LOS SANTOS Y LOS MAQAMS DE AL-ANDALUS III – Por Profesor Rahmanicus

LOS PEREGRINOS DE LAS ESTRELLAS Y LA RUTA DE LA MEDIA LUNA*

LA TIERRA DEL HIYAZ

Si el hombre llegase a la tierra del Hiyaz
Obtendría lo mejor que hubiese podido esperar
Y si visitase la tumba del Profeta
Dios por él cumpliría lo que pretendiese.

Ibn Yubayr, peregrino valenciano del siglo XI, sufí, astrónomo
y poeta, escribió la risala y peregrinó a Meca en tres ocasiones.

ibnmashish

Dijo el mensajero de Allah a sus compañeros: “sed como las estrellas en el firmamento” y ellos, como flechas saliendo del arco, se extendieron por la faz de la tierra. En otra ocasión Mohammad*, el Sello de la profecía dijo: “Mis compañeros son como las estrellas del cielo. Encontraréis el camino verdadero siguiendo a cualquiera de ellos”. Los herederos del Santo Profeta, los amigos de Allah, siguen siendo las estrellas que iluminan la noche oscura de una humanidad necesitada de palabras de firmeza, de sensatez y autenticidad. El mundo entero está lleno de materialidad, y tanta materialidad se ha convertido en el caldo de cultivo donde toda actitud viril, sincera, sabia y desprendida es anegada, porque la materialidad asfixia los corazones puros, tanto de hombres como de mujeres, tanto de los orientales como de los occidentales. Y la espiritualidad solo puede emerger de los corazones de los hombres si existe el contacto, el ejemplo y la guía de los herederos de la fuente original: el conocimiento celestial que Dios depositó en todos sus profetas y en sus amigos, los santos. Nunca se nos hubiera ocurrido pensar que en nuestra propia tierra brillaban aquellas estrellas resplandecientes, aquellos faros capaces de guiar a la humanidad en los tiempos difíciles que ésta debe recorrer con el pesado bagaje de una “educación” que ha ensalzado todas nuestras peores características: la soberbia, la codicia, la insensibilidad, el egoísmo, la ignorancia y la banalidad.

La pervivencia de estas estrellas ha sido posible porque Allah Todopoderoso prometió que no dejaría sin guía a ninguno de sus siervos que le buscara sinceramente:

“A los que luchan por Nosotros les guiaremos a Nuestro camino, es cierto que Allâh está con los que hacen el bien” (Quran 29, 69).

Hoy es necesario esforzarse, porque la iluminación artificial de las ciudades nos impide recibir las luces de las estrellas que en las noches de antaño regeneraban nuestras almas. Contemplar el conmovedor espectáculo de la bóveda celeste, no es sin embargo un lujo ni un capricho.

Cuando miramos al cielo en la noche, vemos innumerables estrellas encendidas, pero hay también billones de estrellas que no están iluminadas porque su luz no nos alcanza. Lo que sucede con la humanidad es similar. Los seres celestiales miran a la humanidad y observan quienes de entre los humanos están iluminados y brillan -del mismo modo que nosotros miramos a las estrellas encendidas del cielo.

Algunos de estos seres están encargados de enseñar y de mostrarse, mientras que muchos otros están ocultos. Ellos son los herederos de la Verdad de Muhammad* y ellos tampoco mueren, pues tienen el secreto del Nombre ya Hay [33]. Ellos guían a los que se aferran a ellos, y los continuarán guiando después que sus seres visibles estén ocultos de nosotros. Este es uno de los regalos más grandes que Allah El Altísimo da a Sus fieles servidores.

Nosotros sabíamos que ‘rabita’, conexión, es el medio más importante para alcanzar las luces celestiales. No sabíamos cómo empezar cuando Inesperadamente, no tuvimos que ir demasiado lejos para encontrar un faro en la oscuridad de la noche. Un faro capaz de iluminar esta región que se encuentra – pese a su aparente y prodigioso avance científico – en los confines de la luz, “la tierra de las sombras”, Occidente [34]. Así lo establece un célebre y enigmático hadiz del Profeta*:
Antes del final de los tiempos, el Sol saldrá por occidente.” [35]

Ahora es de día y ustedes no buscan una antorcha, no la necesitan. Pero de noche una luz pequeña les impedirá caer dentro un pozo. Los Profetas y los Santos son hoy por hoy la única linterna encendida en la noche. En ellos reside la luz de la guía. Así lo atestiguan el Libro luminoso, los Santos y las tradiciones del profeta:

¡Exaltado sea el que no se manifiesta a sus santos más que para manifestarse a sí mismo, y que no conduce hacia ellos más que a los que quiere conducir hacia sí!
Ibn Ata Allah El Iskândari

“La mano de Allah está sobre las manos de Sus Profetas, y las manos de los Profetas están sobre las manos de los Santos. Si no tomáis sus manos caeréis y os encontrareis en el vacío”.
S. Mohammad Nazim al-Haqqani an Naqshbandi

Azora 18, 21, a propósito de lo siete durmientes:
Y así los descubrimos para que supieran que lo que Dios promete es verdad y que no hay duda respecto a la Hora. Cuando disputaban entre sí sobre ellos y dijeron: ¡Edificad sobre ellos! Su Señor los conoce bien”. Los que prevalecieron en su asunto dijeron: levantemos sobre ellos un santuario”.

