PALABRA CERTERA PARA AQUEL QUIEN CRITICA AL SUFISMO – III

…Allah, la cual “engloba toda cosa[1], obrando de tal suerte como si estas referencias fueran dirigidas a ellos. Después de haber pretendidamente probado que son ellos precisamente los innovadores, citas la palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Allah rehúsa aceptar las obras de un innovador mientras no renuncie a su innovación[2]. A ti te complacería que ello significara que Allah no aceptará nada de las gentes del Recuerdo en tanto continúen a practicar la invocación y se reúnan para ello ; según tú, en efecto, esto se trata de una innovación reprensible. ¡Allah no lo quiera! Si estas gentes del recuerdo se separaran, abandonando esta obra practicada mayoritariamente, ¿dónde irían ellos y a cuáles reuniones preferirías tu que asistieran? ¿Deberían gandulear por las calles y dedicarse a distracciones superfluas? ¿Ignoras como los hombres son naturalmente inclinados a reunirse? ¿Tienes tu alguna cosa mejor a proponer a los musulmanes que el reunirse por Allah y Su invocación? Después de esto, ¿en qué creerán si no creen en Allah y en Sus signos?[3]

Pero prosigamos y veamos este bello regalo que tu les haces (a los sufís): «Abu Nu’aym relata el siguiente dicho del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Los innovadores son los peores de los humanos y de los seres vivientes”[4]. Encontramos igualmente el hadiz siguiente: Los innovadores son los perros del fuego”. Como si temieras que los lectores no comprendieran el sujeto del cual se trata, puesto que no todos gozan de la misma capacidad de comprensión, lo afirmas cuanto más rotundamente puedes, ayudándote para ello de una citación del profesor Abu Bakr Turtushi : «El sufismo no es más que vana quimera, ignorancia y extravío» (y añades de tu parte): «El Islam no es otra cosa que el Libro de Allah y la Sunna de Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz –».

¿Qué es pues aquello lo cual te ha conducido a ensañarte con los miembros de las cofradías y a afilar tus armas para herirles en lo más vivo de su honor? ¡Por Allah, destruir la Ka’aba [5] hubiera sido mejor para ti que pronunciar estas palabras! ¡Por Allah, si para ti el sufismo no es más que vana quimera, ignorancia y extravío, debes saber que tanto los sabios religiosos así como los sabios entre los musulmanes tienen de él un concepto bien diferente! Para ellos este término designa el aprendizaje gracias al cual se conduce al alma a realizar la servidumbre y a someterse a la autoridad de la Señoría divina; significa igualmente el liberarse de los restos reprensibles del carácter y adquirir nobles cualidades. Abu-l-Qasim al Ŷunayd – que Allah esté satisfecho de él –  ha dicho: «El sufismo, es que Allah te haga morir a ti mismo y vivir en El»-. ¡He aquí lo que ellos entienden por sufismo!

Pretendes que el sufismo no es sino vana quimera. Te responderé que el sufí se pide cuentas a sí mismo a cada respiración, poniendo así en práctica el consejo del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Pediros cuentas a vosotros mismos antes que os sean pedidas”[6]. ¿Te parece esto vano?

Declaras que el sufismo no es más que ignorancia. Te responderé que los sufís han tenido siempre por costumbre adquirir ciencias las cuales son inaccesibles, aún mismo a la crema de los más grandes hombres, y, a fortiori, a gentes como tú. Sus libros están ahí como testimonio de ello. ¿Ignoras que algunos personajes de gran talla, tales como el Imam Gazali y el Chayj Sanusi (el autor de los Aqa’id), consideran la práctica del sufismo como un deber que incumbe a cada individuo? Este último afirma que es necesario buscar sus representantes, aún sin obtener el permiso de los padres. Ŷunayd – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: «Si existiera bajo la bóveda celeste una ciencia más noble que aquella de la cual hablamos con nuestros compañeros, partiríamos inmediatamente a su encuentro». El Chayj Saqallî escribe en su Nûr al-Qulub (Luz de los corazones): «Quienquiera reconoce la verdad de esta ciencia forma parte de la élite; quienquiera la comprende forma parte de la élite de la élite; quienquiera la explica y la comunica es una estrella inaccesible y un océano indispensable.» Pero dime – ¡Allah sea testigo! –: ¿has comprendido algo de su ciencia sutil y de sus perlas misteriosas? ¡No, antes bien estás velado por una cortina de hierro, y es a causa de ello que el sufismo te parece pura ignorancia!

En cuanto a tu afirmación según la cual él no sería sino extravío, “cierto que tu Señor sabe mejor quien se extravía de Su camino y quien tiene la guía”[7]. Personalmente, no desapruebo el hecho de que existan, entre las gentes de la comunidad y en todo tiempo, gentes quienes se oponen a ciertos sufís. Ello puede ser a causa de una debilidad (religiosa) de estas gentes, pero también, eventualmente, de una carencia en aquellos a quienes critican. En cuanto a oponerse por principio a la escuela del sufismo, es esto lo que establece una postura jamás adoptada por las gentes de la Sunna (Tradición). Los únicos en haberlo hecho son algunos movimientos sin real importancia con respecto a la mayoría de la comunidad, y es a causa de esto por lo cual sus teorías no han tenido éxito alguno. ¿Qué has ido tú pues a ir a pescar en esas corrientes desaparecidas? ¿Por qué asistir y tratar de dar vida a opiniones ya olvidadas a fin de llevar a nuestros compatriotas a hacerse una mala opinión del Recuerdo y de sus gentes? Tengo la neta impresión que las reuniones que tú animas deben ser a imagen de tu prosa. Si ello es así, ¡que Allah preserve tus auditores de frecuentarte por otra cosa que no sea  la adquisición de ciencias útiles! Les aconsejo vivamente rechazar todo lo demás.

Afirmas que «el Islam no es otra cosa que el Libro de Allah y la Sunna de Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz» – , pero ¿qué te hace pensar que los sufís dicen lo contrario? ¡No existe nada de ello en absoluto! Ellos dicen simplemente que existen en el Libro de Allah ciencias a las cuales no tienen acceso la generalidad de los creyentes. El sultán de los enamorados (Umar ibn al-Farîd) ha dicho:

Más allá de las palabras transmitidas,

Se encuentra una ciencia sutil,

Que escapa a la empresa

De las más sanas inteligencias.

Evidentemente, los descubrimientos de aquel quien se encuentra petrificado por el estudio exterior del Libro se encuentran inevitablemente limitados a aquello lo cual sus flacas adquisiciones y débil constitución le permiten alcanzar. El niega el resto, ignorando que su ciencia del Libro de Allah es comparable a una corteza de la cual no conoce el núcleo; más allá, existe “lo que ningún ojo ha visto, ni oído escuchado y lo que nunca ha imaginado el espíritu humano”. ¿Acaso un hombre así se imagina ser capaz de comprender el Libro de Allah tan profundamente como los Compañeros del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -? ¡En absoluto! Es necesario que haga su propia introspección: si lo que habita su corazón es demasiado profundo para que el alma pueda explicarlo, entonces él dispone de una prueba evidente procedente de su Señor[8]; en la hipótesis inversa, la ciencia de la cual carece es más importante que aquella la cual posee. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “La ciencia es como un secreto preservado; sólo los sabios por Allah la conocen; y cuando ellos la manifiestan, aquellos quienes se equivocan al respecto de Allah, les reprueban”[9]. El ha afirmado igualmente: “La ciencia del interior (ilmu-l-batin) es uno de los secretos de Allah y depende de Su decisión: El escoge libremente los corazones a quienes la confía”[10]. Y aún: “Existen dos ciencias; una de ellas reside en el corazón, y esta es la ciencia útil; la otra se limita a los discursos; este es el argumento que Allah opondrá al hombre”[11].

Las ciencias escondidas no son las conocidas habitualmente. Abu Hurayra – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: “He conservado dos depósitos de ciencia provenientes del Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz -. Uno de ellos os lo he transmitido; en cuanto al otro, si lo hiciera, me cortaríais el cuello”[12].

Sha’rani relata en sus Yawâqît wa-l-yawâhir que el hijo de al-Abbas – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: “Si os hiciera parte de lo que se, concerniente a Su Palabra – exaltado sea- : “La Orden desciende entre ellos”[13], me lapidaríais o me trataríais de embustero”.

Se atribuyen los versos siguientes a Zayn al Abidin – que Allah esté satisfecho de él – :

Oh Señor, esta ciencia preciosa, si yo la divulgara

« ¡Adoras a los ídolos!»: he aquí lo que se me diría

Musulmanes declararían lícita mi sangre

Y encontrarían su vil balance excelente

Salman al Farisi – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: “Si yo contara todo lo que sé, diríais: ¡Que Allah haga misericordia al asesino de Salman!” El Imam Ali – que Allah ennoblezca su rostro – ha exclamado: “Si yo divulgara una cierta ciencia que me acompaña, separaríais esto de esto otro”, designando su cabeza de su cuerpo. Esto muestra la existencia de cosas que no conoce todo el mundo.

Cuando declaras que «el Islam no es otra cosa que el Libro de Allah y la Sunna de Su Profeta – la plegaria y la paz sobre él –», es como si quisieras que ello se limitara a aquello lo cual tú comprendes de ambos. ¿No sabes que el Qur’an tiene “un exterior y un interior, establece principios y obra sobre lo universal” según el célebre hadiz del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que ha relatado el autor de Tây a-t-tafâsir? Suponiendo que conozcas sus aspectos exteriores, ¿conoces acaso algo de su interior? Y ¿qué sabes tú de los principios y de sus sentidos universales? Ellos son el dominio de los conocedores de Su Libro y de la Sunna de Su Enviado. Abu Darda’ – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: “Tu comprensión permanecerá incompleta en tanto no hayas captado las múltiples facetas del Qur’an”. Algunos han sostenido que esto último se trataba de un hadiz del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – transmitido por Shaddad Ibn Aws y relatado por Ibn ‘Abdu-l-Barr.

