LOS SOFISTAS EN EL ISLAM – EL DISCURSO DE DOBLE FILO

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, el sello y corona de los profetas, así como su familia purificada y sus nobles compañeros.

Hemos explicado a lo largo de esta Recitación todo tipo de ejemplos para los hombres, sin embargo el hombre es lo más discutidor que existe (Corán 18-53)

¿QUE SON LOS SOFISTAS?

Para quien haya leído alguna vez a Platón dicho término no resultará desconocido; sobre todo en lo que se refiere a los Diálogos de Sócrates, donde aparecen los sofistas tan a menudo. Estos eran gente que dominaba el arte del argumento; no obstante, sus razonamientos no se apoyaban sobre nada sólido, teniendo como finalidad anteponer un sofisma a otro a fin de que triunfara el más original. No se trataba pues de argumentar con la verdad, sino con medias verdades y falsedades a fin de dejar al adversario sin nada que decir.

Algo parecido al arte del engaño disuasorio el cual es utilizado con más o menos éxito por los políticos y profesionalizado en el mundo de la publicidad. Y puesto que fueron ellos los que condenaron al hijo de Sofronisco y Fenareta a morir ajusticiado, no pretendemos, a la vista de aquello que vamos a expresar, correr mejor suerte; aunque, a decir verdad, nos salvaremos de tomar la cicuta debido a las circunstancias de los tiempos; si bien, siendo sincero, no parece que podamos alcanzar ese lugar de privilegio que los antiguos griegos reservaban a sus “viejos” “sabios”; cosa que Sócrates, no sin falta de humor, reclamó a los sofistas en lugar de su pena de muerte. Si habéis tenido ocasión de leer “La Defensa de Sócrates” de Platón, sabréis de qué estoy hablando.

Pero ¿qué hacen estos sofistas en el Islam? Como hemos dicho, el sofista es el maestro del engaño, una persona que vende una apariencia de verdad como si de una verdad se tratara, argumentando de tal manera que las personas no cultivadas ni informadas no sepan distinguir entre lo que es verdadero o falso. Sus palabras son una especie de espejismo en el desierto de la ignorancia; un engaño visual para aquellos sedientos de llenar el vacío de sus mentes y espíritus.

Uno de los axiomas de estos sofistas, el cual nos ha divertido bastante, por lo infantil de la propuesta, es decir que no hay que confundir la Sunna con la costumbre del profeta – sobre él la plegaria y la paz – . Yo me pregunto qué es la Sunna para esta persona, o en qué desea el convertirla. Pero si ya pueril e infantil el axioma es, los argumentos para llegar a él no son menos infantiles y convenientemente aderezados con un punto X de malicia. Vayamos a ello.

LA SUNNA – COSTUMBRE Y PALABRAS DEL PROFETA MUHAMMAD

El argumento débil al que nos referíamos es concluir que la Sunna no coincide con las palabras y obras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ya que, por ejemplo, en ocasiones, Rasul daba consejos a otras personas, y estos consejos eran de orden puramente personal y/o circunstancial; esto último en principio es cierto, aunque la conclusión que se quiere extraer de ello sea desatinada y, a veces, provista de una falta de objetividad y honestidad; dado el hecho de que las mismas personas utilizan este argumento para “decir basarse en el Qur’an”, cuando en realidad esto último no es sino una excusa para utilizar el Libro de Allâh a fin de interpretarlo como ellos quieran y deseen.

El argumento raya la ignorancia completa cuando lo mismo que achacan a la Sunna, es decir la singularidad o personalidad de un hecho, podría hacerse con el mismo Libro de Allâh, y no lo hacen. No solamente podría, sino que en aras de hacer honor al mismo principio de pensamiento, debería ser considerado de la misma manera. Porque en el Qur’an también existen circunstancias y mandatos de orden personal o colectivo destinados a personas o grupos, que antes existieron y ahora no; no es necesario decir que las circunstancias de los tiempos han cambiado de una manera prodigiosa.

Cualquiera que haya estudiado solamente un poco el Qur’an debe saber que algunas aleyas han descendido para hechos particulares que nunca se repetirán en el transcurso de la historia. Este hecho es estudiado en una ciencia nombrada “Asbab a-n-nusul” (Fuentes o causas de la Revelación). Tal es el caso de la calumnia sobre Aˤiša, la esposa del Profeta; asimismo con los tres que se quedaron rezagados y no fueron al ŷihad; lo referente a la batalla de Badr, el trato dado a los hipócritas de Madina, etc.

Ahora bien, cualquiera con un mínimo de inteligencia y formación podrá concluir que estos mismos acontecimientos son universales en el sentido de que pueden ser extrapolados parcialmente a sucesos parecidos, cuya naturaleza pudiera ser paralela, aunque fuere parcialmente, a la naturaleza del hecho presentado en el Qur’an. Y si esto es así para el Qur’an, es exactamente igual para las obras del Profeta, ya que podemos aplicar el principio del comportamiento profético con tal o cual persona, en tal o cual circunstancia, a acontecimiento futuros similares de orden personal o social de una manera exactamente equivalente. Todo ello habida cuenta de que el Qur’an nos obliga a obedecer al Profeta y a tomarle como ejemplo.

