PALABRA CERTERA PARA AQUEL QUIEN CRITICA AL SUFISMO II

Pretendes atraer a tu causa a Gazali – que Allâh esté satisfecho de él – . Sin embargo, tus convicciones mismas excluyen totalmente la posibilidad de hacer llamada a su autoridad. El es un sufí, en cuanto a ti, tú rechazas el sufismo.

Igualmente recurres a las palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – transmitidas por Ibn Abbas – que Allâh esté satisfecho de él – “Quienquiera que omite el ordenar el bien y prohibir el mal no cree en el Qur’an… “; aun diciendo esto, ¿piensas tu que él no le reconoce fe alguna? No, pues si no todo estaría terminado para la comunidad. Es la fe perfecta la cual le niega, aquella la cual resulta de la aceptación total y sincera del mensaje; esta fe particular, es descrita por numerosos hadices, como por ejemplo este: “Ninguno de entre vosotros tiene la fe hasta que desee para su hermano aquello lo cual él desea para el mismo”[1].

En cuanto a la fe común, ella es de una simplicidad total como hemos visto precedentemente. Existe aun un célebre hadiz que nos la hace más accesible. Se cuenta que uno de los Compañeros debía liberar a un esclavo creyente. Vino pues, acompañado de una sirvienta negra al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – queriendo que este juzgara sobre su cualidad de creyente. Habiéndola preguntado el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “¿Dónde está tu Señor”?, ella respondió con su índice indicando al cielo. El Profeta dio testimonio de su fe y el Compañero liberó a aquella mujer.[2] Citando a Ibn ‘Arafa, tú mismo confirmas que no es la fe en el sentido general la cual es citada en los dos hadices anteriores a éste; pues para este autor, la obligación de ordenar el bien y prohibir el mal incumbe a la comunidad en su conjunto y no a cada individuo en particular[3]. He aquí cómo empiezas a edificar una fortaleza en torno del hadiz y de repente destruyes una ciudad entera con esta cita de Ibn Arafa. Uno se pregunta verdaderamente por qué encadenas estos hadices, cuya formulación parece mostrar que ello incumbe a cada uno de los musulmanes, siendo ello para concluir después como la dicha obligación incumbe a la comunidad de una manera colectiva. Y ahora dime claramente: ¿por qué ibas a ser tú quien sería responsable de ello y no cualquier otro? Puesto que manifiestas veleidades a la hora de escribir, sabe que una simple acumulación de citas es inútil; las referencias escriturarias deben ser citadas a propósito y conformemente al buen sentido; y ello mismo es una forma de sabiduría de la cual El ha dicho – exaltado sea – : “Aquel a quien se le ha dado la sabiduría goza de mucho bien”[4].

En cuanto al hadiz que citas: “No es de los nuestros aquel quien no es misericordioso con los niños y no honra nuestros mayores”[5], va en el mismo sentido de todo aquello lo cual acabamos de señalar con respecto a la manera de ordenar el bien y prohibir al mal. Pero en vista de las referencias que has seleccionado, yo añadiría que, en un cierto sentido, “los niños” simbolizan el común de los creyentes – pues ellos son humildes “pequeños”, aún y cuando tuvieran muchos años -, mientras que los “mayores” representan la élite, independientemente de su edad. Se juzga a un hombre en virtud de su realidad interior y no en virtud de sus características físicas. Ahora comprendes mejor en qué el hadiz te concierne, pues tú no has mostrado misericordia hacia los “niños”, es decir, hacia los musulmanes en general; en lugar de dirigirte hacia ellos con gentileza y dulzura, como un padre lo hace con su hijo, los has tratado rudamente y les has abrumado con tus reproches. Además no has honrado a los “mayores”, es decir a aquellos quienes son fuentes de la sabiduría y pilares de la religión de esta comunidad; denunciando sus pretendidos error e ignorancia, te has otorgado satisfacción, considerándolos como enemigos, atreviéndote a hacer referencia al hadiz relatado por Ibn ‘Abbas en el cual el Profeta dijo – sobre él la plegaria y la paz – “Buscad el favor de Allâh gracias a ciertos transgresores: cuando os crucéis con ellos, presentadles un gesto severo; buscad la satisfacción de Allâh irritándolos, y aproximaos a Allâh alejándoos de ellos”[6].

¡Asimilarlos a transgresores! ¡Por Allâh , qué imprudencia! ¿Cómo te atreves a aplicar tan fácilmente este hadiz a gentes quienes se reúnen para invocar a Allâh y practicar otras obras de la misma naturaleza?

En resumen, todas tus pruebas reunidas para mostrar la obligatoriedad de ordenar el bien y prohibir el mal no dan lugar a discusión. Es el sentido que tú das a la expresión “mal”, la cual es altamente contestable pues terminas por declarar por tal lo que es intrínsecamente un bien o, en todo caso, una realidad más próxima de la verdad que del error.

Debes estar seguro que es mejor para ti el equivocarte cuando buscas reformar las prácticas religiosas de tus hermanos antes de que tus críticas se vieran justificadas. ¿Ignoras acaso que el honor de los musulmanes debe ser preservado, así como sus bienes y su vida? Y ello por la simple razón de haber pronunciado los dos testimonios de la Fe. Citas la Risala de Ibn Zayd al-Qayrawani – que Allâh esté satisfecho de él – : “Ordenar el bien y prohibir el mal son obligaciones que incumben a todos aquellos quienes ejercen el poder temporal o disponen de una autoridad cualquiera . Si es imposible actuar, se hará mediante la palabra, y si esto se revela igualmente imposible, se debe pensar en el interior” El autor se refiere aquí a un hadiz el cual me permito citar, caso en el cual no tuvieras conocimiento de él : “Aquel de entre vosotros quien es testigo de un mal debe oponerse a él por la mano, si no puede, debe oponerse con la palabra, y si no puede, debe oponerse a él en su corazón, y éste es el último estadio de la fe”[7]. He aquí un excelente método para ordenar el bien y prohibir el mal. Pero relatar de Ibn Arafa que el ordenar el bien y prohibir el mal no son sino una obligación colectiva no milita verdaderamente en favor de esta epístola la cual te has propuesto redactar.

 ¡Pobre de ti! ¡Si solamente te hubieras limitado a citar los hadices que preceden! Estos muestran claramente cómo ordenar el bien y prohibir el mal es impuesto a toda persona capaz de distinguir el bien del mal, pues lo lícito e ilícito son claramente identificables; que es necesario abstenerse de juzgar en los casos ambiguos; y que la manera de reaccionar contra el mal va necesariamente en función de los individuos, fuertes o débiles según los casos y las situaciones: quienquiera tiene la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos, el detentor del poder político por ejemplo, debe actuar y no sustraerse a esta obligación; los sabios musulmanes, quienes no tienen dicha función, deben oponerse por las palabras; en fin, aquel a quien las circunstancias se lo impiden, debe oponerse por el corazón, lo cual es el grado más débil de la fe como dice el hadiz.

Enuncias seguidamente algunas frases sin consistencia, afirmando que es «obligatorio conformarse a la Verdad, a la Tradición de Muhammad, y el seguir las huellas de los piadosos antiguos – que Allâh esté satisfecho de ellos. Ellos tenían, en efecto, la costumbre de amar a los partidarios de la Tradición, de tenerlos en alta estima y de venerarlos, mientras daban la espalda, al contrario, a aquellos quienes se extraviaban, no acordándoles ninguna importancia y detestándoles. Esta naturaleza estaba realmente anclada en ellos quienes, para alcanzar un grado elevado a sus ojos, era necesario manifestar la ortodoxia: aun un personaje poco recomendable no tenía otra solución que el ser considerado como un partidario de la Tradición».

En lo concerniente a la obligación «de conformarse a la Verdad», yo diría que ello es efectivamente de la más imperiosa necesidad, pero únicamente cuando se la conoce de una manera muy clara. Aquél quien está en la duda y “quien ha sido tocado por el Shaytan”[8], ¿cómo podría él conocer la Verdad? Suponiendo que llegara a conocerla, ello no podría producirse sino por la intermediación de los humanos; le será pues imposible conformarse a la Verdad directamente, a menos, que Allâh le abra su visión interior y purifique sus pensamientos íntimos de toda bajeza al respecto de los Justos. El imam ‘Ali – que Allah ennoblezca su rostro – ha dicho: “No seas de aquellos quienes conocen la Verdad por mediación de los hombres, conoce, mejor, la Verdad directamente; conocerás entonces a Sus gentes”.

Describes a los piadosos antiguos como amantes de los partidarios de la Tradición. Pero, ¿quién de entre aquellos quienes tienen fe en Allâh y en Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, no ama a las gentes de la Tradición? ¿No ha dicho el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Quienquiera que no ama no tiene fe”? ¿Ignoras que los sufis, aquellos quienes tú acusas de error, ignorancia y extravío, han instaurado el amor como base de su Vía? A menos –y Allah sabe más– que entiendas por gentes de la Tradición, a las personas de tu género y no a los musulmanes de una forma general. Según los términos de tu pobre prosa, los antiguos «rechazaban a las gentes quienes se alejaban de la Tradición, no les acordaban importancia alguna y los detestaban».

