PALABRA CERTERA A AQUEL QUIEN CRITICA AL SUFISMO – FINAL

…Dicho esto, dudo mucho que tus ataques al honor de los miembros de las cofradías, así como tu injerencia en sus asuntos privados pertenezcan verdaderamente a su Tradición – sobre él la plegaria y la paz – o a la de los califas bien guiados – ¡no lo quiera Allah!

Allah – exaltado sea – ha disuadido así a los creyentes de hablar mal de sus hermanos: ¿Acaso le gustaría a uno de vosotros comer carne de su hermano muerto? Os resultaría horrible[1]. Pero tu ego te ha sugerido , o más bien tu demonio te ha inspirado, el componer este vil panfleto, sosteniendo que de esta manera alertarías a las gentes y les impedirías el ser engañados por los miembros de las cofradías – gentes éstas de quienes Allah te habría desvelado sus verdaderas intenciones, tan contrarias a las apariencias-. Aún y cuando dicha convicción llegara a instalarse en aquel quien te sigue, éste no ganaría cosa alguna sino el hacerse una mala opinión de las gentes de las cofradías o de todos aquellos cuya apariencia exterior reflejara la piedad, sean ellos quienes fueren. Así, después de haberse forjado una convicción tan deplorable al sujeto de sus contemporáneos, se arriesgaría de hacer partícipe de ella a los antiguos. Resulta bien evidente que si él hubiera vivido en la época de los Profetas y Enviados, su mirada sobre estos últimos no hubiera diferido en nada de aquella la cual él dirige sobre los Justos de su tiempo: “No son sino mentirosos”, diría, o cualquier otra calumnia de este género. Doy gracias a Allah de que no hayas vivido en la época de los Enviados, sino, “habríais estado con los perdedores[2].

Terminas pues con todas estas alusiones, referencias y explicaciones, las cuales tienden todas a prohibir a las gentes el unirse a los miembros de las cofradías o frecuentarlos cuando están en vida o visitarlos cuando se encuentran en sus tumbas. Después de haber concluido toda tu empresa con la más elocuente de las advertencias, anuncias un capítulo titulado: “Del extravío consistente en querer parecerse a los Justos”.

Aún me pregunto el significado de un título semejante, y debo confesar que me parece bastante extraño: primeramente has compuesto un capítulo en el cual calificas de extravío el parecerse a los incrédulos; ahora nos anuncias otro en el cual tratas de extraviado a aquél quien quiere parecerse a los Justos. ¡Que comprenda quien pueda! ¡Por Allah, es extraordinario! ¿Cuáles son pues estos extravíos los cuales rodean a los musulmanes por todas partes? En cuanto a mí respecta, yo no conocía al respecto que esta palabra de nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz- : “Quienquiera quien se asemeja a unas gentes forma parte de ellas[3]; aún y cuando no hubiera alcanzado su grado. Es por ello que ha sido dicho:

Si no sois como ellos, al menos asemejaos a ellos

Asemejarse a los nobles, ¡he aquí la dicha!

¡Desdichado seas! ¿Por qué debemos seguir la Sunna, sino es para asemejarnos a los antiguos en sus palabras, sus acciones y sus estados?

Pero, pudiera ser que te hubieras explicado mal. Podría ser que quisieras significar como extravío el hecho de ser aparentemente piadoso, siendo vil en realidad. Si es este el caso, tu estilo se encuentra al mismo nivel que el de la opinión de las gentes. En la hipótesis contraria, serías el único en pensar que uno pudiera extraviarse por querer parecerse a los Justos.

En cuanto a los postulados del autor del Madjal, los cuales serán citados más adelante, no tienen nada que ver con la interpretación dada por ti en tu capítulo ni con tu opinión sobre el sufismo pues, tú le denigras en su principio mismo, mientras que el autor del Madjal, al contrario, lo respeta enormemente. Su crítica va dirigida a prácticas las cuales no tienen relación alguna con el sufismo, habiéndosele atribuido erróneamente. ¿No ha compuesto un capítulo (precedente al que tu citas) en el cual afirma: “Sabe que la vía del Pueblo es inmaculada; la más pequeña mancha puede ensuciarla”? Podemos deducir de este pasaje su reverencia por el sufismo. Sin embargo, él rehúsa considerar  como sufis aquellos quienes en su época no presentan las cualificaciones requeridas, y no excluye el hecho de que haya intrusos e innovadores quienes pudieran inmiscuirse entre los sufis en cualquier época; es esto todo cuanto se puede deducir  de sus críticas sobre una serie de comportamientos los cuales él asimilaba a puras mascaradas. Son estas palabras las cuales nos permiten pensar que él aceptaba a los miembros de las cofradías – que Allah esté satisfecho de él -. En efecto, el afirma primeramente que sus críticas no deben conducir al lector a imaginarse que el recusa el pacto hecho mutuamente entre maestros y discípulos, según las condiciones en vigor entre los sufis, y añade que los antiguos mismos procedían de esa manera – que Allah nos haga aprovechar de ellos. Continua así: “No desapruebo de ninguna manera el hecho de ponerse bajo la guía de un maestro, bajo ciertas condiciones”. Más tarde, después de haber descrito ciertas cualidades de los adeptos al sufismo, concluye: “He aquí en lo cual consisten sus estados y sus nobles comportamientos. Ellos son modelos para aquellos quienes, después de ellos, continúan practicando su vía espiritual. Pido a Allah que nada, en nosotros, se oponga a este bello ejemplo”.

Estos extractos del Madjal prueban que su autor tenía consideración por el sufismo, al igual que los otros sabios dignos de ejemplo, y le absuelven de las críticas que tu le atribuyes. En realidad, tú le traicionas mediante tu selección de sus palabras, a fin de que el lector no advertido se imagine que él comparte contigo las mismas ideas caricaturescas del sufismo. Dichosamente, su libro está ahí dando testimonio de lo contrario.

Tu actitud a su respecto se asemeja a lo descrito por Abu Darda cuando relata que el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “Quienquiera  frecuente a alguien, le escucha decir palabras de sabiduría, y después no cita de él sino sus malas palabras, se asemeja al hombre quien viene (de noche) a ver a un pastor y le dice: – Hermano, dame un cordero de tu rebaño:

-Escoge el mejor dice el pastor-

El hombre va entonces y escoge el perro del rebaño…”[4].

El procedimiento el cual empleas con el autor del Madjal, o con otros a quienes te refieres, se asemeja al comportamiento  del cual habla este hadiz. En cuanto se refiere a Turtushi o a otros escritores del mismo género citados por él, no reflejan sus propias convicciones con respecto al sufismo, como nos podemos dar cuenta leyendo otros pasajes del Madjal, semejantes a aquellos los cuales acabo de citar. Pero es únicamente ese capítulo del Madjal, en el cual el autor se refiere al Turtushi, el que tu utilizas y del cual extraes el pasaje siguiente: «Capítulo en el cual es cuestión de ciertas personas quienes toman la apariencia de maestros espirituales o de discípulos. Este sujeto es vasto y necesitaría múltiples digresiones, siendo tan numerosas las clases de desviación existentes. Nos limitaremos solamente a citar algunas de ellas. Existen primeramente gentes quienes pretenden ser piadosas, se muestran religiosos y afirman el haber llegado a Allah; bordan sus discursos utilizando historias de los más grandes, aunque su actitud muestra que buscan con ello el hablar de ellos mismos, pretendiendo el detentar algo de sus estados. Otros dejan entender que realizan prodigios y fenómenos sobrenaturales, mientras que, no existiendo nada de eso, es, no obstante su aspecto más ordinario lo cual salta a los ojos. Otros pretenden haber visto al Jadir y acompañan esta afirmación con un juramento para hacerla más convincente. A fin de dar crédito a una idea que se les ha ocurrido, y obtener de la masa que ella suscriba que ellos son realmente piadosos, otros aún comienzan sus discursos citando de esta manera el Libro de Allah – exaltado sea – : “El día de la Resurrección verás a quienes mienten sobre Allah con el rostro ennegrecido”[5]. Ellos hacen entonces un juramento, afirmando haber tenido visiones y recibido mensajes en lo más profundo de su ser.»

