TASAWWUF – SUFISMO – LA CIENCIA DEL IHSAN – CONSIDERACIONES SOBRE EL MAQAM

Bismi-l-Lahi-r-Rahmani-r-Rahim – 

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el que Manifiesta Su Misericordia.


Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim taslima

Oh Allâh! Haz la plegaria sobre nuestro señor Muḥammad, Tu servidor y Enviado, el profeta iletrado, así como sobre su familia y compañeros; y sobre ellos la paz perfecta.

Cuando leemos sobre el “maqam” comúnmente lo hacemos en los libros más o menos antiguos de los maestros sufíes. Todos ellos nos hablan de los pormenores de este término con palabras, francamente crípticas, no accesibles a la comprensión del ser humano creyente normal.

Hemos decidido pues, no hablar desde las perspectiva de los pormenores del maqam de la Unidad en Allah, ni tan siquiera de los entresijos de una práctica privada, sino, antes bien, y creemos que ello será de una mayor utilidad, sobre ciertas de las características del camino a recorrer para acceder a dicho estadio; trataremos asimismo de las diferentes clases de maqam existentes, las cuales se corresponden a las diferentes clasificaciones de los seres humanos en lo que se refiere a su destino como adoradores de Allâh.

Es el maqam el lugar que nos está destinado en nuestra vida de servidores de Allâh, de adoradores.

EL ‘AZAL

En una ocasión, durante el sueño, me vi caminando por un largo pasillo subterráneo, iluminado a la sazón. Durante mi andadura por aquel lugar, me cruzaba con seres de apariencia humana, quienes llevaban una vela en la mano y una extraña prenda sobre su cabeza. No eran ni hombres ni mujeres. Final mente bajé unos cuantos peldaños de escalera mientras uno de aquellos “hombres” se cruzó conmigo. Nos dimos saludos de paz esbozando una sonrisa. Inmediatamente llegué a un extenso lugar oscuro cuyas paredes estaban recubiertas de piedra rocosa. Donde me encontraba había algo de luz, mientras que a lo lejos la oscuridad era patente. Se encontraban conmigo un pequeño grupo de hombres y mujeres.

De repente, las rocas comenzaron a iluminarse de una luz de extraordinaria belleza la cual procedía de su interior, mientras una Voz sutil y poderosa decía:

“¿’A lastu birabbikum?” ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? La visión acabó.

Me desperté y realicé que durante mi sueño había visto el ‘Azal. Las criaturas, ni masculinas ni femeninas, eran los ángeles.

Es el ‘Azal el lugar donde nuestro espíritu (ruh) se encuentra antes de venir a esta vida. En dicho lugar vivimos miles de años esperando el tiempo de nuestra breve estancia en este mundo. Allí, cuando escuchamos la pregunta de nuestro Señor: “¿Acaso no soy Yo vuestro Señor?”, nuestra respuesta es: “Balaa” Ciertamente.

Es en dicho Azal donde se determina nuestro destino. El vientre de nuestras madres es el último estadio en dicha morada.

Cuando somos expulsados a este mundo olvidamos el ‘Azal y se nos concede una vida en la cual nuestros actos y nuestros destinos estarán ligados de una forma incontestable. Una vida la cual puede llevarnos de retorno a nuestro Señor en el conocimiento de Su Divina unidad, que puede llevarnos al Paraíso o que puede conducir al castigo de Allah.

Es pues dicha vida para cada uno de estos tres grupos: La gran oportunidad, el trabajo para una recompensa o la pérdida total.

Los tres grupos se encuentran recogidos en la surat al Waqi’a (El Acontecimiento).

A-s-sabiqun: Los Próximos y conocedores de Allah. Numerosos entre las primeras generaciones y escasos entre las últimas. Ellos son los Profetas, los ‘awliyya, los amados de Allah. Ellos verán a Allah y Le conocerán. Su recompensa será la muerte a sí mismos y la contemplación eterna de la Verdad. ¡Qué gran suerte! Todo ello porque comprendieron que habían sido creados para adorarLe.

Aṣḥabu-l-yamin: Los compañeros de la derecha. Numerosos en las primeras generaciones y también numerosos en las últimas. Ellos serán recompensados por sus bellos actos, hechos con sinceridad. Pero ellos habrán realizado dichas acciones buscando la recompensa y temiendo el castigo, no por el fin sublime de conocer a Allah.

Aṣḥabu-š-šimal: Los compañeros de la izquierda. Los habitantes del infierno. Ellos habrán hecho deméritos para poblar tan hediondo lugar. Buscando únicamente los placeres de este mundo sin importarles las prescripciones divinas. De estos, los peores serán los munafiqun: Aquellos quienes pretendiéndose y haciéndose pasar por musulmanes, intentarán corromper la Religión de Allah engañando a las gentes o cambiando a su guisa la religión. Estos últimos estarán en lo más hondo del castigo. De este lugar solamente saldrán, un día prefijado, los musulmanes quienes habiendo testimoniado de la Unidad de Allah y de la Profecía de Muhammad – sobre él la gracia y la paz – habrán realizado malas obras durante sus vidas.

DIVISIONES PRIMARIAS DEL MAQAM

Comencemos pues a dividir el maqam en dos amplios grupos: Maqam Rabbani y maqam šaytani.

Todo hombre esconde en él mismo uno de estos dos maqam. Si la negrura de su corazón es incurable y sus bajos deseos priman sobre el bien, entonces su maqam es šaytani.

Si antes bien, el hombre experimenta temor de Allah, cree en El y acepta Sus Mandatos, su maqam será Rabbani.

Dentro del maqam Rabbani existen diferentes subdivisiones y niveles. A partir de ahora es a este maqam al cual nos vamos a referir, poniendo un especial énfasis en los estadios a recorrer por todo aquel quien haya decidido aventurarse en la búsqueda del gran maqam: El Tawḥid o la Maˤrifa.

GRADOS DEL MAQAM RABBANI

Como acabamos de expresar, en el maqam Rabbani existen grados. El Libro de Allah nos recuerda como Allah nos ha establecido, clasificado en grados, unos por encima de otros. Podemos decir que cada uno de nosotros tenemos asignado nuestro maqam, sea este el que fuere, y que el mismo maqam no puede ser dado a dos seres humanos diferentes. Dentro de cada una de las grandes divisiones de los maqam, se encuentran multitud de estadios correspondientes a cada uno de los grados de mérito o conocimiento.

El maqam Rabbani esencial es el de la Šari’a. Dicho maqam es el estadio de aquellos quienes creyendo en Allah y en Su Enviado – sobre él la plegaria y la paz – , temen a Allah deseando Su Paraíso (Ŷanna) y temiendo Su castigo (Ŷaḥannam). La intensidad en el cumplimiento sincero de las prescripciones y en evitar las prohibiciones, dan a cada uno más o menos mérito en el desarrollo de este maqam. No es igual aquél quien se limita a realizar los actos canónicos que aquel quien efectúa además obras supererogatorias a fin de poder tener una mayor recompensa de Allah. No es igual quien evita lo reprobable (makruh) y realiza lo recomendado que aquel quien únicamente se limita a evitar lo prohibido y a ejecutar lo obligatorio.

Forma parte de este maqam la ciencia del exterior (Ilmu-z-zahir), llamada asimismo fiqh o simplemente ‘ilm. No obstante, debemos aclarar que los ‘ulama, los cuales se ocupan de conservar y actualizar el fiqh, se encuentran, si son sinceros (perla rara en estos tiempos), en el estadio más elevado del maqam de la Šari’a.

No obstante, si alguno de estos ‘ulamas utiliza su puesto para denigrar a otros, cambiar prescripciones siguiendo la política de turno, o para llenarse el bolsillo de riquezas, podemos decir que se encuentra en lo más bajo del maqam de la Šari’a, por no decir en el maqam del nifaq (hipocresía), todo ello dependiendo de la gravedad y del alcance de sus actuaciones, así como de sus palabras. ¡Que Allah nos libre de ser uno de ellos y libre de ellos a la Umma!

Aun así, y teniendo mucho que decir en referencia a este maqam de la Šari’a, no hemos hecho de él el objetivo de nuestro estudio. Antes bien son los dos maqam más elevados, aquellos los cuales se convertirán, de ahora en adelante, en el objeto de nuestra atención y dedicación.

EL MAQAM DEL IMAN

Vayamos pues ahora al maqam del Iman. Pero antes, dejadme precisaros una cosa: Para establecernos en el maqam de la Šari’a necesitamos una buena dosis del maqam del Imân, pues debemos creer en Allah, Su Trono, Sus Ángeles, Sus Libros, Sus Enviados y en el Ultimo Día, así como en el Destino, sea favorable o no. Debemos conocer al menos cuarenta hadices de memoria, el nombre de diez de Sus ángeles, como por ejemplo (Ŷibril, Israfil, Mikail, Asra’il, Munkir, Nakir, ‘Atid, Raqib, Ridwan, Ḥasi-n-nar), todo esto constituye lo mínimo de Imân que se nos pide en el maqam de la Šari’a.

No obstante, aunque nos concierne una buena parte de dicho Iman para poder establecernos en el primer maqam Rabbani (Šari’a), el Iman que nos resta por conocer es inmensamente más profundo y extenso.

Esto último es aquello lo cual determina el maqam del Imân en él mismo, en su justo valor y rango. La cúspide del mismo es el Yaqin (la certeza), el cual es el siguiente grado de comprensión del Qur’an más elevado después del llamado Kašf, relevando este del maqam del Ihsan.

Cuando un ‘abd (siervo de Allah) avanza a través del maqam del Imân, realiza dentro de él virtudes las cuales se encuentran referidas a los aspectos de los Nombres divinos susceptibles de reflejarse en las cualidades humanas. En multitud de ocasiones es realizando lo contrario del Ism que avanzamos en grado. Somos pobres (fuqara’a) porque Allah es El Rico (Gani), somos misericordiosos con el resto de los seres pues la Raḥmah de Allah se reflejó en Muḥammad, y nosotros somos muhammadiyyun (muhammadianos); somos débiles porque Él es El TodoPoderoso (Qadir); somos siervos porque El es Al Malik (El Soberano); somos numerosos porque Él es El Uno (Wahid); somos incompletos porque solamente Él es A-ṣ-Ṣamad (El Completo; somos pecadores porque solamente Él es Al Quds (El Santo), y así sucesivamente.

A fin de realizar activamente dichas cualidades debemos comenzar por el ‘Istigfar (petición sincera de perdón a Allah), seguir con A-t-Tawba – el sincero arrepentimiento y posterior reforma -; el Jawf (temor de Allah), la Confianza, el pudor, la bondad, la sinceridad, el sosiego, el valor, ser verídicos, la Mahabba, etc. Todos estos actos, convirtiéndose en cualidades, no deben ser realizados una sola vez, sino antes bien, ellos deben pasar a su hábitat natural por excelencia (el corazón) para nunca jamás poder salir de él. Es así, y únicamente de esta manera, que podremos considerar estar establecidos en el maqam del Imân, sea esto en el estadio cual fuere.