Hasta aquí nada permitía identificar a estos adversarios de la Tradición, pero tú has especificado claramente: «como los sufis de nuestra época». Leyendo esto, me he dicho a mí mismo: “¡Ahí está: El bebé que el chayj acaba de dar a luz se pone a gritar!”

Este mal al cual haces alusión, objeto de toda tu epístola, se encuentra ahora claramente identificado: se trata del sufismo, calamidad de las más graves, según tú. Y todas estas torpezas que relacionas seguidamente no son sino digresiones, porque lo esencial de un ensayo figura en su introducción, a menos de suponer que hubieras tratado de introducir tu epístola por una mención de los sufis a título de bendición, lo cual me sorprendería verdaderamente. Finalmente, todo ese mal y todas las innovaciones reprehensibles a las cuales aludes quedan circunscritas a esta precisión: «como los sufis de nuestra época ». Fuera de ellos no existe pues nada dañino de lo cual hubiera que preservarse. Dicho esto, ya que limitas tu crítica a los sufis de nuestro tiempo, no hubieras suscitado nuestra cólera, si te hubieras quedado ahí, ¡pero veamos! Has llegado incluso a citar las palabras de Turtushi, para quien la corriente del sufismo en general no es sino error, ignorancia y extravío. ¡Pobre de ti! ¡Si solamente sus palabras no hubieran llegado a tus oídos! Tu corazón habría podido quedar virgen de toda crítica concerniente a los guías espirituales del pasado y Allâh no hubiera tenido que juzgar sino entre tus contemporáneos y tú mismo.

Continuas: «La mayor parte de nuestros contemporáneos se han involucrado en las mentiras forjadas por los innovadores, aquellos quienes se desvían cuando alguien se opone a sus innovaciones y costumbres reprehensibles, no autorizadas ni tan siquiera, fuera de las escuelas jurídicas habituales[9]».

Hablando de «aquellos quienes se han involucrado en las mentiras forjadas por los innovadores», ¿estás aludiendo acaso a los grupos de discípulos? Si es este el caso, entonces, ¡qué audaz jurista eres tú y de cuánta sagacidad estás dotado! El inconsciente se imagina que su ausencia de moderación es una prueba de bravura, sin darse cuenta como “la moderación forma parte de la fe».

Más retorcidas y acerbas son aún tus alegaciones según las cuales nadie autorizaría sus pretendidas innovaciones «ni tan siquiera fuera de las escuelas jurídicas». Seguramente has explorado y resumido todo para nosotros – ¡Allâh te bendiga! Pero, por Allâh , ¿cuáles son esas innovaciones no autorizadas? ¿Acaso se trata de las reuniones de discípulos donde se invoca a Allâh y se llama a las gentes a Él? ¿Te refieres a la invocación en grupo y en voz alta? ¿Quieres decir las invocaciones a ritmo con movimientos corporales o a sus esfuerzos por provocar la iluminación espiritual? ¿Son estas tres cosas por las cuales te has extenuado buscando las citas que las conciernen en los tratados de las escuelas jurídicas sin encontrar allí permiso alguno? Tengo la impresión de que no has encontrado ahí mención alguna, ni tan siquiera en la categoría de cosas desaconsejadas; y además, suponiendo que este hubiera sido el caso, los actos desaconsejados, no dejan por ello de estar permitidos: ¡he aquí lo que hubiera debido moderar tu ardor!

La razón la cual avanzas para demostrar que son innovadores es bastante cómica: «pues sea ellos pretenden que el sabio emprendedor (es posiblemente a ti a quien te refieres) coarta su libertad, sea ellos afirman que el instigador de las innovaciones es quien tiene razón».

¿Es pues por esto por lo cual les acusas de dedicarse a innovaciones reprehensibles para las cuales no se encuentra autorización alguna? ¡Qué extraña retórica! ¡Qué método tan singular!

Añades seguidamente: «A veces le injurian y se ríen de él» Puede ser que una desdicha semejante te haya ocurrido en alguna ocasión. Tales experiencias, por muy penosas que sean, no tienen nada de extraño en tu caso: es la respuesta del pastor a la pastora. La manera en la cual te dedicas a ordenar el bien, prohibir el mal y llamar a Allâh, no testimonia de una gran ciencia: he aquí la razón de una tal desdicha; no has respetado las consignas transmitidas por Allâh a Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – en cuanto se refiere a la manera de llamar a las gentes a Allâh : “Llama a las gentes a la vía de tu Señor mediante la sabiduría de una bella exhortación; y no discutas con ellos sino es de la mejor manera”[10] (Corán 16-25).

El Pueblo[11], se ha visto investido de la buena manera de llamar a las gentes a Allah, y es él quien ha sido escogido para esta misión; es por ello que el joven y el mayor, el noble y el humilde siguen dócilmente a los sufis. Se acepta fácilmente lo dicho por ellos, pues sus exhortaciones emanan del corazón y no de los libros; ahora bien, «lo que sale del corazón toca los corazones»: sus predicaciones imprimen una marca profunda, y sus alusiones espirituales se difunden en todo el ser de los discípulos. Gracias a este noble versículo, han comprendido que las gentes se dividen en tres categorías[12]; es más, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Tratad a las gentes según su rango”.[13] La primera categoría agrupa a aquellos quienes, cuando se les llama a Allâh, no se someten sino por el efecto de  “la sabiduría”; ellos son la élite de los servidores de Allâh. Los segundos se benefician de las “bellas exhortaciones”, corteses y sutiles, las cuales provocan en ellos, ya sea el temor, o el deseo. El tercer grupo está compuesto por los polemistas y este es el más penoso para los guías, ya sean estos, profetas o santos; Allâh ha permitido al Enviado el polemizar con ellos, a condición de recurrir a “la mejor manera”.

Así pues, lo mejor es el tener un buen comportamiento, no siendo el empleo de la fuerza sino el último recurso para propagar el mensaje. Quien se separa de esta línea de conducta para llamar a las gentes a Allâh verá frecuentemente rechazados sus requerimientos, como podemos deducir de la palabra del Profeta –sobre él la plegaria y la paz- : “Quien ordena el bien debe ordenarlo correctamente”, es decir con dulzura y cortesía, para que su orden sea mucho más fácil de aceptar- y Allâh es más sabio.

Después de haber terminado esta introducción sobre el ordenar el bien y el prohibir el mal, pasas a la acción de la rectificación de esos pretendidos males, los cuales son a tus ojos las reuniones en las cuales los sufis invocan a Allâh, piden bendiciones sobre el Profeta y leen el Qur’an. He aquí lo que escribes: «Alguien preguntó a Hasan al-Basri lo que pensaba sobre una reunión de gentes ortodoxas quienes se encontraban en la casa de uno de ellos para recitar el Qur’an, pedir bendiciones sobre el Profeta –sobre él la plegaria y la paz– y para ellos mismos, así como para el conjunto de los musulmanes. Él lo prohibió severamente, porque los piadosos antiguos no hacían nada semejante y, en virtud de esto, ello no se podía integrar en la religión. En efecto, nadie aspiraba más al bien que estos últimos; ellos hubieran tomado recurso a dichas prácticas si las hubieran encontrado verdaderamente benéficas».

Si lo que te molesta de los sufis, es que se reúnan en casa de uno de ellos para recitar el Qur’an, pedir las bendiciones sobre el Profeta, rezar para ellos mismos y por el conjunto de los musulmanes; si ello te molesta de tal manera que te has puesto a buscar fuentes las cuales legitimen tales prácticas y, no encontrándolas, has supuesto que podría tratarse de transgresiones contrarias a las costumbres de los antiguos, por mi parte, yo pido a Allâh que haga que mis transgresiones, las de mis amigos y aún las del conjunto de la comunidad, sean como esas, si estas reuniones las cuales acabas de describir son tales y como acabas de hacerlo. Y si existe una falta indiscernible en primera instancia, entonces que Allâh nos preserve a ti y a mí de nuestras faltas.

Esta historia, suponiendo que fuera cierta, no constituye una prohibición general de este género de reuniones. Primeramente, es necesario precisar que si Hasan al-Basri hubiera sido un muŷtahid, él no era probablemente el único de su generación pudiendo gozar de una tal cualidad; puede incluso que él mismo se encontrara en el grupo en cuestión (y ello no tendría nada de extraño), pues aquella época era la de los sucesores de los Compañeros del Profeta. Además, esta anécdota es más bien un argumento favorable a los sufis, pues tú mismo estableces cómo reuniones de este género tenían lugar en los tiempos de los sucesores de los Compañeros; ahora bien, ¿no estamos obligados a tomarlos como modelos? ¿Consideras que este grupo de bienaventurados haya podido actuar así sin apoyarse en justificaciones sólidas? ¿No sabes tú que Hassan al-Basri, aquél a quien precisamente te refieres, es el guía de la comunidad de los sufis? Es de notoriedad pública cómo él figura en la cadena de transmisión del sufismo[14] (silsila). Es el imam ‘Ali –que Allâh ennoblezca su rostro– quien le inició y a través de él la iniciación ha sido transmitida a al-Ajami, Dawud a-t-Ta’i y a muchos otros, hasta llegar a Ŷunayd. Según otra cadena, el imam ‘Ali –que Allâh ennoblezca su rostro– inició a su hijo Hasan –que Allâh esté satisfecho de él-, y por este último, la iniciación fue transmitida a Abu Muhammad Ŷabir, después a Sa’id al Ghazwani, y así seguidamente hasta llegar a nos, ¡la alabanza a Allâh!

