LA GUIA DEL NUEVO MUSULMAN VIII – OTRAS PLEGARIAS – OTRAS DISPENSAS

RECITACIONES VOLUNTARIAS EN LAS PLEGARIAS

Después de la llamada a la plegaria

Después de escuchar la llamada de la plegaria en las mezquitas es muy recomendable hacer du’a, pues es éste uno de los momentos propicios en los cuales la súplica es concedida. La fórmula a utilizar es la siguiente:

Allâhumma rabba hadihi a-d-daˤwatî a-t-tâmmati wa-ṣ-ṣalâti –l-qâ’imati âti sayyidinâ Muhammadan al-wasîlata wa-l-faḍîlata wa ‘abḥu maqâma-l-maḥmûda a-l-ladhî wa ‘adtah ‘innaka lâ tujlifu al mîˤâd

“¡Oh Señor! Dueño de esta llamada perfecta y de la plegaria que vamos a celebrar, concede a nuestro señor Muhammad el medio de intercesión (wasîla) y la excelencia y elévale al rango honorable que Tú le has prometido. Tú no faltas nunca a la promesa”

Después de la Iqamat

Después de decir la Iqamat o llamada a la plegaria, y antes de introducir ésta con la fórmula “Allâhu Akbar”, podemos, si lo deseamos hacer algina recitación; nosotros recomendamos el final de la surat al Baqara

“Rabbanâ la tu’ajidnâ in nasînâ awjtanâ. Rabbanâ wa lâ taḥmil ˤalaynâ iṣran kamâ ḥamaltahû ˤalâ-l-lâdîna min qablinâ. Rabbanâ wa lâ tuḥammilnâ mâ lâ tâqata lanâ bih. Wa ˤfu ˤannâ Wagfir lanâ, Warḥamnâ; Anta mawlâna fanṣurnâ ˤalâ-l-qawmi-l-kâfirîn

“Señor nuestro no nos reprendas si olvidamos o faltamos; Señor nuestro no nos agobies con un peso como el que impusiste sobre quienes nos precedieron; Señor nuestro, no nos cargues con lo que no podemos soportar; Y borra nuestros pecados; Y perdónanos; Y tennos Misericordia; Tu eres nuestro Señor, danos la victoria sobre las gentes descreídas” (2-186)

Segunda raka’ salat A-ṣ-Ṣubḥ

En la segunda raka’ del salat del Subḥ, inmediatamente después de recitar Fatiḥ y Corán, de pie, y antes de inclinarnos, podemos recitar la siguiente du’a:

Allâhumma innî asta’inuka wa-stagfiruka wa nûminu bika wa natawakkalu ˤalayka najnaˤu laka wa najlaˤu wa natruku man yakfuru bik.  Allâhumma ‘îyaka naˤbudu wa laka nuṣallî wa nasŷudu wa ‘ilayka nasˤâ wa haḥfiẓu narŷû raḥmataka wa najâfu ˤadâbaka-l-ŷidda ‘innâ ˤadâbaka bî-l-kâfirîna mulḥiqun

Oh Allâh, imploro Tu sostén y Tu perdón y afirmo mi fe en Ti y me acojo a Ti, y hago lo que me acerca a Ti, y rechazo y abandono a todo aquel que descree en Ti. Oh Allâh, solo a Ti adoro y para Ti es mi Plegaria y mi Prosternación y hacia Ti conduce mi andadura y en Ti está mi preocupación, y espero en Tu Misericordia, y temo Tu castigo severo, pues en verdad Tu castigo aguarda a los descreídos.

RECITACIONES DESPUES DEL SALAT

Hemos de precisar que este pequeño dikr que es recomendable hacer después de cada una de las cinco plegarias canónicas, no es de ninguna manera obligatorio; aún así es muy recomendable ya que tanto el ayat al Kursi, como la du’a, como el saludo al Profeta son actos dispensadores de un gran bien y de incontables beneficios. Podemos decir a título de ejemplo que existe un dicho del Profeta según el cual, quien recita el Versículo del Trono después de cada plegaria obligatoria obtendrá el Paraíso.

Inmediatamente después del saludo final, en la misma posición, nos quedamos a fin de completar las siguientes recitaciones:

1 / Comenzamos pidiendo perdón a Allâh: decid 3 veces Astagfiru-l-Lâh (pido perdón a Allâh).

2 / Decimos 3 veces “Lâ ‘ilâha ‘illâ-l-Lâh” (No hay más divinidad que Allâh) y terminamos la última con “Muḥammad Rasulu-l-Lâh” (Muhammad es el Enviado de Allâh).