El más alto eslabón del maqam del Iman, como hemos expresado anteriormente, es el Yaqin (la Certeza). Aquel quien ha alcanzado este estadio puede ser contado entre los ‘awliyya (santos de Allah), si bien su maqam será inferior al de aquellos ‘awliyya quienes hayan realizado el grado del Iḥsan alcanzando el maqam del Kašf. Dicho maqam comporta ver, sin velo alguno, las realidades de las cuales nos habla Allah en Su Libro y a través de las palabras y el ejemplo de Su Enviado, Muhammad Rasulu-l-Lah (ṣala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam).

En las palabras que preceden hemos hecho mención al camino que nos puede hacer avanzar en el maqam del Imân y del Iḥsân. La condición previa y “sinequanon” para embarcarnos en esta noble y maravillosa empresa es la Šari’a. No se puede ir más lejos sino se ha establecido el cumplimiento estricto de la Šari’a de una forma sólida e inquebrantable. Las dos razones más importantes son: primeramente la imperiosa necesidad de la sumisión a la Voluntad Divina, nos guste o no, y la siguiente razón es que la Šari’a actúa como moderador y filtro entre las fuerzas provenientes del Ruḥ y de las pasiones de nuestra nafs.

NECESIDAD DE UN MAESTRO

Nos quedamos realmente perplejos cuando escuchamos algunas críticas referentes a la toma de un maestro en tan noble camino. Algunos, faros del petroislam y de la confusión, llegan a decir que la obediencia a un maestro es una suerte de “širk” (asociacionismo).  Nosotros les decimos: – Es širk adorar al señor dinero como ustedes lo hacen -.

Rasul – sobre él la plegaria y la paz – nos habla sobre el deber de seguir a un responsable en todos los ámbitos de nuestra vida. Ha aquí dos hadices al efecto:

“¡Escuchad y obedeced, aunque os gobierne un esclavo negro abisinio!” (Transmitido por Anas)

“Una comunidad sin dirigente es una comunidad maldita”

En todos los ámbitos de la vida, el aprendizaje requiere un maestro, necesario a la sazón, para que las personas consigan convertirse en expertos de cualquier materia. De esta manera, para aprender el Fiqh es necesario un maestro, para poder recitar el Qur’an convenientemente es necesario un maestro, y así sucesivamente para cualquier rama de la religión y de la ciencia, donde la figura de un maestro es absolutamente imprescindible.

¿No es una necedad rayando lo absurdo decir, como dicen algunos?: “El maestro fulano ha dicho que la obediencia a un maestro es širk”. Si esto fuera así, estimado amigo, tú eres el primer practicante del širk habiendo citado a fulano o a otro al efecto. Pero la ceguera es grande y la sinrazón también cuando se intenta atacar aquello lo cual no se conoce.

Como dice sayyidina ˤAlî – que Allâh ennoblezca su rostro -:

Quien desconoce una cosa la odia

Es sabido por todos que el camino para avanzar a través de los maqam del Imân y el Ihsan se llama Sufismo.

EL SUFISMO ES EL IHSAN; NO UN GRUPO ISLAMICO

Existe el error, desgraciadamente muy extendido, en considerar al sufismo como “una rama del Islam”. Debemos aclarar este punto diciendo que el sufismo no es una rama del Islam, sino que antes bien, es el Islam completo.

No puede existir el Islam sino existe el Sufismo. Pues, es el Islam la realización completa de todas sus ramas sin excluir ninguna (Islam, Imân e Iḥsân). No podemos hablar de Islam de una forma total si solamente hablamos de Šari’a. Hasta nuestros días, y desde tiempos del Profeta, el Sufismo es la única ciencia islámica capaz de proporcionar al ser humano una visión-conocimiento-realización completa del Din.

La Šari’a y sus ciencias relevan del Islam y algo del Iman, así como la filosofía releva de las principios teóricos de las verdades consideradas desde el prisma lógico-racional.

Sin embargo, el Sufismo abarca todas las ciencias, todos los conocimientos susceptibles de ser adquiridos. El hecho de ser atacado por algunos, toma su origen de los intereses ególatras y económicos de aquellos de quienes se dan a esta clase de juegos de poder, para así atraer centenas de miles de correligionarios, quienes por activa o por pasiva les proveerán de suculentos ingresos mundanales.

Sería de Perogrullo dar los nombres de estos grupos tan conocidos, redes económicas las cuales buscan hacer a la Umma pasto de la ignorancia. Es más, nos arriesgaríamos a que este escrito se quedara fuera de actualidad, habida cuenta de la afluencia, nacimiento y transformación de sectas al efecto. Tengan el nombre que tengan este hadiz está destinado a ellos:

“En los últimos tiempos la religión de las gentes será la de amasar la mayor cantidad posible de dinero”

Sin embargo, no queremos seguir adelante sin proponer la siguiente reflexión:

No pretendemos decir que sin el sufismo no se puedan realizar estadios en el maqam del Imân. Sí precisamos, y damos por certero el hecho de que para acceder a los altos estadios del Imân es necesaria la enseñanza y la guía de un maestro (šaij) sufí.

Hemos sido dichoso testigo de cómo gentes, quienes se habían acostumbrado a ir a la mezquita, rezar el Faŷr y recitar el Qur’an, en la última parte de sus vidas han alcanzado un grado de certeza (Yaqin), capaz de sorprender a propios y a extraños. Todo ello debido a la limpieza y la nobleza de sus corazones. Este hecho lo contemplé en un amigo šarif (descendiente del Profeta), el cual hizo gala durante toda su vida de una sinceridad y nobleza absolutas. Allah se lo llevó joven y algunos meses antes de su muerte era capaz de expresar razonamientos dignos de los más sabios estudiosos de la religión.

Debo deciros, a fuer de sincero, que lo escrito hasta aquí no ha sido hecho sino en virtud de prolegómeno a fin de preparar a aquello lo cual está por venir. Estas precisiones son necesarias en tanto nos pueden despejar de alguna manera el camino de la comprensión. Como no tenemos prisa, y queremos poner cada elemento en su sitio, iremos expresando paso a paso todo aquello lo cual intentamos sea comprendido por vosotros de la manera más sencilla posible.

Aunque, os confesamos: La teoría, es solamente teoría, y nos puede hacer intuir aquello lo cual únicamente la práctica personal nos puede mostrar.

Muchos creen que por el hecho de pertenecer a una Tariqa y tener un maestro han alcanzado un grado en el camino de Allah. Qué sorpresa se llevarán algunos cuando les expliquemos que esto no es así, y más cuando vayamos dando las razones del error de una tal apreciación.

Para ello, comencemos a analizar, una a una, las etapas que se siguen a partir de un primer y necesario contacto con la doctrina de los significados (maˤana), y de los conocimientos reales de la naturaleza de la creación de Allah, así como del acercamiento a Su sublime presencia.

LOS PRIMEROS PASOS

¿Cuál es el primer paso a dar si hemos decidido practicar el sufismo? La respuesta nace de una frase simple:

“Es necesario un maestro (šayj)”

Un tiempo atrás escribíamos (2011) escribíamos en nuestro blog (Al Andalus una sola Umma) un artículo sobre las condiciones las cuales debe cumplir un šayj.

Copiamos pues a continuación dicho artículo, retocado según la conveniencia del texto que nos encontramos escribiendo:

“Uno de los pilares del sufismo es la figura del chayj. Digamos que es en éste en quien está basada la transmisión espiritual. Ello en virtud del siguiente hadiz qudsi:

« Ni Mis cielos ni Mi tierra son capaces de contenerMe, pero el corazón del mu’min es capaz de contenerMe ». 

Este hadiz saḥiḥ, transmitido de ˤAli, hasta nuestros días comporta una cadena de 47 eslabones de transmisores, entre los que se encuentran reputados ‘ulama como el Imâm Šadili.

Otro hadiz dice con la misma cadena de transmisores dice:

« El corazón del mu’min es más que la Ka’aba ».

Evidentemente existen šuyuj en la actualidad, pues como podemos leer en la Ŷamiˤa-ṣ-Sagir de Suŷuty, se cuenta en un hadiz:

« Habrá siempre sobre la tierra cuarenta hombres semejantes al Amigo del Misericordioso (Abraham). A causa de ellos recibís la lluvia, y por ellos seréis alimentados. Cada vez que uno de ellos muere, Allah le reemplaza por otro ».

No obstante, es no menos cierto y necesario conocer, que existen falsos chuyuj, los cuales en los tiempos que corren tienen la costumbre de  aparecer como las setas al sol después de un día de lluvia.
Es importante saber que estos últimos, por lo general, son más célebres que los verdaderos. Pero, ¿cómo se ha podido llegar a una situación semejante?


El origen de todo ello comienza en la disgregación del jalifato a principios del siglo XX. Cada país musulmán ha hecho todo lo posible por separarse políticamente del otro, para, de esta manera, afirmar su independencia. Ahora bien, paralelamente ha existido una separación en cuanto a la unidad de criterios religiosos. Muchos de los así llamados « ‘ulama » han sido dirigidos por las políticas gubernamentales de algunos países como si de títeres se tratara. Se les ha dado fama a través de los medios estatales de información, se les ha concedido dinero y poder, para, con su « apoyo » mantener la política del estado, dando así a esta un tinte de « piedad ».

No vamos a entrar en detalles, pero debemos decir que exactamente lo mismo ha pasado con las Tariqats, algunas de las cuales, a cambio de sustanciosos bienes materiales se han dejado « convencer » de la conveniencia de poner falsos šuyuj a su cabeza.

ESTADO ACTUAL DE LAS TARIQATS
En la surat Al Waqiˤa podemos leer de los muqarrabun (próximos a Allah) en la

…Zullatun mina-l-‘awalina wa qalilun mina-l-‘ajirin.. (Numerosos entre las primeras generaciones y escasos entre las últimas)

La conclusión de estas palabras coránicas es que nos encontramos en una época en la cual los conocedores de los asuntos de Allâh son escasos con relación a tiempos anteriores.
Como bien dice el dicho sufí marroquí:

Una cacerola vacía hace mucho ruido, mientras la que está llena no suena pero sirve para dar de comer. 

Más adelante, en breve tiempo, escribiremos sobre el estado actual de las Tariqats.
Triste y confuso el panorama actual en lo que al sufismo se refiere. Sin embargo, en ello existe una ḥikmah de Allah. Esta ḥikma trabaja en una doble vertiente. Por un lado, de esta manera, Allah preserva a Sus šuyuj Y A Sus próximos de la muchedumbre de personas quienes, a pesar de tener un interés teórico-intelectual con el sufismo, no se encuentran, no obstante, dispuestos a sufrir las pruebas con las cuales Allah Altísimo examina a los fuqara quienes buscan Su Presencia con toda la intensidad de sus corazones.
Por otro lado, Allah preserva así al murid quien no está interesado de estar implicado en las diversas marrullerías que algunos mal-llamados “fuqara” practican para dominar a sus hermanos, vilipendiarlos o hacerlos sufrir sus envidias y manipulaciones.

Es pues una hikma de Allah el que sus verdaderos šuyuj pasen en el incógnito la mayor parte de sus vidas. En realidad, ese es mi caso; sigo a un šayj verdadero a quien mucha gente honra a distancia, pero al que nadie se atreve a aproximarse, pues saben que serían criticados por los errores que cometen con ellos mismos y con sus hermanos. Y eso, la kibriyya (el orgullo) de las almas no lo soporta. ¿Cómo, habida cuenta de esto, podrían acercarse a Allâh aceptando su insignificancia como criaturas ante la Grandeza Divina?
¿Cuántos discípulos tuvo sidi Ali al-Yamal ? La respuesta es: uno, el šayj Darqawy.