Y nuestros abuelos levantaron santuarios y peregrinaron hasta ellos. Al conjunto de todos estos maqams le hemos dado el nombre de “La Ruta de la Media Luna”. En adelante sus viajeros serán conocidos como “Los Peregrinos de las Estrellas”, pues acuden a visitar a las estrellas resplandecientes en esta noche de la humanidad. También ellos son estrellas, pues quienes siguen a los santos son elementos singulares, como los diamantes.

La peregrinación es una necesidad inherente al ser humano que busca el sentido de su existencia. El objetivo de los gnósticos al atravesar las tierras salvajes y los desiertos no es el santuario en sí mismo. No; su objetivo es el esfuerzo durante un periodo que no les deja descanso, y conseguir la disolución en un amor que no tiene fin.

De acuerdo con esto lo verdaderamente valioso no es la Kaaba, sino la contemplación y la aniquilación en el estado de la amistad. Lo valioso de la Kaaba es que por su singularidad atestigua que nuestro esfuerzo ha sido culminado con éxito, pues es la manifestación evidente de una guía correcta. Dice el Santo Corán (S.29:69):
A los que luchan por Nosotros les guiaremos a Nuestro camino, es cierto que Allâh está con los que hacen el bien.

Abu Ŷazid dijo: “En mi primer peregrinaje solo vi el templo, en mi segundo peregrinaje vi el Templo y a su Señor, y en mi tercer peregrinaje solo vi al Señor”.
El peregrinaje es un acto de esfuerzo para obtener la contemplación, pero no es un medio para ello, pues cuando disfrutas de la visión el universo entero se convierte en un santuario:
Y Él está con vosotros donde quiera que estéis” (Sura Hadid, 4).

No se puede sin embargo separar lo esencial de lo formal, realizar la peregrinación hacia nuestro Señor sin dar pasos físicos. El musulmán viaja hacia Allah con todo su ser: con su corazón y con su cuerpo, con su esencia y su forma, no disgregándose, pues pretende alcanzar la Unidad, y descubre el centro místico del ser en un lugar concreto y real. Ese es el secreto del islam y del sufismo que escapa a las sectas de la modernidad.

Muy pocos encontrarán ahora en la ruta de los maqams del Sharq al-Andalus, la Ruta de la Media Luna, algo entrañable y conocido. Ignoran las jornadas de búsqueda infructuosa, las horas de reflexión y del recuerdo. El júbilo que seguía cada alumbramiento. Las canciones profundamente sentidas resonando bajo el cobijo de nuestros nuevos compañeros. El canto de los pájaros. El silencio. Tampoco pueden captar todavía que es posible el diálogo con estos Santos. Pues esta certeza se adquiere con su visita frecuente. Entonces podrán percibirlos, comprender, cada cual a su manera, la paradoja que mora en esos lugares de reposo; que la inexistencia de acciones desbaratadas, es precisamente la vía de la verdadera vida.
No es posible explicar a quien no ha sido previamente entrenado, que no está familiarizado, la magnitud de la energía que emanan estas tumbas. La constante purificación de los nadis o canales de absorción de las energías sutiles mediante la abstinencia de ciertos alimentos y bebidas, el ayuno y la oración frecuente son una preparación que facilita la percepción, preparando al peregrino para el momento.
Todavía disponemos de tiempo en este escenario de fin de ciclo. Si bajan al nivel del la tierra, hallarán que allí laten sus corazones puros. Ellos son sus maestros y sus valedores.
Acudan sin miedo donde las “Moradas de los Santos de al-Ándalus”, verdaderas estaciones suministradoras de poder espiritual, a renovarse allí donde todo, todavía es posible. La “rosa de Bagdad”, Sheij Abdul Qadir al-Jilani escribió en un poema evocando su relación con Allah: “Ven; duerme junto a mí y me verás”. A este proceso, los sufíes lo llaman Fanâ, aniquilación del ego. Concepto peligroso no obstante para entenderlo sin ayuda de ejemplos vivientes.