Pero tú pareces ignorar el principio de la transmisión iniciática de la vía profética, pues si no, no rechazarías al sufismo y sus adeptos. Te voy a procurar pues algunas referencias, las cuales, puede ser te serán útiles o constituirán una prueba en tu contra.

El imam Sha’rani dice esto en su obra titulada “Los santos efluvios que explican los principios de los sufis”: «Según los maestros, el secreto de la iniciación consiste en que el corazón del discípulo se vincule al Chayj, después (a través de él) al Profeta –sobre él plegaria y la paz -, a Gabriel –sobre él la paz– y finalmente a Allâh –bendito y exaltado sea-, amándolos y siguiéndolos dócilmente. El principio mismo de intermediación actúa cuando se trata de juzgar de la cualidad de musulmán de cualquiera; este no le es reconocido sino cuando él dice: “No hay otra divinidad que Allâh” para conformarse a la orden del Profeta –sobre él la plegaria y la paz- : “Di: No hay divinidad sino Allâh”. Otro hadiz va en el mismo sentido: “Ninguno de vosotros tiene fe en tanto sus pasiones no sean conformes a la enseñanza que os he dado”. La primera cosa la cual llega al discípulo cuando está vinculado a la cadena del Pueblo por la iniciación y que surge un problema el cual turba su corazón y le desconcierta, es que el espíritu de los santos –después, su Maestro inmediato hasta el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y la Presencia divina responden a su llamada; su aflicción, así como sus preocupaciones desaparecen entonces. Como en una cadena, cuando un eslabón se mueve, los demás hacen eco. En cuanto a aquél quien no está iniciado en la vía del Pueblo, los espíritus de los adeptos a esta vía no le responden, porque no tiene un lugar entre ellos… »

Ahora que ya sabes esto, diré – Allâh me asista – que Tabarani, el Imam Ibn Hanbal, al Bazzar y otros, relatan a través de una cadena de transmisión satisfactoria, que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo a un grupo de Compañeros en presencia de los cuales se encontraba: “¿hay algún extranjero entre vosotros?”

– No, Enviado de Allâh, respondieron.

Pidió entonces que cerraran la puerta y les dijo: “Levantad las manos y repetid: No hay divinidad sino Allâh”.  Shaddad Ibn Aws relata: “Estuvimos con nuestras manos levantadas durante una hora diciendo: “No hay divinidad sino Allâh”. El Profeta –sobre él la plegaria y la paz– dijo entonces: “Oh, Allâh, Tú me has enviado con esta palabra, me la has ordenado, me has prometido el paraíso a cambio y ¡en verdad Tú no faltas jamás a Tu promesa!”. Después concluyó –sobre él la plegaria y la paz- : « Regocijaos, pues Allâh –exaltado sea– os ha perdonado”[15].

Este hadiz muestra, pues, a los maestros, cómo deben hacer para enseñar a los discípulos la invocación en grupo. En cuanto a la enseñanza de la invocación a un discípulo en privado, he aquí un hadiz relatado por Ŷalalu-d-Din a-s-Suyuti –que Allâh esté satisfecho de él-, cuya transmisión ha sido asegurada por algunas cadenas satisfactorias. “Ali ibn Abu Talib – que Allâh esté satisfecho de él y ennoblezca su rostro – relata : – Pedí al enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – que me indicara el camino más corto para llegar a Allâh – exaltado sea – el más fácil para los servidores y el más excelente a los ojos deAllâh – exaltado sea –“.
– Ali: invoca continuamente a Allâh, en voz alta o en voz baja, le fue respondido.
– Todo el mundo invoca. Lo que yo deseo, es que me indiques una invocación especial, insistió Ali – que Allâh esté satisfecho de él.
El Enviado – sobre él la plegaria y la paz – replicó:
– Ali, la mejor cosa que hemos dicho los Profetas quienes me han precedido y yo mismo, es: “La ilaha illa-l-Lah”[16]. Si los siete cielos y las siete tierras se encontraran sobre un platillo de la balanza y “La ilaha illa-l-Lah” sobre el otro, es de este lado que ella se inclinaría. Ali, – añadió el Profeta –la Hora no vendrá en tanto que haya alguien sobe la tierra quien diga: “
¡Allâh, Allâh!”
Ali preguntó aún:
– ¿Cómo debo invocar, Enviado de Allâh?
– Cierra los ojos, le respondió el Enviado – sobre él la plegaria y la paz -, y escúchame decir: “La ilaha illa-l-Lah” tres veces; después di tú mismo “La ilaha illa-l-Lah” mientras yo escucho….[17]

He aquí de memoria lo esencial del hadiz, del cual relato en algunas partes el sentido y no la letra: él constituye el primer eslabón de la cadena de transmisión (de la enseñanza) del Pueblo. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha ordenado cerrar la puerta antes de comenzar la instrucción en grupo, preguntando: “¿Hay algún extranjero entre vosotros?” – para demostrar que la vía del Pueblo está fundada sobre el secreto: aquellos quienes son extranjeros y no creen en ella no pueden asistir a una tal enseñanza; su ausencia es necesaria, pues su falta de cualificación les podría conducir a denigrar aquello de lo que son testigos.

Yusuf al-Kurani –que Allah esté satisfecho de él– ha dicho esto: “Ali, –que Allah ennoblezca su rostro– ha iniciado a Hasan al-Basri, quien ha iniciado a Dawud a-t-Ta’i, y así hasta el Imam Ŷunayd, el Maestro de esta comunidad, a partir del cual el sufismo se ha ramificado y extendido: él durará tanto como dure la religión… (Extraído de la Nusra a-n-nabawiyya).

El autor de Ruh al-bayan (Ismail Haqqi al-Barousawi), comentando Su Palabra –exaltado sea- : “Aquellos quienes te prestan alianza, prestan alianza en realidad a Allâh”[18], vincula a este versículo la tradición sufí del pacto y la enseñanza de Maestro a discípulo. Pero, a decir verdad, no se necesita explicación alguna cuando uno conoce el sujeto; quienquiera experimente la necesidad de enfrascarse en ello no demuestra una gran clarividencia.

Pero, dime – ¡Allâh sea testigo! -, ¿por qué cadena de transmisores has sido iniciado tú a “La ilaha illa-l-Lah”, según la tradición la cual acabo de describir más arriba? Antes bien, tengo la impresión de que no has recibido nada parecido.

Pero volvamos a estas reuniones de las cuales se trata más arriba. Por Allâh, dime cómo podría dañar a la religión la reunión de un grupo de musulmanes en casa de uno de ellos o de cualquier otro creyente para recitar el Qur’an o realizar prácticas piadosas del mismo género. Si tu oposición procede simplemente de ese relato, según el cual Hasan al-Basri habría prohibido severamente una tal reunión, según tú cuentas, entonces sabe que una tal «prueba» no puede prevalecer contra todos los relatos auténticos y los hadices explícitos los cuales contradicen este dicho. Incluso, aunque no existiera ninguna fuente escrituraria[19] la cual prescribiera las reuniones de Recuerdo, no estaría sin embargo permitido el oponerse a ellas, principalmente –y tú mismo lo reconoces– porque ellas existían en el tiempo de los sucesores de los Compañeros. Tales reuniones eran pues practicadas por autoridades cuya integridad y talla religiosa es reconocida por la mayor parte de los musulmanes. En mi opinión, ningún sabio aparte de ti osaría decir que nunca se ha oído decir nada de la práctica en grupo de la invocación, aún en el caso hipotético de la ausencia de ninguna fuente escrituraria la cual la autorizara. Pero, en realidad, la Tradición está llena de incitaciones a practicarla, y la comunidad es unánime en recomendarla. Por Allâh, ¡es increíble! ¿Cómo te las has arreglado para encontrar esa prohibición severa de las reuniones del Recuerdo que atribuyes a Hasan al-Basri – que Allâh esté satisfecho de él – mientras el hadiz siguiente transmitido por Muslim y al-Hakim no ha llegado a tu conocimiento?

Según Abu Hurayra – que Allâh esté satisfecho de él -, el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Allâh dispone de ángeles nobles quienes recorren la tierra en busca de las asambleas del Recuerdo (dikr); cuando encuentran una de ellas, la rodean y se colocan unos por encima de los otros, cubriéndolas con sus alas superpuestas hasta el cielo. Allâh –ta’ala– se dirige entonces a ellos:
– ¿De dónde venís?
– Venimos de la compañía de Tus siervos quienes Te glorifican, Te magnifican, Te alaban, afirman Tu Unicidad, Te suplican y buscan Tu protección, responden los ángeles.
– ¿Que me piden? (y Él lo conoce mejor que ellos)
– Te piden el Paraíso
– ¿Lo han visto?
– No, ¡oh, Señor!
– ¡Que dirían si lo vieran! ¿De qué quieren que Yo les proteja?
– Del fuego
– ¿Lo han visto?
– No.
– ¡Que dirían si lo vieran!
Después El añade:
– Sed testigos de que Yo les he perdonado, les he concedido lo que Me piden y les he protegido de aquello de lo cual temen.
Los ángeles intervienen entonces:
– Señor nuestro, un siervo tuyo pecador se encuentra entre ellos. Pasaba simplemente por allí y se ha sentado con ellos.
Entonces Allâh les responde:
– Yo le perdono también, pues forma parte de un grupo cuyos componentes no serán nunca desdichados
.”

