LAS ENSEÑANZAS DE LA VIDA DE YUSSUF (JOSE) – PAZ SOBRE EL-

En el Nombre de Dios – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia.

La plegaria y la paz sobre nuestro amado Muḥammad, corona y sello de profetas y enviados, ejemplo para toda la Humanidad, y sobre su familia purificada y nobles compañeros.

Alif, Lam, Ra – Estos son los signos del Libro claro. Lo hemos hecho descender como una recitación árabe; tal vez reflexionéis.

Vamos a contarte la más hermosa de las historias al inspirarte esta recitación, antes de la cual estabas inadvertido (Corán 12- 1 a 3)

Dice Allâh, precediendo el impresionante relato de la vida de Yussuf  (José), – hijo de Yaˤqub (Jacob) – sobre ambos la paz -: Vamos a contarte la más hermosa de las historias.

Allâh (Dios) Mismo testimonia de la belleza que podemos encontrar en la vida del profeta Yussuf (ejemplo para la humanidad). Y no es difícil concluir en que no puede haber Belleza sin Conocimiento. Es por ello que Allâh – exaltado sea – nos pone en guardia, nos avisa, de la enorme y bella enseñanza que podemos extraer de esta historia, tan singular, que ha sido calificada por El – glorificado sea – como la más bella de todas.

La persona que aquí escribe ha encontrado en ella grandes y profundas enseñanzas, una parte de las cuales quisiera compartir con vosotros, hermanos y amigos. Escuchad pues, reflexionad, sacad vuestras propias conclusiones, y dejaos invadir por la Belleza de las cosas de Dios.

ELECCION DIVINA Y TRAICION

Yussuf era el hijo bien amado de su padre Yaˤqub, hijo a su vez de la bien amada de su padre, Raḥil (Raquel), su buena y virtuosa madre, quien como precedentemente Sarah (esposa de Ibrâhîm) había desesperado de tener un hijo, creyéndose estéril.

Yussuf pues, nació milagrosamente, de manera inesperada, y pronto comenzó a dar muestras de la elección divina por su inteligencia y bondad. Es por ello que se ganó el amor de su padre quien, profeta como era, vio en su hijo el continuador de la profecía con la que Allâh agració a sus antepasados y con la que favorecería a los Hijos de Isra’il (Jacob) hasta que éstos se rebelaron contra Dios de las maneras que todos conocemos.

En efecto, Yussuf desde pequeño tuvo visiones que revelaban y auguraban un gran y hermoso porvenir.

Cuando Yussuf dijo a su padre: “¡Padre mío! He visto once estrellas, al sol y a la luna; y los he visto prosternados ante mí” (Corán 12 – 4)

Más adelante volveremos sobre el significado de este sueño, según el cual Allâh le distinguía sobre sus padres y hermanos. Como hemos dicho esta visión, junto con las virtudes de su carácter y naturaleza, dejaban patentes la elección Divina.

Más aún, Yussuf fue agraciado con una gran belleza física; algunos hadices dicen que fue distinguido con la mitad de la belleza del mundo, y esto le traería desgracia más adelante, en el conocido episodio de Zulayja, esposa de Al Aziz de Egipto.

Pero no hay mundo sin Chaytán, ni bien que se dilate demasiado en esta vida que nos ha tocado vivir. Pronto, los hermanos mayores de Yussuf sintieron envidia del amor profesado por su padre a su hermano, y más aún por el sentimiento de habérsele sustraído al mayor de ellos la Profecía, la cual ellos tomaban como un derecho a heredar de su padre. En efecto, de Ibrâhîm pasó a sus hijos ‘Ismaˤil e Isḥaq, de este último pasó a Yaˤqub; sus hijos, por tanto, pensaban que la profecía, más que objeto de la elección Divina, constituía un derecho de sucesión.

Todo esto les llevó a planificar la muerte de su medio-hermano, la cual fue evitada por el menos envidioso de todos ellos: Leví.

Cuando los traficantes de esclavos le recogieron quedaron presa de sus cualidades y le vendieron a una gran familia egipcia, la del principal ministro (Al Aziz) del Faraón, llamado Putifar, quien lo reservó para sí sorprendido del vasto conocimiento que demostraba a su corta edad.

EL AMOR Y LA PASION

Confundir el Amor con la pasión es una de las características más usuales que podemos encontrar en esta Humanidad, tan pobre en valores y hambrienta de deseos. Mientras que la pasión es un impulso irracional, a veces incontrolable y difícil de prever, el Amor es, antes bien, supra-racional, desborda las facultades mentales y racionales por arriba. Es por ello que, siendo el denominador común que ambos desbordan la razón, a las personas superficiales les es imposible distinguir al uno del otro.

Zulayja, la esposa de Putifar, fue presa de ambos a la vez; aun así el Amor en ella era más fuerte que la pasión, hecho este por el cual el desenlace de su historia fue tan asombroso como feliz.