No niego que algunos impostores puedan deslizarse entre las gentes de piedad: es la costumbre de Allah con Sus criaturas.[6] Es cierto que ya se han visto a gentes quienes pretender ser profetas, así pues me parece de lo más normal el denunciarlos. Por otro lado, lo que es contestable, es el rechazo de la escuela del sufismo en general, así como criticar y tratar de innovadores los diversos grupos de aquellos quienes practican el Recuerdo. Pero, volviendo a las afirmaciones del autor del Madjal, sus afirmaciones no son sino hipótesis; él y tú ¿qué sabeis? Hay, puede ser, gentes puramente dedicadas a Allah entre esas personas de las cuales él habla. La verdad es que solamente Allah sabe lo que encierran los corazones. El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Allah esconde tres cosas en tres otras”, precisando principalmente que El esconde al santo en medio de Sus criaturas. He aquí por qué el tener “a priori” una buena opinión de las gentes es de las cosas más importantes de la religión. El Chayj Abdul Wahhab al-Shara’ni dice en sus Minan: “Es una de las gracias que he recibido de Allah el venerar a todos aquellos quienes presentan el aspecto de sufis y los signos por los cuales se les reconoce.” Pero solamente un hombre convencido de la existencia de personas piadosas entre los miembros de las cofradías puede guardar una tal actitud. En cuanto a aquel quien deniega toda cualidad a la comunidad, de una manera general, esto le es imposible.

Continuas así: «Se ha visto ya de algunas gentes el tener todas estas pretensiones las cuales acabo de citar, así como tantas otras demasiado cuantiosas para ser enumeradas. Han engañado de esta manera a algunos débiles de espíritu, incluso mismamente a hombres de ciencia, con su pretensión a la perfección religiosa. Allah les ha cubierto de oprobio, a fin de que ello resulte una fuente de enseñanza para los otros.»

Yo respondería que tu inconsistencia aparece claramente en cada una de tus diatribas. La humillación del impostor quien manifiesta tales pretensiones es muy real, si él es verdaderamente como tú le describes. Pero ciertamente no es lo mismo para aquel quien lo cree, pues es sirviéndose del Nombre de Allah que ha sido engañado. Umar Ibn Abdul Aziz – que Allah esté satisfecho de él – ha dicho: “Si alguno nos engaña refiriéndose a Allah, le dejamos hacer.” Efectivamente, aquel quien se hace una mala opinión de las gentes no se dejará engañar por un impostor, al igual que no podrá aprovechar de las personas verdaderamente piadosas. Pero es Satán, el más grande de los impostores, quien le engaña llevándole a pensar mal de las gentes del Recuerdo; un tal individuo ignora que el signo del amor de Allah, es el amor de Su Recuerdo, y que este último se manifiesta a través del amor por las gentes del Recuerdo.

¿No sabes que la invocación testimonia de la fe de aquel quien la practica, y que las críticas contra la innovación testimonian de la hipocresía de su autor, sean cuales fueren las apariencias en ambos casos? ¿Qué falta has podido cometer para que su castigo sean estas culpables afrentas al honor de las gentes del Recuerdo?

Más adelante, te dedicas a atribuir a las gentes del sufismo toda clase de prácticas las cuales no tienen nada que ver con ellos, citando al autor del Madjal: «Algunos de entre ellos pretenden penetrar en el fuego sin quemarse, a la vista y al conocimiento de todos. Aún si en ellos no existiera engaño, ello se trataría de una innovación particularmente reprensible. En efecto, son únicamente los milagros proféticos aquellos los cuales deben ser hechos públicos, a título de desafío dirigido a los incrédulos, pero el prodigio del santo es al contrario de esto: aparte de los casos de manifestaciones convertidas en legalmente necesarias por las circunstancias, un auténtico prodigio no puede ser mostrado públicamente. Otros pretenden hacer prodigios porque saben atrapar y encantar serpientes. Ellos contravienen así a la noble Ley, y engañan a la comunidad ayudándose de la pura charlatanería; es, por otra parte, bastante evidente ya que un buen número de personas ordinarias viven de esto: ¿cómo pues podría tratarse de un prodigio? Los hay asimismo que comen serpientes vivas, siendo como está prohibida su consumición sin haberlas degollado, suponiendo que fuera lícito el consumirlas. Pero no ejecutan nada de esto en realidad; se trata de ilusionismo y de magia. Sin embargo, según el consenso de los sabios, tales prácticas están prohibidas: ¿cómo pues auténticos  santos podrían dedicarse a ellas? Otros no comen nada: esto es detestable, puesto que esas son las costumbres de los monjes. Este género de asimilación a algo repugnante se encuentra pues prohibido. Otros aún llevan vestidos de tejido blanco muy  finos o ropas que no disimulan las zonas del cuerpo las cuales deben quedar cubiertas.»

En mi opinión, las citas reunidas por ti en este capítulo tienen por objetivo único el deshonrar a los sufís y denigrar sus prácticas. Querrías que tu lector quedara convencido que estas actitudes las cuales citas fueran las suyas, ¡no lo quiera Allah! Quienquiera conoce las reglas y las prácticas de la vía espiritual sabe bien que ello no se trata de métodos o normas en vigor en los sufis; ninguno de ellos recomienda nunca o habla de tales cosas, y sus escritos están para testimoniar de ello tan equitativamente cómo es posible; ¡quienquiera inventa historias sufrirá la sanción resultante de ello! La escuela del sufismo no cesará de ser un sol al que nada oculta y una luna a la que nada puede eclipsar, en tanto y en cuanto la Sunna sea seguida, la Ley victoriosa, y el derecho sagrado sea aplicado tanto a los sufis como a los otros. En cuanto a mí, digo que los sufis conocen mucho mejor la religión que tú y tus semejantes; me atrevería incluso a decir que ellos son los más sabios de los siervos en lo concerniente a Allah y a Su Ley, pero toda ambigüedad  cesará “el Día en el cual los hombres serán reunidos”[7].

Una vez terminado este pasaje del Madjal del cual te has servido para atacarlos, el resultado te ha parecido satisfactorio, y por lo tanto te has permitido añadir una crítica de tu cuño: «Algunos de ellos se visten con ese vestido remendado con el cual el Emir de los creyentes, Umar Ibn al-Jattab – que Allah esté satisfecho de él – prohibía vestirse; esta prenda bien conocida entre nosotros por el nombre de “darbala”, a un punto tal, que algunos del pueblo, llaman a sus hijos Abu Darbala, en el sentido de Justo, pero este género de sobrenombre está mal visto por la Ley.»

