99 NOMBRES DE ALLAH LXI – LXII – AL MUHYI – AL MU’MIT – EL QUE DA LA VIDA – EL QUE DA LA MUERTE

99 NOMBRES DE ALLAH LXI – LXII – AL MUHYI – AL MU’MIT

De nuevo no podemos explicar los dos Nombres por separado, habida cuenta de que ambos se encuentran estrechamente ligados el uno al otro, a pesar de lo aparente de su oposición.

En efecto, no hay muerte sin vida, ni revivificación sin muerte previa. Allâh origina la muerte de la vida y la vida de la muerte, siendo El Aquel que nunca muere ni se encuentra sujeto a vicisitud alguna.

Y entre Sus signos está cuando ves la tierra humillada y entonces hacemos que caiga agua sobre ella, con la que se estremece y se hincha; realmente Aquel que le da la vida es Quien dará vida a los muertos; es verdad que Él tiene poder sobre todas las cosas. (41-38)

Quien creó la muerte y la vida para probaros y ver cuál de vosotros sería mejor en obras. Y Él es el Irresistible, El Perdonador (67-2)

El signo de la revivificación de la tierra después del agostamiento es totalmente aplicable a todos los aspectos de la vida del ser humano. Cuando una persona evoluciona hacia el bien, cada renuncia a aquello que antes realizaba de forma errada es una muerte, y cada nueva virtud que adquiere es un renacer, una nueva vida dentro de él; habida cuenta de que cambia de un estado defectuoso, muriendo a él y resucita o revive en uno mejor. Y todo esto se repite cada vez que sube un escalón de la escala de la virtud.

Es así que para que haya un resurgimiento es necesaria una muerte previa. Por este motivo Rasulu-l-Lâh – sobre él la oración y la paz – dijo al respecto:

Morid antes de vuestra muerte

Esto significa la muerte del Ego, la renuncia a la propia voluntad y al parecer personal por la Voluntad de Allâh y la Sabiduría del bien y del mal, de la verdad y de la mentira.

Es por ello asimismo que la puerta a traspasar para acceder a la vida del conocimiento es la muerte a la ignorancia; la puerta de la virtud es la muerte al vicio; la puerta para el bien es la muerte al mal; la puerta para el amor es la renuncia al propio egoísmo; la puerta para la generosidad es la muerte a la tacañería y así sucesivamente.

En cuanto a la muerte física la cual nos transporta a la otra vida, se trata de la cesación de los actos susceptibles de ser evaluados y de entrar a formar parte del mérito o el demérito. Dicha muerte es una puerta definitiva y contundente; no hay vuelta atrás; no hay posibilidad de desandar lo andado. Todo terminó, todo acto cesó. Solamente queda esperar la morada que Allâh nos asignó a cada uno de nosotros.

Todo ser morirá, incluso el Angel de la Muerte, aunque sea el último en morir, encontrará ese momento que todos debemos experimentar

¡Gloria a Aquel que nunca muere; que da la vida y da la muerte!

 

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