3 / Seguidamente recitamos el versículo del Trono (Ayat al Kursî)

Allâhu lâ ilaha ‘illâ Huwa al-Ḥayyu-l-Qayyûm lâ ta’juduhu sinatun wa lâ nawm lahu mâ fî-s-samâwâti wa mâ fî-l-‘ard. Man dâ-l-ladî yašfaˤu ˤindahu ‘illâ bi ‘idnihi yaˤlamu mâ bayna ‘aydihim wa mâ jalfahum wa lâ yuḥîṭûna biša’in min ˤilmihi ‘illâ bimâ ša’a wasiˤa kursiyyuhu-s-samâwâti wa-l-‘ard wa lâ ya’uduhu ḥifẓuhumâ wa huwa-l-ˤaliyyu-l-ˤaẓîm.

Allâh. No hay divinidad sino El. El Viviente El Subsistente Ni el letargo ni el sueño Le afectan. El posee todo cuanto hay en los cielos y en la tierra. Nadie intercede ante El sino es con Su permiso. Conoce el pasado y el porvenir y no engloban nada de Su ciencia sino quien Él quiere. Su Trono contiene los cielos y a tierra y su preservación no le molesta. El es el Altísimo el Inmenso”.

4 / Continuamos diciendo:

33 Veces Subḥaha-l-Lâh (Gloria a Allâh) – 33 veces Al Ḥamdu li-l-Lâh (Alabanza a Allâh) – 33 veces “Allâhu ‘Akbar” (Allâh es el más Grande)  – y terminamos con una sola vez, estirando el dedo índice de la mano derecha y diciendo “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh” (No hay divinidad sino Allâh)

5 / Hacemos du’a expresando nuestra súplica y terminando por “Amin” mientras pasamos las manos por nuestro rostro.

6 / Saludamos al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – mediante la siguiente fórmula:

A-ṣalatu wa-s-salâmu ˤalayka ya sayyidî ya Ḥabîbu-l-Lâh; A-ṣalatu wa-s-salâmu ˤalayka ya sayyidî ya Nabiyu-l-Lâh; A-ṣalatu wa-s-salâmu ˤalayka ya sayyidî ya Rasûlu-l-Lâh; alfu ṣalâtin wa ‘alfu salâmin ˤalayka wa ˤalâ âlika wa-ṣḥâbika ya jayra jalqi-l-Lâhi aŷmaˤin; wa-l-ḥamdu li-l-Lâhi rabbî-l-ˤâlamîn (esto último pasando las manos por el rostro).

La plegaria y la paz sobre ti, nuestro señor, amado de Allâh, La plegaria y la paz sobre ti, nuestro señor, profeta de Allâh, La plegaria y la paz sobre ti, nuestro señor, Enviado de Allâh. Mil plegarias y mil saludos sobre ti, sobre tu familia y tus compañeros, eres el mejor de la creación de Allâh; y alabanza a Allâh Señor de los mundos.

PLEGARIAS RECOMENDADAS

Además de les tres plegarias “muy recomendadas”, a saber: Faŷr, Šafa’ y Witr existen otras salats cuya recomendación no llega al estatus de las anteriores, pero que sin embargo son interesantes de conocer.

Antes del Faŷr podemos realizar una plegaria de dos raka’.

Podemos hacer el salat A-ḍ-Doha, que se compone de una, dos o tres plegarias de dos raka’ cada una; su horario se extiende desde una media hora después de la salida del sol hasta media hora antes del mediodía.

Antes y después del Dohr podemos hacer una plegaria de dos raka’

Lo mismo antes del ‘Aṣr.

Después del Magreb es aconsejable realizar una, dos o tres plegarias de dos raka’ cada una.

Es recomendable efectuar una plegaria de dos raka’ cuando entramos en la mezquita, como prueba de respeto ante ese lugar sagrado.

LA PLEGARIA DE CONSULTA – ISTIJARA

En todos los asuntos que le conciernen, el musulmán busca ayuda y fuerza junto a su Señor Poderoso y Majestuoso. Si le alcanza una desdicha, él se refugia en la plegaria para aliviar su alma y disipar sus preocupaciones. Cuando él ha decidido emprender un asunto importante, recurre a la plegaria para consultar a Allâh. Si Allâh le guía sobre la vía de la acción, debe emprenderla sin pensar en las consecuencias, pues Allâh está con él. Si Allâh le inspira renunciar, debe resignarse sin pensar más en ello.

 La plegaria de la consulta es un beneficio de Allâh. El creyente le dirige esta plegaria para pedirle que le guíe en su elección e indicarle donde reside el bien.

 El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – enseñó a sus compañeros la manera en la cual debían cumplirla, al igual que les enseñaba una surat del Corán. Si se quiere emprender algo importante, es conveniente cumplir esta plegaria. Si en tres días no se ha tenido visión alguna en sueños la cual despeje las dudas sobre el asunto, entonces se debe tomar la decisión hacia la cual uno se siente más orientado.

