Andalus frente a la oscuridad del medievo cristiano. Es más, en otra variación de las mismas letras nos encontramos con la palabra “UQA” que significa:
“choque”, “conflicto”, “combate”, destacando estos significados la enfermiza obsesión de la Roma trinitaria por hacer desaparecer el Islam en las tierras andalusíes, precisamente por su situación “estratégica”. Si nos remontamos a la clave más profunda de la palabra al-Andalus, nos da 847, que es la raíz “DAMAZ” que significa:
“callarse”, “velar por”, “ser avaro de”, “cerro aislado”, “silencioso”, “detractor”.

De todas estas claves se deduce que todos estos siglos de aparente ausencia del al-Andalus islámico-Sufí, ha sido sencillamente un periodo de ocultamiento en el que se ha velado celosamente por un Conocimiento que ha sido guardado como un tesoro. Parece llegado el momento en que al-Andalus y el Islam volverán, en el final de los Tiempos, a recuperar su función de Eje espiritual: el de una axialidad esencial que comenzará con las aperturas de poder de la geografía sagrada a través de los “Maqams” y culminará con la venida del Imám al-Mahdi y Sayyidina ‘Isa”§ con el reino de la Verdad sobre la Tierra. Recordemos que tanto la clave de Bahauddin como la de al-Andalus hacen referencia a los Ejes y a la importancia de los “maqams” como forma de conexionar con el mundo superior. Dijo el Santo Profeta* que “en el Paraíso hay una cúpula blanca brillante. Los del Paraíso no duermen, ni hay día (sol) ni noche allí. No hay sueño, porque el sueño es hermano de la muerte”. La visión en la tierra de las cúpulas blancas de los “Awliya” son las señales de Allah para aquellos que buscan el Paraíso de la Divina Presencia.

Si penetramos todavía un poco más en la raíz “QABB”, vemos que las dos letras árabes “QAF” y “BA”, son especialmente significativas pues la “QAF” es el símbolo de “la Montaña QAF”[17] que es el límite entre el mundo material y el mundo sutíl: la frontera con la tierra de “HURQALIA”, la tierra de los Awliya, y la letra “BA” es símbolo de receptáculo, del Santo Grial. La combinación de ambas letras es una prueba evidente de que los “MAQAMS” son lugares de concexión con las reallidades espirituales más allá de la “Montaña QAF”, la conexión con el Poder Divino.
Para una mejor comprensión de los signos de nuestro tiempo y de la importancia que concedía el Profeta (saws) a esta sura para afrontar el tiempo del Dajjal, remitimos al lector al importante estudio de interpretación de la Shura Khaf del erudito Imran N. Hosein titulado: ”Surah al-Khaf and the Modern Age” disponible gratuitamente en inglés en su propia página web.