ESTRELLAS SIN LUZ

Quieren extinguir con sus bocas la luz de Dios,
pero Allah rechaza todo lo que no sea completar Su luz,
aunque les repugne a los incrédulos
. Corán 9, 32

Las personas no se vuelven santas porque nosotros las apoyemos. La verdadera gente santa debe ser apoyada desde el Cielo. La Santidad es una concesión del Cielo a la gente. Nadie puede concederle ese título a nadie. Solo Él puede.
Queda más allá de cualquier discusión la Santidad del Profeta Isha (Jesús), la paz y la bendiciones sobre aquél a quien los Sufís conocemos como “la Voz de Allah” o “el Espiritu desde Allàh”[36], de su madre Myriam, de sus discípulos[37] y de muchos de sus primeros seguidores fieles[38].
Islámicamente hablando, la santidad de quienes mucho más adelante y pasando por encima de las propias palabras de Isha* le atribuyen el rango de “Dios” es por decir lo menos, más que dudosa. La oficialidad acostumbra, además, a suplantar la sinceridad. Eso no quiere decir, desde esta misma óptica, que aquellos creyentes sinceros, ignorantes e inocentes de tergiversar el sentido original del mensaje de Jesús, no lleguen a alcanzar altos grados de proximidad cerca de Dios, pues Allah dice en el Santo Corán: “Hemos honrado a todos los hijos de Adam”. Cuando Él nos mira, mira solo nuestros corazones, no importa si somos cristianos, judíos, musulmanes, budistas etc. pues nuestro Señor nos ha honrado a todos por igual a través de la presencia universal de su esencia Divina en nuestros corazones.

Aclaremos no obstante, en honor a la verdad, que nuestras tierras, mayoritariamente paganas hasta la adopción [39] voluntaria del Islam [40], no tuvieron en ningún momento suficiente conexión popular con la revelación Profética de Jesús* para dar pie al patronazgo de un santo verdaderamente cristiano sobre nuestro suelo.

Respecto a San Vicente Mártir [41], a pesar de las continuas investigaciones, su sepulcro no aparece. En una tierra donde tras la conquista y más aún tras la expulsión, han surgido milagrosamente centenares de imágenes religiosas ocultas en cuevas, playas o entre las ramas de los árboles; y donde pastorcillos y monaguillos han recibido mensajes precisos sobre donde ubicar ermitas y reliquias, el primero y más reconocido de los Santos de la cristiandad valenciana no puede, según la costumbre, ser venerado en su tumba. Si fue un santo -nosotros ni lo afirmamos ni lo desmentimos- no puede ejercer su patronazgo. El motivo nosotros lo desconocemos, pues sobre figuras tan lejanas en el tiempo, solo Allàh sabe.

Es el gran erudito e historiador medieval norteamericano Robert I. Burns en su libro “El Regne Croat de Valencia”, Apendix II; “Sants a la frontera valenciana” quien desenmascara las historias de Santos y martires cristianos anteriores y posteriores a la conquista, como son las de Juan y Pedro de Teruel, Berta, María y Gracia, de Alzira o Miquel de Fabra. Según todos los indicios, existen muy pocas razones para creer en ellas.
Como igualmente pocas existen para creer en el personaje histórico más conocido del Sharq al-Andalus recién conquistado: Sant Pere Pascual. Este presunto “mossarabe” de la ciudad de Valencia que habría huido a París para “estudiar”, poco antes (o poco después, según las versiones) del ataque cruzado, fue “inventado” por un mercedario del siglo XVII. Más exactamente Pere Pascual es un nombre dado falsamente a un obispo de Jaén de nombre Pedro, muerto en Granada en 1300, según análisis rigurosamente crítico de Jaume Riera y Sans (“La invención literaria de Sant Pere Pasqual”, Caplletra,I -1986,46-60). Asi son las cosas.

Las estrellas que no tienen luz, no son estrellas que puedan guiarnos en la oscuridad de la noche.

LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS

“Cuando el Corán dice que no hay que decir Hijo de Dios,
tiene razón porque esto presta a confusión.
Cuando el Corán dice: “Cuando habléis de Dios, no habléis de la Trinidad”,
tiene razón porque la gente cree que Él es tres Dioses.”

Cardenal de Cues.
Cardenal alemán que desde 1437 preconizaba la reunión de un concilio entre judíos, cristianos y musulmanes.

Los maestros se distinguieron por la modestia y privacidad. Sus enseñanzas correspondían siempre al nivel de sus interlocutores, permaneciendo en los cánones de las cosas compartidas, sin sembrar ninguna confusión. Por compasión y por buen trato, hablaban siempre con palabras sencillas, que todos comprendían. Ponían especial énfasis en no explicar nada que no hubieran experimentado por si mismos, ni exigir ningún comportamiento que ellos mismos no hubieran sido capaces de realizar. Las gentes corrían hacia ellos para oír sus explicaciones. Los estudiantes aventajados buscaban su compañía para acrecentar su instrucción. Su presencia en cualquier población era causa de una inmensa alegría entre las gentes piadosas. Cristianos y judíos los buscaban para salir de dudas sobre los principios de su propia religión. A raíz de estas consultas, muchos acabaron por llamar a las puertas del Islam, sin fuerza ni coacción por su parte.

