DESENMASCARANDO Y DESACTIVANDO A GUENON Y AL PERENNIALISMO – I –

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, el sello y corona de los profetas, así como su familia purificada y sus nobles compañeros.

Pienso que con la serie que escribí en mi anterior blog (al Andalus una sola Umma), de la cual este artículo es un resumen, junto con la obra del hermano Samir Hariche, basta para haber desenmascarado a Guénon; ya que hay que reconocer que hasta entonces nadie se había atrevido a rebatir su doctrina en Europa.

Somos pues precursores en esto con la ayuda y la luz de Allâh. Es un deber para mí salir al paso de toda aquella puerta abierta por la cual existan posibilidades de abandono del Islam.

Nadie ha provocado, con su falsa y torpe doctrina, tantas apostasías del Islam, como lo hizo este empresario del vino francés falsamente reconvertido en sufí.

Pero entremos en materia:

Más de 7 años llevamos hablando de doctrina islámica, intentando proponer sobre ella una visión frontal, real y profunda. No nos hemos detenido demasiado sobre un tema, aunque si lo hemos abordado en toda su complejidad utilizando el menor número de párrafos posible, a fin de hacer comprender lo esencial de la exposición. No es una época para libros, ya que casi nadie se toma la molestia de leer. Ya sea por el estrés de la vida cotidiana o por la comodidad de “pensar a la carta”, nadie, o casi nadie, soporta horas enteras delante de un libro por muy interesante que éste pudiera ser.

Esto nos lo demuestra la triste experiencia vivida por nuestro hermano y amigo Samir Hariche quien escribió la mejor obra que conozco hasta hoy destinada a rebatir las peligrosas y erróneas tesis del autor mencionado al que se le conoce como la cabeza del Perennialismo. Dicha obra tuvo poca difusión, precisamente por lo que acabamos de explicar con respecto a las lecturas.

https://sites.google.com/a/khatov.faith/adnanhayden/el-perennialismo-a-la-luz-del-islam-B00H464WDY

Hay sujetos recurrentes los cuales se presentan una y otra vez en la vida del nuevo musulmán. Aunque el Islam se encuentra incólume en su doctrina, si es cierto que la información que llega de él es, en gran parte de las ocasiones, sesgada y traficada. Ya hemos repetido hasta la saciedad es “secuestro” de la mentalidad juvenil islámica por parte de los wahabitas y salafis.
Casi una mitad de conversos toman el Islam vía centros islámicos wahabies o salafies y la casi otra mitad lo hace a través de todo un menú de doctrinas inventadas, entre las cuales sobresale el Perennialismo en cualquiera de sus versiones. La razón de esto es simple: la comodidad intelectual de no tomarse molestia por aprender nada que no sea presentado como una transmisión deportiva, es decir en argot mucho más claro: de no molestarse por aprender. Esto lo saben las “mafias del intelecto”, las cuales son nutridas a través de un aparato propagandístico convenientemente financiado, el cual provee información a aquellos quienes, por una circunstancia u otra, aprenden “de oído”. Lo fácil nunca tiene la recompensa de lo costoso, siendo la de esto último inmensamente más grande.

Y todo el bien que adelantéis en beneficio de vuestras almas, lo encontraréis junto a Allah; es verdad que Allah ve lo que hacéis. (2-109)

Cuando una persona no muy bien anclada en doctrina del Islam se pone en contacto con el Sufismo, habida cuenta de que éste en nuestra época no se encuentra visiblemente representado por personas de una mínima categoría espiritual, cae en el riesgo de confundir las doctrinas de los sufís con las propuestas masónicas “seudo sufis” producto, ya sea de tariqats desviadas o en punto muerto, ya sea de nuevas falsas tariqats nacidas para demoler las bases del Sufismo.

Algunos, ¡pobres de ellos!  dan con obras de autores como Réné Guénon, Frithjof Schuon, Martin Lings o Idrieš Šah, o de autores como Ian Dallas alias Abdel Qader A-s-Sufi, quienes en lugar de representar al sufismo, representan en realidad, de una manera más o menos directa, los intereses oscuros de una Masonería cuya finalidad es destruir la religión de la Verdad (el Islam) con el fin de dar nacimiento a la religión internacional del Daŷŷal; el sueño masón.

