LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE 1 de 2 – Resumen de la obra de Abu Hamid Gazali

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, así como su familia y compañeros.

¿Sabes en detalle que es lo que se presenta después de la muerte? En este escrito encontrarás las respuestas a tus preguntas y preocupaciones

Pretendemos reducir la obra de Abu Hamid Gazali, sabio de las ciencias del Fiqh y del Tasawwuf, conocido como una referencia en todo el mundo islámico (1058-1111). Esta obra extrae de la Sunna todo aquello que ocurre en el momento de la muerte y después de ella, así como algunos de los acontecimientos que viviremos el Día del juicio y como será, en líneas generales, el destino final de unos y otros.

El vídeo con el cual acompañamos este corto resumen, es en realidad el libro leído por completo por un hermano senegalés. Desgraciadamente la obra no existe en español, y es por eso que he decidido resumirlo para vosotros, procurando relatar los hechos fundamentales recogidos en él. Por dificultad real de presentar este resumen en una sola entrada, he preferido hacerlo en dos, para así facilitar la lectura, la comprensión y la retención en vuestras memorias.

He obviado la primera parte la cual se corresponde con el relato de cómo las almas de los seres humanos han sido extraídas de la espalda de Adam y posteriormente llevados al Azal donde esperan su nacimiento.

EL MOMENTO DE LA MUERTE

El momento del paso de la vida a la muerte es extraordinariamente diferente de una categoría de personas a otras; de los salvados a los condenados; de los virtuosos a los menos virtuosos.

Cuando vayamos a morir cuatro ángeles vendrán para sacar el alma de nuestro cuerpo; dos tirarán de ella por cada una de nuestras manos y otros dos por cada uno de nuestros pies. Si el alma es de aquellos a quienes les está destinado el Paraíso, saldrá del cuerpo con una gran facilidad; mientras que si se trata del alma de los condenados saldrá con una dificultad enorme causando al moribundo enormes sufrimientos. En ese momento el moribundo destinado al Paraíso ve a los ángeles, e incluso en algunas personas, se puede dar que hablen a los asistentes sobre su presencia.

Mientras el alma se encuentra en el proceso de su salida del cuerpo, Iblis – lapidado sea – viene a tentarle por última vez; los demonios toman la forma humana de sus familiares fallecidos y comienzan a animarle a volverse judío o cristiano, jurando y perjurando que ellos en la otra vida han constatado que son las verdaderas religiones; pero una fuerza más grande que la de estas persuasiones mantiene al moribundo firme en su religión, siendo visitado por uno de los más grandes ángeles (Gabriel) quien le felicita por haber muerto en el Islam, y le dice: “Tal hijo de un tal ¿no me conoces? Soy Gabriel y esos que te han visitado son demonios, muere en la religión de Allâh que es el Islam”. En este momento el moribundo sonríe ampliamente viéndose en muchas ocasiones esa sonrisa hecha patente en su rostro.

La última facultad que pierde el fallecido es la del oído, por eso el Profeta ha aconsejado recitar la šahada al lado del fallecido, aunque no demasiadas veces para no perturbarle; y ello hasta que sea depositado en la tumba; siendo así que lo último que puede oír es los pasos de las personas que han asistido a su entierro cuando se alejan de él.

Generalmente, si vemos a un fallecido con la saliva cayéndole de la boca, la cara ennegrecida y el blanco de los ojos en medio de ellos, se trata de un condenado. Al contrario, si los labios se encuentran secos, el rostro sereno y los ojos a medio abrir, ello significa que la buena nueva de su destino en el Paraíso le ha sido comunicada.

VIAJE DEL ALMA

EL ALMA DE LOS BIENAVENTURADOS

Cuando el ángel se apodera de un alma dichosa, dos otros ángeles de bello rostro, vestimenta lujosa y exquisito perfume la envuelven en un envoltorio de seda proveniente del Paraíso; en ese momento el alma tiene la dimensión de una abeja guardando su individualidad humana, sin haber perdido nada de su inteligencia ni de la ciencia adquirida en su etapa en la tierra. Los ángeles la hacen ascender y la enseñan los pueblos anteriores a su vida en la tierra; seguidamente la van introduciendo de un cielo a otro, pidiendo permiso a los guardianes de las puertas correspondientes. En cada cielo se la da la bienvenida y se le anuncia el buen destino que la espera. Después de haber sido admitida en los siete cielos, llega al Velo de la Majestad; el ángel llamado Al Amin toca en la puerta, se le deja entrar y se le da la bienvenida. Sigue ascendiendo y en su ascensión pasa al lado de una élite de ángeles que le dan las mejores noticias y le saludan, hasta que llega al Sidrat al Muntaha (El azufaifo del confín); un árbol cuyas raíces y tronco se encuentran en el séptimo cielo y crece de arriba abajo. Allí, los ángeles le saludan y le dan parabienes.

