PALABRA CERTERA A AQUEL QUIEN CRITICA AL SUFISMO IV – CHAYJ AL ALAWI

Y si tu afirmas que ello es reprensible, estás obligado a precisar que esto se trata de la opinión de un tal y no de una prescripción de la Revelación. Es esta la manera conveniente de proceder cada vez que existe una divergencia. ¿No se han impuesto los sabios, antes de afirmar el carácter reprensible de un acto, el conocer la escuela jurídica a la cual se encuentra adscrita la persona en cuestión? Es necesario pues abstenerse de desaprobar aquello lo cual otros consideran como un bien. Deberías saber que la Ley es demasiado vasta para encontrarse limitada a la opinión de una de las escuelas; sin embargo tú te explicas como si tu ciencia englobara todos los textos y razonamientos. Te asemejas a alguien quien se pusiera a participar en una guerra sin tener armas. En el momento en el cual las pruebas extraídas de la Tradición (Qur’an y hadices) te serán presentadas, aparecerás tan vulnerable como un hombre asaltado por ladrones. ¿Cómo reaccionarías si te apercibieras que la Ley de Allah estipula lo contrario de lo cual tu anticipas a propósito de la recitación cantada del Qur’an o de otras cosas? No tendrías otra salida sino decir: no son más que patrañas de los antiguos[1].

Chayj Ahmad Ibn Mustafa al Alawi – Fundador de la Tariqa Alawiyya en 1913

He aquí pues una parte de lo que he encontrado a este sujeto: tómalo o déjalo como mejor te parezca. Ŷalalu-d-Din a-s-Suyuti relata un conjunto de hadices del Profeta – sobre él la plegaria y la Paz – el cual basta ampliamente para mostrar que este último (el Profeta) aprobaba la recitación cantada del Qur’an. “Anas ibn Malik relata la siguiente palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : Para toda cosa existe un ornato, y el ornato del Qur’an, es la bella voz”.[2]. El dijo además: “Embelleced el Qur’an con vuestra recitación, pues la bella voz se añade a la belleza del Qur’an”[3], y en otra versión: “Embelleced vuestra voz cuando recitáis el Qur’an”[4]. Dijo igualmente: “La bella voz embellece el Qur’an”[5], y aún: “Que vuestras voces sean agradables cuando recitáis el Qur’an”[6].

Puede ser, dirás, que «embellecer» signifique aquí respetar las reglas de la recitación, a través de la salmodia fundamentalmente, pero por mi parte, afirmo que estos hadices fomentan muy claramente la recitación cantada del Qur’an. Si esto no te parece evidente, entonces he aquí algo todavía más explícito: Suyuti relata de Ibn Mas’ud – que Allah esté satisfecho de él – que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “No es de los nuestros aquél quien recita el Qur’an sin cantar”[7], y aún: “Nada es más digno de atención para Allah que la recitación cantada de un Profeta, mediante la cual proclama el Qur’an con una bella voz”[8]. Abu Hurayra ha relatado un hadiz semejante. Según ‘Alqami, para Shafi’i, sus compañeros y la mayoría de las sabios, esto significa que es necesario embellecer la voz durante la recitación del Qur’an. Pero he aquí un hadiz del profeta – sobre él la plegaria y la paz – el cual es más claro aún: “Recitad el Qur’an según las melodías de los árabes[9]. Según ‘Alqami ello significa que es necesario seguir una melodía y que la recitación debe ser armoniosa. Excluyendo toda posible ambigüedad, “Abu Musa al-Ashari relata que cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – le escuchó recitar el Qur’an exclamó: Has recibido una de las melodías (mizmar) de la familia de Dawud. Abu Musa dijo entonces: Si hubiera sabido que estabas escuchando, habría afinado más mi recitación”, es decir, según el comentarista: “lo habría embellecido aún”.

Finalizo aquí con las citas de la Ŷami’a-s-sagir. Todos estos hadices son de tal manera explícitos que tu manera de criticar absolutamente la recitación del Qur’an resulta, hablando con propiedad: ¡increíble! Y lo más sorprendente aún, es tu crítica de todo aquello lo cual pueda asemejarse a una voz melodiosa, en la poesía o en cualquier otro dominio. Podría deducirse de ello que careces de sensibilidad, y esto muestra igualmente como los animales pueden, a veces, ser más receptivos que los humanos: ¿no impresiona la voz melodiosa a los camellos, volviéndoles más dóciles? ¿No amansa a los pájaros atrayéndolos? ¿Ignoras que uno de los signos milagrosos aparecidos en Dawud (David) – sobre él la paz – no era otro sino la belleza de su voz cuando recitaba los salmos? ¿No es una bella voz, un beneficio acordado por Allah a Sus siervos? ¿No sabes que para algunos, Su Palabra – exaltado sea – : El añade a la creación lo que quiere[10], concierne precisamente a la voz melodiosa? Por otra parte, existe otra lectura de este versículo, en la cual se lee “garganta” y no “creación”, que convierte esta interpretación en más apropiada. Si debiéramos evitar el recitar el Qur’an mediante una voz melodiosa, y si la audición de una tal voz fuera reprensible, ¿por qué entonces este versículo habría hablado de ella específicamente? Una bella voz, lejos de ser un beneficio acordado por Allah a Su servidor, estaría entonces asimilada a un castigo. Excluyo evidentemente el caso en el cual ella no sirva sino a expresar palabras que no agradan ni a Allah ni a Su Enviado.

Igualmente parece que desaprobando las bellas voces tan severamente, emites un juicio en este asunto el cual se muestra contrario al de Allah. Aún en el caso en el cual encontráramos una escuela jurídica la cual rehusara permitir la recitación cantada del Qur’an, yo no persistiría en sostener que una opinión tal fuera más fundamentada que su contraria; que la recitación cantada del Qur’an o de los Nombres divinos sea reputada como autorizada, o aún recomendable, es en cualquier caso nítidamente más conforme al sentido de los hadices citados precedentemente. Yo diría aún que una tal posición es manifiestamente más sólida. Además, no son las bellas voces las que tú criticas tan duramente, aquellas que Allah ha desaprobado, sino más bien la voz del asno: “Ciertamente la más desagradable de las voces es la voz del asno”[11]. Tú, es pues lo contrario lo que prefieres, el rebuzno antes que la voz refinada, trocando así lo superior por lo inferior[12].

Prosigues: «Otra de esas innovaciones consiste en encender velas y aumentar la intensidad de la lámparas la noche precedente al aniversario del nacimiento del Profeta – sobre él la plegaria y la paz.»

Yo diría que las fiestas rompen inevitablemente con lo ordinario; la alegría se manifiesta en estas ocasiones por el hecho de vestirse con elegancia, adornarse y mostrar el contento. Aumentar la intensidad de las lámparas, la noche precedente al aniversario o en otras fiestas, es asimismo una manifestación de alegría. Aquello que prueba que existe una cierta tolerancia a la ocasión de los días de fiesta, es el siguiente hadiz el cual encontramos en al Bukhari: “Aisha – que Allah esté satisfecho de ella – relata que su padre (Abu Bakr) la encontró en compañía de dos sirvientes cantando y tocando el tambor, durante los días de Mina, en presencia del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – quien se había envuelto en su manto. Abu Bakr se puso entonces a expulsar a las sirvientes, pero el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, echando a un lado la prenda que le cubría el rostro, intervino: “ ¡Déjalas Abu Bakr! Estos días son días de fiesta.”[13]. En un hadiz semejante recogido por Bukhari, “Aisha – que Allah esté satisfecho de ella – relata: Abu Bakr llegó mientras que dos sirvientes ansaritas se encontraban conmigo cantando esas poesías de estímulo que se habían dirigido los Ansar el día de la batalla de Bu’az. – Abu Bakr – que Allah esté satisfecho de él – exclamó: – ¡Flautas del Shaytan en la casa del Profeta! El profeta – sobre él la plegaria y la paz – le dijo entonces: -“¡Déjalas Abu Bakr! Todo pueblo tiene sus fiestas, y este día es nuestra fiesta”.

