DESACTIVANDO A GUENON Y EL PERENNIALISMO – FINAL

ESOTERISMO Y EXOTERISMO

Continuamos nuestro análisis de la obra de Guénon (perennialismo) con el estudio del punto de vista de la doctrina islámica sobre uno de los temas recurrentes de su obra “Esoterismo y Exoterismo”.

Leyendo sus exposiciones con respecto a dicha dicotomía, podemos sacar la conclusión de que Guénon entendía como Esoterismo la pura espiritualidad y el Exoterismo la ley religiosa, no siendo esta siempre necesaria como soporte de acceso a un Esoterismo para la élite, pero sí necesaria para los no-elegidos a fin de que éstos pudieran beneficiarse de su vínculo a una forma tradicional, siempre dependiente de la matriz, es decir, de la Tradición Primordial; todo esto, no lo olvidemos, según la teoría masónico hinduista plasmada por él en su inventada Tradición Hiperbórea.

Este montaje de piezas, tendentes a demostrar la necesidad de un retorno a la tradición, nunca ha dejado de formar parte de sus teorías.

Hablaremos seguidamente de lo erróneo del concepto “tradicional”. Para Guénon representaba todo aquello lo cual dependía de la revelación. Aunque parece ser que a él le atraía más el aspecto humano que el divino, de ahí la adopción del término “tradición” el cual representa el aspecto puramente humano del seguimiento de una revelación, en lugar del usado por el Islam “revelación”, el cual, teniendo como raíz lo divino se expresa en lo humano. Curioso lapsus, sobre todo para aquél quien se jactaba de buscar la pura espiritualidad.

Sin embargo, aquí nos vamos a ceñir a sus interpretaciones sobre el exoterismo y esoterismo, a fin de demostrar que el uso de dichos términos por parte del personaje no refleja en absoluto realidad alguna, sino antes bien a un producto de su interpretación personal del mundo de la revelación.

Para él, esoterismo era todo aquello lo cual relevaba de la pura espiritualidad. Inclusive según él, habían existido civilizaciones “tradicionales” tan avanzadas que no necesitaban de una ley revelada la cual reglara los actos humanos más elementales, siendo el fin de ellas, aparentemente, el de seguir el esoterismo, el cual era la sola razón de ser de su proclamada “élite intelectual” viviendo en comunas primordiales.

A la vista de las revelaciones, tanto en la Tora, como en los Evangelios originales, así como en el Qur’an, no logramos encontrar dichas “civilizaciones” en parte alguna, hecho sin duda alguna que prueba su inexistencia. ¿Podría Allâh haber olvidado lo esencial, tanto, que hacía falta que un iluminado empresario vinícola viniera a recordárnoslo?

Lo más irrisorio del asunto es que Guénon inventó que antes no existía la escritura porque los ancestros eran tan inteligentes que no la necesitaban para transmitir realidades “tradicionales” entre ellos; según él la mente era capaz de transmitir y de no olvidar jamás ninguno de los detalles hasta el punto de no haber tenido nunca necesidad de expresión escrita, y puede que oral. Podemos comprender que el chauvinismo francés pueda llegar a imaginar que aquello ocurriera en la Galia; pero extrapolar esta tesis al mundo entero no se encuentra exento de un hilarante sentido del humor.

Aquellos quienes, desde el Islam, se consideran “guenonianos”, perdón por lo del término y su embarazoso significado, sin duda se encuentran delante de un gran aprieto al tratar de localizar en los libros sagrados, en cuya revelación los musulmanes debemos creer, esa avanzadísima, intelectualísima y sacro santísima “tradición primordial”.

No obstante, para él, el exoterismo es un término el cual releva puramente de la ley religiosa. Según nuestro personaje la Ley no era necesaria para los superdotados quienes pudieran suscribirse al Taoismo, por poner un ejemplo; pero ser taoístas o taoianos no estaba al alcance para nosotros los “pobrecillos occidentales” quienes “sin ser capaces de hacer la “O” con un canuto”, perdón por lo gráfico de la expresión, fuéramos tan “ordinarios” e incapaces que tuviéramos necesidad de una Ley. Decir de pasada que Guénon estaba convencido de la superioridad de la raza aria con respecto a las capacidades espirituales, de ahí su debilidad por lo hindú. Y ello lo veremos en nuestro análisis sobre Oriente y Occidente.

