EL MATRIMONIO ISLAMICO III – LA FAMILIA, CUNA Y ORIGEN DE LA SOCIEDAD

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia.

Y la oración y la paz perfecta sobre nuestro profeta y enviado Muḥammad, el mejor de los seres creados, así como sobre su familia purificada y sus nobles compañeros.

MATRIMONIO Y SOCIEDAD

El Matrimonio, la pareja, constituye en ella misma una pequeña Sociedad en la cual cada uno desarrolla las funciones para las cuales ha sido creado, y ello en función de su naturaleza y facultades, tanto corporales como intelectuales.

Cuando en la familia existe descendencia, es decir, en la gran mayoría de los casos, la pequeña sociedad se agranda; entonces precisa otros cuidados y presenta otras exigencias, que son en realidad, el cuidado material y la educación moral que imparten los padres a los hijos, así como las enseñanzas concernientes a las relaciones con el Creador de los mundos.

Toda educación procede pues de la familia y de esta irradia al exterior en lo que llamamos la vida en Sociedad. Podríamos decir que, si en todas las familias se recibiera una óptima educación, la sociedad tendría necesidad de pocas leyes para mantenerse y prosperar.

Pero concurre otro elemento esencial, a saber: cada uno tiene un corazón diferente del otro, y aunque la buena educación puede contener en parte la maldad, por mucho que no nos agrade, no puede anularla por completo.

Es por este motivo que la sociedad ha de estar regida por un gran número de normas y leyes, a fin de ningún ser humano pueda abusar impunemente de otro o de otros.

Tenemos así pues una gran familia a la que llamamos Sociedad, la cual está a su vez formada por un gran número de familias de dos o más miembros. Lo miremos como deseemos, el origen de todo es el Matrimonio y el clima que se respira dentro de él. De una sola pareja se produjo toda una Humanidad; mejor aún: de un solo ser, Allâh creó su pareja, y de ambos a toda la Humanidad.

Por Sabiduría Divina, cuando Allâh creó a Adam – sobre él la paz –, y le mostró toda su descendencia, le informó – alabado sea – que la mayoría de ellos tendrían como morada última el Infierno. Las elucubraciones, pareceres, opiniones, manifestaciones y demás, con respecto a este escoger Divino, sencillamente están de más.

Nos dice el Libro de Allâh cómo existen hombres cuyos bajos instintos los convierten en seres peores que los animales salvajes. Sabemos por otra parte que Allâh se ha prescrito a Sí Mismo la Misericordia. Él les ha dado el libre albedrío para escoger el bien y el mal y, evidentemente, si la mayoría de los seres humanos escogieron mal, y Allâh no puede ser injusto con ninguno, debemos estar seguros que la negrura del corazón de estas personas debe estar muy por encima de la dureza de su castigo. Seguramente, si pudiéramos imaginar el mal que existe en algunos corazones, no saldríamos de nuestro estupor, y ello debido al choque que sufriríamos viendo algo que ni tan siquiera podemos llegar a imaginar.

LAS LEYES SOCIALES

Seguramente todas las leyes que deben aplicarse en sociedad resultan asimismo de aplicación en el Matrimonio. Las Leyes existen para que los seres humanos no se extravíen del camino de Su Creador. Hemos de saber que cuando uno se aparta de dicho camino, su interior comienza a ennegrecerse y animalizarse. De un ser noble, sincero y recto pasará a ser un verdadero diablo, ya que es abandonado por Allâh a su propia suerte, así como dejado a merced de su alma, la cual puede llegar a ser peor que setenta demonios.

La Ley Divina protege a los inocentes contra los culpables, a éstos contra otros aún más culpables, al ser humano de su propia negritud. En resumidas cuentas, la Ley Divina tiene dos finalidades: “Enseñar el camino del Bien y proteger contra el Mal”. Lo contemplemos como deseemos hacerlo, no hay nada más que decir; las cosas son tan simples como esto.

Ahora bien, las leyes se convierten en múltiples en virtud de la variedad de caracteres y la complejidad de la naturaleza humana; expresada ésta última en referencia a ella misma y a su vida en sociedad. De esta manera habrá leyes para mujeres, leyes para hombres, leyes para grupos, leyes para cualquiera de los aspectos susceptibles de ser desarrollados en colectividad.