Añades a propósito de las velas: «Encenderlas de día sería más indicado, como lo dice el autor del Madjal, aún cuando esta procesión constituye una innovación en ella misma.» Yo diría que es el hecho de encenderlas de día lo cual constituye más bien una innovación: ello no tiene ningún interés, mientras que sí lo hay en el hecho de encenderlas durante la noche; por otra parte, los antiguos no hacían nada que se le asemeje. En cuanto se refiere al carácter de innovación de esta procesión, espero por mi parte que Allah recompensará a aquel quien la instaure y que ella entrará en el ámbito de la palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Quienquiera instaura una buena tradición (sunna) obtendrá por ello una doble recompensa: la primera por haberla introducido, la segunda constituida por la suma de recompensas adquiridas por aquellos quienes la practicarán hasta el día del Juicio”, porque ella manifiesta el vínculo y el amor de los musulmanes por el Profeta – sobre él la plegaria y la paz[14]. Cualquiera que sea la manera en la cual se opere la reunión de la comunidad, representa siempre una misericordia por ella misma; he aquí porqué la Tradición la recomienda. El innovador en este caso, es aquel quien se opone a una tal reunión.

Después dices: «Constituye igualmente una innovación la utilización de incensarios de plata durante la enseñanza del hadiz; ello está prohibido igualmente durante las bodas. No está permitido el asistir a las reuniones en las cuales dichos utensilios son puestos en uso. ¿Cómo se podrían leer las palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – mientras que dichos objetos circulan? » – ¡De Allah somos y a El retornaremos![15]No comprendo por qué te interesas particularmente a los incensarios de plata utilizados durante los cursos de hadices y las bodas, mientras que la prohibición concierne, de una forma general, a todo tipo de recipiente en oro o en plata. En cuanto al resto de tu frase, si ello significa que está prohibido el leer el hadiz en el transcurso de parecidas reuniones, pretendo por mi parte, que es al contrario obligatorio el dar a conocer hadices los cuales muestran que los recipientes, tanto de oro como de plata, están prohibidos, de manera a convencer de ello a aquellos quienes los utilizan.

El hilo conductor de todo tu panfleto consiste en criticar, perseguir y anatemizar toda clase de prácticas hoy extendidas las cuales atribuyes a los sufís; es por ello que te has permitido abordar y tratar todos estos temas anexos de los cuales acabamos de hablar. Pero una vez terminadas estas digresiones, vuelves a tu objetivo principal, criticando el uso de un objeto el cual no tiene relación con la religión, considerándolo como un signo de esta ostentación de la cual, según tu, serían culpables los miembros de las cofradías.

Sigues: «Forman parte igualmente de las innovaciones reprensibles la utilización del tasbih, de origen cristiano, ya sea llevado en la mano o alrededor del cuello, con el fin de ser considerado como un practicante de la invocación o un devoto. Aquellos quienes lo llevan, ¿no saben que ellos invierten en esta ostentación aquello lo cual llama a la desdicha y al castigo?».

 Deduzco de esta frase que tu consideras, a toda persona quien lleve un tasbih en la mano o alrededor del cuello, un gran pecador, al cual se le han prometido desdicha y castigo (y esto como mínimo, ya que tus palabras implican que una persona tal se habría en realidad convertido en cristiana; en efecto, por el hecho simple que un tal lleve un tasbih alrededor del cuello, ella se asemeja a los cristianos). ¡Que Allah nos proteja! En mi opinión, aún aquel quien hubiera cometido pecados graves no podría merecer un tal juicio, pero, gloria a Allah. Ser verdaderamente sabio ¿no implica ser misericordioso? ¿Cómo puedes tu proclamar la pérdida y el extravío de la mayor parte de la comunidad? ¿Cómo sabes tú que la ostentación caracteriza a quien usa el tasbih mientras que es uno Solo Quien sondea los corazones? Aún y cuando se podría conceder que falsos devotos podrían disimularse entre aquellos quienes llevan un tasbih, existen ciertamente también sinceros adoradores entre ellos. Entonces, ¿a qué sirven estos juicios generales? ¿Conoces tu todas estas consciencias? ¿Conoces tú su intención en ello? Algunos, seguramente tendrán una buena intención. ¿No sabes que se califica a la intención como de elixir espiritual, pues ella es capaz de transmutar los actos instantáneamente? Puede ser que si preguntaras a una de estas personas por qué lleva un tasbih alrededor del cuello, ella te respondería: -“El me retiene de frecuentar los insensatos y los lugares dudosos: lo he puesto pues como parapeto de mi alma, pues él me dice con su simple presencia: -“¡Teme a Allah; tú no eres de aquellos quienes muestran públicamente sus torpezas!” ¿Se trataría pues, en este caso, de una buena intención, verdad? Igualmente si interrogaras a aquel quien lo lleva en la mano, puede ser que te respondiera: “Me sirvo de él para acordarme de Allah cada vez que me distraigo de Su Recuerdo, pues se me ha relatado la siguiente palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Que excelente medio de recuerdo es el tasbih”; según un hadiz conocido (marfu’) citado por Daylami en su Musnad al-Firdaws y transmitido por Ali – que Allah ennoblezca su rostro -, Ŷalalu-d-Din a-s-Suyuti lo menciona igualmente en su libro titulado: “Los beneficios del tasbih”. Por Allah, ¿qué les replicarías tú? Sus intenciones, ¿no son verdaderamente excelentes? ¿Este último hadiz no es, el mismo, explícito? En mi opinión aquél quien lleva un tasbih no merece el terrible castigo el cual tú le anuncias. Ciertamente algunos lo llevan sin una resolución particular, simplemente por hacer como los otros, pero ni siquiera esto merece el grado de castigo sobre el que hablas. Otros lo llevan para parecerse a los justos, esperando así reunirse a ellos: siendo esta una intención completamente válida. En fin, algunos individuos – muy poco numerosos comparados con la masa a la cual amenazas – son efectivamente tales como esos hipócritas quienes “lo hacen para que los demás los vean. Apenas si se acuerdan de Allah”[16]. Son precisamente versículos, como este el cual acabo de citar, los que conducen a los sufís a absorberse en el Recuerdo, a practicarlo públicamente y a multiplicar las invocaciones; ellos pretenden así salir del “poco” y lograr acordarse “mucho”, para distinguirse al máximo de los hipócritas quienes ”apenas si se acuerdan de Allah”. Este “mucho” por otra parte no tiene límites, sino es fuera de aquellos los cuales les ha asignado el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – en dos frases relatadas por el autor de la Ŷami’a-s-sagir (Ŷalalu-d-din Suyuti): “Multiplicad la invocación de Allah hasta que los hipócritas digan: – ¡Eso es ostentación!” “Multiplicad la invocación de Allah hasta que los hipócritas digan: “¡Es un loco!””. Así, cuando ellos alcanzan estos límites, y son acusados de ostentación como tú lo haces, o se les trata de “locos” como lo hace más de uno, ellos se consideran entonces auténticos practicantes del Recuerdo, tranquilizados de haber pasado del “poco” al “mucho”. Pero dime, poniendo a Allah por testigo: ¿Tú mismo has multiplicado de tal manera las invocaciones que se dice de ti lo mismo que se dice de ellos? O, antes bien, ¿eres de los que sufren por un “poco” de invocación? ¡Que Allah nos guíe a ti y a mí, hacia la multiplicación de Su invocación y nos inspire una excelente opinión de Sus santos!

En cuanto a la ostentación se refiere, los sufís son más desconfiados y temerosos que tú al respecto (ellos no experimentan deseo alguno de manifestarse), pero Allah – exaltado sea – les conduce a ello a fin de que puedan servir como modelos a los otros. Puede que no conozcas esta palabra del profeta – sobre él la plegaria y la paz – transmitida por Suyuti en su “Ŷami’a-s-saguir”: “Es mejor actuar en secreto que en público, excepto cuando se sirve de modelo para los otros”.

Después de haber criticado severamente el tasbih y afirmado que él se trata de una innovación prohibida, tú mismo nos aportas a favor una prueba de su legitimidad: “Se relata que entrando en la habitación de una de sus esposas, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – observó una luz procedente de sus vestimentas, lo cual le llevó a preguntar: – ¿De dónde procede esta luz?”

