LA GUIA DEL NUEVO MUSULMAN VII – HACER EL SALAT 2/2

LA PLEGARIA EN COMUN Y EN LA MEZQUITA

Según Ibn Umar, el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz –ha dicho: “La plegaria en grupo sobrepasa en veintisiete grados la plegaria hecha individualmente” Al-Bujarî. Abu Darda ha transmitido estas palabras las cuales ha escuchado del Profeta:

Todo grupo en el seno del cual no se llama a la plegaria, ya se trate de tres personas en una aldea o de un grupo de beduinos, es inexorablemente dominado por Satán. Haced la plegaria en común, pues es a las ovejas aisladas a quienes devora el lobo”. Abu Dawud y a-n-Nasâ’î

Disposición de los grupos

En las casas

Para que el salat sea considerado en grupo y beneficie de dicho estatuto, dicho grupo debe estar compuesto, al menos, de tres miembros.

Ahora bien, es muy común que un hombre rece con su esposa, la cual se colocará a su derecha (muy ligeramente retrasada) mientras el hombre oficia como Imâm.

Si el salat se hace en un grupo de tres (dos hombres y una mujer), el otro hombre se emplaza al lado del Imâm mientras la mujer se coloca detrás de ellos. Si se trata de un hombre y dos mujeres, el hombre oficia de Imâm y las mujeres se emplazan detrás de él.

Si el salat consta de tres o más hombres, el Imâm se adelanta y los otros se emplazan detrás de él.

Si se compone de dos o más mujeres, una de ellas puede oficiar de Imâm y las otras se emplazan a su altura a los lados.

Los componentes de los grupos se colocan en filas, hombro con hombro (no es necesario juntar los pies). Esto es una recomendación profética a fin de evitar que el chaytan se introduzca entre las filas.

En las mezquitas

Los fieles rezan detrás del Imâm y se organizan en filas comenzando por la derecha. Deben permanecer a la misma altura, hombro con hombro. Las mujeres, tal y como se ha constatado se hacía en tiempos del Profeta – sobre él la plegaria y la paz –, se colocan detrás de las filas de los hombres, correctamente alineadas y juntas, tal y como hemos dicho para los hombres.

¿Cómo cumplir la plegaria en común o en asamblea?

El Imâm

Es el responsable del salat en común. Debe hacer el salat de la misma manera en la cual la ejecuta una persona aisladamente, teniendo en cuenta de levantar suficientemente la voz en las recitaciones que deben ser dichas en voz audible, así como en los cambios de posición.

Hay una salvedad, y es que cuando se incorpora del ruku’ (inclinación) a la posición de pie, solamente debe decir en voz alta

“Sami’a-l-Lâhu liman ḥamidah”  – Allâh escucha a quien le alaba – y los asistentes deben responder “Rabbanâ wa laka-l-ḥamd” – Señor nuestro a Ti la alabanza -.

Asimismo, cuando el Imâm termina la Fatiḥah en las plegarias donde se hace en voz audible, los asistentes deben responder “Amin” en voz alta.

Los asistentes

Cuando se reza detrás de un Imâm, y como la dirección de la plegaria se delega en su responsabilidad, los asistentes no están obligados a realizar las recitaciones de la Fatiḥah, el Corán y la Tahiyya.

Sí es obligatorio levantar las manos hasta los oídos diciendo “Allâhu Akbar” para que la plegaria se dé por comenzada. Desde ese momento se sigue al Imâm, en todos y cada uno de sus movimientos, respondiendo “Amin” después de la Fatiḥah, y “Rabbanâ wa laka-l-ḥamd” – Señor nuestro a Ti la alabanza – cuando nos levantamos del ruku’. Hay que procurar iniciar los movimientos inmediatamente después del Imâm sin adelantarse nunca a los suyos; pero asimismo no nos podemos retardar, con lo cual hay que iniciar el movimiento inmediatamente después del Imâm, salvo al inicio de la tercera raka’; en ese momento es conveniente esperar que el Imâm esté de pie pronunciando el Takbir (Allâhu Akbar), y entonces nos incorporamos.

