EL MATRIMONIO EN EL ISLAM II – LA DESCENDENCIA – UNIDAD Y MULTIPLICIDAD

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso; el que Manifiesta Su Misericordia

Y la plegaria y la paz perfecta sean sobre nuestro faro en la oscuridad, nuestro amado Muḥammad, su familia purificada y sus compañeros nobles.

LA DESCENDENCIA DE ADAM

Cuando Allâh creó a Adam – sobre él la paz – colocó en su espalda a toda la Humanidad y se la mostró diciendo que solamente una minoría iría al Paraíso. Luego los llevó al Azal, lugar donde cada alma espera el momento de su venida a la tierra.

Dijimos que el nacimiento de un nuevo ser humano es como una réplica de la creación de Adam; de hecho cada nuevo ser posee su alma individual, sus capacidades, sus características y su destino. Hay quienes dicen que el Matrimonio no tendría sentido alguno sin que sirviera para la multiplicación de la especie. Sinceramente, no creemos que ello sea así; ya que el fin principal es que marido y esposa tengan junto a ellos a su compañero/a y su amigo/a para ayudarse mutuamente en la vida y en la religión. La prueba de ello es que marido y esposa se encontrarán juntos en el Paraíso, hayan tenido o no, descendencia.

La multiplicación del ser humano significa una réplica del propio Adam convertida en otra persona diferente. Esto lo demuestra el hecho de que cada uno conservamos, al menos en potencia, los suficientes elementos para alcanzar un alto grado de proximidad ante Allâh, aunque más tarde por una sabiduría divina algunos puedan llegar a ser exactamente lo contrario de una criatura noble y digna de su origen. Y esto, al entrar en los designios divinos, es algo cuyos motivos se nos escapan y que corresponde al Bien Hacer del Altísimo quien posee una Sabiduría tan sutil que escapa a las más despiertas inteligencias y a los conocedores más profundos; Bien Hacer en el cual no tenemos derecho a intervenir.

LAS RESPONSABILIDADES

¡Oh creyentes! Guardaos a vosotros mismos y a vuestras familias de un fuego cuyo combustible serán los hombres y las piedras. (Corán 66-6)

Y los que dicen: ¡Señor nuestro! Concédenos en nuestras esposas descendencia y frescura de ojos y haznos un modelo para los que tienen temor (25-74)

¡Señor mío! Concédeme una buena descendencia procedente de Ti; realmente Tú eres el que atiende las súplicas. (3-38)

¡Vosotros que creéis! Es cierto que entre vuestras esposas e hijos hay enemigos para vosotros, guardaos de ellos (Corán 64-14)

El Mensajero de Allâh  – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “Honrad a vuestros hijos y criadlos bien. Ciertamente los hijos son un regalo” (Ibn Maŷah)

Anas relata lo que sigue: “Nunca vi a nadie tan compasivo con los niños que el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz” (Muslim)

El Mensajero de Allâh  – sobre él la plegaria y la paz – dijo: – Temed a Allâh y sed justos con vuestros hijos (Recopilado por A-n-Numan)

El Mensajero de Allâh  – sobre él la plegaria y la paz – dijo: Los hijos de los creyentes se instalan sobre la montaña del Paraíso, son confiados a Ibrahim y Sarah quienes les devolverán a sus padres, el día de la resurrección. (De Abu Hurayra, recopilado por Al-Bujari)

Las aleyas del Libro de Allâh y las palabras del Enviado – sobre él la plegaria y la paz – que se refieren a los hijos abundan, tanto que sería imposible explicarlas todas en este escrito.

No obstante, en estas palabras que estamos escribiendo hoy, únicamente queremos poner en relieve lo que significa la descendencia para los cónyuges, de una manera general y sin entrar en detalles legales; asunto este último que merece una consideración aparte y específica.

En efecto, el género humano se multiplica a través de la pareja. Dicha multiplicación no es otra cosa que la adición de la unidad un número determinado de veces. De hecho, dos veces uno hacen la pareja y de ella nacen nuevas unidades hasta llegar a cantidades insospechadas. Aun así, lo múltiple sigue siendo uno, ya que cada individuo es totalmente independiente del resto, y eso lo demuestra el tratamiento específico que recibe cada cual en esta vida y el que recibirá sin falta en la otra.

