LAS RELACIONES LABORALES EN EL ISLAM Y LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES

LAS FUENTES

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia. La plegaria y la paz sean sobre Muḥammad, el sello de los Profetas, así como sobre su familia purificada y sus nobles compañeros.

Poco se ha hablado al respecto de las condiciones laborales dentro del Islam y sobre el derecho de los trabajadores.

En realidad, existen escasas fuentes escritas directas al respecto, ya sea en el Qur’an o en la Sunna. Fundamentalmente podemos encontrar algunos hadices que hablan de la retribución, sin fijar cantidades ni porcentajes al efecto, sino únicamente haciendo llamada a la paga de un salario justo, así como a la prohibición del abuso por parte del patrón hacia el trabajador. Ahora bien, sí existen aleyas y hadices cuyas recomendaciones pueden y deben ser aplicadas al mundo del trabajo. Estoy seguro que muchos se sorprenderán de lo relativamente fácil que puede resultar establecer un salario “legal islámico” dependiendo del tipo de actividad y del derecho del ser humano, expresado por Allâh, a recibir un salario en recompensa de su trabajo; salario éste que le asegure una vida con una serie de necesidades mínimas cubiertas, siendo éstas, nada más y nada menos, que: Alimento, vestido y vivienda.

Otro indicio para establecer el salario honesto que debería ser ofrecido a un trabajador deriva de las aplicaciones del impuesto musulmán por excelencia, es decir: La Zakat o limosna legal. Sin más dilación entremos en materia:

El Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

 “Seré adversario de tres personas el Día del Juicio Final: El que dio en mi nombre y luego traicionó, el que esclavizó a un hombre libre y consumió el precio de su venta, y el que emplea a un trabajador pero no le paga lo que corresponde”. Al-Bujari


El Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

 “Paga al trabajador su salario antes de que el sudor causado por su trabajo se haya evaporado de su frente”. Ibn Maŷah

Otro hadiz al efecto dice:

El siervo de Allâh posee tres derechos al respecto de su Señor: El alimento, el vestido y la vivienda donde alojarse.

El Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

“El mejor ingreso es el que resulta del trabajo honesto”. Musnad Ahmad Ibn Hanbal.

Existe otro hadiz recogido en el Saḥih Bujari el cual dice textualmente, refiriéndose al trato de los empleados:

“Son vuestros hermanos, estos siervos que Allâh ha dejado bajo vuestra autoridad. Quienquiera que sea patrón de su hermano debe darle de comer de lo que él come, vestirle como él mismo se viste. No impongáis a vuestros empleados (o servidores) lo que se encuentra por encima de sus fuerzas, y si es necesario ayudadles en su tarea”

En cuanto al Libro de Allâh se refiere nos ofrece otra pista, la cual puede ser puesta en ruta a fin de establecer tanto el trato a conceder al trabajador y a su familia, como el importe a pagar por sus servicios.

Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Allâh ha dado a unos sobre otros y en virtud de lo que gastan de sus riquezas (Coran 4-34)

Algunos traductores “estar al cargo” lo traducen por “autoridad”.

Esta otra aleya viene a completar la precedente por un camino insospechado.

Los hombres tendrán una parte de lo que hayan ganado y las mujeres tendrán una parte de lo que hayan ganado (Coran 4-32)

Comprendemos que esta aleya trata tanto de lo que esposo y esposa hayan ganado como fruto de su trabajo así como de las transacciones que hayan realizado con sus bienes.

Ahora bien, a la vista de todo esto, y de otra aleya de la Surat La Vaca podemos comprender que Allâh ordena al esposo la manutención de la familia y da libertad a la esposa para trabajar por mutuo acuerdo entre ambos cónyuges.

No pretendemos con esto establecer criterios sobre la prioridad de uno de los esposos sobre el otro, ni dar respuesta a propuestas variopintas y dispares sobre el asunto. Nuestro objetivo es simplemente determinar el hecho de si el patrón debe pagar al miembro de la familia que trabaje lo suficiente para que uno solo de los dos esposos mantenga a la familia entera.

