LOS IMPUESTOS QUE ACABARON CON AL ANDALUS – Por Javier Astilleros

Hay un tema muy importante-capital- que habría que observar con detenimiento en la historia de Al Andalus y por extensión en Europa. Se trata de la fiscalidad instaurada tras la toma de los reinos cristianos y las estrategias seguidas por los señores feudales y la propia Iglesia.

Pasamos por alto a menudo la maquinaria impositiva destinada a esquilmar el dominio andalusí. Se trataba de una fiscalidad dirigida a acabar directamente con el principio de solidaridad en Al Andalus, por supuesto con matices diferentes según la geografía, así como sobre la entidad política enmarcada en su época, pero sí se pueden trazar unas líneas generales para comprender cómo afectó a las familias extensas y cómo -finalmente- consiguió disgregarlas.

Es recurrente en la historia, desde luego. El ejemplo más reciente lo vemos en la estrategia francesa en el Magreb del siglo XIX, claramente destinada a desarticular el sistema clánico y comunitario, tal y como señala Pierre Bordeau en su famosa Antropología de Argelia, donde la política francesa disolvió los terrenos de explotación comunitaria, generando una migración monstruosa a las urbes.

El estudio sobre la fiscalidad andalusí ha presentado grandes dificultades debido a la escasez de datos. Hay un estudio interesante de la profesora Soha Abboud-Haggar, basado en el Dīwān al-Aḥkām al-kubrà del cadí Abū l-Aṣbaġ ʽĪsà b. Sahl (m. 1093), y Kitāb al-Aḥkām, del cadí Ibn Qāsim al-Šaʽbī al-Mālaqī. Se trata de dos recopilaciones de casos judiciales en la que median  dos siglos, desde el Emirato de Abd Allah (888/912) hasta finales de los taifas.

En el caso de los taifas, sabemos que los musulmanes gravaban con el ušūr -impuesto sobre la producción agrícola, o el famoso jarāy, la imposición fiscal reservada a los no musulmanes, aunque esta se extendería a cualquiera en capacidad de producir. Habría que añadir el mak, impuesto de paso a las ciudades andalusíes, aunque puesto en duda con recurrencia.

Respecto al jarāy el califa Omeya Omar Abdelaziz (720) la extendió a los musulmanes, aunque no deja de ser una consecuencia lógica de un imperio que se articuló a imagen y semejanza de Bizancio y Persia.

Entre los impuestos pagados por los musulmanes, habría que sumar los de las herencias- sahib al mawarit. También los considerados como ilegales, especialmente aquellos solicitados por el sultán de turno. Hay que decir que la proliferación de impuestos en Al andalus eran especialmente sensibles a provocar revueltas, con lo cual no eran especialmente altos.

Sin embargo el sistema feudal cargaba las rentas sobre los campesinos de un modo intenso -y por qué no decirlo- caótico. La fiscalidad señorial-feudal daría lugar a la de realengo desde el siglo XII, especialmente poderosa, en comparación con otras plazas europeas.

Y lo haría muy lentamente, desarrollada e influida por Al Andalus, tal y como señala Ladero Quesada, como el diezmo de la cosecha, que nada tenía que ver con el que posteriormente sería el diezmo eclesiástico.

Hay que mencionar también la renta jurisdiccional, que el señor feudal utilizaba para limitar la libertad del campesino y donde el pechero podía pagar hasta un 5% de la cosecha.

Podemos imaginar lo que supuso este gravamen para las taifas recién conquistadas en la península. A esta renta habría que añadir la solariega, los beneficios del señor feudal, las regalías con los monopolios de la moneda, la sal, minas, montazgos y ferias. Y todo esto sin añadir los derechos sobre herencias, justicia, penas y multas.

El caso del reino de León es especial, ya que no heredó parte de la fiscalidad islámica desde finales del siglo XI, a diferencia de Castilla, con la incorporación de la gigantesca taifa de Toledo, de modo que sólo aquí se conoció la herencia andalusí consistente en el pago del diezmo de la cosecha, como renta territorial básica, que es el antiguo zakat o limosna legal islámico.