No obstante, sobre asuntos de extrema importancia podemos extender el tiempo de consulta realizando la Istijara hasta un máximo de 14 días.

¿Cómo se cumple con la plegaria de la Istijara?

 Se hacen dos rak’a después de la plegaria obligatoria del ‘Išâ y antes de las superogatorias de Šafâ’ y Witr. Después del saludo final se recita la invocación de consulta. Precedentemente en cada suŷud de la plegaria se realiza la consulta, al igual que cuando hacemos la invocación. En la primera de las rak’a recitamos al-Fâtiha y la surat “Los incrédulos” (Kafîrûn), mientras en la segunda se recita al-Fâtiha y la surat “El culto puro” (al Ijlas).

  He aquí el hadiz por el cual el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – nos enseña la plegaria de la consulta:

 “Si uno de vosotros ha planificado realizar algo, que haga dos rak’a, fuera de las plegarias obligatorias, después que él diga: “Señor, Te pido en virtud de Tu ciencia el escoger la mejor solución para mí, Te suplico en virtud de Tu Todo-poder el concedérmelo, y el poder beneficiar de Tu favor inmenso. Pues Tú, Tú puedes todo y yo no puedo nada, Tú sabes todo y yo no sé nada. Tú eres quien conoce lo imperceptible. ¡Oh Señor! Si Tú sabes que en este asunto (se debe entonces exponer el asunto) existe un bien para mi religión, mi vida y porvenir lejano o inmediato, decrétalo para mí, vuélvemelo accesible y bendícelo para mí. Si, al contrario, Tu sabes que en este asunto (se debe entonces exponer el asunto) existe un mal para mi religión, mi vida y porvenir lejano o inmediato, aléjalo de mí y concédeme el bien donde él esté y concédeme satisfacerme con ello.

“Allâhumma innî ‘astajîruka biˤilmik wastaqdiruka biqudratika wa ‘as’aluka min faḍlika-l-ˤaẓîm fa’innaka taqdiru wa lâ ‘aqdir wa taˤlamu wa lâ ˤalam wa ‘anta ˤallâmu-l-guyûb; Allâhumma ‘in kunta taˤlamu ‘an hadâ-l-‘amra jayrun lî fî dînî wa maˤâshî wa ˤâqibati amrî ‘aw qâla ˤâŷili ‘amrî wa ˤâŷilihi fâqdirhu lî wa yassirhu lî zumma bârik lî fîhi wa in kunta taˤlamu ‘anna hadâ-l-‘amra šarrun lî fî dînî wa maˤâshî wa ˤâqibati amrî aw qâla fî ˤâŷili ‘amrî wa ˤâŷilihi fâṣrifhu ‘annî waṣrifnî ˤanhu waqdur lî jayra ḥayzu kâna zumma ‘arḍinî bihi.

La plegaria del eclipse lunar o solar 

 El Islam nos inicia a las reglas más sublimes de la cortesía y nos enseña principalmente a buscar refugio junto a Allâh, tantas veces como estemos preocupados por un asunto. Nosotros Le adoramos y Le pedimos socorro. Imploramos Su subsistencia. Así mismo nos sometemos a Su juicio y a Su decisión.

 Los eclipses solares o lunares son dos fenómenos naturales muy importantes. Muchas gentes se sienten invadidas por la inquietud cuando son testigos de uno de ellos. Es por lo cual se ha instituido una plegaria especial, la cual cumplimos cuando se reproducen estos fenómenos. Los creyentes se refugian en la mención de Allâh, dirigiéndose a Él y recitando Su Libro, a fin de que sus almas encuentren la serenidad. Escuchan seguidamente el sermón del imam, quien les explica las enseñanzas inherentes a estos signos explícitos. El aparta de sus almas la imprudencia a fin de que ellas mediten sobre la grandeza del Creador, y como Allâh dirige el universo por Su poder como El quiere.

 “Entre Sus signos están, la noche y el día, el sol y la luna” (Surat 41 vers. 37) “A Él no se le pedirán explicaciones de lo que hace, pero ellos si serán preguntados” (Surat 21 vers.23)

 Las razones del establecimiento de la plegaria del eclipse

 Esta plegaria fue instituida en los primeros años de la hégira del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. El eclipse solar coincidió con la muerte de ‘Ibrâhîm, el hijo del profeta – sobre él la plegaria y la paz -, que Allâh tenga su alma. Algunos decían que el sol se había eclipsado a causa de la muerte de ‘Ibrâhîm. Escuchando esto el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – intervino para cortar el camino a cualquier leyenda y establecer la verdad. Al Mugira ha dicho: “Se produjo un eclipse, durante la vida del Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz -, el día de la muerte de su hijo ‘Ibrâhîm. Las gentes dijeron entonces que el sol se había eclipsado a causa de la muerte de éste. El profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo entonces: “El sol y la luna se encuentran entre los signos de Allâh Poderoso y Majestuoso. Ellos no se eclipsan por la muerte ni el nacimiento de criatura alguna. Cuando les veáis eclipsarse, invocad a Allâh y rezad hasta el final del eclipse”. Al-Bujari y Muslim

 ¿Cómo hacer la plegaria del eclipse?