EL TRATO AL EMPLEADO

A la luz de los hadices expuestos podemos comprender fácilmente que el derecho del patrón es exigir un rendimiento normal al trabajador, sin abusos ni presiones que pongan en compromiso su salud y bienestar en general; entendiendo por bienestar todo aquello que no exceda de una fatiga moderada por el trabajo realizado. Por otra parte, como hermano que es, el patrón está obligado a dirigirse a su empleado con el respeto debido, sin insultos ni provocaciones, sin menosprecios, ya sea en público o en privado.

Las condiciones de trabajo han de ser lo suficientemente seguras, la jornada no debe ser abrumadora y el horario de las plegarias debe ser respetado. Durante el Ramadán el patrón debe reducir la presión sobre el trabajador sin disminuir el salario.

Por otra parte el patrón no tiene derecho a recompensar a la mujer menos que al hombre en condiciones de igualdad de tarea. Debe respetar sus necesidades corporales y darla un trato de consideración, comprendiendo que si se encuentra trabajando debe ser por una necesidad ajena a su voluntad. Nadie, ni hombre ni mujer, tienen derecho a descuidar a su prole por el deseo de cumplir con un objetivo personal ligado al trabajo, por muy intelectual o edificante que parezca. Al contrario, siempre, lo más edificante, lo más noble, es que los hijos encuentren en la casa la presencia de los progenitores, quienes han de ser a la vez educadores y ejemplo a seguir; el afecto y el calor del hogar deben ser salvaguardados. No olvidemos: la Familia es la base de la sociedad y unos malos padres nunca podrán ser unos elementos útiles y edificantes.

Continuando con la actitud y el trato en el trabajo, al trabajador se le exige ser obediente y disciplinado; no debe abusar de su empleador realizando mal las tareas encomendadas o deteriorando elementos de su propiedad, y debe velar por sus intereses al igual que el patrón vela por los suyos.

LA PAGA – EL SALARIO

Existen dos consideraciones fundamentales con respecto al salario :

El salario por el nivel de exigencia, dificultad, formación, habilidad, esfuerzo o dedicación

El salario mínimo por un trabajador apenas cualificado.

No puede considerarse a pie de igualdad el servicio de una persona altamente cualificada, dedicado a fines de alto valor social o económico, que el de una persona de cualificación media; y no es igual el servicio proporcionado por los dos primeros que el realizado por una persona de escasa cualificación. Hay que tener en cuenta que las capacidades y la destreza son cualidades otorgadas por Allâh al ser humano las cuales forman parte de su rizq (provisión); son pues suyas y de ningún otro, y tiene el derecho de hacerlas valer para convertirlas en medios de vida para provecho propio y de los suyos. Hay personas a quienes Allâh les ha dado una alta destreza mental y física; otros a quienes ha otorgado una destreza mental únicamente; otros a quienes solamente se la ha concedido manual o física; y, finalmente, otros a quienes Allâh no ha concedido ninguna de las dos. Aun así, y en el caso de que este último desarrolle su actividad con interés y dedicación siempre tendrá derecho a recibir lo mínimo para su manutención y la de su familia.

En cuanto a la determinación del salario, éste debe ir en consonancia, tanto a la calidad y cualificación de la labor, como con el beneficio que el patrón obtiene de dicho trabajador. Deberíamos ir gremio por gremio y caso por caso, sociedad por sociedad, etc; pero este principio que acabamos de exponer debe ser respetado por cada patrón en función de sus posibilidades materiales, comprendidas estas en el ámbito de lo que podría entenderse entre justo y generoso.

El patrón ha de entender que sus actividades se desarrollan en el suelo de un país o región que no le pertenecen en propiedad; antes bien pertenece a todos y cada uno de los habitantes; y esto aun a pesar de que haya adquirido parte de su tierra, adquisición por cierto que nunca llegará a ser totalmente privativa ya que se encuentra en el ámbito de una determinada comarca, donde existe un gobierno que le protege contra todo tipo de eventualidad. Igualmente, ha de comprender que sin el concurso de sus empleados no podría generar ni acumular riqueza, hecho por el cual no debe abusar de la creación de Allâh y mucho menos de sus congéneres los seres humanos.

