EL HIYYAMA – TRATAMIENTO PROFETICO PARA LA SALUD

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia

Y la Plegaria y la paz perfecta sean sobre Muhammad, su familia purificada y nobles compañeros

PRESENTACION

Me he permitido extraer para vosotros un capítulo de la traducción que hice sobre “La Medicina del Profeta Muhammad”, obra esta del célebre Imâm egipcio Yalaluddin Suyutí.

Este tratamiento, además de ser extraordinario para diferentes clases de enfermedades relacionadas con la circulación sanguínea, así como con los problemas de huesos y articulaciones, resulta milagroso para atenuar los problemas de alergia. Esto último lo he experimentado en persona, ya que precisamente en estas fechas nos encontramos en la época álgida y los síntomas han disminuido de tal manera que solamente puedo sentir el 20 por ciento de ellos.

El Hiyyama es Sunna, recordémoslo; y el mejor médico que ha conocido la Humanidad ha sido nuestro santo profeta Muhammad – sobre él la oración y la paz -.

Abdul Karim Mullor

– Sangía (o flebotomía) y ventosas

Al ḥiŷama y al Faṣd

La sangría y la aplicación de ventosas son medios de conservación de la salud, así como de medicación. El Profeta ha recomendado el uso de ventosas: “El mejor tratamiento que podéis practicar es el empleo de ventosas y observar la templanza”[1].

A cualquiera que se quejara de cefaleas el Profeta le aconsejaba: “¡Te recomiendo la ḥiŷama!”[2]

Para el dolor en los pies, él decía: “Teñidlos de alheña”.

Las ventajas de estas recomendaciones se repiten hasta el infinito.

Es así que la flebotomía ha sido recomendada por el Profeta, cuando mandó buscar un médico, para Ubay Ibn Ka’ab, quien le cauterizó y sangró la vena.[3]

En cuanto a la aplicación de ventosas se refiere, su efecto se limita a la superficie del cuerpo. La sangría, al contrario, extiende sus efectos en el interior del cuerpo.

El uso de ventosas se encuentra más indicado en los países cálidos y la sangría lo es en los países fríos.

Hay que evitar aplicar las ventosas durante el baño, excepto cuando la sangre de la persona es espesa. En ese caso, la persona entra en el baño y algunos instantes después se le aplican las ventosas.

No está recomendado aplicar las ventosas a un individuo cuando se encuentra saciado. El Profeta dijo: “Las ventosas o la sangría, si se aplican en ayunas, son una medicación; aplicados después de comer, son dañinos.”[4]

Asimismo, no apliquéis las ventosas a un anciano de avanzada edad ni a un niño.

El Profeta ha dicho: “Las ventosas aplicadas cuando la persona se encuentra en ayunas son un medio de cura y de bendición.”[5]

Su efecto es el de incrementar la memoria y la inteligencia.

Colocadas en el mentón son ventajosas en odontología y para los dolores faciales. En las piernas son útiles en caso de erupciones forunculosas en los muslos, en los dolores de la gota, en caso de hemorroides, dolores y de pruritos lumbares. En una palabra, los beneficios que procura la aplicación de ventosas son numerosos; sin embargo, aplicadas sobre la cavidad estomacal producen como resultado el oscurecimiento de los recuerdos.

Se ha dicho que no es conveniente pagar un salario a aquel quien aplica las ventosas. No obstante, el Profeta pagó a un individuo que se las había aplicado.[6]

Los lugares de aplicación son numerosos. El santo Profeta se hizo aplicar las ventosas, por ejemplo, en la cabeza por una cefalea[7], y según otra transmisión, para una hemicránea paroxística. Se las hizo asimismo aplicar sobre las dos venas posteriores y laterales del cuello, sobre la vena occipital debajo de la nuca, sobre el bregma y sobre el talón.

