EL CHAYJ BUJARI – ALGUNOS ASPECTOS DE SU VIDA

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, al que Manifiesta Su Misericordia – y la plegaria y la paz perfecta sea sobre Muḥammad, servidor de Allâh y Su Enviado, así como sobre su familia purificada y sus nobles compañeros.

Como manifestamos, en esta serie sobre el hadiz, hemos comenzado presentando a los transmisores y ahora presentaremos a los recopiladores a fin de que el lector se familiarice con ellos y cree un vínculo de simpatía y hermandad con aquellos quienes, entre todos, nos han hecho llegar íntegras y vivas el tesoro de las palabras de nuestro amado Muḥammad Rasulu-l-Lâh.

Comenzamos pues por el más importante de los recopiladores; un prodigio de memoria, don de Allâh necesario para la tarea la cual llevó a cabo y ha hecho perpetuar su nombre hasta el Día del Juicio.

Su nombre era Muḥammad Ibn Ismaˤil Ibn ‘Ibrâhîm y era también conocido por Abû Abdu-l-Lâh; nació en el 194 de la Hégira y murió en el 256. Su villa natal, Bujara, forma parte del Uzbequistán actual y se encuentra situada a orillas del río Amu Daria, llamado antiguamente por los árabes Ŷayhun.

De pequeño, huérfano de padre, tuvo un problema de ceguera que al final pudo ser resuelto. Aprendió el Corán del šayj Dajili, quien a su vez aprendió el fiqh maliki del difunto padre de al Bujari.

En cuanto a su ceguera temporal se refiere, fue curado por Allâh mientras recitaba la surat al Qaf (50); en concreto estos versículos:

“Cada alma vendrá acompañada de uno que la conducirá y de un testigo (21). Habías estado descuidado de esto y ahora te hemos quitado el velo de manera que tu vista, hoy, es aguda. (22)”

En cuanto a su capacidad de memoria era hasta tal punto prodigiosa que bastaba que su maestro le citara unas aleyas una sola vez para que las recordara perfectamente y sin faltas. Viendo esto, el šayj Dajili le prestaba sus propios libros, constatando al día siguiente que entre la tarde y la noche anteriores ya los había memorizado.

A su juventud y madurez, llegó a ser el sabio más reputado de la región. Dirigía la mezquita principal de la ciudad, daba los sermones del viernes e impartía lecciones de religión. Además de su sensatez y sabiduría, aquello que llamó poderosamente la atención fue su capacidad memorística, hecho este que le llevó a ser conocido por toda la tierra del Islam, despertando la admiración de muchos y la envidia de otros. Uno de estos últimos, šayj del šayj Muslim (autor del otro Saḥih) y llamado Muḥammad Ibn Yahya al Duhli, pronto envió espías a Bujara para que le informaran sobre los pasos del šayj Bujari. La razón es que en aquella época la ciudad de Naysabur había adquirido fama por tener grandes sabios quienes se habían convertido en una referencia para toda la comunidad. El šayj al Duhli pues tenía miedo de que su ciudad, y sobre todo él, dejar de ser el centro de atención de los buscadores de la Ciencia religiosa.

Haciendo el peregrinaje, junto con su madre y su hermano, rindió visita al entonces reputado relatante de hadices Abû Bakr Ibn Abdillâh Ibn Zubayr. Sin embargo, su interlocutor reconoció que había otros sabios más informados que él sobre la transmisión del hadiz, y le nombró a Abdu-l-Walid Aḥmad Ibn al Azraqi. Asimismo le recomendó dirigirse a Bagdad al encuentro del šayj Aḥmad Ibn Hanbal y a Egipto en busca del šayj Saˤid Ibn Maryam. Estos tres ya habían editado una lista de transmisores, así como unas reglas para autentificar los hadices.

