VIDA DE LOS SABIOS DEL HADIZ – IBN HAŶŶAR AL-ASQALANI

VIDA DE LOS SABIOS DEL HADIZ  – CONTINUACION

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el Que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sean sobre la corona y sello de los profetas, sayyidinâ Muḥammad, así como sobre su familia y compañeros.

Hoy terminamos con la exposición de la vida de los sabios del ḥadiz. Recordamos que en el extenso estudio de la ciencia del hadiz que nos hemos propuesto realizar, resumimos primeramente la vida de los transmisores, seguida más tarde con la de los recopiladores, para terminar con la de un insigne muḥaddiz (sabio del ḥadiz) conocido en todo el mundo musulmán por su elevado conocimiento al respecto, así como por su sublime sabiduría aplicada y su épica honradez. Hablar de Ibn Ḥaŷŷar al ˤAsqalani es hablar de uno de los más grandes conocedores del hadiz, junto con el Imâm Ŷalâluddin Suŷutî y Al Muntaquim al Hindi, quien recopiló 40.000 hadices en su obra titulada “Kanz al Ummal”.

Nuestra intención al respecto, ya la dijimos al principio, es la de familiarizar al lector con los personajes que nos han transmitido y conservado para nosotros las palabras del profeta – sobre él la plegaria y la paz -, las cuales ha sido ultrajada desde hace 300 años por los mercenarios del Din procedentes de los grupos llamados wahabitas, salafista y los componentes de las corrientes coranistas.

Como dijo el eminente sabio, Šayj Aḥmad Ibn Musṭafâ al ˤAlawi – que Allâh esté satisfecho de él -, el esfuerzo del ḥadiz estaba ya hecho y concluido por estos insignes sabios, e incorporar nuevos estudios y criterios al efecto no llevaría sino al extravío y la sedición.

Más adelante pues continuaremos con la clasificación de los ḥadices según su documentación y soporte justificativo.

EL PERSONAJE

Aḥmad Ibn ˤAlî Ibn Muḥammad (1372-1449) apodado Al Asqalanî por el lugar de procedencia de su padre, nació en el Cairo. Se dio la circunstancia de que su madre falleció el mismo día de su alumbramiento. Y aunque algunos quisieron hacer de esto un signo de mal fario, es necesario decir, que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos puso en guardia contra la fabricación de malos augurios, lo cual es llamado comúnmente “Tera”.

Su padre si vio obligado entonces a dejar al pequeño bajo el cuidado de su otra hija, la cual era menor, de edad muy temprana para poderse ocupar de la nueva criatura.

Su padre fue un antiguo juez y poeta, cesado por no sumarse a la corrupción encabezada por el corrupto sultán de Egipto, Al Mu’ayyad. Es así que se convirtió en pedrero, es decir, cortador de piedras, y de ahí le vino a su hijo el apodo de Ibn Ḥaŷŷâr (el hijo del Pedrero).

Su padre falleció cuando aún era niño, y él y su hermana fueron adoptados por una familia del Cairo. No obstante, fue tratado duramente por la esposa de la familia, de la que hubo de sufrir agravios de todo orden. Fue ella quien en tono despectivo comenzó a llamarle “hijo del pedrero”, apelativo por el cual fue y es conocido por todo el Orbe musulmán; apelativo éste con el cual sin haberlo previsto su madre adoptiva, resaltaba el honor del carácter de su fallecido padre.

Pronto debutó en la escuela coránica en la cual demostró sus extraordinarias dotes memorísticas aprendiendo de memoria el Corán e una ingente cantidad de hadices, poemas y obras literarias.

Examinado por los ‘ulama más competentes de Egipto fue autorizado a impartir clases en la Escuela llamada Bibarsiyya del Cairo la cual se encontraba entre las más reputadas escuelas del Islam en la época. Todo ello, a pesar de que los sultanes mamelucos de Egipto seguían la falsa escuela muˤtazilí la cual no concedía importancia a la ciencia del hadiz. Sin embargo, y a despecho de todo, como veremos, pronto Ibn Ḥaŷŷar se convirtió en uno de los muḥaddices (doctos del hadiz) de referencia en toda la historia del mundo musulmán.

Como todo gran ˤalim del Islâm no le faltaron los enemigos; las maquinaciones alimentadas por los estómagos agradecidos del sultán mameluco no tardaron en aparecer. En ellas tomo un gran papel el Šayj Bulqini, fiel mercenario religioso del sultán, para quien el nuevo ˤalim se había convertido en un estorbo, así como en un gran peligro para su reputación.

