NOMBRES DE ALLAH XLIX – AL MAŶID – EL GLORIOSO

NOMBRES DE ALLAH XLIX – AL MAŶID

Cuenta el Libro de Allâh el episodio de cuando los ángeles le anunciaron a Sarah – la esposa de sayyidina Ibrâhîm – el nacimiento de su hijo y profeta Isḥaq.

Dijo: ¡Ay de mí! ¿Cómo voy a dar a luz si soy vieja y este mi marido es un anciano? ¡Realmente esto es algo asombroso!

Dijeron: “¿Te asombras del mandato de Allâh? ¡Que la Misericordia de Allâh y Sus bendiciones sean con vosotros, gentes de la casa! Cierto que Él es el digno de alabanza, El Glorioso (Maŷid)” (11-71,72)

El Nombre divino Al Maŷid significa el Glorioso, el Majestuoso. Explica Abu Ḥamid al Gazali como dicho nombre posee un significado que procede de la combinación de otros tres nombres divinos: Al Jalil (El Majestuoso); Al Wahhab (El Dispensador) y Al Karîm (El Generoso)

Como podemos extraer de las aleyas citadas, los tres nombres designados por Al Gazali se encuentran presentes en el acontecimiento según el cual Allâh concedió a la esposa de sayyidina Ibrâhîm – sobre él la paz – un hijo, aún a pesar de que su esposo ya era padre de su otro hijo ‘Ismaˤil – sobre él la paz -; y, para no ser menos que el hijo de Haŷar, profeta, como su hermano.

Por este motivo Allâh fue Dispensador y Generoso con ella. Dispensador al concederle un hijo siendo estériles, tanto ella como su marido, y Generoso al haberle concedido el grado de la profecía. Y asimismo Majestuoso al hacer de Isḥaq el padre de una gran nación, así como lo fue su hermano Ismaˤil – sobre ambos la paz -.

Allâh es Glorioso pues solamente El merece alabanza y adoración. Su gloria (ˤizza) es un atributo que nadie puede compartir en la creación, quien quiera disputarla o participar de ella será humillado por Allâh, tal y como lo fueron Firˤaun, Nimrod y Qarun. Nada, pues, en la creación puede arrogarse poder y gloria sin ser fulminado por Aquel quien es en Sí Mismo el Poder y la Gloria.

La Gloria de Allâh es una distinción que solamente El se merece por ser el poseedor de todos Sus atributos. El se mostrará Glorioso el Día de la Resurrección, Día en el cual será amado por unos, admirado por otros y temido por el resto. Glorioso por Su belleza asimismo, deslumbrante ante todas las criaturas del universo; radiante de Su propia luz, iluminando con ella a Sus próximos y a aquellos recompensados con el Paraíso. Un Día en el que El Mismo será luz y a la vez sombra para aquellos quienes no encontrarán otra sombra que la suya bajo la cual cobijarse de los rigores de un Día único y esencial.

 

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