EL MATRIMONIO EN EL ISLAM I – PURA EXPRESION DEL TAWHID

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso; el que Manifiesta Su Misericordia

Y la plegaria y la paz perfecta sean sobre nuestro faro en la oscuridad, nuestro amado Muḥammad, su familia purificada y sus compañeros nobles.

Comenzamos esta serie del Matrimonio, en la cual intentaremos exponer este asunto como no se ha hecho hasta entonces, al menos en estos últimos tiempos. Perfilaremos esta actualidad desde ópticas inusuales, dando soluciones simples a aquello cuya naturaleza es de lo más noble que se puede encontrar sobre la faz de este convulso mundo.

¿QUE ES EL MATRIMONIO?

Se trata de una de las expresiones más puras y completas del Tawhid; una manifestación luminosa de la Unicidad de Allâh, Quien se muestra en este mundo en virtud de Su Nombre A-ẓ-Ẓahir (El Manifiesto). Es el dos convertido en uno, la multiplicidad convertida en unidad; la unión de dos seres, de dos almas distintas en una sola, en perfecta simbiosis y complicidad de aspiraciones y de actos. A Adam – sobre él la paz – le fue otorgada una esposa la cual compartía su propia naturaleza y ostentaba alma y espíritu propios, a fin de que ambos se fusionaran con los de Adam, ya que la sabiduría divina había decretado que ambos descendieran a la Tierra para procrear y que se multiplicara de esta manera la especie humana.

Sin esta unión, la Humanidad no hubiera existido; era necesario que los dos se fundieran en uno para poder dar lugar a la creación más grande de Allâh: el Ser humano, la cual pudiera asimismo convertirse en la más vil de todas, si se separarara de la Voluntad del Señor de los mundos.

COMO ENTENDER LA VIDA EN COMUN

“Y parte de Sus signos es que os creó esposas sacadas de vosotros mismos para que encontrarais sosiego en ellas y puso entre vosotros amor y misericordia; realmente en eso hay signos para gente que reflexiona”. (30-20)

“¡Hombres! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de un solo ser, creando de él a su pareja y generando a partir de ambos muchos hombres y mujeres.” (4-1)

“Y Allâh os ha dado esposas, hijos y nietos y os provee con cosas buenas. ¿Es que van a creer en lo falso negando las bendiciones de Allâh? (16-72)

 El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

“No os caséis por la belleza porque quizás esta sea luego la causa del declive moral, ni lo hagáis por la riqueza porque quizás esta sea luego la causa de la desobediencia. Casaos con quienes provengan de familias de religión.” – Recopilado por Ibn Maŷah

Y dijo también – sobre él la plegaria y la paz -:

“Una mujer es desposada por cuatro razones: su riqueza, su linaje, su belleza y su religiosidad. Desposad a la religiosa, pues ello dará mayor seguridad al futuro de vuestro hogar.”(Sahih Bujari)

Otra tradición profética dice:

Lo que más ama el Šaytan es separar al hombre de la mujer”

Allâh ha creado al hombre con anterioridad, por una sabiduría de su parte. Nos ha mostrado que la mujer salió del hombre, significando con esto el carácter unitario de la pareja. Es la unidad descendida al mundo de la multiplicidad, mundo en el cual, esta última retorna a su fuente primordial mediante el matrimonio. El carácter sagrado de la unión del hombre y de la mujer es puesto de relieve en el Libro de Allâh. Su importancia ha sido acrecentada por las tradiciones proféticas hasta el punto de mostrar que aquello que más ama el enemigo de la especie humana es separar al hombre de la mujer.

La línea de acontecimientos, comenzada por la creación de Adam y seguida por la de su esposa, es plasmada en este mundo por medio de la procreación. Es necesario para procrear que el varón y la hembra se unan en uno solo a fin de dar fruto; sin esta unión no puede haber lugar a la descendencia, y ésta, fruto de dicha unión, es la consecuencia del retorno de lo múltiple a lo Uno. Es por esto que el nacimiento de un hijo es, en cierta manera, una reproducción simbólica de la creación de Adam. La nueva criatura es, en cierta manera, un nuevo Adam o una nueva esposa de Adam.

Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – nos ha aconsejado sobre la importancia del matrimonio asegurando que representa la mitad de la Religión

Al Bayhaqi – que Allâh esté satisfecho de él – recopiló el siguiente hadiz:

“Cuando una persona se casa ha completado la mitad de su religión, así que tema a Allâh con respecto a la otra mitad”.

Nuestro Profeta – sobre él la oración y la paz – nos muestra las mejores cualidades que se deben valorar en una esposa dando prioridad a la religión; aun así, las otras tres: riqueza, linaje y belleza no deben ser desdeñadas, ya que hay hombres quienes no podrían desposar a mujeres exentas de belleza y viceversa. Por otro lado, el linaje suele ser fundamental en la educación de la persona; de ahí que debamos evaluar quiénes son sus padres y cuál es su carácter para así saber cuál es la educación recibida por nuestro/a futuro/a esposo/a. En cuanto a la riqueza es algo a tener en cuenta, aunque no sea fundamental.