 La plegaria del eclipse difiere en su forma de las otras plegarias. Ella se compone de dos rak’a y se hace de preferencia en común, pero podemos igualmente hacerla solos. Cuando se hace en común el imam recita al-Fâtiha y el Corán en voz audible; después de la plegaria, él pronuncia un corto sermón donde expone las enseñanzas las cuales podemos extraer de este género de situaciones.

 Se comienza la plegaria del eclipse enunciando la fórmula de sacralización (takbiratu-l-‘ihrâm) levantando las manos a la altura de los oídos. Después él recita al-Fâtiha en voz audible seguida de una surat. Es recomendable prolongar la recitación del Corán antes de la inclinación. Cuando nos reincorporamos de ella se continúa con la recitación antes de inclinarnos por segunda vez. Cuando nos incorporamos de este segundo “ruku’, nos prosternamos seguidamente. Así en cada rak’a se compone de dos ruku’, recitamos el Corán dos veces y nos prosternamos igualmente dos veces. Se repite lo mismo en la segunda rak’a.

 He aquí el hadiz que explica esta plegaria, el cual ha sido transmitido por la madre de los creyentes, A’isha – que Allâh esté satisfecho de ella -; es un hadiz autentificado por al-Bujâri y Muslim:

 “Se produjo un eclipse en vida del Enviado de Allâh. El Enviado de Allâh salió hacia la mezquita, dijo la fórmula de sacralización”Allâhu Akbar” y las gentes se alinearon detrás de él. El recitó largamente y dijo: “Allâhu Akbar”, se inclinó pero durante menos tiempo que el que empleó por la recitación, después él se incorporó diciendo: “Que Allâh escuche a aquel quien Le rinde Gracias ¡Señor! Alabanza a Ti”. Seguidamente se incorporó y recitó durante un largo tiempo pero menos que durante la primera vez. Después, él dijo: “Allâhu Akbar” et hizo un ruku’ menos largo que el precedente, después dijo: “Que Allâh escuche a quien le rinde gracias. ¡Señor! Alabanza a Ti”; después él se prosternó. El hizo seguidamente una rak’a idéntica. Así, él se había inclinado cuatro veces y prosternado cuatro veces. El sol reapareció antes de que hubiera terminado su plegaria. El se levantó entonces y pronunció un sermón donde dio gracias a Allâh en los términos que Le convienen y dijo: “El sol y la luna son dos signos entre los signos de Allâh, el Poderoso el Majestuoso. No se eclipsan ni por la muerte o el nacimiento de criatura alguna. Cuando les veáis eclipsarse recurrid a la plegaria.” Al-Bujâri

La plegaria de la súplica por la lluvia (istisqâ’)

 El musulmán se vuelve hacia Allâh Todo-Poderoso y Glorioso en todas las circunstancias y en todos los asuntos, invocando a Allâh, implorando Su misericordia, Su ayuda y Su socorro. Allâh es el refugio y El responde a la llamada de quien Le invoca en la angustia.

Cuando la lluvia viene a faltar en un país o región y la tierra se deseca, cuando esta sequía amenaza a la vegetación y al ganado, los musulmanes se vuelven hacia Allâh Todo-Poderoso y Glorioso. Ellos se quejan a Él, imploran Su clemencia y Le piden que haga descender sobre ellos las lluvias benefactoras. Ellos hacen entonces la plegaria llamada de “la súplica de la lluvia” (istisqâ’).

 Es esta una plegaria dirigida a Allâh, Glorificado y Exaltado, para suplicarle que haga descender la lluvia. Ella es vivamente recomendada por la Sunna. Muslim reporta lo que sigue: “El Enviado de Allâh salió una vez para suplicar la lluvia. El dio la espalda a las gentes, se puso en dirección a la Ka’aba y retornó su manto.” Al-Bujâri añade: “… y él recitó durante la plegaria el Corán en voz audible”.

 La plegaria de la lluvia es de tres clases:

 1 – Los musulmanes imploran la lluvia cada uno por su lado o todos juntos.

 2 – Se implora por la lluvia después de cada plegaria, aún si se trata de una superogatoria.

