EL CHAYJ AL ALAWI DESENMASCARA A LOS FALSOS GUIAS

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia  -; y la plegaria y la paz sobre el Profeta Muhammad, su familia y compañeros.

LOS FALSOS GUIAS

Hemos dicho en muchísimas ocasiones que en estos tiempos no debe uno confiarse enteramente en las Tariqats, ni hacerse eco de la oferta de “guía espiritual” de la gran mayoría de maestros que se pueden encontrar por doquier. ¡Qué curioso! Donde no hay dinero ni hay maestros, ni guía; o al menos, si la hay, no se hace publicidad. A veces, dichas ofertas, parecen más una Guía Turística del “espíritu fácil” que una realidad. Un fantasioso viaje para pernoctar en el valle de la inmortalidad, donde encontrarás el “agua de la vida” y serás un tipo especial capaz de desafiar en inteligencia al más puesto de entre los sabios. Eso promete, y además es fácil, pues de alguna manera algunos deben “amortizar” sus estudios en las ciencias ocultistas y espiritualistas.

Ahora en estos tiempos lo falso abunda y lo verdadero escasea. Sobre y ante todo cuando se cacarea la excelencia espiritual de tal o cual persona, la preeminencia de tal o cual Tariqa. ¿Sabéis cuántos qutub (polos del Islam) llevamos ya contados en estos últimos 30 años? ¡Pero si da la impresión que detrás de cada río y cada valle hay un “hombre del siglo”, o “un sultán de los awliyya”, o un Maestro de maestros, espíritu privilegiado él.

Es triste, pero es así. Vividores que experimentan un placer morboso por controlar a la gente; falsos maestros que destrozan vidas y familias enteras, que arruinan vidas de jóvenes y mayores, de hombres y mujeres; todos ellos apoyándose en un legado espiritual auténtico del que ellos nunca formaron parte sino por haber heredado edificios, bienes, tierras y hasta palacios. Y es que hay gentes quienes cuando ven posesiones en su poder, un legado histórico espiritual y la oportunidad de encaramarse en lo más arriba de la orden, se les hace la boca agua y corren tras de ello sin pensar en su insuficiencia, confiados en los bajos instintos de su nafs y reafirmados por los susurros del lapidado, enemigo de la Humanidad.

De estas gentes, numerosísimas en estos tiempos, habló hace 100 años el chayj al Alawi, con palabras de verdad, duras pero reales; porque la verdad es la espada de Allâh en este mundo, y la espada corta. He aquí pues lo que nos escribió el chayj – que Allâh esté satisfecho de él-:

guiasdeciegos

Guárdate del que pretende poseer un estado excepcional junto a Allâh sin aportar prueba alguna.

Es decir: guárdate de quien pretende una condición privilegiada ante Allâh sin ninguna prueba manifiesta de ello. El trato causa afinidad y el mal que una persona así padece puede que se te contagie. ¿Cómo puede pretender alguien tener algo excepcional con Allâh sin que se refleje en ningún signo en su exterior? Se dice que el exterior es la rúbrica del interior; lo que hay dentro de ti se refleja en ti; las vasijas rezuman su contenido. Por este motivo dicen que no hay que tener en cuenta las palabras del faqir, sino su estado.

El faqir puede embellecerse al hablar de los sufís y utilizar sus expresiones, pero si comparas su comportamiento y sus palabras, se pone en evidencia su estado. ¡Ten cuidado!, la gente con conocimiento de lo Divino tienen unas características exteriores que revelan lo que hay en su interior.

Allâh – Altísimo – dice: “Un testigo procedente de El, lo anuncia” (11-17). Los miembros del auténtico ‘arif[1] dan testimonio de la sinceridad de su estado de servidumbre. Le reconocen y le ratifican con la lengua del estado (ilsan al ḥal), de la misma manera que en el Día de la Resurrección hablarán y le ratificarán con la palabra: “El día en el que sus propias lenguas, sus manos y sus pies den testimonio de lo que ellos hicieron” (24-24)

El ‘arif, todo él, es acto sin palabras, a no ser que se vea forzado a ejercer la función de hablar. Puede decirse también que es un corazón sin lengua, y, en todo caso, corazón y lengua a la vez. La prueba de su contemplación de la Verdad es su respeto de las prescripciones religiosas; la prueba de su desvelamiento es su forma de guardar el comportamiento oportuno (al-qiyam bi-l-‘adab).

Aquel cuyo exterior no se corresponde con lo que afirma que hay en su interior, su compañía no aporta beneficio alguno.

Han dicho:

Mis amigos me acusan de pretensión

Dije ante el juez del amor

Pero aquí están los testigos de mi pasión

Que mis palabras confirman

Mi insomnio, mi aflicción, mi congoja, mi deseo

Mi añoranza, mi enfermedad, mi delgadez y mi llanto[2]

Toda verdad tiene su realidad y quien habla en nombre de la realidad tiene sus evidencias. Si alguien pretende interiormente algo que no concuerda con lo que muestra su exterior es un iluso y un mal presagio para sus seguidores. En la vía existe gente con este comportamiento: hablan como si fueran a abrir los cielos y a allanar las montañas, pero su parecido con la gente de la vía no va más allá de las meras palabras. Sus pretensiones son las de al Ḥallaŷ[3] y sus actos los de al Ḥaŷŷaŷ[4]: “Es grave ante Allâh que digáis lo que no hacéis” (61-3).

El chayj de esta comunidad al ‘Arbi A-d-Darqawi – que Allâh esté satisfecho de él – dijo: “Nuestra vía (tariqa) es la vía de los leones, pero también hay en ella cerdos y simios”.

Toda precaución es poca contra quien se expresa como la gente elegida, pero su estado es el de los condenados. ¡Que Allâh nos preserve a nosotros y a esta comunidad de la degeneración y el extravío!

[1] Dícese de aquel a quien Allâh le ha confiado Su Conocimiento y Secretos. El estado del ‘arif  (ma’rifa) es el objetivo de la Vía espiritual y por consiguiente del Tasawwuf.

[2] Diwan Sidi Abu Madiam de Cantillana.

[3] Santo musulmán conocido por ser condenado a muerte cuando realizó afirmaciones sobre la Unidad Divina que los ‘ulama de la época no comprendían. Discípulo de Ŷunayd al Bagdadi. Cuando estaba siendo ajusticiado su sangre al caer dibujaba en tierra en Nombre de Allâh.

[4] Al Ḥaŷŷaŷ Ben Yusuf; ministro del jalifa Omeya Abdul Makik Ibn Mar’wan, jalifa conocido por lo desequilibrado y malvado de su carácter. Al Ḥaŷŷaŷ  asesinó a todos aquellos quienes ayudaron a los familiares del profeta –‘alayhi-s-salatu wa-s-salam en los gobiernos de las ciudades donde se encontraban. Demolió la Ka’aba con catapultas y llegó a colgar en su patio el despojo de Abdu-l-Lâh Ibn Zubayr después de haberle asesinado. Algunos historiadores dicen que asesinó a Ŷa’far Sadiq a quien cortó la cabeza y se la trajo a su palacio. A los tres días de entrar la cabeza de Ŷa’far Sadiq en palacio murió presa de enormes sufrimientos.

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