¿QUE ES EN REALIDAD SEGUIR LA SUNNA DEL PROFETA? ¿CUAL ES LA NATURALEZA REAL DE ESTA SUNNA?

En el Nombre de Allâh, el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia; y la plegaria y la paz sobre Muhammad, así como sobre su familia y compañeros.

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Tumba de Muhammad Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz -.

En estos tiempos en los que la ignorancia ha sentado cátedra y el saber se encuentra en círculos cada vez más reducidos, mucha, demasiada gente quizás, habla de seguir la Sunna del Profeta ‘alayhi-s-salatu wa-s-salam – sin saber, ni tan siquiera sospechar, lo que esto significa realmente. Por otra parte, unos y otros se echan en cara el ser ellos los verdaderos seguidores y detentores de la Costumbre del Profeta, siendo que, en la mayor parte de las ocasiones la imagen de lo que ellos llaman “sunna” se reduce a una serie de convencionalismos carentes de alma y vida. Y eso porque vivimos en un mundo donde sobran las palabras y escasean los hechos.

La gran mayoría de los musulmanes piensan que la Sunna del Profeta es un conjunto de normas legales basadas en la vestimenta, costumbres, educación, comportamiento externo y algunos consejos morales; actos en fin, asequibles a personas de toda condición y fáciles de realizar.

Esto es un gran error. La raíz de la Sunna es otra mucho más profunda, más extensa. Vayamos paso a paso e intentemos comprender de qué se trata verdaderamente cuando hablamos de la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. Dice el Corán:

“Aunque los árboles de la tierra fueran cálamos y el mar junto con otros siete mares más, las palabras de Allâh no se agotarían. Es cierto que Allâh es Poderoso, Sabio”. (Surat Luqman (31) – 26)

Pocas conclusiones se han sacado de este versículo en los comentarios recientes del Libro de Allâh. Seguramente casi nadie le ha valorado en su justa medida, ni comprendido su alcance real. Este versículo contiene un gran secreto, indescifrable podría decirse, excepto para aquellos a quienes Allâh ha dotado de una gran ciencia y purificado su corazón. Lo primero que podemos comentar sobre él viene en forma de la siguiente pregunta:

¿Todos estos árboles y mares, suponiendo que fueran cálamos y tinta, se encuentran incluidos en el Libro de Allâh? ¿Contiene el Libro de Allâh “todas” las Palabras del Señor? Seguramente esta pregunta, como acabamos de decir, solamente puede ser respondida por personas a quienes Allâh ha dado una enorme porción de Ciencia, muy superior que aquella a la que ha concedido al resto de la élite de los creyentes. La raíz de esta cuestión se encuentra en el Ser propio de Allâh, Su Esencia Divina, Su Naturaleza (Ilahiyya), de tal manera que cuando se manifiesta al mundo de los humanos, lo hace a través de Su Rububiya (Su Señorío, Su Ser el Señor) en la medida en la cual El desea “educar” a Su Creación.

Y sin embargo, cualquier persona a quien se le pueda presumir de inteligente es la primera pregunta que se debería hacer al intentar comprender este ayat que acabamos de citar. Si algunos, que se precian de ser “sabios”, no se lo preguntaron cuando leyeron el ayat, es en virtud de que el Corán es asimismo Furkan (Discernidor); de tal manera son probados por la Palabra de Allâh que sus entendimientos se bloquean y su raciocinio no puede actuar. Lo peor y lo más triste de todo es la pobreza intelectual de la inmensa mayoría de aquellos, quienes pretendiendo ser sabios, extravían a los creyentes con ocurrencias estrafalarias y sin sentido para con ello hacer creer a las gentes en su “sabiduría”. ¡Y ello, lo podemos constatar, asegurar y demostrar, es el caso de la gran mayoría de los ‘ulama de la actualidad!

Si la Sabiduría de Allâh transmitida a Su Creación se encuentra en Su Libro, el cual es Su Palabra Increada, proveniente directamente de El Mismo; si todo cuanto necesita conocer el ser humano se encuentra dentro de dicho Libro, ¿cuál es pues el papel de la Sunna en todo esto?

Precisamente el Libro de Allâh nos ordena obedecer a Muhammad y seguir su costumbre. Porque la Sunna emana directamente del Qur’an y complementa éste de una manera equilibrada y necesaria. De alguna manera la Sunna es la explicación plástica de los enigmas del Qur’an. Podemos decir, sin temor alguno a faltar a la verdad, que la Sunna es la comprensión humana del Corán en su más alto grado, ya que la mejor comprensión de todos los asuntos ha sido otorgada por Allâh a Su santo Profeta – sobre él le plegaria y la paz -. Ya, en bastantes ocasiones hemos citado los versículos del Libro en los que Allâh obliga obedecer al Profeta en lo que ordene o prohíba. Y esto lo hicimos en varias ocasiones para demostrar la importancia y necesidad del Hadiz. No obstante, en esta ocasión estamos enfocando dicho asunto desde otro ángulo diferente.