Además, la inversión de “QABB” nos da “BAQ”, que significa “dar profusamente”, “diseminar”, “cerner”, “florecer”, “diluviar”, todos sinónimos de la Generosidad Divina manifestada a través de Sus Santos.
Al mismo tiempo, con solo añadir un “Alif” de prolongación tenemos “BAQA” que es la estación suprema de los Sufíes, la de la permanencia en Allah Todopoderoso, precisamente la de la investidura de los Atributos Divinos (éstos son 100 menos QAF; equivalente a 99 más Allah o “El Oculto”).
Ya para terminar, no deja de sorprendernos que la numeración de la Montaña “QAF” y la de la palabra “MAQAM” séan la misma, 181. Es otra clara constatación de las realidades espirituales que fluyen a través de los “MAQAMS”. Dicha clave derivada de la cifra 181, es enormemente sugerente para explicar el modo de conectar con “las tierras de Hurqalya” a través de los “maqamat”, pues:
181 da por una parte “QAFA” y por otra “FAQA'”, siendo ambas palabras representaciones de dos impresiones opuestas pero interrelacionadas que son el “QABD”, la contracción espirituál y el “BAST”, la expansión espirituál. En efecto, “QAFA” significa:
“secarse, “erizarse”, “contraerse”, “arrugarse”, “altura”, “colina”, “lugar lleno de rocas”, “hombre de confianza”.
Parece que no se puede eludir, al principio de la visita a la tumba de un Santo el recuerdo de la muerte y nuestra incapacidad de ver frente a lo que aparentemente parece extinción. De ahí la sensación de “sequedad” (huesos, calcinamiento, polvo; como proyección mental). También parece ineludible el “erizarse” como resultado del miedo, etc.
Pero al mismo tiempo el segundo término, relacionado con el “BAST”, la espansión espirituál, nos anima a seguir más allá de nuestros miedos e incapacidades, y así “QAFA” sifnifica:
“abrir”, “perforar”, y el hecho impactante de “sacar un ojo”, “río”, “valle”, o “membrana cefálica fetal”.
A un nivel simbólico, el hecho de “sacar un ojo” nos indica que para acceder a las realidades espirituales de las Tierras de “Hurqalya” (que están situadas entre el cielo y la tierra, uniéndolos), hay que dejar precisamente el “ojo” que representa la “contracción”. Es de algún modo abandonar el Dunia, “el mundo de la ilusión” y retornar a la UNIDAD. En estas tierras no se puede entrar con la DUALIDAD.
Es bién conocido de los sabios que nuestro “ego” intentará siempre hacernos creer que somos menos capaces de lo que lo que realmente somos. Vemos en la antigüedad mitos como el de Odín colgado de un árbol y sin un ojo, como modo de acceso a una realidad superior. O en el cuento de Abu Kasar dejando un ojo como prenda de acceso a las Tierras Celestes. El camino está bien indicado y a pesar de las innumerables dificultades que aparezcan, todo hombre puede llegar a las tierras de Hurqalya, “el mundo por el cual se corporifican los espíritus y se espiritualizan los cuerpos”[18] . Eso sí, después de una larga y peligrosa purificación.
De cualquiera de las formas, la peregrinación y el contacto con los “MAQAMS”, supone una re-creación alquímica de los cuerpos sutíles claramente simbolizados en el cuerpo humano en la “membrana cefálica fetal” que es la corporeidad en el cráneo de una cúpula, que perforada sutilmente (BRAHMARANDRA HINDÚ) en la cúspide del cielo (cráneo), conduce a la Iluminación.

Entonces el peregrino retorna a casa, a la casa de su origen, a esa tierra sagrada donde Allah creó al hombre en su mejor y más bella forma. Aquellos bendecidos sobre los que Él deja Su conocimiento son Sus Profetas, Sus Amados, quienes se esfuerzan para llegar a estar cercanos a Él.

CONOCIMIENTO IMPERSONAL

¿Diréis que Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las doce tribus eran judíos o cristianos?
Diles: ¿Quién es más sabio, Dios o vosotros?
¿Y quién es más culpable que el que oculta el testimonio de que Dios le hizo depositario?
Pero Dios no desatiende lo que vosotros hacéis
. Coran II, 134.

Al iniciar esta obra nos decantamos casi instintivamente por abordar con la máxima objetividad el descubrimiento de las reliquias de nuestro pasado sufí. A la hora de reunir documentación, argumentar y evaluar el alcance de nuestro hallazgo, dejamos de lado el camino fácil de lo sensacional, de lo agradable y lo fantasioso. Al contrario, quizás el rigor metodológico y el freno de la pasión por lo fenoménico habrán restado a esta obra ese atractivo que tiene lo fabuloso, es decir la mentira, en el arte de vender al público un producto. Demasiado bien sabido es que la verdad no es lo que agrada y lo que agrada no es la verdad.
Un ser humano se pregunta a menudo el porqué de tanto esfuerzo y de tantas contrariedades como acontecen en su vida. Las buenas cosas que vienen con cada nuevo día pueden fácilmente quedar eclipsadas por el peso y el dolor de las dificultades. Somos un complejo equilibrio de opuestos y al apartarnos del camino recto buscando hallar el atajo de lo fácil para eludir lo difícil, somos engañados por los susurros de saytán y rápidamente caemos en pozos de ignorancia y oscuridad de los que cuesta mucho por no decir muchísimo, salir. Por eso en la Sura de apertura del Corán, pedimos a nuestro Creador: “guíanos por el camino recto”… Amén.

Pero en una época que considera que todo es relativo, cuesta mantener un camino recto. Los viejos códigos de conducta, los conceptos internos de lo moralmente lícito e ilícito se consideran hoy simples productos de conveniencia, leyes que pueden cambiarse a nuestro antojo sin que ello tenga la menor influencia real sobre nuestro universo. Por el contrario, aquello que dicta el ordenamiento jurídico y que puede imponer su fuerza en el mundo material llamado laico, esa misteriosa “mano invisible” que nos impone lo “legal” aunque sea injusto o inhumano, ya provenga de un oscuro dictador como de una sospechosa democracia, se acepta por miedo o por conveniencia como una verdad positiva, absoluta, un límite indiscutible de la ética universal. Nadie se para ya a escuchar las viejas advertencias de los profetas, pues la humanidad en general no les cree. ¡Como desearían encontrarse más allá del bien y del mal, acallar sus conciencias hasta que nada les impidiera disfrutar de todas las posibilidades que ofrece la vida mundanal! ¡Y aún menos que nada, los hombres desdeñan la absurda creencia en una vida futura! Dice el Libro Luminoso en la Sura de la Abeja (C:16;23): “Los que no creen en la vida futura tienen corazones que lo niegan todo y se llenan de orgullo”. Para añadir, en el versículo 25: “(Dios) no ama a los orgullosos”.

