EL ARGUMENTO ENGAÑOSO DEL ARABE – EL ABUSO HACIA LOS CONVERTIDOS

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el que Manifiesta su Misericordia

Y la plegaria y la paz sean sobre Mawlana-l-Habîb, sayyidinâ Muḥammad, su familia purificada y nobles compañeros.

Dijo el profeta – sobre él la plegaria y la paz – que el gran defecto de los árabes era el orgullo; este resulta ser padre de la arrogancia, así como fuente del otro mal subyacente en los países mediterráneos: la envidia.

Sí, esto es así, tal y como lo argumentó el célebre historiador Ibn Jaldun en su Moqaddima.

Un pueblo orgulloso, el cual se ha visto sobrepasado por su propia dejadez y su apego a los bienes materiales. Un apego éste, feroz y despiadado, el cual ha dado al traste con los lazos de parentesco, no digamos ya con los lazos de amistad y las relaciones sociales.

Paralelamente, a este olvido de Allâh y, por consiguiente, dejadez de los principios religiosos, Allâh ha comenzado a suscitar otro pueblo, otra Comunidad, la cual sin duda, está tomando con las dos manos la batuta de la representación real y efectiva del Islâm, a saber: La Comunidad de los convertidos.

Viendo el peligro de que los susodichos conversos les privaran del Patrimonio que se encontraban en trance de perder; es más, sabiendo que ese Patrimonio bien explotado podría fructificar en bienes materiales y buenos dividendos, los árabes trataron de recuperar parte de él a fin de hacerlo valer a la nueva clientela venida de Europa y América, haciéndose pasar por depositarios de algo cuya esencia ya habían perdido. Los convertidos debían aprender la religión, y ellos (los árabes) allí estaban para enseñársela “como les viniera en gana”, siempre que ello les proporcionara poder y bienes materiales. El mundo árabe musulmán, corrompido hasta las cejas como estaba, solamente conservaba dentro de él algunos escasos elementos humanos temerosos de Allâh, sinceros e íntegros. Todo lo demás era, y ahora más aún, es fachada.

El relevo del temor de Allâh, la sinceridad, la pureza en las costumbres, el desapego y la solidaridad con familia y hermanos fue tomado por los convertidos, excepto por aquellos, que siempre hay, quienes se dejaron comprar por los árabes a cambio de bienes materiales y publicidad.

Viéndose pues sobrepasados en Religión, los árabes no podían consentir reconocer abiertamente que habían perdido la representación del Islâm, y menos en manos de aquellos advenedizos, molestos y peligrosos. Entonces, el diablo, como siempre, les hizo idear una falsa representación del Islâm basada fundamentalmente en aspectos históricos y lingüísticos. Ya que ellos no podían privarse de la Dunya por el deslumbre y amor a la vida material, se inventaron un Islâm de circunstancias que les permitiera hacer creer que son representantes del Libro de Allâh y de la Sunna del Profeta. Nada más lejos de la realidad; teniendo el corazón esclavo de la materia ¿cómo poder representar la Religión?

Pronto los convertidos nos dimos cuenta de esta mala jugada, sobre y ante todo, cuando, una y otra vez, éramos apartados a codazos y empujones de cualquier foro donde se pudiera “representar”, mejor dicho, decir que se representaba, al Islâm. Los árabes no tardaron mucho en hacer creer a las autoridades de los países de los convertidos de que ellos, precisamente ellos, eran quienes representaban al Islâm y a los musulmanes. Dichas autoridades, ajenas e ignorantes de esta falacia astutamente argumentada, no llegaron a comprender que estaban siendo timadas, y que esos grupos árabes, a quienes ellos concedieron representar el Islâm, no eran otra cosa que nidos potenciales de enfrentamiento social y de radicalismo de hecho, cuando no, todo hay que decirlo, eran, como lo son en Centro Europa, guettos y mafias de aprovechados del sistema social, al cual en muchos países de Europa han dejado por los suelos. ¡Pobres belgas! ¡El país tan maravilloso que tenían antes de que llegaran del Norte de Africa una caterva de vagos y aprovechados, que de tanto aprovechar, destrozaron su ejemplar sistema social!

Si los representantes de la Iglesia Católica se hubieran percatado de esa realidad hubieran reaccionado convenientemente; pero ellos se dejaron cegar por el odio suscitado por el hecho de que aquellos a quienes ellos bautizaron abandonaran su religión, mirándolos como el enemigo número uno a batir. No obstante, no se dieron cuenta ninguna de que aquellos quienes vinieron a quitarles el palio tenían y tienen apellidos árabes. Perdieron pues la oportunidad de haber encontrado solaz con la ciudadanía y educación de los convertidos, quienes en manera alguna, pensamos nunca en tenerlos como enemigos. La ceguera fue total por parte de unos y de otros. La ceguera del chauvinismo intelectual de muchos europeos.