Llegamos tarde a la plegaria en común

Ocurre reiteradas veces que nos incorporamos a una plegaria en grupo que ya haya sido comenzada. En ese momento, cuando uno no sabe cómo actuar, seguramente se verá turbado e iniciará su plegaria en solitario, lo cual entra dentro de una lógica de buen obrar, siempre y cuando no sepamos como acometer dicha situación. Ahora bien, aunque no es estrictamente obligatorio, sí es muy recomendable que nos incorporemos a la plegaria ya comenzada. A continuación explicamos cómo debemos proceder:

Llegamos, nos colocamos en la última fila, a la izquierda de la última persona y junto a él. Levantamos las manos a la altura de los oídos y hombros diciendo “Allâhu Akbar”, y con ello ya hemos entrado en plegaria. Inmediatamente nos ponemos en la misma posición en la que se encuentre el Imâm en ese momento y le seguimos hasta el final de la plegaria. Cuando él diga “A-s-salamu ‘alaykum” para cerrar la plegaria, nosotros no lo decimos, nos incorporamos y recuperamos todas las raka’ que no hicimos detrás del Imâm; terminamos, decimos “A-s-salamu ‘alaykum” y ya hemos completado la plegaria. Ahora bien, debemos saber a partir de qué posición la raka’ en la cual lleguemos, nos cuenta o no. A esto diremos que: siempre que abramos la plegaria antes de iniciar el movimiento de pie a prosternados esa plegaria es válida, si llegamos después, la debemos recuperar aun si la completamos detrás del Imâm.

Ahora veamos cómo se recupera cada raka’:

Llegamos en la primera raka’ antes de iniciar el movimiento para prosternarnos:

Simplemente levantamos las manos diciendo “Allâhu Akbar” para comenzar la plegaria y la terminamos con el Imâm.

Perdemos una raka’:

El Imâm finaliza su plegaria; nosotros no decimos el saludo final y nos incorporamos para hacer esa raka’ en la cual recitaremos la Fatiḥa y el Corán (como si fuera la primera) en voz audible o inaudible, según de qué salat se trate. Esa misma raka’ la terminamos con una Tahiyya, después de la cual pronunciamos el saludo final, terminando así la plegaria.

Perdemos dos raka’

 El Imâm finaliza su plegaria; nosotros no decimos el saludo final y nos incorporamos para comenzar otra raka’, la cual consideramos como la primera, recitando la Fatiḥah y al Corán en voz audible o inaudible dependiendo de qué plegaria se trate; terminamos dicha raka’ prosternados (segunda prosternación) y nos levantamos para hacer la segunda raka’, completando las recitaciones como en la anterior, terminando dicha raka’ en posición de sentados con una Tahiyya y el saludo final.

Perdemos tres raka’.

Procedemos como en el caso anterior y añadimos una raka’, al final de la cual nos sentamos, hacemos Tahiyya y pronunciamos el saludo final.

Perdemos cuatro raka’.

Procedemos como en el caso anterior, añadiendo otra raka’; terminando con la Tahiyya y el saludo final.

AÑADIDOS U OLVIDOS EN EL SALAT

Sobre este apartado existen varias opiniones y diferentes maneras de recuperar una adición u olvido durante el salat. Ahora bien, como de lo que aquí se trata es de dar informaciones concisas a los nuevos musulmanes y a aquellos quienes aún no hayan avanzado suficiente para salir al paso de estas situaciones, vamos a ofrecer únicamente una modalidad, la cual si es seguida, nos permitirá realizar nuestra salat de una manera correcta y sin faltas.

No podemos recuperar

Comenzamos diciendo que el olvido de la recitación de la Fatiḥah en cualquier raka’ no se puede recuperar. En este caso en particular habremos de recomenzar el salat entero.