Alejados en general de los asuntos mundanos, solo aceptaban las responsabilidades de gobierno si les eran ofrecidas por las necesidades de la población. Algunos, obligados por la fuerza de las circunstancias, salieron de su estudio y recogimiento a batirse en primera línea contra los enemigos de los musulmanes. Tras cursar los primeros estudios en su ciudad natal, los que podían marchaban al Oriente, donde tras realizar la Peregrinación se demoraban a veces varios años conociendo a los maestros de la época. A su regreso buscaban los medios de ejercer su función, divulgando lo aprendido.

El desarrollo de la wilaya no era un camino predecible por la instrucción o la adscripción a cofradía alguna, pues de hecho las primeras tariqas no aparecen hasta el siglo XII, sino que era más bien una inclinación espontanea a la imitación del Profeta y sus compañeros que buscaba los medios de aproximarse a su Señor.

Un bellísimo ejemplo de su día a día lo encontramos en el Sheij murciano Ahmad bin Abubeqer al-Ricotí. Enseñaba a las gentes de diversa religión en sus propias lenguas que ellos deseaban aprender. Cuando el rey de los cristianos se apoderó de Murcia, le reconoció su situación y sus derechos y mandó que se le construyera una madrasa (la suya había sido incautada) en la cual enseñaba a musulmanes, judíos y cristianos. Entonces, el mismo rey llegó a tentarle con grandes beneficios si abrazaba el cristianismo. El de Ricote le contestó con grande cortesía, pero de modo evasivo, y cuando hubo salido de su presencia, dijo a sus íntimos: ” Toda mi vida he servido a un solo Dios y no he podido cumplir lo que se le debe ¿qué sería de mí si hubiera de servir a tres, como me pide el rey?”. Más tarde, el sultán segundo de Granada le llamó a corte y le dio una mansión, a donde iban sus discípulos, y en la que enseñaba medicina, matemáticas y otras ciencias. Hamïd bin Anas refiere que el Mensajero de Dios, que la paz sea con él, dijo:

“Con este conocimiento, Allàh elevará a algunos en estaciones, y hará de ellos líderes eminentes y modelos ilustres. Su trabajo será ampliamente conocido, y será admirado y estudiado por otros durante siglos. Los ángeles procurarán su compañía y se apiñarán junto a ellos, y las alas de los ángeles rozarán sus hombros constantemente.”

Entre sus prácticas espirituales destaca sobresalientemente el dikhr o “recuerdo de Allah”, que celebraban en congregación los jueves después de la caida del sol y la recitación diaria de los más bellos nombres de Allah.
Hacían práctica del retiro (halwat), del ayuno profético y la recitación del Corán. Sabemos por ejemplo que Abdul Wadud Mohammad bin Abdal, bin Ahmed “Abenmaigal”, de Murcia, leía el Corán en veinticuatro horas, estando de pie.
Pusieron su mayor esmero en la explicación entre las gentes del Tawhid o doctrina de la Unicidad de Dios, contribuyendo con ello a la elevación del nivel de la creencia popular. Se referían constantemente al Corán y al Hadiz para solventar cualquier causa o controversia y se sabe de alguna maestra a la que jamás en su vida se le escuchó decir palabra alguna que no procediese del Sagrado Corán, portento que no le impidió llevar una perfecta vida de relación social.

Gustaban de la compañía[42] de los niños, que los padres les encomendaban para su instrucción, y a los que sin distinción de sexo ni hacienda, iniciaban en los misterios del alifato y la lectura del Corán, las matemáticas, las ciencias naturales, etc. Esto por cuanto a los que desempeñaban un papel visible. Otros, entregados de lleno a la contemplación más absoluta, o desarrollando humildes oficios, vivieron lejos de los alborotos del siglo, de los cargos y de los honores, desconocidos o criticados por los hombres y conocidos solo por Allah Omnipotente.

Algunos escribieron mucho, especialmente tratados de ciencias islámicas y tasawuf aunque también de historia, botánica o medicina, y desgraciadamente muy poco de ello nos ha llegado a causa de las quemas de libros y persecuciones de la Inquisición. Más, como recordatorio, traemos a tu memoria alguna de las enseñanzas de nuestros Shadilíes:

“No será tu maestro aquél a quien escuchas,
Sino aquél de quien aprendes,
Ni lo será aquél que te de sus explicaciones,
Sino aquél que deje en tu corazón huellas de sus enseñanzas;
Ni lo será aquél que te invite a entrar por la puerta,
Sino aquél que te descorra el Velo;
Ni aquél que te ofrezca sus palabras
Sino aquél que excite en ti sus mismos estados espirituales”.