En cuanto a la dicotomía en cuestión, podemos probar fácilmente una vez más como ambos conceptos no expresan en forma alguna la realidad. Y lo haremos con un hadiz muy conocido:

Dijo el santo Profeta – sobre él la plegaria y la paz -:Se me ha dado amar tres cosas sobre las demás en esta vida: la plegaria, las mujeres y los perfumes; y el colirio de mis ojos está en la plegaria.

He aquí un ejemplo de la fusión existente en el Islam entre el interior y el exterior. La plegaria canónica, siendo como es, obligatoria para todos los musulmanes, por supuesto también lo es para el sufí, contiene en ella misma un significado oculto y operativo en el interior del ser humano. Seguramente, dicho significado no es accesible a todos por el motivo que vamos a expresar, pero ella es un buen ejemplo del completo matrimonio existente en realidad entre aquello lo cual por conveniencias del lenguaje ha sido dado en llamar “interior y exterior”.

El Islam se compone de tres ramas, a saber: Islam, Iman e Ihsan. Dichas ramas no consisten en sistemas separados unos de otros, sino que antes bien se trata de escalones de una misma escalera. De tal manera que aquel quien ha realizado el maqam del Ihsan no ha podido hacerlo sin antes realizar los dos precedentes. No solamente los ha realizado sino que si los dejara de asistir se perdería. Imaginemos que pasaría a la escalera si le quitáramos los peldaños de más abajo: se derrumbaría. Así mismo ocurre para quien ha realizado el maqam del Iman con respecto al de Islam. Es quien se encuentra en el maqam del Islam el que se emplaza en lo más bajo de la escala, estando no obstante en ella. Ello anula la teoría de Guénon según la cual existen circunstancias en las cuales alguien puede acceder al conocimiento sin cumplir con las condiciones de la ley exterior.

Dice el Libro de Allah:

Allâh está más cerca de vosotros que vuestra vena yugular

Ello nos recuerda la presencia de Allâh en todos los niveles, ya releven del interior o del exterior.

Los entusiastas de Guénon (dichoso apellido por cierto) han de recordar al šayj Mawlay Al-Arabi a-d-Darqawi, como encontrándose en plena meditación sobre los Nombres Divinos, se decía:

Que Allah es el Interior, lo comprendo, pero ¿qué es eso que Allah es el Exterior (A-z-Zahir)? Eso no lo comprendo. Es entonces cuando Allah se le reveló como el Exterior y pudo conocer el resto.

Si los sufíes se han reunido en zawiyyas y se hacen enseñar por un maestro específico es a causa de la singularidad de su ciencia. Antiguamente se reunían en las mezquitas, pero las persecuciones y las críticas por parte de algunos ‘ulama y/o gobernantes, les hicieron replegarse a las zawiyyas.

Es más, siempre los maestros sufíes han trabajado codo con codo con la población musulmana, siempre han amado, luchado, llorado y alegrado con ellos, haciendo bueno el dicho del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – , que todos somos hermanos en el Din.

Nuestros maestros se han levantado antes que nadie, han limpiado los establos en las zawiyyas donde había animales, han cargado con sacos de leña y otras cosas, han cocinado para los fuqara, porque el estado del šayj es el perfecto maqam de ‘abd: servidor de Allah, y un siervo de Allah no puede enorgullecerse delante de nadie, ni hacerlo de sí mismo delante de Allah.

Aquel quien nos aconseja la humildad debe ser el primero en ser humilde.

Lo exterior y lo interior se encuentran estrechamente ligados entre sí. De tal manera lo están que todos nuestros actos en el exterior tienen su reflejo en el interior y viceversa.

¿Cuál es el hilo conductor que liga entre sí dos mundos aparentemente inconexos debido a nuestro desconocimiento de uno de ellos? El hilo conductor es el Tawhid y la energía es la Luz.