-Oh Enviado de Allah, respondió ella, ella proviene del subha[17] que utilizo para glorificar a Allah: lo he puesto ahí.

¡Pudiera esta luz encontrarse en tus dedos! Concluyó entonces el Profeta”.

Podemos deducir de esto, no solamente que el uso del tasbih (subha) ha logrado apoyarse en un precedente legal, sino además que una luz le acompaña, hecho éste el cual le concede aún más valor. Entonces ¿por qué criticar a aquel quien rodea su cuello con esta luz?

Sin embargo, añades: «Es necesario interpretar aquí la palabra subha como siendo la luz misma – es este el sentido que tiene en algunos hadices -, luz que se ha difuminado en las vestimentas, sustraída a las miradas. No se trata en ninguna manera del rosario fabricado a partir de granos y reunidos por un hilo, como lo imaginan algunos tontos». Pero dime: ¿existe una actitud más tonta que la tuya? Estableces tú mismo la existencia de un precedente legal y críticas al mismo tiempo las aplicaciones que se derivan de él. ¿Qué diferencia ves tú entre los granos de los cuales hablas y los huesos de dátiles (de los cuales afirmas más adelante que existe un precedente) o todo otro objeto puro? Se encuentra muy bien establecido sin embargo, que algunos entre los antiguos, utilizaban piedras para contar, en lugar de los huesos que acabamos de citar. Puede ser que desapruebes el hecho de que los granos se encuentren engarzados por un hilo. Entonces debes saber cómo ha sido relatado que Abu Hurayra – que Allah esté satisfecho de él – mismo, utilizaba, cada noche antes de dormir, una cuerda anudada con mil nudos para glorificar a Allah. Una cuerda tal, ¿no es ella semejante a aquello lo cual es un tasbih en la actualidad? Si Abu Hurayra tenía el hábito de hacer ciertas invocaciones cada noche, ¿crees tú que hubiera renunciado a ellas durante sus desplazamientos? (es poco probable); ¿piensas tú que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, viéndole con esta cuerda en la mano o alrededor del cuello, habría podido criticarle mientras él mismo (el Profeta) incitaba a invocar mediante este objeto? Yo no lo creo así – pero Allah sabe más. El sello que el Profeta llevaba en su dedo no era en su origen sino un medio para firmar; después se ha convertido en Sunna el hecho de llevar un anillo; ¿por qué no podría ser lo mismo para el tasbih? Y ¿por qué no llevarlo alrededor del cuello antes que en la mano? En mi opinión, te has puesto en mala posición con este asunto; simplemente porque esta práctica reposa sobre fuentes tradicionales. Según el autor de los Madarik, alguien encontró a Sahnun “llevando alrededor de su cuello un subha del cual se servía para glorificar a Allah, es decir, un objeto destinado a contar las invocaciones de glorificación.” Sin duda, conoces esta historia, por consenso, ¿no ha sido establecido el hecho de que una sola información tradicional (jabar al wahid) basta para establecer la naturaleza deseable de una práctica? Excepto para los rafiditas[18], ello no exige para este fin, el hecho de que sean disponibles múltiples informaciones procedentes de diferentes fuentes. Entonces ¿por qué las rechazas tú? Puede ser que sea porque ellas no son “conformes a los deseos de tu alma”[19].

Pero si no he logrado convencerte, a pesar de todas estas citas, entonces puede ser que las tradiciones aportadas por Ŷalalu-d-din Suyuti puedan lograrlo; él, quien escribió un libro titulado: “Los beneficios del tasbih”. He aquí lo que dice: “Daylami, en su Musnad al Firdaws, relata el hadiz “marfu” siguiente de Ali – que Allah ennoblezca su rostro – : “Qué excelente medio de Recuerdo es el tasbih”. En cuanto a Abu Hurayra, éste poseía una cuerda anudada con mil nudos la cual utilizaba para glorificar a Allah antes de dormir, al igual que Abu Darda.” El menciona asimismo a otros Compañeros sobre el mismo asunto. El Imam Sanusi, el autor de los Barahin, relata tradiciones parecidas en su Nusra-l-faqir…

Imagino que no concedes ningún crédito a los imames de los sufís en lo concerniente a este asunto; sea cual fuere, sabe que los sufís son conocidos por llevar públicamente el tasbih desde la época de Ŷunayd – que Allah esté satisfecho de él -. Otros elementos característicos del sufismo son igualmente reconocidos desde esta época. El qadi Ahmad Ibn Jallikan relata en sus “Wafayat al-a’yan” que alguien, viendo a Ŷunayd con un tasbih en la mano, le preguntó la razón de ello. Este respondió: -“Es un camino gracias al cual he alcanzado a mi Señor; no lo abandonaré pues”-. Pienso que reconoces la alta estima religiosa de la cual goza el Imam Sha’rani – que Allah esté satisfecho de él – . Sabe entonces que él relata en sus “Tabaqat al-sughra” que sidi Ahmad al- Ka’ka’i – un chayj quien era a los ojos de Sha’rani de aquellos de los cuales se busca la bendición – tenía un tasbih de mil granos, de los cuales le fueron robados siete. El vio entonces en sueños al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , y este último le dijo: “Oh Ahmad, fulano ha robado siete granos de tu tasbih; desde entonces el número de plegarias que haces por mí es incompleto.” Partió entonces al encuentro del ladrón quien le dijo: “El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho la verdad”. Le mostró entonces los granos que había disimulado en su ropa, y los puso él mismo en el tasbih añadiendo: “Nunca había visto un tasbih tan brillante; una luz emana casi de él gracias a todas estas invocaciones.”

Sin embargo, un mínimo de pruebas basta cuando se es objetivo. No te pido el ponerte un rosario en el cuello y aún menos el llevarlo en tus manos; no obstante, espero que las fuentes tradicionales las cuales te he citado te conducirán a defender tesis aceptables y a evitar juicios apresurados. Si no reaccionas entonces, “en verdad no podrás traspasar la tierra ni alcanzar la altura de las montañas”[20].

Continúas citando un hadiz, el cual consideras que sostiene tu postura; de hecho, me pregunto si éste lleva verdaderamente agua a tu molino, o si al contrario, por azar, debilita antes bien tu tesis. “Se relata que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – vio una mujer quien había colocado junto a ella algunas pequeñas piedras, gracias a las cuales contaba sus invocaciones. Se dirigió a ella diciendo: – Hay algo mejor y más fácil. Di: “Gloria a Allah tantas veces como existen seres en los cielos”; “Gloria a Allah tantas veces como existen seres en la tierra”; “Gloria a Allah tantas veces como existen seres entre ambos”: “Gloria a Allah tantas veces como El crea”, después repite: “ ¡Allah es el más grande (Allahu ‘Akbar)!” y “ ¡Loado sea a Allah (Al Hamdu li-l-Lah)!”, añadiendo aún “tantas veces como…” [21] Yo diría que este hadiz derriba cuanto precedentemente has tratado de establecer. ¿No tratabas de mostrar la necesidad de contar con los dedos? Ahora bien, ¿no viene este hadiz a dispensarnos de toda cuenta precisa? Citándolo, nos has facilitado la existencia, ahorrándonos el contar, ya sea con nuestros dedos u de cualquier otra manera – ¡que Allah te bendiga! Tu tesis carece pues de consistencia, pues una vez llegado a este punto, inmediatamente das la vuelta diciendo: «Se cuenta que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – glorificaba a Allah contando con la mano derecha el número de invocaciones. Si el hecho de contar las invocaciones con huesos o cualquier otra cosa del mismo género se apoya sobre un precedente legal, no es, no obstante, el mejor método, pues es mejor contar con los dedos».

