LO PROHIBIDO Y LO OBLIGATORIO EN ISLAM

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia -; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, su familia y compañeros.

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Si preguntas a algunos sobre el porqué de las obligaciones y las prohibiciones te dirá: “Porque Allâh así lo ha dispuesto”. Y bien, aunque Allâh lo haya dispuesto así, existen razones inteligibles y localizables, las cuales dan un sentido y un valor a dichos mandatos divinos.

El origen primordial de los mandatos Divinos es la naturaleza humana; dichos mandatos vienen a esa naturaleza como un guante viene a la mano. Es Allâh quien nos ha creado; es Él quien conoce todo aquello que se encuentra manifiesto y oculto en nuestro ser. Somos Su creación más preciada y como Formador y además Educador Allâh nos tiene preparado un programa de mínimos a fin de preservarnos de la corrupción y de mantenernos todo lo sanos posible, tanto por fuera como por dentro.

“Y yo no digo que mi alma sea inocente pues es cierto que el alma ordena insistentemente el mal, excepto cuando mi Señor tiene Misericordia. Es verdad que mi Señor es Perdonador y Compasivo” (Corán 12-53)

Como lo muestra Su propia Palabra, Allâh  ha decidido proteger al ser humano contra el mal que genera su propio ser a través de su alma. Allâh pues ha tenido Misericordia del Hombre y le ha impuesto una serie de mandatos, los cuales debe atender para librarse de caer en aquello que puede dañar su naturaleza, siendo como es contrario a ella.

Dichos mandatos vienen expresados en el Qur’an y en la Sunna del Profeta. En jurisprudencia islámica es obligatorio toda prescripción u obligación expresadas en el Corán. En lo que respecta a la Sunna es obligatorio todo aquello que se refiere al Libro de Allâh y recomendable el resto:

“La Sunna tiene dos ramas: una sunna que es considerada como una prescripción y otra que no lo es. La primera encuentra sus raíces en el Qur’an (el libro de Allâh –exaltado-); tomarla será una guía y desatenderla será un extravío. En cuanto a la segunda que no tiene sus raíces en el libro de Allâh – exaltado-, seguirla es una parte de la virtud, y desatenderla no constituye una falta”. (Recopilado por A-t-Tabarani)

“A veces aquel quien está dedicado el estudio del fiqh no es nunca jurisconsulto, al igual que aquel  cuya ciencia no le es de utilidad, su ignorancia le perjudica. Musulmán, recita el Qur’an donde encuentres claramente las prohibiciones. Si él no te prohíbe es como si no lo hubieras recitado”. (Recopilado por A-t-Tabarani)

Cumpliendo los mandatos divinos, evitando lo prohibido y ejecutando lo obligatorio, el ser humano no se protege solamente a sí mismo, sino a sus allegados, y por extensión a toda la sociedad. Aquel quien se hace mal a sí mismo se lo hace a los suyos y se lo hace al resto, pues una persona tal se ha acostumbrado al mal y ha hecho de él su morada y su naturaleza.

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La Misericordia Divina, no solamente ha prescrito una serie de actos y prohibido otros de manera incondicional, sino que ha dispuesto una serie de eximentes en caso de que cualquiera de nosotros no pueda cumplir con Sus mandatos. Se trata pues de una educación necesaria, la cual si es seguida como se debe, hará de nosotros individuos útiles y positivos para nosotros mismos, nuestro entorno y la sociedad en general.

“A-n-Nu’man Ibn Bašir transmitió que el Profeta Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “Los musulmanes, en el amor, la afección y la misericordia que entre ellos se tienen, son comparables a un solo cuerpo. Cuando uno de sus miembros se ve afectado, es el conjunto del cuerpo que padece el dolor y la fiebre.” (Bujari y Muslim)

¿Cómo entonces aquel quien no cumpliendo con lo establecido por Allâh, haciéndose mal a sí mismo, podría ser útil al resto? Acumulando buenas obras mejoramos nuestra personalidad, reforzamos nuestro sentido de la responsabilidad, nos hacemos más fuertes, más útiles y, si cabe decirlo así, más y mejores seres humanos y desde luego creyentes.

Aunque casi todos conocemos cuáles son las órdenes divinas más relevantes, no está de mal recordarlas para aquel quien, debido a su poco tiempo como musulmán, no las ha memorizado o aprendido. Demos pues, a modo de ejemplo, una lista de las mayores obligaciones, así como de las más importantes y significativas prohibiciones que encontramos en el Qur’an y en la Sunna.

El adorar solo a Allâh sin darle asociado alguno.

La plegaria (salat) a sus horas obligatorias.

El ayuno del mes de Ramadán.

La zakat para quien tenga patrimonio.

El Peregrinaje, al menos una vez en la vida.

El creer en la profecía de Muhammad

Creer en los ángeles

Creer en los profetas

Creer en los libros sagrados

Creer en el Juicio Final

Creer en el Decreto, sea para bien o para mal.

Trabajar para ganarse la vida y formar una familia.

Respetar y honrar a los padres y establecer y reforzar los grados de parentesco

Responsabilizarse de la familia.

Tratar bien a la esposa/o y a los hijos.

Preservar la propia vida y salud curando las enfermedades.

Podríamos citar aún más, pero dejemos esta lista como exposición de las obligaciones más importantes del creyente, hacia Allâh, los suyos y la sociedad.

En cuanto a las prohibiciones hemos de relacionar las más importantes, que son:

No asociar a Allâh otros dioses, pues quien lo hace no puede ser considerado como musulmán.

No inventar cosas en materia de religión o relativizar los Mandatos Divinos o la Sunna del profeta – sobre él la plegaria y la paz – lo cual le convierte a uno en un hipócrita. Y los hipócritas no saldrán nunca del fuego.

No inventar mentiras sobre el profeta, lo que lleva al fuego.

No matar, sino es en defensa propia.

No herir ni hacer mal, ni en lo físico ni en lo moral a persona alguna.

No mentir sino es en caso de guerra y para mantener en paz a las personas.

No romper los lazos de parentesco.

No robar.

No comer cerdo ni animales prohibidos, ni carne sin sacrificar.

No tomar bebidas alcohólicas, ni consumir drogas.

No cometer adulterio.

La homosexualidad.

Las ganancias ilícitas, obtenidas mediante el engaño o comerciando con productos prohibidos.

Los juegos de azar.

El realizar conscientemente cualquier acto que dañe nuestra salud o la de otros.

El suicidio.

La calumnia y la maledicencia.

Espiar a las personas.

Para los hombres ponerse oro o vestir seda.

Ya enumerados los mandatos y prohibiciones nos queda por último recordar que ambos constituyen las bases de la convivencia Islámica, las cuales si son vulneradas producirán efectos perversos en la comunidad y empeorarán la vida y las costumbres de la Umma y de cada uno de sus individuos.

Es mejor pues engalanarse con el bien y abandonar las costumbres ciegas ancladas en la sociedad durante siglos, aunque seamos de la minoría de creyentes que respetan los límites de Allâh. Quien esto hace seguramente obtiene una gran recompensa de parte de su Señor, quien consciente más que ninguno de la creciente y extendida degradación de las costumbres en la sociedad, premiará con sus mejores dones a aquellos quienes obedientes tuvieron temor de Su castigo y esperanza en Su Misericordia

 

 

 

 

 

 

 

 

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