 3 – La manera más practicada comporta una plegaria especial seguida de un sermón, en el cual el imam exhorta a los musulmanes, llamándoles a Allâh Todo-Poderoso y Sabio. El les hace temer Su suplicio y Su castigo, les ordena a practicar la limosna y el bien, el enmendar sus errores y el retornar a Allâh. La desobediencia es la causa de la falta de lluvia, del desecamiento de los ríos, del agotamiento de las fuentes y de la privación de toda subsistencia. Ella es igualmente la causa de la cólera divina y de los tormentos que se abaten sobre las criaturas como el hambre, la disminución de bienes, de cosechas y frutos, e incluso de la destrucción de ciudades en las cuales reina la injusticia (¡que Allâh nos preserve de todas esta calamidades!).

 ¿Cómo cumplir la plegaria de la petición de lluvia?

Fuertemente recomendada, la plegaria de la petición de lluvia se compone de dos unidades de plegaria (rak’a) que se hacen exactamente de la misma manera que la plegaria del ˤaid.

 El imam recita al-Fâtiha y el Corán en voz audible después de haber repetido siete veces la fórmula: “Allâhu Akbar” en la primera rak’a y cinco en la segunda. Recita, si es posible, las mismas surats que para la plegaria del ˤaid, a saber: le surat “El Altísimo” en la primera rak’a y la surat “La que envuelve” en la segunda. El puede sin embargo recitar otras surats.

 A la ocasión del primer ˤaid, el musulmán se dirige a la “muṣallâ” (gran lugar donde se hacen ciertas plegarias en común), perfumado y ben vestido; al contrario, por la plegaria de la petición de lluvia, él no se perfuma ni se viste con sus mejores prendas, testimoniando así  de su humildad ante Allâh, Todo-Poderoso y Glorioso. Abu Dawud relata en efecto que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz –se dirigía a la muṣallâ modestamente vestido, observando una actitud de humildad y evocando a Allâh.

 Al final de la plegaria el imam se levanta y pronuncia un doble sermón pues el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha pronunciado dos sermones de lo alto del mimbar.

 Abu Hurayra ha dicho: “Un día, el profeta salió para implorar por la lluvia. El hizo dos rak’a sin llamada ni anuncio a la plegaria. Después nos dirigió un sermón, invocó a Allâh, se volvió en dirección de la Ka’aba levantando las manos, después retornó su manto (su parte derecha a izquierda y su parte izquierda a derecha).” Ahmad, Ibn Maya y al-Bayḥaqî

En estos dos sermones el imam debe implorar abundantemente la absolución divina, pues es lo que mejor conviene en semejante caso. El debe asimismo retornar su manto poniendo su parte derecha del revés, los otros fieles deben hacer lo mismo. Esto es un símbolo de su deseo de ver su malestar transformarse en abundancia., la dificultad en facilidad y el enojo en contentamiento. Levanta las manos hacia el cielo para dirigir sus plegarias a Allâh en voz inaudible y en voz audible. Invoca con insistencia al Rey y Perdonador, en toda humildad. Cuando él invoca a Allâh en voz inaudible las gentes hacen como él y cuando Le invoca en voz audible ellos se contentan con decir: “Amîn”.

 Es recomendable invocar a Allâh con las fórmulas utilizadas por el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz -; sin embargo, le está permitido invocar con otras fórmulas, tradicionales o no. Su invocación debe hacerse en completo recogimiento y sumisión. La petición de la absolución debe situarse a la cabeza de las súplicas.

 Invocación del Profeta en la plegaria de petición de lluvia

 “Señor, haz descender sobre nosotros una lluvia que nos resulte fuente de misericordia y no de tormentos, de aniquilación, desdicha o destrucción. ¡Señor! Hazla caer sobre las llanuras, las alturas, los lugares boscosos y los valles. ¡Señor! Hazla caer a nuestro alrededor y no sobre nosotros. ¡Señor! Haz descender sobre nosotros una lluvia benefactora, salvadora, sana, abundante, que cubra la tierra de vegetación y caiga sin cesar, en ondas gruesas y abundantes. ¡Señor! Abrévanos mediante la lluvia y haz que nosotros no seamos de aquellos quienes desesperan de Tu misericordia. ¡Señor! Las gentes de la tierra sufren de incomodidad, de hambre, de miseria, de lo cual no nos quejamos sino a Tí ¡Señor! Haz crecer la vegetación y concédenos leche en abundancia. Haz descender sobre nosotros las bendiciones del cielo y aparecer las de la tierra.