EL SALARIO MINIMO

Hay dos razones fundamentales para pagar un salario de mínimos a un trabajador:

La penuria económica.

La falta de cualificación del trabajador.

La penuria económica

Es muy posible, sobre todo en una época como la que nos ha tocado vivir, que un emprendedor necesite un empleado para su trabajo y no pueda pagar por él más de una cierta cantidad debido a lo escaso de sus ingresos. Ocurre esto en ciertos países deprimidos por depredadores económicos de toda especie, entre ellos algunos del Norte de Africa o de América del Sur, incluso de Asia Oriental o de Africa del Sur y actualmente en el Sur de Europa; países por otra parte, en los cuales las gentes en lugar de vivir, malviven. Algunos necesitan comer, y al no encontrar nada mejor, ofrecen sus servicios a gentes ligeramente más favorecidas que ellos, quienes por otra parte les dan trabajo para que puedan sobrevivir. En ese caso, siempre es mejor, “trabajar por lo que sea” para aquel que paga “lo que pueda”. Lo triste de esta situación es que resulta ser mucho más común de lo que pueda pensarse, de tal manera que lo que debería ser una excepción y un caso extraordinario se ha convertido en costumbre gracias a los monstruosos depredadores económicos, ya sean externos o internos, que actúan en dichos países, quienes exentos de compasión y de principios, solamente buscan amasar dinero de forma ilícita por 1001 caminos diferentes.

El salario mínimo por falta de cualificación

Como hemos apuntado más arriba, no solamente es lógico, sino moralmente legítimo, que una persona mejor cualificada obtenga un mejor salario que otra con menor cualificación o sin cualificación alguna.

Ahora bien, como vimos en uno de los hadices presentados al principio de esta exposición, el servidor tiene derecho a tres cosas de su Creador: El alimento, el vestido y el techo.

El salario mínimo a satisfacer por los servicios de un trabajador no cualificado debe asegurar estos tres derechos fundamentales, tanto para él mismo como para su familia. ¡Que nadie pretenda pues convertirse en empresario sino tiene medios para satisfacer las necesidades del trabajador! Si para ello debe explotar a otros a conseguir sus fines, entonces que trabaje él mismo. Si alguien desea emprender algo para conseguir fortuna debe asegurarse previamente, antes de contratar trabajadores a su cargo, de poseer los medios para recompensar su labor.

LA INACTIVIDAD POR JUBILACION O ENFERMEDAD

Dichas situaciones pertenecen al género de aquellas las cuales deben ser atendidas por medio de la Zakat. Ahora bien, nada impide, tal y como ocurre en las sociedades modernas, que el trabajador vea retenida una parte del dinero de su salario a fin de contribuir a su futura jubilación o a situaciones transitorias de enfermedad. Sin embargo, teniendo en cuenta la esperanza de vida habremos de comprender que si la vida media de un trabajador después del retiro es de 15 a 20 años y su periodo de actividad de 40, el jubilado debería pagar al menos entre 1/3 y 1/4 de su salario a fin de asegurarse la paga. Como esto resulta imposible a todas luces  el resto debe cubrirse con aportaciones del patrón, lo cual es directamente una de las aplicaciones prácticas de la Zakat. No olvidemos que el pago de ésta debe proceder de un porcentaje sobre el patrimonio o sobre el beneficio empresarial.

¿Por qué no ha de salir la paga de jubilación o retiro íntegramente de la Zakat?