EL ARGUMENTO DEL ARABE

Uno de los argumentos engañosos utilizados por estos amantes del materialismo disfrazados de representantes del ‘Islâm, es el de querer convencer a propios y extraños de que el estudio del árabe es necesario para avanzar en la Religión. Argumentan de manera fantástica que nadie no-árabe puede comprender el Corán, ya que esta lengua utiliza una riqueza expresiva mayor que la de cualquier otra lengua. Esto es, simplemente, una falacia. Pero una falacia calculada, malévola, tendente a humillar al convertido y hacerle sentirse inferior; una especie de Wasasu-l-jannas a-l-Ladi yuwiswisu fi suduri-n-nas mina-l-ŷinnati wa-n-nas- (Sugestiones del sucio el cual sugiere en el pecho de los hombres, y es de entre los genios y los hombres) – Surat A-n-Nas

Si estamos hablando de conceptos mentales debemos decir que el árabe y el no árabe son exactamente capaces de razonar y comprender lo mismo, con la sola diferencia que puede entrañar la inteligencia personal que le es propia a cada uno de los seres humanos en particular.

Así pues, habida cuenta de que la capacidad raciocinio de unos y otros es exactamente equivalente, de una raza a otra, de un pueblo a otro, no hay nada racional ni lógico con la que argumentar esta afirmación tan descabellada. En razón de esto la cantidad y calidad de conceptos susceptibles de ser atrapados por la mente son exactamente los mismos, independientemente de la lengua o la procedencia de cada cual.

Podemos conceder que el árabe es una lengua más completa y bella que las demás, que es capaz de definir matices racionales para los cuales no todas las lenguas poseen un término preciso; ahora bien, esos matices aparecen en la mente de cualquier ser humano, sea de la raza que sea, sea cual fuere la lengua que utilice para expresarse. De ahí a argumentar que su conocimiento y maestría es necesaria para otra cosa que la de acumular conocimientos culturales, va un abismo.

Podemos comprender incluso que la lengua hablada en el Paraíso sea el árabe, por ser la lengua del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – y la de la mejor Revelación que ha existido en la Humanidad. Sin embargo, ni Ibrâhîm, ni Mûsâ, ni ˤIsâ – sobre ellos la paz – hablaron árabe, y ello no les impidió ser mejores que Ismaˤil – sobre él la paz – que si lo hablaba y era asimismo profeta.

Adam enseñó en sirianiyya, Ibrâhîm en cananeo, Yusuf en egipcio, Mûsâ e Isa en hebreo; todos ellos eran profetas y ninguno hablaba árabe, el cual, ya existiendo en aquellos tiempos, no fue tenido en cuenta por Allâh para Revelar Sus Palabras hasta el momento de la venida del Corán.

¿COMO SE COMPRENDE ENTONCES EL CORAN?

Si bien el Corán fue revelado en árabe, cualquier traducción bien hecha ha de cumplir con sus expectativas de poder ser comprendido.

Ya, en un hadiz que podemos encontrar en el Sahih Muslim, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos indica que cada da aleya del libro de Allâh comporta siete niveles de comprensión e incluso hasta 70 en otras versiones. Ahora bien, el mismo Libro de Allâh es quien determina quiénes son aquellos quienes tienen acceso a dichos niveles, diciendo en la Surat Al Waqui’a

Y juro por el ocaso de los astros; lo cual, si supierais es un gran juramento, que es una Recitación noble en un Libro oculto que no tocan sino los purificados. Revelación descendida por el Señor de todos los mundos. (56 – 75 a 80)

Vemos pues, en estos versículos como ejemplo, y en otros en los que se llama sin duda a la comprensión – ¿Acaso no comprenderéis? –, frase repetida varias veces en el Corán, como llegar a saber los significados del Corán no ha de ver nada en absoluto con el conocimiento de la lengua árabe, sino antes bien, con una purificación producto de las sinceridad, el temor de Allâh, el pudor, la generosidad y otros valores que forman parte de la virtud, y por lo tanto de la fe.

Uno de los maestros antiguos (Bišr, el descalzo) se dispuso a dirigir el salat de un grupo de árabes estudiantes y maestros del Tasawuf. Recitaba tan mal el árabe que quienes hicieron el salat detrás de él discutieron entre ellos sobre su validez. En esto, aquella noche, uno de ellos vio al Profeta – sobre él la plegaria y la paz  – quien le recriminó severamente por haber dudado de la validez de la imama de Bišr sobre aquel salat.

