RADICALIZACION DOCTRINAS ISLAM IX – IAN DALLAS EL MASON Y LOS MORABITUM

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, así como su familia y compañeros.

LAS PRIMERAS CONVERSIONES AL ISLAM EN ESPAÑA

En la segunda mitad de la década de los años 70 comenzaron las conversiones de españoles al ‘Islâm. Un grupo de unas 30 familias en la provincia de Madrid nos convertimos debido al estudio que habíamos realizado sobre el Sufismo o Tasawwuf. Encontramos un maestro del Tasawwuf en Argelia y nos hicimos discípulos suyos, teniendo la inmensa suerte de practicar un sufismo acorde con el Libro de Allâh, la Sunna del Enviado – sobre él la plegaria y la paz – y la doctrina islámica autentificada por 14 siglos de ‘Islâm.

Foto: Ian Dallas – Agente masón destinado a destruir el Islam en España

Paralelamente, y sin que ello fuera producto de una relación causa-efecto, en Andalucía comenzaron a producirse otras conversiones, comenzadas, muchos lo recordaréis, por aquella Comunidad Islámica encabezada por Abderrahman Medina a la que se nombró Ŷamaˤa Islamiyya. Mientras las conversiones en Madrid eran por motivos de orden espiritual, en Andalucía, los nuevos musulmanes, pregonaban aquel retorno sentimental a Al Andalus, la ilusión de una islamización de una Andalucía sometida, subyugada y vejada durante 5 largos siglos, a fin de enterrar los vestigios humanos de una civilización, que en tiempos había sido esplendorosa, pero que se perdió debido a la corrupción de su casta política.

Aunque los motivos eran diferentes en ambos casos, los dos conservaban un denominador común, a saber: la manera esporádica y sorpresiva de producirse. Aquello debía ser un peligro en un país gobernado por los adalides de la Iglesia Católica más rancia; país que, aunque había cambiado su política, no así el talante ni las raíces de sus gobernantes, pertenecientes todos, ya sea bajo forma dictatorial o democrática, a familias de alta alcurnia, herederas de aquellas a quienes se les recompensó, allá por el siglo XVI con hectáreas y hectáreas de tierra como premio por los servicios a la corona.

Gentes de una pobre intelectualidad acostumbrados a la vida fácil y golfa de un país, en el que la Iglesia permitía todo a aquellos que llenaban sus arcas y les ayudaban a conservar su “sagrado” poder. Esa cultura caciquil tan típica de nuestro turístico y soleado país.

Aquello era un peligro potencial para muchos, dado, significativamente, lo inesperado de dichos movimientos, cuyas consecuencias eran imprevisibles para unas mentalidades obtusas y retorcidas acostumbradas a tomar decisiones en un país, el cual, por cierto, nunca ha llegado a tener ni brillantes políticos ni gobernantes a la altura de su labor. Un país cuyo potencial estuvo y está desperdiciado de una manera muy “hidalga”. Un país, todo hay que decirlo, que siempre vino grande a sus incapaces, gruesos y mediocres gobernantes.

Sin embargo, si algo presentaban esas conversiones espontáneas era su carácter pacífico, ya que aun en el grupo andaluz, a pesar de esas reivindicaciones sentimentales de la cultura andalusí, nunca presentaron el cariz directo y funcional de aquellas que el escritor converso al ‘Islâm Blas Infante, había proclamado allá por la Segunda República.

La esquizofrenia de nuestra obesa clase política, el miedo a perder “no sé qué” o “vaya usted a saber qué” pronto puso en marcha un plan.

La ineptitud, el desconocimiento en la materia, tan típica de nuestra casta “intelectual” y política, fue incapaz de salir al paso de esa nueva realidad. Si alguien en Europa tenía experiencia en temas de ‘Islâm en aquella época, esos eran los ingleses. Ya hemos explicado cómo con el concurso del reino de “su graciosa majestad” (humor inglés lo de graciosa) se habían formado las sectas islámicas a las que hemos hecho alusión en los escritos anteriores. Así pues, nuestros paranoicos políticos, muchos de ellos opus deístas, se pusieron en contacto con los ingleses y como resultado de ello, estos enviaron a un actor llamado Ian Dallas, dueño de un castillo en Escocia y, cómo no, miembro de la Masonería Escocesa.