Al final, en todo esto, es la religión la que se impone; de nada nos sirve desposar un hombre o una mujer bellos si se encuentra exento/a de religión, de inteligencia, de honestidad y de sinceridad. ¿Cómo una persona desprovista de los caracteres nobles enmarcados en la religión podría acompañarnos en nuestras vidas haciendo de nuestra moradas y de nuestra descendencia un Paraíso, tal y como dijo Ali – que Allâh ennoblezca su rostro -?:

“El Paraíso de un hombre es su propio hogar”

Al ser la mitad de la religión, el matrimonio reviste una enorme importancia. El amor, la complicidad, la amistad y lo común de las metas a conseguir, confirman que es la manera más apropiada de aproximarse a Allâh; la base de la ˤibada.

Ahora bien, la presencia de disensiones, las diferencias entre los cónyuges, no son otra que el triunfo del Šaytan que trataba de separarles. Es por eso que las personas quienes intentan dominar las voluntades o atacar la religión, no encuentran otra manera mejor que la de asaltar a la persona más débil del matrimonio, para así desestabilizar a la otra parte y que de esta manera dicha alteración llegue a afectar a los propios hijos. De esta manera, abordando a una persona se aseguran que su mal va a alcanzar a 2, 3, 4 o más miembros de la misma familia.

Es por este motivo, que si bien el Paraíso puede ser el hogar, ese mismo hogar puede llegar a ser el mismísimo Infierno si uno de los miembros del matrimonio se deja convencer por los šaytanes humanos que pueblan y dirigen las sectas. Muchos matrimonios se han roto “gracias” a estos diablos humanos que no descansan hasta que hacen salir a las gentes del camino, incendiando casas y centros de culto.

Al contrario, cuando los dos miembros se vuelven sabios, se animan el uno al otro en las obras de bien, se apoyan en la consecución de todos los fines comunes, en ese caso el hogar es el laboratorio en el cual se llegan a fabricar las mejores medicinas, tanto para la progenie, como para aquellos quienes entran en contacto con esta dichosa pareja, unida y sólida.

Es por ese motivo que, como dice el Libro de Allâh, nuestro Señor ha puesto el amor entre ambos; y ese amor no es una pura atracción física, sino que es un móvil que nos atrae hacia Allâh, Quien ha depositado Su presencia en cada una de las partes de la pareja, para que dicho amor sea un reflejo del Amor divino.

Este es uno de los secretos de la grandeza del matrimonio, el cual no es concebido por muchos. Ahora bien, cuando uno de los miembros toma un mal camino, la confianza y el amor se truncan, quedando viva únicamente la pasión, mientras que para el individuo más honesto de ambos, aún queda la educación de los hijos y la misericordia hacia estos, y tal vez por eso no termine de romper el hilo desgarrado de dicha unión.

Algunos perturban sus vidas y las de otros analizando puntillosamente la prioridad de uno u otro de los cónyuges. Habida cuenta de lo que acabamos de escribir, esto no es más que una pérdida de tiempo de parte de aquellos quienes gustan de sumergirse en elucubraciones dialécticas y en embrollos mentales.

¿Qué importancia tiene saber quién es superior si el lugar de cada uno ya es otorgado por Allâh con Sus consejos y mandatos en Su Libro y a través del Mensajero en la Sunna?

¿Qué mosca les ha picado a esos/as que no hacen otra cosa que llamar a la igualdad forzada y forzosa de sexos, rompiendo con ello la armonía de las parejas y vulnerando la inviolabilidad de los hogares ajenos?

Por otra parte, en el extremo “aparentemente opuesto” se sitúan aquellos quienes gustas de escribir catecismos del matrimonio que se publican y se reparten por doquier. Esto es producto del quehacer de mentes poco saneadas las cuales no han comprendido que la enseñanza del Islam hay que administrarla con arte y elegancia.

El lugar de cada miembro del matrimonio ya ha sido suficientemente explicado en el Libro de Allâh y en la Sunna, como para extraer dichos mandatos y consejos, plasmarlos en un escrito e interpretarlos de manera torpe, cuando no, a veces taimada. Esto precisamente lo que provoca son los problemas matrimoniales e incluso hasta las mismísimas separaciones. Es entrar, como más le gusta al Šaytan, entre el hombre y la mujer, encendiendo el fuego de la disensión donde solamente debería haber paz.

Es necesario dejar al matrimonio tomar su propia ruta, andar juntos el mismo camino, ya que sin duda, si hay amor, cada uno ocupará de manera natural el lugar que le corresponde, dependiendo de las capacidades y habilidades innatas a cada uno. Si ambos coinciden en seguir los preceptos y consejos de Allâh ¿por qué motivo deberían guiarse por directrices ajenas? El matrimonio son dos, no tres, ni cuatro; y como dijo el Profeta – sobre él la oración y la paz – “Que ninguno de vosotros se ocupe de lo que no le concierne”. En ocasiones, el marido es mejor que la esposa; otras al contrario, es ella quien es mejor; en otras ambos son equiparables. Cada pareja tiene sus circunstancias que le son específicas y su forma de vivir ha de adaptarse a la realidad del hogar; siempre, claro está, salvando los límites impuestos por Allâh los cuales son conocidos y son, a decir verdad, poco limitativos.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos conduzca de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karim Mullor

 

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