TESTIMONIO DE IBN KAZIR SOBRE “ALLAH SE HA ESTABLECIDO SOBRE EL TRONO”

SOBRE IBN KAZIR

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia – y la plegaria y la paz perfecta sean sobre nuestro señor Muḥammad, corona y sello de los profetas, así como su familia purificada y sus nobles compañeros.

No cabe duda que Ismaˤil Ibn Kazir es una de las referencias de la Ley y la Aqida del Islâm. Sus obras testimonian de ello. En principio, discípulo de Ibn Taimiyya, abandonó las tesis de su maestro para entrar de lleno a compartir los puntos de vista de los más reputados sabios de todos los tiempos, llegando a ser una de las mejores referencias de lo que se ha dado en llamar “Las Gentes de la Sunna y el Consenso” (Ahlu-s-Sunna wa-l-ŷamaˤa). Primeramente hanbali, él mismo manifiesta posteriormente seguir la escuela Šafi`ita.

Su gran reputación le valió el título de Qadi (juez); título este que en su tiempo, aquel quien lo detentaba era poseedor de una gran autoridad.

Su formación de jurista se percibe claramente en sus escritos. En efecto, la lectura de sus textos es espesa, densa; y la razón de ello es la de que él sacrifica la prosa y el estilo literario a la demostración de sus tesis, intercalando textos de otros autores al efecto, e intentando demostrar, a veces hasta la saciedad, sus afirmaciones.

Sus obras son de lo más diversas, desde históricas como “Al Bidaya wa-n-Nihaya” o su “Historia de los profetas”, pasando por un resumen de la ciencia del hadiz; otra obra titulada “Los signos precursores del final de los tiempos”; un estudio sobre la escuela šafi`ita y otra obra relativa a las consecuencias de las faltas y los errores cometidos.

Uno de los aspectos silenciados de su vida es su práctica del camino del Tasawwuf. Y esto es fácil de demostrar cuando podemos constatar el título de una de sus obras “Taljis al ‘Istigaza” (El permiso de la solicitud de ayuda) en el cual demuestra la conveniencia de acudir a las tumbas de los salihin para pedir el auxilio Divino por su intermediación, así como la permisividad de invocar el auxilio divino por los méritos de Sus awliyya, tal y como lo hizo, por ejemplo, Umar Ibn al Jattab cuando en época de sequía, pidió la lluvia invocando a Allâh por los méritos de un Abbas ya fallecido. Asimismo, hemos de saber que Ibn Kazir se encuentra enterrado en el cementerio de los sufís de Damasco.

Las razones de esta voluntaria ocultación de un aspecto tan importante, tanto de su obra como de su vida, hay que ir a buscarlas en la manipulación de grupos sectarios quienes necesitan acudir a una de las referencias del Islâm para así intentar demostrar que avalaba sus tesis, escondiendo cualquier información sobre él que pudiera ponerles en compromiso y desvelar sus aviesos métodos.

Pero la obra principal fue su Tafsir del Corán, el cual constituye una exégesis de referencia en el mundo musulmán y es una obra de arte en materia de orden, demostración y de meticulosidad.

Pero hoy vamos a referirnos a su punto de vista sobre las palabras del Corán las cuales manifiestan cómo Allâh – exaltado sea – se estableció sobre el Trono (Istawa ˤalâ-l-ˤArš).

En efecto, una de las discusiones de estos últimos tiempos entre los grupos antropomorfistas como son los wahabitas y los continuadores de la Sunna y el Consenso, se refiere a este aspecto. Los antropomorfistas aseguran que Allâh tiene un cuerpo con miembros determinados (manos, ojos, etc) porque así está escrito en el Corán y que además se encuentra sobre el Trono a perpetuidad y de una manera físicamente identificable.

Al contrario, las Gentes de la Sunna y el Consenso, afirman que los miembros citados en el Corán, así como el hecho de que Allâh se estableciera en el Trono, es una alusión a los atributos Divinos y que de ninguna manera debe ser entendido de una manera material. Es más, las Gentes de la Sunna y el Consenso aseguran que entender el Rostro, las Manos y la Vista de Allâh de una manera material es una muestra de incredulidad y una blasfemia de gran alcance.

SOBRE ISTAWA ALA-L-ARSH

Ahora veamos qué es aquello que Ibn Kazir postulaba al efecto, lo cual lo encontramos escrito en su Tafsir del Corán (Surat Al-`Araf – 54):

“Las gentes tienen al respecto diferentes teorías, las cuales no ha lugar detallarlas aquí. Citamos las opiniones del Imâm Malik, de Al Awzai, de A-z-Zawri, de Laiz Ibn Ka`b de Šafi`i, de Aḥmad Ibn Hanbal, de Isḥaq Ibn Rahawih y de otros entre los musulmanes de tiempos pasados y recientes, a saber, que es la de leer comúnmente los versículos tal y como han sido revelados.

Ahora bien, todos ellos son de la opinión que aplicar la lectura del sentido aparente de los versículos no puede ser de aplicación en cuanto a Allâh se refiere. Pues Allâh no tiene parecido alguno a ninguna de Sus criaturas. Nada es semejante a Él, y es El Aquel solo que oye y que ve. Tal y como lo han dicho algunos imames, entre quienes se encuentra Naˤim Ibn Hammad al Juza`i, que fue el chayj de al Bujari, quien dijo: “Quien asimila Allàh a Sus criaturas es un descreído, y aquel quien reniega de lo que Allâh ha citado como atributos de El Mismo es asimismo un descreído”. Y no hay asimilación entre lo que Él ha declarado de El Mismo ni en aquello citado por Su Mensajero. Aquel quien confirme de Allâh – Altísimo – lo que ha sido revelado en los versículos explícitos y las citas sólidas, conformemente a lo que es digno de la eminencia de Allâh – Altísimo –, y que niega al respecto de Allâh cualquier limitación, habrá seguido la vía de la buena guía”. 

Abdul Karîm Mullor

 

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