 Disipa esta prueba, pues ningún otro sino Tú sabría hacerlo. ¡Señor! Te pedimos Tu absolución, pues Tú eres constantemente para nosotros infinitamente perdonador. Haz pues caer sobre nosotros las olas abundantes del cielo.”[1]

Allâhumma suqyâ raḥmatin lâ suqyâ ˤadâbin wa lâ maḥqin wa lâ bala’i wa lâ hadmin, Allâhumma ˤalâ-ẓ-ẓirâbi wa-l’âkâmi wa manâbiti-š-šaŷari wa buṭûni-l’awdiyati, Allâhumma ḥawâlaynâ wa lâ ˤalaynâ, Allâhumma ‘ašqinâ gayzan mugîzan hani’an mari’an gadaqan muŷallilâ saḥḥan ṭabqa da’iman, Allâhumma ‘asqinâ-l-gayza wa lâ taŷˤalnâ mina-l-qâniṭîna, Allâhumma ‘inna bi-l-ˤibâdi wa-l-bilâdi mina-l-ŷahdi wa-l-yûˤi wa-ḍ-ḍabaki mâ lâ naškûhu ‘illâ ‘ilayka, Allâhumma ‘anbit lanâ-ssarˤa wa ‘adirra lanâ-d-darˤa wa ‘unzil ˤalaynâ barakâti-s-sama’i lanâ min barakâti-l-‘arḍi wakšif ˤannâ mina-l-bala’i mâ lâ yakšifuhu gayruka, Allâhumma ‘innâ nastagfiruka ‘innaka kuntu binâ gaffâran fa’arsili-s-sama’i ˤalaynâ midrâran”.

La plegaria mortuoria

 El Islam honra al hombre, tanto en vida como después de su muerte. Cuando el musulmán muere, se le debe lavar, perfumar, revestir de un lienzo, rezar por él, acompañar el séquito funerario, enterrarle e invocar a Allâh en su favor.

 La plegaria sobre el muerto es una obligación colectiva, es decir, que si un grupo de gentes cumplen con esta función, el resto de la comunidad no se encuentra obligado (fard kifâya). Esta plegaria es una clase de misericordia divina por el muerto y una manera de honrarle.

 6.5.1 ¿Cómo hacer la plegaria mortuoria?

  Colocamos el fallecido frente a la Ka’aba. Después, el imam se pone de pie al nivel de su cabeza y hombros, si el difunto es hombre, o al nivel de su talle si se trata de una mujer. Los fieles se alinean detrás de él. El dice seguidamente cuatro veces “Allâhu Akbar”, levantando a cada vez las manos al nivel de los oídos, y los fieles harán esto mismo después del imam.

 El primer takbîr

 El imam y los fieles pronuncian primeramente la fórmula de entrada a la plegaria

“Subḥânaka Allâhumma wa biḥamdika tabâraka ‘ismuka wa taˤâlâ ŷadduka wa lâ ‘ilaha gayruka”

 Ellos recitan seguidamente en voz audible al-Fâtiha y otra surat

 El segundo takbîr.

 Ellos dicen de la segunda parte del Tašahud (a-ṣ-ṣalâta-l-‘ibrâhimiya), lo siguiente:

“Allâhumma ṣallî ˤalâ Muḥammadin wa ˤalâ ‘âli Muḥammadin kamâ ṣallayta ˤalâ Ibrâhima wa ˤalâ ‘âli Ibrâhim wa bârik ˤalâ Muḥammadin wa ˤalâ ‘âli Muḥammadin kamâ bârakta ˤalâ Ibrâhima wa ˤalâ ‘âli Ibrâhima fî-l-ˤâlamîn ‘innaka ḥamîdun maŷîd”.

 “Señor, haz la plegaria sobre Muhammad y sobre la familia de Muḥammad, como la hiciste sobre Ibrahim y su familia. Señor, bendice a Muhammad y a la familia de Muḥammad como bendijiste a Ibrâhim y a la familia de Ibrâhim en el universo, Tu eres digno de alabanza y glorificado”

 El tercer takbîr

 Ellos dicen:

 “Allâhumma gfir liḥayyinâ wa mayyitinâ wa ṣagîrinâ wa kabîrina wa dakarinâ wa ‘anzânâ wa šâhidinâ wa ga’ibînâ Allâhumma man ‘aḥyaytahu minnâ fa’ḥyihi ˤalâ-l-‘imâni wa man tawaffaytahu minnâ fa-tawaffahu ˤalâ-l-‘imân”.

 “Señor, perdónanos a todos, vivos y muertos, pequeños y grandes, hombre y mujeres, presentes y ausentes. Señor, haz que aquel quien Tu guardas en vida observe la vía de la fe, y aquel a quien Tu llames hasta Ti, muera teniendo la fe”.

 El cuarto takbîr

 Ellos dicen esta plegaria:

“Allâhumma lâ taḥrimnâ ‘aŷrahu wa lâ taftinnâ baˤdahu wa-gfir lanâ wa lahu”

“Señor, no nos prives de su recompensa, no nos sometas a las tentaciones después de él y absuélvenos tanto a nosotros como a él.”