Yo diría que “esta vez vienes con la verdad”[22], la más rutilante, pues tú mismo estableces que el hecho de contar a través de los huesos (de dátil) o de otra cosa similar se apoya en un precedente legal: ello no es pues criticable. En cuanto a mí se refiere, estoy de acuerdo contigo en decir que es mejor contar con los dedos, salvo si se recitan letanías (wird) pues es difícil el realizarlo correctamente de esta manera, como la letanía practicada por Abu Hurayra – que Allah esté satisfecho de él -, y salvo igualmente si uno quiere actuar conformemente a la palabra del profeta – sobre él la plegaria y la paz -: “Quienquiera dice 70000 veces: La ilaha illa-l-Lah (No hay divinidad sino Allah), Allah prohíbe que vaya al Infierno.” Suponiendo que este hadiz sea auténtico, dime honestamente, poniendo a Allah por testigo: ¿es posible contar hasta 70.000 con los dedos? Si admites que esto es imposible, entonces no nos queda otra salida que utilizar un tasbih para contar estas 70.000 invocaciones las cuales te salvarán del fuego – si ello place a Allah. Tu última frase podría reflejar la opinión de cualquier otra persona de buena fe. Pero, en lugar de quedarte ahí, finalmente haces marcha atrás, anunciando así tus matices: «Invocar con un tasbih de granos engarzados (en un hilo) es una innovación prohibida, pues muchas circunstancias se oponen a esto. Se podría así llevarlo ostensiblemente sin invocar en absoluto; seguidamente, se trata de un objeto utilizado por los monjes cristianos, lo que explica que esté dividido en tres series de 33 granos y el que tenga forma de cruz; además, si los dos separadores fueran más largos, este hecho aparecería de una manera muy clara. Mi opinión es que un sabio bien guiado no debería autorizarlo, por las razones las cuales acabo de evocar. Los monjes no han cesado de servirse de él hasta nuestros días, y si algunos sufís lo han utilizado, es únicamente por mostrar su piedad y hacerse venerar de esta manera, siendo su fin ganarse a las gentes y tomar su dinero engañándoles arteramente».

Yo diría, en cuanto a la acusación de innovación, que las fuentes tradicionales las cuales hemos citado bastan a las “gentes perspicaces”[23]. Tu mismo has reconocido como el uso del tasbih se apoyaba en un precedente legal. Aun suponiendo que, a pesar de esto, se quiera ver en ello una “innovación”, es impensable el ir tan lejos como para prohibirlo de manera tan radical, pues los sabios – que Allah esté satisfecho de ellos – han definido la innovación prohibida siendo aquello lo cual contradice sea una sunna transmitida por una cadena ininterrumpida de relatores, sea el consenso. Ahora bien, no existe absolutamente nada de esto en lo concerniente al tasbih. En cuanto a las razones que avanzas para su prohibición – (según tu) – algunos se adornarían con el tasbih sin invocar en absoluto -, este problema no concierne sino a la persona quien lo utiliza con esta intención; y esto es un dominio en el cual no puede legislar texto alguno; por otra parte, afirmar que dicha persona no invoca, ello es el producto de una conjetura, “y la suposición carece de valor ante la verdad”[24]. En este sentido el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “No confundáis las conjeturas con la verdad.”[25]

Las cuestiones pertinentes al hecho de utilizar el tasbih, y de llevarlo alrededor del cuello o en la mano, habiendo sido ya tratadas, nos queda tu argumento en el cual atribuyes a los monjes cristianos el uso del rosario. Todo sabio conoce como los sufís se han servido siempre del tasbih, pero puesto que tu insistes sobre este punto, explícanos pues el motivo por el cual el legislador prohibiría absolutamente todo punto común con los monjes, a la excepción de ese cinturón (zunnar), que la comunidad musulmana ha rechazado, purificándose así perfectamente de la forma de asociacionismo representada por él – alabado sea Allah. Ciertos monjes, ¿no tienen cualidades de las cuales las gentes como tú se encuentran desprovistas? Allah – exaltado sea – les ha así loado: “Eso es porque entre ellos hay sacerdotes y monjes y no son soberbios. Cuando oyen lo que se le ha hecho descender al Mensajero, ves sus ojos inundados de lágrimas por la verdad que reconocen y dicen: Señor nuestro: ¡Creemos, escribe nuestros nombres con los que dan testimonio!”[26]. ¿Es necesario pues abandonar la noble actitud descrita por Allah en este versículo? Por otra parte, aún diciendo que los monjes hacen uso de él, lo esencial es el objetivo por el cual es utilizado. En cuanto a encontrar en el tasbih la forma de una cruz, yo diría que eres el único en haber señalado este hecho, en realidad, se trata ciertamente de una “inspiración” cuya exclusividad te pertenece. Ningún musulmán, a quien Allah haya “aclarado” la vista de repente, ha constatado nunca que la mayoría de los musulmanes llevaba una cruz al cuello. ¡Qué Allah nos preserve! Pero este género de descubrimiento depende fundamentalmente de la naturaleza de su autor. ¡Por Allah, es extraordinario! ¿Qué relación puede existir entre la forma de un tasbih y la cruz? Es el ojo de la cólera el que ve mal por todas partes. Si se quisiera evitar que se coma, beba o mire, todo aquello cuya forma se asemeje aproximadamente a una cruz, entonces sabe que la forma humana, la cual es la tuya, está mucho más cercana a la forma de la cruz que el tasbih. Afirmas que «si los dos separadores fueran más largos, ello se vería de forma muy clara»; no obstante, esta forma se manifiesta en ti de manera mucho más evidente. Ponte de pie extendiendo los brazos: no tendrás necesidad de encontrar en el tasbih la forma de una cruz, puesto que la verás en ti mismo. Estarás, en consecuencia, obligado a poner fin a tus días, o a huir de tu propia imagen, para así evitar todo lo cuanto se asemeja a una cruz.

Por otra parte, y suponiendo que Allah te haya puesto a prueba con el razonamiento por analogía aplicado al tasbih, ¿por qué le comparas a la cruz y a las prácticas de los monjes, en lugar de compararlo a las guirlandas que los árabes llevaban y ponían sobre las bestias ofrecidas en sacrificio? En efecto, cuando ellos iban en peregrinaje a la casa sagrada de Allah, se adornaban con ellas a fin de que nadie les hiciera daño. Estas guirlandas son cuerdas trenzadas, fabricadas con juncos u otro material. Allah ha loado a los árabes por esta tradición la cual databa del tiempo de la ignorancia (ŷahiliyya) preislámica, pero que el Islam ha integrado y ha incluido en el número de Sus beneficios. El ha dicho – exaltado sea – : “Allah ha instituido la Ka’aba, la Casa Inviolable, como un pilar para los hombres, así como los meses sagrados, las ofrendas y las guirlandas”[27]. Ibn ‘Atiyya ha dicho, concerniente a este versículo, que estas guirlandas servían para garantizar la inmunidad de las gentes quienes partían en peregrinaje. Según Qatada – que Allah esté satisfecho de él – , antes del advenimiento del Islam, los hombres quienes partían en peregrinaje se adornaban con guirnaldas de junco para que nadie les hiciera mal. Sa’id Ibn Yubayr afirma que Allah – exaltado sea – había ya establecido estas prácticas del peregrinaje, tales como el adornarse con guirlandas en la época de la ignorancia pre islámica, en el tiempo en el cual los árabes ni esperaban el Paraíso ni temían el Fuego; pero con el advenimiento del Islam, El, las ha reforzado.

Ahora bien, el tasbih, ¿no se asemeja más a las guirlandas que a la cruz? En realidad, ello importa poco, siendo tu fin acusar a los sufís de extravío; pero “Allah no va a extraviar a una gente después de haberla guiado”[28]. Y puesto que afirmas: «Mi opinión es que un sabio bien dirigido no podría autorizarlo, por las razones que he evocado», yo te respondería: “Y eso que pensasteis sobre vuestro Señor os ha llevado a la ruina y os habéis convertido en los perdedores.”[29]. ¿No te he transmitido ya la opinión de los sabios quienes utilizan el tasbih o lo afirman lícito, como Ŷunayd, Sahnun, Sha’rani, Sanusi, Suyuti y numerosos otros aún, sin referirnos a los Imames del sufismo? ¿Tales nombres no bastan para probar su carácter lícito? A menos que pretendas que ellos no son sabios bien dirigidos, ¡no lo quiera Allah! No sabríamos pensar mal de nuestros piadosos predecesores. ¿Son estos últimos aquellos de quienes dices: «Y si ciertos sufís lo han utilizado, es para proclamar su piedad y de esta guisa ser venerados, siendo su fin el ganarse a las gentes y su dinero engañándolos arteramente»? En materia de juicio sobre la comunidad musulmana, es bien difícil imaginar algo peor que esta aviesa opinión. ¡Que Allah nos preserve, así como a aquel quien la profesa! Cuando los miembros de la comunidad musulmana presentan todas las apariencias de bien, aquel quien se aventura a pensar que lo hacen por ganarse a las gentes y a su dinero, se arriesga a acusar a los Califas bien guiados, a los Profetas y a los Enviados – que Allah les otorgue Su gracia-. Pero, en realidad, esta manera de correr detrás de este bajo mundo, es en ti en quien la has encontrado; has juzgado a los otros a la imagen de ti mismo, creyendo ver en ellos vicios los cuales te pertenecen propiamente, pues “el creyente es el espejo de su hermano”[30]. En cuanto a nos, por Allah, conocemos hombres quienes han escogido, en lugar de poseer mucho dinero, el no poseer sino un mínimo de bienes; quienes dan más de lo que reciben. Ellos, sin duda alguna, forman parte de aquellos sobre los cuales ha dicho el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – : “Por ellos recibiréis la lluvia y por ellos seréis alimentados”.