Uno de los mayores expositores de estas doctrinas, como hemos expresado en cabecera de nuestra exposición, se llamaba Réné Guénon, escritor infatigable de obras las cuales no han hecho otra cosa que provocar deserciones del Islam a las que comúnmente llamamos “apostasía”.

Para ello, Guénon quiso patrocinar una doctrina que imitara la vida tradicional islámica al igual que el mono imita al ser humano; esto a fin de hacer creer a propios y extraños que el Islam, y en concreto el Sufismo, eran siervos “dignos” de esa Tradición Primordial que él y sus gurús hinduistas inventaron por inspiración satánica, sin duda alguna.

No en vano, como si de una ironía del destino se tratara, su apellido le delataba. Y es que la Ḥikma de Allâh es inmensa. Me explico: la palabra francesa Guénon se traduce al español por “macaco”, precisamente el tipo de mono que se sirve más de la imitación. Guénon, haciendo gala de su apellido, dándole realce, trató de construir un sufismo de imitación, una doctrina recosida y remendada a la manera y el gusto de los intelectuales elitistas que comenzaban a despuntar en la Europa inter guerras (primera y segunda guerras mundiales).

Por si fuera poco, otra “ironía del destino” o mejor expresado “Hikma de Allâh”, es que Guénon era un empresario del vino y vivía de las rentas de sus bodegas, herencia por otra parte de sus antecesores establecidos en la región donde se enclava la ciudad de Blois, en Francia. Un vinatero practicante del Islam y del Sufismo, lo nunca visto. Este hecho resulta cuando menos cómico cuando sabemos lo escrupulosos que hemos sido siempre los sufís de todas las épocas en no comer nada que, aunque fuera de manera indirecta, procediera del Haram.

Cuando nos encontrábamos escribiendo, hace 5 años, sobre este asunto en nuestro blog, nuestro querido hermano y amigo Samir Hariche nos escribió un email diciendo que él se encontraba terminando un libro en el cual denunciaba la herejía perennialista de Guénon, Schuon y algunos más a la luz del Islam. Aquello nos reconfortó haciéndonos saber que no estábamos solo en nuestra empresa. A pesar de que han pasado 5 años desde estos escritos nuestros, he creído necesario presentarlos retocados y resumidos a fin de esclarecer lo erróneo de conceptos que se han adherido en la mente de algunos de nuestros hermanos, donde viven como parásitos, transmitiéndose de manera insensible a sus pensamientos y tomas de decisiones.

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE GUENON

A pesar del pretendido espíritu tradicional que era el suyo, encontramos dicha pretensión por el amor a lo tradicional contrastada  con  su gusto  por  lo raro y refinado; seguramente de ahí su instintiva atracción primaria por el hinduismo en un París cuna de todas las modas. Los gurús habían sido exportados por Inglaterra a Francia con la misión de ayudar a la formación de la Franc-Masonería; algunos se quedaron en aquella Francia, cuna de todas las modas, y nuestro autor contactó con ellos.

Su formación como matemático, frustrada por una enfermedad, la cual no le permitió seguir los cursos en la universidad, queda reflejada en el exceso de fijación en sus escritos. Así mismo su frustración por no poder estudiar en la universidad, la vemos reflejada en su obra en un capítulo titulado bajo la designación: “La superstición universitaria”, el cual refleja, a una manera muy parisina por cierto, su frustración por no haber podido cursar Matemáticas exactas en la Sorbona. No podemos olvidar que las rentas de Guénon, de las cuales se ayudaba en su economía personal, procedían de unos viñedos y bodegas  heredados de su familia; familia esta de vinateros, en el departamento de Blois donde nació. Estas rentas, junto con el dinero ganado dando algunas clases, permitieron a Guenon disponer  el tiempo necesario para escribir, así como para practicar la masonería, el hinduismo (del cual fue expulsado por revelar sus secretos), así como formar una falsa tariqa sufí en El Cairo junto con Salama Radi, quien revelándose contra su šayj de la Darqawiya encontró en Guénon su aliado perfecto, y en una oficina inglesa del Cairo donde se inscribían nuevas y falsas tariqas, su soporte administrativo-legal.