Decididamente, se encuentra en tu costumbre afirmar el carácter lícito o ilícito de una cosa en función de tu propio punto de vista, sin tener la menor cuenta del juicio de Allah; es así como actúas afirmando que el vestido remendado está prohibido, y atribuyendo dicha decisión a sidi Umar Ibn al-Jattab – que Allah esté satisfecho de él – . Pero en realidad, la historia es al contrario de lo que tú cuentas, ya que él mismo lo ha adoptado y los hadices sobre este sujeto son numerosos. A título de ejemplo, se reportan las siguientes afirmaciones de parte de Anas Ibn Malik: “He visto a Umar Ibn al-Jattab – que Allah esté satisfecho de él – girar alrededor de la Ka’aba llevando puesto un vestido de lana compuesto de doce trozos, uno de los cuales era rojo.”[8] Esta prohibición del vestido remendado, de la cual hablas, es harto improbable, ya que queda bastante bien demostrado que él mismo lo vestía: ¿se puede prohibir a los otros aquello que uno mismo hace? Es más, existe una autorización del legislador sobre este sujeto: se relata que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz –dijo a Aisha: “Si quieres sentirte vinculada a mí, no tires una prenda sin antes haberla parcheado[9]. Existen aún algunos otros hadices del mismo género. Ignoramos si esta prohibición la cual atribuyes a sidi Umar – que Allah esté satisfecho de él – no es sino una pura invención de tu parte o se trata de alguna historia de autenticidad dudosa; pudiera ser incluso que él lo hubiera prohibido realmente, pero a título condicional. Umar – que Allah esté satisfecho de él – no podía ciertamente haber prohibido lo que la Ley ha permitido, salvo (suponiendo que lo hubiera hecho) por razones excepcionales concernientes a hechos bien particulares. De todas formas, tú no precisas quien ha relatado dicha historia, y no informas sobre ninguna cadena de transmisores. He aquí todo lo cual puede ser dicho sobre este tema de la prohibición del vestido parcheado. Pero es mejor no prestar atención alguna a las tesis sin consistencia de este pasaje, y el volverse hacia las críticas que contiene. Es una característica propia del ignorante, el no saber distinguir la verdad del error; ¿a qué sirven pues todas esas vociferaciones inútiles? ¿Qué interés puede existir en decir que algunas gentes del pueblo llaman a sus hijos Abu Darbala, no tratándose sino de un apodo? Y ¿de dónde extraes tú esta denominación de Abu Darbala en el sentido de “Justo”? ¡Qué curiosa interpretación! ¿Por qué pues simplemente no ver en ello otra cosa que un simple apodo atribuido a aquel quien viste una prenda parcheada? Dices seguidamente que se trata de un nombre que no se acuerda con la Ley. ¡Pero si no se trata de otra cosa que de una simple kunya![10]¿Por qué precisar que se trata de un sobrenombre y seguidamente tasarlo de no acordarse con la Ley? Por Allah, la actitud de estas gentes quienes desaprueban las cosas en función de sus propias preferencias, para atribuir seguidamente sus juicios a la Ley revelada ¡no puede ser sino increíble! ¿Qué Ley ha declarado esta aplicación como errónea?, y ¿qué referencia (dalil) menciona explícitamente Abu Darbala como un mal sobrenombre? ¿Dé donde extraes un juicio tal? ¡Ciertamente no del hecho de que se llamara a Abu Hurayra[11] por su kunya, ni porque el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – haya puesto a Ali Ibn Abu Talib – que Allah esté satisfecho de él – el sobrenombre de “Abu Turab”! Y ¿cómo distingues tú por ejemplo, entre los términos que designan “la gatita” (Hurayra), el vestido parcheado (darbala) y la tierra (tûrab), las buenas y las malas apelaciones? Además, ¿no es extraño el decir que Abu Darbala tiene el significado de “Justo”, y afirmar al mismo tiempo que se trata de un mal apodo? En mi opinión, ¡la distancia inmensa la cual separa lo “malo” del “Justo” excluye un tal juicio! ¿No has oído su palabra – sobre él la plegaria y la paz – : “Los ángeles de los cielos y de la tierra maldicen a quienquiera dé sentencias jurídicas (fatwa) sin conocer el asunto?[12]¿Qué tiene pues una palabra tan particular como esa para que te haya podido conducir a esta pecaminosa afirmación mediante la cual la calificas como reprobada por la Ley? En mi opinión, te has enredado en ella para tratar nuevamente de herir aquellos a quienes, delante de Allah, no temes atacar.

Es lo mismo para este pasaje de tu panfleto: «Se cuenta que un hombre dijo a un sufí: “¡Véndeme tu hábito!” – Si el pescador vende su red, ¿con qué pues pescará? Respondió este último. Así, si examinas este género de sufis contemporáneos de quienes acabamos de hablar, verás que se trata más bien de pescadores, de asociacionistas y especialistas de embrollos. Numerosos sabios terminan por caer en su pecado de asociacionismo, como lo hemos podido constatar nosotros mismos, sin hablar de la masa la que, precedida en ello por la élite, sucumbe de manera natural a sus vanas pasiones. Gracias a ésta garantía ficticia de ser gentes de ciencia, se ponen en medida de despojar a las gentes de bien a través de la astucia, enriqueciéndose con ello materialmente después de haberse pretendido como pobres en Allah. Muy frecuentemente, buscan apoyo junto a la autoridad a fin de que ésta les facilite sus empresas: sus ataques son temores, y su poder así se manifiesta. Este es el fin de todas sus prácticas; ellos se convierten así en más dañinos para los musulmanes que el enemigo o el usurero. Este último, en efecto, avanza al menos un poco de dinero, aunque fuere para tomar mucho – el Libro y la Tradición nos han puesto ya en guardia contra esto -; pero el chayj de la tariqa, en cuanto a él, no da absolutamente nada y se sirve de la religión para estafar a las gentes: ¿cómo podría pues ser un santo de Allah?»

No he sacado conclusión alguna sobre este pasaje, sino el saber de ti que eres verdaderamente poco pudoroso y cívico, pero “el pudor forma parte de la fe[13] y “quien no hace prueba de autocontrol con respecto a los hombres es incapaz de tener vergüenza delante de Allah”[14]. ¿Ignoras las amenazas que Allah ha dirigido a aquellos quienes son culpables de maledicencia? Allah – exaltado sea – ¿no ha prohibido la maledicencia en este versículo?: “Y no os espiéis unos a otros ni habléis mal de otros cuando no estén presentes. ¿Acaso le gustaría a alguno de vosotros comer la carne de su hermano muerto? Os resultaría horrible[15]. ¿No es este pues uno de los pecados mayores? Según Hassan al-Basri – que Allah esté satisfecho de él -, el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Es un pecado mayor el pisotear el honor del hermano”. El ha dicho igualmente, según el hijo de Umar – que Allah esté satisfecho de ambos – : “Aquel quien causa daño a un musulmán me hace mal a mí, y aquel quien me daña causa perjuicio a Allah[16].

Pienso que reconoces, cuando menos, que los sufis son musulmanes. Entonces, ¿cuál es esta prueba la cual te lleva a pisotear su honor, a denigrarlos tanto como puedes, atribuyéndoles todos los vicios posibles? Si solamente hubieras hecho excepciones, ello hubiera trabajado en descarga tuya, y yo habría tenido cuenta de ello en mi respuesta. Pero, al contrario, tú generalizas y les acusas, entre otros vicios, de tener como único objetivo, por medio de sus prácticas, el adquirir los bienes de este bajo mundo. ¿Nunca has oído hablar de su renuncia, de su ascetismo y del hecho de que ellos se aíslan de este bajo mundo? Su simple comportamiento nos dispensa de un tal argumento frente a hombres como tú, hoy y mañana. Si el amor de este bajo mundo se instala en el hombre, y si su corazón mismo se fusiona totalmente con él, ¿cómo podría pues destetarse de sus placeres en un primer tiempo, con el fin de revolcarse en ellos más tarde? Toda persona sensata admitirá que esto es prácticamente imposible. ¿Por qué pues abandonar aquello lo cual uno mismo se propone adquirir? Aun suponiendo que su renunciamiento tuviera este fin interesado del cual les acusas, comienza tú a hacer lo mismo, “si eres de los veraces”[17], consagrándote por entero a Allah, a fin de convertirte en un modelo para los otros. Pero “¡esto es grandemente difícil, excepto para los humildes!”[18]

Dicho esto, he analizado bien tu discurso, y he deducido de él – pero Allah es más sabio – que es la envidia aquello lo cual te anima. Se puede notar, de una manera subyacente, una especie de crítica a Allah, a Su manera de repartir los beneficios, ya que El les ha gratificado con aquello de lo cual te ha privado a ti. Sabe, que este reparto procede de Allah, y que ¡ni ellos ni tú podéis hacer nada!