Lo interesante de los impuestos es que no solo generan una carga exactora con capacidad para dinamizar o amordazar la economía, y formar así una tupida red de intereses públicos y privados. Los impuestos -y sobre quiénes recaen- determinan la lógica económica de una sociedad e incluso su estructura. Y tal es el caso en Al Andalus. Observemos que cuando hablamos de una ruptura familiar de ese cariz, en realidad lo que hacemos es acabar con una forma de vida, de relacionarse entre los miembros de la familia, y por supuesto de vincularse de algún modo a la naturaleza y el medio agrícola y comercial. Se modifica así el campo, las ciudades y las alquerías en su aspecto físico y social.

En el caso valenciano, Jaime I, por ejemplo, expulsa a los musulmanes de las mejores tierras, aunque deja a cierto número con el objetivo de que las exploten.

El feudalismo, como fenómeno económico, desmanteló la solidaridad entre los clanes andalusíes para instaurar un sistema impositivo en el que la tributación se iba a dar por unidades familiares, mucho más interesante para la iglesia y la nobleza, donde los impuestos -tal y como hemos visto- se iban a multiplicar sin cesar, utilizados en casos incluso para conquistar otras zonas bajo dominio musulmán, especialmente tras la pérdida de Toledo y el reparto de influencias de poder, que incluso en 1085 iba a llegar a la propia Granada, sangrando de un modo brutal las finanzas de los taifas.

Sin reparar en cantidades ni en datos precisos -lo cual poco importa en este artículo- sí hay un tema capital: unidades familiares amplias en un territorio extenso son mucho más difíciles de controlar que aquellas unidades simples con una asignación o un lote de tierras concreto o confinado a un espacio periurbano, denominado morerías.

Y esa es la clave del inicio y fin de toda civilización: La fiscalidad como instrumento de control y sumisión. En definitiva, el uso de esta fiscalidad destruyó por completo a la organización social de los andalusíes.

Es interesante observar en este caso con qué legitimidad los africanos almorávides vinieron a restaurar el orden coránico tras el decaimiento de los taifas. ¿Y qué encontramos aquí?: Las elevadas exacciones de los taifas, contrarias a los preceptos coránicos. ¿Vinieron a restaurar la pureza de costumbres o más bien a mantener un Islam moribundo destrozado por las parias de Castilla?. Desde mi punto de vista más bien lo segundo.

 

 

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Una Respuesta a LOS IMPUESTOS QUE ACABARON CON AL ANDALUS – Por Javier Astilleros

  1. Rahmanicus dice:

    Muy interesante, y más lo sería conectar esas exacciones contrarias al espíritu de la legislación económica del Islam con las exacciones con las que nos agasajan nuestros democráticos partidos políticos, especialmente en Andalucía respecto al tema de las herencias, verdadera demolición del espíritu familiar y con él, de toda una forma de vida.

    Respecto a los Almorávides, insertos en la dinámica de impuestos/guerra que llevaban a cabo los reinos cristianos, no fueron muy “alternativos” y posiblemente, se sentían tan ajenos a las necesidades de los muladís como sus vecinos cristianos, tanto como de sus costumbres y espíritu. También es necesario recordar, que cuando el espíritu burgués y poco viril se adueña de una nación (Grecia, Roma entre los antiguos, me vienen a la memoria) la decadencia está cerca y nadie quiere pagar las guerras y menos morir en ellas. Esto es estrapolable a los movimiento “LGTB y cada día se le añade una nueva sigla”, estos movimientos aparecen en el cristal de mi microscopio siempre que analizo caldos de cultivos de sociedades terminales en plena descomposición. A todo esto, digo ésto y me considero bastante más científico que cualquier marxista, que conste, porque seguramente lo sea.

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