Pero tú, tienes la impresión que el Islam se limita a aquello lo cual conocéis, tu y los de tu calaña, ¡poniéndote de esta manera en el mismo plano espiritual que los Compañeros del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , e inclusive del de los profetas – sobre ellos la paz -! ¡Cómo se puede ser tan ignorante! No sabes que el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Habrá siempre sobre la tierra cuarenta hombres con un corazón semejante al de Ibrahim, el amigo (Jalil) del Misericordioso”[14]. ¿Eres tu uno de ellos? Si este es el caso, es posible que hayas descubierto una parte importante de los secretos de la religión[15]. Si no es el caso, concede a sus detentores la facultad de controlar esta ciencia. En efecto, las fuentes tradicionales, si las analizamos con seriedad, afirman de manera explícita la existencia en la comunidad de una élite a la que Allah – exaltado sea – permite descubrir los secretos del Libro y de la Sunna. Siendo ello así, ¿dónde sino entre las gentes del Recuerdo, aquellos quienes se consagran por entero a Allah, piensas tú encontrar estos “hombres a quienes ni el negocio ni el comercio distraen del Recuerdo de Allah”[16]? Es a su respecto que Du-n-Nun al Misri – que Allah esté satisfecho de él – ha relatado la historia siguiente:

“En el transcurso de uno de mis peregrinajes, encontré una sierva de Allah a quien pregunté:

– ¿De dónde vienes?

      – De la casa de las “gentes quienes levantan el costado de sus lechos”[17], respondió ella.

      – Y ¿dónde quieres ir? repliqué

      – Hacia unos “hombres a quienes ni el negocio ni el comercio distraen del Recuerdo de Allah”[18], concluyó”.

Pero tú, imaginas que el término sufismo no designa otra cosa que una asamblea de gentes que danzan, recitan poemas y nada más. Te pareces al protagonista de esa famosa historia, según la cual un hombre sale de noche al encuentro de un pastor a fin de pedirle uno de los animales de su rebaño. Habiendo encontrado un pastor que le autorice a ello, trata de tomar uno, pero como no ve debido a la oscuridad, sin darse cuenta, escoge el perro guardián el cual se encuentra en medio del rebaño. Llegada la mañana, es un perro lo que se encuentra a su lado. Así pues la toma con el pastor, tratándole de “guardián de perros”. ¡He aquí en resumen tu panfleto!

Reduces el sufismo a la danza y otras prácticas similares, citando a Wansharisi, autor del Mi’yar: «Danzar invocando en una innovación reprensible prohibida». Más tarde citas los dichos de Turtushi, según el cual los mejores elementos de la comunidad serían gentes vanas, ignorantes y perdidas. Y puesto que ello no te basta, les declaras fuera del Islam, distinguiéndoles de la comunidad musulmana mediante una clara comparación, prestada de alguien, quien a semejanza tuya, no teme a Allah, a menos que no se haya referido a un grupo bien preciso : «En cuanto a las invocaciones rítmicas mediante el movimiento corporal y a los esfuerzos por provocar la iluminación espiritual (tawâŷud), los primeros quienes los practicaron fueron los compañeros de Sâmiri : adoraban al becerro de oro y danzaban alrededor de él buscando la iluminación. Es ésta pues una práctica de descreídos y de idólatras». Me da la impresión que aquí traspasas los límites: ¡en realidad, no existe ningún medio que no hayas utilizado para atacar el honor de las gentes de Allah! ¿Pretendes hacer una comparación apropiada? Aunque la relación que estableces entre los sufís y los adoradores del becerro parezca en parte fundamentada desde el punto de vista de la forma exterior – existe, es posible, una vaga semejanza entre los comportamientos de los dos grupos -, ¿piensas verdaderamente que una tal comparación sea conveniente al respecto de los respectivos objetos de adoración: el becerro para los judíos y Allah para las gentes del Recuerdo? ¡Gloria a Allah y ensalzado sea! Muy por encima de lo cual dicen (los injustos)[19].

A decir verdad, no estoy obligado a extenderme sobre este género de comparaciones sin consistencia. Ya otros las han denunciado y refutado de diferentes maneras, y más de uno ha hablado largamente de ello. Se ha pretendido que Abû Hanîfa estaría en el origen de este género de insinuaciones, ¡no lo quiera Allah! Este tawâŷud que tu declaras ilícito, aún sino es un objetivo en sí en la vía de los sufís, es un efecto de este temblor del cual careces y del cual El ha dicho: “En verdad, los creyentes son aquellos quienes cuyos corazones tiemblan a la mención del Nombre de Allah y cuya fe aumenta cuando se les recitan Sus Signos”[20]. Ahora sabes a qué referirte a propósito de este temblor que se apodera de aquel quien invoca. Allah – exaltado sea –  te informa que ello se trata de una cualidad particular del creyente. ¿No sabes que Allah – exaltado sea – ha loado las gentes del Libro a propósito de esta iluminación repentina (waŷŷd) mencionando una de sus manifestaciones de la manera más elogiosa posible: “Ves como sus ojos se desbordan en lágrimas, cuando escuchan aquello que ha sido revelado el Enviado, porque reconocen en ello la verdad[21]? ¿No testimonia todo esto de manera elocuente de la emoción que provocan dentro del creyente la invocación de Allah y la audición de Su Palabra?

¿Acaso no ha afirmado El – exaltado sea – : “Si Nos hubiéramos hecho descender este Qur’an sobre una montaña, la habrías visto humillada y partida en dos por temor de Allah”?[22] Después, El ha precisado inmediatamente lo que es esta recitación la cual hace partirse a las montañas, diciendo: “El es Allah No hay divinidad sino El”[23], evocando (hasta el final de la surat) algunos de Sus más bellos Nombres. ¿Por qué reprochas tú a los corazones el hendirse y a los cuerpos el tambalearse mientras las mismas montañas se hienden? La respuesta es simple: es porque tú no encuentras en ti lo que otros han encontrado en ellos mismos. En efecto, Allah – exaltado sea – nos ha hablado de corazones que son “como la piedra o más duros aún”[24]; o bien aún, puede ser que tu recites los Nombres de Allah y Su Libro con un corazón distraído

¿Ignoras que Sidi Umar – que Allah esté satisfecho de él -, pasando a proximidad de un hombre quien recitaba: “El castigo de tu Señor ha de ocurrir”[25], profirió un grito repentino, tan fuerte que pudo ser escuchado en toda la ciudad; es más, se desmalló y hubo de llevarlo a su morada donde estuvo sin poder hablar durante dos días? Shafi’i – que Allah esté satisfecho de él – perdió el conocimiento después de escuchar recitar a alguien: “En ese día no hablarán ni se les permitirá excusarse”[26], y hubo de ser trasladado a su casa. Tales efectos no tienen nada de extraño, pues el temblor y el “tawaŷŷud” han llegado a provocar la muerte de muchos de los piadosos antiguos. ¿Nunca has oído hablar de las tradiciones las cuales describen las reuniones que tenía David – sobre él la paz -? ¿No sabes lo que ocurría con la muchedumbre que venía a escucharle recitar los salmos? Los judíos quienes le escuchaban, ¿tenían, según tu opinión, corazones más receptivos que aquellos  de los miembros de la comunidad de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -? Sea lo que fuere, no creo que niegues la existencia de esta especie de temor provocada por la iluminación espiritual; aunque no lo admites probablemente sino es de una manera teórica, sin tener conocimiento de hechos concretos. En ese caso, debes saber que se trata de una condición imperativa para acceder a un verdadero conocimiento de Allah; entonces, ¿por qué reservar este género de temor a la religión de los descreídos, aquellos a los que Allah – exaltado sea – ha descrito de esta manera: “… no son sino como animales de rebaño…”?[27] Según tú, ¿sus corazones serían pues más receptivos que aquellos de los creyentes quienes se confían a su Señor? ¿Crees que la infatuación de los judíos por el becerro de oro fue más fuerte que aquello lo cual experimentan por Allah las gentes del Amor (Mahabba)? ¿Acaso Allah no ha dicho: “pero el amor por Allah de los que creen es más fuerte”? [28]

Gentes maravilladas

Orgullosas de su Señor

Cuyo orgullo de servidor

Se encuentra a la medida de su Señor.