IAN DALLAS  – DIABLO Y MASON

Ian Dallas se “convirtió” al ‘Islâm, ya que de otra manera no hubiera podido llevar a cabo su misión, y se puso el mote de Abdul Qader A-s-Sufi. El dinero lo hace todo y Dallas lo tenía. Pronto formó un grupo haciéndose pasar por el heredero espiritual de algunas tariqats sufís. Poniendo a trabajar a sus contactos para conseguir medios económicos de los representantes de las doctrinas islámicas contaminadas por los ingleses, pronto se hizo con su propio terruño en Andalucía, formando un grupo llamado Morabitum. Ian Dallas pronto comenzó a blandir sus billetes y a ofrecer jugosas recompensas a sus adeptos más próximos. Formó una especie de dictadura espiritual en torno suyo, rodeándose de fieles y corruptos, quienes formaron su guardia pretoriana, los cuales a su vez controlaban a los adeptos que iban cayendo en sus redes.

Su estrategia estaba clara y era crear un grupo desde el cual se controlaran todas las parcelas del Islam, comenzando por el Fiqh y terminando por un Tasawuf contrahecho y minusválido. La misma estrategia con la cual se construyeron el Tabligh y los Hermanos Musulmanes. La mano de la Logia Escocesa actuando en nombre de aquellos hijos de la Gran Bretaña que no ha mucho dominaba el mundo.

La candidez de los nuevos conversos, el desconocimiento profundo de la religión musulmana de estos y las atractivas llamadas y golosos cantos de sirena llamando a la reconstrucción de Al Andalus, hicieron que el grupo fuera haciéndose cada vez más numeroso.

Ahora bien, hay algo con lo que los formadores de estas sectas diabólicas y diablescas no cuentan, y ello es algo tan simple como el Poder sin límites de Allâh; y este poder hubo de poner en evidencia a este falso guía presumiblemente “converso” al ‘Islâm.

Hay un hadiz que dice:

“Es el gran Šaytan quien separa al hombre de la mujer”

Y bien, Ian Dallas, pronto hizo el papel de gran Diablo, deshaciendo matrimonios. Aprovechándose de su papel dirigente de una comunidad, pronto explotó sus conceptos sobre la jerarquía, haciendo pensar que a los maestros sufís se les debía mostrar una sumisión absoluta, dijeran lo que dijeran o hicieran lo que hicieran. Un Diablo haciéndose pasar por maestro sufí, era un diablo con poder y con galones. Pronto comenzó a separar matrimonios bajo la excusa de que él como maestro lo sabía todo y se le debía una total obediencia.

¿Qué mejor manera de dominar, someter y vejar a las gentes que destruir sus propias familias? ¿Qué mejor manera de desarmar cualquier oposición y expulsar así a aquellos quienes no siguieran sus consignas, los cuales constituían un peligro potencial para su supervivencia como líder?

Fulanito – decía – ha de separarse de Menganita – porque la otra Menganita le viene mejor a su carácter. Además, divorciarse de lo que más se ama, la esposa, es una manera de soltar lastre con el mundo y acercarse a Allâh.

Hermanos/as, dejadme deciros: “Este hombre no es un ser humano, es un Diablo”.

¿No nos dice el Libro de Allâh cómo Harut y Marut enseñaron aquello que separaba al hombre de la mujer?

En efecto, Ian Dallas fue el Diablo enviado por los ingleses para abortar el naciente ‘Islâm en nuestra nación.

¡Y que “Dios” salve a la reina en honor y para gracia del Diablo, su mentor!

Debido a estos escándalos y otros, afortunadamente, este grupo de corsarios anglosajones-hispanos se ha ido debilitando, cayendo en el ostracismo y en el aislamiento. Aún a pesar de eso, han sabido gestionar los fondos económicos y crear sucursales a las que llaman mezquitas, en Granada y Sevilla fundamentalmente. Si hay algo que sabe hacer un escocés es invertir y hacer fructificar su inversión, todo sea dicho.

Continuaremos nuestros escritos sobre la radicalización de las doctrinas del ‘Islâm denunciando “El Falso Sufismo”.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

 

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