LA CIENCIA DEL HADIZ – LOS TRANSMISORES – ABU HURAYRA

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el Que Manifiesta Su Misericordia. Y la Plegaria (salat) y la Paz (salam) sobre la corona de los Enviados y Sello de los Profetas, nuestro señor Muhammad, así como sobre su familia purificada y nobles compañeros.

Tal y como prometimos, procedemos a abordar la Ciencia del Hadiz partiendo de la base, es decir, de quiénes fueron los transmisores del hadiz y de qué manera se comenzaron a recopilar los dichos y hechos del Profeta – sobre él la plegaria y la paz –.

Hemos decidido abordar este tema de la manera más extensa posible; por este motivo, lo tomaremos con calma e iremos desgranado poco a poco todos los elementos susceptibles de aclarar y mostrar esta ciencia y no dejar resquicios los cuales pudieran ser susceptibles de crear dudas, o de animar a crearlas por los detractores del Hadiz.

Salvo en raras ocasiones, en tiempos del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – no existía la costumbre de escribir sus palabras y actos, tal y como se hacía en el momento de la Revelación de las aleyas del Qur’an. Sin embargo, de todos aquellos quienes fueron testigos de los acontecimientos de su vida, algunos sí consignaron, por escrito, dichos y hechos, y otros los transmitieron oralmente a sus contemporáneos, de manera que toda la ciudad de Madina conocía cuanto el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – hacía y decía, al menos en su mayor parte, de una manera diaria y fiel; ya que a nadie le estaba permitido mentir sobre él, y si alguien lo hubiera pretendido habría sido detenido en el acto.

De esta manera, se estableció un seguimiento de sus palabras y actos, los cuales quedaron estampados de las más variopintas formas en las memorias y corazones de sus contemporáneos. Unas palabras y actos mejor documentados que cualquier historia, por fiel que ella fuere, pues ellos quedaban impresos en los corazones y no únicamente en la memoria de las gentes.

Más aún para aquellos quienes se encontraban en el círculo más cercano a Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz –, aquellos quienes recibían sus enseñanzas mañana y tarde, así como sus familiares más cercanos e íntimos.

Es pues en este último círculo que se forjan los más importantes transmisores de hadices, ya que ellos no solamente conocían aquello que estaba en boca y conocimiento popular, sino otras cosas a las cuales el resto, por razones obvias, no podía tener acceso. Ellos guardaron con celo y exactitud aquello cuanto el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo e hizo, y lo fueron transmitiendo a aquellos en quienes depositaron su confianza a fin de que no se perdiera aquello tan valioso y pudiera pasar al resto de la Humanidad y de las generaciones futuras de una manera fiel y sin mancha.

El principal transmisor de hadices fue:

ABU HURAYRA

Antes de su conversión al Islam se llamaba Abdu-š-Šams (servidor del sol); pertenecía a la tribu de Da’us, cuyos miembros abrazaron el Islam en el año 6 de la Hégira. El profeta – sobre él la plegaria y la paz – le llamó Abdu-r-Raḥman y más tarde adquirió el apodo de Abu Hurayra (el padre de la pequeña gata) en razón de su afecto por un gato el cual nunca le dejó. Una vez abrazado el Islam, se sumó al grupo llamado “Ahlu-s-sufa”; se trataba de unas cuarenta personas quienes pasaban su tiempo en la mezquita de Madina escuchando las enseñanzas de Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz –.

Hay que decir que estaba dotado de una memoria prodigiosa y que se dedicaba a la adoración mientras otros lo hacían al comercio y demás quehaceres mundanales. Es por esto, y por la atención e importancia que consignó a la costumbre de Muḥammad– sobre él la plegaria y la paz – que llegó a ser el transmisor de 1600 hadices, lo cual le convirtió en el principal de los transmisores de la Sunna. Es así, pues, que Abu Hurayra, pobre y sin recursos, pasaba la mayor parte de su tiempo cerca del profeta – sobre él la plegaria y la paz –.

En una ocasión el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo a quienes se encontraban presentes ¿Quién de entre vosotros querrá extender su manto hasta que termine mi discurso y después retomarlo y no olvidar nada de cuanto he dicho? En eso, Abu Hurayra extendió su manto, lo tomó, tal y como le fue indicado, después del discurso y, según manifestó, nunca jamás olvidó nada de lo que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – ha dicho

De él dijo el Imâm Šafi’i – que Allâh esté satisfecho de él -: “Abû Hurayra es aquel quien en su época fue capaz de memorizar la mayor cantidad de hadices”    

Muchos son los pasajes de su vida conocidos y documentados, los cuales por razones de espacio no podremos citarlos aquí; aunque si expondremos uno de ellos, el cual a la vez es un hadiz, que nos ha llamado poderosamente la atención.

Una vez Abu Hurayra – que Allâh esté satisfecho de él – se encontraba junto al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – . Abu Hurayra le dijo presa de amargura: “Enviado de Allâh; he solicitado a mi madre que se convierta al Islam pero ella siempre se niega. Es más, hoy ha hablado mal de ti. Pide a Allâh porque la madre de Abû Hurayra sea guiada al Islam”. El Enviado de Allâh invocó entonces a Allâh de la siguiente manera: “¡Oh Allâh! Guía a la madre de Abu Hurayra”. Dichoso por esta invocación, corrió junto a su madre para informarla. A su llegada encontró la puerta cerrada y escuchó el agua correr. Queriendo entrar, escuchó la voz de su madre diciendo: “Quédate donde estás Abû Hurayra”. Instantes después ella salió llevando su velo y proclamando delante de su hijo: “No hay dios sino Allâh y Muḥammad es el servidor y Mensajero de Allâh”. Abû Hurayra volvió pues junto al Profeta, llorando de alegría, como antes lo hacía de pena, y dijo al Profeta: “Enviado de Allâh, alégrate pues Allâh ha escuchado tu invocación y la madre de Abû Hurayra se ha convertido al Islam”. Y aún pidió al Enviado de Allâh: ¡Oh Enviado de Allâh! Invoca a Allâh para que ponga en los creyentes amor por mí y por mi madre”. Entonces el Mensajero de Allâh invocó a Allâh en estos términos: “¡Oh Allâh! Haz que los creyentes y las creyentes amen a este pequeño servidor que aquí se encuentra y a su madre”

Seguiremos con Aˤiša y ˤAbdu-l-Lâh Ibn Masˤud – que Allâh esté satisfecho de ellos-.

 

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