Lo que animaba a los judíos era el amor por el becerro, el cual se había enraizado en sus corazones[29]; sin embargo, los sufís se emocionan por el amor de Allah, y es este amor el cual les lleva a realizar todo aquello cuanto criticas. Tu reacción no es de extrañar, pues la ignorancia es la madre de la hostilidad. ¿No has escuchado Su Palabra – exaltado sea – : “En verdad los creyentes son aquellos quienes cuyos corazones tiemblan a la mención del Nombre de Allah”[30]? ¿Ignoras que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha manifestado que algunos, en el seno de su comunidad, entrarían al paraíso con corazones de pájaros? (este hadiz ha sido reportado por Suyuti en su Yami’a-s-saguir). ¿Dónde pues encontrar dichas personas sino es en los círculos del Recuerdo? Puede ser que estimes que formas parte de ellos. Entonces respóndeme – y que Allah sea testigo – : ¿Eres tú de los que “invocan a Allah con frecuencia” : o de “aquellos a quienes ni el negocio ni el comercio distraen del Recuerdo de Allah”[31]; o de aquellos a quienes “ni riqueza ni progenie consiguen distraerles del Recuerdo de Allah”; o de “aquellos quienes invocan a Allah de pie, sentados o acostados” [32]; o de “aquellos cuyos corazones se estremecen cuando se les menciona el Nombre de Allah” [33]; o de aquellos cuyos “ojos desbordan en lágrimas cuando escuchan lo que le ha sido revelado al Enviado, puesto que reconocen en ello la verdad”[34]; o de aquellos de quienes dice el Profeta –sobre él la plegaria y la paz – : “Los solitarios, quienes se absorben completamente (al-mustahiruna) en el Recuerdo de Allah, os han precedido” [35]; o de aquellos a quienes se ha tratado de locos puesto que han obrado como El les ha pedido – sobre él la plegaria y la paz – : “Multiplicad la invocación de Allah hasta que los hipócritas digan : Es un loco”[36]; o de aquellos quienes han sido tratados de falsos devotos porque han seguido su consejo : “Multiplicad la invocación de Allah hasta que los hipócritas digan : Eso es ostentación” [37]?

¿A qué grupo perteneces? ¿Eres de aquellos quienes lo dicen o de aquellos de quienes se dice? Solamente un ser duro y de carácter grosero es incapaz de sucumbir a la iluminación espiritual, al igual que únicamente el impotente es incapaz de gozar del placer sexual. Que este beneficio puede no haberte sido acordado ¡Sea! Pero ello no debe impedirte de conceder a otros la posibilidad de ser beneficiarios de él. El chayj Shuayb Abu Madiam [38] – que Allah esté satisfecho de él – dice a propósito de la iluminación y de su búsqueda:

Di a aquel quien pretende prohibir la iluminación a aquellos quienes la reciben

“¡Déjanos, ya que no puedes gustar la pasión!”

Pues nosotros, cuando llega el momento para nuestras almas y nosotros mismos

Y que el vino de amor nos invade, a ello nos abandonamos…

A pesar de todo, las invocaciones ritmadas por el movimiento corporal y el tawaŷŷud no son, afirmo, elementos indispensables del sufismo; ellos no son sino la apariencia externa de la inmersión en la invocación. Que aquel quien duda lo pruebe él mismo, pues “el dicho es una cosa y la constatación directa es otra”[39]. He aquí cuanto habíamos de decir respecto a la búsqueda de la iluminación. En cuanto a las invocaciones ritmadas por el movimiento corporal se refiere, volveremos a ello más adelante.

Has decretado pues que la mayoría de la comunidad musulmana se encontraba extraviada. A raíz de esto, te dedicas a alentar a las autoridades para que tomen medidas, las cuales imaginas positivas, queriendo de esta manera implicarlas en esta prueba a la cual estás siendo sometido. Dices: «Tanto el Sultán como sus representantes deben impedirles reunirse en las mezquitas o en cualquier otra parte». Pero, ¿qué interés tenéis en obrar de esta manera, tú y aquellos quienes siguen tus consejos? Esto no puede llevar más que a caer bajo la estela de Su Palabra – exaltado sea – : “¿Y quién más injusto que aquel quien impide que se recuerde el Nombre de Allah en los lugares dedicados a Su adoración y se esfuerza por arruinarlos?”[40]. Ahora resulta que te resuelves encarnizadamente a destruir las casas de Allah, y expones de esta guisa a las autoridades musulmanas a incurrir en la cólera divina, con el riesgo de envilecimiento que resulta de ello. Dichosamente, no solamente las gentes del gobierno son más clarividentes que tú, sino que experimentan más amor por el Recuerdo y por quienes lo practican. Las autoridades pasadas y presentes del conjunto de regiones musulmanas no han cesado de honrar y reverenciar a los miembros de las cofradías, sea cual fuere su nivel; esto se explica por el hecho de que ellos se encuentran rodeados de sabios quienes conocen la religión; ¡que Allah recompense a todos ellos! En cuanto a los sabios inconscientes, nadie toma en consideración su opinión ni espera una cortesía cualquiera de su parte; se conoce muy bien, en efecto, que su opinión no es otra cosa que el resultado de una estrechez de visión o de debilidad en materia de ciencia. ¿Qué sabes tú de esto? Estas gentes cuya expulsión solicitas puede ser que sean aquellos a quienes el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – se refería en el siguiente hadiz relatado por el Imam ‘Ahmad Ibn Hanbal: “Cuando se le preguntó (al Profeta) quienes serían aquellas gentes sobre los cuales será dicho el Día del Juicio: «Se sabrá distinguir a los nobles de quienes amasan», él respondió: “Aquellos quienes practican la invocación en las mezquitas”[41].

Habiendo recomendado a las autoridades el prohibirles reunirse en la mezquita, más te hubiera valido pararte ahí. ¿Por qué haber prescrito igualmente el prohibirles toda reunión, comprendidas en ello sus propias casas? De hecho, las autoridades no prohíben ni tan siquiera a las gentes del Libro el reunirse en sus lugares de culto, aplicando de esta manera las instrucciones del legislador. El Profeta, en efecto, nos ha impuesto el respetar a aquellos de entre ellos quienes viven bajo la protección del Islam. Entonces ¿por qué no otorgar al menos dicho estatuto a las gentes del Recuerdo? Pero nada es tan reprensible para ti que el hecho de reunirse para el recuerdo y la lectura del Qur’an, así como se deduce de varios pasajes de tu panfleto ; es por ello por lo cual pretendes imponer a las autoridades el poner fin a dichas obras pretendidamente indignas, a fin de que nadie asista jamás a esas reuniones en las cuales se invoca a Allah, se lee el Qur’an, se reza por el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – o se realiza cualquier actividad del mismo orden, pero Allah siempre hace culminar Su luz por mucho que ello pese a los incrédulos [42].

Hemos comprendido perfectamente que sus reuniones a fin de invocar o realizar otras obras del mismo género no son, según tú, otra cosa que extravío, y aún pujas más fuerte diciendo : «Para todo aquel quien cree en Allah y en el Ultimo Día, es ilícito asistir a sus reuniones o apoyarlos en sus prácticas carentes de validez». ¡Por Allah, qué cosa tan extraordinaria! ¿Cuándo ha sido revelada esa religión que prohibiría frecuentar a las gentes del Recuerdo? Y si el simple hecho de reunirse estuviera prohibido, ¿cuál podría ser entonces el estatuto jurídico de una reunión en la cual se mueven los labios para decir: “No hay divinidad sino Allah”? Nos no podríamos conocer el juicio de Allah en lo que la concierne. Pero, según tú, ello debe tratarse de la apostasía o de algo más grave aún. ¡Oh Allah, Tu sabes que no tengo nada que ver, así como el Islam y los musulmanes, con todo aquél quien sostiene ésta a cualquier otra teoría de esa clase!

No contento con haber proferido mentiras y acusaciones inicuas, añades aún para agravar tu caso: «Y esta es la postura de Malik, Shafi’i, Abu Hanifa, de Ahmad Ibn Hanbal y de los demás sabios». ¡Osar de esta forma de asociar los imames de la religión a tus elucubraciones pretendiendo que su postura es la tuya, no lo quiera Allah!

Más arriba te hemos informado sobre el consejo de los sabios de las cuatro escuelas, como Ŷalalu-d-din a-s-Suŷuti, Shabrakhiti, Firuzabadi y otros, entre aquellos cuyo nivel religioso es reconocido de forma unánime ; aunque nos es imposible citarlos a todos, visto su elevado número. Ahora voy a enseñarte aquello lo cual han señalado los cuatro imames, a fin de convencerte de su deferencia hacia las gentes del sufismo; sumado a todo cuanto precede, esto permitirá desmentir de manera categórica tus alegaciones según las cuales ellos habrían criticado el sufismo en su principio mismo.

En lo que respecta a Shafi’i, es sabido que frecuentaba a los sufis, se vinculaba a ellos y les reverenciaba; cuando se le preguntó por qué razón hacía esto, respondió de la siguiente manera: “He aprendido de los maestros sufis estos dos aforismos, que ningún otro me ha enseñado: “El instante es como una espada; si tu no cortas con ella, ella te cortará” y “Ocupa tu alma con el bien, sino ella te ocupará con su contrario”[43]. Es sabido que se encontraba muy vinculado a Shayban a-r-Ra’i, un sufí de los más eminentes – que Allah esté satisfecho de ambos –. Un día el Imam Ahmad Ibn Hanbal, quien se encontraba en compañía de Shafi’i, interrogó a Shayban sobre el caso de un hombre quien se habría olvidado de hacer una de las cinco plegarias sin acordarse de cuál de ellas  se trataba. Shayban respondió: «Este hombre es un olvidadizo de Allah; lo que necesita es ser educado». Seguidamente preguntó sobre la limosna legal (Zakat). Shayban le dio una respuesta muy larga de citar, pero a partir de ese día Ibn Hanbal comenzó a reverenciar a los sufis. Su consideración era tal, que cuando se le presentaba un problema complejo y sutil, enviaba alguien a la busca de Abu Hamza al-Bagdadí, el sufí, para preguntarle su opinión ; este último le transmitía entonces aquello que Allah le había mostrado sobre dicho asunto.

Segú el autor de la Nusra-n-Nabawiyya, el Shayj Qutb a-d-Din Ibn Ayman, relata igualmente que el Imam Ibn Hanbal incitaba a su hijo a frecuentar a los sufis, diciéndole: «Han alcanzado un grado de pureza de intención el cual aún no se encuentra en nosotros».