Si olvidamos una raka’ entera, o una prosternación (suŷud) no podremos recuperar bajo ningún concepto, tal y como lo acabamos de decir por la Fatiḥah

Olvido

Olvidamos una recitación del Corán o una inclinación o una posición de sentado (ŷulûs) o una Tahiyya.

En ese caso, al hacer la última Tahiyya y antes del saludo final realizamos dos prosternaciones reparatorias (sentándose entre las dos), después de las cuales recitamos otra Tahiyya y el saludo final.

Adición

Añadimos una recitación, o un movimiento, o una raka’ entera sin habernos dado cuenta, y nos percatamos de ello antes del final del salat. En este caso terminamos el salat por el saludo final, e inmediatamente realizamos dos prosternaciones reparatorias, después de las cuales hacemos Tahiyya y pronunciamos de nuevo el saludo final.

Dudas

Dudamos mientras rezamos si hemos hecho dos o tres raka’ (por ejemplo); en ese momento actuamos como si estuviéramos en la raka’ de duda más baja; por ejemplo: dudamos si estamos haciendo la segunda o la tercera raka’; hacemos como si estuviéramos en la segunda y continuamos el salat. Llegando al final de ésta actuamos de la misma manera que si hubiéramos constatado una adición; es decir: después del saludo final hacemos dos prosternaciones, una Tahiyya y un nuevo saludo.

Lo mismo para dudas sobre adiciones u olvidos, hecho este el cual puede ser muy común cuando comenzamos a manejarnos con soltura en el salat y relajamos la atención.

Solución para concentrarse durante el salat

Pensamos a menudo que el núcleo de nuestra concentración es la mente; y ello es verdad cuando a lo que prestamos atención es a cada elemento del salat. Ahora bien, debemos concentrar fundamentalmente la atención; y a través de la experiencia el consejo que podemos dar al efecto es que procuremos hacer du’a en cada prosternación; en ese momento es cuando más cerca nos encontramos de Allâh y es además cuando nuestras súplicas son escuchadas. Esto nos hará relajarnos sabiendo que nos encontramos ante un Señor Todo Poderoso e Inmenso, y estabilizará nuestra atención durante el resto del salat.

¿Cómo no debemos acercarnos a la plegaria?

No debemos acercarnos a la plegaria en estado de excitación, o cuando le mente se encuentra inmersa en todo tipo de cálculos. Es mejor esperar, relajarnos y luego ir a rezar.

Tampoco debemos realizar el salat cuando tenemos dudas sobre si podemos hacerla antes de perder la ablución.

Cuando estamos en verano, en pleno mediodía, es mejor retrasar la plegaria del Dohr y rezarla algo antes del Aṣr, si ello nos alivia.

La plegaria y el trabajo

La mayoría de los musulmanes que trabajamos, o hemos trabajado en Europa o en cualquier otro país no musulmán, hemos encontrado en los centros donde hemos prestado servicio que no se daban las condiciones pertinentes para el rezo; ni en cuestión de lugar donde hacerlo, ni de condiciones laborales; es más, ni tan siquiera muchos pueden encontrar dónde renovar sus abluciones.

En estos casos es recomendable rezar cuando, una vez terminada la jornada laboral, llegamos a nuestras casas.

A la plegaria se la debe otorgar un respeto y una consideración tal que hacerlo sin la debida paz y tranquilidad no es aconsejable y disminuye su valor.

¿Dónde no se debe rezar?

No se debe rezar en lugares o habitaciones impuras. Ni se debe rezar en la calle, en los caminos transitados, o haciendo un espectáculo delante de todos en un país donde no se practica el Islam. Debemos salvaguardar el honor del salat, en la cual nos ponemos en comunicación con Allâh, sabiendo que lo que estamos realizando exige las mejores condiciones de pulcritud y privacidad.