Si pudiéramos resumir el “perennialismo” guenoniano, seguido por Valsan, Schuon, Lings, Evola, Mitrai de Miterovich, Masignon, Ageli y alguno más, seguramente lo haríamos sin falta al pronunciar sus términos y conceptos más destacados:

Tradición, tradicional, Tradición Primordial o Hiperbórea, Elite intelectual, iniciación, realización, Oriente-Occidente.

No obstante, su tesis preferida, a la cual dedicó más palabras y la que le produjo más desvelos  es la de la Tradición Primordial, entendiendo por ésta una especie de súper religión de “elegidos”, la cual, siempre según él,  hubiera dado a luz, una a una, a todas las religiones conocidas. Dichas religiones, según Guénon, serían una expresión imperfecta de dicha tradición Primordial, siendo la menos imperfecta de todas, y más acorde a la matriz, la “religión hindú”. Réné Guenon no consideraba el Islam sino como una religión mediocre, la cual se debía tomar debido a la imposibilidad de nosotros, como “embrutecidos e ignorantes”  occidentales en seguir el hinduismo, el que según Guenon se encontraba por encima del Islam.

Era pues, según él, el Islam, una religión de circunstancias, solamente válida para seguir la tradición primordial vinculándose al sufismo. He aquí por qué muchas sectas seudo sufis presentan esos tintes satánicos denunciados por muchos musulmanes. Pero esto será el objeto de otro escrito que vendrá más adelante.

Esta es la declaración de intenciones y la carta de presentación de los escritos de Guénon. Siguiendo sus razonamientos, la realización espiritual sería únicamente posible si la religión seguida era o no una expresión de la Tradición Primordial.

La Šari’a islámica, según el perennialismo guenoniano, no es sino una burda expresión, necesaria para la plebe pero insignificante para los elegidos. ¡

Que contraste con las palabras del profeta significando el salat como el colirio de sus ojos!

 He aquí uno de los velos de Guenon: “El orgullo”, tan común entre los escritores franceses de la época que se había convertido en hilo conductor. Dicho orgullo, el cual le sugirió siempre formar parte de la “élite de elegidos”, fue el hilo destructor de sus escritos en los cuales explicaba la iniciación y realización como estando presentes en mayor o menor proporción en todas las religiones, siempre, como no, dependiendo de su vinculación más o menos directa a la sacrosanta e inalcanzable Tradición Primordial, cuna de todas sus fantasías.

Otro descubrimiento que hemos hecho recientemente es su desesperada defensa de la franc-masonería (judeo-masonería) en sus controversias con Monsieur Jouin, quien editaba una revista anti judeo-masónica titulada “La revista internacional de las Sociedades Secretas”. Curiosamente, estas controversias fueron suscitadas durante su estancia en el Cairo, lo cual demuestra que la filiación pretendida de Guénon al sufismo no era sino una tapadera la cual cubría el ánfora de las serpientes.

¡Un sufí defendiendo la francmasonería! ¿Sería el efecto de los vapores de sus bodegas?

Increíbles dichas controversias provenientes de alguien quien en sus escritos precedentes había denigrado la franc-masonería, nacida en los estertores del siglo XVIII. Probablemente sean ciertas las presunciones de algunos de su pertenencia a la judeo-masonería hasta los últimos días de su vida. Nosotros no lo sabemos a ciencia cierta, aunque todas las pruebas a convicción lo demuestran, pero sí sabemos que las obras escritas a partir de 1934, fecha en la que se vinculó a un falso šayj sufí llamado Salama Raḍi, no demuestran un cambio de ideas en sus errores sobre la tradición primordial. Es más, lo más sorprendente es que en los últimos escritos de Guenon no existe arrepentimiento alguno con respecto a sus teorías precedentes. Esto nos lo demuestra el vórtice al que hace referencia en “El simbolismo de la cruz”, escrito en su época “sufí” obra en la cual invierte completamente el verdadero proceso de la Realización Espiritual (Haqiqa) propuesta por el Sufismo en el Islam. Este punto lo trataremos más adelante como podréis ver.

¿Era pues Guenon un segundo Pablo de Tarso? Es verosímil esta posibilidad cuando contemplamos los horribles estragos que han causado sus teorías en el seudo-sufismo, el cual ha basado sus tesis en las de Guenon.