Continuas así: «Algunos de entre ellos tienen rosarios enormes los cuales se han depositado a su muerte sobre su féretro. Para sus herederos es una manera de buscar dinero mucho más rentable que el cultivar olivos o palmeras. Cuando un notable se presenta, lo acogen con respeto y veneración y le abren el mausoleo decorado. Una vez él ha terminado con sus invocaciones, le traen un samat entero (se trata de un pan de la talla de una mano) o solamente un trozo de este pan, a la manera de los monjes, como el autor del “Tuhfat al-arib fi-r-radd ‘ala ‘ahli a-s-salib” lo ha señalado. A veces, les dan agua, que deben beber por la baraka. Pero toda esa puesta en escena no tiene otro fin que el de conseguir el dinero del visitante. Si al contrario, se trata de un pobre, no se toman interés para hacerle caer en la trampa».

Termino aquí de citar este pasaje repleto de ideas groseras y de palabras sin consistencia. Allah – exaltado sea – te ha dado poder sobre el honor de Sus santos[31], vivos o muertos, y no pueden liberarse de tu compañía. ¿Ignoras que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho?: “Hablad bien de vuestros muertos y absteneos de hablar de sus aspectos negativos”, y también: “Retened vuestra lengua al respecto de los musulmanes, y cuando uno de ellos muere, hablad bien de él”[32]. El dijo aún: “El musulmán es aquel quien pone a los musulmanes al abrigo de su mano y de su lengua[33]. Entonces, ¿por qué mezclarte en los asuntos privados de los musulmanes, vivos o muertos? ¿Desconoces que el legislador ha definido así esta maledicencia la cual todo el mundo se ha acordado en prohibir: “La maledicencia, es decir de su hermano cosas que a él no le gustaría escuchar[34]? El ha dicho igualmente en un hadiz transmitido por Abu Hurayra: “La maledicencia, es aquello lo cual no te gustaría decir a tu hermano cara a cara”[35]. Se dice aún que la maledicencia, es el decir verdades sobre tu hermano, pues si él no es tal y como lo has descrito, se trata entonces de difamación. Entonces,  ¿a qué categoría pertenece tu panfleto – que Allah te haga misericordia? ¿A la maledicencia o a la difamación? ¡Por Allah, que en verdad, pertenece a las dos! A algunos les has hecho blanco de tu maledicencia, y a otros les has difamado: “¡Allah os exhorta a no recomenzar, si sois creyentes!”

Después de haber desdeñado a los musulmanes, haberte burlado de los hijos de los creyentes y haber difundido un buen número de los defectos de tus hermanos – ¡por Allah, si los no-musulmanes te escucharan, seguramente se regocijarían y se desharían en elogios hacia ti! – , concluyes tu capítulo de la siguiente manera: « ¡Oh hermano!, en materia de religión, lo mejor es la Tradición y lo peor es la Innovación».  Pero cuando perjudicas el honor de los musulmanes o cuando te inmiscuyes en los asuntos privados de los miembros de las cofradías, ¿a qué clase de tradición te refieres? ¿A la Tradición (Sunna) del Enviado de Allah? ¿A la de los califas bien guiados? Dime pues – que Allah te haga misericordia – : ¿quién, entre los Compañeros y sus sucesores, ha permitido que se atente contra el honor de los musulmanes, lo cual justificaría que difundas, como lo haces, sus defectos públicamente? En cuanto  a las innovaciones se refiere – ¡te conjuro por Allah! – , dime pues ¿cuáles son aquellas de las que aparecen en este artículo de tu panfleto, las cuales contradicen la Tradición o el consenso (‘iŷtima’)? ¿El llevar un tasbih en la mano y servirse de él? Además, el hombre inteligente debe establecer prioridades, pues existen males los cuales son más graves que los otros: ¿en qué podría molestarte tanto esto, en tanto y en cuanto los miembros de las cofradías recen, ayunen, reciten el Qur’an y, más generalmente, cumplan con todas las obligaciones del Islam? Si se trata de aquellos regalos los cuales se les hace y que tu quisieras declarar ilícitos, el legislador no es de esa opinión, pues se ha dicho: “Nada es más lícito que recibir un regalo sin haberlo pedido[36].

¿Ignoras que el carácter sagrado de los Justos se extiende a sus hijos y a sus descendientes, en tanto sigan la misma vía y sean musulmanes? A fortiori, si ellos descienden del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – o de uno de sus parientes cercanos, ya que la Revelación nos impone el amarlos. “Di: No os pido por ello ningún salario, sino es que améis a los próximos[37]. ¿No sabes que Musa y el Jadir – sobre ambos la paz – se pusieron ellos mismos al servicio de dos huérfanos, solamente porque el padre de ellos formaba parte del número de los Justos? ¿Podríamos encontrar una historia más noble que se refiera a los hijos de los Justos? No, por Allah, tu discurso y el de tus semejantes no pueden disminuir  un ápice de la importancia de su ejemplo. En cuanto a mí se refiere, deseo simplemente a los hijos de los Justos el que hereden las cualidades de sus padres: “Nos reuniremos a los creyentes con aquellos de sus descendientes quienes les hayan seguido en la fe”[38].

Después, anuncias un segundo capítulo el cual comienzas de la siguiente manera: «Parecerse a los infieles constituye asimismo un extravío, contra el cual el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos ha puesto en guardia: “Seguiréis las prácticas de quienes os precedieron, palmo a palmo, paso a paso, de tal manera que si uno de ellos entrara en la madriguera del lagarto, entraríais en ella vosotros también, y si aún se acoplara con su mujer en la calle, vosotros también lo haríais” ». Continúas de esta guisa, y después señalas un conjunto de innovaciones de las cuales es conveniente preservarse, y sobre este tema, tanto el ciego como el hombre clarividente, no pueden hacer otra cosa que concederte la razón. Queda claro, no obstante, que este pasaje no sirve sino como preludio a fin de introducir los ataques que le siguen, donde te cebas cuanto puedes sobre las tumbas de los Justos y sobre aquellos quienes las visitan. En efecto, si hubieras buscado realmente denunciar todas estas innovaciones, habrías abordado cada una de ellas en detalle, pero en realidad es este asunto de las visitas a la tumbas el único que te interesa. Y si realmente desearas prevenir del riesgo de asimilación a los infieles, consagrarías entonces un capítulo a ponernos en guardia contra las costumbres extranjeras, que tanto nuestros hijos como nuestras esposas han adoptado, a fin de que las tradiciones islámicas y los caracteres árabes pudieran mantenerse entre nosotros.