Seguidamente se abre una puerta y atraviesa un mar de fuego; después un mar de luz; después un mar de tinieblas; más tarde un mar de agua, otro de nieve y otro de hielo. Seguidamente se desgarran los telones colocados delante del Trono Divino. Ellas se componen de 80.000 velos, cada uno de ellos con 80.000 extremidades, cada extremidad tiene una luna que alaba a Allâh. Si una de esas lunas apareciera en el cielo inferior los hombres la adorarían en lugar de Allâh, y proveería al cielo terrenal de luz perpetua. Entonces un heraldo alza la voz preguntando a los ángeles quién es aquel que se presenta. Los ángeles hacen su presentación, mientras Allâh, si El así lo desea, la ordena aproximarse, expresando Su contento con su actitud en la tierra; más tarde la increpa haciéndole reproches sobre los errores cometidos en vida; de tal manera que aquella alma se siente perdida; hasta que Allâh le anuncia Su perdón y la felicidad para la vida futura.

EL ALMA DE LOS REPROBOS

En cuanto a los condenados, se les arranca el alma al igual que se carda la lana con púas de hierro; cuando sale produce un ruido estridente parecido al rebuzno de un asno; una vez fuera se la dice: “Alma perversa de un cuerpo pervertido”. Asra’il la pone en manos de dos ángeles de sucia apariencia y olor nauseabundo, y ellos la envuelven en un producto fétido. Se le sube hasta que alcanza la puerta del cielo inferior y cuando allí los ángeles son preguntados por quien traen, ellos responden dando el nombre más detestado por el muerto cuando se encontraba en vida. Los ángeles del primer cielo dicen: “Fuera de aquí, alma perversa”. Al Amin le suelta y el viento se lleva su alma a un lugar desconocido.

¡Qué desdicha viven en este momento estas gentes quienes hicieron el mal en la tierra y dejaron impresas las huellas hediondas de su mal hacer!

Después, una vez que el viento la ha dejado caer en tierra, los ángeles van a buscarle, se apoderan de él y le llevan a un lugar llamado Siŷŷin, que es una gran piedra alrededor de la cual se reúne a los impíos.

¿QUE OCURRE EN LA TUMBA?

Después de esto el alma es reenviada al cuerpo mientras que éste está siendo lavado. Se cuentan experiencias sobre esto cuando alguno asegura haber visto la silueta de su propio hijo muerto al lado suyo mientras lo estaba lavando. En tiempos del Abu Bakr un muerto llegó a hablar al ser depositado en su tumba describiendo la excelencia de Abu Bakr y de Umar; se trata de una historia verídica que se puede encontrar en los escritos de tradiciones de la época de los califas bien guiados.

Una vez está siendo embalsamado el alma se pega al pecho del fallecido. Entonces se le pone en el féretro y el alma de los bienaventurados comienza a gritar diciendo: “Llevadme, llevadme rápido, más rápido; si supierais a la dicha que me estáis transportando”. Al contrario el alma del réprobo grita diciendo: “No vayáis tan deprisa; ¿adónde me lleváis; no sabéis a que destino pavoroso me conducís?”. Cuando se le deposita en tierra, esta le habla, se ríe de él infligiéndole palabras duras y apretándole fuertemente.

Una vez enterrado el cuerpo – según un hadiz transmitido por Ibn Mas’ud – se presenta un ángel llamado Ruman. Este ángel pide al difunto que escriba las obras que realizó en su estancia en la tierra. El difunto reclamará que no tiene tinta ni papel y Ruman le ordenará que utilice la saliva como tinta y escriba en un trozo de su lienzo. Entonces el fallecido escribe todo lo que hizo, tanto de bien como de mal, sin olvidar nada. Después de esto Ruman le enrolla sus obras en el cuello.

(Corán 17-13) “Nos colgamos su destino en el cuello de cada hombre”

Más tarde se presentan Munkir y Nakir, vestidos de negro con una apariencia terrible y violenta, y así comienzan a interrogar salvajemente al fallecido: “¿Quién es tu Señor; quien es tu profeta, cuál es tu religión, cuál es tu quibla? En cuanto a los elegidos, no se dejan intimidar y responden a esas preguntas sin inmutarse increpando primeramente a Munkir y Nakir e interrogándoles a su vez responden de la siguiente manera: “¿Y vosotros, quiénes sois, quien os ha enviado; porqué me interrogáis así? – Y continúa diciendo – : “Allâh es mi Señor, Muhammad es mi profeta, El Islam es mi religión” Entonces uno de los ángeles dice al otro: “Ha dicho la verdad, no nos está permitido castigarle”. En ese momento le abren la tumba y la convierten en una enorme cámara coronada de una bóveda, y abren a su derecha una gran puerta que da al Paraíso, tapizan su tumba de seda y la decoran con plantas aromáticas del Paraíso, y le hacen llegar la brisa y el olor de éste hasta él. Su obra terrestre se aparece a él y le hace compañía como si fuera alguien con quien se conversa. De esta manera el fallecido se encuentra en estado de dicha mientras dure el mundo terrestre.