Considera – Allâh te bendiga – este grupo del cual hablan los ángeles al Señor de los mundos[20]: ¿no se asemeja a aquél del cual este hombre hablaba a Hasan al-Basri? O aun, ¿no se trata de ese mismo grupo? ¡Y tú dices que él lo ha censurado duramente! ¿Qué podemos decir?

Allâh – ta’ala – colma a las gentes del Recuerdo y les promete “lo que ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, y nunca ha imaginado el espíritu humano”[21] : El les concede Su misericordia en contrapartida de sus obras, pero tú, al contrario, les adviertes que no tendrán otra retribución que Su Cólera. ¿Por qué desdeñas de esta manera el juicio que Allâh – exaltado sea – ha emitido al respecto de las asambleas de Recuerdo? ¿Por qué buscar otras fuentes, si ello desemboca finalmente en decidir contrariamente al juicio divino? ¿No es esto una falsificación realizada en contra de la religión divina? Desgraciado seas si alcanzas tu objetivo, pues numerosos son los hadices auténticos los cuales alaban las asambleas de Recuerdo y el océano de la Tradición desborda de ellas de tal manera que ha alcanzado su plétora. Citaremos algunos ejemplos de ello lo cual te permitirá – si Allâh quiere – tratar tu enfermedad.

¿Ignoras que para el Profeta mismo – sobre él la plegaria y la paz -, asistir a una reunión de Recuerdo tenía más valor que obtener este bajo mundo y todo lo cual él contiene?  Bayhaqi relata de Anas – que Allâh esté satisfecho de él – cómo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho:Invocar a Allâh – exaltado sea – en compañía de un grupo de gentes, de la plegaria del alba hasta la salida del sol, me es más agradable que todo éste bajo mundo y cuanto él contiene. Invocar a Allâh –exaltado sea– en compañía de un grupo de gentes, de la plegaria del ‘Asr hasta la puesta del sol, me es más agradable que todo éste bajo mundo y cuanto él contiene”[22]. Igualmente, Abu Dawud relata de Anas – que Allâh esté satisfecho de él – que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Sentarme en compañía de gentes quienes invocan a Allâh, después de la plegaria del alba hasta la salida del sol, me es más agradable que liberar a cuatro descendientes de Ismael. Sentarme en compañía de gentes quienes invocan a Allâh, desde la plegaria del ‘Asr hasta la puesta del sol, me es más agradable que liberar a cuatro descendientes de Ismael”[23]. El ha dicho igualmente: “Allâh posee ángeles nobles quienes recorren los caminos en busca de las gentes del Recuerdo; cuando encuentran un grupo de gentes invocando a Allâh, se interpelan de la siguiente manera:
¡Venid: He aquí lo que buscabais!
Seguidamente los rodean y se colocan los unos encima de los otros, superponiendo sus alas hasta el cielo. Allâh –bendito y exaltado sea– les dice entonces:
– Sed testigos de que Yo les he perdonado.
Uno de los ángeles interviene diciendo:
– Oh Señor, hay entre ellos un tal, quien es un pecador. Ha pasado por allí y se ha sentado con ellos.
Pero Allâh –bendito y exaltado sea– concluye así:
– ¡Ellos son el Pueblo! Aquél quien se sienta en su compañía no puede ser desdichado”.

Mu’awiya – que Allâh esté satisfecho de él – ha relatado que el Profeta había encontrado un día un grupo de sus Compañeros quienes estaban reunidos; les preguntó:
– “¿Qué hacéis así sentados?”
– Nos hemos reunido para invocar a Allâh y alabarLe, pues El nos ha conducido al Islam y nos ha gratificado con él, le respondieron.
– Por Allâh, ¿es verdaderamente por esto que os habéis reunido? , exclamó el Profeta.
– ¡Por Allâh, esta reunión no tiene otro motivo!
El Profeta se explicó entonces:
– Ciertamente yo no buscaba poner en duda vuestras palabras: sabed que Gabriel me ha visitado para informarme que Allâh muestra a Sus ángeles que está orgulloso de vosotros
.[24]

– El Profeta ha dicho igualmente – sobre él la plegaria y la paz – :He aquí que Allâh –exaltado sea– proclama: «El día de la Resurrección, se sabrá distinguir a los nobles de aquellos quienes amasan» Alguien dijo entonces: “¿Quiénes son los nobles, Enviado de Allâh?
– Las gentes de las asambleas de Recuerdo, respondió el Profeta”
[25]

He aquí aún otra palabra suya:Cuando las gentes se reúnen para invocar a Allâh –exaltado sea-, únicamente motivados por el deseo de Su Rostro, un heraldo del cielo dice en alta voz: – He aquí que estáis perdonados. Vuestras malas acciones se han transformado en buenas obras –“ [26]

Y aún:Allâh dispone de ángeles quienes recorren la tierra en busca de las asambleas del Recuerdo; cuando las encuentran, se apresuran en rodearlas”.
O bien:” El botín de las asambleas del Recuerdo es el Paraíso”[27]

El ha dicho asimismo: “Allâh dispone de ángeles quienes recorren la tierra en busca de las asambleas del Recuerdo, para establecerse seguidamente a su lado; así pues, recrearos en las praderas del paraíso.”
– ¿Dónde se encuentran estas praderas del paraíso? preguntaron los Compañeros.
– Ellas son las asambleas del Recuerdo, respondió el Profeta; así pues, id y venid en el Recuerdo de Allâh e invocadle vosotros mismos.”
[28].

Igualmente él ha dicho: “Todo grupo de gentes quienes invoquen a Allâh se ve rodeado de ángeles y envuelto por la misericordia divina, mientras que la paz divina le recubre; Allâh menciona a estas gentes a aquellos quienes están cerca de Él.”[29].

En su Taghrib, al-Isfahani relata que el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo un día a Abu Razin: “¿Quieres saber cómo obtener lo mejor de este mundo y del otro?”. “Ciertamente” opinó Abu Razin. El Profeta le confió entonces: “Frecuenta las asambleas del Recuerdo y vigila, cuando estás solo, que tu lengua esté húmeda por la invocación de Allâh – exaltado sea.”[30]

He aquí aún dos otras palabras suyas: “Las gentes quienes abandonan una reunión donde Allâh no ha sido mencionado se parecen a aquél quien se aleja de un cadáver de asno; en el día de la Resurrección, aquellos lo lamentarán”.[31] ”La paz desciende sobre las asambleas del recuerdo, los ángeles se presentan alrededor de ellas, la misericordia divina las envuelve, y Allâh las presta atención”.

Puede ser que no hayas prestado atención a esto, pero Allâh te interpela: “Nos hemos levantado tu velo y he aquí que tu vista es hoy penetrante”[32]. Examina bien estas palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, pues proclamas tu pertenencia a su comunidad. Un solo hadiz hubiera sido suficiente para probar que las asambleas del Recuerdo son una prescripción tradicional; pero lo relatado por el imam Ahmad (Ibn Hanbal) en su Zuhd te confirmará, si necesario es ya, cómo ellas tenían lugar en los tiempos del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Thabit relata cómo Salman se encontraba en compañía de gentes quienes invocaban a Allâh, cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – pasó por aquel lugar. Como al verle cesaron de invocar, el Profeta dijo: “Viendo la misericordia descender sobre vuestro grupo, he deseado unirme a vosotros para beneficiarme de ella”. Después añadió: “Alabanza a Allâh, Quien ha puesto en el seno de mi comunidad a estas gentes de las cuales El me ha ordenado no separarme”.[33]

El hadiz de Mu’awiya – que Allâh esté satisfecho de él – citado arriba va en el mismo sentido: el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, encontrando un día a un grupo de sus Compañeros estando reunidos, les dijo: “¿Qué hacéis ahí sentados?”
– Nos hemos reunido, para invocar a Allâh y alabarle, pues El nos ha dirigido al Islam y nos ha gratificado con él, le respondieron.
– Por Allâh, ¿es verdaderamente por eso que os habéis reunido? exclamó el profeta.
– Por Allâh, esta reunión no tiene otro motivo.
El Profeta se explicó entonces:
– Ciertamente yo no buscaba el poner en duda vuestras palabras: sabed que Gabriel me ha visitado para informarme cómo Al lâhmuestra a Sus ángeles que está orgulloso de vosotros”.

¿Todo esto no basta para estar convencido que, en su tiempo – sobre él la plegaria y la paz – existían las asambleas del Recuerdo? En cuanto a Umar ibn al Jattab – que Allâh esté satisfecho de él -, se cuenta igualmente cómo incitaba a sus compañeros a invocar hasta la extenuación, orientándoles entonces hacia cualquier otra actividad (según el autor del Nusra-n-nabawiyya).