Entre las sentencias del Imam Malik relativas al sufismo, las cuales han llegado a nos, encontramos la siguiente: «Quienquiera practique el sufismo sin la ley es herético; quienquiera practica la ley sin practicar el sufismo se ha desviado; aquel quien reúne los dos, realiza la verdad ».

En cuanto al Imam Abu Hanifa a-n-Nu’man – que Allah esté satisfecho de él -, se dice que fue interrogado sobre las invocaciones ritmadas mediante el movimiento corporal (hadra) practicadas por los sufis: « ¿Los estados que manifiestan son auténticos o simulados?». He aquí lo que respondió: «Allah hará entrar ciertas personas en el paraíso con sus tambores y sus cantos». El relator de esta historia añade las siguientes precisiones: «Se encontraban entre nosotros unas gentes quienes acompañaban de tal manera sus invocaciones por el movimiento corporal, que terminaban cayendo a tierra; ahora bien, el Imam no les criticaba. Cuando ellos le visitaban, él les honraba, y si le hacían preguntas, las respondía con sumo gusto. Su chayj dijo un día al imam : “¿Qué piensas – que Allah esté satisfecho de él – de las gentes de la comunidad de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – quienes se reunieron en una iglesia, dirigiéndose unos a otros proposiciones diabólicas desde la mañana hasta la tarde : son descreídos o no?”. “No se puede tratar de descreídos a las gentes de mi comunidad a causa de un pecado”, respondió – que Allah esté satisfecho de él – ; ahora bien, aquello no se trata legalmente de un pecado”.» Es el autor de la Tuhfa ahl al futuhat wa-l-adhwaq quien ha relatado esta anécdota. El Imam trataba, mediante estas preguntas, el impedir que no se afirmara nada en materia de religión, basado en opiniones personales, lo cual pudiera conducir a sospechar de increencia u otra cosa a un miembro cualquiera de la comunidad. ¡Qué Allah les recompense! ¡Cuán basta es su ciencia y grande su mansedumbre!

En estas circunstancias, ¿cómo es posible el atribuir a Abu Hanifa palabras tan absurdas como las siguientes transmitidas por algunos: «Para purificar el suelo, es necesario cavar en los lugares donde han invocado según costumbre, y rellenarlos con arena»? Y ello a pesar mismo de que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho sobre este sujeto: “Gentes quienes invocan a Allah son rodeados necesariamente por los ángeles y revestidos de la misericordia divina; la paz desciende sobre ellos y Allah los menciona a aquellos quienes se encuentran en Su Proximidad”. Tales palabras no sería capaz de proferirlas ni tan siquiera alguien banal; es pues «a fortiori», impensable que uno de los cuatro grandes imames sea su autor; antes bien al contrario, estos últimos ni tan siquiera desaconsejan que, en el país del Islam, el suelo de una iglesia convertida en mezquita, sea excavada; antes bien, ellos no consideran las mucosidades, el sudor o la saliva de los seres vivos como cosas impuras, aunque se tratara de los de un cerdo. Los ignorantes quienes relatan tales chismes, no conocen como cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – quiso construir su mezquita, el lugar en cuestión, conteniendo como contenía tumbas de politeístas, hizo desplazar sus osamentas a fin de construir el edificio en ese lugar bendito. ¿Acaso él pidió que se excavase el suelo y más tarde se trajera tierra de otro lugar? Ciertamente no hizo nada de eso, y nadie ha relatado una historia semejante. Entonces, ¿cómo el imam podría haber dado tales instrucciones, con los conocimientos y perspicacias que poseía? ¡Allah no lo quiera!

El autor de la Tuhfa al-fatawa precisa que estas palabras detestables han sido falsamente atribuidas al Imam Abu Hanifa, insistiendo sobre el hecho de que ellas son incompatibles con la siguiente anécdota la cual se relata sobre su persona: un discípulo sufí, contemporáneo suyo, vino a preguntarle lo que sería necesario hacer con una mezquita en la cual algunos judíos habían habitado durante tres días con sus mujeres e hijos: ¿era necesario lavarla, destruirla o cualquier otra cosa? El Imam respondió que al menos de encontrarse en ella una mancha específica, cuya presencia hubiera sido verdaderamente constatada, esa mezquita estaba pura. ¿No invalida esto claramente la recomendación la cual se le atribuye de escavar el suelo que habrían pisado los discípulos sufis invocando? El chayj Abu-l-Hassan Ibn Mansur al –Ŷunaidi, de la escuela jurídica de Abu Hanifa, ha dicho esto: «Ninguna de esas execrables palabras provienen de nos o de un imam experto en jurisprudencia hanifita. Ellas provienen antes bien de algunos defraudadores quienes pretender negar la existencia de los Justos.» El autor del Nusra a-n-Nabawiyya relata que el Chayj Abdu-l-Hakim se indignó igualmente por ello y los desmintió de la siguiente manera: «En realidad es un mu’tazillita quien se encuentra en el origen de esta opinión… Ello fue atribuido al Imam (Abu Hanifa) de manera mendaz por Ibn Sharhan al-Fazzani – que Allah le castigue. No quiera Allah que al Imam haya podido expresar algo semejante. Efectivamente, él amaba el Recuerdo y a sus practicantes, el canto y las melodías, así como los versos recitados por una bella voz.»

Sin embargo, no tiene nada de extraño que alguno haya querido adjudicar dichas palabras al Imam, lo que es increíble, es que pueda existir gente quienes las registran en su memoria y las consideran como pruebas bien fundamentadas: “Y es verdad que no son los ojos los que están ciegos sino que son los corazones que están en los pechos los que están ciegos”[44]. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “¡Cuántos conocen las ciencias religiosas y carecen de clarividencia!”[45].

He aquí, a fuer de resumen, cuanto se conoce de la posición de los cuatro imames relativo a las gentes del Recuerdo.

En cuanto a la danza (raqs) se refiere, pretendes que, de manera general, debemos considerar como increyente a quienquiera la declare lícita, basándote en la opinión de Ibn Wahban: «Quienquiera afirme que la danza (raqs) es lícita es un descreído, sobre todo si ésta se realiza con el concurso del son de tambores y de flautas». Más tarde, continuas citando el Mi’yar, el cual provee la siguiente opinión formulada por un grupo de sabios religiosos: “«Legar una zawiyya u otra cosa a estos discípulos sufis de nuestra época es una obra sin validez religiosa, pues ello no contribuye a otra cosa que a transgredir la Ley».

He captado perfectamente tu manera de actuar. Cada vez que encuentras comportamientos criticables o situaciones escandalosas, las atribuyes a las gentes del Recuerdo para que el lector, engañado por tu proceder, termine por identificar el sufismo a las prácticas mencionadas por ti: danzar, divertirse, tocar la flauta y otras futilidades del mismo género. ¡Que Allah te retribuya por ello como mereces!

Y ahora retornemos al estatuto legal de la danza (raqs), aunque ella no tenga nada que ver con el sufismo. Para que tú llegues a prohibir lo declarado lícito por Allah, no veo sino dos causas posibles: ya sea tu ignorancia sobre la jurisprudencia existente sobre este tema, o tu falta de escrúpulos.

¿No sabes que la danza prohibida, es aquella la cual no es sino vana distracción, debilidad afeminada, la cual se traduce por este embrutecimiento en el esfuerzo físico buscado por los insensatos? Nadie necesita prueba alguna para prohibir dicho comportamiento, pues la persona de carácter noble experimenta una aversión natural por ella, sabiendo que ello emana de un psiquismo grosero y de las sugestiones del demonio. Pues si teniendo conocimiento del estatuto jurídico de esa clase de danza, lo aplicas tal cual al caso de aquel a quien ves danzar o a aquello de lo cual tu entiendes es una danza, o a aquel quien aprueba la danza, entonces el resultado de tu razonamiento sin duda debe regocijarte. ¿No estás tú ya convencido que se debe declarar incrédulo a aquel quien declara que la danza es lícita? Entonces, ¿cómo vas a reaccionar ante la siguiente historia? Se cuenta que cuando los Abisinios entraron en la mezquita del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – el día de la fiesta, danzaban y se dedicaban a otras prácticas del mismo orden, las cuales formaban parte de sus costumbres; el Profeta contempló la escena hasta que hubieron terminado sin nada reprocharles, mientras A’isha se encontraba de pie detrás de él (Bujari). Dime por Allah, como interpretas esta historia, ¿pretendiendo como lo haces que toda clase de danza está prohibida? ¿Piensas que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – garantizaría alguna cosa la cual estuviera prohibida? ¿No eres capaz de comprender que existe una diferencia entre la danza de los idiotas afeminados y la de los abisinios?

