99 NOMBRES DE ALLÂH – XCVI – AL BÂQÎ – EL ETERNO – EL PERMANENTE

99 NOMBRES DE ALLÂH – XCVI – AL BÂQΠ

Nosotros creemos en nuestro Señor para que nos perdone las faltas y la magia a la que nos forzaste. Allâh es mejor y permanece. (20-72)

Allâh es Eterno ya que El no tuvo comienzo ni fin, es decir, no hubo ni habrá tiempo ni momento alguno en el cual Allâh no existiera y no fuera lo que es, lo que fue, lo que será por toda la Eternidad.

Como siempre, los Nombres Divinos tratan de mostrar cómo es Allâh a los dotados de entendimiento. Dichos Nombres resultan ser Su expresión cara a la naturaleza humana la cual necesita de signos para conocer la realidad que los trasciende.

En toda evidencia, no podemos conocer el Infinito con la mente ni la razón, pero si podemos concebir su imagen por medio de los conceptos de eternidad y falta de limitaciones.

Allâh nunca tendrá fin, y este hecho deja la existencia eterna asegurada para las criaturas quienes accedan a la otra vida para no terminarla jamás. Un seguro de eternidad para aquellos agraciados con la Presencia Divina o los goces del Paraíso.

La Eternidad es allí donde el tiempo ha dejado de existir para convertirse en el eterno presente, sin alteraciones ni cambios. Allí donde nadie envejece y nada aparta el ser humano de un Señor Todo Misericordioso, provisto que El haya querido acercarle y proponerle intimidad.

El espíritu humano solamente podría ser libre sino pudiera concebir la Eternidad; allá donde las barreras caen y donde se vive la verdadera liberación, estando únicamente a expensas de los bienes que Allâh haya decidido ofrecernos.

Ni el lugar ni el tiempo le afectan ni le contienen, siendo El quien les ha creado como un cómputo y como un estado en el cual se desarrolla la libertad del albedrío, inclinando la balanza hacia el bien o hacia el mal.

Por ese motivo, porque no somos eternos en el sentido total del término, Allâh ha creado la muerte a fin de mostrar Su singularidad de ser eternamente Viviente, hecho este que ninguna naturaleza, ni tan siquiera la angélica puede experimentar, ya que todos cuantos estamos en los cielos o en la tierra somos Sus servidores de grado o por fuerza.

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