La necesidad innata de respuestas a los interrogantes existenciales del ser humano es tan evidente y está tan insatisfecha, que su constante negación por la sociedad moderna revela un síntoma grave, por qué no decirlo, de una enfermedad mental colectiva. El ser humano se diferencia del colectivo animal principalmente por su necesidad de creer, es decir por su necesidad de trascendencia del mundo material, por su capacidad gnóstica o de conocimiento. Por desgracia, al poner el énfasis exclusivamente en la satisfacción de nuestras necesidades físicas abandonando las que reclama nuestro espíritu, la sociedad moderna ha entrado en una espiral de consumo-evasión que lejos de satisfacer siquiera las necesidades básicas de toda la población, ha creado en el mundo un ejército de desheredados junto a otro ejército de ciudadanos dedicados a un trabajo frenético y alienante de quienes se pretende que hallen compensación en el consumo como único elevador de su estado emocional, la válvula de escape capaz de remediar una permanente y oculta insatisfacción. Un mundo así, poblado por seres envilecidos, angustiados, vacíos y atormentados, por mucho que se engalane con promesas de paz y de bienestar o se atribuya el título de “civilización”, es tan solo la antesala de la catástrofe general. Al respecto el Santo Corán señala: “No hemos creado el cielo y la tierra y todo lo que hay entre Nosotros como un juego, lo hemos creado de la verdad, pero la mayor parte de ellos no lo saben”.

En la “sociedad del ocio” pocos se atreven a decirlo, tanta insatisfacción humana proviene de abandonar la creencia en Un Creador Todopoderoso, Justo y Misericordioso. Naturalmente no estamos hablando del popular “Señor mayor con la barba blanca” que teóricamente todos rechazan por fantasioso. Primero en occidente y más tarde también en el oriente, hemos dejado de confiar en la Ciencia Sagrada y de tener esperanza en la vida del más allá. Hemos acabado despreciando la enseñanza desplegada en cada una de las misiones de los profetas a lo largo de los siglos. Hoy son pocos los que son capaces de comprender las palabras de unos hombres antiguos que vivieron hace miles de años y que por lo tanto se supone que no tenían el nivel “intelectual” ni los conocimientos del mundo que tenemos nosotros. Sin embargo ellos poseían el único conocimiento que es necesario tener en esta vida; la sabiduría del comportamiento, de la intención y del amor de Dios. Si uno aprende esas tres cosas, cosa nada fácil, no tiene nada que temer en esta vida ni en la otra, y puede acceder a universos de belleza y de conocimiento sin fin, porque, desengañémonos cuanto antes, todo el Poder viene de Él.

Hoy, con el objetivo de obtener beneficios del insatisfecho anhelo por creer, personas que pretenden agradar y ganarse el favor del público se presentan ante la humanidad como guías de una Ciencia Espiritual, como es la del conocimiento del hombre, de la que son los más elevados ignorantes[13]Entre este trasiego de figurantes y de opinantes sin fundamento han florecido numerosas sectas y líderes carismáticos, especialmente alrededor de la figura de Jesus* y de las doctrinas imperiales basadas en la “ciencia” y las nuevas tecnologías. Incluso dentro de las religiones más ortodoxas, miembros de las diferentes iglesias han encabezado el extravío, especialmente en el mundo anglosajón. Así, antes de desazonar al enfermo espiritual con la poco grata noticia de un amargo remedio, estos aprendices de brujos aplican misérrimos sucedáneos psíquicos de los verdaderos tratamientos espirituales que se cristalizan grotescamente como no podía ser de otro modo en macumbas televisivas donde se invoca a un Espiritu Santo.