Esta situación de contracción ya se ha dado en algunos tiempos; aunque, a decir verdad, siempre fue preludio de buen agüero ya que a la contracción siempre siguió su expansión correspondiente.

Entonces, a la vista de todo esto, ¿cómo podemos distinguir un šayj verdadero de un falso? : Vayamos paso a paso:

El šayj tiene su nafs muerta, en virtud de la palabra del Profeta – sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam – :

 « Morid antes de vuestra propia muerte ».

Puesto que su nafs ha pasado a mejor vida y está junto a su Señor, no podemos contemplar en él ninguno de los vicios que contemplamos en los otros seres humanos; por ejemplo, no fumará, pues fumar espanta a los ángeles, además de ser un capricho del nafs, la cual debe estar muerta.
Un šayj siempre hablará citando el Qur’an y la Sunna.
Nunca se dará importancia ni pedirá a otros que se la den, puesto que era Firˤawn quien se daba importancia.
No se rodeará de lacayos quienes manden callar a los otros cuando él habla, pues la Presencia de Allah es tan grande en él que no necesita a nadie para poner silencio. Los mala’ika se ocupan de este menester.
No se vestirá con ostentación, y cuando hable con alguien, se volverá de cuerpo entero, como lo hacía el Profeta.
Será estricto en su práctica religiosa. Dará concesiones a los otros, pero nunca a él mismo, como lo hacía sayyidina Umar (que Allah esté satisfecho de él).
Te hablará de lo que hay en tu corazón sin necesidad que ningún correveidile vaya a contárselo para así impresionarte con ello.
No pedirá nunca dinero por sus servicios, pues él espera que sea Allah Quien le dé aquello que le ha destinado. Antes bien, él dará en virtud del hadiz que dice:

 « La mano de quien da es mejor de la que quien toma »
Se hará cargo personalmente de cada uno de sus discípulos, a no ser que entre ellos haya un waly quien pueda ocuparse de algunos de ellos.
Se encargará de que su faqir no levante la cabeza delante de otra gente. Pero le dejará denunciar las injusticias, si haciendo esto no lo hace para humillar a aquellos a quienes van dirigidos sus reproches. Se asegurará que lo haga por el celo del Din y para evitar un mal, el cual habría podido producirse por el hecho de guardar silencio.

He aquí solamente un resumen de las características que debe tener un verdadero šayj. Existen muchas más. Sin embargo, es suficiente para comenzar y cada uno de ustedes está invitado a hacer sus comentarios, pues la pregunta es el grifo que abre el flujo de las palabras, y estas, si son verídicas, proceden del mundo de la Verdad.”

Y aquí termina el artículo escrito en Septiembre 2010, el cual puede servir de base para comprender, de una manera muy somera, es cierto, algunas de las cualidades de un šayj. Sin embargo, la enumeración de las principales cualidades de un maestro la iremos realizando paso a paso, a medida que vayamos avanzando en la materia.

El siguiente punto a tener en cuenta es el murid (aspirante espiritual)…

¿Cuáles son las condiciones necesarias para un aspirante espiritual?

Primeramente debe proveerse de una idea fidedigna sobre la  tariqa o Vía espiritual, así como de sus objetivos  Y aquí es preciso establecer, a manera de aclaración, los criterios fundamentales relativos a los fines susceptibles de ser alcanzados mediante la pertenencia a una organización semejante.

Es imprescindible dejar suficientemente claro el hecho de que no todos los aspirantes espirituales buscan lo mismo en el seno de una tariqa. No obstante, de alguna manera, todos han comprendido, más o menos completamente, cual es el fin primordial del caminar espiritual. Aun así, no todos experimentan la necesidad imperiosa de alcanzar el conocimiento de Allah (subhanahu wa ta’ala).

Entre los aspirantes, hay quienes simplemente buscan beneficiarse de la Baraka existente en el contacto con los guías espirituales. Dichos aspirantes esperan una suerte de ventaja por el hecho de reconocer tanto una doctrina elevada como el alto grado en los maestros quienes la imparten.

En un nivel intermedio, se colocan aquellos quienes, sin pretender esforzarse por ir hasta el final, si realizan ciertos avances en la purificación de sus almas, y de alguna manera, experimentan un cierto grado de amor hacia los maestros, así como hacia sus hermanos, quienes comparten el mismo grupo, sean estos más o menos comprometidos con el fin principal.

Los aspirantes quienes se encuentren en estos dos primeros grupos, están, en nuestra opinión, adornados de características respetables así como de nobles cualidades.

Sin embargo, aquellos discípulos aspirantes, quienes se han propuesto como objetivo la búsqueda del conocimiento, son, por decirlo de alguna manera, el núcleo motriz de la tariqa, junto con la figura del šayj, siempre y cuando, en el caso de este último, se trate de un verdadero šayj y no de un ignorante, o un pretencioso, o un farsante.

Este último grupo debe presentarse con una premisa fundamental: – La búsqueda del conocimiento y el amor de Allah debe convertirse en el fin principal de su vida. Por encima de sus familias, por encima de las amistades, incluso por encima de la propia vida en los aspectos económico y afectivo. Si no se está dispuesto a renunciar a todo por Allah, si no se está decidido a ir hasta el final, cueste lo que cueste, creedme hermanos-amigos, no se podrá tener ni tan siquiera la posibilidad de alcanzar dicho objetivo.

Aquel quien no duda en exponer a su alma a la extinción (fana’), un día u otro, si Allah lo quiere, y ello se encuentra en su destino, llegará a su morada (maqam) donde permanecerá para siempre.

¿Es el maqam el producto de un trabajo personal? ¿Se trata de una especie de oposición en la cual aquellos quienes aprueben tendrán la plaza?

NO, esa es la respuesta. ¡Desterremos de una vez la idea de que los estudios universitarios pueden ayudar al recorrido de la Vía espiritual! No influyen ni positiva ni negativamente; simplemente, no influyen en absoluto.

Antes bien, como lo expresaremos en detalle más adelante, es el maqam quien atrae al discípulo hacia sí, pues se trata de su morada definitiva, la cual le ha sido otorgada por Allah, antes de venir a este mundo. El waly nace waly.

Aquel quien ha obtenido, obtiene u obtendrá un maqam, no es como resultado de una amalgama de cualidades individuales, intelectuales o científicas.

Muchos aspirantes han entrado en la tariqa con su diploma universitario bien enmarcado, creyendo que la obtención de este, consiste en una multi cualificación susceptible de hacerlos aprender cualquier cosa. Personalmente consideramos que poca cosa se puede aprender en una universidad, si no se trata de algo práctico para ganarse la vida. El verdadero conocimiento se encuentra, tan lejos como ajeno, a este tipo de establecimientos de impartición de “sabiduría” parcial y mediocre.

Es por esta razón, que las cualificaciones de carácter universitario no ayudan en nada, pero sí podrían interferir en la tariqa, si se les presta siquiera una mínima importancia.

Muchos falsos šuyuj, así como falsos muqaddam, actuales han esgrimido en su favor el hecho de ser profesores universitarios, para, de esta manera, atraer discípulos alrededor suyo. Alguno, de esto tenemos noticias certeras, ha llegado incluso a enfrentarse a un verdadero šayj argelino, fallecido en 1952, con su título de profesor universitario y su DNI suizo ¡oh, gran maqam! Este hecho, grotesco e infantil donde los haya, está desdichadamente haciendo estragos es muchos cándidos aspirantes, quienes siguen a ciegas a tan “distinguidos” como falsos “maestros”.

Ya, hace poco, desactivamos a Guénon y los perennialistas demostrando su función de masones de hecho.

Si observamos a los verdaderos šuyuj sufíes, constataremos que ellos, han tenido y tienen como costumbre, acoger en el seno de su tariqa, tanto a obreros como a gente de cuna, sin hacer distinción alguna entre ambos. Más bien, si somos sinceros, en el mundo espiritual, y a nivel estadístico objetivo, son las gentes humildes quienes se llevan la palma, probablemente porque, como se dice en argot coloquial: no tengan tantos “pájaros en la cabeza” de su nafs.

Así pues, el status social no interpreta papel alguno en la vía espiritual. Este punto el cual acabamos de comentar, como veréis, se encuentra ligeramente al margen de lo escrito hasta ahora. No obstante, una reflexión objetiva sobre la realidad de los hechos, nos ha traído al espíritu la conveniencia de mencionarlo, a fin de evitar malentendidos en lo posterior.

Las cualidades mínimas requeridas a un discípulo quien busque el maqam del Tawhid (unidad en Allah) son pocas en número, sin embargo, concluyentes con respecto a su importancia a este sujeto:

Una sinceridad (Ṣidq) absoluta. Ello quiere decir que no puede existir sino una única intención y un único objetivo en el corazón.

Ser veraz. Las mentiras arruinan el camino así como la propia vida.

Un buen carácter. Un discípulo debe considerar en pié de igualdad a todos los musulmanes con respecto a él mismo y debe mostrarse hacia ellos provisto de una exquisita educación. Debe guardar su corazón ajeno al rencor.

Una determinación total. No hay tiempo para volver atrás una vez que se ha iniciado el camino.

Generosidad. El faqir verdadero debe ser una misericordia para todos, así como Rasul (sobre él la plegaria y la paz) es una misericordia (raḥmah) para los mundos.

Debe amar a Allah sobre todas las cosas, así como deberá amar mucho a Rasul.

LA PRUEBA CLARIFICADORA (HUŶŶA)

Permitidnos expresar que, cuando se produce un encuentro maestro-discípulo por vez primera, es necesario que una prueba clarificadora se manifiesta en doble sentido. Dicha prueba, por un lado,  permitirá al šayj estar seguro de que el faquir está capacitado para marchar en la tariqa, y por otro lado, dará al faquir la completa seguridad de las competencias de su maestro. Dejemos claro que el faquir, si eligiera un maestro falso, ello es responsabilidad suya por no haberse provisto de la sinceridad y veracidad necesaria para descubrirlo. No hay duda de que Allah concede las fuerzas y la visión para ello. Por este motivo el faquir no podrá disculparse de su error. Sin embargo, en ciertas ocasiones, Allah vela al discípulo, con el fin de evitar un gran mal, o para abrir los ojos de Su servidor mediante una sacudida por la cual el discípulo es capaz de descubrir la verdad de una sola vez y de no caer jamás en un error semejante.

LAS ETAPAS

Y ahora, una vez el aspirante ha decidido integrarse en el camino del Iḥsân, veremos cuáles son las etapas las cuales deberá ir recorriendo, una tras otra, en un camino, de tan difícil recorrido, como seguro, para aquél en cuyo corazón moran la sinceridad y la bondad. Siempre, y repitámoslo hasta la saciedad, pues es necesario, que el šayj sea verdadero.