Aún más, los ignorantes de entre el pueblo se hacían eco de las propuestas muˤazilitas de basar el Islam solamente en el Qur’an y en negar  la fuerza del Destino. Eso hizo que Aḥmad Ibn Ḥaŷŷar experimentara le necesidad de vivificar las ciencias del ḥadiz, a fin de hacer recordar al pueblo la importancia de la Sunna como fuente de aplicación de la legislación coránica.

Así pues, Aḥmad Ibn Ḥaŷŷâr concibió la idea de comentar todos y cada uno de los ḥadices que se encontraban en el Saḥiḥ Bujari a fin de hacer comprender que ni el Corán podía ser tomado sin el hadiz para legislar, así como que un ḥadiz no podía servir de un testimonio en materia de legislación sino era comparado con otros ḥadices, así como con el Libro de Allâh, así como las circunstancias en las que las palabras del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – pronunció tales o cuales sentencias.

Ibn Ḥaŷŷâr conocía de memoria el Saḥiḥ Bujari, ḥadiz a ḥadiz, junto con su cadena de transmisores y garantes.

A consecuencia de una treta ideada por su hermano adoptivo, que le odiaba, el sultán le destituyó de su cargo, y hubo de ponerse a trabajar reparando calzado para ganarse la vida.

Con todas las de perder, Ibn Ḥaŷŷâr compareció ante el sultán mameluco. Ahora bien, la suerte se le volvió favorable, pues contra todo pronóstico, no solamente el sultán aceptó la verdad de labios de su interlocutor, sino que además le obligó a desempeñar el cargo de Qadi mayor de Egipto a fin de establecer la justicia en todo el país, terminando así 20 años de injusticias llevadas a cabo por los mercenarios del sultán buscando con ello atraer los favores de éste. Pero con el tiempo se demostró que esto era una artimaña del sultán, temeroso de la fama que estaba adquiriendo el nuevo qadi como hombre justo y sabio.

El mismo día en el cual fue nombrado qadi, Taqiyyu-d-Din al Jayubi, su padre adoptivo y benefactor dejó este mundo, partiendo hacia la recompensa de Allâh, a un lugar del que nunca se regresa.

Pero el sultán, hombre astuto y de espíritu torcido no había nombrado qadi a Aḥmad Ibn Ḥaŷŷar sino a fin de acallar las voces populares que se alzaban contra su mandato. En cuanto vio que su guardia personal era juzgada y puesta en prisión por el nuevo qadi a causa de los desmanes que cometían contra el pueblo, el sultán le llamó y le prohibió que la emprendiera contra sus protegidos, cosa a la que Ibn Ḥaŷŷar se negó pidiéndole que le relevara de su cargo. En efecto, Ibn Ḥaŷŷar no se encontraba cómodo en su nueva función, entre otras cosas porque su cargo le sustraía el tiempo que él necesitaba para terminar el comentario de los ḥadices del Saḥiḥ Bujari.

El sultán mameluco aceptó la dimisión de Ibn Ḥaŷŷar, no sin antes ordenarle que fuera él mismo quien escogiera al sucesor. Eligió al Šayj Bulqini quien a la época se había arrepentido de su corrupto pasado. Dicho šayj, una vez convertido en qadi nombró a su mentor “Abul Fadl” (El hombre por el que vienen los favores) reconociendo su saber supremo sobre todo el país y le animó a terminar su obra Fatḥu-l-Bari por el bien de la comunidad musulmana de la época. Aunque el autor es asimismo escritor de otras obras, es ésta por la cual es conocido y célebre en el mundo musulmán

Libre entonces de la dura responsabilidad que representaba impartir justicia pudo dedicar todo su tiempo a terminar su obra.

El sultán falleció de un acceso de risa, ya que le gustaba darse a los placeres mundanales acompañado de personas al efecto.

El próximo sultán, llamado Barsbay, resultó ser honesto y generoso. Este nuevo sultán, renegando del muˤtazilismo, mandó hacer una gran fiesta a través del Nilo en honor de Ibn Ḥaŷŷâr al ˤAsqalani el día en el que éste terminó su obra Fatḥu-l-Bari, la cual es una extraordinaria referencia en la metodología del estudio y la aplicación del ḥadiz.

Abdul Karîm Mullor

 

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