Respecto al tema trascendental de la muerte física, nuestra sociedad argumenta que mientras se goza de salud no es el momento de ocuparse de esas penalidades ya que ya habrá tiempo de ocuparse de ello más adelante. Pero cuando llega el temido momento, con la excusa de no desasosegar al paciente, no se permite al enfermo ni a los familiares abordar en orden de preferencia el verdadero problema que oprime sus corazones.
De igual forma, la superficialidad y el utilitarismo con que se abordan hoy los asuntos trascendentes, desemboca en una infantilización de los mismos y por añadidura de nuestras propias vidas. Pero a pesar de tanto sucedáneo del conocimiento, de tanto endulzamiento de la percepción del problema, éste sigue sin tener una solución. Por último, la americana new age, una desvergonzada concatenación de retales fantásticos arrebatados a la esfera del conocimiento espiritual sin un propósito sincero por seguir una guía real que lleve a alcanzar las etapas de la realización existencial, no es sino un peligroso salto al vacío, una vía segura para el más perjudicial de los extravíos. “Semejantes a gusanos bajo tierra que viven en la oscuridad, las gentes que viven en las tinieblas de este mundo están satisfechas y contentas; no necesitan la promesa del otro mundo ni sienten la nostalgia de la visión de Dios“, nos advierte Mawlana Jalalud.din Rumi.

Sufismo es también la ciencia de la realidad, incluso cuando se trata de asuntos tan alejados de nuestra hermética mentalidad materialista como los que estamos tratando. Según nuestra propia experiencia, las amonestaciones procedentes de la guía profética no son sino un recordatorio del mejor de los caminos transitables por la humanidad, un trasvase de sabiduría procedente del Señor de los Mundos. Una Misericordia Divina que la humanidad, sin embargo, hemos tenido siempre dificultades en aceptar. Dios Clemente y Misericordioso, es también inmensamente Justo. Hacer uso de la fantasía para no sufrir el enfrentamiento con las realidades trascendentes no evitará que éstas acaben por presentarse ante nosotros, y quizás en circunstancias mucho menos ventajosas de lo que ahora pensamos. Todo el conocimiento religioso, esotérico y tradicional disperso entre el colectivo humano, puede ser una fuente de curación y satisfacción para los individuos que se acercan sinceros a maestros capacitados, o el inicio de un vano entretenimiento, una borrachera de conocimientos inútiles con los que unos ciegos guían a otros ciegos. No hay nada nuevo bajo el sol, pero la gente piensa que porque están en el siglo XXI, las cosas han cambiado. No. Siguen estando aquí el bien y el mal, lo acertado y lo equivocado, lo dulce y lo amargo, la oscuridad y la luz, todo lo que ha existido durante todo el tiempo. El camello se convirtió en un aeroplano, pero todo es lo mismo. Los mismos problemas que tenemos ahora existían en los tiempos de Mussa, de Isa y de Sayidina Mohammad. Los malvados estaban allí. Los ladrones estaban allí. Los asesinos estaban allí. Los políticos estaban allí. ¡Todos estaban allí haciendo las mismas cosas! ¿Qué les hace pensar que se han encontrado nuevas soluciones? ¿Qué les hace pensar que están en disposición de guiar a la humanidad con mejores criterios que Mussa, Jesús o Mohammad, por ejemplo mediante la publicación de unos supuestos derechos humanos? Hoy abunda la arrogancia. Los supuestos derechos humanos se usan ahora para perseguir, invadir, o torturar como se usó la supuesta “diosa razón” con idéntico propósito, llevando a proclamar eso de “libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”. El orgullo en forma de soluciones humanas nos alejan de la guía divina, y eso es un problema, por no decir el problema.

Si después de lo expresado, todavía existe alguna persona interesada por la sección de frases ingeniosas de este libro, pruebe con la lectura de las siguientes palabras, fruto de la sabiduría de un maestro islámico del Tasawwuf:

“¡Gentes! Corréis como locos detrás del mundo para que os dé sus migajas, y el mundo corre detrás de los awliyá para recibir sus bendiciones. El mundo se postra ante los conocedores de Allah, se humilla ante ellos, hunde su cabeza antes de acercárseles. Quisiera sobornarlos como a vosotros os ha corrompido, pero nada tiene el mundo que los awliyá ambicionen”.

Es nuestra última palabra. Pero si esperan todavía un poco del amable material insustancial al que los modernos guías espirituales les acostumbraron para sustituir su vacío existencial por nuevos productos industriales, y ya que este libro aborda el descubrimiento de las tumbas de los awliyá del oriente de al-Ándalus, interpretando osadamente su respuesta y con el permiso de Groucho Marx, permítanme reiterar esa vieja frase de cortesía que el popular cómico mandó esculpir en su lápida inveterada: “Perdonen que no me levante”.