Allah es la luz de los cielos y la tierra

Fijaos bien, por favor, en un pequeño detalle: cuando desarrollamos actividad durante el día estamos o creemos estar en el mundo del exterior. Sin embargo, cuando dormimos, el alma sale de nosotros y viaja por los siete cielos, trayéndonos a veces noticias de ellos mediante los sueños rabbani, criptados, pues deben tomar una imagen que el cerebro pueda aceptar. Una misma persona comparte los dos mundos simultáneamente. Son únicamente nuestras capacidades sensoriales las solas que nos impiden percibir las realidades ocultas durante el estado de vigilia.

La única cosa que impide a la persona que caiga el velo de la limitación de las percepciones a las facultades sensoriales es la opacidad del corazón debido a la suciedad la cual se encuentra en nuestra nafs.

Resumiendo pues, la dicotomía esoterismo-exoterismo no existe en realidad. Simplemente se trata de diferentes niveles de comprensión de la verdad única y trascendente: El Tawhid.

ORIENTE Y OCCIDENTE

El tema de Oriente y Occidente es recurrente y se convierte en una de las bisagras las cuales vehiculan su obra sobre  el eje sempiterno de la “tradición primordial” (irónico).

Tan importante fue para Guénon esa dicotomía que escribió un libro titulado así, afín de aportarlo como prueba convincente de la autenticidad de su doctrina bien amada.

Según él, los orientales son aquellos cuyas religiones han sido una extensión más o menos directa, con sus adaptaciones inherentes a los tiempos, de esa “tradición primordial” que con tanta originalidad se inventó. Doctrinas, la mayoría de ellas sin Šari’a como el Buddismo, la Vedanta y el Taoismo, eran tan puras que no se podrían mezclar con algo tan burdamente manifestado como una ley religiosa, siempre según él, por supuesto; creo que no es necesario recordar que era francés.

Estos postulados nos recuerdan tanto a aquella torre famosa de Babel que se nos hace difícil mirar para otro lado.

Parece ser que Guénon no aceptaba el cuerpo que Allah le había dado, y sin alas, quería volar en las alturas de la inmensidad. Qué curioso, a todo el mundo le gusta recibir la paga sin trabajo, y él era empresario, y además del vino. En ello Guénon, quien cobraba buenas rentas de sus bodegas, no se diferencia en nada de esa generación de niños ricos new-age quienes se creen tener derecho a todo por ser ellos quienes son.

Por supuesto, Guénon otorgaba a los susodichos orientales una inteligencia y capacidades de concentración, tan grandes, que ellos, los súper cualificados orientales, nos daban miles de vueltas a nosotros los pobrecitos occidentales, tan débiles y tan poco cualificados.  En lo que no reparó, o no quiso reparar el personaje, es en que eran “tan inteligentes” que necesitaban prosternarse delante de los ídolos, mientras los descalificados musulmanes no los necesitábamos para aproximarnos a Allah. ¿Dónde está pues aquí esa pretendida superioridad? ¿No os parece que el haber pasado este hecho por alto releva de una falta de buena voluntad de nuestro autor? Es más ¿cómo pretender poseer luces viviendo de las rentas del vino?

Parece ser que el personaje debía imprimir una nota de fuerza en sus convicciones a fin de estar seguro él mismo y asegurar a los demás; ello a fuerza de escuchar todos los días la misma melodía a fin de que quedara grabada a sangre y fuego en nuestras mentes. Ni que decir tiene que haciendo creernos a los pobres occidentales tan poco cualificados, nos predisponía a ponernos en manos de nuestros padres espirituales (los orientales) a fin de que nos ayudaran a digerir ese alimento primordial, el cual, nosotros, tan minúsculos, no podíamos ni sabríamos consumir solos. ¿No os recuerdan estos planteamientos a aquellos los cuales forman la base de una secta?