Dicho esto, yo no comprendo exactamente qué te molesta de los sufis. ¿Es simplemente el hecho de reunirse, o la invocación únicamente, o lo uno y lo otro a la vez?

¿Se trata del hecho de invocar en voz alta? Entonces ignorarías el hadiz citado por Bujari. Este último menciona el relato de Ibn Abbas – que Allâh esté satisfecho de él – : “En tiempo del Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – , las gentes invocaban en voz alta una vez la terminada la plegaria canónica.”[34] . Yo añado que otro tanto ocurría en el tiempo de los jalifas[35]. Se cuenta que en la época de Omar, había gentes quienes invocaban a Allâh en voz alta en el momento de la puesta del sol. Cuando sus voces se volvieron inaudibles, Umar Ibn al-Jattab les dijo: “¡Elevad el recuerdo!”, es decir: “¡Levantad la voz!”.

Según Ŷabir Ibn ‘Abdu-l-Lah al Ansar – que Allâh esté satisfecho de él – , alguien se encontraba invocando en voz alta, cuando un hombre exclamó: “¡Si solamente pudiera bajar la voz!”. El Profeta dijo entonces  a este último: “¡Déjale! Se trata de alguien quien multiplica la invocación de su Señor.”

Igualmente, Bayhaqi nos hace llegar de Zayd Ibn Aslama la historia siguiente, relatada por Ibn al-Awura: “Salí una tarde con el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, y encontramos en la mezquita un hombre quien invocaba en voz alta. Yo dije: “Enviado de Allâh, puede ser que haga esto por ostentación”. “No”, me respondió, “se trata de alguien quien multiplica la invocación de su Señor”.

Todas estas referencias son tan claras como fiables, pero lo que nos hace llegar Abu Shuya a-d-Daylami en su Musnad al-Firdaws es aún más explícito. Ibn ‘Umar – que Allâh  esté satisfecho de él – relata que el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho:Quienquiera proclama «La ilaha illa-l-Lah», insistiendo en las palabras, Allâh le instalará en la casa de la Gloria y le gratificará con la visión de Su Rostro”.

¿Cuánto más decir para juzgar sobre el carácter tradicional de la invocación en voz alta? Aun y cuando no hubieras encontrado nada en la Tradición al sujeto de las reuniones donde se invoca al unísono a una sola voz, hubieras debido atenerte a lo expresado por los juristas de la llamada a la plegaria realizada el unísono por varios muecines: ellos juzgan esto como más eficaz para poner freno a las pasiones y agitar más profundamente el corazón de los fieles. De todas maneras, aun y cuando no hubiera ninguna referencia escrita para autorizar las reuniones del Recuerdo y su práctica en voz alta, no sería por ello admisible el criticarlas puesto que los más importantes muŷtahid las aceptan; ahora bien, todo muŷtahid tiene derecho a ver respetado su punto de vista. Pero en realidad, la Tradición está llena de referencias explícitas o alusivas a esta práctica, como acabamos de ver.

Finalmente, las prácticas del Pueblo: invocación, reuniones, relaciones familiares, amor fraternal y otros imperativos de la vía, se han extendido de tal manera que han terminado por provocar la adhesión de casi toda la comunidad. Si deseas darte cuenta de ello, y si las decisiones de los juristas cabales y de los imames modelos relativas a esta cuestión te interesan, entonces mira bien lo que se encuentra en el margen de la Ra’iyya (el Pueblo) de a-sh-Sharishi. El ha reunido una tal cantidad de decisiones de juristas del pasado y de contemporáneos que me resulta imposible el citarlas todas. No consideres las gentes a quienes se refiere como juristas marginales o especialmente conocidos por su afiliación al sufismo; pues dudarías de ellos ya que esta escuela te parece dudosa. De hecho, se trata de auténticos representantes de la escuela del Imam Malik, como por ejemplo Shabrakhiti; o de la escuela del Imam Shafi’i, como por ejemplo Ŷalalu-d-din a-s-Suyuti y sus discípulos ; o aún de la escuela de Abu Hanifa, como por ejemplo Firuzabadi, el autor de Qamus, siendo los hanifitas particularmente numerosos. Nos te presentaremos  a continuación algunas de sus citas. Imagino que ello te bastará.

El autor de Futuhat wa-l-adhwaq (Apertura de las percepciones) relata que el Chayj ‘Abdu-l-Gani a-n-Nabulusi fue interrogado al respecto de las prácticas de los sufis, tales como los círculos del Recuerdo y la invocación en voz alta en las mezquitas y otros lugares. Después de haber criticado a aquellos quienes se oponían a las asambleas del Recuerdo, este último respondió: «Voy a citarte lo que dicen los sabios en sus libros fiables, aceptados y reconocidos por los musulmanes y voy a informarte de las decisiones propias a las cuatro escuelas jurídicas. Allâh es el Señor de la gracia y sus beneficios. El gran hafiz Ŷalalu-d-Din a-s-Suyuti – que Allâh esté satisfecho de él -, especialista del hadiz y uno de los más grandes imames shafi’itas, ha compuesto al sujeto de la invocación en voz alta una obra titulada «Reflexiones a propósito de la invocación en voz alta». En este libro, el autor responde a la cuestión siguiente: las prácticas de ciertos sufis, reuniones del Recuerdo, invocación en voz alta en las mezquitas, elevación de la voz para recitar el testimonio de fe, ¿son desaconsejadas o no? Suyuti concluyó que no lo son en absoluto: «Ciertos hadices muestran que es preferible invocar en voz alta y otros en voz baja. Ambos se concilian deduciendo que esto depende de las circunstancias y de las personas». El autor continúa entonces citando el parecer de los doctores de las diferentes escuelas.

Admitirás probablemente que Suyuti tiene un conocimiento de los principios y de las aplicaciones jurídicas superior al tuyo, así como el gran malikita Shabrakiti – que Allâh  esté satisfecho de él. Voy, en consecuencia, a citarte sus exposiciones y los consejos emitidos por él. Después de haber alabado a Allâh y pedido la gracia para Su Enviado, dice esto: “Las sesiones de invocación practicadas por estos grandes hombres son bien conocidas: los sabios y juristas asisten a sus reuniones, generación tras generación, desde el tiempo de los antiguos hasta nuestros días. Su estado es loable, su vía benéfica, y quienquiera les cause perjuicio se expone a las amenazas enunciadas en la tradición santísima: “Quienquiera perjudica a uno de Mis santos, Yo le declaro la guerra”. Algunos entre ellos no son santos; pero gracias al amor profesado por ellos a estos últimos, y puesto que ellos siguen su vía, benefician de la protección divina acordada a estos santos.”

Esta cita, está extraída de la obra Nusra-n-nabawiyya (La victoria del Profeta), la cual cita igualmente las palabras siguientes de Firuzabadi: “Es inaceptable el oponerse al Pueblo de manera irreflexiva, debido a su alto nivel de comprensión y de revelación espiritual. No conocemos de ellos el que hayan prescrito prácticas nefastas para la religión o que hayan prohibido practicar la ablución, la plegaria o cualquiera de los ritos obligatorios y recomendados del Islam. Sus propósitos son simplemente a veces algo sutiles para ciertas inteligencias”. Según la Nusra-n-nabawiyya, Firuzabadi decía igualmente: «El Pueblo ha alcanzado estados y grados de ciencia desconocidos. Si las fuentes escritas no hablan de ellos explícitamente, los más grandes sabios, aquellos quienes ponen en práctica su ciencia, no experimentan sin embargo ningún problema en ponerlos en relación con el Libro y la Tradición, y esto por dos razones: ellos saben extraer de los textos las ciencias que estos contienen, haciéndose a través de ellas una excelente opinión de los Justos.

Desdichadamente, muy pocas gentes poseen la capacidad de abstenerse en criticar los discursos que no comprenden, siendo el ser humano naturalmente apresurado[36]. Baste con recordar aquí cómo Abu-l-Abbas Ibn Suraiy, a pesar de su ciencia e inteligencia, criticaba este arte. No obstante, en una ocasión, asistió a una reunión presidida por Abu-l-Qasim al-Ŷunayd, a fin de comprobar en qué consistía la enseñanza de los sufis ; seguidamente, a la salida de la misma, respondió a aquellos quienes le preguntaban su opinión: «No comprendo lo que dicen, pero encuentro cómo su discurso actúa fuertemente en el corazón, cómo su aspecto exterior testimonia de una espiritualidad real y de una consagración total a Allah, y finalmente, que sus palabras no tienen nada de erróneas… ».

Hermano, yo no creo que tus predecesores, entre los sabios de la región de Túnez, hayan obrado como tú. Al contrario, es bien notorio como ellos reverenciaban la escuela del sufismo y veneraban a sus adeptos. Ellos están bien al corriente de la fatwa del Chayj del Islam, Muhammad Biran; en respuesta a una pregunta relativa a las prácticas de los sufis, este último afirma principalmente lo siguiente: «esta vía dispone de una cadena de garantes por la cual remonta hasta el transmisor de la Revelación – sobre él la plegaria y la paz -, lo cual es indudablemente conforme a los principios de una religión tan sólidamente establecida como lo es la nuestra». En el compendio de ciencia del hadiz y las obras que tratan de los fundamentos del derecho, los sabios han mostrado cómo la noción cadena de garantes es una de las particularidades de esta noble y bendita comunidad; ahora bien, como hemos dicho, es el Profeta mismo quien constituye su primer eslabón. En esta vía, se practica en particular la invocación en voz alta: nada se opone a ello, como lo muestra el pasaje siguiente de Durr al-mujtar ‘an al-fatwa-l-jayriyya: «es el hadiz mismo quien incita a practicar la invocación en voz alta, conformemente a la siguiente tradición, citada por Bukhari y Muslim: …, y si él Me invoca en una asamblea, Yo le invoco en otra asamblea mejor[37]».