Supongamos que ignores esta historia, o que conociéndola, no poseas la inteligencia suficiente para poder deducir de ella cual es la forma de danza permitida, ¿qué dices tú de la danza de sidi Ŷa’far Ibn Abi Talib – que Allah esté satisfecho de él -? Suponiendo que estas tradiciones sean auténticas, se cuenta que se levantó y se puso a danzar después que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le hubo dicho : “Te pareces a mí por tu físico y tu carácter “, sin que este último – sobre él la plegaria y la paz – se lo reprochara o prohibiera. ¿No es esta suficiente prueba para deducir que esta clase de danza está permitida? Por lo demás, ¿es legítimo poner al mismo nivel la danza de sidi Ŷa’far y aquella la cual Ibn Wahban evoca en su poema? ¿Ignoras que el principio jurídico de restricción limita el campo de aplicación de una regla enunciada, en principio, de una manera general? En fin, ¿piensas que los sufis autorizan todas las formas de danza al igual que tu las prohíbes todas? Nada de eso, pues ellos son más perspicaces que tu y no declaran nada en materia de religión sin saber, al igual que no se sirven de los textos sino después de haberlos comprendido. Son los tontos, aquellos quienes se imaginan que basta con reunir algunas referencias escriturarias y añadir una buena dosis de falta de pudor, para convertirse en un sabio. ¿Ignoras que tan grave es prohibir lo lícito que autorizar lo ilícito, como lo afirma el hadiz? Allah te ha humillado ya con aquello lo cual has escrito, y el hecho de que no distingas lo lícito de lo ilícito es un signo elocuente de Su cólera a tu respecto. ¿Piensas que se puede considerar como sabio a aquel quien es semejante al asno cargado de libros[46]? ¡Nada de eso! En realidad, el conocimiento es una luz particular la cual permite comprender las informaciones intelectuales, exactamente de la misma manera en que la mirada capta los objetos sensibles; se trata de comprender y no simplemente de reunir papeles. Allah (ta’ala) ha dicho a Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : Tú no conocías ni el Libro ni la fe, pero lo hemos hecho una luz con la cual guiar a quienes queremos de Nuestros servidores.[47]

El sabio verdadero debe pues abstenerse de emitir un juicio al respecto de la danza en tanto y cuanto desconozca su objeto, con el fin de no llegar a prohibir aquello lo cual Allah ha permitido. Por ello, el Chayj Mustafâ Ibn Isma’il Hasbah ha dicho: «Aún si la frase de Ibn Wahban parece constituir una prohibición total de la danza, es el punto de vista de Ibn Kamal Basha el que fija autoridad». He aquí el texto exacto tal y como es referido por el autor de la Safwa:

Si reflexionas en ello, la búsqueda de la iluminación no representa problema alguno.

No más que el balanceo, si el momento se presta a ello

Te levantas y acudes con tus pies, mientras

Que aquel quien llama su Señor debería apresurarse sobre su cabeza.

Los elementos los cuales acabo de citar no tienen como objeto el garantizar la danza, sino antes bien el establecer el estatuto legal de ésta y el venir a socorrer a la comunidad musulmana, a la cual en su mayoría, acusas de descreída, pues ella pudiera pensar generalmente que el hecho de moverse invocando está permitido. En cuanto a las gentes de la Vía, ellos piensan que ello es incluso deseable, conformemente a la siguiente palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , citada por el autor del Nusra[48]: “No es noble quien no se mueve a la invocación del Bien-amado.”. Este hadiz, mencionado por Suyuti en su Yami’a-s-sagir va en el mismo sentido: “Poneos en camino pues los solitarios, aquellos quienes se agitan por el Recuerdo de Allah, os han precedido” .Pero, ¿qué sabes tú de esto? Las invocaciones ritmadas por el movimiento corporal practicadas por los sufis puede ser que constituyan la agitación de la cual es cuestión en el hadiz, puesto que éste habla específicamente de «agitarse». He aquí el motivo por el cual ciertos sufis se balancean cadenciosamente durante la invocación, producto de su pasión por Allah: “Y los creyentes aman a Allah aún más intensamente”, pues toda persona enamorada se agita naturalmente al recuerdo del ser amado. Pero yo sé que esta clase de argumentos no tiene valor para ti, pues tú no has experimentado dicho Amor. Si él se inmiscuyera en ti, penetraría hasta en la última de tus articulaciones, desearías ardientemente escuchar la invocación de Allah, aunque fuera de parte de un infiel, y exclamarías como el sultán de los enamorados (Umar Ibn al Farid):

Aún cuando los censores lanzaran sus críticas,

Su Recuerdo me es dulce, en todas sus formas

Entonces sabrías el significado de ese temblor, y verías si es o no posible el controlarte. ¿Desconoces la historia de las mujeres quienes se cortaron las manos[49] cuando José – sobre él la paz – apareció delante de ellas?,  ellas dijeron: ¡Válganos Allah! Esto no es un ser humano sino un ángel noble[50]. Si una reacción tal es posible como producto de la belleza de una criatura, ¿por qué una reacción semejante no se produciría por la contemplación de la belleza de su Creador, cuando se manifiesta con el poder resultante de Su Grandeza?

Tengo la impresión de que no experimentas escrúpulo alguno en tratar a los creyentes de extraviados, desviados e innovadores, incluso de descreídos. Todo esto es para ti tan simple como beber un trago de agua. Pareces ignorar que un creyente es sagrado para Allah y Su Profeta. ¿No sabes que cuando tratas a un creyente de infiel, ello culmina en declarar lícita su ejecución, así como la confiscación de sus bienes y a declararle condenado eternamente al fuego? ¿Piensas tu que es del agrado de Allah y de Su Profeta? ¿No sabes como el Jadir – sobre él la paz – consideró preferible la muerte a que un creyente se vuelva incrédulo? Allah nos relata la respuesta que él (el Jadir) dio a Musa: En cuanto al joven, sus padres eran creyentes y hemos temido que él les influenciara por su rebeldía e increencia[51]. ¿No sabes que el creyente es más sagrado a los ojos de Allah que la Ka’aba, y que acusar de increencia a un creyente quien afirma públicamente la Unicidad de Allah y repite frecuentemente el testimonio de fe, es más grave para El que destruirla? ¡Te pongo en guardia contra la cólera de Allah! Témele respetando a aquellos quienes afirman: “La ilaha illa-l-Lah (No hay dios sino Allah)”, y no les juzgues en virtud de tus propias opiniones, pues Allah ha creado dichas gentes para que Le invoquen y les ha escogido desde la eternidad. Así pues, trátales al menos con miramiento, y respétalos por temor de Allah; y si tu hicieras aún más que esto, te encontrarías enriquecido, pues Allah te inspirará y te guiará.

He aquí todo cuanto se puede decir concerniente a las invocaciones ritmadas por el movimiento corporal.

Ocupémonos ahora del canto spiritual (sama’), y de la recitación de poemas, cosas habituales en la mayoría de los sufis.

Yo diría que hablando de este asunto sin conocer nada de él, te equivocas más aún que en el caso precedente. En efecto, es bien conocido como los Compañeros – que Allah esté satisfecho de ellos – recitaban poemas en presencia del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, y la historia de Ka’b Ibn Zuhayr cierra el debate si se reflexiona en ella: el Profeta prestó oídos a su poesía titulada “Banât Sa’ad”, engalanada sin embargo de bellas estrofas, aprobando de esta manera la recitación de poemas en su presencia, llegando incluso a darle su capa. En los Awarif, se cuenta que “un hombre vino en presencia del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y encontró allí gentes quienes recitaban el Qur’an, mientras que otros recitaban poemas. El exclamó entonces: «Oh Enviado de Allah, ¡el Qur’an y la poesía! » El Profeta respondió: Sí, a veces el uno y a veces la otra.”[52]

Gazali se ha extendido ampliamente sobre este tema, en respuesta a aquellos quienes declaran que el canto espiritual está desaconsejado o incluso totalmente prohibido, sacando a la luz todas las referencias escriturarias (dalil) las cuales contradicen sin ambigüedad tales tomas de posición. Es el caso especialmente del relato que nos aporta ‘Alqami de Ibn Mayah: Cuando el Profeta volvió a Medina después de una de sus expediciones, una sirvienta se aproximó a él y dijo: – Enviado de Allah, he hecho el voto, de que si Allah te devolviera sano y salvo, cantaría delante de ti acompañándome del tambor. – El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le respondió: – Si es este el voto que has hecho, entonces cúmplelo. He aquí otra de sus palabras: Cantad gentes de Arfida (abisinios). Los judíos y los cristianos sabrán así que gozamos de una cierta permisividad en nuestra religión. [53]

Por mi parte, de una manera general, no hago sino seguir la opinión del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “La poesía no es ni buena ni mala, sino son los poemas que son lo uno o lo otro en todo caso”.[54] La poesía que trata de los temas viciosos e incita al libertinaje está prohibida, y es a ella a la cual se aplican los elementos de la Tradición que hablan de prohibición. Recitarla o escucharla, es todo uno, puesto que ello constituye el objetivo de la misma. Sin embargo, otras poesías, al contrario, sirven para edificar o para prevenir, o a fin de motivar a alcanzar nobles estados espirituales y conocimientos; esta es la clase de la cual quería hablar el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando afirmó: De todas las sentencias poéticas «Fuera de Allah, ¿no es toda cosa vana?» es la más verídica[55]. Esta clase de poemas entra pues en el ámbito de su palabra – sobre él la paz – : “De la poesía emana una cierta sabiduría”. Claramente, el escuchar sentencias de sabiduría es recomendado por no decir obligatorio. Si has comprendido, entonces cesa de comparar la poesías declamadas por los sufis en sus asambleas – las cuales están dedicadas a explicar la sabiduría más elevada, que contienen las enseñanzas más profundas, y muestran al novicio la manera de seguir humildemente los caminos de su Señor – con aquellos versos por medio de los cuales los insensatos evocan siluetas, juegos y curvas, para incitar mejor a la perversión y a la lujuria : Allah os exhorta a que no volváis jamás a algo parecido, si sois creyentes[56].

