LA PERVERSION RADICAL DE LAS DOCTRINAS DEL ISLAM – PARTE I

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el que Manifiesta Su Misericordia ; y la plegaria y la paz sean sobre nuestro señor Muḥammad, corona y sello de los Enviados y de los Profetas, así como sobre su familia purificada y sus nobles compañeros.

INTRODUCCION

Cuenta habida de la realidad la cual estamos viviendo en la actualidad, debido a la perversión de la Doctrina Islámica de parte de algunas sectas, sectas estas que hacen gala de un gran despliegue de medios económicos, nos hemos visto obligado a realizar un análisis, tan exhaustivo como nos ha sido posible, sobre la metodología utilizada por estos maestros en el arte de Harut y Marut. Para quienes no sepan quienes eran Harut y Marut, hemos de decir que fueron dos ángeles, que por el motivo que fuere, hace más de dos milenios, en Babilonia, poseían conocimiento del arte de la perversión, y no lo mostraban sin antes avisar diciendo: “no nos preguntes sobre esto, es sólo maldad y perversión”.

Este arte, aplicado a la doctrina islámica, primeramente de parte de los formadores de las sectas, y más tarde por sus seguidores y continuadores, ha dado lugar a una serie de doctrinas las cuales no han de ver nada con el Islâm tal y como lo enseña el Libro de Allâh (Corán) y la costumbre del profeta (Sunna) – sobre él la plegaria y la paz -. Tampoco ha de ver con la manera en la cual ha sido practicado el Islâm en sus 11 primeros siglos, mucho menos con la Doctrina reconocida y seguida por la inmensa mayoría de los musulmanes de estos primeros 1150 años de Islâm.

La perversión fue iniciada por Muḥammad Ibn Abdil Wahhab, estudiante de Ciencias Islámicas en la región del Naŷd, cuya capital actual es Riyad, capital asimismo del estado Saudita. Su padre y su hermano se lo opusieron desde el principio; pero el espía británico M. Hempher, contando con el beneplácito de la Commenwealth, le ayudó a inventar una nueva doctrina, a la que sus primeros seguidores nombraron Wahhabismo, en “honor” al nombre de su fundador.

http://www.hakikatkitabevi.net/book.php?bookCode=018

Pronto, Muhammad Ibn Abdil Wahhab, se aseguró el apoyo político y militar de la familia Saˤud, la cual hasta hoy ha gozado del privilegio de ser la propietaria de la Arabia que lleva su nombre.

Este hombre, pequeño de estatura, flaco, de rostro hirsuto y gesto de maldad, confirmó con actos las palabras de su padre, quien llegó a decir: “Estéis donde estéis, nunca os encontraréis a salvo de la maldad de Muhammad (refiriéndose a su hijo)”.

Cientos de personas fueron masacrados en la ciudad de Ta’if, a 30 kilómetros de Makka, según nos relatan estas palabras de un sabio árabe.

http://fiqh-maliki.blogspot.com/2011/03/la-matanza-de-taif-mandado-por-los.html

Este pequeño tirano inventó una nueva doctrina del Tawhid, inspirada en la del Ibn Taimiyya de su época temprana, por la cual estuvo encarcelado por herejía. Si ya Ibn Taimiyya se arrepintió de aquellos escritos, Muhammad Ibn Abdil Wahhab, fue a auscultarlos y a darles vida para hacer de ellos una guía, un “catecismo de maldad”, un nuevo ser dotado de vida artificial, tal cual aquel monstruo de Frankistein, protagonista de los filmes de terror. A esta doctrina perversa, él la llamó Tawhid (Doctrina de la Unidad); y es ella la cual ha sido utilizada como punto de partida para toda creación de sectas radicales en los años y siglos que lo siguieron hasta nuestros días.

Como demostraremos, los patrocinadores y mecenas de todas estas doctrinas de perversión, fueron los británicos, ya que ellos – Dios salve a la reina – la utilizaron para corromper a los “sabios fáciles”, comprándolos con los fructíferos bienes que ellos obtenían de sus colonias en Asia. Y es aquí que la Masonería fue utilizada como arma “filosófica” a fin de pervertir el mundo islámico y llegar con ello a desmembrar el califato Otomano en países controlados por los ingleses mediante el clientelismo y el control de marionetas de estado, a los que ellos nombraron presidentes o primeros ministros, e incluso reyes. Así, desde Estambul hasta Rabat, pasando por Amman y Riyad, el califato Otomano dejó de existir, dando paso a pequeñas naciones, aisladas en ellas mismas y por tanto más fáciles de colonizar.