 Hamawi cita igualmente esto del Imam Sha’rani: «Los sabios de ayer y de hoy son unánimes sobre el carácter recomendable de la invocación en grupo, en las mezquitas o en otros lugares, salvo cuando esto molesta a quienes duermen, rezan o recitan el Qur’an… ». Este pasaje está extraído de la Nusra-n-nabawiyya, el cual relata el pensamiento de Sha’rani “in extenso”. Esta opinión y aquellas del mismo orden emitidas por los sabios de Túnez, testimonian de su respeto a propósito de los miembros de las cofradías, excepción hecha del comportamiento del Qadi Ibn al-Barra hacia el Imam Shadili – que Allâh esté satisfecho de él – ; pero esta historia es bien conocida. Dicho de paso, Ibn al-Barra no se oponía al sufismo en sus principios, sino a alguien en particular; y él sufrió por otra parte las consecuencias que ya conoces. ¡Que Allâh nos preserve, así como a los musulmanes, de las críticas malsanas sobre el Islam y los musulmanes!

Seguidamente dices que Malik – que Allâh esté satisfecho de él – ha comentado así Su Palabra – exaltado sea -: “Hoy, he perfeccionado vuestra religión…”[38] «Las prácticas que, en el día en el cual fue revelado este versículo, no formaban parte del ritual religioso, no forman parte de él hoy en día; solamente los actos de devoción instaurados por la Ley pueden ser practicados ». Añades seguidamente a esta cita un comentario de tu cosecha: «ahora bien, tales reuniones no han sido jamás instauradas por la Ley; ellas no son pues válidas para adorar a Allâh».

Verdaderamente, no pueden ser consideradas como científicamente fiables las gentes quienes, como tú, no distinguen el texto original de sus propios comentarios. A propósito de Ibn Ishaq, alguien preguntó al Imam Ahmad (Ibn Hanbal) – que Allah esté satisfecho de él -: « ¿Aceptas un hadiz del cual Ibn Ishaq es el solo transmisor?» Ibn Hanbal respondió entonces: « ¡No, por Allâh! A veces le ocurre que relata las palabras de un grupo de algunas personas sin atribuir con precisión a cada uno de ellos las palabras que les son propias.[39]»

Tengo la impresión que tu fin es convencer al lector a fin de imaginarse que las palabras de Malik pretenden señalar a las prácticas de los sufis como siendo una especie de religión nueva. ¡He aquí en verdad la peor de tus difamaciones! Aun queriendo sembrar la duda sobre los sufis, te arriesgas en ir muy lejos y poner en duda todas las otras escuelas, pues tu consideras el ‘iŷtihad[40] como una religión adicional. ¡Allâh no quiera que la comunidad de Muhammad se ponga de acuerdo en reemplazar la religión del Islam por alguna otra! Si solamente hubieras prestado atención al mismo hadiz el cual tú mismo citas: “Debéis seguir mi Tradición y la Tradición de los jalifas bien-guiados quienes vendrán después de mí…[41], hubieras comprehendido cómo el iŷtihad de los muŷtahid forma parte de la Tradición. Ellos son en efecto “Jalifas sobre la tierra”[42], cuya fidelidad a la Tradición (Sunna) es unánimemente reconocida. Al menos hubieras debido considerar que los fundadores de la escuela del sufismo forman parte de los muŷtahid, formando, su ‘iŷtihad, parte del Ihsan. Ellos son de esta manera semejantes a Ash’ari en el dominio del Imam, o a Malik y otros fundadores de escuelas jurídicas, en el dominio del Islam, estando la religión constituida en tres dominios, como lo indica el célebre hadiz.

Estas asambleas celebradas por los sufis, puesto que parecías mostrar dudas a este sujeto, provienen de la Ley revelada (shar’): hecho este probado por todos aquellos hadices según los cuales las reuniones del Recuerdo son altamente deseables.

Si se quisiera hablar de innovación a todo precio y a propósito de las prácticas de los sufis, dicho término no podría convenir, si no fuere a condición de precisar que se trata de innovaciones loables, llamados “tradición” (sunna) en el hadiz en el cual el Profeta dice:

Quienquiera instaura una buena sunna obtendrá por ello una doble recompensa: la primera por haberla introducido, la segunda constituida por la suma de recompensas adquiridas por aquellos quienes la practiquen hasta el día del Juicio…[43]

Reflexiona bien en esta manera de llamar “tradición” a aquello lo cual en realidad es una innovación. ¿Ignoras acaso que las plegarias en común en las mezquitas en las noches de Ramadán son una innovación del califa Umar? A propósito de esta práctica la cual se ha convertido en una tradición muy seguida, él mismo ha dicho – que Allâh esté satisfecho de él – : – “¡Qué excelente innovación (ni’matu-l-bid’a)!”. Se trata en este caso de ritos religiosos suplementarios y sin embargo nadie encuentra dificultad en ello. En cuanto a la escuela del sufismo, siempre y cuando ella entra también en el marco del dominio religioso, se sitúa únicamente al nivel de la orientación interior y no persigue ni añadir ritos ni eliminarlos. Ella consiste esencialmente en purificar el interior, en perfeccionar el carácter, en dedicarse a la invocación concentrándose sobre el Invocado y en cumplir sus obligaciones en cualquier dominio. ¿Te parece esto contrario a la religión? ¿No se trata antes bien de una ayuda?

Tú te has dedicado a denunciar estas pretendidas innovaciones, pero, a mi parecer, no haces distinción alguna, entre la innovación positiva – aquella la cual el Profeta llama “sunna” en el hadiz: “Quienquiera instaura una buena sunna…”, y aquella la cual es efectivamente nefasta. Es más, es de temer que, sin darte cuenta de ello, llegues de esta manera a criticar un buen número de tus propias prácticas religiosas. ¿Acaso ignoras cómo son aplicables a las innovaciones los cinco estatutos legales los cuales son, lo obligatorio, lo recomendado, lo permitido, lo desaconsejado y lo prohibido? Azz al-Din ‘Abdu-s-Salam ha ido muy lejos en el establecimiento de una tal clasificación; concerniente a lo obligatorio, da el ejemplo siguiente: «la innovación obligatoria es aquella necesaria para realizar un acto obligatorio: de ello podemos citar principalmente el caso de la gramática». ¿Ignoras tú que la gramática es una innovación? Ello es lo mismo para todas esas artes las cuales te han enseñado, la retórica, la lógica, la prosodia, la crítica, la lexicología y así mismo el hecho de asistir a cursos o de enseñar, o aún la redacción misma de libros de ciencia ; todas estas cosas relevan claramente del dominio de la innovación, pero ¿qué piensas tú de ello ? ¿Son estas innovaciones que extravían y conducen al infierno o se trata más bien de innovaciones positivas las cuales merecen recompensa? Si te inclinas por esta segunda hipótesis, entonces ¿por qué no consideras que las asambleas del Recuerdo formen parte de esta categoría? Y aún, pues es únicamente por las necesidades de demostración que he citado algunas pruebas y referencias escriturarias: ellas son, de tal manera,  explícitas, que no necesitan comentario alguno. En realidad, es tu falta de objetividad la cual te impide conocer la verdad, sin hablar de tu falta de ciencia, un serio obstáculo a la comprensión de la verdad.

Los sabios – que Allâh esté satisfecho de ellos – han definido bien cuál es la innovación de la cual es necesario guardarse. Para el Imam Shafi’i – que Allâh esté satisfecho de él – «la innovación reprensible es todo cuanto contradice el Qur’an o una sunna (del Profeta), o bien el consenso[44], o aún el ‘athar[45], pero aquella la cual no se opone a ninguno de ellos es una innovación loable». Según Ibn al-Hayar al Haytami, la contradicción en cuestión, la cual puede resultar inmediatamente evidente o resultar de una consecuencia necesaria, hace entrar dicha innovación en el marco de lo prohibido o en la categoría de lo desaconsejado. Probablemente me acordarás que el ‘iŷtihad es una de la características de la comunidad musulmana; y sabes por otra parte que los pilares de la religión son tres : los ritos (islam), la fe (iman) y la búsqueda de la excelencia (ihsan); entonces ¿por qué aceptar por un lado la ‘iŷtihad de los cuatro imames (Malik, Shafi’i, Abu Hanifa e Ibn Hanbal) o de sus semejantes en el orden de los ritos, el iytihad teológico de Ash’ariy de Maturidi en el dominio de la fe, y rechazar el otro de Ŷunayd y de su escuela en cuanto a la búsqueda de la excelencia? ¿Podemos deducir de ello que tú no consideras la búsqueda de la excelencia como uno de los pilares de la religión? No, ¡por Allâh!, ¡no puedo imaginar que te olvides de algo tan esencial!