Aun a pesar de esto, la vuelta de todos los unos múltiples e individuales a la vez, puede llegar a convertirse de nuevo en uno, habida cuenta de las prerrogativas que Allâh ha concedido a los más avanzados en virtud. Efectivamente, aquél quien ama a uno de los próximos a Allâh, aunque no alcance su grado de presencia, podrá, en virtud de este amor, unirse a él en el Paraíso y compartir su suerte. De alguna manera, gracias a los próximos, el resto de la Humanidad puede obtener enormes beneficios.

Según podemos comprender por las Palabras de Allâh y Su Enviado, la descendencia es un fuerte componente del matrimonio cuando es considerada desde el punto de vista colectivo. Desde el enfoque individual, aunque la descendencia no es necesaria para mantener el equilibrio, bien claro está que puede considerarse como una oportunidad para que se desarrolle en el hogar un clima de misericordia.

Uno de los principales objetivos del Matrimonio con respecto a los hijos, aparte del ya bastante importante del cuidado en el crecimiento corporal de los hijos, es la educación; una tarea que cae dentro del ámbito de la responsabilidad de ambos miembros. En realidad, se trata de poner todos los medios para que los nuevos seres humanos que forman parte de la Humanidad, en este caso integrantes de la Umma de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz –, crezcan dentro de un clima de amor, misericordia y respeto.

Procede igualmente, comprender que la función de los progenitores es la de poner en la sociedad nuevos miembros capaces de actuar de manera positiva y  creativa, pues la colectividad tiene derechos propios, siendo estos la de contener en su seno miembros honestos, activos y responsables. La sociedad es como un cuerpo el cual necesita de todos sus miembros para encontrarse sano y realizar objetivos nobles y elevados.

Entre progenitores y descendencia ha de existir un amor y respeto mutuos; no solamente de los hijos a los padres, sino de ambas partes, la una a la otra. En principio, la responsabilidad más importante es la de los progenitores, quienes tendrán derecho a exigir de sus descendientes respeto y consideración; no a cambio de los servicios prestados, sino con el fin primero de procurarles una educación digna, mostrándoles el respeto a sus semejantes, y primeramente a sus padres y hermanos.

Es cierto, que como dice el hadiz, un hijo puede ser un regalo, y al mismo tiempo es bien posible que se trate de una prueba y que ese hijo pudiera volverse un enemigo de sus padres. No creo que sea necesario adornar esto con ejemplos, aunque si citaremos dos para ayudar a ciertos espíritus más pausados a la hora de comprender. No es igual un hijo como  lo era Yusuf para Yakub – sobre ambos la paz – que el hijo de sayyidina Nuḥ – sobre él la paz – quien se extravió apenando a su padre. Este lloró el extravío de su hijo, hasta que recibió la respuesta divina de que no debía considerarle como tal.

Resumiendo entonces, los progenitores tienen la responsabilidad de hacer crecer a sus hijos, tanto desde el punto de vista físico como moral y espiritual. Están obligados a trabajar para darles de comer, a estudiar para enseñarles, a respetarlos para a su vez recibir de ellos respeto, y a amarlos para que ellos aprendan a amar a su vez. Son muchas obligaciones para los padres, es cierto; pero también lo es que si se quiere ser un buen padre o una buena madre se debe uno adornar de las mejores cualidades a fin de transmitirlas a ellos y a la sociedad; a fin de que ellos puedan transmitirlas a su vez a sus descendientes y a la misma sociedad, la cual, como ya hemos expresado tiene derechos, y no pocos, sobre todos y cada uno de sus individuos.

Educar en el capricho y en la barbarie, o en la estricta disciplina militar, son dos extremos peligrosos que pudieran marcarlos desde la infancia. Un niño mimado hoy será un hombre prepotente mañana. Un niño golpeado y fieramente controlado hoy será un hombre débil incapaz de tener iniciativa y solvencia propias.

Seguiremos nuestra particular serie del Matrimonio con el lugar de la pareja en la sociedad, in ša’a Allâh.

 

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