Al contrario, en lugar de esto, te dedicas a sacar temas que no sirven sino a sembrar la discordia. ¿Te das cuenta de lo que haces? Citas a Sidi ‘Ali al-Aŷuri quien dice a propósito de la veneración de las tumbas: «Si él (el Profeta) viviera en nuestra época, diría que se las adora, olvidando el “no se está lejos de”, pues tanto sus palabras como sus actos son elocuentes al respecto.» ¡Por Allah, es increíble! ¿Cuándo pues la comunidad musulmana ha apostatado para terminar adorando las tumbas? Hubieras debido ceñirte a las palabras de al-Aŷuri, proveyéndote así de una puerta de salida, tanto como a los musulmanes. Y si fuera necesario verdaderamente lanzar una tal acusación, – ¡que Allah no lo quiera! – , hubiera valido más explicarse por alusión. Pero, ¡qué audacia! Por Allah, el creyente no puede atreverse a sospechar de apostasía a quien fuere, y menos aún juzgar y declarar apóstatas a gentes quienes forman parte de los mejores siervos de Allah. En efecto, todas las gentes de la Tradición veneran a los justos de la comunidad, se benefician de la baraka inherente a sus tumbas, recurriendo a ellos en las situaciones importantes: siendo su objetivo en todo esto únicamente el de beneficiarse de su intercesión junto a Allah – exaltado sea.

A pesar de la claridad de tus afirmaciones, temías probablemente de que aún subsistiera una duda de ambigüedad en ellas, y que por lo tanto no se comprendiera completamente que las gentes de esta época son apóstatas adoradores de tumbas. Insistes pues, a fin de garantizar a tu lector una perfecta comprensión en este punto: «Se encuentra en el Sahih un hadiz transmitido por ‘Aisha – que Allah esté satisfecho de ella -, según el cual Umm Habiba y Umm Salama – que Allah esté satisfecho de ellas – hablaron al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – de una iglesia la cual ellas habían visto en Etiopía, dentro de la cual se encontraban representaciones (imágenes); este último dijo entonces: “Estas gentes, cuando muere uno de sus hombres piadosos, construyen sobre su tumba un lugar de prosternación (masŷid) y construyen imágenes de las cuales se sirven: ellos serán los peores de los hombres a los ojos de Allah el día de la Resurrección”. Las gentes de nuestra época les han seguido en esto y ellos son los peores de los hombres y aún más, de los seres vivientes. »

¡Gracias te sean dadas, de parte de la comunidad de Ahmad! Y ¡que Allah te retribuya con lo que te convenga! Por Allah, al Enviado no le gustaría escuchar que los miembros de su comunidad son los peores de los hombres y de los seres vivientes. ¡No te ha bastado con denigrar sus prácticas e invalidar sus creencias! Has llegado a colocarlos en el grado más bajo del infierno, comparándoles a los adoradores de ídolos; provisto que el legislador dice de estos últimos, que son los peores de los hombres, mientras que tú, afirmas de tus correligionarios que son los peores de los hombres y de los seres vivientes. Por otra parte, aún si estuviéramos de acuerdo en que hubiera gentes comunes quienes pudieran asemejarse a aquellos a quienes se menciona en el hadiz, ¿cómo se puede afirmar que se encuentren al mismo nivel? Para terminar, si el juicio del legislador en referencia a estos últimos es que son los peores de los hombres, de ello no se deduce que aquellos quienes se les asemejan sean igualmente “los peores de los hombres”, y aún menos “de los seres vivientes”.[39]

¿No comprendes que el Profeta  -sobre él la plegaria y la paz – ha hablado de esta manera a fin de poner en guardia a su comunidad? “Es así como Allah infunde temor a Sus siervos”[40]. Pues en realidad, él estaba convencido de la firme certeza de su comunidad (en la adoración de un Dios único) y del hecho de que ésta no sería alterada. Según Ibn Umar – que Allah esté satisfecho de su padre y de él – , el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Ninguna comunidad ha recibido una certeza tan grande como la mía”[41]. Según el mismo transmisor, él dijo igualmente: “En toda comunidad, una parte de gentes se encuentran en el paraíso y otra en el infierno, excepto la mía, la cual, toda entera, irá al paraíso.” Estos dos hadices del Profeta figuran en el Ŷami’a-s-saguir.

Ante el testimonio que él mismo ha dado sobre la certeza de su comunidad, ¿qué puede pues valer el tuyo? ¿Consideras que el hecho de venerar a los Justos pueda poner en tela de juicio esta su declaración en tanto y en cuanto se les venera por Allah? Es cierto que algunos han exagerado, pero nunca hasta el punto de llegar a mostrar la actitud que tú les otorgas. Hubiera sido de más valor el disponerte a exhortar a las gentes y llamarlas a Allah, pues este método brutal no sirve sino para dar testimonio de las muy malas convicciones de su autor. ¿No has escuchado Su Palabra – exaltado sea -: “Llama a los hombres a la vía de tu Señor por la sabiduría y una bella exhortación”? Es de suponer de que sigas en esto a la corriente wahabita, la cual pretende que las visitas de las tumbas se encuentran totalmente prohibidas; te hubiera faltado entonces el adoptar un método más sutil para que esta convicción se extendiera entre nuestros compatriotas, y lograra neutralizar su natural reacción de rechazo por ella. Dicho esto, la comunidad se encuentra muy lejos de poder tragar una doctrina tan amarga de una sola vez.

Retomas de la siguiente manera: «Retornemos ahora al asunto de la visita a las tumbas. Tratándose de una mujer, todo el mundo está de acuerdo en decir que las visitas a las tumbas están prohibidas – los libros de jurisprudencia lo muestran claramente. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Allah maldice a aquellas quienes visitan las tumbas, así como a aquellos quienes  hacen de ellas lugares de prosternación (masaŷid).” En cuanto al hombre, si sus convicciones religiosas son firmes y conformes a la fe musulmana; que esté completamente cierto que Allah solo da y priva, y El solo –exaltado sea – puede ser útil a Sus siervos o dañarlos; que nada que se encuentre en el lugar de la visita convierta a ésta en ilícita – es el caso cuando las mujeres se encuentran presentes o cuando se encuentran alfombras, o banderolas de seda, recipientes de plata o imágenes -; entonces la visita es autorizada. Si una de las condiciones no se cumple, entonces no es lícita. En todo caso, privarse de ella es más prudente, cuenta habida de la debilidad de la fe en nuestra época, y que cuando un hombre desee pedir algo a Allah – exaltado sea -, puede hacerlo en cualquier momento: solamente cuentan su intención y su manera de manifestar su calidad de siervo de Allah.»

Considerando este pasaje sobre las reglas aferentes a las visitas de las tumbas, yo diría que tienes razón en parte, aunque cometes un error monumental del cual tendrás “noticias en poco tiempo”[42].

Tienes ciertamente razón cuando afirmas que la visita es autorizada cuando nada se opone desde el punto de vista de la Ley. Ahí donde te equivocas, es cuando mencionas explícitamente como causa de prohibición las alfombras y las banderolas de seda, así como los recipientes de plata, pues esto resulta en suma en prohibir la visita a una tumba donde pudieran encontrarse dichos objetos. Si tus propuestas debieran ser tomadas en cuenta, las visitas a la Casa de Allah y a la tumba del Enviado – sobre él la plegaria y la paz – deberían encontrarse prohibidas, pues podemos encontrar en estos dos lugares sagrados una cantidad tal de esos objetos “que ningún ojo ha visto ni oído escuchado”. ¿Acaso ignoras que el velo el cual recubre la Ka’aba está confeccionado de seda pura, y que se encuentran en estos dos santuarios innumerables recipientes de oro y plata? Si pues estos objetos constituyeran efectivamente un impedimento legal a la visita, esto invalidaría el peregrinaje de la comunidad musulmana.[43]

En cuanto a mí respecta, digo que los hombres no tienen derecho a vestirse con prendas de seda,[44] pero que el legislador no ha impedido el mirarlas, ya se trate de un ornamento mural o del velo de la Ka’aba, por ejemplo; y aun suponiendo que uno de estos objetos fuere prohibido concerniría únicamente a aquél quien se sirve de él y no a aquel quien lo contempla. He aquí cuanto yo conocía de la Ley antes de que Allah me hiciera descubrir tus ideas.

No obstante, después de haber afirmado que la visita es lícita, cuando las condiciones mencionadas por ti se encuentran reunidas, añades, «En todo caso, es mejor privarse de ella, cuenta habida de la debilidad de la fe en nuestra época, y que cuando un hombre desee pedir algo a Allah – exaltado sea -, puede hacerlo en cualquier momento: solamente cuentan su intención y su manera de manifestar su calidad de siervo de Allah.»