Mientras Rasul – sobre él la plegaria y la paz – nos conmina a considerar a los musulmanes como hermanos, sea cual fuere su condición o la fuerza o debilidad de su fe, para el perennialismo guenoniano se trata, salvo en el caso de los sufís, claro está, de plebe de baja casta intelectual, extraviados de la verdad, de populacho, hablando clara y llanamente.

Es curioso, que después de unos cuantos años de Islam, algunos necesiten aún estas palabras para desembarazarse de este error. Sin embargo, después de haber comprendido lo necesario de esta exposición, a fin de hacer desaparecer de algunos espíritus el “tabú perennialista” y la “guenondependencia” nos hemos decidido escribir, rebatiendo esta engañosa tesis a la luz del  Qur’an y de la Sunna; y ello siempre a fin de que los vapores de las bodegas del sujeto en cuestión no continúen embotando inteligencias que una vez educadas podrían ser de mucha utilidad

LA FANTASIA DE LA TRADICION PRIMORDIAL

Como hemos esbozado, la Tradición Primordial guenoniana es una religión pretendidamente superior nacida en los albores de la historia, en aquello lo cual la doctrina hindú de los ciclos cósmicos llama: La Edad de Oro de este Manvántara.

Según esa doctrina cada Manvántara consta de 60.000 años y cada ciclo de Manvántaras consta de catorce de estos, es decir 840.000 años. Al final de cada Manvantara la tierra es destruida y vuelta a resurgir de sus cenizas al principio del siguiente, con la ayuda, como no, de una élite intelectual de elegidos los cuales se ocuparán de hacer el trasvase, en el que los miembros del club Guenon sin duda tendrían un protagonismo de honor. Un ciclo indefinido en el cual nunca existe un fin temporal. Un amor exacerbado de la vida de este mundo, puesto en relieve como trasfondo a una teoría de locos; de locos primordiales.

Cada Manvantara consta de cuatro edades: Oro, Plata, Bronce y hierro. Ahora nos encontramos en la edad de hierro y después de la destrucción de la tierra, otra será creada en su lugar. En la edad de oro la espiritualidad se encontraba en su punto álgido y va perdiendo paulatinamente hasta que llegamos a la edad de hierro donde predomina la ignorancia, edad esta, en la cual Guenon afirma que nos encontramos desde hace 10.000 años.

Aprovechando esta doctrina, Guenon asegura que la Tradición Primordial comienza y es perfecta en la Edad de oro,  pierde parte de su originalidad primaria en la edad de plata, se oscurece en la edad de bronce y queda proscrita y oculta en la edad de hierro, edad en la cual, siempre según el señor Guenon, predomina la oscuridad y la barbarie.

No nos extraña en absoluto la expulsión de Guenon del hinduismo por parte de su gurú, precisamente por haber revelado y hecho públicos los secretos bien guardados de dicha “religión”; secretos estos que no son otra cosa que una declaración de intenciones la cual muestra los puntos débiles del Hinduismo de una forma alarmante para sus siniestros y “tradicionales” fines.

Conociendo las tesis, éstas se pueden rebatir, y fácilmente además, como lo vamos a hacer en unos instantes. Como dice un dicho popular español: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. El gurú de Guenon, viejo diablo avezado en mil batallas, sabía que su inocente discípulo no podía comprender el alcance auto destructor de sus secretos desvelados paseándose por muchas de las librerías de Occidente.

El principio del hadiz de Ŷâbir, transmitido por el šayj del Imân Nawawy, así como por todas las cadenas iniciáticas sufís verdaderas dice lo siguiente:

Allâh estaba Solo y nadie con El. Tomó un puñado de Luz de Sí Mismo, lo hizo salir de Su Mano diciendo: “Sé Muhammad” (Kun Muhammadun). Dicha luz se volvió hacia Allâh y se prosternó ante él. Con esa Luz fueron creados los cielos y la tierra y todos cuantos ambos  contienen.

Este hadiz destruye la teoría de la Tradición Primordial, tal y como la presencia de ˤIsâ – sobre él la paz – hará disolverse al Daŷŷal. ¿Cómo? Simplemente diciendo que Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – es la luz de la cual han salido todos los Profetas, que esa luz tomó cuerpo hace casi 1500 años y que el mismo Muhammad se refirió a su generación y a las dos siguientes como las mejores generaciones que jamás hayan existido.

