EL DESTINO DE AFRICA Y SU NEXO AMERICANO – Por Javier Astilleros

El destino de África y su nexo americano 

El destino natural de la expansión imperial de los reinos de España y Portugal fue África, cuyo control de las rutas del oro y esclavos pasaba por el sur del actual Marruecos y los reinos africanos del Sahel y el golfo de Guinea.

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Estos reinos eran firmes suministradores de mano de obra esclava de los márgenes de la selva y la costa guineana, esclavos que un día con su sangre y sudor iban a crear una sociedad mestiza en las Indias -es decir, América- inaugurando así el caos de la modernidad.

No es de extrañar entonces que los portugueses buscaran con ahínco el acceso directo a este negocio tan lucrativo como eran las especias, los esclavos y otros artículos de lujo. Por no hablar del oro y la plata. Y si bien el “descubrimiento de América” fue un hito espectacular por su capacidad organizativa y su éxito expoliador sostenido, no lo fue menos la ruta inaugurada por Vasco de Gama, lo que supuso el golpe definitivo a las rutas comerciales del norte de África y la apertura del Índico, es decir, las auténtica Indias, y no el exitoso simulacro de las indias americanas.

Un personaje extraordinario que representa ese bullir en las universidades europeas, fue Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi , el famoso granadino y faqih de la Universidad de Fez, conocido universalmente como León el Africano.

Hasan fue apresado tras una razzia tal vez cerca de la isla de Djerba y bautizado por el Papa con todo boato, en un acto propagandístico que envidiaría cualquier cancillería actual.

León X, amigo del Africani, bien sabia que la base del poder radica en la información y la traducción. Y por eso le encargó, entre otras obras, una descripción de ese continente tan deseado como refractario, y plasmado en su conocido libro Descripciones de África,

Pero el destino de los reinos peninsulares se iba a encontrar con otra realidad bien diferente. Gruzinski, en su Historia del nuevo mundo, ya señala la cruz del camino surgida entre América y África, y sus analogías.

Aunque la ciudad Fez en este caso ofrecía una singular atracción, era Argel la auténtica babel, donde se podían encontrar desde moscovitas a alemanes, pasando por irlandeses o escoceses.

Fueron muchos los denominados renegados, casados con argelinas y rebotados a la península, o bien rescatados o huidos a la América española en ciernes. Un ejemplo lo tenemos en Sebastián Herrera, quien representa el paradigma del peninsular mestizo que tanto perturbaba a la ortodoxia cristiana.

Herrera era un cura originario de Toledo, siempre dispuesto a combatir a los musulmanes, aunque posteriormente capturado y enamorado, según las crónicas, de una argelina con la que se casó, renegando así de su antigua profesión y fe.

Y lo más curioso es que estos hechos se conocieron mucho tiempo después, durante su estancia a miles de kilómetros de su espacio vital Mediterráneo, en nada más y nada menos que en Lima, en el reino del Perú, cuando renegando primero del catolicismo, luego del islam, para volver al catolicismo, fue juzgado por la inquisición por celebrar una misa en memoria de los incas infieles. Parece ser que bajo tortura Sebastián Herrera confesó ser descendientes de judíos, para más colmo.

Pero hay datos curiosos sobre los españoles cautivos de entonces, tales como el propio Cervantes, quienes lejos de soportar un cautiverio infernal plagado de privaciones, celebraban fiestas, bailes y obras teatrales que agradaban a los sultanes por la gran destreza mostrada.

Incluso les permitían ir a misa, en una época donde los moriscos hispanos sufrirían lo indecible en las alquerías del Levante y el interior peninsular.

Lo cierto es que los cautivos eran sometidos a privaciones, aunque en el poema de Los Baños de Argel -una comedia de cautivos- Cervantes nos entreabre la puerta de otro mundo:

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y aún otra cosa, si adviertes/que es de más admiración/y es que estos perros sin fe/nos dejen, como se ve/guardar nuestra religión/que digamos nuestra misa/nos dejan, aunque en secreto.

La obsesión de los reinos cristianos por el norte de África fue una cuestión de evangelización e interés por mediar directamente en las rutas comerciales que monopolizaban los nómadas bereberes hasta Benin.

Negar que la evangelización siempre fue complementaria a la empresa y la empresa un negocio lucrativo para la evangelización es imposible. Pero no hay que obviar que no podría ser de otra manera, ya que el eje social giraba a temáticas muy diferentes a las del mundo que nos ocupa.

Fue así como surge una aventura y una propuesta terrible y fallida para Portugal y afortunada para el Magreb: la inconsciente y temeraria aventura de conquista del reino peninsular, que culmina en la batalla de los tres reyes, donde el rey Sebastián, Mutawakkil y Molulay Abd Al Malik perecieron, lo que curiosamente dio origen por parte de los saadíes -con el armamento capturado a los portugueses- a la mítica conquista del songay.

Solo dos años más tarde Felipe II se anexiona Portugal. En su apuesta a todo o nada, Portugal perdería su independencia integrándose en la mayor monarquía compuesta de la cristiandad y baluarte definitivo del Turco.

A medida que las alianzas cristianas contienen al califato en el Mediterráneo, un nuevo destino se iba a forjar por analogía en el continente Americano. Esta vez los infieles, los indios, iban a representar el papel del desviado musulmán.

El requerimiento, en el cual los indios asistían probablemente atónitos a la lectura de un acta de adhesión al cristianismo en castellano, da buenas muestras de lo que se estaba fraguando más allá del Océano.

La fuerza centrífuga evangelizadora comenzó en esa África cercana y culminó en esa América con vistas al Pacífico. Un fenómeno del que no escapó ningún país europeo. Y es precisamente ese tumultuoso descubrimiento de América el que provocó una realidad inédita por los siglos: la marginación definitiva de un centro de poder ancestral, como fue el norte de África y el Sahel.

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