Pero, a propósito de la invocación, retornemos a la cuestión de fondo. En efecto, éste se trata de un pilar esencial de la religión, y yo constato, habida cuenta de tu manera de difamar a quienes se reúnen para practicarla, que tú no te das cuenta verdaderamente de lo que resulta de ello. Por Allah, ¿cuál es tu parecer? : ¿El Recuerdo es lícito o ilícito? Imagino que has de admitir su legitimidad, a causa de Su Palabra – exaltado sea – : Recordadme a Mí, y yo os recordaré[57], así como otras semejantes, el conjunto de los cuales no dejan otra alternativa. En cuanto a mí, yo iría todavía más lejos que esta simple declaración de mínimos, añadiendo que las leyes no han sido reveladas, ni los ritos instituidos sino es en virtud del Recuerdo de Allah. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho en referencia de la circunvalación[58] de la Ka’aba: La circunvalación alrededor de la casa, las idas y venidas entre Safa’ y Marwa, así como la lapidación del Shaytan, no han sido instituidos sino que en virtud del Recuerdo de Allah[59] . A propósito del peregrinaje, Allah (ta’ala) nos ha hecho igualmente esta recomendación: Invocad a Allah junto al Mash’ar al Haram[60]. Es el Recuerdo de Allah lo cual constituye el objetivo, y no el lugar en él mismo; es lo mismo por la estancia en Mina[61] ya que Allah ha afirmado: Invocad a Allah en los días designados[62]. El ha dicho igualmente en relación a la plegaria: Establece la oración para recordadme[63]. Más aún, encontrarías otros elementos del mismo orden si estudiaras con atención el Qur’an.

De una manera general, el valor de un acto religioso depende de la intensidad de la concentración en el Recuerdo que le acompaña. He aquí por lo qué el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando se le preguntó cual entre los combatientes obtendría la mayor recompensa, respondió de esta manera: “Aquel quien habrá recordado más a Allah”. Y cuando se le mencionó nuevamente: Qué ayunante tendrá la mayor compensa, él reiteró su respuesta: “Aquel quien habrá recordado más a Allah”. Y en cuanto a la plegaria, la limosna y el peregrinaje y la zakat le fueron mencionados, respondió de la misma manera. Abu Bakr dijo entonces a Omar – que Allah esté satisfecho de ambos – : Las gentes del Recuerdo han ganado lo mejor. El Profetá – sobre él la plegaria y la paz – asintió diciendo: Ciertamente[64].

Puesto que ahora queda claro que la invocación es lícita, ahora la cuestión es de saber si Allah – exaltado sea – condiciona su legitimidad a la manera en la cual es realizada, sea en voz alta, sea en voz baja. Si pretendes que se pueden encontrar argumentos a favor de su interiorización, yo respondería que podemos encontrar otros elementos a favor de su exteriorización, lo cual tiene por finalidad incitar a practicarla en cualquier circunstancia; es este el caso de las fórmulas de glorificación los días de fiesta, de las dos llamadas a la plegaria y de la recitación en voz alta en las plegarias de la noche (Magrib, Isha y Subh)

Entre los hadices los cuales animan a la invocación en voz alta, encontramos en el “Musnad al Firdaws” de Abu Suya a-d-Daylami las siguientes palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – transmitidas por el hijo de ‘Umar – que Allah esté satisfecho de él -: “Aquel quien proclama “No hay más dios que Allah”, insistiendo en las palabras, Allah le instala en la morada de Su Majestad y le concede la visión de Su Rostro[65]. Igualmente, Bayhaqi relata de Zayd Ibn Aslam, la siguiente historia, contada por Ibn al-‘Awra’: “Salí una noche con el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, y encontramos en la mezquita un hombre quien invocaba en voz alta. -Enviado de Allah, ¿no es eso ostentación?- exclamé. – No, respondió él, sino que se trata de alguien quien multiplica la invocación de su Señor-“. En el Bastan al-qurra; se cuenta que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – invocaba en voz alta con sus Compañeros después de la plegaria.

De manera general, podemos decir que la exteriorización de la invocación no tiene menos fundamento que su interiorización, en cuanto a fuentes documentadas se refiere, presentando el primer método un interés mayor debido al provecho sacado de él por los auditores; basta con recordar, a fin de mostrar sus ventajas, que ella fue la causa de la conversión de los Djins (genios). Allah– exaltado sea – ha asimismo revelado a Su siervo lo que motivó su conversión mediante sus (de los genios) propias palabras según la siguiente revelación: “Hemos oído una recitación maravillosa que conduce a la guía recta, así que hemos creído en ella y no asociamos a ningún otro a nuestro señor[66]. Podemos igualmente verificar el interés de la invocación en voz alta, y entender las razones de ello de manera más detallada, a partir de la siguiente palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -: “Es mejor actuar en secreto que en público, salvo cuando se sirve como modelo a los otros[67]. En cuanto a mí respecta, temo por aquel a quien repugna el escuchar a las gentes el invocar en voz alta, a no ser que se trate de uno de aquellos a quien Allah (ta’ala) ha descrito de la siguiente manera: “Y cuando es recordado Allah, sin asociado, los corazones de quienes no creen en la última vida sienten rechazo”. Es pues evidente que una reacción tal no tendría sentido sino en el caso en el cual la invocación fuere realizada en voz alta, y en lo concerniente a este punto, los textos citados más arriba van el mismo sentido.

Quedando pues bien establecido que la invocación en voz alta forma parte de las buenas acciones, nada impide el reunirse para practicarla, como se deduce de Su Palabra – exaltado sea – : “Y buscad ayuda en la virtud y en el temor de Allah, no en la desobediencia ni en la transgresión[68], con independencia de todos los hadices favorables a las asambleas del Recuerdo citados precedentemente.

Así pues, estás obligado a reconocer que la invocación en grupo está permitida. Ahora, no te queda otra cosa que describirnos la forma la cual deben tomar las reuniones en las cuales se invoca a Allah. Efectivamente, las de los antiguos, – ellas consistían en reunirse en casa de uno de ellos para recitar el Qur’an, realizar la plegaria sobre el Profeta y dirigir plegarias a Allah por los musulmanes y por ellos mismos, – no son válidas a tus ojos; es más, la desapruebas severamente cuando deberías al menos considerarla como una invocación positiva. En cuanto a la forma de reunión practicada por los sufís, es por su causa que tienes este detestable discurso; no solamente reúnes contra ellos a tu caballería y tu infantería[69], sino que aún incitas a las autoridades a expulsarlos de las mezquitas y de todas partes. Espero de ti que nos expliques como debemos reunirnos para el Recuerdo: ya ves que hago lo posible para satisfacerte. Pero en realidad, no creo que estés satisfecho hasta que no veas ni siquiera una sola persona quien invoque a Allah, “pero Allah culmina Su luz, aunque ello disguste a los incrédulos”.

Una ver predicados todos estos discursos cuyo objetivo es bien evidente, te concedes una pequeña pausa manifestando toda otra suerte de cosas reprensibles las cuales no tienen nada que ver con los sufís, sacadas de las citas del Mi’yar: «Entre las innovaciones reprensibles existe una consistente para las mujeres en salir por las calles y los lugares públicos adornadas con toda clase de ornamentos ostensibles y de accesorios de belleza, perfumadas, caminando con arrogancia, para reunirse en las zawiyyas, los cementerios, o los lugares de paseo, y así mezclarse a los hombres y a los jóvenes. Más detestable aún es la apertura de tiendas donde se vende vino, la aparición ostensible de prostitutas en las calles de la tolerancia al respecto de los borrachos quienes se mezclan a la gente… En Túnez esto es peor aún durante el mes sagrado de Ramadán a causa de los juegos de azar».

Pareces limitarte aquí a simples citas sin asistir al autor del Mi’yar en su lucha contra la transgresión de las prohibiciones divinas, aunque fuere por la sola citación de un hadiz. Tú no reclamas la actuación de las autoridades contra los actos de estos insensatos, mientras por otra parte la reclamabas en el caso de los sufís, incitándoles a expulsarlos de las mezquitas y de todas partes. Si solamente les hubieras comprometido a frustrar la expansión de estos comportamientos nefastos – ya sea de la fornicación a la vista de todos, del consumo de alcohol o de otros vicios del mismo orden -, y si tus escritos se limitaran a ello; si hubieras testimoniado con el mismo celo que te animaba precedentemente, la comunidad musulmana hubiera estado obligada a alabarte, los tunecinos en particular, y habrías retenido la atención de tus enemigos, sin hablar de la de tus amigos. Pero, antes bien, al contrario, te has embarcado en asuntos sin interés, los cuales no pueden conducirte a otra cosa que a atraer hacia ti el Odio de Allah; he aquí a lo cual se exponen aquellos quienes Le causan daño en la persona de Sus santos, conformemente a la tradición santísima (hadiz Qudsi): “Quienquiera daña a uno de Mis santos, Yo le declaro la guerra”.

Veo claramente que no sabes de lo que hablas con todas estas citas. Marchas a ciegas y te asemejas así a un recogedor de leña quien trabaja de noche; lo que él recoja en estas condiciones puede, sea herirle, sea no serle de utilidad alguna. Este es el caso cuando dices: «Esta forma de vestirse con vestimentas muy finas es igualmente una innovación. Los antiguos reprobaban esto y decían: “El vestido ligero es el del depravado, la ropa refinada son el signo de una fe ligera”. Es el mismo caso para los vestidos de porte suntuoso, pues es relatado en el hadiz: “Quienquiera lleve un vestido ostentoso (zawb shahra), Allah le vestirá con un vestido de humillación y de envilecimiento el día de la Resurrección y lo inflamará”  -».