Comenzaremos por la primera etapa, y a ella consagraremos las primeras explicaciones. Ella consiste en comprender intelectualmente, a nivel lógico-racional, tanto cual es el objetivo final del camino, como las cualidades necesarias que se le exigen a fin de caminar por él. Esto implica que el faquir debe comprender el significado de la figura de un šayj, así como cuáles son las herramientas que se encuentran a su disposición a fin de avanzar por un camino completamente desconocido hasta ese momento. Debe asimismo aprovisionarse de una visión completa y una información teórica suficiente sobre el significado y la naturaleza del maqam de la Unidad en la Presencia de Allah (subhanahu wa ta’ala).

En mi caso, según recuerdo, me ayudó enormemente en esta etapa la lectura de la “Epístola de la Unidad” (Risalayu-l-Aḥadiyyah) de Muhiddin Ibn Arabi. Es un pequeño libro el cual únicamente se centra en la Unidad Divina y el cual recomiendo a todos vosotros. La lectura de este libro sirve como base para comprender mejor los escritos de Abdul Qadir Ŷilanî, o los del šayj al-Alawy, por poner un ejemplo.

Esto así enunciado, da la impresión de poder encontrarnos cara a una empresa simple y fácil. No obstante, dicha impresión es inexacta, por no decir, completamente irreal.

Dicha sabiduría teórica, requiere un método especial, diferente de todo aquello lo cual hemos aprendido durante años de estudio, desde que éramos muchachos hasta que terminamos nuestros estudios, sean estos del nivel que fueren.  Si alguien desea aplicar las técnicas de aprendizaje utilizadas hasta entonces al estudio profundo de las características del Camino del Iḥsâan, está cometiendo el error de su vida, el cual le acompañará hasta llevarle al fracaso; y esto a no ser que tome consciencia de ello y retome el buen método desde el principio, dejando atrás todo lo demás.

He aquí el primer trabajo del maestro (šayj): tratar que el discípulo comprenda el alcance de la empresa emprendida. Y esta comprensión, no es precisamente necesario que sea transmitida en un seminario, sino como comentarios de hechos acontecidos al faquir en su vida cotidiana.

La práctica, siempre, es la mejor escuela del corazón.

Dichos acontecimientos, al presentarse en escena de una forma fortuita, eximen al maestro de molestar al faquir con explicaciones innecesarias por lo pura e únicamente teóricas. Diremos, sin temor a equivocarnos, que Allah se encarga de llevar al faquir a un punto donde las explicaciones del maestro se construyan sobre una base real. Mediante este movimiento, tan sutil e inimaginable antes del comienzo del camino, Allah se sirve así mismo para comenzar a educar el nafs del faquir, mediante las contrariedades a la voluntad o a los hábitos de éste. Todo ello irá en función de la capacidad de soportar del servidor, en virtud de las palabras del Qur’an:

Allah no pide a nadie por encima sus posibilidades. (2-286)

Es con esta última frase con la cual hemos comenzado a entrar en materia.

Me diréis: -“Danos una idea de aquello lo cual el faquir deba aprender como enseñanza teórica”-

Respondiendo a esta pregunta podemos hacer una corta lista, que no exhaustiva, de cuáles son los principios teóricos esenciales de la tariqa:

a/ Se debe comprender la función de la Šari’a en el camino espiritual. El faquir debe realizar que sin Šari’a no puede avanzar jamás. Ello en virtud de la sumisión a la Voluntad Divina, y, asimismo debe conocer que los principios de la Šari’a poseen un alto significado desde el momento en el cual son conocidos y analizados desde la ma’rifa (conocimiento espiritual). A título de ejemplo, diremos que el movimiento de ruqu’u realizado en el salat significa la aceptación de la Voluntad de Allah, mientras que el suŷud significa la extinción de ego.

b / Debe saber que el maestro es el representante de Rasul – sobre él la plegaria y la paz – y tiene el permiso de Allah para hacerse cargo de él hasta conseguir el objetivo. El maestro entonces da vida a la Sunna profética adaptando el nivel de su cumplimiento a las necesidades del aspirante según las posibilidades y características de los tiempos.

c/ Debe conocer que todos los métodos utilizados en la tariqa como utensilios para avanzar, están avalados por el Libro de Allah y la Sunna del profeta.

d/ Debe reconocer que el ḥaram o acto prohibido, le puede hacer desandar todo o parte de lo andado.

e/ Debe adquirir un conocimiento extenso del hadiz y del Qur’an.

f/ Debe saber que todos los ritos a seguir no son un objetivo en sí mismo, sino que el objetivo es el conocer a Allah.

g/ Debe conocer el hecho de que su comportamiento ha de ser humilde con los musulmanes y enérgico con los embaucadores en materia de Din, pues desde el principio de su andadura, si ésta es sincera, será sin saberlo un representante (jalifa) de Allah en la tierra sobre gran parte de los musulmanes. Esta representación, no obstante, deberá ser llevada a cabo con el máximo de dulzura y de paciencia.

h/ Debe conocer que el objetivo de la tariqa es la extinción de su yo en la Voluntad de Allah, mediante la muerte de su alma y el nacimiento de la consciencia de la existencia y reinado del Ruh de Allah en su humilde ser.

He aquí, a modo de resumen, el título de algunos de los muchos conocimientos teóricos que el faquir debe poseer, a fin de irles dando, tanto vida como visión, diferentes, a medida de la progresividad de su capacidad de visión, cambiante de estado en estado.

ENCUENTRO MAESTRO DISCIPULO

Y ahora vayamos al encuentro maestro-discípulo. Muchos creen que dicho acontecimiento se traduce en un rito llamado vinculamiento. Más aún, algunos estudiosos del sufismo teórico creen que el momento del encuentro debe tener como colofón un determinado acto donde el maestro y el discípulo se dan la mano el uno al otro y se recitan tales o cuales palabras. Esto es cortedad de visión; dicha falsa idea procede ni más ni menos del apego del discípulo a una enseñanza occidental de carácter lógico-racional, cerrada en ella misma.

Cuando se produce el acto de voluntad por el cual, el maestro acepta al discípulo, y éste a su vez consiente en seguir a su maestro, no es necesario que se realice protocolo alguno; solamente es obligatorio que ambos se den una palabra entre ellos, y de ambos a Allah. Una promesa para seguir al maestro en el caso del discípulo; una palabra del maestro, mediante la cual toma la responsabilidad de guiarle, siempre y cuando el discípulo cumpla su parte.

No obstante, vayamos al paso anterior, a dicho encuentro.

La condición sinequanon para que se produzca el compromiso maestro-discípulo, es el hecho en el cual, antes, tanto el šayj como el murid, hayan recibido signos divinos de la conveniencia y la validez de la relación la cual va a dar comienzo. Para ilustrar dichas palabras relataremos la historia del chayj Darqawy con su maestro ˤAli Al-Ŷamal, y la mía propia con mi šayj.

El šayj Darqawy (Muḥammad al-ˤArabi a-d-Darqawy) era descendiente del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, había estudiado el fiqh, tanto, que se sintió atraído hacia el sufismo, debido a su consciencia de los límites de la ciencia del exterior (ˤIlmu-ẓ-Ẓahir). Había oído hablar de sidi ˤAli al Ŷamal tan bien que decidió tomarle como maestro. Para ello se dirigió a Fez. Una vez llegado a la puerta de la mezquita donde se encontraba el maestro, entró, saludó al maestro, a quien encontró a la sazón en la labor de barrer el suelo del templo. El maestro le preguntó quién era y que venía a hacer allí. A esto Muḥammad al-ˤArabi, le hizo saber que deseaba aprender de él la ciencia del Tasawwuf. El šayj ˤAli Al-Ŷamal, le dijo que se fuera, pues no le encontraba cualificado para semejante empresa.

A la mañana siguiente, ˤAli Al-Ŷamal, quien había pasado la noche en la mezquitaa mezquita, abriendo la puerta de ésta, se encontró en el umbral con Muḥammad al-ˤArabi, quien había pasado toda la noche allí, a la intemperie. El discípulo dijo ante el asombro del maestro: – He permanecido toda la noche aquí en la esperanza de que cambiaras de opinión y me aceptaras – . A partir de ese momento, Muḥammad al-ˤArabi a-d-Darqawy se convirtió en el único discípulo de ˤAli Al-Ŷamal. En realidad, el maestro debía ver un signo de que el discípulo era digno de ser guiado, y Allâh le dio dicho signo en el hecho de ver a su discípulo durmiendo a la intemperie junto a la puerta de la mezquita.

En mi caso, después de solicitar de Sidi Salaḥ – sucesor legítimo actual del šayj Al ˤAlawi – poder seguirle en el camino de Allah, no recibí una respuesta inmediata. Antes bien, su respuesta fue: – Ven algunos días conmigo y veremos lo que se puede hacer -. Fui a su mezquita y me hizo dormir en ella algunas noches. En una ocasión, se subió a dormir en el piso de arriba, mientras yo hacía lo mismo en el piso bajo. Por la mañana me dijo: -“Creo que podemos hacer algo tu y yo. Mientras dormía me he visto teniendo un bebé recién nacido en mi mano. De esta forma asido, lo golpeé contra la columna de la mezquita tres veces y no se quejó –“. Esto es para mí un signo de que te puedo guiar. El niño eres tú, y tu silencio significa la sumisión a la Voluntad de Allâh:

Me indicó el que debía dejar mi trabajo para trasladarme a Tetuán, cosa que hice. Mientras me encontraba haciendo las maletas para mi traslado, vi en sueños a Rasul – sobre él la plegaria y la paz – , el cual se acercaba a mí, predicando de lugar en lugar en medio de la montaña. Es en esta montaña, situada en las afueras de Tetuán, donde él vivía y donde construí la que con el tiempo habría de ser mi morada; desde la misma casa en la cual me encuentro escribiendo estas líneas. Con esta visión me pude asegurar de que estaba siguiendo a un verdadero šayj.

Lo que pretendemos expresar con esto, es que tanto el maestro como el discípulo, deben tener el permiso divino para darse la palabra mutuamente. Si un murid sigue a un falso šayj habrá fracasado en su vida, sino reacciona a tiempo. Por el contrario, si un šayj acepta dirigir a un discípulo el cual no pueda seguir la tariqa, dicho maestro no muestra el tener un gran maqam, y el discípulo fracasará de manera estrepitosa. Las causas del fracaso, en un caso como este, habría que imputarlas al maestro y al discípulo. Al primero por no ceñirse a los límites de su maqam y al segundo por tener una elevada idea de sí mismo.

Así pues, en resumen, tanto el maestro como el discípulo, deben tener clara la Voluntad de Allah, la cual les permitirá o no el comprometerse en una tan delicada como importante relación.

Es en el momento en el cual un encuentro similar se produce, donde la luz se encuentra con la luz. La luz del šayj se encuentra con la luz incipiente de su heredero o seguidor. El universo se regocija de un encuentro semejante, donde Rasul – sobre él la plegaria y la paz – , a través de su representante, transmite su mensaje sublime a aquel discípulo, quien, por este acto, pasa a formar parte de los amados del Profeta. Encuentro de luz, en la luz, por la luz, encuentro bendito y momento crítico en la vida del murid. Ese día es mejor que el día de su matrimonio, mejor que el día donde sus hijos ven la luz del mundo, mejor que el mundo y todo lo cual este contiene. Se trata de un acontecimiento sin par  en un orbe cansado de contemplar en su seno una multitud de mediocres pasajes.