Yo diría que esta excepción que haces no es aceptable: cuando las condiciones las cuales afirmas convertir en lícita la visita se encuentran reunidas, esta es de hecho recomendable en razón de la orden dada por el Profeta de la cual testimonia la tradición[45].En caso contrario, la prohibición es aplicable como tú dices; en cuanto a mí, hasta hoy, he dicho siempre que es prudente no rendir dicha visita cuando existe un riesgo de mezcolanza entre hombres y mujeres; esto, siendo ya válido para aquél quien piensa estar en seguridad (“Sin embargo estos son pocos”[46]), lo será con mayor razón para aquel quien no piensa estarlo. Si pues las autoridades permiten a las mujeres el visitar las tumbas, debe serles dedicado un día en particular, y su recompensa será a cargo de Allah.

Seguidamente, mencionas uno de los pilares más importantes de la religión, aquel el cual permite conciliar todos los antagonismos; a pesar de que lo hayas perdido de vista en este panfleto con toda esa crítica a los miembros de las cofradías. Se trata de tu afirmación: «Solamente cuenta su intención».

Puesto que reconoces este principio, debes guardarte de no caricaturizar la intención de las gentes, sea cual fuere sea la naturaleza de lo que emprendan, pues sus actos podrían muy bien estar únicamente consagrados a Allah – exaltado sea. Bujari y Muslim han reportado este hadiz: “En verdad los actos no valen sino es pos sus intenciones, y cada uno tendrá según lo que él pretenda. Quienquiera que emigre por Allah y Su Enviado, su emigración le será contada como tal…[47]. Se ha transmitido asimismo el siguiente hadiz, relatado por Abu Hurayra: “El día de la resurrección, es la intención lo que será tomada en cuenta”.[48] He aquí el fondo del problema, para todas las cuestiones de ‘iŷtihad o de casos de divergencia. En efecto, todo creyente hace cuanto puede para aproximarse a Allah – exaltado sea – : todo depende pues de la intención como ha sido dicho.

Continuas este capítulo citando una serie de hadices los cuales explican la más pura doctrina de la Unicidad divina, como su palabra – sobre él la plegaria y la paz – : “Cuando pidas, pide sólo a Allah; cuando busques refugio, busca refugio en Allah…”[49] Estos hadices son aquellos los cuales constituyen el eje mismo del sufismo, en cuanto a mí respecta, no veo nadie más aplicado en preservar la pureza de esta doctrina que los sufís – que Allah esté satisfecho de ellos. Sus escritos son los testigos más equitativos, y quienquiera no se apresure a adquirir su ciencia no podría garantizar totalmente la pureza de su concepción de la Unicidad divina. Es por esto que el Imam de la comunidad de los sufís, Abu-l-Hasan al-Shadili – que Allah esté satisfecho de él -, ha dicho: “Quienquiera no se apresura a adquirir esta ciencia que es la nuestra muere perseverando en los grandes pecados”.

Explicas seguidamente que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha prohibido las visitas a las tumbas en los primeros tiempos del Islam: «Ciertos sabios dicen que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha prohibido la visita a las tumbas al principio del Islam porque en tiempos de la ignorancia pre islámica, los árabes veneraban y quizás llegaban a adorarlas. Esta prohibición tendría como fin el purificar los corazones de los creyentes de cualquier elemento de idolatría. Sin embargo, cuando la fe monoteísta estuvo bien enraizada en ellos, la visita de las tumbas fue autorizada.»

Es esta una hipótesis probable. Otra posibilidad me viene a la mente: el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – puede ser que hubiera prohibido la visita a las tumbas al principio del Islam porque ninguno de los politeístas quienes estaban enterrados en ellas lo merecía. Cuando las tumbas estuvieron repletas de musulmanes y de mártires del Islam, fue autorizado el ir a buscar la bendición inherente a estas tumbas y el permanecer a su lado, de manera a esclarecer a los creyentes y a título de recuerdo – y Allah es más sabio.

Pero tu vienes a establecer una nueva regla: «Allí donde la ignorancia se generaliza, no queda otra cosa de la ciencia que su nombre, donde la fe se ha debilitado por la creencia de que el chayj visitado puede dañar o ser útil, la visita está prohibida para el común de los musulmanes, pues son las creencias de este tipo las que determinan el carácter autorizado o prohibido de dicha visita; por no hablar de la promiscuidad entre los hombres y las mujeres, las mujeres y los jóvenes, que constituyen con frecuencia el objetivo real de estas visitas.»

Este pasaje constituye una confesión pública por tu parte: estimas pues que es posible el cambiar el estatuto legal de un acto, prohibiendo lo recomendable o cualquier otra alteración de este género[50]. Es de temer que con tales pretextos, la religión de Allah caiga entre las manos de personas ligeras, quienes modifiquen los estatutos de la religión cuando les parezca vagamente que la causa original de un estatuto haya dejado de existir, o a la inversa, que un elemento inexistente en el origen constituya una causa nueva. ¡Allah es testigo! Estos sufís cuyos actos relatas, ¿han permitido aquello que está prohibido o prohibido lo lícito? En realidad, sus solas modificaciones de este género (si lo pudiéramos considerar así) son mucho más insignificantes que esto; ellas consisten, por ejemplo, en autorizar las reuniones para invocar a Allah diciendo en voz alta: “No hay divinidad sino Allah”, así como otros actos del mismo género. Tú pretendes que sus prácticas son innovaciones que extravían, mientras que aquello lo cual tú afirmas en este pasaje no puede ser calificado de otra manera que de “innovación”.

Justificas la prohibición por el hecho de que la masa cree que el chayj visitado puede dar o privar – es lo que tú acababas de enunciar – y otras convicciones del mismo orden. Por mi parte, considero que no existe nadie en la comunidad quien pueda creer una cosa tal. El común de los creyentes tiene simplemente la convicción que existen intermediarios entre Allah – exaltado sea – y ellos, a quienes se puede recurrir en los momentos importantes; y si tú pretendes poder pasarte sin ellos, él no estima haber alcanzado el grado en el cual dichos intermediarios se vuelven inútiles. De esta manera, tiene recurso a aquellos quienes están más próximos a Allah que él mismo lo está.

En cuanto a esta mezcolanza de hombres y mujeres la cual consideras como una causa suplementaria de prohibición, habrías debido hacer de ella la única causa de la prohibición de la visita a las tumbas, considerando que ésta, lejos de ser absoluta, es consecuencia simplemente de esta mezcolanza. Es cierto que es necesario prevenir contra esta práctica cuyas consecuencias negativas son evidentes: la promiscuidad de hombres y mujeres constituyendo por sí misma un peligro para la élite; ella lo es “a fortiori” para el pueblo.

A continuación, tratas de probar como la visita a las tumbas es inútil apoyándote en las palabras de Ibn Arabi al Hatimî: “El difunto no puede ser de ninguna utilidad, pues ser útil es obrar; ahora bien, su acción ha sido suspendida.” No es pues a consecuencia de que las condiciones necesarias no se cumplen que prohíbes la visita, sino más bien porque el difunto no puede servir; es evidente, sino no habrías invocado el testimonio de Ibn Arabi. Ahora bien, yo no digo que él se equivoque diciendo esto, sino, al contrario, afirmo que tú no has comprendido aquello lo cual él quería decir. Efectivamente, el difunto no puede servir desde el punto de vista de la educación del discípulo y de su progresión en la vía de Allah, las cuales precisan el frecuentar un maestro espiritual conocedor del camino espiritual, frecuentación ésta la cual es una condición de la vía.[51] Sin embargo, la utilidad para ir hacia Allah – exaltado sea – de los intermediarios e intercesores quienes son los mejores de Su creación, así como la bendición inherente a sus tumbas, son cosas bien establecidas por la Ley revelada. Más aún, si el legislador nos ha autorizado a buscar la bendición y la mediación de lo que es inanimado, como la piedra negra, la casa sagrada y otras cosas del mismo orden, no es precisamente para prohibirla cuando se trata de espíritus puros y cuerpos luminosos. ¡Por Allah!, procura no intentar ver en las palabras de Ibn Arabi una afirmación de la inutilidad de los muertos. En efecto, esta cuestión de la mediación y de la bendición inherente a las tumbas no concierne solamente a los santos, sino al conjunto de las personas a quienes Allah ha gratificado: los Profetas, los Verídicos, los mártires y los Justos (salihin). ¿Ignoras que Allah – exaltado sea – ha revelado a aquél quien es el apogeo de su gloria: “En verdad, tú eres un mortal como ellos[52]?