Una sociedad es un cuerpo, y las características de cada uno de sus componentes se asemejan a las de un determinado órgano del cuerpo humano. Los salihin son el corazón y la sangre, mientras los sabios son el cerebro, los hay quienes son los brazos, otros las piernas, y así para todos y cada uno de los miembros. Todos forman uno, porque el ser Humano debe retornar a esa unidad primaria representada por la creación de nuestro padre Adam – sobre él la paz -. Es así pues, que la sociedad es aquel ente que constando de miembros diferenciados, todos ellos forman parte de un solo cuerpo. Si los miembros trabajan en armonía la multiplicidad de movimientos se verán reducidos a uno solo. Otra vez la multiplicidad retornando a la Unidad, lo cual no es otra cosa que retornar a Allâh, el Altísimo.

De Allâh somos y a El habremos de volver

Y esto último nos devuelve a considerar de nuevo el valor fundamental de la Ley y del mandato divino de prohibir el mal y ordenar el bien, expresado tanto en el Libro de Allâh como en la Sunna del profeta – sobre él la oración y la paz

Sois la mejor comunidad que ha surgido en bien de los hombres. Ordenáis lo reconocido, impedís lo reprobable y creéis en Allâh. (3-110)

 Quien de vosotros vea algo reprobable, que lo cambie con la mano; si no puede, que emplee la lengua; si no puede, que lo deteste en su corazón, y esto último es el estadio más débil de la fe (Recopilado por Muslim)

Esta aleya y este hadiz son solamente dos de las muchas citas existentes al respecto. El ‘Adab del Islam se encuentra fundamentalmente basado en estos dos principios, siempre y cuando sea ejercido con inteligencia, serenidad, la debida educación, misericordia, bondad y justicia.

Un signo extraordinariamente concluyente al respecto de ordenar el bien y prohibir el mal, es puesto de manifiesto en esta aleya, cuando Allâh condiciona la excelencia de la comunidad a estos principios base. Efectivamente, ordenar el bien y prohibir el mal es la base de la Ley Revelada. De esta manera, y únicamente de esta manera, la comunidad puede desarrollarse y vivir en armonía y paz.

En una época como esta, en la cual tanta gente desea dirigirse por sus propios y cambiantes gustos y caprichos, todo el mundo se considera “bueno” con tal de “no hacer mal a nadie”. Pero esto es solamente un juego de palabras, habida cuenta de que cuando uno no cumple con sus deberes individuales no podrá hacerlo con los sociales, y, lo quiera o no, siempre hará mal, aunque fuere solamente privando a otros de un buen ejemplo, entre ellos a su cónyuge y a su descendencia. Quienquiera no cumpla las leyes básicas que Allâh le ha impuesto no podrá nunca jamás llegar a ser un buen elemento de la sociedad; se encontrará limitado en su inteligencia y capacidades, ya que cuando uno obedece a Allâh, Este le da luz, y la privación de dicha luz es tinieblas y oscuridad. No hay otra luz que la de Allâh, no hay inteligencia sana que no se apoye en El. Todo lo demás es un mundo de palabras, vacío, que todo promete y nada puede dar.

Allâh es la luz de los cielos y de la tierra

En cuanto a los derechos individuales y grupales se refiere, ellos vienen definidos en el mismo concepto de prohibir el mal y ordenar el bien. Ya que los derechos de los seres humanos a ser respetados, considerados y no agredidos por sus semejantes, se deben encontrar asimismo en las leyes reguladoras a las cuales nos hemos referido.

Más aún, los derechos sociales derivan de los individuales. Allâh nos ha dado multitud de derechos en nuestras vidas; estos exceden en número con mucho a las obligaciones; es más estas últimas son una barrera contra el mal y el daño que uno puede causarse a sí mismo y a sus próximos. Dichos derechos lo continúan siendo cuando se vive en sociedad, no pueden ser vulnerados por nadie y se deberán señalar y legislar de manera clara y rotunda.

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