Si el plan era sagaz los resultados fueron extraordinarios para sus originadores; pero los estragos que esta perversión ha originado, han sobrepasado los límites de lo imaginable, llegándose a convertir en una pesadilla, sobre y ante todo para los nuevos y jóvenes musulmanes, quienes hoy por hoy, encuentran la doctrina del Islâm raramente, ya que ella se encuentra concentrada en pequeños núcleos, y a veces en personas concretas y aisladas. Esta doctrina de la perversión, cuya extensión es potenciada mediante el despliegue de enormes medios económicos, ha llegado a ser, en muchos países, así como en la juventud musulmana, la doctrina de referencia. Es de esta manera, como la Maldad ha ocupado el lugar que debería corresponderle al Bien, y cómo éste se ha visto reducido a la mínima expresión, haciendo válidas las palabras de aquel hadiz el cual manifiesta que el Islâm nació como un extraño y volverá a ser un extraño, tal y como lo vemos en la actualidad.

Esta pequeña presentación sirve como punto de partida para los posteriores análisis, los cuales intentaremos que vayan en consonancia cronológica con la historia, para poder así comprender mejor este fenómeno perverso, al cual se le ha dado en llamar “radicalismo”.

YA EL PROFETA – SOBRE EL LA PLEGARIA Y LA PAZ – AVISO

Este hadiz a continuación, explica tan claramente que no deja lugar a dudas, como de la región del Naŷd saldrían los cuernos del Diablo:

Sahih Bujari 3344 

Abu Sa’id al Judri– que Allâh esté satisfecho de él – transmitió: 

Ali – que Allâh ennoblezca su rostro – había enviado al Profeta – una pequeña pieza de oro que éste había repartido entre las cuatro personas siguientes: Al-Aqra’ Ibn Habis al Ḥandaly, Uyayna Ibn Badr al-Fasary, Sayd a-t-Tay y Alqama Ibn Ulaza al-Amiri. Este reparto hizo entrar en cólera a los Qurayšies y a los Ansar, ellos dijeron: “Da a los señores del Naŷd y a nosotros nos da de lado” . Pero el Profeta dijo: “He actuado así únicamente para ganar su corazón”. Entonces se adelantó un hombre con los ojos perdidos en el fondo de su órbita, con las mejillas abombadas, la frente protuberante y la barba larga, pero la cabeza afeitada: “Teme a Allâh, Muhammad” – exclamó -. – ¿Quién obedecería a Allâh si yo no lo hiciera? – le respondió – Allâh me hace confianza cuando se trata de hombres de toda la tierra ¿y vosotros no tendríais confianza en mí? – . Un hombre, creo que era Jalid Ibn Walid, pidió al Profeta autorización para matar a ese hombre, pero el Profeta rehusó. Y cuando el hombre partió, él dijo: “De la descendia de ese hombre – o según otra variante de la posteridad de ese hombre – saldrá un pueblo de gentes cuya recitación del Qur’an no pasará de sus gargantas, que saldrán de la religión tan fácilmente como la flecha sale de su funda; que mataran a las gentes del Islam y dejarán a los adoradores de ídolos. Si yo viviera en su época, les haría perecer como perecieron las gentes de ‘Ad.

No creo que sea necesaria una explicación inmediata de este hadiz, que por lo claro, debe dar de reflexionar a muchos quienes se han dejado engañar por esta doctrina enferma. Como seguiremos escribiendo sobre el asunto, cada vez iremos mostrando otros hadices al efecto, cuando veamos que es necesario.

EL FALSO TAWHID DE IBN ABDIL WAHHAB E IBN TAIMIYYA – LA TRINIDAD WAHHABITA –

Los adulteradores en materia de Religión saben muy bien que no hay mejor manera de engañar a los ignorantes que la de inspirarles el miedo al Infierno. Ya, la Inquisición, en su tiempo, jugó esta baza, llevándola al extremo y acompañándola de torturas, en el caso de que la sugestión verbal no cumpliera con sus objetivos. Para provocar este miedo al Infierno en una población árabe, que aunque ignorante en su mayoría, tenía ciertas bases islámicas sólidamente establecidas, era necesario algo más “convincente” que el Catecismo de la Santa Inquisición. Por eso, Muḥammad Ibn ˤAbdil Wahhab se propició la ayuda militar de los Saˤud, tribu, todo hay que decirlo, especializada en saqueos, asesinatos y venganzas propios de los beduinos que por los albores del siglo XVIII poblaban aquellos lugares. Una doctrina de maldad no puede extenderse sin el concurso de la violencia, pues los corazones de la mayoría de los humanos son proclives a la verdad y al bien, más que al error y al mal.

Había pues que empezar a “cambiar las ideas” del vulgo, y para ello era absolutamente necesario incidir en el núcleo de la Doctrina Islámica – el Tawḥid  – el cual trata de la Unicidad de Allâh y de Su Inmanencia al respecto de toda la Creación.