Dicha relación debe estar basada en una confianza mutua. Una relación donde el maestro hace las veces de padre y el murid de hijo. El padre espiritual, el cual vela por su discípulo a través de la distancia y el alejamiento físicos. Una relación más intensa que aquellas a las cuales estamos acostumbrados en nuestras vidas. Cuando miramos a nuestros maestros debemos ver a Rasul – sobre él la plegaria y la paz – pues es con la luz llamada Muhammad, con la cual nuestros maestros iluminan nuestro caminar y nuestra nueva visión de las realidades, de estado en estado.

Con toda evidencia no hemos terminado de hablar sobre este sujeto. Antes bien, a fin de poder continuar, hemos querido dejar claro, algunos puntos básicos de la relación maestro discípulo. Dichas notas básicas, servirán de base de compresión a aquello lo cual debe seguir, pues, a partir de ahora, os puedo asegurar, queda garantizada nuestra entrada en materia. Preparaos entonces a escuchar algo nuevo, no escuchado hasta entonces, pero tened presente el hecho de que aunque aquello que vais a escuchar es nuevo para vosotros, no se trata ni tan siquiera de la mitad de aquello lo cual es susceptible de ser conocido  en el mundo real de la ma’rifa.

Lo creáis o no, no me encuentro hablando sino de una décima parte de lo que en realidad existe en esta materia. Me encuentro hablando de los principios, única y exclusivamente, sin otra pretensión.

Como dijo mi maestro:

Los libros no son más que las cenizas del conocimiento.

EL TRABAJO –  LA PRUEBA

Una vez el maestro y el discípulo se han aceptado el uno al otro, y se han dado la palabra mutua de respetar la responsabilidad correspondiente a cada uno, comienza la tarea.

Sin embargo, en el seno de una tariqa, el trabajo a efectuar no se asemeja, ni en la forma ni en el contenido, absolutamente en nada a cualquier otra empresa la cual podamos acometer en nuestras vidas. Es por ello que, aunque previamente hemos efectuado un ejercicio de comprensión de la finalidad de dicha empresa, dicho ejercicio, aunque profundo, no ha remontado sin embargo más allá del nivel lógico-racional. Habiendo efectuado esta aclaración, podemos decir sin temor a caer en imprecisión alguna, que el primer paso en la tariqa es conseguir pasar una prueba importante. Dice el Libro de Allah:

Alif, Lam, Mim. Acaso creen los hombres que podrán decir: creemos,  y no van a ser probados? Es verdad que ya probamos a quienes les precedieron. Para que Allah sepa quiénes son sinceros y quiénes son falsos.

Se podría argumentar que esta prueba, a la cual alude el Qur’an, es extensible al conjunto de los musulmanes. Efectivamente, ello es así. Sin embargo, como ya lo hemos expresado en múltiples ocasiones, el Qur’an comporta siete niveles de comprensión y en virtud de esto, nos encontramos en condiciones de asegurar que dicho examen es un paso de una importancia capital para aquel quien deba ser aceptado en el camino de Allah.

El camino de Allah posee guardias de naturaleza angélica y ŷinni (saliḥin) quienes no tienen permiso de facilitar la entrada a aquellos quienes no presenten la acreditación suficiente para aventurarse en esta empresa. Dicha acreditación es, por supuesto, la Voluntad de Allah, Voluntad la cual, llegados a esta situación, se expresa en las cualidades del discípulo.

Se dice, y es cierto, que el discípulo tiene un sirr (secreto) el cual no puede ser captado por el šayj, y es en virtud de este secreto que el šayj habiendo aceptado al discípulo, puede encontrarse con el hecho de que éste no esté capacitado para pasar una prueba, la cual solamente Allah pondrá en su camino. El šayj sabe que el discípulo va a pasar una prueba, y aun sabiendo esto, deja transcurrir los acontecimientos pues es consciente de que dicho examen incumbe únicamente a Allah y a Su servidor.

¿En qué consiste dicha prueba? Nosotros no poseemos un manual que nos permita decir cuál va a ser su naturaleza. Como ya hemos expresado dicho examen es ejecutado únicamente por Allah. Con respecto a los guardias los cuales hemos nombrado más arriba, podemos decir que se trata de criaturas de naturaleza angélica y yinní. Así mismo, tanto el šayj, como cualquier otro faqir pueden desempeñar dicha misión de una manera, digamos, más ostensible, aunque igual de efectiva. Dicha labor de guardia, en el caso de tratarse de seres humanos, no se ejerce de una manera disciplinaria o normativa, sino que se contempla, se aconseja y se corrige, dentro del marco de la responsabilidad, la seriedad y el amor hacia el aspirante espiritual. Resumiendo, podemos decir que dicha guardia, en su aspecto humano, se ejerce de una manera paternal.

Volviendo a la prueba y a la naturaleza de esta, permitidme decir que ella se produce según las características personales de aquel a quién va encaminada. Hemos sido testigos de algún fracaso, aunque debemos decir, que si éste se produce, ello acontece de tal manera que sola y únicamente el aspirante se puede reprochar no haber estado a la altura.

Todos nosotros tenemos un punto débil, una especie de talón de Aquiles. Algo enclavado en nuestra naturaleza de una manera tal, que nosotros mismos conocemos esta debilidad como siendo aquella la cual se presenta a nosotros de una manera ostensible como siendo nuestro mayor defecto.

Es comúnmente hacia esta debilidad que la prueba va encaminada, con tal de poder determinar sí, en un momento dado, ella podría volverse como un impedimento definitivo para poder continuar en el camino. Es por este motivo que el examen se da al principio, a fin de evitar fracasos en una fase posterior y más avanzada, lo cual sin duda, sería mucho más traumático para el aspirante, así como triste y decepcionante para el šayj.

Sin embargo, el Libro de Allah nos asegura que nunca la intensidad de la prueba es mayor que aquello lo cual el ser humano es capaz de soportar

Allah no pide a nadie más allá de sus posibilidades; tendrá a su favor lo que haya obtenido y en su contra lo que se haya buscado. Señor nuestro no nos tomes en cuenta si olvidamos y faltamos. Señor nuestro no nos pongas un peso similar al que pusiste sobre los que nos precedieron. Señor nuestro! No nos hagas cargar con aquello lo cual no podemos soportar. Bórranos las faltas, perdónanos y ten compasión de nosotros. Tú eres nuestro Dueño, auxílianos contra la gente incrédula. (2-285)

El fracaso en una prueba semejante puede producirse por dos razones fundamentales: Puede ser que la debilidad del aspirante sea tan importante que no pueda andar por el camino de la tariqa. En ese caso, dicho aspirante no tiene nada que temer. Si bien es cierto que no podrá continuar su marcha a fin de obtener un maqam, dicho aspirante, puede quedarse, de alguna manera, vinculado y en contacto con el šayj y sus hermanos quienes se comportarán con él mejor que su propia familia, sosteniéndole y animándole según su estado.

Otra posibilidad es que el fracaso se deba a una falta de sinceridad del aspirante. Dicha falta puede ser de varias clases: Puede ser que el aspirante tenga una opinión muy elevada de sí mismo hasta el punto de no percibir que dicho sentimiento procede del Šaytan. Podría ser que el aspirante tenga una tendencia tan fuerte hacia algo lo cual está prohibido en la Šari’a, que dicha tendencia se manifieste de una manera más o menos intensa, a fin de poner en guardia, tanto a él como al šayj y sus compañeros, sobre la continuidad de este aspirante en la tariqa, de la cual deberá alejarse, tanto por su bien, como por el de sus componentes.

¿Qué ocurre cuando se pasa la prueba? En ese caso no ocurre otra cosa que, de alguna manera, y más tarde diremos por qué decimos “de alguna manera”, su andadura por la tariqa ha comenzado efectivamente.

Dicho esto, seguiremos hablando de la metodología de la tariqa en estos tiempos y más tarde nos centraremos en la andadura concreta del faqir por el camino de Allah.

EL METODO

Hemos llegado a un punto, en este nuestro análisis, en el cual ya es difícil el poder ir hacia atrás y retomar el camino andado previamente. Miramos siempre hacia adelante, sin dejar de observar aquello lo cual encontramos a los lados del sendero. Pues, si al camino es estrecho, el horizonte es tanto más amplio cuanto más se camina por él.

Vamos a hablar del método a seguir en el camino de Allah. Aunque no obstante, visto que se trata de un tema de los favoritos de los “eruditos”. Habida cuenta que estos, sin poseer un conocimiento de causa del tema tratado ni una experiencia de primera mano sobre el sujeto, han cometido y siguen cometiendo unos errores tan infantiles como pintorescos, nos es necesario clavar una pica y sentarnos a explicar lo erróneo, así como interesado, de sus análisis, por decirlo de alguna menera. Sobre todo, después de conocer la fácil transmisión de sus escritos, tan “ponderados” y tan “cacareados” por los heraldos del “glamour espiritual”, sillones intelectualoides y cátedras de cartón.

Es moneda común, leer o escuchar acerca del método sufí en las tariqats. Sin embargo, este “análisis” opiniatra y superficial, no deja de ser un intento de reducir el camino sufí a una suerte de especialidad universitaria la cual debería ser seguida de una manera “standard”.

Estandarizando el sistema, escribiéndolo en las páginas de un libro al alcance de cualquiera y estampándole a su vez el “sello de sufí”, se puede ganar mucho dinero. Como dijo Rasul – sobre él la gracia y la paz – :

En los últimos tiempos la religión de las gentes será la de amasar la mayor cantidad posible de dinero.

Según estas falsas metodologías, copy-paste de los libros de algunos maestros, por parte de algunos pillastres, el método sufi sería algo como esto:

El maestro y el discípulo se dan la mano cumpliendo un ritual marcado por una fraseología estandarizada e inviolable. He aquí el primer error. No se descarte una ceremonia al efecto amenizada por un grupo musical y alguna que otra empresa de catering; vamos “un lunch”.

El segundo paso es el que el šayj te dé un tasbiḥ (lo más grande y bonito posible) para que reces en él. Cuidado con romperlo, porque el manual no contempla un tasbiḥ de recambio. Segundo error.

El tercer paso es hacer el wird, solo y en grupo. Cuidado, para los eruditos el grupo es fundamental. ¿Por qué? Pues hombre, porque en el grupo, sobre todo si se trata de un falso šayj, se controla a los humildes para que los orgullosos o listillos se pongan al frente y así estar siempre ellos a la cabeza. Por supuesto, los jefes serán grandes comerciantes o, a ser posible, “famosos intelectuales”. Tercer paso, tercer error.

El cuarto paso es que el šayj te dé un dikre: El dikre de La ilaha ‘illa Allah” es para los pobrecillos y el dikre del ism Azam (Allah), es para los grandes fuqara, quienes como no, con este dikre, ya empiezan a estar por encima del bien y del mal. Para las consideraciones de bien o mal ya están los pobrecillos, los sin-fortuna. He aquí el cuarto error.

El quinto paso es ponerse un gran tasbih al cuello y parangonarse de acá para allá mostrando una barba muy cuidada, una mirada de superioridad y un habla enigmática. Si luego se tienen informadores al lado, se les envía a casa de los pobres para espiarles y controlar su vida. Este último paso del método termina con la autoproclamación, sea del moqaddimato o del šayjato según las circunstancias y la lectura de la situación. Y a fe que muchos han amasado verdaderas fortunas con este circo.