LA RELACIÓN CON EL MAESTRO

En esta relación hay a la vez lo aparente y lo oculto, la palabra y la alusión (el símbolo). Todo el lenguaje del sufismo se basa en la alusión que permite ver el más allá. Cuando el maestro nos aporta una sentencia, hay que mirar más allá pues no es más que indicativa. No hay que quedarse en su literalidad. Dice un proverbio chino: “cuando el dedo señala la luna, hay que mirar la luna no el dedo”. Hay que ir hacia lo que resulta aludido, hacia la significación. Es esta capacidad de comprender la sutilidad de las cosas la que permitirá desarrollar todo el espíritu, todo el adab de la Vía, en relación al Sheik, en relación a los fuqara, y naturalmente en relación a los demás.
La noción de Sheik es central, porque el Sheik es el alfa y omega de la Vía. Es la clave de bóveda del conjunto, ya que es mediante su enseñanza como se reciben todas las indicaciones y alusiones que nos guían progresivamente hacía Dios y hacia el conocimiento de Dios… El Sheik nos atrae hacia la proximidad divina. En consecuencia, nace en nosotros un gran amor hacia el Sheik. Dice un hadith : “Los hombres de Dios, los Santos, cuando son vistos, Dios es evocado”. Determinadas personas nos evocan el mundo o el poder, el dinero, o también el arte. Otras personas nos evocan a Dios con su presencia. Su presencia suscita la voluntad de dirigirnos hacia Dios. Hay pues una relación de amor muy intensa. Ciertos hadith se refieren a los hermanos que se aman en Dios: “Dios cubrirá con Su sombra, el día en que no habrá más sombra que Su sombra, dos hermanos que se han amado en Dios”. Se trata de amor en Dios. Para muchos, este amor parece algo excesivo. Pero el amor nunca es excesivo. Si es razonable ya no es amor.

PERVIVENCIA ARQUEOLÓGICA, SOCIOLÓGICA Y ESTILO ARQUITECTÓNICO

No hay criatura en la tierra a la que Allàh no se encargue de procurar alimento;
y de la que El no conozca su morada o su depósito. Todo está en un Libro claro Qu’ran 11:6

Hay que recordar que nuestro suelo estuvo cubierto de cementerios que fueron de moros, lo que debiera darnos mucho en lo que pensar, tanto, como que a poco que retrocedamos hacia las raíces de nuestro árbol genealógico, lo más probable es que aparezca una larga saga de padres, hijos y abuelos musulmanes.

Setecientos cincuenta años después de la conquista del oriente de al-Ándalus, el odio religioso y la discriminación -liderados por las autoridades eclesiásticas-, la incultura y el desprecio por lo autóctono habrían borrado teóricamente todo resto de santidad islámica en nuestras tierras.

Sin embargo, habiendo sido ésta la morada de grandes maestros espirituales, no iba a ser tarea fácil desprenderse de una “religiosidad popular” fuertemente arraigada por la convivencia con sus “Santos”, los Sufís, quienes en definitiva fueron la causa de la pervivencia del Islam en el Sharq al-Ándalus hasta el año 1610. Fue precisamente en el oriente de al-Ándalus donde nació el más universal de los Sufíes andalusíes, Muhy Din Ibn al-Arabi, conocido popularmente como “Sheij al-Akbar”, y considerado unánimemente el “Maestro de los Maestros” del esoterismo musulmán. Natural de Alcantarilla, en Murcia, él mismo nos narra que su primera revelación espiritual le llegaría por mediación del Profeta Jesús [43], la paz sea con él. Antes de su muerte en Damasco, dejó escrita una obra desbordante que refleja la intensísima cercanía con que fue agraciado por Allah y nadie en el mundo musulmán le ha olvidado, siendo su tumba un lugar donde permanentemente hay peregrinos. En definitiva, aquellos quisieron ocultar todo rastro del Islam, pero Allah no ha resultado de la misma opinión, y esta, la voluntad de Allah, es finalmente la única que importa.

ETIMOLOGIA DE LAS MORADAS DE LOS SANTOS

A menudo nos encontramos con la palabra rábita o morabito. Se trata de un edificio religioso que proliferó en la España musulmana, a raíz del florecimiento del “misticismo” eremítico. A estos lugares se retiraban personas de gran religiosidad que, superando [44] el contacto con el mundo exterior, se dedicaban a la oración y a la meditación, siendo incluso enterrados en ellas. Solían estar situadas tanto dentro como fuera del recinto urbano y en pleno campo.

En árabe se les llama “Maqam”, que significa “lugar de residencia”, y que en su acepción esotérica designa un estrado espiritual que periódicamente marca el largo camino seguido por los “místicos” musulmanes (Sufis) conducente a la visión y unión con Dios. Los Sufis progresan por medio de su propio mujahadah (trabajo) y a través de la ayuda y orientación de los maestros (sheijs). En cada maqam el Sufi procura purificarse de toda inclinación mundana y prepararse para conseguir un nivel espiritual siempre más alto.

