LA VIDA DE LOS RECOPILADORES DEL HADIZ – IMAM NASSA’I

LA VIDA DEL IMAM NASSA’I

En el Nombre de Allâh – el Todo Misericordioso, el Muy Misericordioso. Y la plegaria y la paz sobre la corona y sello de los enviados, sayyidinâ Muḥammad, así como sobre su familia purificada y sus nobles compañeros.

Seguimos con este peculiar estudio sobre el ḥadiz relatando la historia de uno de los recopiladores más prestigiosos: el Imâm Nassa’i.

Aḥmad Ibn ˤAlî Ibn Šwayb A-n-Nassa’i (825-915); nacido en Irán y asesinado en Siria por los jawariŷŷ.

Estudió con Abû Dawud y con los principales ‘ulama de la época; bien pronto las gentes le rodeaban para aprender de él y para asistir a sus clases. Cuando llegó a Damasco comenzó a dar lecciones; pero un día entró a una mezquita de la ciudad, en la cual encontró dando un discurso al qadi Al Ḥariz quien se encontraba hablando mal de ˤAli Ibn ‘Abi Talib – que Allâh ennoblezca su rostro – . A esto, Nasa’i le tomó la palabras y se dispuso a relatarle todas las historias relativas a sayydinâ ˤAli; desde su elección para darle el estandarte en la batalla de Jaybar, literalmente “A alguien quien ama a Allâh y a su Profeta, y que a su vez es amado por Allâh y Su profeta”, pasando por un hadiz en el cual el profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo: “ˤAli es una parte de mí y yo soy una parte de él”, recordándole igualmente su parentesco con el profeta a causa del matrimonio con su hija Fatima. Igualmente le citó palabras del profeta según las cuales habría gentes que propagarían la fitna para destruir el Islam y caer en gracia a los gobernantes injustos; citando entre otras, la aleya en la cual el Qur’an cita a los compañeros de Muḥammad como duros con los infieles y amistosos entre ellos. Le citó como Um Kulzum al Kubrâ, hija mayor de ˤAli, fue esposa de ‘Umar, ‘y como ˤAlî había nombrado a uno de sus hijos ‘Umar a su vez. De cómo el hermano de ˤAlî, Ŷafar Ibn Abi Talib había puesto a su hijo el nombre de Abu Bakr.

Oyendo como le contradecían, el qadi ordenó al auditorio abandonar la mezquita para no escuchar a A-n-Nasa’i. No obstante, quedó junto a él una parte de los asistentes a quienes informó de su extrañeza de que desde su llegada a Damasco había escuchado malos propósitos sobre ˤAlî, e incluso historias según las cuales entre los compañeros del profeta – sobre él la plegaria y la paz – existían enfrentamientos desleales inducidos por la maldad.

La doblez e hipocresía de dicho qadi parecía no tener límites; de tal manera que apareció en el palacio del gobernador de Damasco confesando que había hablado mal de ˤAli a conciencia, sabiendo que mentía, para evitar una posible extensión del ši’ismo con el consiguiente peligro para el incipiente califato Abbasí. Al gobernador estas escusas le parecieron fuera de toda nobleza y honradez, rehusó escuchar al qadi y este partió con los mismos propósitos en busca del califa abbasí. De este modo le envió una misiva en la cual decía únicamente que el Imâm Nasa’i trataba de ayudar a los ši’as a levantarse contra él y abortar el califato abbasí. El jalifa Mujtafi bi-l-Lâh, sin atender a razones y verificar la veracidad de la misiva, en consideración a la excelente idea que tenía del qadi Al Ḥariz, ordenó al gobernador de Damasco que le desterrara, cosa que éste no quiso hacer. Ahora bien, A-n-Nasa’i no quiso ser la causa de los males que sufriría el gobernador por si se quedaba en Damasco; aceptó el consejo de refugiarse en Egipto, región donde los Tulónidas gobernaban de manera autónoma y donde el jalifa apenas tenía ascendencia.

Nasa’i conocía de memoria los sahih Bujari y Muslim, así como el Musnad de Aḥmad Ibn Hanbal y los hadices recopilados por Abû Dawud, su principal maestro. Aun así decidió viajar en busca de otros hadices a fin de completar, en la medida de lo posible, todos aquellos aspectos da la vida del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que aún no habían sido recogidos en las anteriores colecciones. La exigencia de su método de elección de hadices le hizo rechazar muchos de ellos los cuales seguramente serían auténticos. Por otro lado recitaba el Qur’an de memoria a la edad de 7 años.

Fue examinado con respecto a su saber por los ‘ulama de Damasco, quienes le hicieron todo tipo de preguntas sobre la genealogía de los compañeros del profeta – sobre él la plegaria y la paz – así como de sus familias y descendencia. Al pasar dicho examen con éxito le recomendaron escribir y recopilar los hadices a fin de poder ser examinados por ellos, así como sobre la historia de los méritos de ˤAlî Ibn Abi Talib – que Allâh ennoblezca su rostro-.

Antes de salir de Damasco escribió dicha obra sobre los méritos de ˤAlî Ibn Abi Talib, aún a riesgo de despertar la cólera del jalifa abbasí. Esta obra fue recogida y estudiada por los ‘ulama, sin que encontraran en ella falta alguna que les hiciera presuponer que Nasa’i compartía la visión que detentaban los ši’as sobre sayyidinâ ˤAlî y el resto de los compañeros.