He aquí el método de los eruditos tan de moda en estos tiempos. Pero, ¿es este un método rabbani?

NO, este resulta ser un método šaytani.

He aquí, a continuación el verdadero método, actual, adaptado a los tiempos en los cuales vivimos, procedente del Qur’an y de la Sunna, como prueba de su veracidad y autenticidad:

Es cierto que se concluye un pacto con el šayj, de manera que ambos, šayj y discípulo, tomen la responsabilidad correspondiente a cada uno. Dicho compromiso es entre ellos, pero sobre todo, de cada uno de ellos y de ambos con Allah (subhanahu wa ta’ala). Dicho acto no necesita de un rito determinado, sino únicamente de la aceptación de ambos.

Una vez el compromiso adquirido el aspirante recibe un wird. En realidad es un error considerar la existencia de una diferencia entre el wird y el dikre, pues ambos son dikre (recuerdo de Allah). Dice el libro de Allah:

Recordadme y os recordaré.

Dicho wird irá de acuerdo con las características del aspirante, y evolucionará con su maqam, siempre y cuando el faqir avance de una manera real.

Existe un elemento el cual por supuesto ha pasado desapercibido por los “eruditos” y opiniólogos. Dicho elemento es el hecho de que el faqir, si promete progreso en la tariqa, debe quedarse una temporada junto al šayj con tal de que éste inspeccione de cerca los movimientos los cuales se producen en su corazón, así como las dificultades opuestas por su nafs. De esta manera, el faqir recibirá consejos los cuales le ayudarán. No olvidemos que el šayj es un médico del corazón capaz de tratar las enfermedades del nafs y dar una medicina adaptada solo y únicamente a esa persona determinada. No existe una terapia estándar para el grupo.

Dentro del grupo, si lo hay, podemos distinguir dos niveles: el de aquellos quienes se reúnen para realizar una ŷamaˤa, donde se practicarán diferentes recitaciones indicadas por el šayj, provenientes del Corán y de la Sunna; y por otro lado, el grupo de aquellos los cuales están dedicados a la búsqueda del maqam por encima de otra consideración. El primer grupo es muy positivo desde el punto de vista del beneficio espiritual que recibirán sus componentes. Pero, en estos tiempos, como hemos constatado en casi la totalidad de aquellos los cuales hemos frecuentado, se ha convertido en un refugio de pequeñas mafias donde la nafs de los más oportunistas puja por dominar la de aquellos quienes son más simples y menos malintencionados. Todo ello porque la mayoría de los grupos más o menos numerosos los encontramos en tariqats donde el šayj es falso.

Vayamos ahora al aspecto espiritual de la metodología válida para estos tiempos. Una vez que el faqir ha comenzado a caminar, no podemos decir que este haya entrado en la tariqa de una manera total. ¿Qué falta pues?:

La respuesta es: un contacto real con Rasul (sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam). Dicho contacto no significa que exista una proximidad de orden físico, sino, antes bien, en el mundo del Ruh. Dicho contacto, es de tal manera nítido, que el faqir no puede dudar de su existencia; tan notorio es dentro de él.

No hemos terminado con el método. Lo hemos dejado aquí porque, a partir de este estadio del contacto con Rasul, no procede que continuemos, perteneciendo el tema en sí a aquello lo cual no ha de ser desvelado.

Sabemos a ciencia cierta que no se ha llegado a comprender lo citado precedentemente relativo al contacto efectivo con Rasul – sobre él la plegaria y la paz -.

Asimismo, somos conscientes del hecho en que solamente aquellos quienes no lo hayan experimentado se encontrarán con la duda al respecto. Explicamos precedentemente como todos los espíritus (‘arwah) participan del Ruh de Rasul, el cual ha sido creado por Allah mediante un puñado de Luz, tomado de Sí Mismo, puñado con el cual creó asimismo los cielos y la tierra.

De hecho, nuestro Ruh, desde el momento en el cual nos encontramos en el ‘Azal, mundo previo antes de nuestra aparición en la tierra, forma parte de ese gran Ruh de Rasul (ṣala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam). Cuando hablamos del contacto con Rasul, nos estamos refiriendo a la consciencia efectiva de este lazo, así como a otro vínculo igual de importante: el amor a él.

Cuenta un hadiz como Rasul dijo a Omar (radiya-l-Lahu ‘anhu) que no sería un verdadero creyente sino le amaba más que a su familia y a sus bienes. Rasul preguntó a Omar si le amaba más que a ellos y Omar respondió afirmativamente sin dudarlo un instante. Seguidamente, nuestro Profeta (sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam) le preguntó si le amaba más que a sí mismo, pregunta ante la cual Omar se entristeció y no supo responder afirmativamente. El mismo día, Omar regresó junto a Rasul diciendo: – Ahora sí, ya Rasulu-l-Lah, estoy seguro que te amo más que a mí mismo.

¿Qué había ocurrido dentro de Omar?: Sencillamente el Ruh de Rasul se apoderó del suyo o simplemente el Ruh de Omar contempló la verdadera naturaleza del Ruh del profeta. Algo grande debió haber ocurrido en ese corto intervalo de tiempo transcurrido desde la pregunta del profeta hasta la respuesta definitiva de nuestro jalifa bien guiado.

Uno de los pilares del wird es la recitación de la fórmula que podéis encontrar en la cabecera de muchos de mis escritos:

Allahumma salli ‘ala sayyidina Muhammadin ‘abdika wa rasulika nabiyyi-l-‘umiyyi wa ‘ala ‘alihi wa sahbihi wa sallim taslima 

¡O Señor nuestro! Haz la plegaria sobre Muḥammad, Tu servidor y enviado, el profeta iletrado, así como sobre su familia y compañeros; sobre todos la paz perfecta.

Esta recitación debe ser hecha a diario al menos 100 veces para aquellos aspirantes quienes comiencen su andadura en la tariqa. Cuando se ha establecido el vínculo con Rasul, el aspirante, si sus ocupaciones se lo permiten, puede llegar a recitarla hasta 1000 veces por día.

Existen variantes de “La ilaha illa Allah”, las cuales pueden ser recitadas de 10 a 100 veces diarias según los casos. Diremos una de ellas:

La ilaha illa Allah wahdahu la sharika lah, lahu-l-mulku wa lahu-l-hamdu, yuhyi wa yumit, wa  Huwa Hayyu la yamutu, biyadihi-l-jayr wa ilayhi-l-masir wa Huwa ‘ala kulli shai’in Qadir.

No hay dios sino Allah, Unico sin asociados a Él, a El el reino y la alabanza, vive y da la vida, pues Él es el Viviente Quien no muere, en Sus manos está el bien y hacia Él es el camino, y Él es sobre toda cosa Poderoso.

Otra variante de Astagfiru-l-Lah es recitada 100 veces o 200.

Una variante de ya Latif, nombre apropiado en estos tiempos de fitna, es recitado 100 veces.

Sin embargo, tengamos en cuenta dos aspectos fundamentales de esta parte del método: La primera es que necesitamos el permiso del šayj para ejecutar las recitaciones en la manera y el número indicados por él. El segundo aspecto a tener en cuenta es que dichas recitaciones no son una medicina para todo el mundo, antes bien para cada aspirante existe un tratamiento personalizado, siempre que el šayj sea verdadero; no nos fatigaremos nunca de decir esto último.

Sí podemos, y debemos decir ,que el hecho de recitar es común a todos y cada uno de los aspirantes y constituyen una base “sinequanon”.

Una prueba fidedigna del acercamiento al contacto con Rasul, es verle en sueños. El mismo Profeta nos dice que aquel quien le ve en sueños le ve realmente puesto que el Šaytan no puede tomar su forma. Es impensable el hecho de que pueda existir un acercamiento a Rasul sin haberle contemplado en el manam (visión en el estado de sueño).

La visión en el manam es un preludio de la visión en el estado de vigilia. Nadie puede contemplar el Sol de cara pues se quedaría ciego. Asimismo nadie puede contemplar las realidades del mundo de los significados (maˤana o ‘alam latafa) pues lo endeble de su naturaleza humana, aún apegada al nafs, no podría resistirlo. De ahí la importancia de las visiones en el estado de sueño y lo vital de su explicación. Cuando dormimos nuestra nafs duerme con nosotros. De esta manera, nuestro espíritu (Ruh) puede viajar por los cielos y traernos noticias de las realidades del mundo de los significados. Dichas realidades, al llegar a nuestro cerebro, el cual forma parte de nuestro cuerpo, llegan cripticas de tal forma que puedan ser asumidas y concebidas por él. Es esta la razón por la cual los sueños verídicos necesitan ser interpretados por alguien quien conozca los dos mundos, en este caso por el šayj o un moqaddem autorizado por él, habida cuenta de que ambos sean verdaderos.

En agosto del año 2010 escribimos una entrada la cual hablaba del simbolismo de lo contemplado en el estado de sueño. Vimos que los símbolos, si bien algunos podrían ser interpretados de una forma más o menos fija, estos mismos u otros podrían estar en consonancia con los acontecimientos vividos por el aspirante, así como limitados por su propio maqam.

Poco a poco el aspirante sabrá interpretar dichas visiones, así como contemplar estupefacto cómo se realizan una tras otra de una manera, en ocasiones inesperada por él mismo. Con ello tendrá una prueba real de la existencia del mundo de los significados así como de la operatividad de éste en el mundo de las percepciones sensoriales (ḥiss).

« La visión en sueños de un creyente es equivalente a la cuarenta y seisava parte de la profecía ».

Es evidente que el aspirante no puede andar solo por este camino, sin el concurso de un maestro, pues noticias sobre su estado o cambio de maqam, vienen dadas en las visiones verídicas en el estado de sueño.

Es incluso en dicho estado de sueño en el cual los mismísimos ‘awliya, viéndose libres de las cadenas de sus cuerpos, pueden volar a cumbres inalcanzables para ellos durante el estado de vigilia.

LOS PROBLEMAS Y DIFICULTADES – EL SUFRIMIENTO

Llegados aquí vamos a analizar un aspecto poco conocido del camino espiritual. Más que poco conocido, poco atrayente o difícil de aceptar. Se trata de los problemas y las dificultades. Dice un hadiz:

El Paraíso se encuentra rodeado de sufrimientos, mientras que el Infierno se encuentra rodeado de placeres. (Muslim)

Este hadiz quiere prepararnos para aquello que nos espera en nuestro camino si queremos aproximarnos del favor de Allah o de Allah mismo. En aquello lo cual se refiere al aspirante espiritual, el šayj Udda ben Tunas, sucesor directo del šayj al-Alawy, dice en una qasida:

‘Innani ‘ara siqama                                        En verdad os digo que el sufrimiento

Hullatan minkum Lizama                              Es una túnica obligatoria para vosotros

Wa man lam yakun saqiman                          Pues aquél quien no sufre

Bil hubbi fama staqama                                 Por amor, no se levanta

Dice el Libro de Allah:

El hombre no se cansa de pedir lo bueno, pero si el mal le toca, se queda abatido, desesperado (41-48)

…Si les ocurre algo bueno dicen: “Esto viene de Allah”, pero si les ocurre algo malo dicen, esto viene de ti… (4-77)

Alif, Lam , Mim ¿Es qué creen los hombres que se les va a dejar decir: creemos y no van a ser  puestos a prueba? Es verdad que ya probamos a los que los precedieron. Para que Allah sepa quiénes son sinceros y quienes son falsos. (29 – 1,2)

Os pondremos a prueba en lo que afecta a vuestras riquezas y personas…  (3 – 186)

Cuán lejos está todo esto del “sufismo-casa de muñecas” de los eruditos o de los šuyuj al’amir, ¿verdad?