PLEGARIAS SUPE ROGATORIAS – FAŶR – ŠAFA’ – WITR

Faŷr

Se trata de una plegaria de dos raka’ la cual se realiza en el momento del alba y antes del salat del Ṣubḥ. En ambas raka’ se recitan Fatiḥah y Corán en voz inaudible

Šafa’

Es una plegaria de dos raka’a la cual se realiza inmediatamente después del ‘Išâ. En ambas raka’ se recitan Fatiḥah y Corán en voz inaudible

Witr

Se trata de una plegaria de, comúnmente una sola raka’ que se realiza inmediatamente después del ‘Išâ y después del Šafa’. Algunas escuelas jurídicas realizan un Witr de 3 raka’, habida cuenta que la palabra Witr significa “Impar”. Si es una raka’ se recitan Fatiḥah y Corán; si es de tres solamente se recita Corán en las dos primeras en voz inaudible.

Estas tres plegarias tienen un estatuto reconocido en jurisprudencia islámica como “Sunna mu’akkada” (Sunna reforzada); no llegan al estatuto de plegarias obligatorias pero son muy recomendables, tanto que no podemos imaginar un día sin rezarlas las tres.

LA PLEGARIA DEL VIAJE

Cuando estamos de viaje sabemos que podemos acortar el salat; es más, se trata de una recomendación profética expresada en varios hadices.

Un hadiz dice, en efecto: “Allâh – exaltado sea – ama que se observen Sus permisividades tal y como que se respeten Sus mandatos.” A-t-Tabarâni

Ahora bien, solamente podemos acortar las tres plegarias que constan de 4 raka’ (Duhr, Asr, Išâ), el resto debemos hacerlas como en tiempo normal

¿Qué puede ser considerado como viaje?

En principio, y según el consenso de los primeros siglos del Islam, puede ser considerado como un desplazamiento equivalente a un viaje una distancia que en montura y a pie exceda de aproximadamente algo menos de un día de marcha. Pero, en toda evidencia, habida cuenta de los medios de transporte que actualmente se encuentran a nuestra disposición, no podemos considerar dicha distancia que podría ser entre 15 kilómetros a pie y 40 en montura.

Podemos decir en base a esto que si se trata de un día, el trayecto ida y vuelta debe exceder de al menos 4 horas en vehículo. Y todo esto se encuentra sujeto a diferencias lógicas de criterio y opinión.

Por regla general, podemos decir que se pueden acortar las plegarias cuando en el destino del viaje la estancia no excede de tres días. Si vamos a estar cuatro o más días no hacemos taksir (acortar el salat) y solamente lo realizamos durante el trayecto.

Durante el trayecto del viaje podemos hacer el salat en el medio de transporte que utilicemos, sin necesidad de encontrarnos en dirección a la qibla. Si no podemos hacer los movimientos corporales establecidos para la plegaria, podemos rezar con manos y cabeza aproximando nuestros gestos lo más fielmente posible a los originales.

Durante este tiempo no estamos obligados a asistir a la plegaria del Viernes (Ŷumu’a).

Reagrupamiento de las plegarias

El viajero tiene permitido rezar el Duhr y el Aṣr juntos a la hora del Duhr o a la del Aṣr, y exactamente lo mismo, bajo las mismas circunstancias con el Magreb y el Išâ.

Mismamente, tendremos permitido realizar el lavado de pies durante la ablución pasando las manos húmedas sobre calcetines o medias, tal y como explicaremos en uno de los siguientes capítulos.

Continuaremos con…

Recitaciones voluntarias a realizar en cada plegaria; diferentes clases de salats en común: Ŷumu’a, eclipse, petición de lluvia, los dos Aid, Ŷanasa (plegaria mortuoria); cómo realizar la ablución lavando los pies sobre calcetines y medias, y otras clases de plegarias recomendadas como, por ejemplo, Salat A-ḍ-Ḍoḥa e Istijara.

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