 Después, el Imam termina la plegaria mortuoria haciendo el saludo final a derecha y a izquierda.

 La plegaria sobre el niño y el ausente

  La plegaria mortuoria es la misma ya se trate de un adulto o de un niño, ya el cuerpo del fallecido se encuentre presente o ausente

 Cuando el difunto es un niño, la sunna recomienda invocar a Allâh a favor de sus padres. Después de haber terminado la fórmula del tercer takbîr es recomendable decir:

 “Allâhumma ‘aŷˤalhu dujran liwâlidayni wa farṭan wa ‘aŷran wa šafîˤan muŷâban Allâhumma zaqqal bihi mawâzînahum wa ‘aˤẓima bihi ‘uŷûrahumâ wa ‘alḥiqhu biṣâliḥi-l-mu’minîna waqihi biraḥmatika ˤaddâba-l-ŷaḥîm”

 “Señor, haz de este niño un provisión de bien para sus padres, conviértele en su precursor en el paraíso, una recompensa y un intercesor escuchado. ¡Señor! Haz pesar gracias a él, la balanza de sus buenas obras así como su recompensa. Hazle unirse a los virtuosos entre los creyentes. Protégele por Tu gracia, de los tormentos del infierno”.

 Podemos asimismo rezar sobre el muerto, aún si su cuerpo se encuentra ausente. Es esto lo que hizo el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – sobre el negus de Etiopía a su muerte. Esto se convirtió pues en una Sunna.

 Podemos hacer esta plegaria sobre un solo fallecido, o sobre dos o más de ellos. Si por ejemplo, los musulmanes mueren en el campo de batalla, lejos de sus países, sus ciudadanos musulmanes pueden hacer en su favor la plegaria del ausente.

 Después de la plegaria se conduce al fallecido a su última morada. Se sigue el cortejo con respeto, pidiendo a Allâh por él. Una vez en el cementerio, es una sunna el invocar a Allâh de nuevo por él a fin de que El le otorgue Su absolución, Su gracia, Su satisfacción y para que El le reafirme ante el interrogatorio de los dos ángeles. Después de la inhumación, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – decía a las personas quienes acompañaban al difunto: “Pedid la absolución por vuestro hermano y suplicad a Allâh de sostenerle mientras es interrogado.

 Pedimos a Allâh el que nos inspire para dar la buena respuesta (pues nuestra alma gustará la muerte), que sea Clemente hacia nos a lo largo del periplo de nuestra vida, cuando llegue el momento de abandonarla, en nuestra soledad en el seno de la tumba y cuando nos presentemos ante El. Nos le suplicamos aligerar nuestra agonía. Allâh exaltado es infinitamente Clemente y Misericordioso con Sus siervos.

La plegaria de las dos fiestas (‘aid)

 Es cuestión aquí de la fiesta que sigue al ayuno del ramadán, llamada “ˤaid al-Fitr”, y la del sacrificio llamada “ˤaid al-‘aḍḥa”. La plegaria de cada una de estas dos fiestas se compone de dos rak’a en las cuales el imam recita al-Fâtiha y el Corán en voz audible. No es precedida ni por la llamada de la plegaria ni por su anuncio, y no se hace plegaria complementaria alguna, ni antes ni después. Su hora comienza cuando sale el sol y se eleva dos metros sobre el horizonte, o lo que es lo mismo, alrededor de veinte minutos después de la aparición del disco solar, y se termina al mediodía.

Plegaria de la fiesta del fin del Ramadán (ˤaid al-fitr)

 Una vez el mes de Ramadán, durante el cual los musulmanes cumplen con la obligación del ayuno, terminado, se celebra la fiesta de la ruptura del ayuno o “ˤaid al-fitr”, el cual dura tres días. Los musulmanes lo acogen con la plegaria, las invocaciones y las alabanzas dirigidas a Allâh Todo-Poderoso y Majestuoso.

 Después de la plegaria del Ṣûbḥ del primer día del mes de Šawâl, el musulmán se dirige a la mezquita. Se le recomienda hacer la gran ablución, vestirse con sus mejores prendas, perfumarse y desayunar, aunque fuere comiendo algunos dátiles conformemente a la tradición del profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Una vez en la mezquita, nos sentamos sin hacer plegaria voluntaria alguna, escuchando la recitación del Corán, si la hubiere.

 Veinte minutos, poco más o menos, después de la salida del sol, comienza la plegaria del “ˤaid al fitr”. El imam se levanta entonces para dirigir esta bendita plegaria. Las gentes forman las filas, bien alineados y el imam pronuncia el takbiratu-l-‘ihrâm: “Allâhu Akbar”. Las gentes hacen lo mismo y recitan en secreto la invocación de la abertura de la plegaria.