Bien, ya hemos visto como Allah pone a prueba a los musulmanes antes de ofrecerles el Paraíso a cambio de su paciencia y buen comportamiento, demostrado en la aceptación de Sus mandatos y prohibiciones de buen grado y con sumisión.

Para el aspirante espiritual la razón de dicha prueba es la misma en lo que a la Šari’a respecta, siendo algo diferente a su aplicación en el camino de Allah.

El Šayj sabe que su discípulo va a ser puesto a prueba por su Señor. Aquí no hablamos a la prueba preliminar de entrada a la tariqa, mencionada anteriormente, sino antes bien al rigor al cual va a ser expuesto hasta la llegada a su maqam.

Tomemos un ejemplo de la historia de Ibn Ayiba de Tetuán. Era ben Ayiba un hombre rico en su época. Cuando su maestro, el šayj al Buzidi, se hizo cargo de él, le recomendó dar todo su dinero a los pobres y no dejar en su casa sino lo suficiente para honrar al huésped durante los tres días recomendados por la Sunna. Esto que hizo el šayj al Buzidi, por supuesto fue para educar a su discípulo, pero así mismo, porque sabía que el mismo ben Ayiba iba a ser un šayj más tarde y se encontraría investido de una gran responsabilidad. Este aspecto de la educación del nafs no es conocido por casi nadie. Hermanos sabed, y escribo esto con letras mayúsculas, que cuando un discípulo marcha por la tariqa, las fuerzas de mal pujan todo lo que pueden por arruinar su andadura. Sin embargo, la fuerza de Allah es más poderosa. Así pues, no temáis, son solamente las olas del mar embravecido las cuales harán un enorme estruendo, pero no os harán mal alguno, pues una Mano divina se lo impedirá absolutamente.

Dijo el chayj al-Alawy a sus fuqara’ en una qasida:

…Antum fi amani-l-Lah…              Vosotros os encontráis en la seguridad de Allah

En otra qasida dijo a sus discípulos aventajados:

Antum muluku-l-arḍ min hayzu qurbihi – Vosotros sois los reyes de la tierra  en tanto   os encontréis en la Presencia de Allah

Sin embargo, en esta época, el šayj no somete a este tipo de pruebas al faqir. Antes bien, deja pasar los acontecimientos, para así, de esta manera, el faqir comprenda el hecho de que dicha apretura viene directamente de Allah. Es cierto que el aspirante, si va a llegar al maqam, vaya a pasar por momentos de apretura y angustia, pero esto es, en cierta medida, normal. Todo ello no pasará más allá de los miedos y tormentos de su nafs, a la cual le gusta tener todo bajo control. Su nafs será atormentada, sometida a angustias, y sin embargo, ¡oh maravilla!, nada ocurrirá.

Si un aspirante quiere andar por el camino del maqam y fortalecerse en él, deberá pasar por todo ello y devenir de esta manera inalterable ante cualquier tipo de acontecimiento.

Si no obtiene la fuerza y la paciencia necesaria, ¿cómo le va a ser otorgado un maqam donde las luces divinas brillan con todo su esplendor? Simplemente no podría soportarlas.

Así pues termino estas apreciaciones sobre las dificultades añadiendo un consejo. Si se me pregunta: cuál es el remedio para pasar lo mejor posible estas dificultades, la respuesta es: -“Haced la ṣadaqa”.

Dice un hadiz:

Haced la sadaqa (limosna) pues ésta os protege contra el bala’ (calamidad) el cual pretende alcanzaros.

Dad hermanos, el bien que Allah nos ha dado liberalmente, no es nuestro, es una ‘amana (responsabilidad) en nuestras manos. No dad a los aprovechados quienes se enriquecen con islam y tariqa a causa de los pobres confiados, sino a los necesitados de verdad, a vuestros hermanos más pobres, o a aquellos quienes se encuentran en dificultad. Este es mi mejor consejo.

LA EDUCACION DEL NAFS

¿Qué ocurre entonces con la educación del nafs? Hemos analizado, con la ayuda de algunos versículos coránicos, el hecho patente de la existencia del sufrimiento en el camino de Allah. Dicho sufrimiento proviene del mismo nafs, producto del hecho según el cual ella no encuentra de su gusto el salir de la rutina, tanto como el perder el control de la situación. Allah demuestra al nafs con Su Decreto que es Él Quien manda y Quien tiene a Su servidor completamente bajo Su dominio.

Se dirá, y es cierto, que Allah tiene siempre el dominio sobre todos Sus siervos, sea cual fuere la situación y condición de todos. Sin embargo, en el camino hacia el maqam este control se hace más patente y su notoriedad se convierte en rutilante para el aspirante. El caminante sabe que cada paso andado está controlado, no solamente cada paso, cada soplo, cada segundo, es consciente de una Presencia Sagrada la cual se apodera de él y de sus asuntos.

A partir de ese momento, la vida del aspirante, y hablo del aspirante el cual esté destinado a un maqam en la maˤrifa (conocimiento supraracional), cambiará de destino, probablemente una y otra vez. Sus asuntos se pondrán en peligro esperando una fuerza milagrosa que llegue a salvarlos. Esta fuerza siempre llegará. Su salud puede verse atacada hasta el punto de sufrir molestias enormes e increíbles, luego, en un momento dado, todo se calma y uno se queda como estaba antes.

Si se pierde todo, al día siguiente se recuperará. Las sorpresas llueven del cielo, una y otra vez, sin cesar.

Los amigos pueden abusar de él, insultarle, traicionarle, tentarle a seguir un camino falso, pero él resistirá incólume. Cada acontecimiento aparentemente negativo le dará más fuerza, y la paciencia demostrada en la aceptación de todo ello, le hará subir en grado. Confirmará esta subida de grado en el manam (visión verídica en el estado de sueño) donde se verá soldado, policía, general, ministro o incluso rey. Dichas visiones se verán reforzadas con un gran yaqin (certeza) y un añadido de sabiduría correspondiente.

Sabiendo que ha subido en grado, tendrá aún más temor, pues sabrá a ciencia cierta que, cuanto más se acerque de la Sagrada Presencia, mayor será la intensidad de la prueba y tanto más la nafs será contrariada. Acaso no dice Rasul – sobre él la gracia y la paz – en un hadiz?:

Morid antes de vuestra muerte.

¿Morir a qué? Morir al ego, representado por la nafs, prescindir de lo superfluo, aunque sea Halal. Paulatinamente el servidor verá el Amor tomar plaza en su corazón quemando las impurezas.

Pero el nafs gritará, pedirá sus derechos, surgirá con denodado ímpetu diciendo:

¿Qué me estás haciendo, desleal? ¿No éramos amigos íntimos tú y yo? ¿Porqué eres tan duro conmigo? ¿No sabes que te puedo hacer mal? ¿Te crees más fuerte que yo?

Es entonces el momento de ayunar, de decir Allahumma salli ‘ala Muhammad… tantas veces como se pueda. Es el momento de anclarse en la paciencia, la constancia y la inteligente visión de la nafs, la cual se está mostrando delante de ti con su bravuconería creyendo que no la ves. Es el momento de conocer sus debilidades y de atacarla en ellas, se ha quedado desnuda delante de ti. Sé inteligente, ve al šayj, coméntale lo que has visto y con el arma que te ha dado, amenaza a tu nafs y ordénala la obediencia.

Estas cortas frases, hermanos, están vivas, pues con vida han sido escritas. ¡Qué diferencia del sufismo de cuentos de hadas de los “eruditos” y los falsos šuyuj!

¿Dónde están aquí esas “lumbreras” del conocimiento sucedáneo, quienes ni siquiera han gustado el 0.0001 por ciento de lo que acabamos de explicar?

¿Veis como en estas circunstancias, el aspirante no puede pararse a arreglar su barba y acicalar sus vestidos para impresionar a unos y engañar a otros? Demasiado tendrá con su asunto: La guerra contra su propia nafs no le deja respirar, no dá tregua.

La guerra contra el nafs es real, es a diario, sin respiro. Normalmente no vemos de ella sino una pequeña parte, pero cuando caminamos por la tariqa se deja ver, se necesita a ella misma completa para cortarnos el camino, y cuando se muestra, pobre ignorante, no sabe que la vemos y que estamos designando una estrategia para domarla. No conoce nuestra estrategia y esto en la batalla significa la derrota.

He aquí uno de los papeles del šayj: ayudar a conocer nuestra propia nafs, darnos las armas para combatirla y las instrucciones para derrotarla.

La Ḥikmah de Allah nos esconderá nuestro maqam para así dejarnos sumidos en la inseguridad del desconocimiento de nuestra esencia. Así no nos dormiremos en la vana gloria, haremos duˤa, nos sentiremos débiles, ínfimos, sin fuerzas. No obstante, conoceremos que ello no es así, nos aproximamos, nos acercamos y tanto más cerca estamos del maqam, más débiles somos. ¿Por qué?: Hermanos, porque cuanto más cerca estamos de Él, más pequeño se hace nuestro ego y más grande Su Divina Presencia.

Así pues, no seremos grandes fuqara, ni grandes moqaddems ni superšuyuj, ni megasabios, sino siervos humildes y aniquilados ante Una Presencia Enorme y Divina, la de nuestro Señor Allah (exaltado sea).

¿Cómo estando en estas condiciones podríamos cuestionar su Šari’a y no cumplirla? ¿Cómo en estas condiciones diríamos que la plegaria es solamente para los hombres de pequeño rango? ¡NO, por Allah, qué barbaridad! Es antes bien, en estas condiciones, en las cuales cumpliremos con más temor y devoción lo que Allah ha ordenado y evitaremos con mayor ardor aquello lo cual El, en Su enorme sabiduría, ha prohibido.

Qué Allah nos haga fuertes en el cumplimiento de la Šari’, porque en ello existe un bien el cual no somos capaces de vislumbrar. Cumplir la Šari’a es salvaguardar el Din, conservar la familia islámica y evitar la corrupción de la sociedad.

Por ese motivo todos nuestros šuyuj han dicho que en la Vía espiritual la Šari’a son 99 partes y la Ḥaqiqa una sola, la cual engloba todo lo demás.

LOS LIMITES DEL CONOCIMIENTO

Di: Nadie en los cielos ni en la Tierra conoce lo oculto salvo Allah. Y no saben cuándo serán resucitados” [an-Naml 27:67]

Él posee las llaves de lo oculto y nadie más que Él las conoce. Sabe lo que hay en la tierra y en el mar. No hay hoja que caiga que Él no lo sepa, ni grano en el seno de la tierra, o algo que esté verde o seco sin que se encuentre registrado en un libro evidente.” [al-An’aam 6:60]

El Profeta (la plegaria y la paz de Allah sean con él) explicó estas claves en referencia a cinco cosas que son mencionadas en Surat Luqmaan, donde Allah dice:

Sólo Allah sabe cuándo llegará la hora [el Día del Juicio], cuándo hará descender la lluvia y qué encierra el útero; y nadie sabe qué le deparará el día siguiente ni en qué tierra ha de morir. En verdad Allah es todo lo sabe y está bien informado de lo que hacéis.” [Luqmaan 31:33].