Como puedes constatar, tu interpretación de las palabras de Ibn Arabi nos parece errónea. Pero, de todas formas, éste discurso tuyo no podría encontrar eco en las gentes de la Tradición. Estos últimos no cesarán de respetar a los antiguos, de buscar la bendición inherente a sus tumbas, así como su mediación, hasta el día en el cual no haya nadie más sobre la tierra para decir: “¡Allah, Allah!” conformemente al hadiz.[53]

Sea como fuere, ya veo que cumples bien con tus obligaciones, pues después de haber difamado a ultranza a los miembros de las cofradías, prevenido contra su frecuentación, y tratado de probar el cómo encontrarlos en vida no sirve para nada, has temido que algunos llegaran a imaginarse como visitarlos muertos podría tener un interés cualquiera que fuere: he aquí pues el motivo por el cual has citado a Ibn Arabi. En resumen, tu panfleto trata de demostrar el hecho de que ellos no sirven finalmente para nada: ni vivos ni muertos. Siendo esta tu apreciación, sabe que la de Allah es mucho más elevada.

Prosigues denunciando, entre las innovaciones prohibidas, «el hecho de afeitarse la barba o de acortarla al nivel de la epidermis, dejando crecer el bigote a cambio ». Afeitarse la barba, efectivamente merece ser considerado como una innovación, la cual contradice una tradición bien establecida: dejar crecer libremente la barba y recortarse el bigote son instrucciones dadas por el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – en más de un hadiz. Aquel quien obra de esta manera, si conoce la Sunna, sabe pues que innova y que ninguna fuente legitima dicha práctica. Desearía por otra parte que nuestros sabios llamaran la atención sobre estas prácticas las cuales, si ya son criticables en el caso del pueblo, lo son más aún cuando se trata de la élite.

Constato tu negligencia en mencionar a título de innovación reprensible, el tabaco que se consume en nuestra época. ¿No significa un olvido tal que tú apruebas esta práctica o que la has querido encontrar un apoyo en la Tradición? ¡No lo quiera Allah! ¿Cómo es pues posible que no hayas difamado a ultranza y tomado como blanco de tus hirientes palabras a las gentes quienes lo consumen? Esto llegará, si Allah quiere, cuando hayas realizado que se trata de una innovación censurable, pues aparentas bien el querer preservar la Tradición; es esto al menos lo cual deja pensar tu cita del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -: “Adheríos a mi Sunna y a la de los califas  bien guiados quienes vendrán después de mí”.

[1] Corán: 23-84.

[2] Kanz – 2768

[3] Kanz  – 2767

[4] Yami’ de al Qurtubi, tomo 1 pág. 11

[5] Tabarani – (Kanz – 2764)

[6] Yami’ de al Qurtubi – tomo 1 pág. 11

[7] Bukhari  (Kanz – 2769).

[8] Bukhari y Muslim (Kanz – 2763)

[9] Tabarani y al-Bayhaqi (Kanz – 2779)

[10] Corán: 35 – 1

[11] Corán: 31 – 18

[12] Corán: 2 – 60

[13] (Kanz 40628, Muslim 1940)

[14] La Mano de Allah se encuentra con la ŷama’a (comunidad).

[15] Palabras del Qur’an las cuales se pronuncian cuando sucede un hecho muy grave. De hecho, se pronuncian principalmente cuando alguien fallece. El hecho de que el Chayj al-Alawi haya utilizado esta expresión revela su más profundo rechazo a las torpes palabras del chayj tunecino, autor del citado “Espejo”.

[16] Corán: 4 – 141

[17] O tasbih: se trata de cuentas engarzadas a la manera de un rosario en número de 100; divididas en tres series de 33, cuentas redondas cada una, y terminando en la 100 comúnmente representada con un objeto alargado en forma de Alif.

[18] Grupo sh’ita.

[19] Corán: 53 – 23

[20] Corán: 17 – 37

[21] (Abu Dawud y Tirmidi)

[22] Corán: 2 – 70

[23] Corán: 3 – 13

[24] Corán: 10 – 36

[25] Ibn Mayah (Kanz – 7585)

[26] Corán: 5 – 84, 85 (faktubu mina –s-shahidin. Literalmente: “Inscríbenos con quienes hacen shahada”).

[27] Corán: 5 – 99

[28] Corán: 9 – 116: Allah no va a extraviar a una gente después de haberla guiado, hasta que no se le haya explicado claramente qué deben evitar ; es cierto que Allah es Conocedor  de todas las cosas

[29] Corán: 41 – 22

[30] Kanz – 768

[31] Pasaje de corte irónico.

[32] Bukhari, Abu Dawud, Nasa’i (Kanz 42711 a 42715)

[33] (Bukhari y Muslim – Nawawi 1565)

[34] Abu Dawud (Kanz –  8024)

[35] Kanz – 8030

[36] Kanz 16817 a 16831

[37] Corán: 42 – 21. Esta interpretación de la palabra “próximos”, designando la familia del Profeta es mencionada por Qurtubi en su Yami’ (tomo 16 pág.21).

[38] Corán: 52 – 19

[39] Desaforado ataque del Imam tunecino, el cual seguramente representaba una avanzadilla del ejército salafi. Esta doctrina está haciendo estragos actualmente en una parte de la juventud musulmana. Su semilla es sembrada en el campo “virgen” de un desconocimiento absoluto de la verdadera doctrina del Islam y abonada por la sinrazón más primitiva. Esta obra del chayj al-Alawi puede ayudar a poner el orden allá donde existe confusión y desconocimiento.

[40] Corán: 39 – 15

[41] Kanz 34483

[42] Corán: 38 – 86

[43] Esta demostración tan simple denota de la escasa capacidad intelectual de aquellos quienes destruyen su inteligencia y perspicacia naturales, siguiendo las tesis wahabitas y salafis.

[44] Se trata de una prohibición únicamente dirigida al hombre, no a la mujer, la cual puede vestirse con seda y adornarse con objetos de oro, a diferencia del hombre.

[45] Antes os prohibía visitar las tumbas, pero ahora visitadlas

[46] Corán: 38 – 23

[47] Kanz – 7263

[48] Kanz 7242 a 7245

[49] Doctrina del Tawhid (Unicidad divina). Ver las notas del Anexo.

[50] El estatuto legal de los actos, según la Ley islámica, se encuentra entre una de estas cinco divisiones: Obligatorio, recomendable, desaconsejado, prohibido e indiferente.

[51] El chayj Mawlai al-Arabi a-d-Darqawi decía lo siguiente: “…Efectivamente he visto muchas gentes quienes se vinculaban  al célebre santo conocedor de Allah, Abdul Qadîr al Yilani – que Allah nos haga aprovechar de él – y que pretenden que él es su maestro, mientras ellos están en vida y él – que Allah esté satisfecho de él – está muerto. Si la finalidad en esto es el beneficiarse de la misericordia divina, desde el punto de vista de su amor y apego por él, pensamos que una tal intención es loable y que no se puede esperar de ello sino un bien: la intención da valor a los actos como dice el hadiz: “En verdad los actos no valen sino por las intenciones y cada uno no tendrá sino aquello lo cual él pretendía. Si, al contrario, actuando así, ellos pretendían los mismos fines que las personas quienes se vinculan a los santos, a fin de que estos últimos les ayuden a aproximarse a su Señor – esta es la función de los santos vivos -, mientras que solamente un ignorante puede engañarse de tal manera. Si ello fuera así, Mawlana, el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – nos bastaría a todos, pues no hay persona más digna que él para ocuparse de los asuntos de las gentes…” (Carta número 17).

[52] Corán: 39 – 29

[53]No llegará la hora mientras haya alguien en la tierra quien diga: ¡Allah, Allah!”. Kanz – 38485.

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