El šayj, por entonces, había decidido dejar Bujara y así se lo comunicó a su madre y a su hermano durante el peregrinaje. Sentía que había sido elegido para que las palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – no se perdieran y no se modificaran con el paso del tiempo. En efecto, él, como todo sabio de la época, consideraba que el hadiz es la segunda fuente de legislación y revelación; que en las palabras de Muḥammad Rasulu-l-Lâh existían todas las explicaciones de aquello lo cual el Libro de Allâh había establecido como principio sin explicar en detalle la manera de actuar al respecto. Esto último fue el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – quien lo estableció con sus palabras y acciones.

Aún en Makka, Abû Bakr Ibn Abdillâh Ibn Zubayr le reunió con todos los grandes sabios que ese año estaban haciendo el peregrinaje, y allí les informó sobre su proyecto de recoger en un mismo libro las tradiciones correctas que se habían transmitido del Profeta y que cada uno las había registrado en su memoria e incluso en los libros. Bujari les expuso que en la época del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – la Sunna no había sido escrita para que las gentes no la confundieran con la revelación del Libro de Allâh; es por este motivo que algunos compañeros del Profeta comenzaron a escribirlos a raíz de la muerte de éste.

La primera colección de hadices escrita fue la de Rabi’ah Ibn Subayh e Ibn Abi Aruba; la segunda fue escrita por el Imâm Malik y se la llamó Muwata’a en la cual se encuentran reflejados los más auténticos hadices relatados por las gente del Ḥiyas, citó asimismo las colecciones de Al Awzai y Sufyan A-z-Zawry. Más tarde algunos “ulama comenzaron a especializarse únicamente en el hadiz. Sin embargo, el šayj Bujari, habiendo leído y estudiado tales obras llegó a la conclusión de que necesitaban una revisión, ya que los filtros impuestos por los autores para declarar la autenticidad de un hadiz no eran suficientes como para ofrecer una seguridad plena al respecto. Es más, él sabía que se encontraba en una época límite, después de la cual, desaparecerían una a una todas aquellas personas quienes conocían los hadices y su cadena de transmisores.

Los sabios asistentes a dicha reunión le informaron sobre la metodología hasta entonces vigente para la autentificación de un hadiz y allí mismo le preguntaron qué metodología había decidido aplicar. Y él respondió:

Primeramente hay que verificar el sentido del texto del hadiz después de haber verificado la cadena de transmisores, ya que el hadiz pudiera tener un sentido oculto que pudiera hacer que fuera dudoso aunque exteriormente pudiera parecer correcto.

Después él escribiría el transmisor junto con toda la cadena de garantes, llegando con ello hasta el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -.

Analizaría las diferentes cadenas de transmisión del mismo hadiz para estar seguro que no existía ninguna diferencia que pudiera arrojar dudas sobre su autenticidad.

Dijo además: si tres compañeros del Profeta han tomado el mismo hadiz, debe cada uno habérselo transmitido a otros tres de sus sucesores, lo cual garantiza que el hadiz habría sido recogido por 9 sucesores. Y si cada uno de estos 9 se lo transmitió al menos a otros 3 ello haría un total de 27 garantes. Dicho esto, el šayj se dispuso manos a la obra a viajar por toda la geografía del Islam a fin de recoger los hadices, a veces uno por uno.

Primeramente se dirigió a Bagdad, la cual entonces era la sede del califato, siendo a la sazón el jalifa de aquella época Al Muˤtasim. Su intención era la de visitar a Aḥmad Ibn Hanbal quien había sido encarcelado por el jalifa precedente, al Maˤmun quien, muˤtazilita como era, sostenía la tesis de que el Libro de Allâh era creado, siendo la opinión de Aḥmad Ib Hanbal, así como la de la mayor parte de los sabios musulmanes la de que el Libro de Allâh es increado (la cual es la creencia correcta). El actual jalifa, muˤtazil como el precedente, le confinó en arresto domiciliario prohibiéndole la licencia para enseñar el Islam. Allí se encontraron Ahmad Ibn Hanbal y Al Bujari. Este le informó sobre su proyecto y metodología. Entre otras cosas, el šayj Bujari dijo a su interlocutor que nunca aprobaría un hadiz sin que en la época de cada eslabón de la cadena de transmisores, hubiera al menos tres personas que lo relataran; le dijo que solamente tomaría hadices de las gentes del Yemen, Damasco, Egipto y Bagdad. Ibn Abi Hanbal le dio su acuerdo para que realizara dicha misión diciéndole que si eso hacía, su obra sería la más auténtica de todas las escritas hasta la fecha.