A todos estos entusiastas de Guenon y sus doctrinas orientales habremos de recordarle las palabras de la santa musulmana Rabbi’a Al Adawiyya – que Allâh esté satisfecho de ella – quien dijo:

“El brebaje que preparamos nosotros es destinado únicamente para el estómago de los elefantes, y no para el de los mosquitos” 

El brebaje imbebible de Guénon ni tan siquiera un mosquito podía probarlo sin caer paralizado presa del veneno que contiene. Pero las moscas no dan miel, y nada comparable es un díptero del espíritu como él con un elefante del saber como era Rabi’a

Siguiendo con el mismo tema, para Guénon, la “tradición cristiana” formaba parte de Occidente y era solamente una expresión muy degenerada de su “tradición primordial”. En cuanto al Islam, se encontraba a medio camino entre Oriente y Occidente. El Islam no era tan avanzado como sus doctrinas orientales pero sí lo era más que el cristianismo. Guénon encontraba únicamente interesante el Islam por su aspecto sufí. Poco le importaba a él una ley religiosa, la cual era fastidiosa para los cualificados, aunque reconocía su utilidad solamente teniendo en cuenta el punto de vista de que ella era válida para aquellos quienes, no siendo capaces de seguir las doctrinas orientales expresadas, podrían encontrar en aquella un medio de vincularse de alguna manera a su súper religión y de esta manera tener la gran suerte de recibir un poquito de “baraka”.

Llegaba aún más lejos en su análisis cuando manifestaba que la descalificación occidental llegaba incluso a manifestarse en la raza, siendo para él, la raza blanca la más débil de todas las existentes en el mundo, tanto corporal como psíquicamente; cómo no, espiritualmente. Guenon era incluso contrario a la mezcla de razas mediante el matrimonio. Inclusive para aquellos occidentales quienes se habían vinculado a alguna doctrina oriental, él les concedía el derecho a ser una excepción de la regla, tan extraordinaria que no llegaba a alterar ésta.

Pero ¿qué dice el Islam de todo ello? Tan simple es rebatir estas ideas como incomprensible que tantas personas se hayan quedado cautivadas de nuestro personaje hasta el punto de abandonar el Islam. Pudimos comprobar esto con una veintena de personas quienes apostataron después de haberse vinculado a un šayj sufí después de que hubieron de sufrir la muerte de éste. Es preciso comentar, que su comportamiento arrogante con dicho šayj, recibió unas enérgicas críticas por parte de éste en cuanto a su más que posible expulsión de la tariqa la cual frecuentaban.

He aquí un ejemplo del mal que está haciendo e hizo esta nefasta doctrina del perennialismo, la cual, como ya lo hemos expresado antes, tiene todas las bazas de ser un preludio se la religión mundial con la cual el Daŷŷal intentará corromper el mundo.

El Qur’an, antes bien, reconoce a la comunidad de Banu Israil como la comunidad elegida sobre todas antes de la venida de sayyidina Isa. Una vez el cristianismo unitario se extendió, Allah en el Qur’an da a éste prioridad sobre el judaísmo. Luego, el concepto de comunidad elegida pasa a la de los cristianos unitarios.

A la venida de Rasul – sobre él la plegaria y la paz – la Revelación nos indica cómo nosotros somos la comunidad elegida por Allah, entre otras cosas, y, esto es muy importante, porque ordenamos lo establecido y prohibimos lo reprobable.

He aquí pues un manifiesto de la importancia de la Šari’a. Pero a esto nos aplicaremos a fondo en nuestra próxima entrada sobre la iniciación-realización.

INICIACION Y REALIZACION

Continuamos con nuestro análisis del perennialismo guenoniano cuestionando los términos iniciación y realización. Si bien dichos conceptos forman parte de la realidad del fenómeno masón, ambos no se corresponden en modo alguno con realidad alguna dentro del sufismo auténtico, el cual durante trece siglos ha ocupado un lugar de honor en la civilización musulmana, dirigiendo con sus consejos a los sabios religiosos de la comunidad.

Según nuestro personaje, la iniciación es un rito de entrada en una “organización esotérica tradicional”. Dicho rito se le antojaba necesario, e incluso, era para él, portador de un simbolismo sagrado a través del cual la persona iniciada era puesta en contacto con las fuerzas espirituales, las cuales deberían intervenir en lo sucesivo a fin de transportarle hacia la realización; la premisa sine qua non era que dicho iniciado presentara los requisitos exigidos en materia de cualificación personal.

