GUIA DEL NUEVO MUSULMAN III

Deberes de carácter dogmático, consistentes en las verdades que la boca debe expresar y en las cuales el corazón debe creer

Entre estos deberes se encuentra el “Imân bi-l-qalb (بالقلب الأمان), « la creencia que debe instalarse en el corazón » y ser proclamada por la palabra, según la cual debemos dar fe de que Allâh es la Divinidad, Una, sin otra divinidad aparte, ni asociada, ni imaginable; que no tiene semejante a Él, ni nadie quien le iguale ni que esté en condiciones de competir con El; que no tiene ni padre, ni madre, ni progenie, ni compañero, ni esposa, ni asociado; que no tiene comienzo ni fin; que no tiene ni antes ni después, ya que es Él quien ha creado el Tiempo; que la Esencia Real de Sus atributos escapa al entendimiento de las más sanas y sagaces inteligencias. Los dotados de entendimiento extraen una enseñanza de Sus signos; pero ellos no pueden profundizar en Su Esencia, sino es en la parte de Ciencia que Allâh les haya asignado.

Su trono se extiende sobre los cielos y la tierra, y la conservación de la Creación entera no llega a fatigarle ni a molestarle. Ni el letargo ni el sueño le alcanzan. El es el Sublime, el inmenso, el Dotado de Belleza y de Majestad; el rodeado de Gloria y digno de Alabanza, el Ordenador, el Todo Poderoso, el Oyente, el Vidente, el Eternamente Presente, el Altísimo, el Excelso, el Grande. Allâh se estableció en el Trono del Poder sin tener necesidad de establecerse en parte alguna, siendo esto un símbolo de Su capacidad de gobierno. El se encuentra en todo lugar por Su Ciencia y Su Presencia; ha creado al hombre, y sabe a cuantas tentaciones su servidor se encuentra expuesto; por ello ha creado la Misericordia y el Perdón. No cae hoja alguna de un árbol sin que El lo sepa y se encuentra más cercano a nosotros que nosotros mismos. No hay semilla en el seno de la tierra que El no conozca, ni vegetal ni mineral que no estén registrados en un Libro detallado; Su poder se extiende a todo Su Reino; a El pertenecen los nombres más hermosos; nunca ha cesado de ser, ni Él ni Sus atributos. El habló a Mûsâ con Su Verbo, que es un atributo de Su Esencia y no un objeto de Su Creación. Hay que creer que el Qur’an es la Palabra increada de Allâh y que por tanto no se encuentra sujeto a desaparición.

Es necesario creer en el “Qadar” (قدر) “Decreto », tanto del bien como de mal; de lo que es agradable como de lo contrario. Todo ello procede de un mandato de nuestro Señor. Es Él Quien distribuye soberanamente las cosas y ellas no llegan sino de la manera en la cual El lo ha decidido. El tiene conocimiento de toda cosa antes de que ella venga a la existencia, y ella no es sino en la medida en la cual El lo ha decidido. Sus servidores no pronuncian palabra ni ejecutan acto alguno que El no haya decidido, ni sobre los cuales no haya tenido conocimiento previo. En Su Justicia El extravía a quien quiere y le abandona. Por Su Gracia El dirige a quien quiere sobre Su Vía recta y le asiste. Así, cada uno es conducido a lo que la Ciencia y la Predestinación divinas le han decretado como dicha o infortunio, y este último, si sobreviene siempre es merecido, ya que Su Misericordia precede a Su Cólera. Allâh es en extremo elevado para que exista en Su Reino alguna cosa que no provenga de Su Voluntad, o alguna cosa que pudiera prescindir de Él, o un creador de una cosa cualquiera prescindiendo de Él, El Señor de las criaturas, el Dueño de sus actos, el que determina sus movimientos, el momento de nacer y el término de su vida, El que ha enviado a los Profetas – la paz sobre ellos – a fin de que ellos comprometan con su testimonio la responsabilidad de los hombres ante Allâh.

Se debe creer que El ha sellado la serie de los Profetas y puesto término a su misión de advertidores, con Muhammad, Su Profeta – sobre él el salat y el salam – , y que El ha establecido que Muhammad venga a este mundo a advertir de lo que los otros Profetas advirtieron y que la Humanidad había olvidado. Es menester creer que la venida de Muhammad renueva y abroga todo mensaje profético anterior; que a partir de su venida la sola religión, digna de este nombre, existente en el Mundo, es el Islâm. El Islâm que ha sido revelado para los hombres y los genios. Todo ello conforme a la Orden y Decisión divinas.

Se debe asimismo creer que Allâh ha revelado a Muhammad Su Libro, Noble y pleno de sabiduría, que Allâh le ha reservado el Destino de explicar las Palabras de Su Libro, un libro que renueva los anteriores libros revelados. Allâh ha pues reservado a Muhammad la misión de hacernos legibles Sus Palabras mediante la Sunna o costumbre del profeta; de tal manera que creer en la Sunna es creer el Libro, creencias que son en realidad, una e indivisible.

