LA PLEGARIA DE PETICION DE LLUVIA

La plegaria de la súplica por la lluvia (istisqâ’)

 El musulmán se vuelve hacia Allâh Todo-Poderoso y Glorioso en todas las circunstancias y en todos los asuntos, invocando a Allâh, implorando Su misericordia, Su ayuda y Su socorro. Allâh es el refugio y El responde a la llamada de quien Le invoca en la angustia.

Cuando la lluvia viene a faltar en un país o región y la tierra se deseca, cuando esta sequía amenaza a la vegetación y al ganado, los musulmanes se vuelven hacia Allâh Todo-Poderoso y Glorioso. Ellos se quejan a Él, imploran Su clemencia y Le piden que haga descender sobre ellos las lluvias benefactoras. Ellos hacen entonces la plegaria llamada de “la súplica de la lluvia” (istisqâ’).

lluvia

 Es esta una plegaria dirigida a Allâh, Glorificado y Exaltado, para suplicarle que haga descender la lluvia. Ella es vivamente recomendada por la Sunna. Muslim reporta lo que sigue: “El Enviado de Allâh salió una vez para suplicar la lluvia. El dio la espalda a las gentes, se puso en dirección a la Ka’aba y retornó su manto.” Al-Bujâri añade: “… y él recitó durante la plegaria el Corán en voz audible”.

 La plegaria de la lluvia es de tres clases:

 1 – Los musulmanes imploran la lluvia cada uno por su lado o todos juntos.

 2 – Se implora por la lluvia después de cada plegaria, aún si se trata de una superogatoria.

 3 – La manera más practicada comporta una plegaria especial seguida de un sermón, en el cual el imam exhorta a los musulmanes, llamándoles a Allâh Todo-Poderoso y Sabio. El les hace temer Su suplicio y Su castigo, les ordena a practicar la limosna y el bien, el enmendar sus errores y el retornar a Allâh. La desobediencia es la causa de la falta de lluvia, del desecamiento de los ríos, del agotamiento de las fuentes y de la privación de toda subsistencia. Ella es igualmente la causa de la cólera divina y de los tormentos que se abaten sobre las criaturas como el hambre, la disminución de bienes, de cosechas y frutos, e incluso de la destrucción de ciudades en las cuales reina la injusticia (¡que Allâh nos preserve de todas esta calamidades!).

 ¿Cómo cumplir la plegaria de la petición de lluvia?

Fuertemente recomendada, la plegaria de la petición de lluvia se compone de dos unidades de plegaria (rak’a) que se hacen exactamente de la misma manera que la plegaria del ˤaid.

 El imam recita al-Fâtiha y el Corán en voz audible después de haber repetido siete veces la fórmula: “Allâhu Akbar” en la primera rak’a y cinco en la segunda. Recita, si es posible, las mismas surats que para la plegaria del ˤaid, a saber: le surat “El Altísimo” en la primera rak’a y la surat “La que envuelve” en la segunda. El puede sin embargo recitar otras surats.

 A la ocasión del primer ˤaid, el musulmán se dirige a la “muṣallâ” (gran lugar donde se hacen ciertas plegarias en común), perfumado y ben vestido; al contrario, por la plegaria de la petición de lluvia, él no se perfuma ni se viste con sus mejores prendas, testimoniando así  de su humildad ante Allâh, Todo-Poderoso y Glorioso. Abu Dawud relata en efecto que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz –se dirigía a la muṣallâ modestamente vestido, observando una actitud de humildad y evocando a Allâh.

 Al final de la plegaria el imam se levanta y pronuncia un doble sermón pues el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha pronunciado dos sermones de lo alto del mimbar.