¿Qué ventaja obtendría el Islam y los musulmanes en cambiar el bienestar por la austeridad, en tanto no incurran en algo prohibido, sino es el llegar a arruinar el sector del artesanado y el comercio? Y ¿cuál es la relación entre el grado de fineza con el cual visten y la fe del corazón?; ¿qué permitiría el relacionar una cosa con la otra? Si verdaderamente existiera una relación entre ambos, los beduinos beneficiarían de una garantía sobre la fe porque sus vestimentas generalmente son más groseras que la de los habitantes de las ciudades. Si tu obligaras a los tunecinos a llevar vestidos groseros, seguramente encontraríamos a alguien quien exclamara: ¿Quién pues puede declarar ilícitos la belleza que Allah ha procurado a Sus siervos y los excelentes manjares que El otorga? Por Allah, ¿cuál sería tu respuesta? Allah, en cuanto a Él, afirma: Ellos son para los creyentes en este mundo, y para ellos solos el día de la Resurrección.

Si los antiguos hubieran reprobado las vestimentas refinadas, ello es probablemente porque ellas se encontraban fuera del ámbito de sus costumbres. Ahora bien, estamos bien seguros, de que ellos se preocupaban de los corazones de la misma manera en la cual tú te preocupas de las vestimentas. No se ha relatado nunca que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – haya exigido a las gentes el llevar vestimentas refinadas o lo contrario. El más bien decía: “Allah no mira ni vuestras apariencias ni vuestros actos, sino únicamente aquello que encierran vuestros corazones[70]. Obligaciones de este orden crearían malestar por otra parte, mientras que Allah ha dicho: “No os ha sido impuesto malestar alguno en vuestra religión”. En lo concerniente al hadiz citado por ti, el error consiste en el hecho de interpretar la palabra “shara” en el sentido de «refinado». A’isha – que Allah esté satisfecho de ella – relata que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – prohibía ciertas vestimentas suntuosas de lana y de seda. Otros hadices prohíben las vestimentas extremas, sea por su fealdad, sea por su belleza, pues de manera general lo mejor se encuentra en el justo medio.

Allah ha así prohibido el exagerar en materia de religión: Gente del Libro, no traspaséis los límites en vuestra práctica de adoración ni digáis sobre Allah nada que no sea la verdad[71].

Continuas: «Otra de estas innovaciones consiste en organizar comidas a la ocasión del aniversario del nacimiento del Profeta y en otras fiestas religiosas» ¿Y entonces? Aunque se tratara de una innovación, ¿qué inconveniente existe en preparar una comida en estas ocasiones, mientras no hagamos de esto una obligación y que ello no haga competencia a las que se preparan en las fiestas instauradas por el legislador – pues en este caso las unas podrían venir a sustituir a las otras? En mi opinión la sola comida la cual nos ha sido prescrita por el legislador es la de la fiesta del sacrificio, sin que él nos haya impuesto, por otra parte, de manera particular el guisado de la carne. Este asunto pues, no depende de otra cosa que de los modos y costumbres locales, en total libertad; aquél quien prefiere limitarse a esta comida y aquel quien desea más, hacen como bien les parece a cada uno.

Afirmas: «Las fiestas legales son las fiestas de la ruptura del ayuno (‘Aid a-s-sagir), la fiesta del sacrificio (‘Aid al adha) y el día de Ashura» – lo cual es efectivamente el caso -, después añades: «Toda otra fiesta es una innovación». Está claro que apuntas aquí al aniversario del nacimiento del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , pero no sé si tú calificas este aniversario entre las innovaciones reprensibles, según tu costumbre. Me gustaría que tú calificaras esta fiesta como una innovación loable, aunque no me hago demasiadas ilusiones al respecto. El autor del Madjal, al cual tú te refieres generalmente, no desaprueba las fiestas organizadas en la ocasión de este aniversario, sino únicamente las prácticas reprensibles contradictoras de la ley y a las cuales dicha fiesta sirve como pretexto. Es más, él se apoya en el ejemplo del legislador mismo para demostrar que es deseable honrar este día; he aquí lo que él afirma: «El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha hecho alusión a la importancia del mes de su nacimiento. En efecto, a aquel quien le preguntaba por qué ayunaba los lunes, él le respondió: “Es el día en el que he nacido”. El mérito de este día, resultante del acontecimiento de su nacimiento, se extiende pues a ese mes (Rabi’a-l-Awal): debemos pues honrar esta fecha.»

Continúas con la fiesta de a-d-Dhabila, una ciudad del Suf, de la cual nos dices que se trata de una innovación prohibida. Yo diría que esta clase de fiesta no entra en el marco del dominio religioso. El sabio pues debe hacerlo así saber, no prestando atención alguna a este género de manifestaciones, a fin de que los creyentes le tomen como modelo. Es así como actúan las gentes del sufismo: exceptuando las fiestas legales, ellos no dan importancia sino es al aniversario del Profeta, en virtud del lugar que éste ocupa en sus corazones y del bien resultante para el mundo musulmán. Ellos saben que el celebrar este día agrada a Allah y a Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Mi comunidad no puede ser unánime en el error”[72]. Ahora bien, ella es unánime en venerar este día.

Después citas al autor del Mi’yar: «Es igualmente una innovación esta manera, en la cual los ignorantes y las gentes cuya opinión no tiene peso alguno, evitan contraer o consumar un matrimonio durante el mes de Muharram. Es necesario hacerlo, al contrario, para respetar el carácter sagrado que Allah y Su Profeta han conferido a este mes, e incitar así a los ignorantes a abandonar esta costumbre». Tales prácticas no me indisponen de ninguna manera, si ellas no son realizadas sino por ignorantes y por gentes cuya opinión no tiene peso alguno. En su caso, lo esencial es que realicen el matrimonio conforme a la Ley, sin más. ¿Cómo exigir de tales gentes un matrimonio perfecto sin nada criticable?

Continúas así: «Una de las innovaciones consiste, en los matrimonios, en invitar a los ricos y excluir a los pobres.» Yo diría que este defecto tan humano no merece ser calificado de innovación, ya en su tiempo, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – lo había denunciado de esta manera[73]: “La peor de las comidas es el banquete de bodas al cual se invita a aquellos quienes desdeñan el presentarse en él y en el cual se rechaza a aquellos quienes han asistido. Quienquiera no responda a una tal invitación desobedece a Allah y a Su Profeta[74].

Continuas aún: «Otra innovación consiste en hacer poco caso del mal que se hace sufrir a los animales y a maltratarlos, por ejemplo cargándolos con fardos que ellos no pueden soportar». Yo diría que un comportamiento tal no tiene nada que ver con una innovación; es la bondad del individuo o, al contrario, la dureza de su corazón, las cuales entran en causa. Ciertas personas religiosas pueden muy bien ser duras con los seres humanos, sin ni siquiera hablar de las bestias, mientras que no-practicantes hacen gala de mucha más bondad cara a los débiles: Es la naturaleza primordial (fitra) que Allah ha dado a los hombres cuando los ha creado[75]. Dicho esto, la misericordia se adquiere junto a los misericordiosos y la ciencia junto a los sabios, conformemente al hadiz del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -.[76]

Después continuas: «Reunirse al séptimo día de la muerte de alguien y organizar una comida por esta ocasión es otra de estas innovaciones. Un tal alimento está prohibido, y no se debe  consumir». Y ahora me veo en la obligación de preguntarte de dónde has sacado la prohibición de consumir una comida ofrecida en una circunstancia tal. Pero si apareciera que ni tan siquiera has exigido justificación del autor del Mi’yar, aceptando como una ley revelada este juicio, el cual corre de boca en boca de las gentes de la comunidad – suposición de pura forma, pues es claro que tu anuncias estos alimentos como prohibidos privando así de ellos a los pobres -, los indigentes podrían muy bien replicarte que Allah ha dicho a Su Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : Di : Yo no encuentro alimento prohibido en aquello en lo que se me ha revelado a parte de la bestia muerta, la sangre derramada, la carne de cerdo, pues es una mancha, o una bestia inmolada en nombre de algún otro que Allah, pues es una perversión[77]». En el mismo orden de ideas, añades : «Ocurre exactamente lo mismo para las comidas ofrecidas a los pobres tres días después del deceso de alguien, una semana después, dos semanas después, a los cuarenta días y por fin al año del fallecimiento, como lo hacen los tunecinos y aquellos quienes siguen su tradición reprensible». Aunque los tunecinos siguieran tus consejos absteniéndose de esta buena acción la cual tú llamas tradición reprensible, ¿qué beneficio obtendrías tú a parte de haber conseguido privar a los pobres de estos alimentos? Al contrario, estos no encuentran muchas ocasiones para aprovecharse de los dones de los ricos, algunos de los cuales no les darían nada si no fuera a la ocasión de estas conmemoraciones de las que hablas. ¿Acaso ignoras que la institución de la limosna legal (Zakat)[78]  consiste en tomar de los ricos para ayudar a los pobres? Pero no son las miradas las que están ciegas, y el inconsciente a veces causa el mal considerando hacer el bien. Sin ni siquiera hablar del hadiz relatado por Mu’ad Ibn Ŷabal según el cual el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Aquél de entre vosotros quien desee hacer una limosna supererogatoria por Allah puede limitarse a darla a su familia si son musulmanes”[79].