¿Qué es entonces la Sunna? Podemos decir, entre otras más definiciones, que es la transcripción del Corán para ser comprendido por el entendimiento humano.

Ahora bien, ¿qué es la comprensión sin la realización? Es más, sino realizamos lo poco que comprendemos en nosotros mismos ¿cómo podríamos comprender más y extender nuestro conocimiento en anchura y profundidad? En realidad quien no realiza su comprensión, es como si no hubiera comprendido nada.

Es precisamente por esto que la Sunna no es una serie de normas legales o morales a seguir; esto es solo una pequeña parte de la costumbre del Profeta; dicho de otra manera, una parte ínfima; necesaria sin duda alguna para la educación personal y la buena marcha de la sociedad, pero de un orden muy inferior con respecto a la realización interna del espíritu de la Palabra Divina.

Pretendemos llegar con todas estas explicaciones a señalar la importancia de impregnarse del espíritu del Profeta, a hacer comprender la necesidad de desarrollar en nosotros la realización del espíritu de Muhammad, de ser muhammadis nosotros mismos, por y para siempre; porque una vez que se adquiere una parte del espíritu muhammadiano, este queda impreso en nuestro interior  y se apodera de nuestra persona.

No se trata entonces de “copiar” lo que el Profeta dijo e hizo, sino de remontar río arriba a la fuente originaria de esas palabras y actos, los cuales no serían ni representarían nada sin un espíritu que les diera vida.

La Sunna, como hemos dicho, no es, vista de esta manera, un conjunto de normas legales y morales, sino un conocimiento de los múltiples significados de las palabras divinas expresadas en el Corán, una realización de dicho conocimiento guiado por la comprensión de la cual hizo gala el Profeta, nuestro maestro y líder indiscutible. Y este conocimiento es imposible sin un sentimiento procedente del fondo del corazón que nos atrae hacia Allâh, siguiendo el vínculo directo que El Mismo depositó en nuestro interior cuando nos creó. Un sentimiento, un estado, una forma de ser, llamada Mahabba (Amor). Un deseo ardiente de ver y conocer el Rostro de Allâh, al cual podemos llegar a través del Amor a nuestro Profeta, quien es Su jalifa de pleno derecho.

Seguir la Sunna es ser, de alguna manera, uno y solo con ella; se trata de impregnarse del espíritu muhammadi, para, a través del Profeta comprender el Mensaje Divino y acercarnos a Él. Y es entonces, desde esta perspectiva, que los preceptos de la Costumbre del Profeta adquieren una dimensión, una razón de ser, y una realidad inasequibles para muchos, siendo no obstante la legítima manera de seguirla y concederla todo su valor.

No es necesario, pues ya casi todos conocen, señalar que Rasulu-l-Lâh manifestó que nadie podría ser un verdadero creyente sin amarle más de lo que amamos a nuestras familias y próximos. Este amor al Profeta es la base de lo que acabamos de explicar; pues seguir al Profeta por amor no es igual que hacerlo por obligación o por consciencia de su conveniencia. El amor es entrega, y sin entrega no se puede llegar a parte alguna. Amor y conocimiento son compañeros inseparables, tanto que la existencia del uno sin el otro es prácticamente una imposibilidad.

¿Dónde queda en todo esto ese sucedáneo de “sunna” basada en el largo de las barbas, las sonrisas, las palabras floreadas y la conveniencia o no de llevar tacones? ¿No es absurdo este espíritu formalista y puritano comparado con lo que acabamos de explicar? Una forma sin fondo es un cuerpo sin alma, una estatua, algo muerto, avocado a la extinción. Un marketing puritano e hipócrita destinado a llenar las arcas de los ricos. Pues como dijo nuestro Profeta:

“En los últimos tiempos la religión de las gentes será la de amasar la mayor cantidad de dinero”

Para terminar vamos a incidir sobre el Amor, ese término usado, manoseado, del que tanto se ha abusado utilizándolo para designar cualquier sentimiento de atracción de unos seres por otros.

La Mahabba (Amor) a la que nos referimos aquí es el impulso de atracción hacia Allâh que experimentan las almas puras. Toda alma exenta de impurezas experimenta este impulso, ya que de Allâh procede y a Allâh ha de volver inexorablemente. Como consecuencia de él, Allâh instala Su luz en el corazón del servidor y es con esta luz divina que amará a las criaturas a la manera de Allâh y no a su propia manera.

Sin esta Mahabba es imposible comprender convenientemente el Corán y la Sunna, ya que ella es el motor que todo echa a andar y la base de todo conocimiento. Se dice que el Tawhid en estos tiempos será como una brasa en la mano del creyente. Y asimismo Tawhid es comprender todo con la luz de Allâh, con una y sola misma luz extensible a toda la Creación.

Que Allâh nos perdone, nos guíe, nos conduzca de las tinieblas a la luz y nos otorgue el Firdaws.

Abdul Karim Mullor

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