En los tiempos del profeta – sobre él la plegaria y la paz  – y de los julafa’ rašidin – que Allâh esté satisfecho de ellos – la esperanza de vida oscilaba entre los 60 o 70 años. Normalmente se trabajaba casi toda la vida, ya que la mayoría de los hombres fallecían cuando se encontraban aún en la edad del vigor. La Zakat servía seguramente para mantener a las mujeres viudas hasta su matrimonio posterior y a situaciones puntuales de indigencia sobre las cuales debía intervenir el erario público. En realidad, no existía el concepto de jubilación, y si una persona veía su vida alargada y no tenía ahorros suficientes para mantenerse, ni fuerzas para trabajar, ni familia que le atendiera, pasaba a encontrarse amparado por la Zakat en vista de su indigencia.

EL IRPF – EL IMPUESTO SOBRE EL RENDIMIENTO DEL TRABAJO

Habremos de decir sin más preámbulos que la práctica de la retención de dicho impuesto es una de las mayores injusticias que se pueden encontrar en el mundo del trabajo. Se trata de un saqueo directo a los derechos de los trabajadores, de un latrocinio, de una estafa sin más.

Analicemos para que sirve este impuesto y comprenderemos que sus fines no tienen relación directa con el mundo del trabajo. El estado lo recauda a la fuerza, entre otros fines, para llenar las arcas de la Seguridad Social, las cuales deberían estar repletas con el 36 o 40 por ciento de las cotizaciones empresariales o del trabajador. Pero el IRPF, junto con el IVA, resulta ser el impuesto para todo: desde para realizar obras de infraestructura hasta para pagar el salario de los funcionarios, ejército, fuerzas del orden, salario de los políticos, etc.

No criticamos la necesidad de acometer todos estos gastos que el estado tiene la obligación de emprender; lo que contestamos en voz alta y sí criticamos duramente, es que dicho impuesto deba proceder de los rendimientos del trabajo.

Desde el punto de vista del Islam las aportaciones a los gastos del estado deben proceder del Patrimonio de los ciudadanos, nunca jamás de los rendimientos del trabajo, los cuales son tan sagrados que no pueden ser saqueados de ninguna de las maneras. La prueba de esta tremenda injusticia la vemos a diario constatando cuantas enormes fortunas se han realizado a expensas de los hombros de los trabajadores. El dinero concentrado cada vez en mayores cantidades y en menos manos, manos estas que se han rodeado de un ejército de sirvientes quienes aseguran su seguridad y privilegios.

Un estado decente debería tasar el patrimonio; primeramente controlando y valorando este con todo lujo de detalles, de tal manera que los favorecidos por la fortuna no pudieran poseer nada de valor que no estuviera registrado y tasado de manera conveniente y exhaustiva; si de alguna manera las bases de datos debieran servir para un buen fin, este sería uno de los mejores posibles. Tasando el patrimonio de los ricos, menos ricos y clase media, en función de las posibilidades de cada uno, se podrían obtener los fondos para infraestructura y el resto de los gastos del estado. Ello no impide para que, de manera puntual, cada uno de los ciudadanos debiera contribuir según sus medios a obras públicas que mejoren sus condiciones de vida, sin que ello les gravara hasta generarles problemas económicos de envergadura.

Resumiendo, el IRPF, es literalmente, y sin más, un saqueo abusivo de los derechos del trabajador por parte del estado.

LAS FUERZAS SOCIALES – LOS SINDICATOS

Celebramos, en un mundo tan injusto como en el que nos ha tocado vivir, la existencia de fuerzas del trabajo representadas por los sindicatos. No hablamos del caso vergonzoso que se vive en países como España o algún otro país donde los sindicatos se ha corrompido; hablamos del principio de que los sindicatos deben representar una fuerza social de envergadura a fin de proteger a los trabajadores de los abusos de los ricos prepotentes que asolan y gobiernan los países desde las sombras. Un estado que no apoye a los sindicatos, que no los sostenga y promocione, es un estado corrupto, una presa de los depredadores económicos que asolan el mundo entero, que abusan de grandes y pequeños, que generan el hambre y la indigencia en el mundo, los cuales han dejado de pertenecer a la especie humana para convertirse en animales salvajes sedientos de mal.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karîm Mullor

 

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