Una vez más, esta digresión sobre el significado del término «innovación» no sirve sino a fin de mostrar la forma de proceder cuando ninguna fuente escrituraria permite sentenciar el carácter reprensible o loable de una innovación. Pero en realidad, estas reuniones celebradas por los sufis forman parte de la Ley Revelada (Shari’a) de la forma más evidente posible, salvo para aquél quien no ha estudiado cuidadosamente los datos tradicionales o a quien el sectarismo ciega al punto de hacerle alejar su mirada de todo cuanto, en el Libro y en la Sunna, milita en favor de una tal práctica. En honor a la verdad, estoy completamente seguro de que tú conoces estos datos tradicionales (dalil) los cuales animan a la práctica de los círculos del Recuerdo y las reuniones donde se practiquen. He procedido de esta manera para seguir el estilo de esos oradores, los cuales se dirigen por momentos al sabio como si éste no supiera. Como dice al Akhdari:

Como si dijéramos al sabio lleno de descuido:

El Recuerdo es una llave de la puerta de la Presencia.

Ahora que estás convencido de que las asambleas del Recuerdo constituyen algo deseable, ¡respóndeme, por Allâh! ¿Dónde se encuentran pues estas asambleas deseables? ¿Se encuentran fuera de la tierra? ¿Fuera de la comunidad de Muhammad? ¿Has oído hablar de ellas sin nunca haberlas visto?

Seguramente, tú no tienes en alta estima a los miembros de las cofradías quienes se reúnen para el Recuerdo: sino, estarías celoso. ¿Ignoras que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – las ha descrito como una mezcla de individuos procedentes de grupos diferentes, quienes se reúnen únicamente para el Recuerdo y nada más? El ha dicho – sobre él la plegaria y la paz -:

A la derecha del Misericordioso – en realidad Sus dos Manos son diestras -, se encuentran hombres quienes no son ni profetas ni mártires, y cuya claridad de rostro deslumbra a todo quien les mira. Los profetas y los mártires les envidian a causa de su plaza y de su proximidad a Allâh – exaltado sea. Alguien le preguntó: – ¿Quiénes son ellos? –  El Profeta respondió: “Es una asamblea de personas pertenecientes a clanes diferentes, quienes se reúnen en vista del Recuerdo de Allâh, escogiendo  decir las mejores palabras, así como un goloso no selecciona sino los mejores dátiles[46].

Una tal descripción – que Allâh te haga misericordia – ¿no corresponde acaso a las reuniones de los sufis? ¿Ignoras que sus asambleas reúnen gentes cuyos orígenes son de lo más diverso, quienes no están ligados por parentesco ni se encuentran atraídos por ganancia alguna? ¿No se trata de aquellos a quienes Allâh se dirigirá de esta manera el día de la Resurrección: “¿Dónde están aquellos quienes se aman en Mí?”[47]? ¿Qué mosca te ha picado? ¿Buscas romper los lazos que Allâh ha ordenado mantener y venerar? ¿Ignoras que amar a Allâh es amar al recuerdo de Allâh (dikr) y a aquellos quienes lo practican? ¿No sabes que Allâh defiende celosamente a los miembros de las cofradías?, ¿cómo pues sus pretensiones serían falsas? ¡Te conjuro por Allâh y su santo Profeta! Abandona tu animosidad hacia  quienes invocan: “La ilaha illa-l-Lah”. Déjales, a ellos y a sus asuntos, pues es Allâh Quien les juzgará el día de la Resurrección y yo temo intensamente que “La ilaha illa-l-Lah” pueda ser adversario tuyo en el día de la Resurrección. “Y Allâh os pone en guardia contra Sí Mismo”[48]. Ibn ‘Arabi al Jatimi[49] – que Allâh esté satisfecho de él – hace la advertencia siguiente en su Wassiya: «Desdicha a ti si atacas a quienes invocan “La ilaha illa-l-Lah”, pues esta fórmula les confiere de la parte Allâh la más grande santidad. Ellos son los santos de Allâh y aunque cometieran un rosario de faltas, Allâh les retribuirá en una medida igual a Su Perdón en tanto no Le asocien nada.» Es de ello que testimonia un hadiz relatado por Hudaifa – que Allâh esté satisfecho de él -, según el cual el profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Llegará el tiempo en el cual los hombres no sabrán lo que es la plegaria, el ayuno, el peregrinaje y la limosna. – Nos acordamos de que nuestros padres decían: “La ilaha illa-l-Lah” -. Alguien preguntó a Hudaifa: – ¿Y a qué servirá ello? – El respondió: “La ilaha ‘illa-l-Lah les salvará del fuego”.

Si ello es así, entonces, ¿qué decir de alguien quien reza, ayuna, hace el peregrinaje y da la limosna? ¿Crees que está permitido atacarle? ¡Por el derecho que ellos tienen sobre ti; si solamente pudieras desembarazarte de ese odio que te anima contra la gente de las cofradías! Si solamente te humillaras con el corazón y con la lengua, pidiendo a Allâh que perdone tu pasado. ¿Existe aún una transgresión más execrable que el aplicar a la comunidad de los sufis, como tú lo haces, los hadices que conciernen a los desviados y los extraviados?

¡No te ha bastado con eso! Has osado incluso llegar a hacer de ellos unos de esos grupos cuyos miembros están destinados al fuego, refiriéndote a su palabra – sobre él la plegaria y la paz – : “Mi comunidad se dividirá en setenta y algún grupos. Todos ellos están destinados al infierno salvo uno: es el grupo de aquellos quienes habrán seguido esta vía que es la mía y la de mis Compañeros”. Tu declaración es evidente: según tú, los sufis forman uno de esos grupos; pero en estas diferencias las cuales te oponen a los sufis, yo dejo sentenciar a Allâh, a Su profeta y a los Justos de entre los creyentes. Ya que consideras a la escuela del sufismo como uno de estos grupos, te arriesgas a tener dificultades para completar el número de setenta y dos, a menos seguramente de englobar en ellos a ti y a tus semejantes (lo cual es completamente lógico) pues les buscas entre las gentes de la Tradición y de la comunidad!

¿Por qué no citas el hadiz relatado por el Imam Gazali en su Fasl a-t-tafriqat? El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Mi comunidad se dividirá en setenta y tres grupos. Ellos irán todos al Paraíso, excepto el grupo de los heréticos”. Seguramente, tu mirada no se ha posado sobre este hadiz. Antes bien, ella se ha limitado a aquello lo cual le convenía para prometer el fuego al resto de los musulmanes y reservaros exclusivamente el Paraíso, a tus semejantes y a ti mismo. “Di: Si la morada última junto a Allâh os ha sido reservada, a la exclusión de cualquier otro, ¡desead la muerte si sois sinceros! Pero no la desearán jamás a causa de las obras que han realizado, Allâh conoce bien a los injustos[50]. Imagino que debes preguntarte cómo conciliar estas dos palabras del Profeta. No encontrarás a nadie sino a un sufí para resolver esta dificultad y otras del mismo orden. Desdichadamente no podrás rebajarte a preguntárselo, pues la envidia ha cerrado sobre ti la puerta de la objetividad impidiéndote reconocer tus carencias. Sea lo que fuere, te diré lo que Allâh ha revelado a este sufí (el mismo chayj al-Alawy); y a suponer que tú no tengas necesidad de ello, podrá siempre aprovechar a otros.

Estos dos hadices son fácilmente conciliables. Basta para ello considerar el término “comunidad” designando el conjunto de aquellos a quienes el mensaje ha sido predicado en el primer hadiz, y el conjunto de aquellos quienes responden a esta llamada en el segundo. El sentido se esclarece en el momento en el cual se explota la forma completa del hadiz, siendo ésta la siguiente:

El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Los judíos se han separado en 71 grupos y los cristianos en 72. En cuanto a mi comunidad, ella se separará en 73 grupos; todos están destinados al infierno, salvo uno: este es el grupo de aquellos quienes siguen esta vía que es la mía y la de mis Compañeros”. La sucesión mencionada pone en evidencia la existencia de setenta religiones antes de la venida de Musa (Moisés) – sobre él la paz -, constituyendo la suya la 71ª. Estos grupos están todos destinados al infierno, excepto aquellos quienes han seguido esta vía que era la suya – sobre él la paz – y la de sus Compañeros. El conjunto de los 71 grupos puede ser llamado su “comunidad”, pues él era el Enviado de Allâh para aquella época, y su predicación se dirigía pues a ellos. Después de la venida de Jesús (Isa) – sobre él la paz -, quien completa la cifra 72, todos los otros grupos otros que ellos quienes seguían su vía y la de sus discípulos están destinados al fuego. Ahmad – sobre él la plegaria y la paz – fue seguidamente enviado con la religión ahmadiana simple, la cual corresponde al 73º de los grupos mencionados; todos están destinados al infierno excepto uno: es el grupo de aquellos quienes siguen esta vía que es la suya y la de sus Compañeros. Y es más, el término “comunidad” designa el conjunto de gentes a quienes se dirige su predicación; él decía en efecto – sobre él la plegaria y la paz – : “Yo soy el enviado de Allâh para todo hombre viviente en mi época, y de quien nazca después de mí”. Después de él, la religión ahmadiana se ha dividido, según el segundo hadiz, en otros setenta y algunos grupos: ellos representan las diferentes escuelas y los pareceres divergentes, cuyos partidarios irán todos al Paraíso, excepto los heréticos.[51]