La realización consistía en realizar uno de los dos estados principales considerados por él, a saber: “Los misterios menores y los misterios mayores”, siendo el primero un estado de realización dentro de lo que él consideraba el Ser, y el segundo, la gran realización, estado en el cual el ser humano se desnudaba de todos sus atributos creados a fin de integrarse en lo que Guenon llamaba la Unidad con el Principio Inmanente cuya esencia se encontraba en el no-Ser.

Por supuesto que esta exposición es somera y puede ser tachada de incompleta; en realidad lo es, por razones de espacio, pues si quisiéramos hacer un examen detallado deberíamos escribir un libro, cosa la cual no nos tienta en absoluto, ya que con estas explicaciones resumidas, sin duda conseguiremos nuestro objetivo, que no es otro que demostrar sobradamente lo erróneo de la doctrina del Perennialismo. No sin ironía podemos decir, que nuestros escritos son claros y fáciles de comprender, incluso para aquellos a quienes nuestro personaje llamaba “no cualificados”, desmontando así la muy francesa tesis de la élite intelectual superior.

Desde el punto de vista del sufismo todo es bien diferente. Sí existe un rito o, podríamos decir, ceremonia, mediante la cual, el aspirante al maqam (murid) se vincula a la sílsila de la tariqa a través del šayj quien a su vez le pone espiritualmente en contacto con el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Ahora bien, a fuer de ser veraces, podemos decir sin lugar a equivocarnos, que el rito en sí mismo no es fundamental ni estrictamente necesario. Lo verdaderamente necesario es el consentimiento, tanto por parte del šayj como del aspirante, por parte del primero a admitirle en la tariqa y por parte del murid en aceptar las condiciones inherentes a la práctica espiritual. Son pues esencialmente ambas voluntades las cuales son registradas por Allah en Su infinito Conocimiento.

Es muy importante poner en relieve que en el caso del sufismo el hilo conductor de la andadura en la tariqa es la Mahabba (Amor). Dicho amor, aun teniendo correspondencia y reflejo en lo mundano, releva de una aceptación divina en primera instancia, a fin de que siendo amado por Allah el discípulo pueda amarLe a su vez, devolviendo ese Amor divino el cual recibe, a su fuente original.

Sin duda, existen muchos más elementos a analizar en este ámbito. Remitimos para ello a nuestras entradas tituladas “Consideraciones sobre el maqam”; sin embargo, en este momento nos centraremos únicamente en una figura representada en los escritos de Réné Guénon como el culmen de su doctrina de la realización.

Para él, la representación simbólica de la realización espiritual era un vórtice el cual desde lejos podría ser percibido como un cono en su posición normal, es decir, con su cúspide en lo alto. El autor pretendía que este símbolo poseía un carácter sufí. A dicha cúspide se accedía girando en espirales. Cada espiral es horizontal, despegando ligeramente de la base a fin de encontrarse con la espiral superior inmediata, y así sucesivamente hasta llegar a la cúspide, la cual Guénon situaba en el límite entre el Ser y el No-Ser.

Curiosamente, y por ello estamos convencido de que Guenon copió el concepto, el šayj al-Alawi había precedentemente hablado de esta figura. Sin embargo, Guénon la invirtió.

Con esto queremos decir que el šayj al-Alawi consideraba el punto de partida en la base como un punto del cual nos separamos girando en espiral. Cada espiral conecta con la superior, elevándose hasta encontrar una última y enorme espiral cuyo límite es el “sidrata muntaha” (azufaifo del confín), al cual únicamente pudo elevarse Rasul – sobre él la plegaria y la paz – . En el momento en el cual el gnóstico ha llegado a su maqam, siempre que éste sea el de un maestro cualificado en la vía del Tasawwuf, se encuentra obligado a descender de nuevo con el fin de poder tomar a los discípulos de la mano y poderlos elevar al maqam que a cada uno le corresponde según lo que se encuentra escrito en su libro del Destino. En dichos estados no existe división alguna entre pequeños y grandes misterios, sino que antes bien nos encontramos frente a dos otros conceptos muy diferentes llamados “Paz” “Gran Paz”. El primero de los términos designa el maqam predestinado para el discípulo, aunque éste no fuere muy elevado. Sin embargo, al haber llegado a su límite, muchas de las tensiones presentes durante su andadura desaparecen al haberse acabado su tendencia ascendente de estado en estado. El segundo término: “Gran paz”, designa el estado de aquel quien ha alcanzado un maqam en el cual su nafs ha sido expuesta a la muerte. No solamente esto, sino que una vez la nafs extinguida, se haya alcanzado el estado en el cual se es capaz de guiar a otros.