El orden y número de los maqams no es uniforme entre todos los Sufis. La mayoría, sin embargo, concuerda en siete maqamat mayores:

(1) el maqam de tawbah (arrepentimiento), que no significa recuerdo de los pecados y espiación por ellos sino al contrario olvidarlos con el abandono de todo lo que distrae del amor de Dios.
(2) el maqam de wara’ (temor del Señor), que no es temor del fuego de infierno sino el miedo de quedar velado eternamente de Dios.
(3) el maqam de zuhd (renuncia, o desapego), que significa que la persona se vacía de posesiones y su corazón es sin codicia.
(4) el maqam de faqr (pobreza), en que el afirma su independencia de las posesiones mundanas y su necesidad de Dios solo.
(5) el maqam de sabr (paciencia), el arte de la constancia.
(6) el maqam de tawakkul (confianza, o rendición), en que el Sufi sabe que él no puede ser desanimado por las dificultades y el dolor, pues él está en sumisión total a la voluntad de Dios y encuentra alegría incluso en sus pesares.
(7) el maqam de rida (satisfacción), un estado de silencioso contentamiento y alegría que viene de la anticipación de la unión largamente buscada.

La toponimia, especialmente la de nuestras partidas rurales es un mar de señales que guarda el recuerdo de los lugares donde estuvieron estos maqams o morabitos, y una confirmación incontestable de su existencia, al menos externamente, pues no todas las qubbas o edificaciones encerraban en su interior a un verdadero santo.
Aldeire es un topónimo muy abundante en la Andalucía oriental que significa “casa” pero que algunos estudiosos entienden como “casa consagrada a Allah”, es decir la típica zawiyah (rincón) o lugar de reunión de los Sufís.
Precisamente de estas Zawiyahs queda recuerdo en nuestra toponimia con nombres como Zubia, Xávea, Adsuvia, Atzuvia o “Rincón”.
Del término popular español de origen árabe “morabito” procede el topónimo “Miravet” o “Mirabete”
De raíces árabes aunque no etimológicas, es nuestra popular ermita. No había ermitas en la Europa del norte, solo abadías o monasterios. En la Edad Media, las reliquias de Cristo y de los Santos se veneraban exclusivamente en las catedrales y en los monasterios. Habría de pasar aún mucho tiempo para que el culto a las “Imágenes” alcanzase el fervor que actualmente recibe. Los eremitorios de vida retirada en el desierto de Egipto de los primeros tiempos del cristianismo distan mucho del novedoso concepto de capilla rural surgido sobre el recuerdo de los extáticos musulmanes de al-Andalus.
De qubba (o maqam en su sentido arquitectónico) devienen nombres de poblaciones como Alcubla, Cublas, Alcoba (Ciudad Real), Alcobaça (Portugal), o Alcubilla de Avellaneda.

En cuanto a los viejos cementerios islámicos de nuestro país, cabe recordar que sus puertas estaban casi siempre orientadas al Oeste y se denominaban “del Angel” o “al-Malik”, siendo Angel otra palabra delatora de la pervivencia de un maqam o zawiyah.

LEYENDAS

Todo aquel pasado ha dejado un reguero de relatos más o menos fantásticos, y no podemos pasar por alto la arraigada tradición oral de los pueblos de la Comunidad Valenciana y Murcia referida a la existencia de “moros viejos” y “tesoros escondidos”.
Evidentemente cuando los musulmanes hablaban de tesoros ocultos, en muchos casos le daban al término un significado distinto al que hoy cabría esperar… Así, los historiadores locales recuerdan el viejo morabito de Mas Rabell como un “misterioso convento de alquimistas árabes presidido por una encina mágica y centenaria…” Y es que el hacer de un Santón un alquimista conviene sin duda a una moderna destilería de licores de la Cataluña Nova cuyo nombre no vamos revelar, y que amablemente nos brinda esta información.

En nuestros días hemos oído relatar la pretendida existencia de un fabuloso tesoro enterrado en la pequeña iglesia de San Martín del castillo de Miravet, “ocultado en tiempo de los moros” y que, sin duda alguna, es la deformación que, a través de los años, ha sufrido el recuerdo histórico de la presencia de cofradías sufís en algunas poblaciones del Oriente de al-Ándalus. Nos consta que la fuerza de la leyenda ha propiciado varios intentos -naturalmente infructuosos- de hallar este pretendido tesoro de la mezquita de Miravet.

Queriendo quizás exorcizar la inquietante presencia de un santo musulmán, se puede hablar en Soria de la leyenda de los Santos nuevos, en la Almarzá, o de un Camino de Brujas en Alcubilla de Avellaneda.

En Almarza, la ermita de los Santos Nuevos origina una leyenda. Dícese que un caballero rehusó la carne que se repartía entre los presentes el día de la romería y la tiró al suelo, cayendo junto a unas piedras. Este caballero enfermó gravemente al llegar a su casa y envío a un criado a recoger la carne para que hiciera con ella un caldo que, tras tomarlo, le curó. En memoria de este milagro la gente tiene la costumbre de tirar unas piedras en el lugar donde arrojó la carne, lo que ha conformado un montículo. Esta costumbre recuerda la costumbre islámica de lapidar a Satán en el transcurso de los rituales de la peregrinación a la Mecca. En El Royo, unos dicen que el montículo de piedras evita que se levante el moro, y otros creen que quien yace no es un moro, sino un cura. Las piedras se arrojan al subir por la senda antigua a la ermita de la Virgen del Castillo.

