SENTENCIAS (HIKAM) DEL CHAYJ AL ALAWI – II

El mundo es un resplandor infinito cuyo principio fecundante es Allah. A medida que esta luz desciende, ella se carga de materia a fin de convertirse en la vida misma: el hombre, el animal, la planta, el mineral. Allah es emanación exterior y emanación en la criatura. No obstante, esas emanaciones se interiorizan la una a la otra.

Si Allâh hubiera querido abandonar el hombre a sí mismo, no habría revelado a sus profetas el Evangelio, el Talmud, la Biblia y el Corán. Para guiar al hombre hacia el camino recto, no hacemos sino eternizar en el espíritu de los hombres los preceptos de Salomón, de Abraham, de Jesucristo y de Muḥammad.

¿Quién tiene razón, la flor imaginando a Allah como un perfume, o Aristóteles concibiendo un Dios que se tiene siempre en mente? Aristóteles y la flor realizan el mismo proceso: la una diviniza su pensamiento, el otro sus efluvios. Los dos tienen razón, pues Allah es todo, y cada parte de la creación no abre delante suya sino un minúsculo punto de vista. Todo cuanto ha sucedido desde la creación hasta hoy no es en realidad sino un relámpago y nosotros vivimos en la instantaneidad de lo Divino. Todo cuanto vemos es efímero, excepto Su Faz. “Todo cuanto se encuentra sobre la tierra desaparecerá, la Faz de tu Señor subsiste, plena de majestad y de Munificencia” (55 – 26 y 27).

Cuando los conocedores han contemplado el mundo de la Pureza, no encuentran necesidad alguna de expulsar la existencia de la contingencia, pues esta es constantemente cambiante mientras que el Principio es pureza desprovista de tara alguna.

Un faquir preguntó en una ocasión al Šayj Al ˤAlawi: Sidi, ¿por qué no te muestras a tus fuqara? El Šayj respondió: “Yo siempre me muestro a todos ellos, pero ¿es que ellos quieren verme en realidad?

Para quien se encuentra velado, la Unidad significa que Dios es Uno, que Su esencia no está compuesta o que no hay esencia comparable a Ella. Ignora que la Unidad rehúsa compartir su existencia con la más mínima cosa.

No consideres este mundo como algo existente; pues él no es nada; no creas que exista una cierta alteridad o que sea extraño a la Presencia Divina; él es en realidad una de Sus Manifestaciones.

Siendo la criatura malvada, el alma no es sobrepasada en mal que por aquel que se somete a su voluntad propia; se comprende entonces que ella impide la visión de la verdad. Al contrario, el murid (aspirante espiritual) no debería de ninguna manera abandonarla o declararla la guerra. Bien al contrario, es deber del discípulo seguir de cerca a esta alma perniciosa, acompañarla y saber qué es lo que ella esconde

Es tan útil como necesario sondear el núcleo del alma, evaluando sus deseos reprimidos o patentes, por poco que el murid aspire a la unión, es decir al poder, pues el alma y las pasiones que esconde están ligadas al envilecimiento.

Si buscas un poder ilimitado, inextinguible, no vayas detrás de un poder condenado a la nada.

Sí, a fin de querer acceder cerca de Allâh, el discípulo deberá despojarse de todos sus atributos psíquicos, deberá desembarazar de ellos tanto su for interno como su for externo y no dejar nada, aunque fuera solamente del tamaño de un punto.

En verdad es incompleta la religión para aquellos quienes no acceden al grado del Ihsân. Ihsân es un sustantivo procedente del verbo “Aḥssana” , que significa mejorar, tratar de escalar los grados de la religión hasta la obtención del bellísimo grado más elevado. Quienquiera que alcanza esta estación se vuelve responsable de tres cargas: Una carga para su persona física, otra para son espíritu y otra para su secreto; es así que a cada carga le corresponde un grado de la religión; el Islâm perfecciona la persona física, el Imân el espíritu y el Ihsân el secreto.

Si solamente un aspecto de este trinomio llegara a debilitarse en el aspirante su estación será seguramente incompleta.

No necesitarás ya ni de la negación, ni de la afirmación, pues Aquel cuyo ser es necesario está ya afirmado antes de que tú lo hagas, y aquello cuyo ser es imposible era ya nada antes de que lo niegues.

La consciencia humana es uno de los numerosos velos

Antes de la postración, el gnóstico se encontraba de pie en la postura de la existencia, pero después de su postración, se encuentra aniquilado, desaparecido, eliminado de sí mismo y eterno en su Señor

Quien quiere comprender el Corán con la ayuda de la ciencia exterior es como quien pretende comer miel con una aguja.

Un día se preguntó al chayj: ¿En qué clase de mundo querría usted vivir”? – y él respondió: “En un mundo en el que cuando alguien sale de su casa por la mañana con provisiones a fin de dar la vuelta al mundo, vuelva a ella sin haber agotado sus provisiones; es decir, que él será recibido de amigo en amigo, de hermano en hermano, hasta que termine su viaje”

¿Cómo la Esencia de Allah podría estar escondida detrás del velo, siendo que su solo velo es la Luz?

Sea lo que fuere lo que veas, tu ves Su Ser, en la Unificación absoluta ¿Podría ella estar disimulada por un velo? Su solo velo es la Luz

Poniendo tu mirada en Su Nombre te elevarás por Su Luz, hasta el punto de que los mundos no sean nada y se evaporen. Esto bajo el auspicio del chayj, no por tu elección. Él es el índice de Allâh, así pues, dale tu confianza.

Su tu fe se convierte en certeza puede que me descubras. Me encontrarás entonces revestido de los secretos y de las luces propias a nuestro profeta

La luz de Allah es incomparable. La incapacidad para describirla es una sabiduría. Si yo osara hacerlo pecaría de pretencioso

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