¿Ignoras que la función de dirección espiritual asumida por las gentes de Recuerdo les ha sido prometida como sigue?: “Allah les ha prometido a quienes de vosotros crean y practiquen las acciones rectas que les hará sucesores en la tierra como ya lo hiciera con sus antepasados y que les reafirmará en su práctica de adoración, que es la que ha querido para ellos, y que cambiará su miedo por seguridad.”[19]. De pobres (fuqara’) que ellos eran se han convertido en príncipes, “Allah provee a quien quiere sin límite”[20].

Nosotros (las gentes del sufismo), nos hemos alejado de este bajo mundo, y es él quien nos busca, aún y cuando estemos distraídos de él. Se apega a nosotros, y aún si en nuestros corazones le rechazamos, no cesa de perseguirnos. He aquí por qué, si tu corres detrás suyo, en cuanto a nosotros, es él quien corre detrás nuestro: “Ese es el decreto del Todo-poderoso, el Sabio”[21], te plazca o no. Pero yo deseo que Allah se vuelva hacia ti y te perdone antes de la hora de la agonía, pues el fin está siempre cerca, y tu bagaje es grave.

Más tarde, después de haber terminado con estas maledicencias, aconsejas a los musulmanes el compartir tus convicciones odiosas sobre las gentes del Recuerdo: «Entonces, ¡estad en guardia y despertaros! ¡No terminéis como aquellos a quienes ellos han extraviado, traicionado y subyugado! Es más, nuestro discurso no les está destinado sino a quienes de entre ellos Allah acordará Su gracia y Su generosidad. El se dirige a aquellos a quienes sus impurezas y suciedades no han acabado de manchar.»

Esta diatriba no te ha servido para otra cosa que el cometer públicamente un crimen contra el honor de las gentes del Recuerdo y del vínculo con Allah – exaltado sea -. Es el resultado de una fe deficiente, ya que su vínculo con Allah, normalmente te debería haber impedido el atacar su honor, y el Recuerdo practicado por ellos, debería por él solo, haberte bastado para disuadirte. En efecto, esta práctica testimonia de su fe, al igual que inversamente, criticar a las gentes del Recuerdo es un signo de hipocresía.

Hubiera sido totalmente legítimo el no responder muy largamente a tales ataques. Un sabio, a quien se le preguntaba por qué no amonestaba a uno de tu clase, respondió; “Es porque una cerradura condena su corazón y él ha perdido la llave”. Pero mi esperanza en Allah, es que esta epístola te sea útil a ti o a otros. Quienquiera lea nuestros dos escritos deberá necesariamente comparar las tesis en su presencia, y finalmente rechazar uno por respeto hacia el otro. Y yo no me absuelvo a mí mismo, sino que absuelvo al sufismo de los crímenes de ignorancia, extravío y del error de los cuales tu le acusas, para que un hombre sin ideas preconcebidas no se deje abusar por tus mentiras y tu falta de pudor, las cuales tienen como fin el engañar a los siervos de Allah y rebajar aquellos a quienes El ha elevado. Pero “los perros ladran cuando pasa la caravana”, y “Allah completa su luz aunque ello no plazca a los incrédulos”.

Para inducir a error, recurres al siguiente principio: «Quienquiera busca la seguridad, tanto para su religión, como para la vida de este mundo, debe apoyarse en el Libro de Allah y en la Sunna de Su Enviado – sobre él la plegaria y la paz -, al ejemplo de los piadosos antiguos – que Allah esté satisfecho de ellos. Es la única vía para llegar a Allah – exaltado sea -, y pues, se debe abandonar todo aquello cuanto han inventado los innovadores.»

Esta palabra es justa y llena de verdad; es sin embargo, tu objetivo lo cual es erróneo, pues diciendo «se debe abandonar todo aquello cuanto han inventado los innovadores», es a las gentes del sufismo y sus prácticas a las cuales se dan sus adeptos, lo cual has tomado como blanco en realidad; tales como el pacto y la frecuentación del guía espiritual. Pareces de esta manera auto-designarte como ejemplo de fidelidad al Libro de Allah, a la Tradición del Enviado – sobre él la plegaria y la paz – y a las costumbres de los antiguos, en palabras y actos, ¡pero la distancia entre tú y ellos es tan grande como aquella la cual separa la duda de la certeza!

Voy a aclararte pues toda ambigüedad, a fin de que puedas tener una visión objetiva sobre ti mismo, suponiendo que pertenezcas al número de las gentes perspicaces. ¡Allah sea testigo! ¿Qué conocimiento tienes tú del Libro de Allah, en relación a esta palabra del Profeta – sobre él la plegaria y la paz?: “Ciertamente el Qur’an tiene un exterior, un interior, determina principios y actúa sobre lo universal”, y en esta otra versión: “Todo versículo tiene un exterior, un interior, determina principios  y actúa sobre lo universal, hasta llegar a tener siete sentidos interiores, e incluso setenta.” ¿Conoces tú algo de estos sentidos interiores?: ¡No! Ni tan siquiera has asimilado su exterior, ¡que decir entonces del interior, de los principios y de lo universal! Y tu comprensión de Libro de Allah, ¿se encuentra al nivel de la de los Compañeros? Sha’rani relata en sus Yawaquit wa-l-yawahir que el hijo de Abbas – que Allah esté satisfecho de su padre y de él – ha dicho: “Si yo os hiciera parte de lo que sé, concerniente al sentido de Su Palabra – exaltado sea: “La orden desciende entre ellos”, me lapidaríais o me tacharíais de embustero”. Estos sentidos de ciertos versículos, los cuales te escapan, tienen más importancia que este aspecto limitado, el cual impide tu conocimiento del Qur’an todo entero. Ellos son el objetivo de la élite de estos sufis de los cuales eres enemigo: he aquí una parte de aquello de cuanto puede ser dicho del Libro de Allah.

En cuento concierne a la Tradición del Profeta, yo diría que esta palabra designa su vía – sobre él la plegaria y la paz -, tal y como ella se manifestaba en sus palabras, sus actos y sus estados. Su palabra era sabiduría y su silencio reflexión; verle era una enseñanza en ello mismo, y sus actos no eran sino pura obediencia a Allah. En lo referente a su estado espiritual, es la presencia de Allah en toda circunstancia: él permanecía en compañía de su Señor Quien le alimentaba y le abrevaba: “Es Él Quien Me alimenta y me da de beber”[22]. Pero tú, ¿posees alguna cosa de estas nobles cualidades? ¿Piensas que la Sunna no es más que la agitación de la lengua? ¿O que ella consiste en lucir vestidos groseros, o, al contrario, refinados? ¡Nada de eso es, en absoluto! La Sunna consiste en seguirle en sus palabras, sus actos y sus estados. En cuanto se refiere a las palabras y a los actos, es fácil el “revestirse” con algunos de ellos, todo ello limitado como está a las apariencias; pero los estados no se adquieren sino es por la frecuentación de las gentes las cuales él mismo nos ha descrito de la siguiente manera – sobre él la plegaria y la paz -: “Frecuentad a aquél cuya presencia os llama a Allah, cuyas palabras enriquecen vuestra ciencia, y cuyos actos os hacen desear el otro mundo”[23]. De manera general, se emplea la palabra Tradición para hablar de las cualidades magníficas de los estados proféticos. Aquel quien es un vivo representante de ellos, se vuelve como un amante que atrae de un manera natural, de la misma manera que las cualidades del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – atraían a aquellos quienes le frecuentaban: cada uno de sus Compañeros adquiría así ciertas de sus cualidades sin ni tan siquiera apercibirse de ello. Si hubieras asimilado algo de esto, podrías llegar a formar discípulos a través de tus cualidades; les educarías simplemente por tus silencios, y aclararías sus consciencias gracias a tus luces espirituales. Tu estado, por él mismo, bastaría como enseñanza, pues el comportamiento de un ser espiritual es aún más elocuente que sus palabras.