¿Os dicen algo estas vueltas en sentido contrario al de las agujas del reloj? ¿No os recuerdan al Tawaff realizado alrededor de la Casa Sagrada de Makka? He aquí pues una explicación de envergadura para aquellos quienes se pregunten sobre el significado de estos giros sagrados alrededor de la Ka’aba, corazón de la tierra y signo de la Presencia Divina (Sakina).

Habiendo explicado el recorrido a través de dicha figura cónica invertida, debemos significar que en la doctrina sufí-islámica no existe correspondencia alguna con las términos Ser y No-Ser en el sentido en el cual Guénon los explica en sus escritos.

En realidad, el sufismo siempre hace hincapié en la condición de ‘abd (siervo de Allah) de aquel cuya nafs ha sido vencida y ha “muerto antes de la muerte”. El “Fana” (extinción del ego en la realidad divina) hacen que de alguna manera el siervo “no-sea” ante su Señor. Al contrario Allah siempre “es”, tanto en Su proximidad al mundo como en Su Inmanencia, independiente de aquello lo cual El Mismo ha creado. De alguna manera Allah es el “Ser” dotado de infinitos atributos de los cuales se han expresado 99, y el siervo y todo lo creado es el “No-Ser”, pues ninguna existencia es posible sin Su Presencia en cada una de las partículas de aquello lo cual Él ha creado por y para El Mismo.

Allâhu nuru-s-samawati wa-l-‘ard  (Allâh es la luz de los cielos y de la tierra)

Dicha luz se encuentra presente en cada una de las partículas de los seres creados, sea en el mundo manifestado, sea en el mundo oculto para el común de los mortales. Cada uno de nosotros percibe de ella lo que es capaz según sus capacidades. Es precisamente la práctica del Ihsan con la ayuda de un maestro experimentado la cual nos va haciendo, paso a paso, capaces de soportar la claridad de esa luz presente en todos los mundos.

TRADICION O REVELACION

Vamos a finalizar con las reflexiones acerca de la obra de Guénon refiriéndonos a un término recurrente utilizado por él mismo como eje central de su doctrina. Nos referimos a la palabra “tradición”.

Réné Guénon intenta convencernos de lo justificable de la razón por la cual había escogido este término a fin de explicar su teoría de la Súper tradición primordial. Y aunque intenta decirnos y repetirnos hasta la saciedad las razones de su decisión, al menos para aquel quien se encuentra escribiendo aquí, no consiguió ser convincente.

Es extraño contemplar como aquél quien tanto se preocupó en hacernos comprender la necesidad de seguir un camino proveniente de la revelación divina (no-humana, como le gustaba decir), quien pretendía plantar la semilla para una recuperación intelectual-espiritual del mundo, fuera precisamente a escoger el término más “humano” de todos aquellos los cuales podrían entrar en liza como candidatos a representar la transmisión espiritual. Precisamente, según comprendemos nosotros, el único término el cual no se encontraba en correspondencia con aquello lo cual se quería representar a través de él. Un término de raíces y connotaciones puramente humanas, contrariamente a aquello lo cual nuestro autor intentaba demostrarnos, a pesar de que, como lo explicó en numerosas ocasiones, no había encontrado otro más adecuado.

¿Podríamos pensar que nuestro autor no conocía suficientemente su lengua para no encontrar otro término más apropiado? Creemos que no: si bien en su obra la riqueza semántica y sintáctica brillan por su ausencia, los otros términos candidatos a la elección no se encontraban tan lejos del lenguaje vulgar. Es más, existían palabras más propicias a fin de indicar una idea de ese pretendido calibre.