En cuanto a los días más convenientes para la aplicación de ventosas, el Profeta ha dicho: “Quien se hace aplicar las ventosas el 17, 19 y 21[8] de cada mes, se preserva de todo mal.[9]; es decir, de las enfermedades que pueden ser causadas por la plétora sanguínea.[10]

Quisiera indicar que en lo que concierne a estas diversas indicaciones sobre los tiempos desfavorable, no queremos hablar de otra cosa que de la aplicación de ventosas a los individuos que no están enfermos. Pero cuando existe una enfermedad o una necesidad, no se debe tener en cuenta tal o cual día, sino que cada vez que existe un tipo de agitación a nivel de la sangre, se puede recurrir a las ventosas en cualquier momento del día.

Un cierto Abu Musa no se aplicaba las ventosas sino después de caer la noche.

Las primeras ventosas procedían de Ispahán. Según dicen los médicos las ventosas deben aplicarse cuando la luna comienza a declinar y el sangrado debe practicarse en el periodo de luna creciente.

Sabed que la sangría, siempre que se recurra a él de manera imprevista o en caso en el que no exista necesidad, tiene como efecto inmediato debilitar las fuerzas y hacer perder gradualmente el humor indispensable, esenciales para la vida.

Guardaos de practicar la sangría y de aplicar las ventosas sobre:

El enfermo de cólera

El convaleciente

La persona curvada por la vejez

La persona cuyo hígado o estómago está débil o que padece hinchazón en la cara y en los pies.

La mujer encinta, o seguidamente al parto, o la mujer que tiene sus menstruos.

La hora de elección para la sangría o la aplicación de ventosas es la segunda o la tercera hora del día contando doce horas desde la puesta del sol, ya que para los musulmanes el día comienza a partir del momento en el que el disco solar ha desaparecido en el horizonte.

En cuanto a las estaciones del año se refiere, la regla es la siguiente:

La aparición de la primavera es la época de las sangrías, de las evacuaciones, de los calmantes generales y de la copulación repetida.

El verano es la época en la cual conviene alimentarse con alimentos fríos que repriman la bilis, usar raramente el coito, abstenerse de evacuaciones sanguíneas y multiplicar el uso de baños.

En otoño, temed las mañanas frías, los mediodías cálidos, todo aquello que pueda engendrar la atrabilis y bañaos frecuentemente.

Recibid el invierno añadiendo a vuestros vestidos externos una dieta de alimentos tónicos y fuertemente nutritivos, diversas clases de zarid. El Profeta ha dicho: “A’iša aventaja a las otras mujeres, a-z-Zarid es superior a los otros alimentos. El es el plato bendito del cielo”[11]

En invierno comed más cantidad de carne. Guardaos de las purgas, de las evacuaciones sanguíneas, de los vómitos. Es el tiempo de realizar ejercicio y multiplicar el coito.

[1]     Nasa’i y Ahmad. La otra versión aportada por los dos Sahih (Bujari y Muslim) se limita a la palabra del Profeta: “El mejor tratamiento que podéis practicar es el sangradola sangría”.

[2]     Ahmad y Abu Dawud.

[3]     Aḥmad y Abu Dawud.

[4]     Recopilado por Ibn Maŷah.

[5]     Recopilado por Ibn Maŷah, y juzgado saḥih.

[6]     Recopilado por Al Bujari, Muslim, Ibn Maŷah, A-t-Tirmidi y Abu Dawud.

[7]     A-s-Suŷuti en su Ŷami’-s-Ṣagir.

[8]     Se refiere al mes lunar.

[9]     Esta versión es recopilada por Abu Dawud. Existen otras versiones que indican los días únicamente, recopiladas por Aḥmad, Abu Dawud, A-t-Tirmiḍi, Ibn Maŷah y otros.

[10]   O abundancia excesiva de sangre.

[11]   Mezcla de carnes y de trozos de pan, sazonados con la salsa de la carne y con caldo, sal y pimienta.

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