LA CONSCIENCIA DEL PROPIO VALOR NO ES CONTRARIO A LA HUMILDAD – ES COMPLEMENTARIO

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso – el Que Manifiesta Su Misericordia – y la plegaria y la paz sean sobre el profeta, su familia purificada y compañeros.

Hemos creado al hombre de barro seco sacado de un barro negro moldeable (15-26)

Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: Voy a crear a un ser humano a partir de barro seco moldeable. Y cuando lo haya completado y le haya insuflado parte de Mi espíritu, caeréis postrados ante El (15- 28 y 29)

Hermanos/as

Miremos nuestro origen, nuestra naturaleza, y descubriremos nuestro valor. ¿Acaso no dice el Corán de sí mismo que es un recuerdo? Un recuerdo de lo que somos ante Allâh, porque antes de venir a este mundo le vimos y nos dijo:

¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? – A lastu bi-rabbikum

A dicha pregunta respondimos: Bala’ – Sí

Allâh ha creado a Adam de barro, un barro simple, bajo como la tierra, un barro de humildad, a fin de que esa criatura hecha de ese vil material nunca se considerara por encima de su propia naturaleza. La arcilla que utilizó para hacer ese barro procedía de todos los rincones de la tierra ¿Cómo podría enorgullecerse una criatura hecha de barro, consciente de su propia bajeza? Pues bien, sí que existe una razón para querer enorgullecerse y es esto lo que vamos a explicar a continuación.

Dicen las tradiciones del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que una vez Allâh hubo creado a Adam y habiéndole dado forma, lo dejó sin vida a la vista de todos los ángeles durante un dilatado espacio de tiempo.

Pero entonces, llegado el momento que El consideró, Allâh introdujo un soplo de El en él y le dio la vida. Y es así que este soplo llamado Ruḥ dio razón de ser a esa mole de barro, humilde y sin importancia. Es precisamente de este Soplo divino que el ser humano podría llegar a enorgullecerse de su propia naturaleza, si no fuera porque ese estar hecho de barro le devuelve a su realidad de ser creado y sometido a Allâh, sometido, y a veces subyugado a través incluso de las fuerzas de la naturaleza y de las enfermedades, las cuales, en un momento dado le pueden hacer penar hasta lo indecible. Recordemos el caso de sayyidina Ayub – sobre él la paz – y cómo fue abatido por su enfermedad.

No obstante, ese ser humano debe hacer honor a ese Soplo Divino, el cual conserva en su pecho, mediante un comportamiento digno hacia Aquel Quien lo puso en él para ennoblecerle. ¿Por qué entonces los ángeles hicieron suŷud ante Adam? Esto no hubiera sido posible si Adam no hubiera recibido ese Ruḥ de parte de Allâh.

¿POR QUE NO TE ENNOBLECES?

Si hasta los ángeles se prosternaron ante esa naturaleza humana formada por el barro, ¿cómo es, entonces, que tú no la ennobleces, no solamente con el comportamiento, sino con la consciencia plena de cuál es en realidad tu ser creado?

Es, pues, ese desconocimiento de su propio ser la que hace que el ser humano tenga un comportamiento inapropiado con su naturaleza. La brutalidad del barro, en algunos, ha ahogado el Soplo Divino, lo ha ensombrecido e incluso lo ha humillado.

Si tuvieras consciencia de quién eres, ¡oh, hombre!, mantendrías tu honor intacto y no te dejarías llevar de un lugar a otro sin reflexionar, sin realizar la razón de tus actos.

Pero perdiste la memoria y te dejaste seducir por el enemigo, aquel quien, hecho de fuego, no es mejor que tú y que murió de envidia desde el primer momento que te vio.

Por el fruto de la higuera y del olivo – Por el monte Sinaí – Por esta tierra segura – Que en verdad creamos al hombre en la mejor armonía – y luego le convertimos en uno de los más bajos – Excepto los que creen y llevan a cabo las acciones de bien, porque ellos tendrán una recompensa que no cesa. (95 – 1 a 6)

Y esa nobleza, a ti te hablo, hermano/a, te llevó de manera inconsciente a ese reconocimiento de Dios; te hiciste musulmán, reaccionaste contra las mentiras que te rodeaban, porque el Soplo en ti era más fuerte que el barro. Y sin embargo, a algunos, ¡cuán poco les duró ese despertar!

Algunos entrasteis al camino de la luz y rápidamente os dejasteis seducir por embusteros, quedando demostrado, con ello, que ese barro ganó en peso y de nuevo comenzó a ahogar ese Soplo vital de vuestra naturaleza noble.

A veces, muchas veces, me pregunto ¿por qué hay hermanos que habiendo reaccionado ante una vida de materia y de dejadez, habiendo entrado al Islam no siguieron con el ímpetu inicial y se dejaron engañar por unas y otras sectas?

¿Quizás podemos decir en su descargo que no comprendieron bien el alcance de la grandeza de su religión? Puede ser, para mí es la respuesta más certera. Quisieron, vieron algo grande, pero no supieron medir esa grandeza, no la supieron valorar y cayeron cuando quisieron dar el segundo paso.

Sea como fuere, el musulmán debe hacer honor a su naturaleza primera, a la nobleza de su constitución, buscando y trabajando para intentar comprender; pues quien esto hace con la suficiente consciencia, entereza y sinceridad, sin duda encontrará los medios para triunfar.

Allâh nos dice en Sus tradiciones santas que si marchamos hacia Él, El Mismo vendrá corriendo hacia nosotros. Ahora bien, hermano, eres tú quien ha de dar el primer paso; no culpes al Decreto de tu mala suerte; mira en ti la causa y seguramente la encontrarás.

Es, pues, hermano/a que, si atiendes y honras el beneficio y la nobleza que Allâh ha puesto en ti, te darás el valor suficiente para no creer al primero que te habla y no correr detrás de esa fruta que Allâh prohibió a nuestros primeros padres. Es entonces, cuando reconozcas esa nobleza del Soplo Divino que alberga tu interior, que correrás detrás de la Verdad y habiendo iniciado ese movimiento, habiendo realizado ese primer gesto, Allah te corresponderá con creces, te guiará, te honrará entre propios y extraños y te hará Suyo, limpiando la herrumbre de tu corazón y haciéndote salir de las tinieblas a la luz.

Que Allâh nos perdone nuestras faltas y olvidos, nos guíe, nos saque de las tinieblas hacia la luz de Su conocimiento, nos conceda Su Amor y nos otorgue el Firdaws.

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