Un servidor aquí se inclina a pensar que todas esas pretensiones de Guénon de desligarse de lo humano, sobrepasarlo y mirar hacia lo trascendente, no eran producto de otra cosa que de la aspiración humana a superarse a sí mismo y a los demás, como así lo demuestra su otro término bien amado: “élite”.

Es decir, su doctrina consistía en una humanización de lo espiritual y no en una espiritualización de lo humano. Ello lo demuestra su vórtice cónico donde la base más extensa se encontraba en lo humano y la cúspide en lo divino, mientras en realidad la gran extensión se encuentra en lo inmanente y la pequeñez en lo humano. En el fondo Guénon apostaba por un superhombre, superdotado, formando parte de una élite exquisita; un cuadro que se asemeja a algo así como una aristocracia espiritual.

Esta aspiración, confesada indirectamente en su apoyo a la inhumana sociedad de castas hindú, y en su preferencia “intelectual” por la “inteligente” raza aria, podría pasar desapercibida al primer análisis. Por supuesto, no lo pasa para aquel quien desea profundizar más y analizar las cosas sin pasión y con completa objetividad.

Existe un término utilizado frecuentemente para designar el descenso de las voluntades divinas al género humano. Este término, aunque utilizado frecuentemente, no deja de ser el mejor posicionado para indicar la trascendencia de las voluntades de la divinidad, así como del punto de procedencia de las mismas. Este término es: “Revelación”.

Su significado es el de una comunicación y transmisión de la divinidad (Allah) a la especie humana de un camino el cual ésta debería seguir a fin de, sea culminar en la extinción de la persona y posterior unidad con la Unicidad divina, sea llegar a recibir una recompensa eterna. En el Islam ese camino se llama Din, y esta palabra no podría ser nunca traducida por “tradición”, puesto que tanto su punto de partida y su punto de retorno se encuentran ambos en lo trascendente.

Ciertamente de Allâh somos y al El habremos de retornar

La palabra Din, probablemente no deba ser traducida por religión, de ahí el rechazo innato de los musulmanes a traducirla así. Vemos en ella, tanto un conjunto de normas transmitidas por lo divino, aparentemente humanas, así como un camino a fin de que el ser humano pueda despojarse de sus trabas psicológicas y del alma (nafs) para integrarse en un mundo trascendente. Evidentemente el término religión no puede traducir esto, como tampoco puede hacerlo la palabra “tradición”. Abogamos por el término “revelación” (risala) el cual es el menos mal posicionado, y a su vez el más adecuado a fin de representar un conjunto de elementos de orden divino que sirvan de guía a la humanidad. Y no solamente a la humanidad, pues como lo dice Allah en Su Libro luminoso (Qur’an):

No he creado a los hombres y a los genios sino para que Me adoren

La palabra “tradición” es a menudo utilizada a fin de traducir Sunna. El principal significado de este término es el de costumbre; sin embargo, como el primer uso de esta palabra fue por parte del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, su ámbito ha quedado reducido únicamente para indicar el conjunto de hadices los cuales nos hablan de los hechos y palabras de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -.

Como la palabra “costumbre” es un término bastante débil para traducir la palabra Sunna, algunos han preferido traducirla por “tradición” añadiendo …del Enviado de Allah, a fin de separarla de cualquier otro significado al que pudiera referirse este término, el cual aisladamente no refleja otra cosa que transmisión de orden humano de costumbres antiguas o ancestrales a través de los tiempos.

Nuestra intención al entrar en este análisis lingüístico no es otra que la de desvelar que el origen de la doctrina de nuestro personaje era mucho más humano de lo cual él mismo pretendía.

Consideramos haber descubierto un filón el cual, poco a poco, y tirando de la madeja, nos puede llevar a los orígenes, y muy probablemente al objetivo y razón de ser de nuestro personaje, es decir: “La Masonería”.

CONCLUSIONES

Como colofón del pequeño análisis que hemos realizado sobre la obra de Guénon, considero que debemos dar algunas explicaciones.