 Seguidamente el Imam, y los fieles después de él, dicen seis veces: “Allâhu Akbar” levantando a cada una de las veces las manos a la altura de los oídos. Entre dos takbîr dicen en voz baja: “Subḥâna-l-Lâh wa-l-ḥamdu li-l-Lâhi wa Allâhu Akbar”. Después de los siete “takbîr”, el imam recita en voz audible en la primera rak’a al-Fâtiha y después la surat del “Altísimo”, la cual es recomendada recitar en la ocasión. En la segunda rak’a, el recita al-Fâtiha y la sura “El envolvente”.

 En la segunda rak’a, el imam y los fieles dicen antes de la recitación del Corán cinco veces: “Allâhu Akbar” y entre dos takbirat, la misma fórmula que en la primera rak’a, a saber: “Subḥâna-l-Lâh wa-l-ḥamdu li-l-Lâhi wa Allâhu Akbar”. Una vez la recitación acabada, ellos se inclinan, se prosternan antes de sentarse por el Tašahud y terminan la plegaria con el saludo final. Después de esto, el imam y los fieles pronunciarán las fórmulas siguientes:

 Allâhu Akbar, Allâhu Akbar, Allâhu Akbar, Allâhu Akbar, lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh wa Allâhu Akbar wa li-l-Lâhi-l-ḥamd.

 Es así que se acaba verdaderamente la plegaria de la fiesta de la ruptura del ayuno.

 Seguidamente, el imam sube al mimbar para pronunciar el sermón de la fiesta, el cual debe tratar sobre el alto significado del ˤaid y sobre el comportamiento que incumbe a los musulmanes en un día como este: recomendarse mutuamente el bien, perdonarse, visitarse mutuamente, ser bondadoso, generoso y obedecer al Misericordioso. Ellos deben rehusar toda discordia o hipocresía, o todo acto inmoral y toda desobediencia a Allâh. El imam debe en fin hacer llamada a los valores importantes pregonados por el Islam a los cuales él exhorta a los musulmanes.

 Después del sermón el imam desciende del mimbar y estrecha la mano de los fieles, quienes intercambian entre ellos felicitaciones y se desean una buena fiesta.

 Plegaria de la fiesta del sacrificio (al-‘aḍḥâ)

 Ella se ejecuta exactamente como la precedente y solamente es la intención la que cambia. Además, en esta plegaria, está recomendado de decir “Allâhu Akbar” desde el momento en el cual uno se dirige al lugar de plegaria (muṣalla o mezquita) hasta la llegada.

   Observación

 Existe unanimidad entre los doctos sobre todo lo que acabamos de mencionar a propósito de la plegaria de los dos ˤaid; sin embargo, ellos divergen sobre el número de veces en las que se debe pronunciar la fórmula “Allâhu Akbar” a causa de los diferentes testimonios que sobre ello se transmiten.

 Lo que hemos indicado – a saber: el hecho de pronunciar la fórmula del takbîr siete veces en la primera rak’a y cinco en la segunda – es conforme a los consejos mejor conocidos y acreditados.

 Los hanifitas dicen, por ejemplo, que el número de takbirat es de cuatro en la primera rak’a, además del takbîr llamado de sacralización o apertura de la plegaria (‘ihrâm) el cual se pronuncia antes de la recitación de al-Fâtiha y antes de inclinarse diciendo “Allâhu Akbar”.

 Todas las veces en las cuales se pronuncia las fórmulas del takbîr durante la plegaria de los dos ˤaid nos aseguraremos de levantar las manos a la altura de los hombros y los oídos.

LA ABLUCION PASANDO LAS MANOS SOBRE LOS PIES

En el capítulo de la ablución no incluímos este pequeño capítulo a fin de no dificultar la labor de aprendizaje necesaria para realizar las abluciones con corrección y validez. Ahora bien, es muy conveniente conocer esta dispensa y sus condiciones de aplicación.

La dispensa consiste en pasar las manos mojadas por los calcetines y medias en lugar de lavar los pies. Esto debe hacerse pasando las dos manos en forma de embudo, comenzando por los dedos y terminando con los tobillos (que se incluyen).

Es una dispensa a la que podemos acogernos cuando estamos en viaje o cuando hace frío y tememos enfermarnos.

Aún así, se trata igualmente de una dispensa general que se puede practicar en todas las abluciones del día, exceptuando la primera.

Nosotros no recomendamos hacerlo sino en caso de viaje o de intenso frío; lo mejor es siempre hacer las abluciones completas, tal y como lo explicamos en el capítulo pertinente

[1] Según la versión de Sâlim Ibn ‘Abdu-l-Lâh reportada por el imam Châfi’î

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