Zulayja, sin saberlo al principio, fue presa de un amor Divino. Al no ser creyente y no haber pulido ni purificado previamente su alma, dicho amor fue inevitablemente fundido y confundido con la pasión. Ella había depositado en Yussuf un amor maternal; le había criado desde niño; pero al crecer, Yussuf fue objeto de otra clase de amor proveniente de ella. No olvidemos que Allâh le había favorecido con la mitad de la belleza de la tierra, y Zulayja no se pudo sustraer a este hecho.

Sabemos qué es la pasión, pero no lo que es el Amor. El Amor es la atracción irresistible hacia la Belleza Divina. Allâh había depositado Su luz y una parte de Su belleza en Yussuf; Zulayja cayó, sin saberlo, en las redes del Amor y la Belleza Divina. Ella amaba a Dios en Yussuf sin saberlo; estaba dominada por una fuerza irresistible de la cual desconocía el origen. Por todo ello, y rechazada por Yussuf, enojada hasta el límite, ideó una artimaña para llevarle a prisión y no ser acusada de adulterio y castigada por ello.

Por otra parte, Yussuf prefería la cárcel que desobedecer a Allâh cediendo a los deseos de su enamorada.

Más tarde, muerto Putifar, ella confesó su culpa y Allâh la perdonó. Y como su estado era el de amar a Dios sin saberlo, una vez informada de ello comprendió cual era la fuente de sus sentimientos. Allâh la devolvió la juventud y Yussuf la desposó.

Zulayja es la mujer a la que Allâh le devolvió la juventud en dos ocasiones. La segunda fue cuando informó a sayyidina Mûsâ – sobre él la paz – sobre el paradero de la tumba de su esposo Yussuf. Zulayja le dijo:

“Te informaré donde está su tumba, profeta de Allâh; pero antes pide a Allâh que me devuelva de nuevo mi juventud”

Y así fue, Zulayja rejuveneció por vez segunda y acompañó a los Hijos de Israel en su salida de Egipto.

LA PRISION Y LAS VISIONES

Abu Hurayrah transmitió que el Profeta – sobre él la oración y la paz – dijo: “La vida en este mundo es una cárcel para el creyente y un Paraíso de los incrédulos.” 

¿Qué podría significar que todo un Profeta de Allâh debiera experimentar la cárcel durante todo ese tiempo que Yussuf estuvo en ella? Algunos dicen que fueron 7 años, otros que 8 o 9, otros incluso que 14. Sea como fuere, Yussuf estuvo muchos años en prisión injustamente hasta que Allâh decidió que fuera liberado.

Y es que Allâh ha hecho, en Su Infinita Sabiduría que Sus profetas sean un ejemplo legendario de paciencia y humildad. Por una parte ello constituye una educación para la Humanidad, pues de esta manera nadie puede culpar a los profetas de haber tenido una vida fácil y plácida. Al contrario, ellos fueron los primeros que tuvieron paciencia, fortaleza y confianza en Allâh ante las adversidades; más que nadie ellos sufrieron y se inclinaron en adoración a pesar de todas las pruebas a las que fueron sometidos.

Por otro lado, es lejos del esplendor y placeres de este bajo mundo que el espíritu se fortalece y se aísla de la agitación para dedicarse en cuerpo y alma a la adoración del Señor de los mundos. Así pues, la celda de Yussuf se convirtió en un nexo entre los cielos y la tierra, entre la Humanidad y la Divinidad. La celda de Yussuf era el centro del mundo, el lugar donde sucedía todo aquello que era importante en aquel tiempo; mientras, fuera de ella, los dormidos continuaban con su comercio y transacciones.

Pero no nos olvidemos de sayyidinâ Yaˤqub, y de su dolor por la ausencia de su hijo. El, al igual que Zulayja, percibía la belleza divina reflejada en su propio hijo. Su estado era inferior al de Yussuf quien amaba a Allâh directamente, sin necesidad de contemplar los reflejos de Su Grandeza.

La prisión fortaleció el estado de nuestro profeta, le volvió más digno y preparado para la gran misión que le esperaba fuera, la de volver a todo un pueblo hacia la adoración del Dios Único y sin asociados, sin formas ni delimitación alguna; al Grande, al Majestuoso.

Ŷibril – ˤalayhi-s-salam – vino a visitarle y le preguntó si estaba cansado de estar en prisión, Yussuf le dijo que sí lo estaba y poco después se desencadenaron los acontecimientos que dieron con él a la cabeza del gobierno de Egipto junto con el Faraón.

Esta magnífica historia nos enseña asimismo la gran importancia que tienen las visiones en estado de sueño. Nuestro Profeta Muḥammad – sobre él la oración y la paz – nos ha informado de ello diciendo que la visión de un creyente es la 46ava parte de la profecía; incluso llegó a decir que luego que él partía nos dejaba las visiones como medio de ayuda en nuestra adoración.