Más tarde citas la sentencia siguiente del autor del Mi’yar: « Otra innovación consiste en que, en el transcurso de los entierros se invoca fuertemente a una sola voz, cuando lo requerido en parecida circunstancia, es el silencio, la reflexión y la meditación. El reemplazar el silencio por otra cosa, equivale a legislar». Esta actitud de la que hablas – silencio, reflexión y meditación – seguramente es la mejor de todas, pero solamente los caracteres superiores son capaces de mantenerla. Contrariamente, para la mayoría de las gentes, es mejor invocar en voz alta para así contrarrestar el riesgo de ocuparse menos noblemente, en discutir de temas sin interés, por ejemplo. He aquí porqué los sufís animan al pueblo a recitar: “La ilaha illa-l-Lah”, durante los entierros, conformemente a la palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Durante los entierros, decid frecuentemente: « La ilaha illa-l-Lah”.[80]. Este último (el Profeta) no ha especificado nunca si ello se trataba de una invocación interior o exterior. Otro hadiz dice: “Proveed de suministros a vuestros muertos diciendo: “La ilaha illa-l-Lah”[81]. Estas dos palabras muestran en consecuencia que no existe en ello nada reprensible. Así, afirmar que «reemplazar el silencio por otra cosa es legislar» es manifiestamente exagerado: la única cosa la cual eventualmente puede ser dicha, es que ello no es la mejor actitud en parecida circunstancia.

Continuas de esta guisa: «Otra innovación consiste en leer el Qur’an cantando. Es una práctica reprensible a la cual es necesario oponerse en vista del carácter sagrado del Qur’an. Usar melodías es ya reprensible en materia de poesía – es necesario preservarse de las gentes quienes hacen esto y abstenerse de escuchar sus cantos – , así pues, ¡qué decir de los versículos (ayats) de Allah – exaltado sea – y de Su Palabra santificada!»

No puedo impedirme de reaccionar ante una tal diatriba: ¡qué audacia el hablar de la religión sin conocerla! ¡Qué ligereza en el manejo de las fuentes documentadas (Qur’an y Sunna) que no comprendes! Aún admitiendo que Allah – exaltado sea – te probara restringiendo tu horizonte a la opinión de un solo muŷtahid, no te correspondería el hacer de ello una ley obligatoria de carácter general. Debes limitarte a seguir dicha opinión tú mismo, y eventualmente, a indicárselo a las gentes quienes piden la opinión de la escuela jurídica a la cual estás adscrito.

[1] Corán: 7-156

[2] Kanz – 34484

[3] Corán: 45-5

[4] Sharr al jalq wa-l-jalîqa

[5] Hadiz: “Quienquiera destruya el edificio de su Señor está maldito” Este “edificio” debe ser entendido ante todo como constituyendo el corazón del mu ‘min (verdadero creyente) en virtud de este otro hadiz: “El corazón del mu’ min es mejor que la Ka’aba”. Ello porque en la Ka’aba se manifiesta la Presencia de Allah (Sakina) y en el corazón del verdadero creyente, sobre todo en el de wali (íntimo de Allah), junto con la Sakina, se instalan las luces de los secretos de las revelaciones divinas.

[6] Kanz al-Ummal – 44203

[7] Qur’an (53-29).

[8] Qur’an (11-17)

[9] Suyuti y Daylami (Kanz al-Ummal – 28942)

[10] Suyuti y Daylami (Kanz al-Ummal – 29458). La ciencia del interior es aquella la cual releva de los conocimientos ocultos a la mayor parte de la humanidad. El mundo manifestado o ‘Alam Kadafa no es sino una faceta del mundo oculto o Alam Latafa, el cual le engloba y le da su razón de ser. En este ‘Alam Latafa es donde se manifiestan las realidades que no pueden ser captadas por los sentidos. Es principalmente en las visiones en estado de sueño o en las contemplaciones de aquellos cuyo ego (nafs) ha muerto para extinguirse en su Señor, donde pueden percibirse dichas realidades.

[11] Darimi, Abu Nu’aym, Ibn Abi Shayba y al-Hakim (Kanz 28945 y 28946).

[12] Transmitido por Abu Umar Ibn Abdu-l-Barr

[13] Qur’an (11-12)

[14] Tabarani, Ahmad e Ibn Hanbal  (Kanz 34592). Este hadiz es extraordinariamente importante. Este grupo de, al menos cuarenta, que se menciona en él, constituye la verdadera élite espiritual del Islam. Su conocimiento se encuentra por encima de la autoridad de los sabios (‘ulama) y de aquellos quienes emiten fatwas. Precisamente una de las más importantes causas de los desequilibrios producidos en la comunidad musulmana es la interpretación, interesadamente limitada, de las bases de la religión por parte de ciertos sectores. Es seguramente, por el hecho de que los sabios musulmanes del último siglo no se han prestado a dejarse aconsejar de esta élite, que dichos sectores han tenido un cierto arraigo.

[15] Pasaje claramente irónico

[16] Qur’an (24-37)

[17] Qur’an (32-16)

[18] Qur’an (24-37)

[19] Qur’an (17-43).

[20] Qur’an (8-2)

[21] Qur’an (5-85)

[22] Qur’an (59-21)

[23] Qur’an  (59-22)

[24] Qur’an (2-73)

[25] Qur’an (52-6)

[26] Qur’an (77 – 35,36)

[27] Qur’an (25-44). El chayj al-Alawi utiliza este versículo a fin de referirse a los adoradores del becerro, a los que alude continuando más abajo.

[28] Qur’an (2-164)

[29] Qur’an (2-92)

[30] Qur’an (27-226, entre otros)

[31] Qur’an (24-36)

[32] Qur’an (3-191)

[33] Qur’an (8-2)

[34] Qur’an (5-85)

[35] (Muslim, Ibn Hanbal y Tirmidi – kanz 1773)

[36] Ibn Hanbal – kanz 1774

[37] (Ibn Hanbal y Tabarani – kanz 1754-1756)

[38] Santo musulmán sevillano, nacido en Cantillana (Sevilla) 1116-1198. Uno de los pilares del sufismo de todos los tiempos, junto con Ibn Arabi de Murcia, Ŷunayd de Bagdad y Abdul Qadîr al-Ŷilani. Su mausoleo se encuentra en la ciudad argelina de Tlemcem situada muy cerca de la frontera con Marruecos.

[39] Hadiz convertido en proverbio (Kanz-44130)

[40] Qur’an  (2-113)

[41] Kanz-1931. Efectivamente, en los primeros tiempos del Islam, por ejemplo, en la época de Hasan al-Basri, los sufís celebraban sus reuniones en las mezquitas. En algunos países como Marruecos esta costumbre se ha mantenido hasta hace 200 o 300 años. Fue debido al interés personal de algunos sabios de la ciencia exterior, así como de ciertos gobernantes, celosos de la influencia de que los sufís gozaban sobre las gentes del pueblo, que debieron comenzar a recluirse en lugares destinados al efecto, llamados zawiyyas.

[42] Corán : 61-8

[43] Se refiere aquí a la fineza con la cual los sufis deben inspeccionar cuanto se les presenta. Cuando la Presencia divina envuelve la vida y actos del buscador de Allah, todo detalle es una noticia procedente de lo divino, la cual se debe inspeccionar a fin de poder entenderla.

[44] Corán: 22-44

[45] (Tabarani – Kanz 29004)

[46] Corán: 62-5

[47] Corán: 42-49

[48] Muhammad Ibn Tahîr al-Maqdisî.

[49] Corán: 12-50

[50] Corán: 12-31

[51] Corán: 18-79

[52] (Kanz 8001)

[53] Kanz 40676-40617

[54] Tabarani (Kanz – 7979).

[55] (Kanz 7977-7978)

[56] Corán: 24-17

[57] Corán: 2 -151

[58] Tawaff. Rito de circunvalación de la Ka’aba: Los peregrinos, convenientemente purificados, giran alrededor de la Casa de Allah en sentido opuesto al de las manillas del reloj. Cada cuerpo de circunvalación se compone de siete vueltas y es llamado “tawaff”. Los peregrinos pueden hacer dicho tawaff cuantas veces deseen, no siendo prescrito como obligatorio sino dos veces en el caso del Peregrinaje Mayor (Hiyy), y una en el Peregrinaje Menor (Umra). El peregrino debe estar vestido con una sola pieza sin costuras. El simbolismo del peregrinaje es el movimiento circular del ser humano en torno a la Presencia divina. Este movimiento tendrá un alcance diferente, en función de las capacidades espirituales de cada peregrino.

[59] Abu Dawud (Kanz – 12005).

[60] Corán: 2-197. Nombre de una parte de Muzdalifa.

[61] Lugar en el cual los peregrinos deben pasar tres noches antes de entrar en Makka (La Meca).

[62] Corán 2 – 201.

[63] Corán: 20-13

[64] Imam Ahmad, de Ibn al Qayyim al Jawziyya

[65] Kanz – 202

[66] Corán: 72 – 1 y 2

[67] (Daylami – Kanz 5273 y 5283)

[68] Corán: 5-3

[69] Corán: 17-64

[70] Tabarani – Kanz 7258

[71] Corán: 4-170

[72] Abu Dawud, Tirmidi e Ibn Mayah

[73] Es decir: aunque se trata de un hecho muy criticable, no puede ser tratado de innovación pues ya se practicaba en tiempos del Profeta; en ninguna manera se trata de adicción posterior alguna.

[74] Sahih Muslim

[75] Corán: 30 – 29

[76] La ciencia se adquiere por el estudio, y es esforzándose en ser misericordioso que uno realiza esta virtud.

[77] Corán: 6-146

[78] Uno de los cinco pilares de la Ley islámica.

[79] Kanz 16394

[80] Daylami (Kanz – 42578)

[81] kanz 42579

Esta entrada fue publicada en Islam. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.