Pero toda cosa se adquiere de sus detentores. Si hubieras frecuentado las gentes del sufismo, aunque no se tratara sino de un instante, en tanto que sincero siervo de Allah (‘abd), consciente de su propia indigencia, conformemente a Su Palabra – exaltado sea:” ¡Hombres! Vosotros sois los que necesitáis de Allah mientras que Allah es Rico, en Si mismo alabado”[24], sus exhortaciones te habrían impresionado ciertamente, sus alusiones se hubieran difundido por todo tu ser, y por todo ello hubieras sido transfigurado: “A esos Allah les sustituirá sus malas acciones por buenas. Allah es Perdonador y Misericordioso[25]. Es la práctica de la Tradición profética que les ha conducido a estos estados magníficos, y su vía es la de los antiguos piadosos de quienes sus sucesores se inspiran. El Chayj Abu Madyan – que Allah esté satisfecho de él – les ha loado de esta forma:

Es un Pueblo de naturaleza noble

Allá donde permanezcan

Perduran las huellas de su presencia

El perfume que es el suyo

Dime pues: ¿crees tú que tu interior es a la medida de las ciencias divinas y de los secretos misteriosos que conocían los Compañeros del Enviado? Si este fuera el caso (visto lo que manifiestas), la comunidad musulmana habría perdido esta ciencia reservada a la élite. Si el secreto bien guardado de la Revelación se limitara solamente a las ideas que se reparten entre el común de los creyentes, entonces no existiría interés alguno en absorberse en Allah – exaltado sea – y en orientarse hacia El. Pero nadie entre las gentes de la Tradición profesa esto. Todos saben que estos conocimientos divinos, los cuales contienen los corazones de la élite, no tienen cabida en el común de los creyentes; he aquí por qué Zayn al-Abidin ha dicho:

Oh Señor, esta ciencia preciosa, si yo la divulgara,

¡Adoras a los ídolos!: he aquí lo que se me diría

Musulmanes declararían lícita mi sangre

Y encontrarían excelente su vil juicio

El Sultán de los Enamorados  (Umar ibn al-Farid) – que Allah esté satisfecho de él – dijo algo semejante:

Más allá de las palabras transmitidas

Se encuentra una ciencia sublime

Que escapa a la empresa

De las más sanas inteligencias

De mí la he recibido, en mí la he tomado

Y es mi espíritu quien me la ha provisto en abundancia.

Es para adquirir una ciencia tal que es necesario un guía en la vía de Allah, cosa que niegas, pues afirmas: «En el aforismo: “Quien no tiene chayj tiene al Chaytan como chayj”, es del chayj sabio y conocedor de quien se quiere hablar, aquél quien enseña a sus gentes su religión, de manera a que sus conocimientos se limiten a dar opiniones puramente individuales. No se trata en caso alguno del chayj de la tariqa, el ignorante, que el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha así descrito: “Habrá en los últimos tiempos siervos ignorantes y lectores del Qur’an extraviados”

Yo diré que ahí te hundes profundamente en la mentira. Es completamente falso decir que el aforismo: “Quien no tiene chayj, tiene al chaytan como chayj”, es del chayj profesor del cual se quiere hablar. El profesor mismo te diría que este chayj, quien ellos tienen en vista, es aquel quien guía hacia el conocimiento electivo de Allah; aquel cuya frecuentación es provechosa para el discípulo, quien educa a éste por sus cualidades e ilumina su interior por medio de sus propias luces; aquel, en fin, quien lleva el discípulo a Allah a través de una simple mirada. Este chayj hace salir al discípulo de las tinieblas del asociacionismo para llevarle a la luz de la fe; de allí, le conduce hasta los secretos de la certeza, y más tarde a la contemplación directa (kashf). En este momento, Allah es su oído, su vista, su mano y su pié, conformemente a los términos del sahih…[26]. Es esta una proximidad extrema, una estación en la cual el siervo desaparece de la proximidad en la inmensa proximidad (Qurb); los sufis llaman a esto “el envolvimiento”, “la extinción”,  “la aniquilación” o “la desaparición”, entre otros términos de su léxico. Este es el fruto del sufismo, un fruto del cual no sabes nada. Cuando se interrogó a este sujeto al Imam Ŷunayd – que Allah esté satisfecho de él – definió así el sufismo: “El sufismo, es que Allah te haga morir a ti mismo y vivir por El”.

Pero dime, por Allah, ¿has recibido tú algo semejante? Si ello fuera el caso, podrías hacer progresar a aquellos quienes te siguen en las estaciones espirituales de las cuales acabamos de hablar, y entonces tú mismo serías este chayj a quien se tiene en cuenta cuando se dice: “Quien no tiene chayj, tiene como chayj al chaytan””. Pero, en mi opinión, tú te encuentras verdaderamente alejado, teniendo la naturaleza que tienes, al contrario, bien próxima a ser la del negador puro y simple; es esto más bien lo que nos preocupa a tu respecto. Pues si tan solamente te limitaras a negar la posibilidad de encontrar una tal persona, bastaría simplemente con responderte: “Esfuérzate sinceramente y encontrarás un guía”. Y si quisiéramos darte un consejo más preciso, entonces te diríamos: “Frecuéntanos un tiempo y después objeta”. En fin, si tu pretendes que no es necesario para el especializado en los aspectos exteriores de la religión el frecuentar un guía espiritual, a fin de acceder a los misterios que le quedan ocultos, te responderemos, tanto a ti como a tus semejantes que la historia de Musa y al-Jadir – sobre ambos la paz – se encuentra ahí, precisamente para demostrar lo contrario.

Todas las pruebas las cuales hemos reunido en esta epístola, son por otra parte suficientes para aquel quien se encuentra bien dirigido, pero “y como no han sido guiados dicen: “Esto es una vieja patraña[27].

Orán, 14 de Yumada-l-wula del año de la hégira 1339[28].

Glosario de personajes

Abdu-l-Lah ibn Abbas: Tío paterno del profeta Muhammad, (618-687) conocido, tanto por ser uno de los más importantes transmisores de hadices, como por su tafsir (explicación) del Corán. Cuando era pequeño, el Profeta le colocaba sobre su espalda y dirigía a Allâh la siguiente súplica por él: “Allâh, concédele la comprensión del Corán”. Sus herederos son los califas abasíes, quienes tomaron su nombre, queriendo significar con ello su parentesco cercano con el Profeta.

Abdu-l-Lah Ibn Umar:   Hijo del Compañero del Profeta y segundo jalifa bien guiado del Islam, Umar Ibn al Jattab. Nacido en el 612 en Makka, murió en la misma ciudad a la edad de 84 años. Es uno de los más fiables transmisores de hadices. El jalifa Uzman, sucesor de su padre, le nombró Qadi (Juez) del Yemen. A esto Abdu-l-Lah Ibn Umar dijo al jalifa: “¿Es esto un castigo que me quieres imponer, emir de los creyentes?”. El jalifa respondió: “¿Porqué te molesta eso, si ya tu padre juzgaba antes que tú?” Abdu-l-Lah respondió: “Cuando mi padre juzgaba y tenía una duda, se dirigía al Enviado de Allah, quien en caso de duda se dirigía a Gabriel; pero yo no tengo a nadie a quien exponer mis dudas”. He aquí la integridad de Abdu-l-Lah, quien miraba el puesto, no por los beneficios que le eran inherentes, sino temiendo por la gran responsabilidad la cual se le encontraba estrechamente ligada.