Ibn ˤAbdil Wahhab, nuestro pequeño y malvado protagonista, junto con M. Hempher, convinieron que este habría de ser el punto de partida, a saber: incidir sobre la Inmanencia y el Absolutismo divinos a fin de convertirlos en la excusa perfecta para acusar de idolatría a todo aquél que no se integrara en la práctica de su doctrina inventada. Separando la Creación del Creador, eliminando toda correspondencia entre el Señor y el servidor, se podría acusar a éste de asociacionismo o idolatría en su correspondencia natural con los seres creados, acusándole de no remitirse a Allâh en todos los asuntos. De esta manera quien pusiera su esperanza en la ayuda de un médico o de las medicinas podría ser acusado de herejía, y aquel quien pidiera el concurso de una ayuda cualquiera poniendo en ella un especial interés podría ser acusado de adorar a las criaturas. El gran fallo de esta tesis es no querer comprender que Allâh es asimismo A-z-Zahir – El Manifiesto – y que El, en virtud de Su Infinitud, aplicada a este Atributo, se encuentra presentes en los motivos y causas aparentes.

Esta esquizofrénica doctrina del Absolutismo supra absoluto fue la que utilizó nuestro bajito personaje para introducir un miedo pavoroso al Infierno, primeramente entre sus congéneres beduinos, y más tarde a toda la Península Arábiga; la misma que a través de los siglos, han utilizado sus seguidores a fin de asegurarse acólitos, que, cuanto más ignorantes, más les podrían hacer el juego a su paquete organizado de maldades.

Lo que no han comprendido los seguidores de esta falta doctrina del Tawḥid- a la que nosotros llamamos Tawḥil (bloqueo) – es que en ella misma es una aplicación de aquello lo cual los cristianos llaman Trinidad. Si bien, la Trinidad cristiana se compone de una divinidad, una y trina, (Padre, Hijo y Espíritu Santo), el nuevo Tawḥil, no por haber cambiado los términos, deja de ser, como vamos a demostrar, una Trinidad de facto.

LA TRINIDAD DEL TAWHIL – BLOQUEO –

No podemos comprender como es posible que el joven e inexperto Ibn Taimiyya de los primeros tiempos llegara a un estado tal de confusión de espíritu que terminara dividiendo lo Uno en tres. A decir verdad esto le costó la prisión, arrepintiéndose posteriormente de este postulado tan peregrino y banal.

Si ya Tawḥid significa Unidad o Unicidad, ¿cómo es posible que dicha Unidad pueda ser dividida en tres? División entraña separación, y por definición misma la separación nunca puede ser considerada Unidad, y por lo tanto Tawḥid.

Ibn Taimiyya inventó que el Tawḥid se dividía en tres:

Tawḥid A-r-Rububiyya (Unidad del Señorío y Dominación de Allâh).

Tawḥid Al ‘Uluhiyya (Unidad del ser Divinidad de Allâh)

Tawḥid al-asma’u wa-s-sifat (Unidad de los Nombres y de los Atributos)

El Mismo Dios, Allâh, es a la vez Señor, Divinidad y se Manifiesta en Sus Atributos y Nombres, sin dejar de ser El Mismo en Su Ser Absoluto, Indivisible y Eterno. ¿Qué sentido pues tiene dividir Su Unidad en tres? ¿Qué diferencia la de esta división con la Trinidad cristiana, habida cuenta que los mismos cristianos reconocen que Dios es Uno y se manifiesta en tres personas, en su creencia de la trinidad? ¿Qué diferencia podemos establecer entre trinidad de personas y trinidad de principios?

El Señorío y la Divinidad, así como los Nombres, son todos aspectos del mismo Dios, y son conceptos únicamente de orden práctico, cuya utilidad es hacernos comprender Su Naturaleza Divina; pero más allá de esos simples conceptos no existe división alguna. Es el Mismo Dios quien aplica Su Señorío sin dejar de ser Divinidad; y es en función de esta primera que se encuentra adornado por los atributos más sublimes. El Mismo Dios, un Solo Tawḥid.

Incluso, en los asuntos más comunes del ser humano, Allâh se Manifiesta en toda su Totalidad. Un siervo adora a Allâh porque Él lo prescribe como Señor, lo merece como Dios, Quien a su vez, detenta los más bellos atributos. Y la totalidad de ese acto de devoción constituye un solo acto del creado hacia el Creador, Quien a su vez, engloba toda la creación y la posee. Y podríamos asimismo enumerar todo acto que se produce en la creación demostrando que todo es uno y lo mismo, que todo se encuentra indisolublemente unido en la Infinitud; que decir que todo ello no se encuentra unido en Su Infinitud es la base de toda idolatría y asociacionismo, al dejar a Dios sin el atributo de Su Infinitud, fuera de la cual, nada tiene existencia sino de manera ilusoria.

Es pues esa doctrina que a Muḥammad Ibn ˤAbdil Wahhab le vino de perlas para introducir el método inquisitivo en el ‘Islâm; un método perverso del cual, según vamos a demostrar en los siguientes escritos, iban a producirse todas las sectas llamadas “radicales”.

Que Allâh nos perdone a todos en este bendito día de Arafa – Día del perdón.

Día de Arafa de 1438

Abdul Karim Mullor

 

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