REFERENCIAS DOCUMENTALES

Las fuentes corroboran la existencia de maqams a los que la población acude en romería [45], incluso desde tierras lejanas:

” Tempore quo regnum Valentiae erat sarracenum… sit quedam mezquita in qua fuit sepultus quidam sarracenum… reputabatur sanctus… (et) tam de dicto regno Valentiae quam de aliis partibus veniebant.”[46]

Robert Ignatius Burns demuestra tras la lectura de numerosa documentación de la época cruzada, que en la ciudad de Valencia debieron ser más de 3 docenas el número de mezquitas – muchas privadas o fundaciones pías- y que cada una tenía su propio cementerio. Los cementerios musulmanes intentaban, a ser posible, agruparse alrededor de la tumba de un santo, o cuanto menos de un personaje piadoso. En su obra monumental “l’Islam sota els croats” nos informa de “lugares sagrados” en Bayren (Gandía), Burriana y en gran número, en Xátiva.

En el Llibre del Repartiment, Cartas Pueblas y Llibre dels Fets se usa el término mezquita de manera genérica aludiendo a cualquier construcción con funciones religiosas. En un decreto de interpretación de las promesas de cruzada confirmadas por las proclamaciones oficiales de 1238, el Rey Jaime I reservó a la Corona de Aragón las mezquitas que eran torres. Puede ser, como opina R.I. Burns que las mezquitas que se encuentran en torres, excluidas deliberadamente de la donación real de mezquitas a la Iglesia de Valencia, fueran de hecho oratorios o santuarios.

El gran arabista y erudito decimonónico Julián Ribera Tarragó, en su trabajo “Monasterio musulmán en Denia” nos habla de un maqam importante que atraía peregrinos. También de que un miembro importante de la familia sufí de los Sid Bono, Abu Ahmad Jafar b. Sid Buna -muerto en 1277- estaría según nuestro cronista enterrado en un pueblo cerca de Cocentaina.

En “Enterramientos moros en Valencia” afirma la existencia de numerosos santos que fueron enterrados en los cementerios [47] de la capital del reino y en “Moros célebres valencianos en literatura y viajes” recuerda la vida de Abu Hamid bin Ab Zahir (Abuhamir Benabizaher), un gran calígrafo y maestro muerto en la mezquita de “Santa Catalina”.

El “Llibre dels Fets” se refiere a enterramientos de hombres reputados santos y señala otro que se encontraba fuera de la ciudad:

“Turrim sive rapitam iuxta mare et Quadalaviar et dicitur rapita orationis”.
Es decir, que existía un morabito entre el río y el mar al que las gentes acudían a rezar. Hay una segunda referencia más concisa, al adjudicarse “la viña del mar y la rápita que hay junto a ella.” Una tercera mención habla de un posible segundo o tercer edificio junto al mar, “iuxta rapitam minorem, sita iuxta mare”. Un caso parecido, en las afueras de Valencia, es mencionado por Ibn al-Abbar.

En la misma ciudad de Valencia, el historiador Escolano comenta que en las proximidades de los cementerios de los moros, situados extramuros se encontraban: “Tantas pequeñas mezquitas que habitaban santones y morabitos para rogar por sus difuntos, intervención del diablo que, como monaquería que los suyos remedasen las ermitas de los siervos de Jesús” (Torres Balbas 484). Parece evidente que Escolano alude a qubbas o zawiyas habitadas por ascetas, inmediatas a los sepulcros de santos musulmanes, a extramuros de las ciudades.

En la carta puebla de Xivert[48] se preservan para la comunidad musulmana “cum omnibus oratoriis que sunt in castro illo”. Esta frase expresa claramente la existencia de otros lugares de oración a parte de las mezquitas de la villa, sin lugar a dudas mezquitas-torres, en el lenguaje de esta obra, santuarios o maqams. Confirmando lo dicho, la misma carta de Xivert sanciona el derecho de los musulmanes a “facere romerías”.

Tenemos testimonios, en algunos casos directos, de que en Murcia, al menos en el siglo XVI, musulmanes y moriscos consideraban a San Ginés un santo musulmán, y centraban su culto en su tumba. Sin embargo, ni al-Udri ni, más extrañamente, al-Himyari, que escribe en la segunda mitad del siglo XV, hacen mención a esto. Sí puede referirse a ello, en cambio, al Qartayanni, del siglo XIII, al mencionar una posible rábida en un lugar sin identificar pero que recuerda poderosamente a la zona Este de la sierra de Cartagena.
Tenemos copiosas noticias procedentes de dos fuentes esenciales: los relatos maravillosos contenidos en la “Vida e Estoria de San Ginés”, manuscrito del siglo XV, y la transmisión de tradiciones moriscas a través de autores del siglo XVI-XVII.