Al-Bujari narró en su Sahih (hadiz n° 4477) que ‘Aˤishah (que Allah esté complacida con ella) dijo:

Todo el que te diga que sabe lo que sucederá está mintiendo”. Luego recitó: “Nadie sabe lo que le sucederá mañana”.

Antes de continuar con el tema de este escrito, querría, queridos/as hermanos/as, invitaros a una reflexión:

Todos sabemos cuánto pretendido šayj en el dominio del sufismo pretende conocer el futuro. Es el caso en el cual, recientemente nos ha llegado la noticia del hecho de que uno de estos “šuyuj” ha ordenado a sus discípulos el no ir al Ḥiŷŷ de este año, pues algo terrible iba a suceder según él (2011).

Sabed que, cuando alguien, haciéndose pasar por šayj, os dice cosas de este calibre, se trata de un hombre falso y en consecuencia de un falso guía. No seguidle pues y recomendad a otros evitarlo.

Continuando con el análisis de hoy, y a la luz de la lectura de estas aleyas y este hadiz, podemos deducir fácilmente el hecho de que Allah menciona en su Libro cinco cosas desconocidas por todos menos por El Mismo. Además de estas cosas, es de sentido común en el creyente considerar que, si Allah así lo quiere, el conjunto de cosas conocidas solamente por Él no tiene por qué limitarse a dichas cinco, puesto que Él es Aquel Quien hace lo que quiere y todo lo sabe.

Ahora bien, la pregunta la cual se nos viene al espíritu, es esta: ¿Es el Gayb (Mundo oculto) aquello lo cual solamente es susceptible de ser conocido por Allah? ¿O aquello no conocible por el común de las gentes?

Hemos expuesto en alguna ocasión la existencia de dos mundos, uno físico o perceptible a través de los sentidos y el pensamiento (‘alam kadafa) y otro no-perceptible por las potencialidades comunes del ser humano (‘alam Latafa). Dicho mundo, llamado ‘alam Latafa es aquél el cual, englobando éste (‘alam kadafa), contiene dentro de él los elementos desconocidos para la mayoría de los seres humanos. Ahora bien, desconocidos no significa no-cognoscibles.

En, el ‘alam Latafa existen Ŷibril (ˤalayhi-s-salam), los ángeles, los šayyatins, los ŷins, los siete cielos, el Trono de Allah, el Ŷanna, el Ŷaḥannam y multitud de otros elementos.

Nos cuenta el profeta (sobre él la plegaria y la paz), como durante su ascensión celeste contempló en su forma celestial, a los enviados con los cuales rezó en al Qudds en su forma física. Nos cuenta como pudo ver el Trono y situarse a la distancia de un tiro de arco de éste y de Aquel Quien está instalado en él.

Es en consecuencia, el hecho de que tanto los profetas como los ‘awliyya pueden contemplar este mundo desconocido para el resto de los seres humanos. Las criaturas habitantes de este ‘alam Latafa se ven las unas a las otras. Luego, ello significa que no podemos asociar este mundo al Gayb en su sentido absoluto, es decir: conjunto de cosas cognoscibles únicamente por Allah. El mundo Latafa siendo desconocido para la mayor parte de la humanidad, podría ser llamado Gayb, pero únicamente a título restringido.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo del camino por la tariqa?¿El conocimiento del ‘alam Latafa? La respuesta es No. El objetivo del camino espiritual es el conocimiento de Allah. Se dirá que ello es imposible. Sin embargo, Rasulu-l-Lah nos dice lo contrario en este hadiz:

Aquel quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor.

Luego, he aquí el testimonio inequívoco de la aseveración presentada más arriba. Os podréis preguntar: – ¿Qué es aquello lo cual podemos saber conociendo a Allah? Hermanos: Lo que Allah quiera. No obstante, estad seguros que, sea lo que sea, se tratará sin duda alguna de Maravillas en toda la amplitud de la palabra. Aquello lo cual ningún ojo ha visto y ningún espíritu puede concebir.

ESTO NO ES UN MANUAL – SE TRATA DE INDICACIONES NECESARIAS

Nunca hemos pretendido escribir un manual de sufismo práctico y nunca hemos entrado en dar consejos dirigidos a un faqir determinado. Hemos procurado establecer ciertos principios a fin de evitar el extravío de aquellos quienes, faltos de experiencia, entran en contacto con el sufismo por vez primera, así como ayudar a otros quienes, a pesar de los años pasados en este camino, sea porque su šayj es débil o no es šayj, sea porque su interés es superficial, se han quedado enquistados sin avanzar.

Podemos decir mucho más sobre este sujeto, pero no queremos ir más allá. Todo aquello lo cual está por decir releva de la enseñanza práctica dirigida al discípulo en particular, atendiendo a sus capacidades o a sus estados. Asimismo, el conocimiento real de la Tariqa es llamado “sirr” (secreto); haciendo pues acopio y honrando el significado del término, se trata de algo lo cual no puede ni debe ser revelado, tratando como trata de la relación sagrada Allâh-servidor.

Sin embargo, nos limitaremos a dar algunas pinceladas, a fin de que aquellos dotados de una fina intuición, puedan vislumbrar algún destello de luz que ilumine su camino.

En el dominio de la tariqa, además de lo ya expresado, existen fuerzas de las cuales, cada una de ellas tiene una función a cumplir.

Vamos a recordar unas palabras de Sahil a-t-Tushtari (que Allah esté satisfecho de él), quien manifestaba que todo aquel para quien el maqam estaba destinado, se hacía acompañar de un amigo el cual  le ayudaba a través de su andadura. Sidi Sahil continua añadiendo que dicho amigo es de naturaleza no-humana. Y aquí nos quedamos, pues si alguien no ha captado esta realidad es signo de que su andadura en la tariqa se encuentra aún lejos del maqam del maˤrifa.

Otro elemento importante es saber que el Šaytan nos asediará hasta que la nafs esté sometida totalmente.

En la tariqa existen guardias de naturaleza no-humana (mala’ika y ŷins salihin) los cuales protegen con el permiso de Allah a los aspirantes.

Muy importante es saber que las percepciones espirituales no se mostrarán de una manera clara y rutilante hasta que la nafs no haya sufrido la muerte.

Si alguien desea ir más adelante por este camino que el haber leído estos artículos, así como los libros sobre el tasawwuf, debe simplemente practicarlo y ponerse a la disposición de la guía de un maestro verdadero, suerte la cual nosotros hemos tenido y la cual deseamos a todos y cada uno/a de vosotros/as. Debéis saber que los libros son sólo las cenizas del conocimiento.

Decir que el maqam no es dominio únicamente del hombre sino también de la mujer, aunque, en honor a la verdad, se impone precisar, el hecho en el cual la mujer no puede hacer el papel de šayja más que con las mujeres y el hombre con ambos sexos, aunque salvedades hubo y pueden haber, si Allâh así lo quiere.

Hermanos,  si alguno de vosotros se resuelve a seguir este camino nos encontramos a vuestra disposición, pues, Al-Hamdu li-l-Lah, lo necesario para ayudaros se encuentra en nosotros sin duda alguna.

Gracias por vuestra atención y que Allah os recompense por vuestra paciencia.

EL MAQAM DE LA WILAYYA

En principio hemos de manifestar que existen diferentes grados en la wilaya, así como diferentes clases de ‘awliyya.

Creo que toda la Umma concede el hecho de que existen ‘awliyya y que éstos son los allegados a Allah. Ellos han existido, siglo tras siglo, a lo largo de la historia de nuestra ‘Umma. La única diferencia en cuanto a dicha concesión es de concepto, en cuanto al alcance del significado de la palabra “waly”, utilizada por Allah en el Qur’an y presente en algunos hadices de la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Pero nosotros no nos hemos propuesto entrar a explicar o a debatir sobre esta diferencia de concepto, sino llamar la atención sobre algunos aspectos, pertinentes a la sazón, del alcance y significado de la palabra “waly” en el sufismo ortodoxo, desde la época del Profeta  – sobre él la plegaria y la paz – hasta nuestros días.

En las líneas anteriores hemos explicado cómo se debía seguir el camino de la proximidad a Allah en una época como esta. Hemos confesado el hecho de que no queríamos entrar en las vivencias de aquellos quienes, próximos a Allah, se encuentran establecidos en el maqam de la wilayya. Como dijimos, insignes autores sufís han tratado de este tema por diferentes razones. Estas razones las podemos dividir en dos:

a/ informar a los discípulos quienes, aunque ‘awliyya, necesitaban ciertas precisiones útiles afín de avanzar en su maqam.

b/ informar al resto de la Umma sobre la sublime grandeza del estado de la sumisión total (ˤUbudiyya).

Con respecto a la primera de las razones, se daba la circunstancia de que en aquella época el número de ‘awliyya era importante; asimismo las posibilidades de comunicación eran mucho más limitadas que en la época actual. Se hacía pues necesaria la escritura de dichos tratados a fin de hacerlos publicar para la Umma o de que llegaran a las personas destinadas, siendo algunos de estos šuyuj: Abdul Qadir al-Ŷilani, al Gazali, Ḥassan al Basri, Abu-l-Abbas al Mursi, Abu Madiam al Gawz, šayj Darqawi, šayj al ˤAlawi, etc.

Ahora bien, en estos tiempos, oscuros en lo que apenas se conoce a los verdaderos ‘awliyya, la escritura de dichas publicaciones se ha convertido en intrascendente. Ni que decir tiene, que los medios actuales de comunicación facilitan el contacto de tal manera que no se necesitan explicaciones o tratados escritos al efecto. Esta es la verdadera razón por la cual los verdaderos šuyuj actuales no encuentran de utilidad alguna el escribir sobre el maqam del Tawhid. En cuanto a la otra utilidad, a saber: presentar el maqam del Tawhid al resto de los musulmanes, ello ha estado cumplido con creces por los šuyuj precedentes, hecho este por el cual los šuyuj actuales han considerado innecesario escribir sobre el mismo sujeto.

CONCLUSIONES

Como ya he señalado, que nadie piense que conociendo esto que acabo de escribir va a tener una visión teórica completa sobre el Sufismo. Antes al contrario, lo que acabo de hacer es exponer algunos de los principios teóricos del Tasawwuf a fin de hacerlos más asequibles a vuestro entendimiento, provisto que la mayoría de vosotros nunca o casi nunca habéis entrado en contacto con conceptos como los que acabo de expresar.

No es pues, una guía, no es un manual, no es un artículo de ocasión. Se trata de una información suficiente y necesaria para todo aquel quien desee entrar en contacto con el Tasawwuf, así como para todos aquellos quienes sigan a falsos guías.

Servirá además a fin de aclarar ciertos conceptos a aquellos, quienes estudiosos del Fiqh, no hayan entrado nunca en contacto con estas realidades.

Y Allâh sabe más.

Abdul Karim Mullor

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