Todo lo que acabamos de expresar fue comprendido a la perfección por Ibn Ḥayyar al Asqalani quien en su obra “Fatḥu-l-Bari” realizó un análisis exhaustivo de cada uno de los hadices presentes en el Saḥiḥ Bujari; hecho este que muy pocos conocen en la actualidad.

En cuanto a la adecuación de los principios coránicos y de la Sunna a otras circunstacias, estas son las bases precisamente de una ciencia del Fiqh llamada Qiyas (Analogía) cuyos principios se construyen en la toma de referencias basadas en acontecimientos, palabras, hechos o mandatos procedentes del Libro de Allâh o de la Sunna; acontecimientos los cuales son directamente explicados en las fuentes y que pueden ser aplicados a situaciones análogas en la actualidad, para hechos concretos; siempre, por supuesto que no exista un mandato, prohibición o consigna claros al respecto.

Precisamente quienes apoyan esta clase de ambigüedades citadas más arriba, por otra parte, se dicen partidarios de seguir el curso de los acontecimientos y adaptarse a ellos para tomar decisiones de orden legal, obviando a conciencia de que ya existe una ciencia al efecto, a la cual acabamos de hacer alusión, así como un hadiz que nos explica que al principio de cada siglo Allâh enviará a alguien de la ‘Umma para renovar la religión.

Efectivamente, como en la época de Platón, los fines perseguidos por los sofistas son turbios y nada han de ver con la búsqueda de la verdad. Siempre ellos detrás de los intereses personales y de levantar delante y detrás suya toda clase de ruido y pompa, pues como dijo el santo Profeta – sobre él la plegaria y la paz:

“El Diablo está en el zoco”

 

¿EN QUE CONSISTE UNA RENOVACION?

En toda evidencia no se pueden aplicar a la letra ni los preceptos coránicos, ni los preceptos y consejos de la Sunna en un tiempo como este, al igual que se hacía en los tiempos de la Revelación y en las generaciones inmediatamente posteriores. Es evidente que ahora no podemos cortar la mano al ladrón o que no podemos rezar a la hora si nos encontramos trabajando en una sociedad no musulmana. Ahora bien, sí podemos aplicar los principios en los que se basan dichos mandatos de una forma lo más adecuada posible. Y puesto que hemos citado como ejemplo dos casos concretos, habremos de decir para ambos que siempre se puede prohibir el robo y castigar al ladrón, lo cual es el principio ético de base en la aleya coránica correspondiente. En cuanto al caso del rezo, siempre podremos rezar cuando, habiendo salido del trabajo, encontramos la paz y los medios para hacerlo.

Siempre un precepto o un consejo de la Revelación pueden encontrar una manera de ejecutarse en base a los principios que lo sustentan.

Ahora bien, no podemos invertir ni los preceptos ni los consejos hasta el punto de hacerlos desaparecer bajo la excusa de que las condiciones de los tiempos se imponen. Nunca los tiempos nos obligarán a beber alcohol, comer cerdo, dejar la plegaria, no ayunar en Ramadán o dejar de satisfacer la Zakat, y mucho menos a relativizar u olvidar la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – la cual, como dice el Libro de Allâh, forma parte de la Revelación.

Toda renovación debe ser realizada desde una plataforma de sabiduría, así como desde un conocimiento completo de las fuentes de la Revelación; debe ser hecha pues en Nombre de Allâh y no en nombre del capricho y las conveniencias de unos y de otros. Siempre, el renovador o los renovadores encontrarán los suficientes medios y herramientas para aplicar los preceptos y los consejos de la Revelación.

No existen pues motivos, ni realidades, ni circunstancias que nos impidan aplicar dichos principios básicos.

Antes bien, los sofistas, y creo que el lector no necesita que le especifiquemos de quienes estamos hablando, buscan minar y destruir los principios mismos para llegar a sus fines, que no son otros que crear una nueva religión basada en los instintos animales (dicho esto desde el punto de vista filosófico, no necesariamente peyorativo) que anidan en las madrigueras de las almas de todos los hombres.

Es así que pensar, hablar y actuar en Nombre de Allah, no es lo mismo que hacer todo esto en nombre de nuestro propio ego o de una suma de egos, cuya adición da como resultado un Ego universal; ego este el cual deriva en la búsqueda de la complacencia interesada de los bajos instintos animales. ¿Qué pasará si las complacencias e intereses de esos grupos de egos no coinciden con los de otros grupos? La respuesta está en todo cuanto ocurre en la actualidad:

Corrupción, latrocinios, guerras y enemistad; una Humanidad donde el rudo queda de pie y el débil es sacrificado, devorado en aras de una verdad que nunca existió, existe o existirá.

En otro momento explicaremos al detalle en qué debe de consistir esta renovación a la que hago alusión; quién o quiénes pueden llevarla a cabo, cómo, dónde y por qué; aunque sí desearía auspiciar que no cualquiera puede imbuirse en una labor tan gigantesca, ya que se precisa de personas que se encuentren firmemente establecidas en los tres estadios del Islam (Islâm, Imân e Ihsân), habida cuenta de que los tres estadios citados conforman una realidad única e indivisible en ella misma.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos conduzca de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karim Mullor

 

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