NOTAS
[1] Decimotercero de los cuarenta hadices de Shawahid ul-Haqq. También recogido por Bujari.

[2] Allàh es en árabe el nombre propio para el Uno y Único Dios, el Creador y Sustentador del universo. Los árabes de religión judía o cristiana lo traducen como el Dios (‘Eloh-im’ en hebreo y ‘Allaha’ en arameo, la lengua materna de Jesús (sobre él la paz y las alabanzas). La palabra Allah no tiene plural o género. Allah no tiene ningún asociado o compañero, no engendró ni fue engendrado.

Amigo de Allàh. A falta de un sinónimo equivalente, lo traduciremos por “Santo”.
* Salla’llahu’alaihi wa sallam. Esta expresión se usa hacia todos los profetas y significa “sobre él la paz y las bendiciones “. En el caso de Mohammad* se añade “y sus familiares, sus compañeros y amigos”. A lo largo de esta obra sustituirémos esta fórmula de tratamiento por un asterisco.

[3] Amigo de Allàh. A falta de un sinónimo equivalente, lo traduciremos por “Santo”.
* Salla’llahu’alaihi wa sallam. Esta expresión se usa hacia todos los profetas y significa “sobre él la paz y las bendiciones”. En el caso de Mohammad* se añade “y sus familiares, sus compañeros y amigos”. A lo largo de esta obra sustituiremos esta fórmula de tratamiento por un asterisco.

[4] Es decir, dicho ortodoxamente correcto.

[5] “Dar al Islam” o Casa de la Paz, donde el individuo era realmente preservado de la injusticia, lejos de vigilancia, la opresión o el egoísmo estatal de los nacionalismos.

[6] Ibn al-Jawzi, en el capítulo dedicado a Sayyidina Ali en Sifat al-Sawa

[7] “Man öaffadhu‘lhubb fa-huwa sdfin wa-man saffdhu ‘l-abib fa-huwa Sufiyyun”

[8] Es célebre el comentario de Ibn ‘Arabî a este hadiz. El Shaij al-Akbar confirma el hadiz y lo completa: “cuando el ser humano se acerca a Allâh con sus acciones voluntarias, Allâh ve por su ojo y oye por su oído; cuando se le acerca con las acciones obligatorias, es él el que ve por el ojo de Allâh y oye por Su oído”. Recopilado por al-Bukhari, procedente de Abu Hurayra.

[9]

[10] Falleció el 17 de Safar 1034 AH/ 1624 EC a la edad de 63 años. Fue enterrado en la aldea de Sirhind. Era shaykh en cuatro ordenes Sufies: Naqshbandi, Qadiri, Chishti, y Suhrawardi. Prefirió la Naqshbandi, porque dijo, “Es la madre de todas las ordenes Sufies.” Suponemos que lo dijo a causa de la iniciación por mediación de Abu Bakr as-Sidiq

[11] La marca distintiva de los wajhabis.

[12] Sufismo

[13] Psicólogos, terapeutas, sociólogos, teólogos y otros tantos advenedizos del conocimiento formados en los postulados científicos materialistas de las universidades. Es de resaltar cómo los totalitarismos nazi y soviético se sirvieron de los informes técnicos de sus psicólogos para justificar los internamientos en campos de concentración o las deportaciones a los goulags de Siberia. La “caza de brujas” que el senador Mc Carthy impuso sobre la población norteamericana, al igual que el experimento de Guantánamo con prisioneros afganos, han contado igualmente con la colaboración y la justificación de esas mismas autoridades científicas.

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Una Respuesta a LOS SANTOS DE AL-ANDALUS y LOS MAQAMS DE AL-ANDALUS – Autor – Profesor Rahmanicus

  1. Rahmanicus dice:

    786
    En el momento en que buscabamos los maqams y durante el tiempo en que escribimos la obra si que eramos particularmente practicantes del Tasawwf, doy fe.
    Lo cierto es que coincidiendo con ciertas decepciones y dificultades humanas en nuestro entorno, el calcinamiento al que por la Gracia de Dios estábamos acostumbrados, tuvo que decaer por pura necesidad y, efectivamente no somos en estos momentos particularmente seguidores del tasawuf, pero tampoco enemigos, ajenos o desertores, estamos donde podemos, como podemos o somos capaces. Para evitar entuertos, no somos de “podemos”, somos simples seres humanos, musulmanes, al servicio de nuestro Creador y de la creación de nuestro Creador.

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