LA PACIENCIA – SABR – SUS GRADOS – UN ARBOL CON RAICES EN EL IMAN Y RAMAS EN EL IHSAN

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el Muy Misericordioso – y la Plegaria y la Paz sean sobre el sello y corona de los Profetas, Sayyidinâ Muhammad, así como sobre su familia y compañeros.

Ya hemos tratado del istigfâr, tawba, jawfu-l-Lâh y taqwa. Ahora el siguiente grado a tratar es La Paciencia (sabr). Sobre ella podría hacerse un tratado, pero debéis comprender que el objetivo de nuestros escritos es el describir de manera clara, aunque breve, todas aquellas virtudes que conforman el Imân, desde la base hasta la cima. Más adelante, in ša’a Allâh, una vez este primer objetivo cumplido podremos acometer un tratamiento de cada tema más específico y con una mayor extensión.

sabr

Sabr (La Paciencia), es al igual que taqwa, un árbol con raíces en el Imân, estando sus hojas y frutos en la cima de la Fe y en el grado del Iḥsân (excelencia). Efectivamente, la Paciencia tiene grados, y a cada uno de nosotros se nos demanda la calidad que corresponde a nuestro estado y a nuestra andadura dentro del Din. Sí, es cierto que según nos dice Allâh en Su Santo Qur’an a nadie se le prueba con aquello que no puede soportar. Aunque, no menos verdad es que los más probados son los Profetas, después los saliḥîn (purificados) y después los mu’minîn o fuertemente establecidos en el grado del Imân.

Dicho esto, debemos comprender que el grado más básico de la paciencia es el saber soportar los envites de las tentaciones que nos inclinan a realizar actos prohibidos y/o incongruentes.

Buscad ayuda en la paciencia y en la oración, en verdad la oración no es un peso para los humildes” (2-44)

Más adelante se encuentra el grado de soportar los envites de la fortuna, las enfermedades, las contrariedades, los abusos y demás males que nos puedan amenazar o acontecer.

“Y tened por cierto que os pondremos a prueba con temor, hambre, pérdida de riqueza, personas y frutos. Pero anuncia buenas nuevas a los pacientes. Aquellos quienes cuando les ocurre alguna desgracia dicen “De Allâh somos y a El habremos de volver” (2-154, 155)

El siguiente grado es el del muŷahid (el combatiente) que soporta los envites del terror y el fragor de la batalla, con entereza y buena disposición. Más aún si es herido de levedad, gravemente o de muerte.

¡Vosotros que creéis! Sed pacientes, tened más aguante, manteneos firmes y temed a Allâh para que tengáis éxito. (3-200)

El siguiente grado es el del control de uno mismo. El saberse gestionar los estados de ira, sobre todo cuando una persona puede cegarse por ella y ser capaz de realizar un acto o de decir palabras de las que se pueda arrepentir de por vida.

Y se paciente pues tu paciencia no es sino por Allâh, y no te entristezcas por ellos ni estés en estrechez por lo que traman” (16-127)

Pero los altos grados de la paciencia nos los ha mostrado el Libro de Allâh con el ejemplo de los profetas – sobre ellos la paz -. Se trata de la paciencia elevada del Iḥsân que solamente puede presentarse en aquellos a quienes Allâh ha escogido para una purificación mayor, así como ejemplos vivos para una Humanidad, siempre turbada por su doble naturaleza, material y espiritual (dunawiyya wa ruḥaniyya).

Y dijeron aquellos quienes habían recibido el conocimiento. ¡Ay de vosotros! La recompensa de Allâh es mejor para el que cree y actúa con rectitud, pero no lo consiguen sino los pacientes” (28-80)

No creo que se nos haya olvidado el ejemplo de sayyidina Ayub (Job) – ‘alayhi-s-salam – de cómo Allâh le probó con la lepra y él nunca supo decir palabra alguna de queja, dando siempre gracias sinceras a Allâh. ¿Y qué decir de la paciencia de sayyidinâ Adam al observar como su hijo mataba al otro? ¿O la paciencia de sayyidinâ Nuḥ (Noé) viendo como su hijo se perdía entre las olas?

Ibrâhîm, condenado al fuego y acosado incluso por su propio padre; ¿qué decir de la paciencia que demostró cuando recibió la orden de degollar a su hijo Isma’il.

¿Y el caso de Yaqub? Yaqub debió trabajar siete años para que su tío le concediera en matrimonio a su hija Raḥil (Raquel); acabados estos años su tío le engañó y le dio a Lia, y aún debió trabajar otros siete para desposar a Raḥil, de quien tuvo a Yussuf (José) y a Benŷamin. Casi cuarenta años estuvo llorando por Yussuf hasta que de nuevo se pudo encontrar con él. Entretanto debió soportar la temprana muerte de Raḥil y a sus hijos quienes se habían comportado de esa manera tan cruel con hermano y padre. ¿Y la paciencia de su hijo Yussuf, traicionado, maltratado y vendido por sus propios hermanos; condenado por Zulija debiendo estar siete años en prisión?

¿Y sayyidinâ Musa? Siendo expulsado de Egipto y aguantado a un pueblo difícil y duro durante años y años.

¿E Isa (Jesús) – sobre él la paz – soportando los complots de los judíos quienes casi llegaron a asesinarle?

¿Y cómo olvidar a nuestro amado Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – y todo lo que sufrió del Qurayš, de su propia familia e incluso de los hipócritas y judíos de Madina?

Esta paciencia ha sido remarcada por Allâh quien la ha mencionado en Su Noble Libro. Ella constituye un alto grado junto a Allâh, fruto de una purificación y de una clarividencia fuera de toda medida.

Šuayb transmitió que el Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “Que asombroso es el asunto del creyente, pues todo se vuelve un bien para él, y esto ocurre solamente para el creyente. Si le acontece algo bueno, agradece por ello, y eso es bueno para él. Si le sucede algo malo lo tolera con paciencia y eso es bueno para él” (Recopilado por Muslim)

Abu Sa’id al Judri transmitió que el Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:… todo aquel que tenga paciencia, Allâh se la acrecentará, y nadie nunca recibe algo mejor y más generoso que la paciencia” (Bujary y Muslim)

¿Cómo es pues esto, que no haya nada mejor que la paciencia? Sí hermanos, la paciencia es la llave del éxito, la puerta de todos los bienes. Saber contenerse, dominar los impulsos incontrolables e insaciables de las demandas del alma en todo su desenfreno y esplendor; esto es la paciencia, esta es la fuerza Divina que nos empuja inevitablemente a la purificación de nuestro exterior e interior. Quien no tiene un mínimo grado de paciencia se encuentra dominado por las pasiones, es esclavo de sí mismo y de los otros, se convierte en hazmerreír del chaytan y en presa fácil del mal y de sus partidarios.

Sin paciencia no hay Din, sin Paciencia nuestro Imân es un puro nombre sin contenido.

¡Qué Allâh nos haga pertenecer al grupo de los pacientes y de los veraces; que nos recomendemos la Verdad y la Paciencia!

Abdul Karim Mullor

 

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Una Respuesta a LA PACIENCIA – SABR – SUS GRADOS – UN ARBOL CON RAICES EN EL IMAN Y RAMAS EN EL IHSAN

  1. pedroluque dice:

    Qué bien se hace Con esta mezquita VirtualMuchas gracias Que Dios os lo pague PerdonaPerdona es que este Teléfono No sabe decir allahPor eso digo gracias a Dios Y no al Jan du lila Gracias otra vez

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