Paralelamente, el šayj Duhli de Nisabur, presa de la envidia envió una misiva al jalifa a fin de prevenirle sobre Al Bujari como un partidario de la creencia de Ibn Hanbal con respecto a la naturaleza del Corán. El jalifa entonces, quiso desembarazarse de él usando una treta. Él sabía que era muy criticado por los sabios del Islam por sus creencias muˤtazlies y no quería caldear más el ambiente enfrentándose con Al Bujari con respecto a ello. Decidió entonces someterle delante de los ulama a un examen tan extraordinariamente difícil que nadie podría salir airoso.

El examen consistía en ser interrogado por 10 sabios, de los cuales cada uno de ellos le citaría 10 hadices con la cadena de transmisores cambiadas y mezclando los textos a fin de encontrarle en una falta y por consiguiente arruinar su reputación, dando pie al jalifa para encarcelarle. Pasó la prueba con creces y se vio en libertad. Incluso para terminar les recitó los 100 hadices de memoria con sus cadenas de transmisores correspondientes.

El šayj Bujari por aquellos tiempos tenía la costumbre de recitar una mitad del Libro de Allâh por día, completando así su recitación íntegra cada dos.

En uno de sus viajes atravesó todo Egipto para encontrar un transmisor de hadiz en una población llamada Damiette. En el camino se le acabaron las provisiones y pudo subsistir con dificultad; cuando llegó, su hombre hacía dos semanas que había fallecido.

Su hermano confió una gran suma de dinero para hacerle llegar y ayudarle en su misión; lo puso en manos de un comerciante, quien en vez de hacérselo llegar se lo sustrajo. Sin embargo Ahmad Ibn Abi Hanbal le había proveido de 1/25 de la cantidad que le fue sustraída, y con ese poco dinero pudo subsistir 8 años. El nunca recibía paga alguna por sus cursos y conferencias. Cuando las gentes le preguntaban cómo había podido subsistir con esa pequeña cantidad durante tanto tiempo, respondía:

“Allâh puso la baraka en él”

En Egipto encontró un transmisor de hadices, pero al darse cuenta de que para atrapar un asno había puesto un recipiente vacío en el que por costumbre se pone cebada para alimentar a los animales, no quiso escuchar nada de él y le dijo: “Yo no tomo las palabras de Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – de alguien que engaña a los animales.”

El šayj Bujari – que Allâh esté satisfecho de él dijo: “Nunca escribí un hadiz sin antes realizarlo dentro de mí mismo y hacer una Istijara”

Estuvo enseñando en Nisabur donde el šayj Muslim se hizo discípulo suyo. Pero fue expulsado de la ciudad debido a la envidia del šayj Duhli quien mantenía excelentes relaciones con el gobernador; después de lo cual regresó a Bujara por primera vez en 8 años.

Tardó 16 años en recopilar y escribir todo el Sahih. A su final mandó hacer varias copias para remitírselo a los mejores sabios a fin de que pudieran hacer alguna corrección o añadir un hadiz que él no conociera. Ninguno de los sabios le hizo corrección alguna.

Habiéndolo remitido a Aḥmad Ibn Hanbal fue a reencontrarle de nuevo en Bagdad para preguntarle su valiosa opinión. Habiendo leído toda la obra el šayj Ibn Hanbal le dijo:

“Es el libro de hadices más completo y auténtico que he conocido nunca; todo cuanto en él aparece es auténtico”.

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