Abdu-l-Gani a-n-Nabulusi: Nacido y fallecido en Bagdad (1641-1731). Escribió una centena de obras las cuales trataban de todas las ciencias. Poeta místico y célebre sufí de la época.

Abdul Wahhab ibn Ahmad al-Sha’rani: Nacido en El Cairo en 1492, fallecido en 1565. Autor de los “Tabaqat al Kubra”.

Abu Bakr Muhammad Ibn ‘Ali Ibn al-‘Arabi: Sufí célebre nacido en Murcia y fallecido en Damasco (1165-1240). Recibió el sobrenombre de Muhiyyu-d-din (vivificador de la religión). Viajó por todo el mundo musulmán y escribió numerosas obras (cerca de 200). Ibn Arabi es, probablemente, uno de los maestros del tassawuf quienes más han hablado y escrito sobre la Unicidad divina (al Wahdaniyyat). Tuvo en oriente muchos detractores, pero en occidente fu muy reconocido y honrado por sus contemporáneos. Finalmente residió durante 17 años en Damasco, pues un discípulo suyo se estableció como sultán y le proveyó de una zawiyya donde pudo tener discípulos.

Abu Hamid al-Ghazālī: Maestro sufí de renombre. Uno de los más grandes maestros del Tasawwuf. Nacido en Gazala (Irán) 1058-1111. Fue un sabio religioso además de sufí, y sus obras en todos los dominios gozan de una reputación extendida por todo el mundo islámico.

Abû l’Qasim al-Ŷunayd al-Baghdadi: Célebre sufí originario de Bagdad. Considerado como uno de los más grandes maestros de todos los tiempos. Defendió el estado de Permanencia sobre el estado de extinción. Este último representa el estado de aniquilación en la presencia divina, momento en el cual se reciben las luces de la proximidad. Sin embargo, el estado de Permanencia es el de completa estabilidad, saliendo de la extinción para permanecer en la extinción de la extinción (al fana-l-fana’i). Fue durante un tiempo chayj de Mansur al Hallaj.

Abu Suya a-d-Daylami: Compañero del profeta Muhammad y uno de los más célebres transmisores de hadices.

Al-Hassan al-Basrî: Nació en Madina en el 642 y murió en el 729. Umar Ibn al Jattab hizo una plegaria por él, implorando a Allah que le diera sabiduría y reconocimiento de las gentes. Fue amamantado por Umm Salama (esposa del Profeta) y las gentes creen que fueron estos dos hechos los cuales dieron a Hassan tanta sabiduría. Hassan al Basri constituye una voz de referencia, tanto para los juristas como para los sufis. Iniciado al sufismo por Ali Ibn Abu Talib, su silsila llega hasta Ŷunayd al Bagdadi. Hassan al Basri, vivió en Basra (actual Basora) en un tiempo en el cual dicha ciudad estuvo poblada por maestros del tassawuf (Sufyan a-t-Tsawri, Zawban, etc). Fue contemporáneo de la gran santa Rabi’a al-Adawiyya, quien rivalizaba con él en sabiduría.

Ahmad ibn Hanbal: Nacido y fallecido en Bagdad (780-855). Uno de los cuatro fundadores de los madhab (escuelas jurídicas) por las cuales se rigen los musulmanes en sus ritos. Reputado de ser el más riguroso de los cuatro imames, murió a causa de los azotes recibidos por los mutazilíes, a causa de sostener la doctrina según la cual el Corán es la Palabra Increada de Allâh. Es necesario decir que este parecer es el de la mayoría de los musulmanes. Los imames Bujari y Muslim, aquellos quienes más hadices recogieron y transmitieron, fueron seguidores de la escuela hanbalita.

Ali Ibn Abu Talib: Primo y yerno del Profeta. Hijo de Abu Talib (tío paterno de Muhammad), contaba con sólo 10 años cuando el profeta recibió la Revelación. Más tarde, desposó a la hija de Muhammad y Jadiya, Fatima Sahra. Su amor por Muhammad y dedicación por el Islam pronto le hicieron ganar un lugar central en la comunidad musulmana. Ali fue una referencia para la comunidad, siendo el cuarto jalifa bien guiado. De él dijo el Profeta: “Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali es su puerta”. Fue asesinado, al igual que sus dos hijos varones: Hassan y Hussayn. Ali encabeza la mayoría de las silsilas (cadena de transmisión iniciática). Su valor en las batallas casi igualó su sabiduría, de la cual tenemos aún testimonio por la cantidad de sermones y recomendaciones dadas en todo momento a la comunidad. A la muerte del Profeta, Ali contaba alrededor de 30 años. Fue combatido por Mu’awiya en varias batallas fratricidas, situaciones en las cuales Ali actuó con veracidad y sabiduría.

Al-Sharishi: Poeta, filósofo y hombre de letras argelino (1162-1222).

Firuzabadi: 1329-1415. Escritor persa, autor de, entre otras obras, un diccionario en árabe de 60 volúmenes.

Ibn Abdu-l-Barr, Ata: Sabio maliki de Játiva 978 – 1071.

Ibn Arafa: Famoso imam tunecino 1316-1401. Sus conocimientos en derecho, gramática, retórica, matemáticas y medicina le ayudaron a ser muftí de la gran mezquita-universidad  Zaytuna de Túnez. Defensor  a ultranza del punto de vista exotérico de la doctrina, entró en conflicto con algunos sufis de su época, quienes le acusaban de aprovecharse de su popularidad para ello.

Ibn Zayd al-Qayrawani: Nacido en Qayrawan en el año 310 de la hégira. Célebre jurista y autor de una treintena de obras de las cuales la más importante es “la Risala”, obra de carácter legal sobre las prácticas de la escuela maliki. Murió en el 386 de la hégira.

Imam Shafi’i: Nació en Gaza (Palestina) en el 767 y falleció en Egipto en 820. Uno de los cuatro fundadores de un madhab. Los otros tres imames fundadores de madhab (Imam Malik, Iman Ibn Hanbal e Imam Abu Hanifa) consideraban a Shafi’i como el más inteligente y sabio de los cuatro. Su maestro fue el Imam Malik. Acusado de tendencias shi’itas hubo de defenderse de ello frente al califa Harun a-r-Rashid. Sus principales obras fueron “Umm” y “a-r-Risala”.

Isa (Jesús): Es Jesús en el Islam, Enviado y Espíritu de Allah (Ruhu-l-Lah). A diferencia del cristianismo, el Islam no le considera “hijo de Dios” ni parte de una trinidad. Allah no tiene hijo pues como dice el Corán, El no tiene esposa ni necesidad de tener hijos ya que lo tiene todo; ni puede formar parte de trinidad alguna pues El es Uno y se encuentra presente en cada átomo de la existencia. Jesús es designado en el Corán como “hijo de María”, resaltando así el carácter virginal y la santidad de su madre. Ascendió a los cielos y vendrá por segunda vez quedándose 40 años en la tierra, después de los cuales morirá. Tendrá cuarenta discípulos, seguirá el Islam. Dará muerte al Daŷŷal en la puerta de Damasco llamada Ludd y permanecerá con sus discípulos en un lugar llamado Tur mientras que Gog y Magog extienden la corrupción por la tierra. Morirá en Madina y será enterrado al lado de Muhammad.

Ŷabir Ibn Abdullah: Contemporáneo del Profeta. Originario de Madina, fue uno de los llamados Ansares (Auxiliadores), es decir, una de las gentes de Madina quienes acogieron y ayudaron a Muhammad a extender su misión profética.

