Desde el revuelo provocado por el doctor Shlomo Sand – Por Javier Astilleros

Si tan sólo me hubieran abandonado y hubieran cumplido mi Toráh

Judíos: Más allá de una raza

Han pasado ya casi diez años desde la publicación de La Invención del pueblo judío, escrito por Shlomo Sand, historiador y profesor de la Universidad de Tel Aviv, autor también de La invención de la tierra de Israel (2013).

Tras este solvente primer trabajo sobre el origen étnico y tribal de los judíos, muchos aficionados a la política contemporánea han intentado desprestigiar un estudio que ha desmontado tesis sorprendentemente vivas desde el siglo XIX.

Sand defiende la visión de que no existe una etnia judía homogénea, sino que esta se ha configurado con multitud de aportes y de pueblos tan diversos como bereberes, latinos, germanos, idumeos o árabes, solo por citar algunos ejemplos.

Para el historiador, aquellas tribus que se judaizaron en masa no hay que buscarlas entre los pueblos semitas, sino entre los caucásicos jázaros, quienes formaron un poderoso reinado entre Asia y Europa, principalmente durante la alta edad media.

Argumenta además que no hubo en absoluto un exilio masivo tras la destrucción del templo por parte del Tito en el 70d.C., y que la mayoría judía de la actualidad-los askhenazis- son los descendientes directos de esos jázaros.

Es importante señalar la absoluta peculiaridad de la comunidad judía, siempre identificados desde una perspectiva étnica como de semitas. Pero lejos de lo que en apariencia se supone, esa cohesión no hay que buscarla en una raza judía, de lo contrario podríamos hablar de raza cristiana, musulmana, o hinduista, lo que no deja de atentar a la simple inteligencia.

Esa cohesión habría que buscarla en su vínculo con la judeidad, y desechar la étnica e incluso la religiosa estrictamente monoteísta. Y es aquí donde está la clave. ¿Cómo es posible descartar la pista religiosa en una comunidad que se identifica de ese modo?.

De todo este desvelamiento suscitado por Shlomo en su país- hay que señalar que el libro fue todo un éxito de ventas- observamos varias cuestiones que van más allá del origen asiático-y no exclusivamente semita- de la mayoría de los jázaros, es decir, que supera cualquier interpretación étnica de una supuesta “raza judía”.

Pero hay algo que refuerza enormemente el sentido de pertenencia a la comunidad judía, y que supera la pertenencia a una determinada etnia, bien sea la jázara caucásica o la sefardita de origen ibérico-magrebí.

Daniel Septimus, director ejecutivo de “Proyecto Sefaria” y ex editor de MyJewishLearning, ya se preguntaba en un artículo si “era necesario creer en Dios”, para ser judío. Septimus señala que los dogmas son una creación medieval, cuyo protagonista principal fue el hispano Maimónides, autor de “los trece principios”, es decir, los dogmas del judaísmo fijados en el siglo XI. Hay que recordar que estamos en el año 5.777 según el año judío, lo que nos da una idea de la relativa novedad de este interrogante.

Incluso hay teólogos que consideran un anatema establecer dogmas, hasta el punto de considerar que esas fabricaciones medievales representan “una corrupción del judaísmo”.

El caso de Erich From es muy interesante. El pensador señalaba en Seréis como dioses, que “alguien que no crea en Dios aún puede estar muy cerca de vivir una vida que sea totalmente judía en espíritu”.

Por otro lado los judíos humanistas, como el fallecido rabino Serwin Wine[1], consideran que la creencia en Dios desvirtúa al ser humano, “puesto que hay que buscarlo fuera de la humanidad”.

 El estudio de Ariel Bar Tzadok[2] es muy interesante. Señala que el judaísmo no es estrictamente monoteísta, sino monólatra, un término que no niega la existencia de otros dioses aunque exista un Dios supremo. Pone ejemplo el nombre de Elohim, un plural mayestático que hace referencia a “los dioses”. Bien conviene explorar esta cuestión, su vínculo con el deísmo, y como esta visión influyó en Europa.

Este concepto es interesante, puesto que de ser cierto, favorece la pertenencia de esta comunidad a una cultura, antes que a una comunidad religiosa estrictamente monoteísta.

Esto facilitaría el tránsito a lo que se conoce como “judaísmo ateo”, lo que a simple vista es un oxímoron, aunque para numerosas asociaciones judías de carácter humanista y ateo, así como asociaciones de obreros que se dieron en Lituania, Polonia o la extinta URSS, no lo es en absoluto.

Mientras que el debate en torno al origen de los judíos genera una enorme polémica, merece la pena investigar sobre el vínculo del humanismo y el deísmo, así como con el laicismo.

Y es que ese humanismo es una poderosa amalgama capaz generar unos poderosos vínculos interpersonales y sociales, con un sentido moral/ético de una historia imbuida de providencialismo o progresismo humanista.

No en vano se puede señalar a grandes pensadores-fundamentales- en la historia moderna y contemporánea, como judíos ateos o deístas. Tal es el caso de Karl Marx, Asimov, Zygmunt Bauman, Noam Chomsky, Jacques Derrida, Sigmund Freud, Stanley Kubrick, Primo Levi, Herbert Marcuse, Baruch Spinoza, León Trotsky, Levi Strauss, por citar solo alguno de los ideólogos que han definido la historia desde la Edad Moderna a la actualidad.

Citemos al padre de la socialdemocracia, Eduard Bernstein, para comprender de un modo más claro esta visión:

“En ese momento me entregué a la disciplina del Partido Socialista que recomendaba que sus miembros abandonaran las iglesias. El socialista judío también tuvo que abandonar las instituciones religiosas judías, aunque esto fue muy doloroso para mí. Hoy no podría dejar al perseguido pueblo judío. Siempre he luchado por los derechos judíos y he exigido un Hogar Nacional Judío en Palestina, pero no un estado nacionalista. Soy un polaco sionista y un verdadero judío”[3].

En definitiva, estos científicos sociales han dotado al devenir de un poderoso signo progresista a las ideas. Esa suerte de humanismo bíblico de contenido ético, les ha permitido subirse a los hombros de una montaña con la suficiente altura como para observar el pasado y señalar los hitos del futuro. Ahora bien, la pregunta que se abre es muy clara y concisa: Si no hay una etnia relacionada con el judaísmo, y si se puede ser judío humanista además de ateo sin tener ningún vínculo con esa religión…¿Por qué se empeñan en identificarse con una cultura tan desprovista de tantos atributos de identificación?. Solo la ideología es capaz de resolver este absurdo contemporáneo.

[1] http://www.shj.org/

[2] http://www.koshertorah.com/essays/singularity.html

[3] http://www.jta.org/1930/01/03/archive/eduard-bernstein-regrets-he-left-jewish-faith

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Una Respuesta a Desde el revuelo provocado por el doctor Shlomo Sand – Por Javier Astilleros

  1. […] otro lado los judíos humanistas, como el fallecido rabino Serwin Wine[1], consideran que la creencia en Dios desvirtúa al ser humano, “puesto que hay que buscarlo fuera […]

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