 Abu Hurayra ha dicho: “Un día, el profeta salió para implorar por la lluvia. El hizo dos rak’a sin llamada ni anuncio a la plegaria. Después nos dirigió un sermón, invocó a Allâh, se volvió en dirección de la Ka’aba levantando las manos, después retornó su manto (su parte derecha a izquierda y su parte izquierda a derecha).” Ahmad, Ibn Maya y al-Bayḥaqî

En estos dos sermones el imam debe implorar abundantemente la absolución divina, pues es lo que mejor conviene en semejante caso. El debe asimismo retornar su manto poniendo su parte derecha del revés, los otros fieles deben hacer lo mismo. Esto es un símbolo de su deseo de ver su malestar transformarse en abundancia., la dificultad en facilidad y el enojo en contentamiento. Levanta las manos hacia el cielo para dirigir sus plegarias a Allâh en voz inaudible y en voz audible. Invoca con insistencia al Rey y Perdonador, en toda humildad. Cuando él invoca a Allâh en voz inaudible las gentes hacen como él y cuando Le invoca en voz audible ellos se contentan con decir: “Amîn”.

 Es recomendable invocar a Allâh con las fórmulas utilizadas por el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz -; sin embargo, le está permitido invocar con otras fórmulas, tradicionales o no. Su invocación debe hacerse en completo recogimiento y sumisión. La petición de la absolución debe situarse a la cabeza de las súplicas.

 Invocación del Profeta en la plegaria de petición de lluvia

 “Señor, haz descender sobre nosotros una lluvia que nos resulte fuente de misericordia y no de tormentos, de aniquilación, desdicha o destrucción. ¡Señor! Hazla caer sobre las llanuras, las alturas, los lugares boscosos y los valles. ¡Señor! Hazla caer a nuestro alrededor y no sobre nosotros. ¡Señor! Haz descender sobre nosotros una lluvia benefactora, salvadora, sana, abundante, que cubra la tierra de vegetación y caiga sin cesar, en ondas gruesas y abundantes. ¡Señor! Abrévanos mediante la lluvia y haz que nosotros no seamos de aquellos quienes desesperan de Tu misericordia. ¡Señor! Las gentes de la tierra sufren de incomodidad, de hambre, de miseria, de lo cual no nos quejamos sino a Tí ¡Señor! Haz crecer la vegetación y concédenos leche en abundancia. Haz descender sobre nosotros las bendiciones del cielo y aparecer las de la tierra.

 Disipa esta prueba, pues ningún otro sino Tú sabría hacerlo. ¡Señor! Te pedimos Tu absolución, pues Tú eres constantemente para nosotros infinitamente perdonador. Haz pues caer sobre nosotros las olas abundantes del cielo.”[1]

Allâhumma suqyâ raḥmatin lâ suqyâ ˤadâbin wa lâ maḥqin wa lâ bala’i wa lâ hadmin, Allâhumma ˤalâ-ẓ-ẓirâbi wa-l’âkâmi wa manâbiti-š-šaŷari wa buṭûni-l’awdiyati, Allâhumma ḥawâlaynâ wa lâ ˤalaynâ, Allâhumma ‘ašqinâ gayzan mugîzan hani’an mari’an gadaqan muŷallilâ saḥḥan ṭabqa da’iman, Allâhumma ‘asqinâ-l-gayza wa lâ taŷˤalnâ mina-l-qâniṭîna, Allâhumma ‘inna bi-l-ˤibâdi wa-l-bilâdi mina-l-ŷahdi wa-l-yûˤi wa-ḍ-ḍabaki mâ lâ naškûhu ‘illâ ‘ilayka, Allâhumma ‘anbit lanâ-ssarˤa wa ‘adirra lanâ-d-darˤa wa ‘unzil ˤalaynâ barakâti-s-sama’i lanâ min barakâti-l-‘arḍi wakšif ˤannâ mina-l-bala’i mâ lâ yakšifuhu gayruka, Allâhumma ‘innâ nastagfiruka ‘innaka kuntu binâ gaffâran fa’arsili-s-sama’i ˤalaynâ midrâran”.

[1] Según la versión de Sâlim Ibn ‘Abdu-l-Lâh reportada por el imam Châfi’î

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