El mismo Libro de Allâh dice:

Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Allâh (3-110)

¿Cómo siendo los musulmanes la mejor comunidad podría haber habido otra mejor antes? Simplemente las tesis de Guenon no eran islámicas y su afiliación al Islam queda en entredicho totalmente a la luz de este hecho.

Anas Ibn Malik transmitió que el Mensajero de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

La duración de la vida del mundo es de siete días según los días del Ajira. Allâh Todopoderoso ha dicho que un día junto a vuestro Señor es como mil de vuestros años; Allâh retribuirá el equivalente en buenas acciones de siete mil años, que son la edad de este mundo, para aquel quien responde a las necesidades de sus hermanos en religión en el camino de Allâh, como si hubiera pasado sus días ayunando y sus noches en adoración (Al Muttaqi al Hindi, Al Burhan fi Alamat al Mahdi Ajir Zaman p.8).

Como acabamos de leer la vida del ser humano en la tierra es de siete mil años. Esto lo corroboran asimismo, tanto la Tora y Evangelios originales, como la genealogía que encontramos en “La Historia de los Profetas” de Ibn Kazir en los cuales podemos leer todos los descendientes de nuestro padre Adam – sobre él la paz – hasta la llegada de Jesús – sobre él la paz -.

Así pues, no existen Tradición Primordial, ni edad de oro otra que el Islam, el cual ha sido revelado con la venida del Profeta. ¿Veis que simple seguidores de Guenon? ¿Veis cómo vuestro referente no era una persona de fiar?

El concepto guenoniano de élite, relevando de una presunta supremacía de las capacidades intelectuales, no hace sino seguir las desviaciones occidentales de estos tiempos, donde el ser humano pierde el valor de la bondad que encierra su corazón en detrimento de unas capacidades intelectuales frías y carentes de espíritu. No creo que Guenon hiciera muchos amigos del alma, aunque sí aliados de intereses, como así fue.

Nunca en la obra de Guenon, y la leímos entera en su tiempo, hemos visto puestas en relieve las verdaderas capacidades iniciáticas del ser humano, es decir: sinceridad, bondad, misericordia, generosidad, responsabilidad y sobre todo sumisión a la Voluntad de Allah. Antes bien, Guenon, como buen masón, ponía en relieve la capacidad intelectual la cual relevaba de una inteligencia libresca “superior y privilegiada” y muy chauvinista, o mejor dicho, francesa.

Después del último toque de trompeta, como dice el hadiz, el género humano será reunido en el desierto del Hiyaz a fin de ser juzgado. Setenta mil de la Umma de Muhammad no serán juzgados y los mártires habrán precedentemente subido directamente al Paraiso.

Dos moradas únicamente después de la destrucción de la tierra por el fuego: el Ŷanna y el Ŷahannam. Dos moradas eternas para una humanidad reducida a la muerte. Ninguna continuidad para la humanidad en la creación otra que una de estas dos moradas.

Una sola pieza ha bastado para tirar por tierra la mentira, tal es la fuerza y el poder de la Verdad, la cual destruye la mentira cuando se revela, como si ésta fuera polvo y cenizas. Es así como el bastón de Muhammad derribó a un Hubal, quien sin duda llevaba alguna que otra centena de años residiendo en la Ka’aba.

Sin duda, les teorías hindúes, al tomar como base una civilización en la cual subsistía un brutal sistema de castas, en el que gran parte de la población era considerada como animales de carga, presentaban en sus postulados la marca de la insensibilidad humana.

Dicha insensibilidad queda recogida en los escritos de Ananda Kentich Coomaraswamy, quien con toda frialdad y sorprendente desfachatez llega a justificar los sacrificios humanos llevados a cabo por los šivaitas en su horrible obra titulada “El sacrificio de sí mismo”, la cual leímos hace más de veinte años.

No se sorprendan ustedes pues de la amistad que Guenon profesó a este individuo, después que desde el Cairo escribió en apoyo a la judeo franc-masonería, pues muy seguramente el señor Guenon, nunca dejó de ser un masón (francmason) en realidad.

Sirva este escrito como primera parte del binomio del que se compone este resumen…

 

Esta entrada fue publicada en Doctrina. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.