La torpeza del qadi Hariz le hizo enviar el libro de los méritos de ˤAli al jalifa, pensando sin ni tan siquiera leerlo, que contenía una visión ši’a sobre sayyidina ˤAlî y el resto de los compañeros. Pero lo más increíble y gracioso a la vez es que el califa, llamándose él mismo ˤAlî, sin leer el libro creyó que Nasa’i lo había escrito para alabarle a él; por lo cual mandó buscarle para otorgarle una recompensa.

Viajó pues A-n-Nasa’i a Egipto, sin saber que al mismo tiempo, el jalifa Mujtafi bi-l-Lâh puso en marcha un ejército para combatir a los Tulónidas. Finalmente el combate no tuvo lugar pues el gobernador tulónida fue asesinado por uno de los partidarios del jalifa, mentras que éste, por otra parte, había sido informado de su gracioso error por el qadi hipócrita Al Hariz.

Partió A-n-Nasa’i en busca de uno de los transmisores del hadiz a la ciudad egipcia de Damiatt, cuando al llegar encontró que los bizantinos la habían atacado y se habían llevado a las mujeres y a los niños como rehenes. Escandalizado ante tal hecho A-n-Nasa’i fue a visitar al nuevo gobernador de Egipto, el cual era un crápula que se apoderó de las riquezas del país. Este se negó a declarar la guerra a los bizantinos debido a lo cual A-n-Nasa’i debió ir a Damasco a hablar con el gobernador de Siria, hombre honesto y temeroso de Allâh. Este organizó un ejército del cual A-n-Nasa’i era uno de los capitanes. Llegados a la víspera del combate los bizantinos se rindieron y devolvieron a los rehenes que habían tomado en la ciudad de Damiatt.

Los pesares de A-n-Nasa’i aumentaron cuando el jalifa nombró qadi general de Egipto a su enemigo Al Hariz quien no dudó en comenzar a sembrar la cizaña contra él. Debido a esto, y para no ser causa de disputas entre unos y otros, decidió abandonar Egipto y marchar a Al Quds (Jerusalem). Allí fue acogido con bondad por sus habitantes, quienes tomaron su llegada como un bálsamo a aplicar sobre sus problemas.

Un judío de Al Quds había comenzado a sembrar la discordia en la ciudad diciendo que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – había aprendido judaísmo en sus viajes comerciales a Siria. Por otra parte, el mismo personaje aseguraba que Madina fue fundada por los judíos y que el Islam se había extendido por medio de la espada. Curiosamente los habitantes de Al Quds no habían encontrado argumentos contra estos dichos debido a su ignorancia. Entonces A-n-Nasa’i les indicó cómo debían contestar a estos dichos mostrando los siguientes argumentos:

En cuanto al asunto de que el Profeta había aprendido judaísmo ello era imposible ya que solamente hizo dos viajes comerciales a Siria; el primero con sólo 12 años, acompañando a su tío Abu Talib y el segundo representando a Jadiya, quien más tarde se convirtió en su primera y más amada esposa, viaje en el cual no estableció contacto con judío alguno. En adición, el profeta no sabía hebreo, de lo cual resultaba la imposibilidad de que hubiera estudiado los libros sagrados de los judíos, todos ellos escritos en dicha lengua.

En cuanto a la fundación de Madina, A-n-Nasa’i contestó diciendo que no existía prueba alguna que justificara el dicho de que fuera fundada por los judíos, si no antes bien, que existían muchas pruebas de que había sido fundada por los árabes.

En cuanto a la acusación de que el Islam fue propagado por la espada, A-n-Nasa’i contestó poniendo como ejemplo el “tratado de Hudaibiyya” según el cual los musulmanes hubieron de devolver a los prisioneros conversos huidos de las prisiones del Qurayš. Propuso asimismo como ejemplo, la magnificencia del profeta en el momento de la toma de Makka.

Estando en Jerusalem fue asesinado por los jawariŷŷ quienes le querían hacer escribir a la fuerza un libro sobre los méritos de Muawiyya, tal y como antes lo había hecho sobre ˤAlî. A esto, A-n-Nasa’i se negó argumentando de que aunque él pensaba que Muawiyya era un hombre del Paraíso, no podía establecerse parangón alguno con ˤAlî, quien le superaba en méritos, sabiduría y muchas otras cualidades. Oyendo esto los jawariŷŷ le apuñalaron hasta le muerte.

En cuanto a sus obras de hadices son tres: Sunnan de A-n-Nassa’i; Ŷamiˤa-l-Kubra y Ŷamiˤa-ṣ-Ṣugra. Cuentan los historiadores que cuando el ‘Imâm A-n-Nasa’i presentó el Ŷamiˤa-l-Kubra al gobernador de Ramla, este le preguntó si todos los hadices eran auténticos, a lo que A-n-Nasa’i le contestó que no estaba seguro sobre la autenticidad de todos ellos. Entonces, el mismo emir le pidió que extrajera aquellos sobre los cuales no tenía duda alguna y los escribiera en otra obra, cosa que A-n-Nasa’i hizo, pasando a llamarse dicho libro de hadices Ŷamiˤa-ṣ-Ṣugra (la pequeña colección).

Abdil Karim Mullor

 

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