Cuando dormimos el espíritu se libera del cuerpo y asciende por los siete cielos; allí encuentra las noticias de las decisiones Divinas y vuelve al cuerpo quien traduce lo que el espíritu vio a imágenes comprensibles por la mente. Pero al tratarse de adaptar lo que es grande a las limitadas imágenes que la mente puede procesar, es entonces que necesitan una interpretación. Y esta última debemos siempre encontrarla en el Libro de Allâh y la Sunna de Su Enviado, siendo que, a través de ambos, las gentes a quienes Allâh ha otorgado sabiduría pueden dar una interpretación válida.

Es así que todo un profeta fue agraciado con la ciencia de interpretación de sueños, demostrando que se trata de un saber de alto rango, digno solamente de los verídicos y de los purificados.

Así pues, el Faraón fue informado en sueños del destino de los próximos 15 años de su país: 7 años de abundancia, 7 de penuria y un último de vuelta de la abundancia. Todo ello por la sabiduría del profeta Yussuf, quien además informó de su suerte a dos de sus compañeros de celda interpretándoles sus visiones respectivas.

LA VICTORIA

Toda penuria, si es en el camino de Allâh, termina en Victoria. Y si ésta no nos alcanza en este mundo, sin duda nos llegará en el Más Allá.

El bien que adelantéis en vuestro favor lo encontraréis junto a Allâh. Eso es mejor y posee más recompensa. (Corán 73 -18)

Incluso, tal y como dice el Qur’an, recibir la recompensa en el otro mundo es mejor que recibirla en este. Ahora bien, Yussuf era un profeta, debía guiar a un pueblo, y para hacerlo necesitaba tener mando sobre él. De ahí que la Victoria le llegara en este mundo de una forma grandiosa y plena de honores. No olvidemos las enormes penurias que hubo de pasar, traicionado por sus propios hermanos y por la persona que más tarde llegó a ser su esposa.

En efecto, la Victoria de Yussuf fue uno de esos singulares acontecimientos que hacen temblar al mundo de emoción. Es de esos raros momentos y extrañas situaciones en las que los cielos se juntan con la tierra y el Paraíso desciende para unirse a los seres vivos en inconfundible armonía. Su Victoria, fue simplemente grandiosa.

El Faraón se convirtió a Allâh el Único, y con él todo el país, siendo así que Yussuf fue el único profeta hebreo cuya profecía iba destinada a otro pueblo que el de Isra’il.

Yussuf se convirtió en el maestro del Faraón y en el gobernador de Egipto. Fue conocido por su gran bondad, generosidad, inteligencia y capacidad.

EL REENCUENTRO – EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON

Traicionado por sus hermanos, nunca dejó de amarlos, aún a pesar del dolor de verse privado de la compañía de sus padres. Sentimientos encontrados que solamente podían fundirse en un alma grande y pura, capaz de entristecerse, olvidar, amar y perdonar.

No en vano, el nombre Yussuf significa “El triste”. Triste por la separación de sus seres más queridos, triste por verse privado de su tierra natal y por haber sido recluido en prisión. Casi 40 años después, cuando él ya contaba 50 y sus padres habían encanecido, Yussuf y su padre Yaˤqub – sobre ambos la paz – se encontraron de nuevo, poniendo fin de esa manera a tan extenso periodo de separación. En ese tiempo Yaˤqub llegó a comprender que su hijo le sobrepasaba en sabiduría y asimismo traspasó la frontera que le separaba del amor de Allâh, por y para El.

Aunque sus hermanos le traicionaron de la manera más vil e inmisericorde, él, todo un primer ministro en todo su esplendor, les perdonó, mostrando así su grandeza de corazón. Su belleza externa, a pesar de constituir la mitad de la de la tierra, no era nada comparada con el esplendor de su alma, desbordante de misericordia y bondad.

Y es entonces que cayeron prosternados ante él los once astros, el sol y la luna, demostrando Allâh de esta manera su superioridad con respecto a los mundos. Todo un padre inclinado ante un hijo que le había superado, y bien difícil que era, en rango junto a Dios.

Una escena de ternura sin par y, como hemos dicho antes, uno de esos momentos en que los cielos y el Paraíso se funden en un abrazo con el mundo terrenal. Un abrazo efímero, sin duda, pero cuya huella ha dejado marcados los corazones de generación en generación.

¡La más bella historia anterior a la de Muḥammad! ¡Cuán Grande es nuestro Dios!

CONCLUSIONES

Poco podemos concluir más de lo que ha sido hecho a lo largo de este escrito.

Simplemente decir que si queremos extraer lo más señalado de esta historia, debemos pensar en:

El amor, el perdón, la bondad, la paciencia, la sabiduría, la belleza; todos ellos pueden habitar un solo corazón. En este caso, el de nuestro profeta Yussuf – sobre él la paz – ejemplo bendito para la Humanidad.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karîm Mullor

 

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