Es otro deber creer en el Día de la Resurrección; día en el cual Allâh resucitará los cuerpos y los formará de nuevo partiendo del cóccix. Resucitarán tales como El les había creado y deberán comparecer, junto con el resto de los humanos, en un día en el cual la suerte de cada uno será repartida según la Misericordia y la Justicia divinas interpreten. Pero, al mismo tiempo, hay que creer que Su Misericordia precede a Su Cólera y que si alguno es condenado es porque mereció con sus actos en esta tierra muchas condenas más. Por ello, para este día, los Creyentes verán que sus obras buenas son multiplicadas por diez cuando sean pesadas en la Balanza. Es necesario creer asimismo que aquellos condenados al fuego quienes hayan creído en la Unidad Divina y la Profecía de Muhammad, serán perdonados un día y se les hará salir del infierno, siendo entrados en el Paraíso.

Se debe creer que el Paraíso tiene grados y que el más alto es el Firdaws, en el cual se encuentra el Estanque del Profeta, los Profetas, los santos y aquellos a quienes Allâh les haya querido regalar Su estancia en El.

Es necesario creer que, aunque habiendo hecho los dos testimonios, nunca podrán salir del Fuego ni los hipócritas ni los heréticos; y que el Fuego asimismo tiene grados de intensidad y de castigo.

Debemos creer en el puente del Sirat, sobre el que algunos pasarán a la velocidad del rayo y otros penarán un largo tiempo, debido a la pesantez de sus actos y a su reiteración en cometer faltas. Otros se precipitarán en el Infierno debido al peso de sus faltas

Debemos creer en el Estanque del Profeta, situado en el Paraíso del Firdaws, donde Muhammad acompañará a aquellos que le siguieron y amaron; el profeta les dará de beber de su Estanque con permiso Divino y ellos estarán satisfechos.

Hay que creer asimismo que el Imân consiste en palabras las cuales deben ir acompañadas de un convencimiento interno sin reservas. Asimismo el Imân aumenta y disminuye con las obras, pudiendo estas ser erradas, o al contrario, acertadas, fortaleciendo con ello la fe. Las palabras y los actos no tienen otro valor que el de la intención que los producen; estas obras carecen de valor si son contrarias al Corán o a la Sunna.

Hay que creer asimismo que los pecados, por enormes y reiterados que sean, no sirven para hacer del pecador un no-musulmán; que el sacar mediante palabras a un musulmán del Islâm hace salir del Islâm a quien acusa.

Debemos creer que los mártires se encuentran vivos junto a Allâh; que Maryam (madre del profeta Jesús) alumbró a éste sin haber sido engendrado por hombre alguno; que Isa (Jesús) no fue crucificado y ascendió a los cielos, desde donde descenderá de nuevo, siguiendo el Islâm y actuando conforme a él.

Debemos creer que los mejores musulmanes fueron los de la generación del profeta, después la siguiente generación, y después la otra; que no habrá un tiempo que no sea peor que el anterior, excepto los tiempos de la aparición del Mahdi y de la venida de Isâ.

Que entre los mejores de la primera generación se encuentran los más allegados al Profeta – sobre él el salat y el salam – como son los cuatro primeros julafa (Abu Bakr, Umar, Uzman y Ali); que solamente Allâh conoce cuál de ellos es el mejor y más cercano a Allâh y que las especulaciones al respecto no son sino interpretaciones estériles. Que Fatima Zahra es la mejor de las mujeres, seguida de su madre Jadiya, y que A’isha es la mejor de las esposas del profeta; que ella era una mujer buena y llena de virtudes. Que los diez compañeros a los que les fue prometido el paraíso eran personas dotadas de enormes virtudes, así como los Ahlu-s-Sufa (Gentes del Banco) y los combatientes de Badr.

Acto seguido vamos a tratar en detalle los actos rituales básicos que nos enseñan los “Cinco Pilares”, comenzando por la Šahada, el primer pilar del Islam.

He aquí un hadiz (tradición profética) sobre la Testificación de la Unidad de Allâh:

Se ha transmitido sobre la autoridad de Ibn Abbas que el Enviado de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

Allâh abrirá las puertas del Paraíso (Ŷanna) y un pregonero dirá desde debajo del Trono: “Oh Paraíso ¿para quién eres tú con todos los bienes que encierras? – Entonces el Paraíso, con todo lo que contiene, responderá: “Somos para la gente de “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; tenemos nostalgia de ver a las gentes de “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; no pedimos otra cosa que las gentes de “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; nadie entrará en nosotros excepto las gentes de “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; estamos prohibidos a quienes no dicen “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”, y a quienes no creen en “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”. Es entonces que el Infierno gritará: “No vendrán a mí sino las gentes que niegan “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; yo no he de reclamar sino a las gentes que han desmentido “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”, y estoy prohibido para quienes dicen “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”, y no seré llenado sino con gentes que se han opuesto a “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; y mi furia no estallará sino contra quienes no creen en “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh” – Es entonces cuando la Misericordia y el Perdón de Allâh dirán a su vez – “Nosotros pertenecemos a quienes dicen “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; damos la apertura a quienes dicen “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”. Ninguna misericordia, ningún perdón serán negados a quienes dicen “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”; pues no han sido creados sino para las gentes de “Lâ ‘ilaha ‘illâ-l-Lâh”.

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