Por debajo de los hombres de esta categoría se encuentran los creyentes quienes no poseen ciencia. Ellos son interrogados de la misma manera por Munkir y Nakir quienes le abren una gran habitación, como en el caso precedente con la sola salvedad de que a su izquierda se abre una puerta dando al Infierno. Los ángeles le informan que ese hubiera sido su lugar si Allâh no le hubiera hecho objeto de Su Misericordia y luego cierran esa puerta y le hacen dormitar en paz hasta el Día del juicio.

En cuanto a los réprobos se refiere, musulmanes ellos, que hayan cumplido su religión cometiendo desmanes contra Allâh y contra e prójimo, no sabrán responder a una o a todas las preguntas de Munkir y Nakir; ellos le propinarán un golpe tan brutal en su frente con una barra de hierro, que sus gritos serán oídos por todos excepto por los humanos; su tumba se inflamará y se quedará así hasta que llegue el Día del juicio. Para algunos de ellos su obra terrestre se convierte en perro o en cerdo que les fustigan y les muerden en la tumba.

En cuanto al impío o descreído se le golpea con la barra de hierro hasta que sea tragado por la séptima tierra. La misma tierra le expulsa de nuevo hacia su tumba donde es castigado hasta el Día de la Resurrección.

CUATRO CATEGORIAS

Los habitantes de las tumbas se dividen en cuatro categorías:

Primeramente están aquellos que se encuentran acostados sobre sus espaldas hasta que su cuerpo se descompone; seguidamente se ponen a circular por encima del primer cielo.

Seguidamente hay aquellos a quienes Allâh les hace caer en un dulce sueño y no se levantan hasta que llegue el Juicio.

Hay otros que no se quedan sino dos o tres meses en sus tumbas hasta que un ave les toma y les lleva hasta el paraíso

Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho:

“El alma de un creyente es un ave que se posa en los árboles del Paraíso”

La cuarta categoría se compone de Profetas y ‘awliya (o salihin); a ellos se les otorga el derecho de escoger. Algunos de ellos escogen recorrer la tierra hasta el Día del juicio final. Algunos han sido vistos por la noche y Abu Hamid Gazali piensa que Abu Bakr y Umar forman parte de este grupo. En cuanto al profeta se refiere ha escogido el poder circular en los tres mundos. Algunos como Ibrahim han escogido el séptimo cielo.

EL DIA DE LA RESURRECCION

En ese día se tocará en la trompeta, las montañas se dispersarán como si fueran nubes; los mares se entremezclarán los unos con los otros; el sol será plegado y se volverá negro ceniza; los mares se pondrán en ebullición de tal manera que el cielo se verá repleto de agua; las estrellas se diseminarán; los cielos se volverán parecidos a un torbellino; la tierra temblará con violencia, contractándose y dilatándose como un trozo de cuero. Allâh arrancará las esferas celestes; nadie quedará en vida excepto al lado del Trono; toda criatura que tenga un alma morirá; la tierra y los cielos estarán vacíos y nadie habitará en ellos, cualquiera que sea la categoría y clase de seres de los que se trate. Entonces Allâh tomará los siete cielos en Su Mano derecha y las siete tierras en Su izquierda; hablará al mundo terrestre reprochándole el haberle olvidado con frecuencia, hablando duramente sobre sus reinos y placeres; después se dirigirá a Si Mismo los elogios que El querrá A continuación dirá:

“¿A Quién pertenece Hoy el Imperio”? repitiéndolo tres veces sin que nadie le conteste. Entonces responderá El Mismo diciendo: “A Dios, el Unico, el Todo Poderoso.

Posteriormente El colocará los cielos en uno de Sus dedos y las tierras en otro de ellos sacudiéndolos y exclamando: “Yo soy el Soberano, Yo soy el Soberano”. ¿Dónde están aquellos que han adorado a otro dios que a Mí? Y continuará así diciendo y otras palabras semejantes todo el tiempo que El quiera.

Después Allâh abrirá un pozo de fuego en el Saqqar por el cual saldrá el fuego devorando los 14 mares de la misma manera que lo haría con un copo de lana; estas llamas harán desaparecer hasta la última gota de agua y dejará la tierra inflamada en llamas hasta que se vuelva negra como el carbón y el cielo se asemeje al aceite hirviendo. Cuando las llamas han crecido tanto que va a subir hasta el cielo visible, Allâh le hará retroceder y después abrirá un engarce del Trono desde el que hará descender el agua de la vida, la cual caerá sobre la tierra, apagando el fuego y anegándola hasta encontrarse a 20 metros por encima del suelo. Más tarde el hombre será recompuesto a partir del cóccix con la misma apariencia en la que murió. Sus almas entrarán de nuevo en el cuerpo que les corresponde.  Cada uno se sentará junto a su tumba, esperando que es lo que debe ocurrir; los ojos bajos, imbuidos en la reflexión, desnudos.

Sin embargo, los del pueblo de Muhammad, quienes hayan seguido el Libro de Allâh y la Sunna serán vestidos o con el tejido con el que han sido embalsamados o con ropas provenientes del Paraíso…

Abdul Karim Mullor

 

Esta entrada fue publicada en Iman. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.