Ka’b Ibn Zuhayr: Hijo mayor del célebre poeta mequí Zuhayr. Escribió sátiras contra Muhammad, pero una vez fue conquistada Makka, se convirtió al Islam y compuso un célebre poema llamado “Al burda” (el Manto), ya que una vez hubo terminado de recitarlo delante del Profeta, éste le regaló su manto

Malik Ibn Anas: Uno de los fundadores de las cuatro escuelas jurídicas. El Imam Malik nació y murió en Madina (711-795). Célebre autor de la Muwatta, colección de hadices los cuales forman la base teológica y jurídica de su escuela. Vivió en la transición del califato Omeya al Abbasí. Uno de sus maestros fue el célebre santo Ŷafar Sadiq, quien fue asesinado por al Hallaŷŷ Ibn Yusuf en la época del jalifa Omeya Malik Ibn Marwan. La escuela maliki es la más seguida en el occidente musulmán.

Mu’ad Ibn Ŷabal: Era muy joven cuando Muhammad comenzó con su misión. Era uno de los ansares (auxiliadores) de Madina y permaneció mucho tiempo junto al Profeta. Estaba dotado de una gran inteligencia y de una notable locuacidad. Fue enviado por Muhammad a enseñar el Islam a los beduinos debido a su lo noble de su presencia y lo fácil de su palabra.

Nuʿman ibn Thabit ibn Zuṭa ibn Marzuban (Abu Hanifa): Uno de los cuatro imanes quienes establecieron escuela doctrinal (702-767). La escuela hanafi es la dominante en los musulmanes no árabo-parlantes. Originario de Kufa fue uno de los más importantes transmisores del hadiz: sus obras Ŷami’a-l-Kabir y al-Musnad, testimonian de ello. Su escuela sirvió de inspiración a los califas abasíes y al imperio otomano.

Sahnun: Célebre sufí y jurista egipcio (776-854). Autor de la obra jurídica “al-Mudawwana”. Un bello pasaje adorna la historia de Sahnun: Era famoso por su costumbre de curar a los enfermos escribiendo la letra árabe Nun y haciéndola llevar al enfermo hasta su curación. Después de su muerte, alguien intentó copiar su costumbre de escribir una Nun y dársela a los enfermos; pero estos no se curaban. Hasta que acertó a venir un chayj, quien informado de este hecho por las gentes, se dirigió al hombre y le dijo: “No era la Nun la que curaba a los enfermos: era la Nun de Sahnun”.

Umar ibn al-Farîd: Llamado así mismo “el Sultán de los enamorados”. Umar Ibn al Farid debió tener una gran paciencia en su camino del tassawuf, pues su maestro no fue de naturaleza humana; antes bien se trataba de un dyin. Nació y murió en El Cairo (1181-1235). Sus escritos sobre la ciencia del tasawwuf se presentaban en forma de poemas, en los cuales utilizaba símbolos varios a fin de referirse a las realidades escondidas en la presencia divina.

Ŷa’far Ibn Abi Talib: Hermano mayor de Ali y primo del Profeta Muhammad, y uno de sus principales compañeros (sahaba). Encabezó el grupo de musulmanes quienes debieron emigrar a Abisinia desde Makka (La Meca), debido a las hostilidades y amenazas de muerte de parte de los idólatras de la ciudad. Fue Ŷafar quien defendió a la delegación musulmana ante el Negus de Abisinia como consecuencia de las acusaciones llegadas a este por parte de los nobles de Makka. Estos habían enviado a Amr Ibn al-Ass como delegado suyo, y le habían encargado el convencer al rey abisinio para entregarle los musulmanes quienes habían sido acogidos bajo su protección. Una larga conversación fue mantenida entre Ŷafar y Amr delante del Negus, quien, después de haber oído argumentar a Ŷafar, llegó a decir a Amr: “Ni por una montaña de oro aceptaría entregarte a mis protegidos”.

Ŷalalu-d-Din a-s-Suyuti: Nacido en El Cairo en 1445. Sabio egipcio en el dominio de la ley religiosa y el sufismo. Recogió dos colecciones de hadices llamadas “Ŷami’a-l-Kabir” (la gran enciclopedia) y “Ŷami’a-s-saguir” (la pequeña enciclopedia), así como un tafsir del Corán y otras obras como “Tibb an nabawi” (La medicina del profeta Muhammad). Su memoria prodigiosa le llevó a memorizar el Corán a la edad de 9 años. Fue célebre por sus dictados legales (fatwas) de reconocimiento global en la escuela shafi’ita.

Glosario de términos

Ŷins: Dice el Corán: “Nos hemos hecho descender este Libro para los genios y los hombres”. Los genios (ŷins), eran en origen los ángeles quienes formaban las huestes de Iblis (el diablo). Allah los creó de fuego y los hizo descender de Su presencia junto con Iblis. Nacen, viven y mueren, como lo hacen los humanos, y su naturaleza de fuego les hace ser, en algunos aspectos, más fuertes que estos; aún así el mejor de los genios no puede llegar al límite de nobleza concedida al profeta Muhammad. Una parte de los djins se han convertido al Islam y actúan como auxiliadores de los creyentes, junto con los ángeles; pero otros no, y son éstos quienes ayudan al chaytan, causando problemas de todo tipo a los humanos. Antes de la venida del Profeta algunos tomaban forma humana y se casaban con las personas. Uno de esos casos fue el de la reina de Saba (Balkis), cuya madre era genio. Al profeta Salomón se le dio poder sobre ellos y cuando llegó el Profeta Muhammad les fue prohibido el matrimonio con los humanos. Algunos de ellos actúan como protectores de los salihin (justos).

Gentes del Recuerdo:    Primeramente diremos que la palabra Recuerdo (dikr) es expresada varias veces en el Corán. El Libro revelado dice de él mismo, ser el Recuerdo; sin embargo el Recuerdo por excelencia es el de Allah. Dice Allah en el Corán a los creyentes: “Recordadme y os recordaré”. ¿Por qué llamamos Recuerdo al hecho de acordarnos de Allah, siendo que la palabra misma implica una precedente toma de contacto con el objeto a recordar; es decir, no podemos recordar algo si no lo hemos conocido previamente? La respuesta a este enigma se encuentra en la morada antes de venir a la vida llamada ‘Azal. En él, estaban los espíritus de las personas quienes íbamos a venir a este mundo. En dicho ‘Azal conocíamos a Allâh de alguna manera; de ahí el término Recuerdo. Se llama Recuerdo, por extensión, a las letanías utilizadas por los sufis teniendo como objeto último la caída de los velos los cuales nos separan de la visión de Allah Altísimo. Son pues las gentes del Recuerdo, aquellos quienes dedican sus vidas a conocer a Aquel Quien se comienza por recordar.

Hadiz: Un hadiz es un dicho o hecho del Profeta Muhammad. Los hadices nos han llegado a través de una cadena de transmisores reputados por su sinceridad, veracidad y capacidad de memoria. El conjunto de hadices toma cuerpo formando la Tradición o Sunna. Dentro de los hadices existe el grupo de los hadices Qudsi (Tradición santísima), mediante los cuales al Profeta habla de la parte de Allâh, comenzando por ello por: “Dice Allâh: …”. Estos hadices a veces son considerados como una extensión del Corán, no llegando al valor de éste, siendo como son, las palabras de Allâh.

Ihsan: Es el tercer estadio del Islam, su estadio más espiritual. El Profeta preguntado por Gabriel dijo de él: “El Ihsan es adorar a Allah como si Le vieras, pues su tu no Le ves, El te ve”. Cuando analizamos el significado profundo del Ihsan vemos que existen en él dos estados diferenciados: “si tu no le ves”: este es el estado llamado “yaquin” (certeza); en dicho estado se reciben informaciones reales del mundo espiritual, las cuales, no obstante, no pueden ser percibidas  con claridad. Aún así, la persona quien se encuentra en este estado (el verídico) pronuncia mediante su lengua las palabras de Allâh. El segundo estado es el kasfh, resultado de prescindir de los términos “si, no y le” en la frase “si tu no le ves”, siendo el resultado de ello “tu Le ves”. Efectivamente, con la vista del espíritu y no del cuerpo, quien ha realizado el Kashf, puede ver a Allâh. Decía sidi Uddah, sucesor del chayj al-Alawi: “Si no ves a Allâh en este mundo, no Le podrás ver en el otro”.