¡He aquí lo que exigen la bondad muhammadiana y la misericordia divina! Si ello no fuera así, la casi totalidad de la Umma estaría perdida, pues solamente una parte sobre las otras setenta se salvaría. Aún más, a propósito, nada permite identificar esta parte, y la prueba está en que cada grupo pretende ser el dichoso elegido. En cuanto a mí, yo afirmo que Allâh – glorificado sea – y conforme a la buen opinión que tienen de Su Persona aquellos quienes creen en él, en Su Profeta y en el Ultimo Día, cuando realizan un esfuerzo para aproximarse a Él; si tienen suerte, obtendrán dos recompensas (una por la sinceridad de la intención y otra la del buen resultado): en la hipótesis inversa, ellos obtendrán al menos una de ellas (por la sinceridad de la intención). Son recompensados pues, ocurra lo que ocurra, lo quieras tu o no, pues las criaturas no están obligadas a ser infalibles; les es exigido simplemente el tratar de encontrarse en la verdad, y esto se explica por la largueza de la vía ahmadiana[52], a la cual alude este versículo: “No os ha sido impuesta ninguna dificultad en vuestra religión”[53]. Testimonia de ello igualmente un hadiz conocido, relatado por Tabarani, según el cual, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “300 caminos diferentes llevan a la Ley (Chari’a). Basta con seguir uno de ellos para salvarse”. Pero aquello lo cual corrobora aún más esta idea es el hadiz relatado por Suyuti en su Ŷami’a-s-Sagir, según el cual, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “En toda comunidad, una parte de las gentes va al Paraíso mientras que la otra se encuentra en el fuego, salvo en el caso de mi comunidad, la cual, toda entera irá al Paraíso”, y, si Allâh quiere, ello será así.[54]

¿Qué te ha ocurrido que no te has percatado de estas tradiciones plenas de esperanza, anunciadoras de la salud de la comunidad? Es muy simple: ello es porque eres parcial. Pues hasta ahora, al contrario, no habías olvidado ninguna referencia escrituraria la cual te pudiera ser útil para condenar a las gentes del Recuerdo y excluirlos de la misericordia de

[1] Bujari y Muslim (Kanz-96).

[2] Kanz – 29687.

[3] Se refiere a un deber de la comunidad, el cual deberá ser ejercido por aquel o aquellos quienes estén cualificados en materia de conocimiento y de integridad personal.

[4] (Corán 2-268).

[5] Kanz – 5977. Los niños y los mayores pueden ser entendidos en el sentido literal, pero también en el significado el cual designa su posición frente a la ciencia adquirida. Es pues mayor todo aquel quien, poseyendo una gran ciencia, adorna con ella su propia persona y niño todo aquel quien teniendo la edad que tuviera, fuera un ignorante en materia de conocimiento.

[6] (Kanz-al-Ummal, 5585).

[7] Relatado por Muslim.

[8] (Corán 2 -274)

[9] La Maliki, Hanbali, Hanafi y Chafi’i. Estas, junto con la escuela del sufismo, son los cuerpos de práctica doctrinal y jurídica admitida por los musulmanes.

[10] (Corán 16-25).

[11] Se refiere a los sufis.

[12] Alusión hecha al principio de la Surat 56 (El Acontecimiento – Waqi’a), donde la humanidad es dividida en tres grupos en el Día del Juicio.

[13] No se refiere aquí de ninguna manera a la posición social, sino al rango espiritual del ser humano. Con ello pretende significar que el trato a los sufis debe ser correcto en virtud de la proximidad a Dios de la cual gozan los miembros de las tariqats.

[14] Cadena de transmisión espiritual, la cual comienza en el Profeta Muhammad mismo, pasando de maestro en maestro hasta nuestros días. En el caso de la Tariqa fundada por el chayj al-Alawi, dicha silsila ha pasado por sufis de destacado renombre como Abdu-s-Salam Ibn Mashish, ‘Ahmad Zarruq, ‘Abu-l Hassan Shadili, Al-Arabi a-d-Darqawy.

[15] Musnad de Ibn Hanbal (Dar al-kutub al-‘ilmiyya, 1993, tomo 4 p.153, nº 17126).

[16] La ilaha illa-l-Lah (No hay divinidad sino Dios).

[17] Sahih Muslim (Libro de la fe).

[18] (Corán 48-10).

[19] Corán o hadiz.

[20] Allah (Dios) es llamado « Rabbi-l-‘alamin » (Señor de los mundos), no del mundo. Se refiere con ello a los siete cielos y siete tierras creados por El; al Universo en su totalidad; a los ángeles, los genios y absolutamente todo lo cual ha sido creado.

[21] Hadiz: “En verdad en el Paraíso se encuentra aquello que ningún ojo ha visto, ni oído escuchado, y lo que ningún espíritu humano puede imaginar”.

[22] Kanz – 1799.

[23] Kanz – 1800.

[24] (Muslim-Kanz 1883)

[25] Kanz – 1931.

[26] (Tabarani y Bayhaqi – Kanz 1808)

[27] (Tabarani e Ibn Hanbal – Kanz 1793).

[28] (Ibn Hanbal, Tabarani y Tirmidi – Kanz 1884-1887).

[29] (Muslim – Kanz 1841).

[30] Kanz – 43329.

[31] Kanz 1810-1811.

[32] (Corán 50-22)

[33] Kanz -34552.

[34] (Bujari, tomo 1 versión franco-árabe)

[35] Se refiere a los califas bien guiados: Abu Bakr (amigo del Profeta y padre de su esposa Aisha), Umar (padre de su esposa Hafsa), Uzman (con quien contrajeron matrimonio dos hijas del Profeta, una de las cuales falleció, motivo por el cual desposó a su hermana), y Ali Ibn Abi Talib, (primo y yerno del Profeta, esposo de su hija Fatima Sahra).

[36] (Alusión a Corán 17-11 y 21-37)

[37] (Muslim, Kitab a-d-dikr – 6471).

[38] (Corán 5-3)

[39] Estas palabras demuestran la suma escrupulosidad con la cual quienes relataron los hadices se pusieron manos a la obra. Ocurría, y es sabido, que el mismo Imam Bujari se veía obligado a avituallar su montura y emprender viaje a fin de buscar a alguien quien le asegurara de la veracidad de una sola palabra, antes de otorgar a un hadiz la categoría de auténtico.

[40] Esfuerzo de interpretación.

[41] (Ibn Hanbal, Tirmidi, Abu Dawud e Ibn Mayah)

[42] Corán 35-39.

[43] Este hadiz, en algunas de sus variantes, lo encontramos en el Sahih Muslim. Ahora bien, aquello quienes en su discurso únicamente critican la innovación, indicando que cualquier innovación es reprensible, ignoran a consciencia este hadiz, pues el hecho de reconocerlo comprometería enormemente sus tesis.

[44] Resultado de la reunión de sabios dedicada a decidir sobre el estatus jurídico de un hecho no suficientemente clarificado en las fuentes escriturarias. Los sabios dirimen sobre su estatus, consensuando su opinión, antes de hacerla pública. Dicha decisión es vinculante para la comunidad

[45] Tradición proveniente de un Compañero del Profeta o de la generación posterior a la de ellos.

[46] Existen numerosas variantes de este hadiz, siendo una referencia obligada el relatado por al-Hakîm (Kanz al Ummal – 24655).

[47] (Muslim, Kanz 24655).

[48] Corán 3 – 28.

[49] Ibn Arabi de Murcia. Encontraremos más información a su respecto en el glosario de personajes.

[50] Corán: 2-93, 94.

[51] Debemos decir que el Islam considera el judaísmo de Moisés y la doctrina de Jesús como formando parte del Islam. En diferentes pasajes, hablando de los Profetas anteriores a Muhammad, el Corán dice: “Ellos eran musulmanes”. Inclusive en las tradiciones islámicas se dan una cantidad de profetas tal (313 en algunas tradiciones) que la mayoría no están recogidos ni en el Corán, ni en la Tora. Ahora bien, las cosas son diferentes para la época posterior a Muhammad, después de los continuos retoques sufridos por la Biblia y los Evangelios, y este es un sujeto extenso el cual no puede ser tratado en esta obra con la atención que merece.

[52] El Profeta tiene tres nombres principales: Muhammad (en el Mulk, o mundo sensible); Mahmud (en el Malakut, o mundo intermediario) y Ahmad (en el Ŷabarut, o mundo espiritual).

[53] Corán: 22-76.

[54] La venida física de Muhammad ha sido una misericordia para los mundos. Es el único Profeta el cual ha sido enviado, no solamente a toda la humanidad, sino a los genios (djins). Muhammad existía antes que Adam y es la primera creación de Allâh. De la luz muhammadiana fueron creados los cielos y la tierra, según un hadiz reconocido (el hadiz de Ŷabir).

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