Además es incuestionable que en los siglos XV-XVI los protagonistas de la romería son básicamente mudéjares y moriscos, que mantenían vivo un lugar de culto musulmán. Es revelador el que la cofradía de San Ginés de Murcia aparezca con motivo de la conversión en masa de los habitantes de la morería de Murcia (1501), que levantaron una Iglesia dedicada a San Ginés. La región que se extiende desde Granada a Cabo de Palos es el área donde se extiende el culto y de donde procede la mayor parte de los peregrinos. A partir del XVI empezamos a encontrar peregrinos procedentes del Norte de África, descendientes sin duda de los antiguos musulmanes españoles. ¿Cuál era la naturaleza de ese culto? En primer lugar, las noticias de la Edad Moderna establecen claramente que el centro de la peregrinación era la tumba de un santo islámico, un morabito:

“… el mayor santo y más piadoso que hay en el Cielo, pues no sólo atiende a las peticiones y súplicas de los fieles moros, si también los cristianos, y al fin, echando todo el resto a su expresión y elogio, dicen que San Ginés estar pariente de su gran profeta Mahoma.”. (Ortega).

Una expresión muy gráfica de esta devoción es la de considerar sagrada la tierra de su sepulcro, que era recogida y utilizada como amuleto:

“… y muchas de ellas (Moras), como yo lo he visto, llevan en los cabos de sus tocas, por reliquia muy estimada, tierra de su santa casa.”. (Huélamo).

Algunos de los cuentos milagrosos que aparecen en la “Vida e Estoria del siglo XV”, de origen claramente musulmán, recalcan el aspecto protector, profiláctico y sanador como aspectos básicos del poder del centro de culto. Parecen evidentes también las noticias de la existencia de un eremitorio musulmán (zawiya).

Por otro lado en la toponimia islámica del siglo XIII, conservada en al-Qartayanni, se hace referencia en varias ocasiones a una o varias rábidas musulmanas: qubaybat Ibn Tahir, Rabitat al-Sib, al-Dayr, al-Zawiya, aunque los dos primeros topónimos parecen hacer referencia a lugares de la Bahía de Cartagena.

El prestigioso literato Ramón Llull escribió que entre los musulmanes de la tierra existían “Hombres religiosos reverenciados como santos, entre los que había muchos místicos”, lo que confirma que el sufismo se había hecho muy fuerte en estas tierras del Sharq al-Andalus.

Finalmente, como un ejemplo más de la transmisión por tradición oral del emplazamiento de nuestros santones, sorprendidos, leíamos recientemente en un artículo periodístico [49] cómo en la ciudad marroquí de Chaouen, Sidi Afazaz Abdelkader, un hombre de cien años, lleno de jovialidad y alegría, comunicaba a un grupo de españoles la existencia de un maqam en Valencia en los bosques de Beni Qasim (Benicasin).

(33) El Viviente
(34) Del latín occidere, morir. El lugar por donde se pone el sol, en definitiva donde muere la luz.
(35) Muslim, a partir de un relato de Hudhaifa bin Asid al-Ghifari.
(36) “Ruhu min Allah”.
(37) Maqam de San Bernabé en Chipre.
(38) De acuerdo al Islam, las religiones llamadas del Libro son originarias de Dios, el Exaltado.
(39) A diferencia de las doctrinas Imperiales, el Santo Corán establece que “No hay coacción en materia de religión”.
(40) E.A. Llobregat, 2, 182
(41) Originario de Zaragoza, fue ajusticiado en Valencia en 304 d.C. Representa el primer testimonio de fe cristriana de la península ibérica
(42) Usando autoridad sobre ellos como criterio más beneficioso para su formación en un clima de afecto y tolerancia sabiamente administrados, lejos del proteccionismo y la sensiblería que proclaman hoy el sometimiento paterno, por medio del cual las mal llamadas “autoridades” acaban malogrando a quienes, de no haberse interpuesto el “establishment” en el proceso educativo natural, estaban llamados a convertirse en verdaderos seres humanos.
(43) Fue en Sevilla, mientras meditaba cerca de un una maqbara. Le vió y recibió su instrucción. Al día siguiente se le apareció igualmente Moisés* y al tercer día era el profeta Mohammad* quien le instruía. Todo ello tuvo lugar en el mundus imaginalis.
(44) Con el término retiro no nos referimos a su literalidad sino más bien al acto con el que se impide que la creación nos influya, para que el corazón y el oído no se conviertan en continentes para la superficialidad. Los awliyâ recibían visitas, daban consejos, estaban en el mundo, pero sin ser del mundo.
(45) El término romería alude a la visión particular de los cristianos sobre este asunto, por asimilación a las celebraciones anuales que celebraban en la onomástica de sus patrones.
(46) Boswel, Royal Treasure, apendice documental. Se refiere al mausoléo de los Sid Bono.
(47) Uno de ellos, al exterior de la puerta Boatella, era conocido según Aben al-Abbar como “el de las chozas o de las cabañas”, lo que nos trae de nuevo a la memoria las barracas de piedra seca.
(48) Alcalá de Xivert, en la provincia de Castellón.
(49) Al compás del Corán en Chaouen, Crónica de Zahra Contreras

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