Iman: El Iman es el segundo estadio del Islam. El Iman es definido como un cuerpo de creencia en: la Unidad de Allah y la profecía de Muhammad, los Libros, los Ángeles, los Profetas, el Destino y el Ultimo Día. Pero así mismo, el Iman es un estado intermedio en el cual el creyente desarrolla cualidades loables y rechaza cualidades negativas. Se dice que forman parte de la fe (Iman), por ejemplo: el arrepentimiento, la confianza en Dios, la sinceridad, la fortaleza, la humildad, el pudor, etc.

Justos (Salihin): Dícese de aquellos creyentes quienes han sobrepasado el nivel de la simple creencia, habiendo obtenido la perfección. Para ello, han purificado su ser interior de toda mancha, obteniendo un equilibrio entre dicho ser interior y su comportamiento externo. La palabra “salih” (puro) es sinónimo de santo, puesto que la pureza es condición sinequanon para acceder a la santidad.

La plegaria y la paz sobre él (sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam): Se trata de una expresión utilizada cuando nombramos al Profeta. El mismo chayj al-Alawi ha escrito toda una obra dedicada a este sujeto (El Árbol de los Secretos). Abreviando mucho diremos que la plegaria y la paz hacia el Profeta vienen de Allah y son complementarias: La plegaria significa la aceptación de Allah y Su orientación hacia él Profeta. La paz, designa la obtención de la seguridad en el seno de esta aceptación divina.

Cuando un creyente pide la plegaria y la paz por el Profeta lo hace además por sí mismo, en virtud del liderazgo espiritual de Muhammad, en quien se concentran las luces divinas que son repartidas a los creyentes en función de su grado espiritual.

Maqam: Este término designa el grado espiritual de la persona. Cada ser humano tiene su maqam, el cual puede ir de lo más bajo a lo más alto. No obstante, en la terminología del sufismo “maqam” es la palabra de referencia para designar los estados espirituales. No debemos confundir “maqam” con “hal”. Este último concepto designa un estado transitorio en el cual se pueden percibir realidades de una manera más o menos clara o confusa, siendo el maqam de una naturaleza más estable. Podemos decir que nos hemos establecido en el maqam, pero no podemos decir lo mismo del hal. Cuando se habla del maqam, muy pocos tienen cuenta de la realidad de que no es el aspirante quien llega u obtiene el maqam, sino que es éste lo que fuerza al aspirante a llegar hasta él. Sí: el maqam el cual tenemos destinado nos llama y nos fuerza a caminar hacia él. El más excelso maqam es el de Muhammad y después el de los profetas y los santos.

Muŷtahid: Este término designa a aquel quien se encuentra cualificado y reconocido a fin de emitir opiniones jurídicas, vinculantes para toda o una parte de la comunidad.

Sahih: Palabra que quiere decir “auténtico” o “certificado”. Hablamos de Sahih cuando nos referimos a los hadices (dichos y hechos de Muhammad) los cuales gozan de una cadena de transmisores reconocidos y autorizados por su veracidad, memoria y sabiduría.

Sunna (Tradición): Con esta palabra nos referimos a los actos, dichos y cualidades del Profeta Muhammad, los cuales deben ser tomados como principio de creencia y de comportamiento islámicos, junto con el Qur’an. Desde el punto de vista legal, una tradición profética puede adquirir la forma de obligatoria cuando explica un mandato o prohibición coránicos. Ahora bien, el resto de las tradiciones proféticas forman un cuerpo, el cual propone y permite al musulmán el acercarse al comportamiento y estado del “Insan al Kamil” (Hombre Perfecto), mediante el desarrollo de las cualidades espirituales humanas latentes en su interior. Para ello se toma al Profeta como modelo y como guía.

Tasbih: Generalmente, se trata de una especie de rosario hecha con pequeñas piezas esféricas, ensartadas por un hilo en número de 100. Cada 33 existe una separación, y la pieza número 100 es alargada en forma de Alif. Se utiliza para invocar un número determinado de veces. Se trata de un objeto el cual ha sido utilizado desde el tiempo del Profeta y que ha pasado de generación en generación hasta nuestros días. Los sufis lo utilizamos para invocar y lo llevamos siempre con nosotros debido a la bendición inherente a su uso.

[1] Corán: 49 – 12

[2] Corán: 2 – 63

[3] Abu Dawud (Kanz – 24680)

[4] Ibn Hanbal e Ibn Mayah – kanz – 29014

[5] Corán: 39 – 57

[6] Es la costumbre de Allah con Sus criaturas (giro de origen coránico)

[7] Corán: 11 – 103

[8] Existe otra historia de Umar Ibn al-Jattab no relatada aquí: Los musulmanes conquistaron Persia, siendo él jalifa; a la hora de repartirse el botín, encontraron una tela, la cual se repartieron por piezas iguales con el fin de hacerse un vestido con ella. Umar era de una estatura muy alta, por lo cual el trozo de tela no le llegaba para hacerse un vestido. Un día, salió a dar un sermón invitando al pueblo a ir a combatir en otra campaña. En ese momento, uno de los soldados, viendo que el vestido el cual llevaba Umar estaba confeccionado con la tela en cuestión, y apercibiéndose que la prenda le venía a su medida, dijo: “No te seguiremos Umar”. ¿Por qué? Respondió el jalifa. Entonces el soldado le contestó que con la tela que le había correspondido en el botín no había podido llegar a hacerse ese traje, sugiriendo que había tomado una cantidad de tela mayor que aquella la cual le pertenecía; a lo cual Umar contestó: “Es que mi hijo Abdu-l-Lah me ha dado una parte de la suya y la he cosido a la mía”. Entonces, el mismo soldado dijo: “Ahora, si te seguiremos Umar”.

[9] Tirmidi (Kanz 7094 y 7152)

[10] Se trata de una especie de mote por la cual se conoce a una determinada persona, cuyo origen puede ser una cualidad suya o un acontecimiento el cual le haya significado o por el cual sea conocido.

[11] Abu Hurayra es la kunya de un Compañero del Profeta, conocido por su trato bondadoso con los gatos. Este sobrenombre quiere decir literalmente: “El padre de la pequeña gata”. Ni que decir tiene el hecho de que los árabes nunca atribuyen una kunya en sentido peyorativo ni en tono jocoso, sino antes bien, como signo de admiración o de respeto por la persona a quien concierne.

[12] Kanz – 29018

[13] Kanz – 5768

[14] Kanz – 5777

[15] Corán: 49 – 12

[16] Kanz – 43703 y Yami’a-s-saguir

[17] Corán: 7- 69

[18] Corán: 2- 44

[19] Corán: 24 – 53

[20] Corán: 2 – 210

[21] Corán: 6 – 97

[22] Corán: 26 – 79

[23] Al-Hakim (Kanz – 1787)

[24] Corán: 35-15

[25] Corán: 25 – 70

[26] Bujari 6502: Según Abu Hurayra – que Allah esté satisfecho de él – , el Enviado de Allah – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho: “Allah – exaltado sea – proclama: “Quienquiera que daña a uno de Mis santos, Yo le declaro la guerra. Mi servidor no se aproxima a Mí por nada mejor que los actos obligatorios que Yo le he impuesto. Después, él no cesa de aproximarse a Mí a través de obras supererogatorias, hasta que Yo le amo; y cuando Yo le amo, me convierto en el oído con el que oye, la vista con la que ve, la mano con la que toma y el pie con el que marcha; si él Me pide algo, yo se lo concedo, y si busca Mi protección, Yo se la doy”.

[27] Corán : 46 – 11

[28] 1921

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