Vemos, pues, cómo para comprender el Corán, e igualmente el hadiz, no es necesario de ninguna manera el conocimiento del árabe siempre que se pueda disponer de una traducción suficientemente decente.

Si bien es cierto que el salat debe hacerse en árabe obligatoriamente, ello no comporta un estudio pormenorizado de la lengua, sino una memorización de lo recitado así como de su significado. Es así como para recitar el Corán podremos hacerlo mediante la simple lectura o la transcripción de los sonidos del árabe a la lengua vernácula correspondiente.

LA ENSEÑANZA Y LAS FATWAS

De la misma manera no es obligatorio el conocimiento del árabe, ni para enseñar ni para emitir fatwas de obligado cumplimiento. Y aunque no negaremos que el estudio de dicha lengua podría facilitar mucho las cosas, no por ello habremos de asegurar que se puede llegar a ese nivel sin su comprensión. Enseñar es un arte que muy pocos poseen. Para ello es necesario sinceridad y veracidad, así como conocimiento; pero en Islam lo que se enseña como preceptos de la religión y como ciencia no es precisamente la lengua árabe, sino las entrañas de la Religión a todos los niveles; desde cómo acercarse a Allâh hasta cómo cumplir con los preceptos canónicos.

Lo mismo es para las fatwas; para ello se necesita una persona de honradez, sinceridad y veracidad, con grandes conocimientos del Corán y de la Sunna y con una gran dosis de lo que llamamos Hikma, lo cual consiste en saber adaptar el conocimiento a las exigencias de cada situación. Un emisor de Fatwas debe asimismo conocer otras ciencias, como pueden ser la Economía o las leyes para poder emitir juicios documentados y lógicos, si no es así, en una época como esta sería un fraude.

¿EN QUE LENGUA HABLA EL PROFETA EN LAS VISIONES?

Todos conocemos ese hadiz en el cual el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – asegura que quien le ve en sueños, le ve realmente pues el diablo no es capaz de tomar su forma. Evidentemente si él habla en los sueños sus palabras son veraces. Conozco a personas quienes le han visto en sueños y a los que él ha hablado, ya sea en español como en los casos que yo conozco, o en francés, en casos de personas quienes hablen esa lengua. Y esto quien lo niegue, bien sabe Allâh que miente. Luego, si el Profeta se comunica en otras lenguas, las conclusiones que podemos sacar de ello son tan claras que ni tan siquiera merece la pena exponerlas.

¿Dónde está aquí el conocimiento del árabe?; habida cuenta de que conocemos a un mayor número de personas convertidas quienes han visto al Profeta que de árabes; de los cuales, todo hay que decirlo solamente una ínfima minoría has experimentado dicho género de visiones.                             

RESUMIENDO

Los convertidos debemos despejar nuestro camino de farsantes aprovechados, quienes, decenio tras decenio, se han cruzado en nuestro camino creándonos waswas con sus afirmaciones procedentes del orgullo y de la envidia. Debemos comprender que somos caminantes afortunados por haber sido gratificados con el gran regalo del Islâm; pero asimismo debemos realizar cuál es nuestro lugar en la Umma Islámica mundial, cuál es el lugar que Allâh nos ha dado. Y este lugar, un servidor asegura que es el de tomar el relevo y dirigir a la Umma. Debemos retomar lo que otros (los árabes) han dejado por los suelos, habiéndolo abandonado por amor de la Dunya y de los tesoros materiales. Si no lo hacemos nosotros ¿entonces quienes quedan? ¿Los genios? ¿No somos nosotros los jalifas de la tierra? Tomemos pues el testigo que Allâh nos ha dado y seamos consecuentes con la Amana de Allah.

Ya Ibn ˤArabi, en su obra cumbre “Las Revelaciones de la Meca”, escribió refiriéndose al Mahdi que ha de venir que sus seguidores y ayudantes serían no árabes, y que el mismo Mehdi no sería, ni árabe ni persa.

Abandonemos para ello a aquellos convertidos vendidos a los árabes por unos cuantos euros o dólares, quienes viven de ayudarles a engañar a los otros, y se han revestido de falsos títulos de maestros, chayjes y otras prebendas, siendo como son hechos de un bajo material moral, tanto como llenos están sus bolsillos. Constituyámonos en lo que somos: los depositarios de la Amana del Islâm.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos dirija de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

 

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