En principio, quisiera expresar que nos reafirmamos en todo lo expresado. Ahora bien, de nada hubieran servido todas estas explicaciones sino hubiera una finalidad detrás de ellas. La hay, y ella consiste en nuestro desvelo por salvar a la Ummah de Muhammad de estas ideas, las cuales, tomadas al pie de la letra y llevadas a sus últimas consecuencias, podrían llevar, como de hecho así ha sido en más de una ocasión, a la apostasía.

Las críticas emitidas antes de esta nuestra, al menos las que conocemos, aunque contrarias hacia este movimiento, probablemente hayan sido demasiado académicas; debido a esto los perennialistas se han frotado las manos al ver dichas críticas en su campo de batalla “el academicismo”, propicio para el juego de las palabras, argucias y estrategias. Por ello nosotros no íbamos a ser tan “inocentes” de caer en su trampa y les hemos abordado desde donde no esperaban, es decir: desde un lenguaje de crítica periodística, desvelando mediante él todas y cada una de las muchas miserias que acarrea dicha doctrina.

El guenonismo puede llegar a ser una peligrosa droga la cual puede hacernos llevar a creer que cualquier religión sirve para adorar a Allah y que nuestra religión es una de tantas otras las cuales existen en un universo global.

Probablemente la debilidad del Iman de algunos les lleva a buscar experiencias raras y palabras engañosas. No en vano nuestro Profeta – sobre él la plegaria y la paz – debió tener que decir:

En los últimos tiempos habrá gentes quienes pronuncien palabras como los ángeles y sus corazones  sean como el de los lobos.

¿Qué hubo de ver nuestro Profeta para que con un carácter misericordioso como el suyo debiera llegar a decir que los corazones de algunos llegarían a ser como el de los lobos? ¿No encontráis que estas son palabras mayores las cuales requieren para nosotros conducirnos con el mayor de los cuidados y las cuales nos ponen en guardia contra las palabras de cualquier advenedizo quien quisiera hacerse pasar por sabio?

¿No debe producirnos congoja el hadiz del Profeta que dice que llegarán unos tiempos donde las gentes hayan olvidado la religión y haciendo alarde de memoria digan: “Escuchamos a nuestros padres que decían La ilaha illa-l-Lah Muhammad Rasulu-l-Lah”, relegando a esto todo su conocimiento de la religión? ¿Acaso pensamos que no tenemos responsabilidad alguna con el Islam?

No es necesario ser muy inteligente para comprender que dichas doctrinas constituyen el regocijo de aquellos quienes, dándose perfecta cuenta de la supremacía del Islam, desearían hundirlo y separar a las gentes de él.

Aquellos quienes con sus ideas lesivas lanzan a la apostasía a la gente no pueden ser aliados sino de los enemigos del Islam. Palabras de miel y corazón de lobo. Aquel quien invita a los musulmanes a la apostasía no puede ser otra cosa que nuestro enemigo declarado.

Sí hermanos, aquellos quienes buscan dañar nuestro Din. Y nosotros, cándidos y mansos hemos caído en sus redes; ya sea a través del perennialismo o seudosufismo, ya sea a través del salafismo y wahabismo, nacidos todos ellos para aniquilar el Din.

¿Dónde está nuestra inteligencia? ¿Dónde nuestro amor al Islam que tanto nos ha dado?

Os dejo estas reflexiones. Un servidor no gana nada con esto, ni pide salario alguno. Antes bien, hemos dejado en estas entradas una parte de nuestra energía y nuestro tiempo. Fi sabili-l-Lah.

Nos duele ver nuestro Din dañado a derecha y a izquierda. Nos asombra ver la escasa defensa que tiene. Escasa, pero loable.

Decidme hermanos: ¿Dejaremos entrar al ladrón en la casa para que la desvalije toda? ¿Seguiremos ocupados en políticas estériles? ¿O tomaremos la pluma y la palabra para defender el Din como muŷŷahidin?

No olvidemos: el Ŷihad de estos tiempos es la lucha contra la ignorancia y la mentira. Ambas son el enemigo más declarado del Islam. Y el enemigo no duerme.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karim Mullor

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