¿COMO CONCEBIAN EL TIEMPO HISTORICO EN LAS SOCIEDADES ISLAMICAS – Por Javier Astilleros

Presentación de la Redacción

Nuestro hermano Anuar Abdul Hayy nos regala estas precisiones con su estilo elegante y su sagacidad innata.

EL TEXTO

¿Cómo concebían el tiempo histórico en las sociedades islámicas?

El sentido del tiempo determina la vida del ser humano en cualquier época y sociedad. Es más, como lo percibimos y el valor que le otorgamos es también indicativo de las motivaciones y las inquietudes del hombre, y representa en Occidente los cimientos del edificio sobre el que la Academia construyó los conceptos de “civilización” y “cultura”. En ese sentido, el término de Edad Media está indiscutiblemente asociado al de “teocracia”, espoleado por la propaganda desde el advenimiento de la ilustración, para denostar un periodo de ¡mil años de duración! al que le han puesto el nombre de “Edad Media”.

Como contrapunto, la Edad Moderna surgió como la época en la que el hombre comienza la emancipación de la “tiranía teocrática”, en espacios de fe en Europa monopolizados por el cristianismo-judaísmo, y en menor medida por el Islam.

Para comprender la historia es necesario pensar sobre el modo que se tenía de percibir el tiempo y el espacio, para poder urdir así todas las historias, desde la política, la económica o la institucional, por poner solo estos ejemplos.

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En ese sentido, la historia del Islam-inmensamente rica y diferente según época y área geográfica- tiene una serie de componentes que le ha caracterizado a lo largo de los tiempos, como el de una sociedad muy urbanizada sometida a enormes presiones externas.

Uno de los polígrafos más brillantes de todos los tiempos, Abd-ar Rahman Ibn -Jaldún al Hadrani, en su extraordinaria obra Al Muqadima (Prolegómenos, Introducción a la Historia Universal), escribía así sobre el tiempo desde la perspectiva de un musulmán:

“Alabado sea el Todopoderoso, poseedor de la Gloria y de la potestad, dueño del reino de los Cielos y de la Tierra, Suyos son los más bellos nombres y epítetos; Omnisciente sobre lo manifiesto y lo oculto, Omnipotente sobre lo celestial y lo terrenal. Quien del polvo nos hizo espíritu, tenue soplo; nos dio la Tierra por los siglos de los siglos, la e hizo que la tierra nos prodigara frutos y bienes para nuestra subsistencia; nos multiplicó en grupos y pueblos protegidos por Su magnanimidad, desde el claustro de nuestras madres, así como en el hogar; amparados con alimentos y bienes. Mas los días y los tiempos nos consumen, nos abaten los términos de nuestra existencia, prefijos en su libro cronometrado”.

Esta cita bien podría ser objeto de ácidas críticas por parte de aquellos que rechazan todo sentido de la providencia en los acontecimientos humanos, aunque bien tendrían que medir sus palabras al saber que Ibn Jaldún fue un auténtico crítico del método histórico, y un observado audaz y profundo de la historia y del fenómeno de decadencia y ascenso de las sociedades, es decir, ¡es uno de los pilares de la historiografía actual!

Según González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus, en las sociedades islámicas el tiempo se distinguía entre el dahr (tiempo lineal), waqt (tiempo parcial) y el ayal (tiempo perecedero, personal), algo que Braudel, historiador de Annales, nos recordaría mucho después con su tiempo de corta duración y de larga duración.

Hay un intento de periodización interesante en el caso cristiano. Joaquín de Fiore, monje napolitano del siglo XII, señaló que la Historia era un ascenso de tres edades sucesivas, cada una presidida por una persona de la Trinidad, siguiendo un modelo profético. La primera edad era la del Padre o la Ley, la segunda la del Hijo o el evangelio mientras que la tercera correspondía con el Espíritu. Según Joaquín, el fin de ese mundo se daría…en su propia época, cerca de su muerte, hacia el 1195 D.C.

La realidad es que desde la atalaya del historiador los tiempos son abstractos, fríos, diseccionados con la precisión de quiénes conocen parte del pasado y pueden interpretarlos en un contexto contemporáneo.

¿Pero cómo vivía el tiempo el ser imbricado en una sociedad fundamentada en un sistema religioso, aunque no únicamente confesional?, es decir, ¿qué sentido tenía de la historia, de los acontecimientos de su propia época, de su entorno, de los centros de poder a través de los mercados o las mezquitas? Como es de suponer, enormemente limitado. En ese sentido, un hombre ajeno a la información (no digamos ya a internet), era un individuo totalmente incardinado en los parámetros de las grandes historias conectadas directamente al tiempo particular y directo.

Sin embargo, otro historiador, M. Bloch, señalaba que los hombres de la Edad Media “vivían el tiempo con una vasta indiferencia”. En este sentido tendríamos que plantearnos una pregunta: ¿Era esto ciertamente así? En realidad, cuesta creerlo en una sociedad tradicionalmente urbana como la islámica.

Es sabido, a través de su legado tradicional, el enorme valor que los musulmanes otorgaban al tiempo.  Citar esta corta aleya, una de las más recitadas del Corán, también nos da una muestra de ello:

“Juro por el tiempo, que los seres humanos están en la perdición, excepto aquellos que crean, obren rectamente, y se aconsejen mutuamente con la verdad y con la paciencia [ante las adversidades]”. (Corán 103)

Muchos autores han visto en el tiempo lineal una especie de sintonía entre el Islam y el cristianismo, donde hay un inicio, con un desarrollo y un desenlace final que acontecerá, aunque habría que matizar que en este tiempo histórico es presentado linealmente en el cristianismo como un hecho de marcado carácter histórico; es decir, el nacimiento de Cristo, y con un final esperado- coincidente con el Islam.

Pero la conciencia religiosa del Islam no se centra sobre un hecho de la historia sino de la meta historia, en palabras de Corbin, y es esto lo que da sentido a la historia, convirtiéndola de hecho en una hiero historia. Añade Corbin: “Hemos insistido desde el principio en que, si bien la conciencia del hombre cristiano está fijada sobre ciertos hechos datables para él en la historia (Encarnación, Redención), la conciencia del mu’min, del fiel, la idea que tiene de su origen y del porvenir, de los que depende el sentido de su vida presente, está fijada sobre hechos que son reales, pero que pertenecen a la meta historia”.

En fin, dejo estas consideraciones que creo que son de interés para valorar un fenómeno tan complejo con el fin de entender e interpretar la vida de los musulmanes en su lugar, contexto y época.

Javier Astilleros

 

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